Serie Literatura Venezolana Siglo XIX. Cap 2.
Lit Ven siglo XIX. Cap 2.
Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos. Un programa sobre el país y su historia. Este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela Iturriza, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez, Juan Juárez, Fernando Camacho y Giancarlos Caravaggio. También puedes seguir la transmisión en vivo en www.mundour.com; debes buscar la pestaña de Radio en Vivo, bajar y darle clic en Unión Radio 90.3.
Recuerda que nos puedes seguir en @MundoURWeb, en @RadioEscuelaUR y en @RafaelArraiz en Twitter. Mi número de productor nacional independiente 30.720. Bien, en este segundo capítulo de nuestra literatura venezolana del siglo XIX continuamos con Andrés Bello.
Andrés Bello, como sabemos, es la piedra fundacional de la literatura venezolana. Hay un anecdotario bellista interesante: cuando Humboldt y Bonpland visitan Caracas en el año 1800, Bello sigue sus pasos y los acompaña en algunas indicaciones caraqueñas, aunque no se animó a subir al Ávila. Cosa que hicieron Humboldt y Bonpland con la asistencia de otras personas; Bello, en ese caso, no ascendió. Sin embargo, es clarísimo que el interés botánico que tenía Andrés Bello, un hombre con una curiosidad universal, se vio fortalecido con los conocimientos de Humboldt, que pasó algunos días importantes en Caracas y a quien Bello trató de acercarse cuantas veces pudo.
De modo que eso es interesante dentro de su anecdotario. En relación con el proyecto americano de Andrés Bello, en su obra poética vemos que le da voz a lo particular, que es el patrimonio de aquellos estados que estaban naciendo y que necesitaban fortalecer sus singularidades, su individualidad, sus rasgos. Además, Bello en su poesía busca revelarle a los europeos el mundo americano; él les está dando una versión de América. Y ese mundo, sobre el que la taxonomía del barón de Humboldt ya ha hecho su trabajo, es el que adquiere estatura poética y es nombrado por este gran humanista caraqueño que fue Andrés Bello.
De modo que él se está dirigiendo al americano que necesita ser verbalizado para existir y al europeo, que es capaz también de legitimar su discurso y recibir una versión de América por parte de Andrés Bello. La segunda etapa de su poesía concluye, como dijimos en el programa anterior, en 1829. Él trata de regresar a su país, a Venezuela, pero las condiciones no eran nada favorables. En 1829 Simón Bolívar, su amigo y alumno, ya estaba en una situación muy compleja desde el punto de vista político y no tenía control de la República de Colombia como para respaldar la llegada de Bello a Caracas. Las puertas que se le abrieron completamente a Andrés Bello fueron las de Chile.
Y allí va a tener entonces lugar el esplendor del maestro Bello: ahí florece el legislador, florece el filólogo, florece el gramático, lingüista. El hombre interesado en el cosmos, pero la poesía comienza a mermar. De modo que este período chileno, que va a ser prácticamente la mitad de su vida, pues van a aparecer otros trabajos como ya señalé: entre otros, la tarea de refundar la Universidad de Santiago de Chile desde una perspectiva moderna; él fue rector de la universidad. En lo propiamente literario va a dar a conocer otras obras allá en Chile como pueden ser las versiones de Petrarca, la del Salmo 50, su Oración por todos, que es un poema muy conocido; la Imitación de Víctor Hugo es fruto de aquellos años chilenos, así como el poema La Cometa.
Pero realmente, desde el punto de vista estrictamente literario, los años chilenos van a ser sobre todo años jurídicos, por supuesto, del trabajo monumental con la lengua que realiza en su gramática. Y hasta finales del siglo XIX, del siglo en que vivió Bello, la influencia de su poesía es determinante: no solo queda su huella en los inmediatos sucesores de él, sino que autores posteriores como Francisco Lazo Martí, casi 80 años después de la publicación de La silva a la agricultura de la zona tórrida, está publicando La silva que en alguna medida homenajea esa primera obra de Andrés Bello. De modo que el poder fundacional de la poesía de Bello está fuera de duda, sobre todo a partir de La silva a la agricultura de la zona tórrida; allí, como hemos dicho, se va desgranando una familia poética.
Juan Liscano en ese libro maravilloso Panorama de la literatura venezolana actual afirma: "La literatura creativa venezolana nace a las sombras de la silva, el tema de la exaltación del agro, del repudio a la ciudad creadora de rencillas y ambiciones. De la contemplación maravillada del paisaje y flora abundante inspirará durante años la narrativa y la poesía venezolana", hasta allí la cita de Juan Liscano. Y no podemos dejar de lado, como traté de decir en el programa anterior, que la poesía de Bello responde a un proyecto que podríamos llamar político en el sentido más globalizante del término político, es decir, así como hay otros hispanoamericanos llamados a ser fundadores, pues Bello también estaba abrazando un proyecto en el que habían unas repúblicas nacientes que tenían que ser dichas, que tenían que ser expresadas.
Mariano Picón-Salas, quien conoció muy bien su obra con un penetrante ensayo sobre la obra de Bello, afirma: "Formar una patria es para ellos no solo la mística nacional y libertaria, aquel espíritu de los pueblos que buscó con tanta pasión el romanticismo, sino la gran utopía moral. Los arquetipos de la razón y belleza con que quieren superar la violencia e injusticia que prevalecían en nuestra vida colectiva", hasta allí Picón-Salas. Y en efecto inmediatamente la semilla sembrada comenzó a crecer. La generación venezolana que escucha el llamado de Andrés Bello está formada por algunos de nuestros más significativos creadores; es una promoción de humanistas si entendemos por humanismo aquello que el propio Bello encarnó con tanta exactitud, es decir, el intelectual que, ante la urgencia de construir en terrenos yermos, hace de la vastedad del saber su reto perentorio.
Por supuesto, en las entrañas del humanismo late el mayor de sus peligros, es decir, el saber superficial, el vuelo rasante, pero es evidente la diferencia entre un humanista y un diletante. El mejor ejemplo es el propio Bello, una larga vida de lector que apoya sus codos sobre la mesa de trabajo y que aleja cualquier riesgo de liviandad. Lo que el maestro Bello emprendió lo llevó hasta sus últimas consecuencias, sobre todo a partir de su vida londinense, cuando se combinan en él el camino de la madurez y la dedicación al estudio. Para hablar de los sucesores de Bello e imaginar la unanimidad en relación con quiénes son sus sucesores en Venezuela, pues se cuentan Vicente Coronado, Marco Antonio Saluzzo, Félix Sublette, Felipe Tejera, Jerónimo Blanco, entre otros, y sobre todo los cuatro grandes humanistas de la etapa posterior inmediata a Bello que son los que nosotros vamos a referir en este programa.
Me estoy refiriendo, valga la redundancia, a Fermín Toro, a Rafael María Baralt, a Juan Vicente González y a Cecilio Acosta. En la próxima parte del programa nos vamos a referir a la obra de cada uno de ellos, las características esenciales de sus obras y su personalidad en la medida de lo posible, e iremos fijando, si eso es probable, sus aportes fundamentales a la literatura venezolana del siglo XIX que venimos estudiando. ¡Ya regresamos!
En breve continúa Venezolanos, somos Unión Radio Cultural, estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para algunas sugerencias sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter, arroba RafaelArraiz. Somos Unión Radio Cultural.
Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Juan Vicente González vive entre 1810 y 1866 y escribió crónicas periodísticas, algunas con tono poético. También escribió poemas, pero no está allí lo más importante de su obra.
Se trataba de un romántico, de raigambre, vamos a señalarla como francesa, con todo el ímpetu que su condición le permitió, y su vida además es legendaria quizá más que su propia obra por su personalidad. Digamos que su talento literario se expresó en el periodismo político, en el ensayo histórico y en la polémica. Fue un gran polemista Juan Vicente González; sus actos vitales y literarios estuvieron tomados por mucha pasión. Sin embargo, se tenía a sí mismo como mayor devoto de la obra de Bello, aunque no conectaba propiamente con el espíritu del maestro.
Recordemos que para estos cuatro venezolanos de los que vamos a hablar la literatura en gran medida no era una pasión autónoma; es imposible olvidar que la Venezuela en que estos hombres crecen viene de la guerra, viene de etapas bélicas en las que se están enfrentando grandes desafíos. La fundación de una república, los problemas para hacerla, vienen de la separación del proyecto de Colombia y se reconquista, se recrea, se refunda la individualidad de la República de Venezuela con el general Páez a la cabeza en 1830. De modo que el ensayo o periodismo, la poesía, la novela, porque Fermín Toro escribió una, en general la vida pública estaba asumida en medio de la mayor emergencia y la literatura la acompañaba. La acompañaba de manera fundamental.
De modo que ese clima literario de la Venezuela que está levantándose, ese debate entre el neoclasicismo y el romanticismo, comienza a asomar en el horizonte. Hay además una furia antiespañola comprensible porque la República se está fundando negando a la monarquía española y la creación de la nacionalidad va a pasar por la negación de lo hispano en algunos casos. O también porque los hubo por la vehemente defensa de lo español. De los dos extremos se alimentó la literatura de aquel entonces; de modo que es difícil establecer criterios unánimes, porque por ejemplo Fermín Toro trabaja parte de su obra intelectual bajo el influjo de pensadores anglosajones, pero también cultiva un verso de cadencias neoclásicas y románticas.
Y por ejemplo Rafael María Baralt afinca sus pasos sobre la recuperación de lo hispano y llega a ser, por cierto, el primer venezolano aceptado en la Academia de la Lengua Española. Y bueno, siempre muy apegado a las estrictas prescripciones del castellano, Rafael María Baralt es realmente un monumento en su obra y junto a ellos González se fascina, por su parte, como dijimos ya, por el romanticismo. Cecilio Acosta trabaja pacientemente bajo la sombra de la madre, con la asistencia de un espíritu a veces clásico, a veces romántico. En todo caso estos cuatro escritores se sienten llamados por una voz privilegiada: la República que se está fundando, la nacionalidad que está encontrando un cauce en el Estado venezolano recién fundado una vez separado del Departamento de Venezuela de Colombia y retomada la fundación de la República de Venezuela.
Fermín Toro, cuya fecha de nacimiento es 1807, aunque no haya absoluta certeza sobre eso porque la partida de nacimiento de Fermín Toro no se ha encontrado, pero existe la convención que nació en 1807 y que falleció en 1865. De modo que es un hombre que vivió 58 años, y uno dice hoy en día muy poco tiempo, pero para aquel entonces el promedio de vida era incluso menor a 58 años. En materia poética los aportes de Fermín Toro son menores, como vengo diciendo. Sin embargo, Fermín Toro es el autor de la primera novela que escribe un venezolano, que son Los mártires, y también el autor de un relato probablemente uno de los primeros que se escriben en Venezuela, La viuda de Corinto.
No me atrevo a afirmar que es el primer relato que escribió un venezolano porque probablemente se consiga otro en cualquier momento o que haya otro también escrito, quizá pero de menor estatura literaria. También su faceta de ensayista es notable; aquí los aportes de Fermín Toro no son menores. Me estoy refiriendo a un libro que se titula Europa y América. Y me estoy refiriendo al informe sobre la ley del 10 de abril de 1834, que son aportes ensayísticos de primer orden.
También habría que señalar que su obra oral, su obra de tribuno, sus discursos forman parte de su obra literaria. Son famosos los discursos de Fermín Toro, porque tenía una capacidad histriónica extraordinaria. Era un hombre al parecer muy poco agraciado por la naturaleza, pero una vez que le entregaban un sitio o una tribuna desde donde discurrir lograba tejer los más extraordinarios discursos, es lo que señalan todos los testimonios de la época. Incluso se afirma que el mejor orador que ha habido en la historia nacional en este período fue él.
Bueno, también recordemos que él se va a formar, Fermín Toro, inspirado o bajo la égida de José Luis Ramos en lengua y humanidades. Tampoco a Toro le fueron ajenos los trabajos, los saberes del doctor José María Vargas o de Juan Manuel Cajigal. Al igual que Bello, Fermín Toro vivió en Londres, pero no permaneció demasiado tiempo allá: estuvo dos años como funcionario diplomático en la embajada de Venezuela ante el Reino Unido. Sin embargo, dos años para un hombre con aquella capacidad intelectual fueron suficientes para que bebiera de las aguas del pensamiento europeo y desde allá pudo comprender mucho mejor la realidad americana.
De allá surge esa experiencia, va a surgir ese libro Europa y América. Por su parte, él escribe una Oda a la zona tórrida, una poesía donde trabaja lo mismo que Bello aunque le añade especialmente el ingrediente indígena, cosa que Bello no hizo de manera particular. Fermín Toro se va a esmerar en resaltar el contraste entre la indígena y el conquistador español, trabaja las circunstancias históricas y no deja de hacer su propio inventario muy romántico, por supuesto. Y también emprende, pero no llega a concluir, otro largo poema americano que se iba a titular La ecatonfonía.
Aquí lo americano va a encontrar expresión más allá de nuestras fronteras; especialmente se van a interesar en las culturas precolombinas centroamericanas y sin embargo no lo termina, ¿no? Pero trabaja lo que deja escrito, trabajan los escombros de Copán. Bueno, y algunos otros aspectos, las culturas precolombinas que han quedado sepultadas debajo la manigua, debajo del ramaje que se les ha comido el tiempo, en la naturaleza que los ha tapizado o que lo hace apuntando. Sin embargo, no son gran cosa.
La crítica no ha considerado la poesía de Fermín Toro como algo demasiado importante; no así, y ahí sí lo ha considerado muy importante, su obra ensayística. Y tampoco es desdeñable Los mártires, la primera novela que escribe un venezolano. El próximo que vamos a trabajar, a partir de ahora, es Rafael María Baralt. Pero Baralt nace en 1810 y fallece en 1860.
Vive 50 años, todavía ocho años menos que Fermín Toro, y sin embargo deja una obra de grandes proporciones, un trabajo notable que veremos particularmente en la próxima parte del programa. Bien, sobre Rafael María Baralt los juicios de Mariano Picón-Salas y de Gonzalo Picón-Febres son fuertes. Por ejemplo, Mariano Picón-Salas dice: "Los buenos estudios retóricos que Baralt hizo en Bogotá, su invencible respeto por las autoridades de la lengua castellana, su formalismo clásico, pesarán y limitarán su obra literaria", fin de la cita. Incluso dice que don Ramón Díaz, paciente compilador, había reunido muchos papeles de historia nacional y se los pasa a Baralt para que lo ordene y escriba con ellos un resumen de la historia de Venezuela.
Bueno, realmente son opiniones muy cargadas porque el resumen de la Historia de Venezuela de Rafael María Baralt es una historia en tres tomos de gran importancia; eso no puede resumirse a unos papeles que recogió Ramón Díaz y Baralt escribió la historia de Venezuela con base en esos papeles, eso no es justo a mi juicio. Llega a decir don Mariano que Bello es un filólogo y Baralt, un preceptista. De modo que los juicios de Picón-Salas sobre Baralt son muy duros a mi juicio, pues injustos en muchos sentidos. Más bien lo que pudo hacer Baralt en apenas cuarenta y nueve años es ya de por sí motivo de admiración; yo advierto cuatro etapas en su vida.
Hay una primera de 1810 a 1821 que va desde alrededor del año nacido hasta los 11; su infancia va a transcurrir en Santo Domingo, donde ha ido con sus padres ya que la madre de Baralt es dominicana. Su padre es zuliano, hijo de catalán, por supuesto Baralt es un apellido catalán obvio, y este hombre, este catalán, es miembro de una familia con recursos económicos considerables. De modo que los recuerdos de su primera infancia no están ligados al lago de Maracaibo sino a Santo Domingo, donde transcurre su infancia hasta los 11 años.
El segundo período va de 1821 a 1835 y este período es cuando él experimenta la vida cuartelaria; son los años en que está en Bogotá, todo ese período resumido por el propio Baralt, fíjense lo que dice: "Mi escuela estuvo en los campamentos y los cuarteles, desde 1821 a 1839 años. Mientras que mis compañeros perdían el tiempo en vagatelas yo leía y releí a los principales clásicos españoles que llegaban a mis manos, los cuales casi conozco de memoria, pues puedo repetir párrafos de muchos de ellos". De modo que aquí lo que está diciendo Baralt es que mientras sus compañeros de armas estaban ocupados en otras cosas, él estaba leyendo y formándose.
El tercer período va desde 1836 a 1841 y esta es la época en que su afición por los estudios históricos toma musculatura profesional y el gobierno del general Páez le encarga, junto a la geografía de Venezuela solicitada a Agustín Codazzi, las escrituras en resumen. Este libro se publica en París y él viaja hasta allá, Baralt y Codazzi juntos a tramitar la publicación de las obras. De modo que tenemos así la cuarta y última etapa que va desde 1841 al 1860. Esta es la del escritor, del filólogo, del lexicógrafo, del poeta y además esta etapa de 1841 a 1860 vive en Europa íntegramente.
Estamos hablando, bueno, de 19 años en Europa; los primeros meses lo pasan en Londres, en la delegación diplomática venezolana donde le ha sido encargado el estudio de todo el asunto en la Guayana inglesa y Venezuela. Y por eso se traslada a Sevilla a buscar los archivos de Sevilla; allí reside entre 1841-1844, está tres años en los Archivos de Sevilla y luego se muda a Madrid. Y allí conoce la gloria y la desgracia, ambas circunstancias. ¿Y de estas cuatro etapas en relación con su obra poética? La significativa es la última por una razón muy sencilla: es lo único que escribió, poesía.
Hay un poema de él muy celebrado que se titula Adiós a la patria, fue escrito en Sevilla, en 1843. Y ahí él comienza a intuir que su regreso a Venezuela no va a ocurrir nunca y uno puede leer cinco versos de ese poema que son los siguientes: "Yo al cielo en tanto mi oración llevaré por ti, debuta como eleva su llanto el esclavo y su canto por la patria perdida, en triste nota". Bueno...
Y luego, en ese camino de sus afanes poéticos en suelo español, suelo ibérico, compone la Oda a Cristóbal Colón en 1849. Con este poema obtiene el premio del certamen de poesía del Liceo de Madrid, que era un premio muy reputado entonces. Y ese mismo año publica el prospecto de una obra que lamentablemente no llegó a concluir, el Diccionario matriz de la lengua castellana. Pero esto le trajo un gran respeto a los académicos en la lengua y, en 1853, escuchen bien, es el primer americano que ocupa un sillón en la Academia Española de la Lengua, el marabino, el venezolano Rafael María Baralt.
Dos años después concluye su Diccionario de galicismos y después cae en desgracia porque se presta a ser embajador de Santo Domingo en el reconocimiento de la independencia de esta República por parte de España, y el enorme prestigio que había logrado de pronto se ensombrece por materias ajenas a la propiamente escritural o literaria. Y bueno, va a tener problemas políticos; esta contrariedad lo sume en una gran depresión, que finalmente lo lleva a quebrantos de salud importantes y muere a los 49 años. Uno pareciera que los triunfos españoles de Baralt le restaron méritos a la hora de ser enjuiciada su obra por sus coterráneos y eso es una injusticia. También pareciera que su dedicación al trabajo del lexicógrafo y filólogo le hubiese traído la desconfianza de sus futuros lectores.
Algo totalmente incomprensible y realmente si releemos su poesía hallaremos una obra bien tramada que sin ser un prodigio ni nada, que fuese más allá de los cánones del neoclasicismo, no merece haber sido tratado como lo ha sido por algunos analistas y estudiosos muy respetables de la literatura venezolana. Por su parte, el padre Pedro Pablo Barnola, sacerdote jesuita, en uno de los ensayos del libro Estudios crítico-literarios dice, refiriéndose a la corrección de los versos de Baralt, voy a citar al padre Barnola: "Es que en parte así concibe el neoclásico su obra poética, dando lugar principalísimo a la expresión literaria correcta, pulida y elegante, sin escatimar gasto de palabras. Parece que su norma es: mira no solamente lo que digo sino cómo te lo digo, qué palabras, qué giros y figuras de castizo sabor te ofrezco en cada verso. Esto es poesía".
De modo que la verdad no podemos juzgar la obra de Baralt comparándola con el romántico porque no lo fue, precisamente; sus caminos fueron otros. Uno tiene la impresión de que Baralt merece una relectura moderna, un mejor juicio, una aproximación a Baralt sin los prejuicios de su tiempo, o los prejuicios de venezolanos que la juzgaron, a mi juicio, valga la redundancia, con demasiada severidad. Y bueno, llegamos así al último de estos cuatro, que es Cecilio Acosta, nacido en 1818 y fallecido en 1881. Nos extenderemos en la última parte del programa, pero adelanto que la relevancia de la obra de Cecilio Acosta es compleja, hay que revisarla, hay que verla con cuidado.
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Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Les decía antes que la relevancia de la obra de Cecilio Acosta merece algunas reflexiones. Me explico, cualquiera que visite los textos críticos sobre su literatura o el mapa de su biografía hallará enormes elogios sobre su persona y escasos comentarios sobre su obra. Todos los textos, sospecho, no hay excepción, se detienen con holgura en la santidad de su vida, que era pobrísimo desde el punto de vista económico.
Que jamás contrajo matrimonio, que estuvo hasta los 58 años bajo el mismo techo de su madre profesándole una absoluta devoción y observó a los preceptos católicos como el más circunspecto de los devotos. Que jamás abandonó la patria, casi que nunca fue más allá de los predios caraqueños y su San Diego de los Altos natal. Y allí se hizo un prestigio blindado; al final de su vida los jóvenes que bebían las aguas del positivismo con cierto complejo de culpa científica, lo tuvieron como el bastión de la dignidad humanista. Contribuye mucho a esta leyenda la visita que le prodiga José Martí, acompañado de Lisandro Alvarado, cuando Acosta ya el cuerpo no les respondía; Martí sintió que visitaba uno de los últimos grandes humanistas de América y toda la biografía de Acosta ha despertado ingentes simpatías, especialmente la manera como sobrellevó la condición de la pobreza y cómo de la nada se hizo una cultura excepcional.
Y también esplenden en la Carta de sus pasos sobre la tierra sus posiciones políticas, sus reflexiones sobre la enseñanza y el mejor destino de la nación venezolana. Además del libro titulado Cosas sabidas y por saberse, los discursos, los artículos y las cartas forman parte del material que pudo recoger en sus obras completas. De modo que allí su poesía no es lo más importante, su trabajo para nada. Sin embargo, en casi todas las antologías de poesía venezolana aparece un poema suyo titulado La casita blanca que evidentemente refleja muy bien sus cándores y su humildad, así como la manera en que Cecilio Acosta estuvo en el mundo.
De sus poemas las opiniones no han sido muy favorables; por ejemplo, a Felipe Tejera, en su libro Perfiles venezolanos, le parece que el soneto a la libertad deja mucho que desear, pero La casita blanca les resulta encomiable. Hay un ensayo especialmente perspicaz de Arturo Uslar Pietri sobre la vida y la obra de Acosta. Eso está en ese libro maravilloso de Uslar Pietri titulado Letras y hombres de Venezuela. Yo creo que él da en el clavo sobre las significaciones de Cecilio Acosta.
Fíjense lo que dice Uslar: "Acosta se duerme en la muerte antes de que esa transformación ocurra, él muere en la frontera del positivismo antirromántico y progresista como él, pero divergente de un idealismo profundo de su ética cristiana y de su catolicismo raigal", fin de la cita de Uslar Pietri. Recordemos que Uslar era agnóstico, entonces un catolicismo raigal probablemente no le parecía un fundamento demasiado interesante para el pensamiento y la literatura, probablemente. Y el magisterio de Acosta parece estar muy ayudado por la limpieza ética en su conducta personal. De modo que fue un símbolo de una época y resumió en sí mismo ese espíritu humanista que también animó al fundador de la poesía nacional, a Andrés Bello.
Si por una parte Acosta representaba el ideal humanista inaugurado por Bello, también encarnaba en muchos aspectos el arquetipo romántico al que la ciencia de su expresión positivista le resulta una gran arrogancia. De modo que este extraño personaje sobre el que se ha posado el manto unánime de la crítica favorable es digno de revisión, porque muy pocas veces uno se consigue un autor cuya crítica es casi unánimemente favorable, pero cuya obra es, si se quiere, reducida en algunos sentidos dogmáticos. Dogmática desde el punto de vista de su catolicismo y uno pareciera que se confundió la personalidad de Acosta, muy atractiva para muchísimos de sus contemporáneos, y su obra literaria como tal. Bien.
Y como vemos los sucesores de Bello son afortunadamente dispares entre sí: González es uno, Fermín Toro es otro, Baralt es distintísimo y Cecilio Acosta muy distinto también. De modo que, como sucesores de Bello, lo son en el tiempo y las puertas que Bello abrió, pero no pudiésemos decir que son tributarios de la obra de Bello. Son unos seguidores de la obra de Bello, no, cada una de estas obras tiene una impronta personal, una impronta singular. Curiosamente, unos continúan la trocha romántica que también fue lo que asumió Andrés Bello hacia el final de su vida y otros toman el camino neoclásico, que indudablemente fue el que inspiró los primeros poemas en Andrés Bello.
En Andrés Bello vamos a encontrar el neoclasicismo y el romanticismo también. De estos cuatro de los que hemos hablado, desde la poesía el más frecuentó fue Baralt. Los otros, tanto Acosta como Toro como Juan Vicente González, los ubicamos en el terreno del ensayo, algunos con aportes muy importantes al terreno del ensayo venezolano del siglo XIX y en el caso de Fermín Toro, el autor de la primera novela venezolana, Los mártires, y del primer relato La viuda de Corinto. De modo que son distintos entre ellos.
Distinto de los cuatro, como les dije, Baralt fue el que más se dedicó a la poesía; los otros, pues al ensayo y allí están sus grandes aportes. En ello se dio la pulsión de la elegía, de la oda, que es típica de su tiempo; exaltaron con furor la épica independentista, ninguno se le ocurrió negarla, por supuesto. Cantaron con la ronca voz del elogio en poemas a quienes se debatieron, el ditirambo romántico y el rigor neoclásico. Siempre estuvieron cercanos al tema americano, la idea de la República, y sobre todo estuvieron como interpelados por las ideas que tenían que nombrar un mundo que ellos consideraban naciente; era el mundo de unos estados, de un estado independiente.
Ya sea en el período donde Venezuela forma parte de Colombia o ya sea en ese período cuando Venezuela retoma su singularidad a partir de 1830, cuando en el Congreso de Valencia Venezuela se separa de Colombia y retoma su propio camino. Bien, y a estos cuatro autores que hemos visitado en este programa los van a suceder el romanticismo. El romanticismo en Venezuela tiene unas particulares raíces. Digamos, la raíz del surgimiento del romanticismo está en la negación del neoclasicismo.
Y así como la aparición del neoclasicismo tuvo el interés de sepultar la efusividad barroca, en otras palabras, al barroquismo lo sucedió el neoclasicismo y al neoclasicismo va a sucederlo el romanticismo, aunque estas oscilaciones no pueden verse literalmente o matemáticamente como un péndulo en vaivén, sino que hay momentos en que se solapan unas y otras. Lo dije antes, Bello comenzó siendo neoclásico y al final de su vida también abrazó el romanticismo. En todo caso vamos a trabajar a partir de este momento y en el programa siguiente, el romanticismo. Para ello tenemos que hacer algunos deslindes... ¡El primer deslinde!
El romanticismo no fue exclusivamente un movimiento literario, también fue una propuesta de cambio de vida, una alteración de los ángulos de la visión del agente, una propuesta prácticamente climática, y de allí que su expresión literaria sea uno de los caminos que encontró el torrente romántico para expresarse. El romanticismo fue una manera de estar en el mundo también. Simón Bolívar, sin ir muy lejos, fue un héroe romántico, de modo que el romanticismo no solo se expresaba en la literatura sino en la vida política, donde fue importantísimo también.
Bien. Hasta aquí el programa de hoy, en el próximo programa vamos a adentrarnos en la naturaleza del romanticismo, sus orígenes europeos, su tránsito en España y cómo va el romanticismo encontrando un cauce en Venezuela y una expresión literaria entre nosotros. Hasta aquí nuestro programa de hoy, como siempre, un placer hablar para ustedes.
Y este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela Iturriza, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez, Juan Juárez, Fernando Camacho y Giancarlos Caravaggio. También puedes seguir la transmisión en vivo en www.mundour.com; debes buscar la pestaña de Radio en Vivo, bajar y darle clic en Unión Radio 90.3. Recuerda que nos puedes seguir en @MundoURWeb, en @RadioEscuelaUR y en @RafaelArraiz en Twitter. Mi número de productor nacional independiente 30.720.