Serie Literatura Venezolana Siglo XIX. Cap 6.
Lit Ven Siglo XIX. Cap 6
Transcripción
Rafael Arráiz Lucca. Mundo UR en www.mundourr.com debes buscar la pestaña de radio en vivo, bajar y darle clic en Unión Radio 90.3. Recuerda que nos puedes seguir en Arroba MundoURWeb, en Arroba RadioscuelaUR y en Arroba RafaelArraiz en Twitter, mi número de productor nacional independiente 30.720.
En este sexto capítulo de la literatura venezolana del siglo XIX continuamos revisando el modernismo y para ello nos vamos a basar en el libro de Max Henríquez Ureña, Breve historia del modernismo. Él establece allí dos momentos en el desarrollo de esta corriente literaria y lo define de la siguiente manera: dentro del modernismo pueden apreciarse dos etapas, dice Henríquez Ureña. En la primera, el culto preciosista de la forma favorece el desarrollo de una voluntad de estilo que culmina en refinamiento artificioso e inevitable amaneramiento. Se imponen los símbolos elegantes como el cisne, el pavorreal y el lis; se generalizan los temas entrañados de civilizaciones exóticas o de épocas pretéritas, se hacen malabarismos con los colores y las gemas, en general todo lo que hiere los sentidos.
La expresión literaria parece reducirse a un mero juego de ingenio que solo persigue la originalidad y aristocracia de la forma. Y entonces Henríquez Ureña advierte un segundo momento del modernismo y lo define de la siguiente manera: en la segunda etapa se realiza un proceso inverso dentro del cual, a la vez que el lirismo personal alcanza manifestaciones intensas ante el eterno misterio de la vida y de la muerte, el ansia por lograr una expresión artística cuyo sentido fuera genuinamente americano es lo que prevalece. Captar la vida y el ambiente de los pueblos de América, traducir sus inquietudes, sus ideales y sus esperanzas: a eso tendió el modernismo en su etapa final, sin abdicar por ello de su rasgo característico principal, trabajar el lenguaje con arte.
Hasta aquí Henríquez Ureña y fíjense que esta división está citada y suscrita por Octavio Paz en un ensayo publicado en 1964 acerca de la obra de Rubén Darío y lo recoge Paz en el libro Cuadrivio. Allí, Paz toma partido por el carácter fundacional de Darío, motivo por el que tres años después le responde Cintio Vitier en el prólogo que mencionamos antes en el programa anterior. En verdad, a Paz la figura de Martí, sin negarla, le seduce menos que la figura de Darío.
Este ensayo del poeta mexicano es sumamente polémico por varios motivos, pero entre ellos, por el de buscar ver el fenómeno del modernismo dentro del juego inevitable de las influencias. Por ello afirma Octavio Paz: "La reforma de los modernistas hispanoamericanos consiste en primer término en apropiarse y asimilar la poesía moderna europea. Su modelo inmediato fue la poesía francesa, no solo porque era lo más accesible sino que veían en ella con razón la expresión más exigente, audaz y completa de las tendencias de época".
Luego Paz ubica en el primer modernismo la influencia del parnasismo y en el segundo, la del simbolismo. Lo reduce a un juego de asimilación de influencias francesas, sin embargo no lo condena por ello como sí lo hace con el romanticismo hispanoamericano. Y luego, a medida que avanza Paz en su ensayo, va fascinándose con la obra y la figura de Darío, y llega a estimarla como un entusiasmo notable para terminar valorando al modernismo con mucha mayor efusividad que al comienzo del ensayo.
Y muchos años después, en Los hijos del limo y en La otra voz, dos libros muy importantes, Paz matiza los juicios emitidos al inicio del ensayo sobre Darío. Con la escritura de Octavio Paz ocurre algo que se sistematiza en ella y es que él va dando vueltas alrededor de un tema. Le ve sus aristas desde todos los ángulos, como si estuviera dando vuelta alrededor de un círculo, y de allí que en un mismo ensayo afirme y niegue sin temor a contradecirse, siempre y cuando ello contribuya al esclarecimiento del fenómeno que está estudiando.
De modo que Paz no abandona sus presas hasta que las ha vuelto picadillo; puede ser entonces que en la digestión salgan a relucir estas piezas que parecen contradictorias. En la obra de Octavio Paz también ocurre que este método de decir y desdecirse es un anzuelo subyugante para el lector, porque el lector va siguiendo el proceso. Leer un ensayo de Paz es una tarea de sobresaltos y de pinchazos a la inteligencia y a la imaginación, de modo que el método se impone por sobre la búsqueda del texto blindado contra las contradicciones.
En el fondo, las contradicciones también tienen un gran encanto, son sabrosas las contradicciones. Bien, como vemos las dificultades para la comprensión del fenómeno del modernismo no han sido pocas y las polémicas no han sido escasas, desde los que dudan de la americanidad absoluta del movimiento hasta los que se permiten hacerlo, como acabamos de ver con Octavio Paz, pero hay un punto de coincidencia en el hecho de considerar al modernismo como un movimiento y no como una escuela poética de aclimatación de un fenómeno europeo.
En esto, la coincidencia es casi unánime; también lo es en cuanto a su importancia como propuesta del lenguaje, con un movimiento que privilegió el tratamiento de la lengua por sobre otros derroteros. También lo es en sus características rítmicas y tonales: los modernistas trabajaron a fondo con el verso castellano, con sus cadencias, con sus construcciones y lograron subvertirlo para devolverle a la lengua una vivacidad que se había perdido en el seco laberinto neoclásico. No eludieron lo prosaico ni lo arbitrario; el ritmo del modernismo fue novísimo porque fue novísimo también para nosotros el universo que incorporaban al poema.
Imposible olvidar otro aporte del modernismo: la aventura del poema no era un adorno académico ni el bálsamo para los rigores de vida ni la evasión frente a la realidad. Era una experiencia de orden espiritual que incluso llegaron a tenerla como de distinta y hasta superior jerarquía que la experiencia religiosa. Los modernistas sabían de que las materias del poema eran de alto voltaje; los juegos florales, tan afectados al romanticismo superficial, eran completamente ajenos a su esfera de concepción.
Los vínculos entre el ocultismo y el modernismo fueron mucho más estrechos de lo que suele admitirse y no podía ser de otra manera si en el programa modernista estaba la libertad, la disposición a entrar hasta las cuevas más oscuras sin que les temblara el pulso. En honor a la verdad, en todo este programa de aportes, la mano de Darío es indispensable. Sin que dejemos de reconocer los cimientos iniciales de Martí, lo cierto es que Darío es el protagonista del movimiento en sus dos etapas establecidas.
Darío sobrevivió a los iniciadores que fueron Julián del Casal, que muere en 1893, José Martí y Manuel Gutiérrez Nájera, en 1895, y José Asunción Silva en 1896, de modo que Darío los sobrevive y acompaña a la segunda generación modernista hasta que quedó abatido por la muerte. También la obra de Lugones es insoslayable, sobre todo en esa segunda etapa del modernismo que precisa Henríquez Ureña. Detengámonos aquí por un instante, con estas dos etapas ocurre algo curioso: el arranque individualista inicial, lleno de graciosos desplantes, de amor al lujo, de cosmopolitismo o de exotismo, fue atemperándose en razón de un llamado, me refiero al llamado americano.
Los modernistas tuvieron la necesidad de darle forma a un reclamo patriótico guardando todas las advertencias frente al peligro del patrioterismo, al que habían condescendido el neoclasicismo y el romanticismo. ¿Cómo hacer?, se plantearon ellos. ¿Cómo hacer para que la patria estuviese allí y no incurrir en el patrioterismo? Lo importante es que hay un cambio de rumbo, un tránsito de la geografía exótica a la doméstica, de los perfumes asiáticos a los dioses aztecas.
Y si fuésemos a buscar los aportes más significativos del modernismo me temo que los encontraríamos en la primera etapa, en la etapa de ruptura. Es como si para desprenderse de la rémora hubiesen tenido que cantar más alto o más lejos y raro, incluso con mayor libertad. Ya en la segunda etapa pueden encontrarse los primeros vestigios de su propia retórica; de hecho la vanguardia que va a sustituir al modernismo está incubándose en el alma de sus sucesores.
Pero para complicar el panorama no puede afirmarse que las obras más interesantes de los poetas, consideradas individualmente, hayan sido escritas durante la primera etapa y un buen ejemplo es el propio Darío. En la próxima parte del programa continuamos viendo todo este episodio, este recorrido y este relato. ¡Ya regresamos!
En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm, para algunas sugerencias sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com. En la parte anterior del programa veníamos hablando del modernismo de Darío y decíamos que había diferencias entre la primera etapa del modernismo y la segunda, pero es perfectamente posible que lo más interesante de un movimiento se dé en momentos distintos a las obras de mayor resonancia de sus integrantes.
Veamos ahora la fecha de extinción del fenómeno modernista, que también ha sido objeto de largas discusiones por parte de la crítica y los historiadores de la literatura. Para algunos ocurre hacia 1910, con la aparición del soneto de González Martínez donde se propone, voy a citar, "torcerle el cuello al cisne de engañoso plumaje", fin de la cita. Para otros el fin del modernismo viene con la explosión de la Primera Guerra Mundial en 1914, y para otros viene con la muerte de Darío, en 1916.
Bueno, nosotros no vamos a entrar en esta discusión y aceptemos que entre mil ochocientos setenta y cinco y mil novecientos dieciséis se da en Hispanoamérica y en Venezuela este movimiento renovador de las letras que va a abrir el camino del futuro y a clausurar las proposiciones estéticas del siglo XIX. Aceptemos también que los signos de agotamiento al modernismo comienzan a expresarse hacia mil novecientos diez, realmente, cuando ya los cultores epigonales del movimiento incurren en estereotipos, en lugares comunes propios de los movimientos artísticos que envejecen y se anquilosan.
Vamos a ver ahora el modernismo en Venezuela: lo primero que se impone decir es que el modernismo encontró en Venezuela mayor cauce en la narrativa que en la poesía. Y además que si contrastamos las fechas de aparición del modernismo en otros países con las nuestras, pues podemos afirmar que comenzó tarde tanto para la narrativa como para la poesía, pero mucho más para la poesía que para la narrativa. Hay un dato que no deja de ser curioso si tomamos en cuenta que Martí vivió en Caracas durante el año de 1881 e incluso escribió Ismaelillo aquí, en Caracas, al pie del Ávila, y sin embargo la influencia de Martí en los jóvenes escritores caraqueños no se manifestó de inmediato, sino cundió en la década siguiente.
Cuando el modernismo comenzó a manifestarse en dos publicaciones periódicas de enorme importancia para las letras venezolanas en el siglo XIX. Me refiero a El Cojo Ilustrado que salió entre 1892 y 1915, me refiero a Cosmópolis que fue publicada entre 1894 y 1895, dos años. En El Cojo Ilustrado la primera expresión modernista se limitó a disponer de espacio suficiente en la publicación. En el caso de Cosmópolis, hay otra circunstancia porque desde el primer editorial hay una manifestación de fe en el modernismo por parte de la revista Cosmópolis.
Los tres redactores, Luis Manuel Urbaneja Achelpohl, Pedro César Dominici y Pedro Emilio Coll, que apenas pasaban de los 20 años, afirmaban lo siguiente, voy a citar: "En la América toda un soplo de revolución sacude el abatido espíritu y la juventud se levanta llena de entusiasmo. Rubén Darío, Gutiérrez Nájera, Gómez Carrillo, Julián del Casal y tantos otros dan vida a nuestra habla castellana y hacen correr calor y luz por las venas de nuestro idioma que se moría de anemia, y parecía condenado a sucumbir como un viejo decrépito y gastado".
Fin de la cita. Pero como afirmé antes, el modernismo va a encontrar en Manuel Díaz Rodríguez, en José Gil Fortoul y en Eloy G. González, y los tres que cité antes, Urbaneja Achelpohl, Dominici y Pedro Emilio Coll, los cultores en narrativa. Digamos que la cumbre la alcanza Díaz Rodríguez con sus libros. Junto a estos narradores, a pesar de su ardiente juventud, estuvo quien iba a ser un polígrafo del modernismo: Rufino Blanco Fombona, uno de los primeros en cultivar el modernismo, aunque el balance final de su obra se incline más hacia la narrativa que hacia la poesía.
También escribió versos modernistas, pero la obra de Blanco Fombona, lo más importante, es narrativo y ensayístico. Rufino Blanco Fombona, que vive entre 1874 y 1944, es un personaje de película o de novela. Cuesta trabajo imaginarse que nadie haya escrito una novela con su vida, o una película con sus avatares vitales, porque sin la menor duda es uno de los personajes más apasionantes en la vida literaria y política de Venezuela. De modo que asombra que a estas alturas no haya despertado el interés de los historiadores como para acometer una biografía.
Y asombra también que el cine no lo haya tenido como uno de sus caracteres ideales. Pocas vidas más novelescas que la de Blanco Fombona. La sola enumeración de los oficios es ya sorprendente. Blanco Fombona fue escritor, historiador, periodista, editor, político, diplomático, fue gobernador en Venezuela y en España, fue masón, se batió a duelo varias veces. Fue un dandy, fue un polígrafo y un etcétera larguísimo; lo hace un personaje de leyenda.
Vivió la diatriba política y el llamado literario con igual énfasis. Casi que no diferenciaba entre la literatura y la política, de allí que casi toda su obra sea una estocada pasional, un desafuero argumental, un alegato feroz por la vida vehemente. La vehemencia había tocado toda su vida y su personalidad: desde muy joven Blanco Fombona comienza a viajar, bien por encargos de orden diplomático o bien por un destierro forzoso. Apenas con 18 años es nombrado cónsul en Filadelfia y con apenas 21, de regreso en Caracas, ya empieza a colaborar en El Cojo Ilustrado.
Luego se va a Holanda de agregado a la legación venezolana allá, luego se mueve a Boston y luego regresa a Venezuela y es nombrado secretario de Gobierno del estado Zulia. En 1901 lo tenemos de nuevo en Holanda, pero en 1905 es el gobernador del territorio Amazonas, donde se enfrenta al manejo inescrupuloso del negocio del caucho y es hecho preso en Ciudad Bolívar después de un enfrentamiento armado donde le dio muerte a sus contendores. Se va a Europa entonces hasta 1908.
Regresa y lo eligen diputado, y comienza su oposición a Serrima, a Juan Vicente Gómez, y es confinado en la cárcel de La Rotunda hasta 1910, y ese año sale a un largo destierro, hasta 1936. Y en sus años españoles adelanta el trabajo de editor más asombroso que venezolano alguno haya hecho fuera de su país, me refiero a la editorial América, un prodigio de 300 títulos aproximadamente. En España también es nombrado gobernador de las provincias de Almería y Navarra, pero muerto Gómez regresa a su país, quema las naves españolas y es distinguido con el nombramiento de presidente del estado Miranda.
Y después, entre 1939 y 1941, es designado embajador en Uruguay hasta que finalmente, de visita en Buenos Aires, cae fulminado por un infarto. Y este resumen, que pasa por alto sus refriegas en duelo, en las que dio muerte a sus adversarios, que olvida sus pleitos personales y sus galanteos incesantes con mujeres de diversísima condición, desde una monja hasta una princesa, también pasa por alto lo más importante que son sus libros, pero el personaje lo ameritaba y luego nos ocuparemos de algunos de sus libros.
En la próxima parte del programa, cuando seguiremos viendo esta vida azarosa acompañada por una voluntad de escritura que tuvo un Blanco Fombona que deja sin aliento a cualquiera, ya regresamos.
En la parte anterior del programa veníamos viendo la vida fascinante y la obra de Rufino Blanco Fombona. Su obra de polígrafo se acerca a los cuarenta títulos en setenta años de vida. Los testimonios sobre su creación son múltiples, desde el juicio de Picón Salas, que lo considera, escuchen bien, uno de los pocos venezolanos universales del siglo XX, hasta el de Ángel Rama, para quien el polígrafo es, voy a citar, "vivo, veraz, arbitrario, caprichoso, expuesto a las críticas, agresivo y atormentado".
Esta imagen que él no fraguó para ofrecerla al mundo, pero que nosotros recuperamos recomponiendo los textos de su diario, hace de él un estricto contemporáneo. Se refiere Rama a un trabajo que él hizo organizando los diarios de Blanco Fombona y que se titula Diario de mi vida, y que es un libro asombroso todo lo que dice Blanco Fombona allí. Bueno, en todo caso lo cierto es que Blanco Fombona cultivó el poema, el cuento, la crónica, el artículo periodístico, la novela, el panfleto, el ensayo histórico y además el diario íntimo, y en todos los géneros brilla su nervio.
Y probablemente ninguna serenidad presente, tampoco fue la búsqueda de la belleza el motor de sus trabajos. Más bien lo fue una suerte de ajuste de cuentas con el mundo, una suerte de búsqueda efervescente de justicia. Así como no estaba en su talante el detenimiento necesario para la construcción de la novela, aunque escribió varias, sí estaba en él la fibra del polemista que es favorable a determinado sesgo ensayístico. De allí que no sea un exabrupto afirmar que lo más significativo de su obra sea el ensayo, junto con el diario íntimo.
Y porque en ellos vibra un pathos muy particular y muy extraño a la pacatería venezolana de su tiempo. Dice Max Henríquez Ureña en Breve historia del modernismo lo siguiente, cito: "Propulsor del modernismo en Venezuela fue Rufino Blanco Fombona. Aunque la mayor parte de su obra está en prosa, fue él quien llevó el acento modernista a la poesía venezolana".
Fin de la cita, y ese acento que señala el ensayista comienza con Trovadores y trobas en 1899, que lleva un prólogo de Díaz Rodríguez, y fue publicado por la editorial de El Cojo Ilustrado. Blanco Fombona cuenta entonces 25 años y asume la impronta modernista con fervor hasta su último poemario, Mas Orcas de Oro, del año 1943. Ya el modernismo había sido sustituido hace años por la vanguardia, de modo que si descontamos su poema "Juventud, patria", la obra poética de Blanco Fombona está compuesta por seis títulos.
Como vemos, no constituye la faceta más prolífica de su autor, pero no cabe la menor duda que su poesía modernista fue la primera que se leyó de algún autor venezolano. Su poesía, aunque rinde tributos en el altar modernista, no se caracteriza por el oropel; por el contrario, su palabra discurre como al margen del desmedido preciosismo que fue propio del movimiento modernista. La crítica ha visto en la residumbre de su poesía, lejana de los afeites minuciosos, la patentización de su carácter criollo.
En verdad yo creo que sería más exacto decir que se trata de la evidencia de su carácter. No creo que en la vehemencia de Blanco Fombona se exprese todo un carácter nacional, para nada, de modo que la poesía modernista del caraqueño ofrece el signo de su personalidad y ya eso es suficiente para singularizarla. Y también ofrece al principio una gran incertidumbre para Blanco Fombona: el nutriente fundamental de su obra literaria era su vida. De modo que su poesía es enfáticamente autobiográfica y allí está otro de sus rasgos.
Veamos ahora el juicio que Fernando Paz Castillo pudo emitir sobre su obra poética. Dice Paz Castillo: "Muchas influencias hay en Blanco Fombona, en poesía sobre todo; como la mayoría de los modernistas, una de las virtudes de esta escuela es precisamente la de haber captado cada escritor con gran perspicacia y, de acuerdo con su temperamento, tendencias procedentes de diversos países. Pero por sobre todas se impone en cada uno de ellos la de Darío, el magistral creador de una expresión poética inconfundible, aún en aquellos escritores de personalidad recia como Blanco Fombona".
Y la verdad es que las palabras de Paz Castillo encierran una contradicción: por una parte apunta que uno de los rasgos del modernismo es la libertad creadora, pero por otra encierra a Blanco Fombona dentro del círculo de influencias de Darío. Y quizás la contradicción del maestro provenga de considerar al modernismo como una escuela literaria y no un movimiento, que en verdad eso fue. Es difícil imaginar que una personalidad como la de Blanco Fombona va a seguir acríticamente un catecismo lírico cuando para colmo el modernismo contradijo en su propia fuente la cartilla literaria contra las iglesias, insurgió como lanza liberadora de los espíritus individualmente considerados.
De modo que, aun así que como la de nuestro poeta, nada le vino mejor que el estallido modernista, con él ganó licencia para su elocuencia natural. Con él invitó al recinto del poema a las más dispares experiencias personales que fueron abundantísimas en su vida, por lo demás, y finalmente, como el lector ha podido advertir, por lo general estamos considerando a los autores en su momento de insurgencia para ubicar su participación histórica en algún movimiento literario. De modo que más adelante los autores también van cambiando.
Por ejemplo, la poesía de Blanco Fombona siempre fue modernista y todavía en 1943 hacía poesías modernistas, pero el modernismo no se puede ver sin cambios en su ensayo. No se puede decir que sus ensayos históricos o literarios se hayan quedado inmóviles en las premisas modernistas, ¿no? Lo contrario. Un libro como El conquistador español del siglo XVI tiene muy poco de oropel modernista; los libros de Blanco Fombona sobre Bolívar son investigaciones históricas que le deben poco al modernismo, a mi juicio.
Quizás en su obra narrativa sí, porque la narrativa y la poesía se prestan más a estas fórmulas, y va a decirse, pero es injusto a estas expresiones modernistas. De modo que aquí estamos en Blanco Fombona frente al introductor del modernismo en Venezuela y un polígrafo que cultivó prácticamente todos los géneros. Me parece que le faltó el teatro, pero con excepción del teatro, todos los otros géneros los cultivó, y yo destacaría particularmente su obra ensayística y sus diarios íntimos recogidos tiempo después por Ángel Rama.
Bueno, y ahora veamos la historia de Alfredo Arvelo Larriva, nacido en 1883 y fallecido en 1934, quien hacia el final de su vida, cuando ya los vientos de la vanguardia se batían con fuerza, asumía el discurso vanguardista en algunos de sus últimos poemas y estimulaba a los más jóvenes a seguir este camino de la vanguardia. Sobre la poesía de Arvelo Larriva en los años recientes se ha posado un manto reivindicatorio, especialmente por parte de las obras críticas desde Juan Liscano, de José Ramón Medina y de Alexis Márquez Rodríguez, para quien la obra poética de Arvelo es la mayor expresión de la poesía modernista entre nosotros.
Y ciertamente, aunque a Arvelo no le correspondió ser el primer poeta del espíritu modernista como sí lo fuese su entrañable amigo Blanco Fombona, como venimos diciendo sí es cierto que sus alcances fueron mayores en el modernismo que los alcanzados por Blanco Fombona. En la poesía de Arvelo vive el retruécano de filiación española, así como su nunca oculta admiración por Quevedo. En ella se explaya la gracia y humor juguetón con que Arvelo enfrenta las inmensas desventuras que le deparó la vida.
En su poesía el verso musical, que les da un colorido cinético a sus poemas, anidó con una extraña precisión. Hay un manejo con destreza de la exactitud silábica de los versos y congregó en ellos tanto la ironía sangrienta como la ternura más indulgente. Su fascinación por las espesuras enigmáticas de la selva lo llevó a establecerse en el sur de Venezuela y fue allí donde el inesperado destino le tendió una trampa.
Pero esa trampa la vamos a ver después en la próxima parte del programa, en la última parte de este programa, donde veremos cuál fue esa trampa que le tendió el destino a Alfredo Arvelo Larriva. En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm, para algunas sugerencias sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter, Arroba RafaelArraiz. Somos Unión Radio Cultural.
Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Decíamos en la parte anterior del programa que íbamos a ver qué fue lo que le ocurrió a Alfredo Arvelo Larriva. Cuando él apenas contaba 21 años, un hombre le ofendió frontalmente y él consideró, instigado por su amigo Blanco Fombona que estaba presente, que no le quedaba otra alternativa que el lance personal. El duelo a muerte, y así fue: le propinó una herida definitiva a su adversario y pagó con la cárcel aquella asunción de la justicia por mano propia.
Arvelo Larriva estuvo ocho años de prisión, castigaron así su juventud, pero al salir de ella le esperaba otra, algunos años después, la cárcel que iba a infringirle el tirano Gómez por sus actividades conspirativas. De modo que un hombre que va a fallecer en Madrid a los 51 años, casi la mitad lo ha pasado en prisión, y de allí que él mismo firmara sus artículos con el pseudónimo del Englutado, ya que su vida estuvo signada por la tiniebla carcelaria. En un caso por razones políticas y en el otro por esta suerte, como llamar esto, de los duelos, porque hoy en día sería una locura, pero en aquella época, fíjense que ocurría.
Yo creo que hay ahí una mezcla de ego exacerbado y de un sentido del honor vengativo, es una mezcla de valores de la época que hoy en día pues quizás tienen vida pero de otra manera; en aquel entonces era el duelo personal. Y bueno, a pesar de esta vida, Arvelo publicó por lo general lo que escribió en la cárcel. Por ejemplo, Enjambre de rimas, de 1906, Sones y canciones, de 1909, y algunos otros poemas que no recogió el libro.
Y aunque su producción poética no fue abundante, los libros que dio a la imprenta años después le han valido el aplauso de la crítica. Márquez Rodríguez, por ejemplo, afirma lo siguiente: "Hoy ya no nos queda la menor duda de que Arvelo Larriva fue más completo, auténtico y original exponente en la poesía modernista en Venezuela, al mismo nivel de calidad que muchos de los grandes representantes del modernismo en otros países del continente".
Y si bien es cierto, ahora hablo yo, ya hasta aquí la cita de Márquez Rodríguez, si bien es cierto que la calidad de la poesía de Arvelo es inobjetable, no es menos cierto que cuando publica sus libros ya el modernismo continental había dado sus frutos más excelsos. Recordemos que el Ismaelillo de José Martí fue publicado en 1882 y los Versos sencillos son de 1891; Darío publica Azul en 1888, Las prosas profanas en 1896 y Cantos de vida y esperanza en 1905.
De modo que los libros de Arvelo de 1906 y 1909, siendo muy buenos desde el punto de vista de la historia literaria, están apareciendo unos cuantos años después de estos que ya he señalado. Por ejemplo, Julián del Casal publica Hojas al viento en 1890 y Nieve en 1892. Yo con estas fechas lo que pretendo es corroborar lo que creo haber dicho antes, es decir, en Venezuela el espíritu modernista florece después de lo que ha hecho en otros sitios, o dicho de otra forma, ninguno de nuestros poetas incubaba en sus entrañas la necesidad de buscar un lenguaje nuevo que expresara la modernidad con la misma intensidad con que se estaba viviendo en otros lugares, salvo Blanco Fombona.
Que lamentablemente, como vimos, no ofrece lo mejor de su obra en la casa del poema modernista sino en la casa del ensayo, donde a mi juicio están sus mayores aportes. Por supuesto, esta observación histórica temporal no le resta valor a la poesía de Arvelo, pero la sitúa en un contexto histórico hispanoamericano inevitable. Bueno, y algo similar va a ocurrir con la obra de José Tadeo Arreaza Calatrava, que nace en 1882 y fallece en 1970.
Si tomamos en cuenta que los primeros poemarios de este autor son publicados en 1911, pues lo que aludíamos con relación a la poesía de Arvelo con la de Arreaza Calatrava es todavía más evidente. El canto a Venezuela y Los cantos de la carne y del reino interior fueron editados en esa fecha citada, en 1911. Odas la triste y otros poemas se publicó en 1913, y El canto a la batalla de Carabobo, El canto al ingeniero de minas son desde las décadas de los años veinte.
Y en estos años, precisamente en 1928, en el ejercicio de su profesión de abogado es defensor de los implicados en la sublevación de Abril en contra de la dictadura de Gómez. Y esto le valió la prisión en La Rotunda a José Tadeo Arreaza Calatrava, y estando allí recibe la amarga noticia de la muerte de su padre y, al parecer la fuerte impresión que le causó el hecho, le desencadenó un proceso de pérdida en sus facultades mentales. Desde entonces conoció la reclusión a un sanatorio en la isla de Trinidad y luego estuvo al cuidado de unas monjas tarbesianas.
En Caracas lo va a sorprender el Premio Nacional de Literatura en 1965, cuando ya a sus calamidades se habían sumado una parálisis de algunas de sus funciones motoras. Murió en 1970, un sobreviviente cuarenta años a aquel episodio psicótico. Bueno, distintivo de la obra de Arreaza Calatrava va a ser la fuerza épica que ofrecen sus largos cantos: son piezas de cuidada arquitectura y de valiosísima ejecución, envuelven al lector en una atmósfera y no lo dejan escapar fácilmente de sus órbitas.
Me refiero en particular al Canto al ingeniero de minas, una obra modernista tardía pero no por ello despreciable. Y ustedes dirán, bueno, ¿por qué estamos hablando de obras a principios del siglo XX?, porque son obras que responden a un movimiento literario del siglo XIX. Lo que ocurre es que en Venezuela el modernismo llegó tardíamente y una de las pruebas era esta. Y aunque menor en extensión es la obra de un personaje controversial, el sacerdote Carlos Borges, nacido en 1867 y fallecido en 1932.
Un solo poemario publicado en su tumultuosa vida, siempre interpelada por la encrucijada de una pasión: el amor carnal y el amor divino. La nómina modernista nacional no fue abundante en aportes continentales, como vemos, pero sí en vidas novelescas. Como vimos con Blanco Fombona, con Arvelo Larriva y con Arreaza Calatrava, y con la del padre Borges, porque navegó entre las aguas de la lujuria y las aguas de la beatitud.
De aquella vida entre el altar y el lecho amoroso, nació una poesía que para Salvador Garmendia le abre la puerta al erotismo en la poesía venezolana. La mayoría de sus versos fueron dados a conocer en las publicaciones periódicas de su tiempo. Unas veces cantaba al amor divino y otras veces se extasiaba frente a las formas femeninas de un piano. Y en este programa no vamos a poder ver la totalidad del aporte de Carlos Borges.
En el próximo programa, el séptimo y último de esta serie, veremos lo que Carlos Borges hizo. Les adelantamos que, entre otras curiosidades, fue un personaje de la novela Oficio de difuntos de Arturo Uslar Pietri, que es la novela de Arturo Uslar sobre Juan Vicente Gómez. Allí el personaje se llama Alberto Solano, pero está inspirado en el padre Borges, un personaje completamente fuera de serie. Bien, hasta nuestro próximo encuentro.
Y este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela Iturriza, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez, Juan Juárez, Fernando Camacho y Giancarlos Caravaggio. También puede seguir la transmisión en vivo en www.mundourr.com, debes buscar la pestaña de radio en vivo, bajar y darle clic en Unión Radio 90.3. Recuerda que nos puedes seguir en Arroba MundoURWeb, en Arroba RadioscuelaUR y en Arroba RafaelArraiz, en Twitter, mi número de productor nacional independiente 30.720.