Serie Literatura Venezolana Siglo XIX. Cap 3
Lit Ven Siglo XIX. Cap 3.
Transcripción
"Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela Iturriza, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Veroes, Juan Juárez, Fernando Camacho y Giancarlos Caravaggio. También puedes seguir la transmisión en vivo en www.mundourr.com; debes buscar la pestaña de radio en vivo, bajar y darle clic en Unión Radio 90.3. Recuerda que nos puedes seguir en arroba MundoURWeb, en arroba Radioscuela UR y en arroba RafaelArraiz, en Twitter. Mi número de productor nacional independiente es 30.720.
En este nuestro tercer capítulo de la literatura venezolana del siglo XIX vamos a abordar el tema del romanticismo. En el capítulo anterior lo iniciamos y en este vamos a desarrollarlo completamente. Antes decíamos que el romanticismo no fue exclusivamente un fenómeno literario, sino también supuso una especie de cambio en la visión de vida e incluso, pudiéramos decir que en la vida política también fue terreno para la siembra de este movimiento literario y cultural.
De hecho, podemos afirmar que las guerras de independencia, por ejemplo, de las colonias españolas en América, inspiradas en la independencia de los Estados Unidos y en la Revolución Francesa, también engendraron a héroes románticos. Bolívar, de hecho, en muchos sentidos es un personaje romántico porque él vivió esa época también. Esta idea que tenía Bolívar sobre la gloria personal, sobre la trascendencia, esta idea de Bolívar sobre la entrega absoluta a una causa, esta idea que tenía Bolívar sobre sobreponerse a las derrotas y buscar la epifanía de las victorias, y esta idea del sufrimiento, incluso del esfuerzo, son resortes románticos que están allí alimentando al héroe romántico.
De modo también debemos afirmar que el romanticismo guarda vinculación con lo que se ha conocido también como la modernidad, es decir ese período que se va engendrando en el Renacimiento. Que tiene un momento importante con las reformas de Lutero, y con la Revolución Gloriosa en Inglaterra, cuando el Parlamento destituye al rey y nombra un nuevo monarca, y que tiene otro momento importante con la Revolución Industrial, que ha sido determinante para la humanidad. Bueno, en alguna medida el romanticismo responde también a todo esto que vengo enumerando.
Es decir, recordemos que toda la modernidad se da a partir del paso de lo teocéntrico a lo antropocéntrico, es decir el hombre pasa a ser el protagonista de su destino, y es imposible imaginar una característica más humana que la romántica. De modo que esa visión interior que el hombre del romanticismo está recuperando forma parte de su manera de estar en aquel mundo en el que los cambios se están acentuando de manera particular, ¿verdad? De modo que en el mundo sociopolítico un romántico fue Jean-Jacques Rousseau, sin la menor duda, pero en la literatura los primeros cultores del romanticismo los vamos a encontrar en Alemania y en Inglaterra.
Vamos a hallar a Hölderlin en Alemania y a Wordsworth en Inglaterra. También vamos a hallar a Coleridge, a Shelley, a Blake, todos ellos están oponiéndose al racionalismo y están abogando por una literatura de la circunstancia propia, de la intimidad, de la vida espiritual, de los paisajes interiores. De modo que en alguna medida ese romanticismo va a darle la espalda a las construcciones racionalistas que olvidaban el temblor vital, es decir, ellos buscaban un matrimonio entre vida y arte.
Podemos afirmar que el romanticismo va a reaccionar en contra del espíritu racionalista y va a darle licencia, agua, arroyo al otro aspecto de la humanidad. La humanidad no solo es racionalismo, sino otros aspectos. Esos otros aspectos son los que el romanticismo va a trabajar. De modo que, por ejemplo, sin embargo, hay mucha tela que cortar aquí porque hablábamos en programas anteriores sobre lo que significó la Silva a la agricultura de la zona tórrida de Andrés Bello, que no es un texto romántico, aunque se advierte cierto romanticismo en él, de modo que ese poema más bien es neoclásico.
Y recordemos que hay una cadena: está el arte barroco, al arte barroco le reacciona el neoclasicismo y al neoclasicismo le reacciona el romanticismo. Bello, que fue neoclásico en sus inicios, también va a asomarse en ciertas ventanas románticas, pero no es eso, digamos, el romanticismo no fue lo que caracterizó este gran poema de Andrés Bello, de la Silva a la agricultura de la zona tórrida, y los sucesores de Bello, de los que hablamos en el programa anterior, pues más bien asumieron la revuelta romántica. Más bien asumieron esto; Bello más bien, su neoclasicismo respondía a una pulsión vital que lo llevaba a querer organizar el mundo literario desde una perspectiva racionalista en un mundo en el que había terminado la guerra.
Ese es un poema venezolano, Silva a la agricultura de la zona tórrida. Y allí, más que el romanticismo, lo que Bello está dibujando en el mapa es un mundo organizado, difícilmente, y va a hacerlo mediante el efluvio romántico. Eso es un poco la explicación que hay aquí, ¿no? De modo que el movimiento romántico literario en Venezuela va a ser posterior al Bello de la Silva.
Ahora, hay que decir lo siguiente del romanticismo que nos llega a nosotros desde Europa: nos llega fundamentalmente desde los puertos de España. Y esto es importante para comprender el romanticismo venezolano, porque en España entonces lo que se conoce como la modernidad del mundo moderno, o la Revolución Industrial, la revolución económica y política, no ha ocurrido con la potencia que está ocurriendo en Inglaterra, en Alemania y en Francia. De modo que esa modernidad española, digamos que en términos históricos, es diferente a la modernidad inglesa, francesa y alemana. De modo que ese romanticismo español que llega hasta sus ex colonias americanas es más bien una experiencia literaria, más que una vivencia profunda de cambio a partir del mundo moderno.
Creo haberme explicado con claridad en relación con eso, es decir, un poeta romántico alemán e inglés están sintiendo en carne propia lo que significa el mundo moderno en sus países y reaccionan con el romanticismo frente al racionalismo de ese mundo moderno. Un español no está presenciando el mundo moderno en España porque no ha estado ocurriendo plenamente; el romanticismo, digamos, no es propio, no es genuino, como en términos absolutamente claros con este tema. De modo que ese romanticismo que nos va a llegar a nosotros vía España es un romanticismo tamizado por la realidad española, tamizado por esa realidad porque muy pocos poetas y narradores entonces en la Venezuela de la primera mitad del siglo XIX tienen acceso a otras lenguas y han podido leer a Hölderlin o a Wordsworth, o a Coleridge en sus lenguas originales, y más bien les ha llegado con mayor frecuencia el romanticismo español.
En la próxima parte del programa seguiremos con estas disquisiciones sobre el romanticismo literario en la Venezuela del siglo XIX. En breve continúa Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba RafaelArraiz. Somos Unión Radio Cultural.
Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Quizás todo lo anterior que venía explicando apunta a que el mejor poeta romántico que tuvo Venezuela fue uno de los últimos poetas románticos, que fue Juan Antonio Pérez Bonalde. Pero no es casual esto: la formación poética de Pérez Bonalde es excepcional, ya que él padeció exilio político muy largo y lo vive en Nueva York. Y allí lo contratan como agente viajero de una tienda de perfumes, y él hace un periplo viajero por todas partes, por Europa, por Asia, por Suramérica y por África.
Además hablaba alemán al punto de que fue traductor de Heine; el cancionero de Heine lo traduce personalmente al español. Y además el inglés lo llegó a dominar a la perfección, al punto que traduce El cuervo de Poe, y durante décadas la traducción de Pérez Bonalde fue mejor considerada en el mundo de habla hispana. De modo que aquí estamos hablando de un hombre que tenía una vivencia directa del romanticismo de su tiempo en los países del mundo que visitaba todos los años porque hacía un periplo como vendedor de perfumes.
Y volviendo a nuestro romanticismo, los historiadores y críticos en la literatura venezolana hablan de dos y hasta tres promociones de poetas románticos. Picón Salas establece dos, pero Lubio Cardoso establece tres en su libro La poesía lírica venezolana en el siglo diecinueve. Picón Salas es más bien lapidario en cuanto al valor del romanticismo poético criollo; él solo establece dos excepciones, Pérez Bonalde y Sánchez Pesquera. Lubio Cardozo se entusiasma más con la producción romántica, sobre todo de las dos primeras promociones. Por su parte, Juan Liscano es igualmente de severo que Picón Salas y afirma lo siguiente:
"El único poeta de autenticidad romántica producido por Venezuela se llama Juan Antonio Pérez Bonalde, aunque bien pudiera denominarse el desterrado, pues casi toda su existencia transcurrió en el exilio político". Uslar Pietri, por su parte, no le concede un ápice y afirma en su libro Hombres y letras de Venezuela, refiriéndose al romanticismo criollo, lo siguiente: "Borrosa poesía de empalagosa sentimentalidad o de retóricas frialdades, no había traza de poeta grande y los llorosos o académicos versificadores parecían cortados de la fuente de la poesía". Bien, pues Uslar es todavía más contundente que Liscano y que Picón Salas en relación con la literatura romántica venezolana.
Y la verdad es que, a pesar de estos juicios que he citado, vamos a adentrarnos en este bosque del romanticismo venezolano porque creo que allí hay algunos aspectos interesantes. Por ejemplo, en algunas antologías de poesía venezolana se incluyen dos nombres, Antonio Ross de Olano y José Hiberto García de Quevedo. ¿Por qué? Porque ambos nacieron en Venezuela, pero Ross de Olano jamás regresó a Venezuela. García de Quevedo sí lo hizo en su condición de encargado de negocios de España en Venezuela.
Ross de Olano era hijo de un funcionario de la corona española en tiempos coloniales, y él mismo refiriéndose a su nacimiento en Caracas aseveraba que había nacido español, aun cuando lejos del suelo de su patria. Claro, él dice esto porque cuando él nace en Caracas, Venezuela es un territorio español, porque él nace en 1808, de modo que él era un español y no es correcto incluirlo dentro de las antologías de poesía venezolana porque Ross de Olano no lo era propiamente, más allá de haber nacido en Caracas. Más bien sus ejecutorias militares, muy cercanas a la saña, por cierto, cuando defendió posesiones españolas en África, además tuvo unos altísimos cargos públicos, pues hacen de Ross de Olano un español por todo, por todo el cañón.
Quizás la situación de García de Quevedo, que había nacido en Coro en 1819 y que migra a Puerto Rico en 1825, es distinta porque él regresa a vivir en Venezuela después que se ha hecho plenamente español y pasa aquí tres años como funcionario diplomático y seguía escribiendo. Y Caracas fue un tema de su literatura, pero tampoco creo que por estas razones podemos considerarlo un autor venezolano. En verdad García de Quevedo es un autor español y uno de los mejores que dio el romanticismo ibérico; va a morir en París en 1871. De modo que descartemos a Ross de Olano y a García de Quevedo y entonces entremos sí en los primeros poetas románticos venezolanos.
Ahí está José Antonio Maitín, sin la menor duda, entre 1804 y 1874 vive este hombre en su mayoría en Choroní. Y el otro poeta es Abigail Lozano, que vive entre 1821 y 1866. Maitín nace en un hogar acomodado, de modo que incluso lo educa un preceptor en su casa. Su familia, por razones políticas, tiene que emigrar a Cuba y allá establece una amistad con otro venezolano que en esa circunstancia está viviendo en Cuba también, que es Santos Michelena, y Michelena se lo lleva a Londres cuando Michelena es cónsul general de Colombia ante el Reino Unido.
Se lo lleva como funcionario diplomático a José Antonio Maitín y, cuando regresa, Maitín se establece en Caracas y se dedica al teatro, a la dramaturgia con algún éxito. En 1841 cae en sus manos un libro del poeta español Zorrilla y el hecho cambió la concepción de la poesía que tenía Maitín. Y podemos decir que el romanticismo abrió sus puertas para él y Maitín comienza a darse a conocer en los periódicos de entonces como poeta hasta que diez años después recoge su producción en un libro. Ese mismo año, por cierto, muere su esposa y compone su poema más célebre, que es el Canto fúnebre.
Eso es un poema de 1851, y a partir de la viudez José Antonio Maitín se recoge en el bellísimo pueblo de Choroní, donde su familia conservaba una hacienda, y allí se va a confinar, a esperar la llegada de su propia muerte. De modo que su obra poética es breve, pero este poema del Canto fúnebre vale la pena considerarlo; para mí es un poema con logros importantes, tiene momentos muy hermosos y bueno, ciertamente que es un poema romántico, pero esa sensibilidad que le dicta el poema a Maitín es genuina, por más que el romanticismo de Maitín haya surgido en su poesía súbitamente cuando tiene 40 años.
Que en esa época 40 años era una edad madura y no me parece que sea un canto gimiente, romántico y edulcorado, sino más bien hay un lenguaje preciso que es hermoso. Por ejemplo, él hace la remembranza de su mujer hasta el destino del fin del cementerio y afirma lo siguiente en los últimos cuatro versos: "Que te aromen las flores que aquí dejo, que tu cama de tierra halles liviana, sombra querida y santa, yo me alejo, descansa en paz". Yo volveré mañana, es hermoso esto, sobre todo "que tu cama de tierra halles liviana".
Bien, hay algunos logros sin duda en la poesía de Maitín, y la de Lozano merece otras consideraciones. Quizás en Maitín sus primeros intentos poéticos neoclásicos contribuyeron a que su romanticismo estuviese un poco más atemperado, pero Lozano no. Lozano, por otra parte, muere a los cuarenta y tres años. Si por una parte Maitín provenía de una familia pudiente, Lozano provenía de los estratos más bajos de la sociedad. Y bueno, es muy probable que Maitín y Lozano, las familias, se conocían, que es algo curioso, proveniendo de sectores sociales diferentes.
Lo de Lozano es muy curioso, empezando porque lo bautizaron con un nombre de mujer, porque Abigail es un nombre femenino y, sin embargo, estamos hablando de una persona, y esta circunstancia, lejos de deprimirlo, más bien le dio cierto ánimo, cierto valor. Lozano nace en Valencia, pero siendo un niño se lo llevan a Puerto Cabello y allí empieza a experimentar la orfandad paterna, ¿no? Y a los veinte años se le abren las puertas del periódico de Antonio Leocadio Guzmán, el venezolano, y comienza su celebrada carrera poética.
Se muda a Caracas y también vive en San Felipe; otras veces va a Valencia. Otras veces está en Barquisimeto, son las ciudades que va conociendo Lozano recitando y también funge como editor de revistas literarias. Vuelve a Caracas y ahí establece una amistad con unos diplomáticos peruanos acreditados en Venezuela; se va enamorando del Perú al punto de que el Perú lo nombra cónsul en la isla de Santo Tomás y Lozano se va de cónsul del Perú a Santo Tomás en 1861.
Y pues la muerte de Lozano en Santo Tomás es todo un relato policial que voy a resumir. Él se entusiasma allí con el general mexicano, expresidente y caudillo de su país, Antonio López de Santa Anna. Les recuerdo aquel que perdió una pierna en batalla y organizó unas pompas fúnebres de su pierna. Y Lozano se hace secretario de Antonio López de Santa Anna en Santo Tomás y le escribía los discursos y los manifiestos. Bien, en la próxima parte del programa les sigo refiriendo esta aventura de Lozano con López de Santa Anna, que es digna de una novela. Ya regresamos.
Bueno, la fortuna de López de Santa Anna era muy grande y, según Enrique Bernardo Núñez, en su libro Escritores venezolanos, era un hombre dado a creer en la palabra de los otros y López de Santa Anna cayó en manos del embaucador de apellido Masuera, que se le acercó con el pretexto de escribir su biografía. Y después lo estafó y el general invirtió una fortuna en la reconquista de México, que Masuera le prometía. Pero Masuera había tramado una estafa con tal exactitud que solo se enteraron de la estafa cuando ya Masuera estaba en Nueva York y el pobre Abigail Lozano, en su condición de secretario de López de Santa Anna, era un testigo privilegiado de esta estafa, que estaba por develarse.
De modo que Masuera se deshizo del poeta incómodo envenenándolo durante un almuerzo cordialísimo. Esto parece una novela, pero no es la realidad, de modo que Abigail Lozano, secretario de Antonio López de Santa Anna, muere a los cuarenta y tres años envenenado. Ahora uno se pregunta, pero ¿qué hacía Lozano como secretario de López de Santa Anna? Es algo muy curioso, pero bueno, los poetas románticos tenían estas aventuras; por cierto, nada más romántico que morir envenenados, ¿no?
Y por otra parte, los libros de Lozano se recogen por primera vez en 1844 y, bueno, todo el siglo XIX tuvo una extraordinaria fama del poeta Abigail Lozano. Pero los críticos, con el paso del tiempo, le señalaron desatinos a su obra, a tal punto que los lectores dejaron de ponerle atención. Encontraban en muchos de sus versos algo altisonante, cursi, pero aun a los lectores les parecía que aquello era prodigioso.
Entonces, bueno, la fama de Lozano fue tal que hasta sus detractores tuvieron que convenir en que sus versos secundarios eran fruto de un talante fogoso y uno, viendo a la distancia su obra, pues no pasa a ser una típica expresión del primer romanticismo venezolano. Emulaba a Zorrilla, las rimas eran forzadas, no tenía fuero, era desaforado. Bueno, por otra parte, oigamos a Jesús Semprún fijar su importancia, la importancia que Semprún le atribuye a Lozano. Fíjense lo que él dice:
"Salvo el tremendo Juan Vicente González, ningún espíritu de la época representa mejor en efecto el alma atormentada de su generación como el poeta de Horas del martirio, desenfrenado cantor del amor, del heroísmo y las encendidas pasiones políticas que inflamaban a la Venezuela de entonces. Sus versos son el trasunto fiel del mundo en que vivió, cuya atmósfera tempestuosa olía centella y temblaba con el medroso estampido de los truenos que sacudían del mal seguro edificio en la patria recién nacida". Fin de la cita de Jesús Semprún.
El extraordinario crítico... Bueno, la verdad es que Lozano fue un hombre de su tiempo. La pasión política no le fue ajena; bueno, murió en esas lides. La pasión poética tampoco; vivió como ardiendo el fuego del romanticismo cultural de su tiempo. Lozano le componía loas a los héroes de la patria, denostaba de sus enemigos, se solazaba en las ciudades idílicas de su imaginación, se enamoraba, huía hacia adelante, ¿qué sé yo?
Utilizaba con frecuencia la palabra martirio. La verdad es que pocos vocablos más románticos que este, pocos vocablos otorgaban un mayor prestigio poético que la confesión del dolor martirizante, y bueno, las abuelas lo decían, ¡qué martirios! Y consigno un ejemplo de su poesía tomado de la Oda a Barquisimeto para que entiendan o para que yo pueda explicarme mejor en lo que estoy diciendo. Fíjense lo que dice de Barquisimeto Abigail Lozano: "Virgen desamparada, reina del occidente, alza la noble frente, no te avergüences. No grande en tu vencimiento, el mundo te admiró, al son de tus cañones, Colombia despertó".
Bueno, esto es romanticismo puro, ditirámbico si se quiere, y bueno, el paso del tiempo ha ubicado a la poesía de Lozano en un lugar más discreto que el que tuvo en su momento o en sus tiempos. El tercero que completa el primer romanticismo criollo es el zuliano José Ramón Yepes, que vive entre 1822 y 1881. Ahí, en su obra poética, se distinguen dos períodos: un romanticismo inicial y un segundo período ya entregado a la lírica parnaciana, que explicaremos en su momento.
La vida de Yepes emula, en muchos sentidos, a la de Ulises. Nació a orillas del lago y llegó a ser contralmirante de la marina de guerra de Venezuela después de haber superado todas las peripecias del mejor de los navegantes. También Yepes escuchó el canto de sirenas de la política, como era lo normal en el siglo XIX, que los escritores tuvieran vida política, y Yepes llegó a ser diputado y senador.
Y al jubilar se emprendió la escritura de novelas de sesgo indigenista, pero mientras estuvo bajo el dictado de las olas abordó la poesía. Era un poeta navegante, de modo que alcanzó un típico ideal romántico, la vida y el arte en una sola entrega. Y al momento de relatar su muerte sus biógrafos dan vueltas alrededor de una nube porque no se sabe a ciencia cierta si José Ramón Yepes se suicidó, ¿verdad?, o se quedó dormido viendo la luna y se ahogó en las aguas del lago de Maracaibo.
Bueno, en cualquiera de los dos casos, pues es una muerte romántica, si fue por suicidio o, como dicen algunos de sus biógrafos, que se quedó dormido viendo la luna. Bueno, Fernando Paz Castillo, en su labor de crítico de la poesía venezolana, estimó mucho la obra de Yepes y llegó a decir lo siguiente: "Creemos que de los poetas románticos de primera generación esencialmente poetas el único que le puede parangonar a Yepes es Maitín. Maitín tiene sin duda un sentimiento más familiar y depurado, pero muestra Yepes más seguridad en el paisaje, sobre todo cuando habla de cosas como el mar que forman parte de su propia vida".
Bueno, fíjense que si hasta ahí la cita de Paz Castillo. Fíjense que si Lozano va abordando los temas altisonantes en la épica, sin haber sido un guerrero como tal, pues Yepes sí fue un marino que batalló, pues se afana con temas más sencillos. Quizás ahí está su fuerza, no en la épica sino en las sencilleces, de modo cuando hace baladas de inspiración marina o cuando retrata una niña en la tarde o cuando perfila el cielo estrellado o cuando se acerca a esos parajes con una extraña dulzura, con humildad, muy distinta al romanticismo vociferante del Lozano.
Veamos un ejemplo de la poesía de José Ramón Yepes: "Quién sabe por qué crece entonces el penacho de esa palma, y el viento la remese y las despierta de súbito. Y a su voz el concierto y dulce calma de la noche se rompe, cual si fuera hablando una palmera a otra palmera". Bueno, esto no está mal realmente. Y de este primer romanticismo criollo presenta pues aspectos contradictorios; por una parte es evidente la influencia de Zorrilla, pero también la asunción de la poesía y vida como una sola empresa está presente.
Yepes es un ejemplo, y si por una parte es una suerte de eco, pues también hay una poesía verídica que podemos encontrarla en Yepes o en Maitín. De modo que espejo de su tiempo, pero a la vez carta de presentación de la individualidad, los tres primeros poetas son disímiles. Maitín canta apesadumbrado, se retira a Choroní; la muerte lo domina y lo cerca y lo persigue. Frente al tráfago de la vida pública, pues después de conocer sus fauces la abandona, como dijimos, se refugia en Choroní y allí acepta las fatalidades de su destino.
En cambio Lozano, pues es como que si tuviera unos versos fuese una espada en su mano y canta desaforado a Bolívar, a cualquier héroe, a una ciudad onírica, a la mujer que ama. Es verdaderamente una fuerza. Y en cambio Yepes observa y dibuja sus baladas cadenciosas. Es una paradoja que Yepes era verdaderamente un guerrero, pero está tomada su poesía por la ternura. Los tres, cada uno por su cuenta, han ido metabolizando el arquetipo romántico, y este, como veremos más adelante, fue haciéndose cada vez más una corriente literaria y menos una puesta vital.
En la próxima parte del programa seguimos con este romanticismo nuestro. En breve continúa Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba RafaelArraiz.
Y entonces seguimos con el romanticismo del siglo XIX venezolano, y si el primer romanticismo nuestro surge hacia los primeros años de la década de 1840 y se extiende hasta 1859 aproximadamente. Bueno, tampoco es exacto, no puede fijarse de manera precisa porque se solapan unos con otros, ¿no? Y bueno, entre los que mayor relevancia alcanzan sin duda se encuentra José Antonio Calcaño, Heráclio Martín de la Guardia, también conocido como Heráclio Guardia, Francisco Guacaipuro Pardo, Domingo Ramón Hernández. Esos son los que comienzan alrededor de la década de 1860 y sería el segundo romanticismo nuestro.
Veamos a Calcaño, vive entre 1827 y 1897. Pues aquí Calcaño comienza fatigando la trocha romántica y en sus últimos días abraza el neoclasicismo. Fue hacia atrás, quién sabe, es un caso muy extraño. Por ejemplo, a los 40 años, en 1867, Calcaño es nombrado cónsul en Liverpool. Y a partir de 1845 es cuando él comienza a publicar sus textos en los diarios de su tiempo, pero espera hasta 1865 para publicar su primer poemario, El canto de primavera se llama.
Bueno, los Calcaño es una familia de miembros que se realizaban en el campo literario. La estancia europea a la que aludí antes, en Liverpool, fue mucho más larga de lo que el propio Calcaño había calculado, hasta el punto que pueden establecerse dos etapas en su vida: la etapa romántica caraqueña y luego el sesgo neoclásico que va a cultivar en Europa. Y es una circunstancia extraña porque el hecho de haber vivido en Inglaterra tanto tiempo, pues lo acercó más bien al mejor romanticismo y sin embargo la poesía que él hace allá es neoclásica.
Entonces, es algo curioso: ese espíritu romántico de sus años caraqueños le va a ceder el paso al estilo neoclásico que cultiva en su vejez, siendo el neoclasicismo, desde el punto de vista histórico, anterior al romanticismo. Y bueno, no puede decirse mucho de la poesía final de Calcaño porque es totalmente anacrónica, pero sí podemos decir algo sobre su producción inicial romántica. Y aquí hay un poema del que se titula El ciprés. Voy a citar una estrofa: "Si por mi tumba pasas un día, y amante, de boca, el alma mía verás su nave sobre un ciprés. Habla con ella, que mi alma es buena".
Hasta aquí. De Heráclio Martín de la Guardia, que vive entre 1829 y 1907, pues tuvo una vida muy larga como podemos ver aquí para la época. Y no solo se dedicó al cultivo del poema, sino que abordó la dramaturgia con mayor éxito. Además, como militar y político no le fueron ajenos el exilio y la cárcel, que era lo común en el siglo XIX y XX. El periodismo le abrió sus puertas y fundó un periódico de tiraje discreto.
Puede decirse que todo lo que emprendió fue abundante y gozó de estima por parte de sus contemporáneos, pero su obra poética romántica no presenta mayores innovaciones. La crítica incluso suele ser dura con la poesía de Heráclio Martín de la Guardia, y quizás tienen razón al considerarle una obra secundaria. Todos los temas fueron suyos, no discriminó a la hora de abordarlos desde el continente del poema; de allí que muchos de sus versos sean un tanto prosaicos. Sin embargo fue distinguido con premios literarios de su época, tenía prestigio y convocaba tertulias literarias a las que iba mucha gente.
Bueno, se puede decir que su poesía romántica pues ya representa cierta retórica, no hay mayores innovaciones. Y también está Francisco Guacaipuro Pardo, que vive entre 1829 y 1882, y él se tenía a sí mismo como el mejor poeta de América; era un hombre que no estaba deprimido para nada. Tenía una concepción de sí mismo muy alta, pero por supuesto estaba muy lejos de ser el mejor poeta en América. Su obra poética combina dos de los más lamentables elementos del romanticismo criollo: uno, la grandilocuencia, y el otro, la alabanza de la gesta bolivariana en la que todos incurrían de manera más sistemática.
Uno de los conocedores de la obra de Pardo, Luis Correa, dice lo siguiente, refiriéndose a sus poemas, a sus composiciones: "Son frías, solemnes, correctas. En la más celebrada de ellas, la que canta la gloria del libertador, las estrofas desfilan como una procesión de sombras augustas, pero de sombra al fin". Como poeta civil y animador de sus opiniones políticas no tuvo el ímpetu de Abigail Lozano, a quien imitaba en sus inicios. Fin de la cita de Luis Correa.
Y el mismo Correa recoge en un ensayo una anécdota sobre Pardo que merece resumirse, simpática. Había llegado a Caracas la marquesa Olga de Tallene con su hija, la Marquesita Jenny de Tallene, y Pardo se enamora perdidamente de esta niña. Esta muchacha, los caraqueños entonces habían hecho de la Marquesita el tema de sus tertulias, se barajaban nombres como posibles candidatos a robar el corazón, y mientras esto ocurría en los salones, Pardo callaba muy confiado. Incluso el propio general Guzmán Blanco se interesó en la muchacha y en un baile del 1 de 1881, en la Casa Amarilla, en medio de los cristales de Baccarat y ataviado con su traje napoleónico, quiso bailar con la marquesita Guzmán Blanco.
La buscó por todos los rincones y la encontró en el fumoir en una animada plática, tomadas las manos del poeta Pardo, y entonces cuentan que dijo Guzmán Blanco: "A quien Dios se lo da, San Pedro se le bendiga". Y tres años después sale publicado en Francia el libro de viajes de Jenny de Tallene. Se titula Su venirse de Venezuela. En ese libro la marquesita hace un comentario agradecido de Pardo e incluso llega a traducir al francés un poema de su enamorado caraqueño, pero para desgracia del Pardo ya había fallecido.
Bueno, estos son estas anécdotas de la Caracas del siglo XIX que se debatía entre el poder político y la poesía. Y aunque la poesía de Pardo se recoge en un libro después de su muerte, sus versos eran conocidos en el universo de las revistas. Él cultivó el ditirambo, el culto indigenista, esto lo llamó muy particularmente, y la heroicidad de las etnias cercanas, las leyendas del atributo, quizás le hacía un homenaje a su segundo nombre, Francisco Guacaipuro Pardo. Bueno, y hasta aquí nuestro romanticismo en el programa de hoy.
En el próximo continuaremos con el romanticismo y nos adentraremos en la obra extraordinaria. En www.mundourr.com debes buscar la pestaña de radio en vivo, bajar y darle clic en Unión Radio 90.3. Recuerda que nos puedes seguir en arroba MundoURWeb, en arroba Radioscuela UR y en arroba RafaelArraiz en Twitter.
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