Serie Los del Podio
12 de abril de 2024

Serie Los del podio III. Milos Alcalay. Cap 3.

Serie Los del podio III. Milos Alcalay. Cap 3.

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Bueno, estamos en Los del Podio, tercera temporada. En esta oportunidad vamos a conversar con un diplomático venezolano de larga trayectoria que nos hace el honor de acompañarnos, y vamos a recorrer su vida. Bienvenido, Milos Alcalay.

Muchas gracias, mi querido profesor, muy honrado de estar en tu programa. Muchas gracias, Milo. Bueno, naciste el 8 de noviembre de 1945. ¿Cómo es ese hogar al que tú llegas allá en Belgrado?

Bueno, inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial mis padres tuvieron que escapar primero del nazismo. Papá era judío, mi mamá era cristiana ortodoxa, pero nunca dejó de acompañar a mi padre. Ellos se casaron en aquel momento; no había matrimonio civil, sino religioso, y ella lo acompañó en esa odisea de la persecución a los judíos.

Tuvieron en primer lugar un pueblo llamado Šid; de allí los alemanes se acercaron y tuvieron que viajar a Prizren. Es un lugar donde había nacido mi mamá y mi abuela, en el que había una presencia musulmana muy importante. Y de allí tuvieron que escaparse cuando invadieron Albania, porque Albania estaba bajo control italiano y allí sobrevivieron. Regresaron a Belgrado después de la guerra y después vino la persecución comunista.

Papá ya no era perseguido por judío, sino porque las fábricas de mi abuelo supuestamente habían sido colaboracionistas. Yo decía: “pero si yo soy judío, ¿cómo voy a ser colaboracionista?”. “No, usted no; con usted no tenemos nada, pero la empresa sí...”.

Y bueno, ahí comenzó la odisea. Papá buscó en primer lugar el primer barco que fue a Palestina, todavía no era el Estado de Israel; yo nací en Belgrado. Era bebé y de allí vieron con una enorme emoción las posibilidades que Venezuela le ofrecía a la inmigración.

Yo llegué antes de los cinco años; es decir, desde el punto de vista de la Constitución soy venezolano por nacimiento, todos aquellos que han llegado antes de cumplir los siete años y han cumplido lo que la Constitución estableció, cosa que inmediatamente hice. Mis padres se identificaron tanto con Venezuela, del amor hacia las segundas patrias. Una tierra de asilo, una tierra en donde acogió a cientos de miles de refugiados de todo el mundo y encontraron una Tierra de Gracia, una tierra abierta.

Y allí ese amor por Venezuela lo trasladaron. Yo recuerdo muy poco, tenía muy pocos años cuando llegamos a Venezuela, y lo que recuerdo prácticamente de nacimiento es Venezuela como mi país. Claro.

A lo cual me he dedicado de lleno. ¿Has debido llegar en el 49 o en el año 50? En el 49. Gobernaba Carlos Delgado Chalbaud.

Así es. Y llegaron seguramente por el puerto de La Guaira, probablemente. Llegamos al puerto de La Guaira; de Palestina ya en aquel momento se había creado el Estado de Israel en el año 48 y para poder llegar a Venezuela tuvimos que ir a Génova, donde había un comisionado para darle los papeles a los que buscaban Venezuela, y ahí esperamos algunos meses la visa para venir a Venezuela.

Un tío mío, Miguel Mille Pincas, había estado y nos ayudó a todos los primeros trámites de la llegada. Ahora, lo interesante es que papá pudo trabajar inmediatamente porque, siendo judío sefardí, él hablaba el judeoespañol, el español de hace 500 años; evidentemente no es castellano del siglo XX, pero entendía lo que le decían y escribía en el español de Cervantes o en el español de hace 500 años. Aunque no lo recuerdas, ¿tienes información de a dónde llegaron? ¿Llegaron a Caracas, llegaron a otra ciudad...?

Llegamos a Caracas y alquilaron un cuarto, alquilamos un cuarto. ¿Tú eres hijo único? No, yo tenía una hermana mayor; después aquí en Caracas nació mi hermana, lamentablemente las dos hermanas fallecieron. En la Alta Florida, una casa con un cuarto donde estábamos todos inicialmente, y ambos comenzaron de cero a trabajar.

Mi mamá haciendo corbatas y haciendo tejidos, mi papá vendiendo de casa en casa, y paulatinamente fueron creando... Mi papá fundó una papelería al mayor y al detalle; mi mamá, en un instituto de fisioterapia en aquella época muy conocido. En última instancia nos dieron una calidad de vida extraordinaria y un amor por el país.

Qué bonito. ¿Y dónde estudiaste tú? La escuela primaria, Milos, la primaria en la ISE donde vivíamos en el este; la preparatoria en un colegio llamado Colegio Leal y posteriormente unos primeros años del Colegio Moral y Luces Herzl-Bialik, que es el colegio de la comunidad judía que estaba en aquel entonces en San Bernardino. Pero luego me cambiaron, me cambié igual que mi hermana al Instituto Escuela cuando quedaba en La Florida, y allí inicié el colegio laico y muy bueno con el profesor Anselmo Alvarado.

Y posteriormente fui a estudiar, me enviaron a estudiar a un colegio internado para aprender el inglés en Canadá, el St. Andrews College. ¿Eras un muchacho de 14 o 15 años? Sí, desde 13-14 años. Y posteriormente, bueno, después de varias experiencias regresamos, hice la reválida de los estudios que hice en el exterior y de allí entré en la Universidad Católica Andrés Bello.

¿Estaba en la esquina de Jesuitas o ya se había mudado para Montalbán? Nuestra promoción del 69 fue la última promoción que se graduó en las Esquinas de Jesuitas. Posteriormente los que nos siguieron sí se graduaron en la nueva sede de la universidad en La Vega, claro, pero los cinco años que yo estudié estaba en el centro.

Te graduaste de abogado a los 24 años. Sí, así es, y el último año no había terminado de graduarme; por los contactos con Luis Mariano Fernández, hijo de Lorenzo Fernández, quien trabajaba en Información Exterior, y Rubén Chaparro Rojas, que estaba en la OCI, la Oficina Central de Información, tuve el sueño de mi vida: querer trabajar en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Y de allí hice una relación con Calvani, a quien no conocí antes. Calvani tuvo conmigo una atención especialísima y comenzó a llevarme como secretario en los diversos viajes que le hizo. Pero qué gran experiencia, porque entraste; Calvani es canciller entre el 69 y 74.

Así es. Y tú en el 69 tienes 24 años y te vas de secretario a Calvani en esos viajes. Es una experiencia invaluable, ¿no? Y cuando estaba muy feliz, fíjate, tuve él... el gran pedagogo, este...

Calvani me dice: “Bueno, todos tus amigos están haciendo posgrado, tú no vas a hacer posgrado”. Bueno, yo estoy muy contento, que imagínate la experiencia de estar al lado de ese gran estadista y ese gran canciller. Yo me acabo de graduar, me dices que tengo que hacer un estudio...

Invitó el embajador de Francia porque él quería que tuviera una formación; eran los años de la descolonización en África y había unos cursos especiales de diplomacia que dependían del primer ministro, lo que era la Antigua Escuela Colonial que se convirtió en Instituto Internacional de Administración Pública. Y allí muy poco tiempo tuve la suerte porque normalmente era para estudiantes de diplomacia de los antiguos colonios de Costa de Marfil, de Senegal, de Alto Volta, como se llamaba antes Benín, y de Dahomey. Y abrieron también la posibilidad de hacer el estudio en la sección diplomática.

Habían otras sesiones donde muchos venezolanos estudiaron en administración y economía. Estamos en el año 70-71, era un curso de dos años; hice mi pasantía en África, pedí ir a Costa de Marfil, a Abiyán, que era en aquel momento del presidente Félix Houphouët-Boigny, un estadista igual que Léopold Sédar Senghor de Senegal; habían sido grandes parlamentarios y comenzaron su primer mandato. Y la embajada de Francia, por supuesto, tenía unos vínculos especialísimos, sobre todo con Costa de Marfil, Côte d'Ivoire, como te llamaré yo; no les gusta la traducción en francés, donde era el centro fundamental de la cooperación para la integración africana.

De modo que ya habías aprendido inglés en Canadá y ahora le sumabas el francés en París. Así es. Es el lenguaje de la diplomacia, o era, porque ha ido cambiando un poco, ¿no? Hoy en día ya no es...

El francés sigue siendo muy importante, pero el inglés y después cada uno de los diversos países importantes en Naciones Unidas donde estuve como embajador. Los cinco idiomas oficiales se traducen además del francés y del inglés: el chino, el árabe y el ruso, de manera que aparte de eso hay cada vez una mayor utilización; antes los embajadores hablaban francés, hoy en día la tendencia es aprender bien el idioma del país donde ellos están. Claro.

Bueno, vamos a una pausa, Milos Alcalay, y en la próxima parte del programa nos relatarás cómo fue tu ingreso en la Cancillería, en el mundo diplomático, y qué haces en esos años de 74 al 79 cuando va a gobernar Carlos Andrés Pérez. Estamos conversando con Milo Alcalay, ya regresamos. En breve continúa Venezolanos, somos Unión Radio Cultural.

Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de Anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio, pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba rafaelarraiz. Somos Unión Radio Cultural, estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Estamos conversando con el embajador Milos Alcalay.

Ya tienes la experiencia en África que nos habías relatado, entiendo que regresas a París. Allí comienza tu carrera dentro del aparato diplomático venezolano. Yo tuve la suerte de tener un gran embajador, Marcel Granier, padre del periodista Marcel Granier, y con él hacíamos semanalmente una reunión con todos los estudiantes venezolanos que estaban allí, pero mi función fundamentalmente allí era hacer los estudios. Y regreso, trabajé con Calvani, esta vez ya como jefe de gabinete de Arístides Calvani, que fue otra experiencia fabulosa además de la primera.

Y bueno, ya frente a las elecciones, las elecciones entre Lorenzo Fernández y Carlos Andrés Pérez, Calvani me dice... Bueno, había dos posibles, se reunían con los directores y le ofrecieron que yo fuera director de Relaciones Culturales e Información para mí, bueno imagínate, ya 26 años, era algo increíble. Pero yo si fuera tu padre, te diría que no aceptes. Digo, ¿cómo?

Usted me lo está ofreciendo, sí, pero tú no puedes porque si tú aceptas este cargo ya después de que te quedan los 26 años ser embajador y tú tienes que formarte. Claro. No acepté.

Bueno... ¿y qué hago? Bueno, por eso soy un diplomático de carrera pero heterodoxo. Dijo: quiero que trabajes conmigo en la formación del cuadro de jóvenes en América Latina, en el IFEDEC, que es un instituto de formación con Enrique Pérez Olivares. Y allí pasaron grandes personalidades, Vinicio Cerezo, que fue presidente de Guatemala... no sé, Napoleón Duarte... Osvaldo Hurtado, que fuese presidente del Ecuador, y los exiliados de Chile o Bolivia o Argentina venían y daban clases allí; fue realmente otra cancillería política, pero una cancillería que con el conocimiento de Calvani me fui vinculando a la diplomacia política.

Sobre todo en el área Centroamérica, que era un candelero en ese momento, ¿no? Así es. Y Calvani era visto a nivel internacional; a mí, en muchas reuniones internacionales, en Europa, me decían: ¿qué opina Venezuela sobre este tema?, ¿qué opinaría Calvani sobre este tema? Calvani tenía un prestigio y un peso.

Cuando, lamentablemente, él murió en el accidente aéreo en la toma de posesión de Vinicio Cerezo, con doña Derrite y dos de sus hijas solteras, él ya se estaba preparando para ser presidente de la Unión Mundial de Mujeres Demócrata Cristiana con sede en Bruselas. Yo había estado... regresé de nuevo y me dijeron presidente de la Unión Mundial de Jóvenes Demócratas Cristianos, y bueno, un poco siguiendo la pauta y los contactos. En aquella época las democracias cristianas estaban en su apogeo: Mariano Rumor en Italia, Leo Tindemans en Bélgica, Kohl en Alemania, y fue otra fase importante que después entré a la diplomacia parlamentaria cuando eligió Rafael Caldera como presidente el Parlamento Mundial. Yo creo que eso fue en 1980.

Eso fue en el congreso, se realizó en el 79 en Venezuela, ya en vísperas de elecciones en donde triunfó frente a Piñerúa Ordaz y Herrera Campins. Y bueno, Calvani tuvo el respaldo de todos los grupos políticos de América Latina: no solo los demócratas cristianos, los socialistas, los liberales y los conservadores. Y tuvo una... Caldera.

Perdón, Caldera es electo presidente; yo lo acompaño también en su base de relaciones parlamentarias, con lo cual quedé nombrado por el Parlamento Latinoamericano en Bruselas como representante de América Latina ante la Unión Europea y ante el Parlamento Europeo. Tuve unas relaciones extraordinarias: Simone Veil, que fue la primera presidenta electa, viajó y viajé con ella a América Latina en algunas ocasiones; aquí hicimos con la embajada de Francia, por cierto, una presentación de unos afiches del viaje de Simone Veil a América Latina. Simone Veil es conocida en muchísimos temas, pero uno de los temas ya tuvo un interés extraordinario en la democratización de América Latina; el resto, todos los meses en Estrasburgo o en Bruselas recibía dirigentes políticos de América Latina y apoyó mucho todo el proceso de democratización.

El primer viaje, la primera invitación que se hizo a un presidente no comunitario para hablar en la plenaria de Estrasburgo fue Luis Herrera Campins; posteriormente vinieron otros jefes de Estado, pero hasta ese momento la tribuna era solo para los jefes de gobierno de Europa o de la Comunidad Económica Europea y el prestigio de Venezuela democrática fue tan grande que, bueno, comenzó esa presentación con la visita a Luis Herrera Campins en representación de los cinco países andinos. Los cinco países andinos lo designaron a él. Bueno, esta experiencia también, digamos una diplomacia no convencional, me llevó a ser electo secretario general del Parlamento Latinoamericano Andino en Bogotá, pero yo ya decía: bueno, ya estoy demasiado tiempo en la diplomacia heterodoxa.

Y en esa época Carlos Andrés Pérez me ofreció lo que era, a pesar de ser uno de origen social cristiano, ser embajador en Rumanía en el año 1989. Así es. El segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez. Era la primera vez que eras embajador. Era la primera, y yo tenía...

Habías hecho carrera, digamos, en los organismos multilaterales, así es, en los parlamentos europeos y andinos, ¿no? Así es, pero bueno, yo continué; uno de los temas desde el inicio era un permiso no remunerado, pero continué vinculado al Ministerio de Relaciones Exteriores, a pesar de... Y además te tocó una cosa interesantísima, que es el paso en Rumanía: la dictadura soviética, un régimen de partido único, sin libertades políticas y sin libertad de expresión, o una situación más abierta democrática.

He tenido mucha suerte porque en honor... Pero la verdad, el ofrecimiento de embajador en Rumanía fue una cumbre en febrero. El mismo presidente Pérez me ofreció la embajada. Estaba el canciller Figueredo, estaba como canciller Reynaldo, sí claro, pero por algunas de las cuestiones de la burocracia no salió la solicitud del plácet. Pasa febrero, marzo, abril y mayo; comienzan a surgir, yo iba como embajador ante Ceaușescu.

Todo lo de Timișoara: le quitan la estrella roja comunista en la bandera en Timișoara, vienen las manifestaciones en la plaza central de Bucarest, comienza a tambalearse el régimen, bueno y todavía no se... ¿Y viene la ejecución de Ceaușescu? Y en la ejecución, y al día siguiente, todavía había un gobierno de salvación nacional; se instala en la televisión, en la radio-televisión de Rumania, así como si estuviéramos aquí, y todos los líderes políticos por discusión se reunían prácticamente a un gobierno en una radio o una estación de radio grande.

En ese momento sale por casualidad la solicitud, pero no porque se haya pensado en eso, y el encargado de negocios va a la Cancillería, va a la estación de radio, dice: aquí tenemos las solicitudes del plácet a Petre Roman, que era una de las grandes figuras junto con Ion Iliescu. Y él dijo: aprobado, mándenme mañana en la Cancillería. Sí, yo creo que ha sido en tiempo récord, porque la interpretación era: bueno, este es el primer embajador que se le solicita al Frente de Salvación Nacional. Claro.

De manera que eso me ayudó mucho con el gobierno de Iliescu a tener unas relaciones extraordinariamente positivas en el cambio. Iliescu vino a Venezuela y todo lo que nosotros en América Latina le pedíamos, la Casa América Latina, la búsqueda del encuentro cultural, político e institucional, fue realmente una gran experiencia. Qué maravilla en esa época de transición.

Y en el año 92 el presidente Pérez te nombra embajador en Israel. Embajador en Israel, en aquel momento está Humberto Calderón Berti de canciller, después en esa crisis en la que hubo un gobierno colegiado. Y también tuve la suerte de haberme tocado una de las etapas más extraordinarias porque es la época de las negociaciones en Madrid, en Oslo; es el momento donde hay una esperanza con Shimon Peres, el canciller del Nuevo Medio Oriente, que era la coalición de paz, estaba Bill Clinton, y me tocó inclusive después desde los acuerdos de paz de Camp David tener unas buenas relaciones, cosa que sería muy difícil hoy, tanto con Yasser Arafat, que lo visité en Gaza en algunas ocasiones, como con el gobierno, con Shimon Peres; fueron extraordinarias las relaciones con Israel.

Qué maravilloso. Porque había la esperanza de un nuevo Medio Oriente de paz y de las posibilidades de cumplir los acuerdos de Camp David; en esa etapa me tocó hacer grandes amistades con dirigentes palestinos en Jerusalén, con Hanan Ashrawi, cristiana, que estuvo en el proceso. Y fue una época muy bonita en la que me tocó estar con Carlos Andrés Pérez, posteriormente ratificado en breve período por Octavio Lepage; Ramón Velázquez también me ratifica en el breve espacio. Y cuando el presidente Caldera gana las elecciones, bueno, me llama y dice: Milos...

No te vayas tan lejos, ya eso nos lo vas a relatar en la próxima parte del programa, pero no queda un minuto. Milos, ¿conociste a Shimon Peres? Sí, mucho. Hay un documental, una serie de Netflix sobre Shimon Peres. Así es. A mí me impresiona muchísimo el personaje, creo que es uno de los grandes políticos del mundo en el siglo XX. Un gran estadista.

Lo tratabas con frecuencia porque eres un embajador en su país, ¿no? ¿Qué nos puedes decir de él? Bueno, yo te diría, a pesar de las relaciones, tuve relaciones especiales con Shimon Peres porque no era fácil en aquel momento una relación constante con el canciller por toda la serie de compromisos internacionales. ¿Con el primer ministro? Bueno, él era canciller. En ese momento era canciller. Entonces los viajes a la Unión Europea y los viajes a Londres, una cumbre en Washington... Pero yo sí tuve una relación extraordinaria y nos distinguió mucho.

La fiesta nacional del 5 de julio hicimos una gran recepción venezolana a la cual él asistió, al igual que en muchos otros eventos, y tuve una relación con él extraordinariamente positiva. Y después, como vicecanciller, lo recibí, lo acompañé en su viaje a Venezuela. Bueno, eso nos lo va a relatar en la próxima parte del programa.

Estamos conversando con el embajador Milos Alcalay y una conversación interesantísima. Ya regresamos. En la parte anterior del programa, en nuestra conversación con Milos Alcalay, lo tenemos embajador de Venezuela en Israel entre el año 92 y 95, y entiendo que el presidente Caldera te llama de regreso a Venezuela para que seas vicecanciller, viceministro de Relaciones Exteriores.

Es decir, antes de eso, como presidente electo me reúno con el presidente y dice: Milos, ¿qué cargo aspirarías en una forma, bueno, tan generosa? Claro, mi respuesta fue: mire, presidente, a mí me nombró Carlos Andrés Pérez y me fue muy bien en Israel; Octavio Lepage me ratificó y me fue bien en el corto plazo; Ramón Velázquez me nombró, imagínense qué bien. Mire, con usted de presidente, déjenme allá donde estoy. Y quedó un poco... Pensé, tú aspiras a algo más. Sí, no, déjeme de donde estoy ya; ya estoy feliz.

Pero duró poco tiempo porque después de algún tiempo hubo una crisis con Roy Chaderton, que yo había visto en Relaciones Exteriores, y me llama Burelli, a quien yo no conocía, para ofrecerme ser director de administración y personal. Yo digo: mire, canciller, yo no sirvo para eso, porque... Claro, claro. Y no es que esté aspirando una cosa al otro mundo; yo puedo dedicarme al tema del Caribe porque estuve muy vinculado a la integración, pero la administración no, soy bueno en esto; lo único que los convencí fue cuando le dije: mire, si me nombra director de administración, no solamente yo voy a fracasar, usted. Claro, argumento convincente.

Pero cuando vengo llamado a asumir cualquier cargo el presidente Caldera me llama, me invita a almorzar y digo: bueno, qué bueno que viene. Me ofrecieron la dirección de administración, pero yo creo que mejor serviría en la dirección política, en la Dirección Económica o en la Dirección de Integración. No, tú no vas a bajar esos cargos. Bueno, a lo mejor, y el mismo presidente Caldera me dice que quería que yo fuera vicecanciller, que no aspiraba; para mí fue una gran y grata sorpresa, por supuesto. Y por supuesto eso fue una extraordinaria oportunidad de trabajar en lo que me había preparado durante tantos años.

Claro, y en el año 97 el mismo presidente Caldera te ofrece ir de embajador en Brasil. Sí, allí hubo... Por cierto, en los dos gobiernos el presidente Caldera tuvo un interés muy particular en las relaciones con Brasil. Así es. Ese fue también una visión del presidente Caldera de ir a Brasil; habían en la Cancillería otras opciones que insistían que no fuera a Brasil, pero las relaciones mías con Brasil eran extraordinariamente positivas y también tuve la suerte de vivir momentos extraordinariamente positivos.

Toda la dinámica y la prioridad que el presidente Caldera le dio al Brasil, los viajes frecuentes, la conexión vial entre Boa Vista y Venezuela, toda la integración económica, política, fue una etapa extraordinariamente positiva de encuentros. Gobernaba Fernando Henrique Cardoso, que es otro estadista extraordinario, y tuve la suerte cuando estuve, bueno, ya lo habíamos dado hace tiempo como secretario general en Bogotá, me tocó nada menos que Belisario Betancur, que es otro gran estadista. Y él nos dio un gran respaldo al Parlamento Andino y al Parlamento Latinoamericano, pero entonces, bueno, yo estoy en Brasil y gana las elecciones Chávez.

Yo le presento su primer viaje como presidente electo, eso es en Brasil. Yo le presento la renuncia; era un Chávez muy distinto al que después se mostró, y yo le dije que yo le he presentado la renuncia, y esa forma de ser de encantador de serpientes. Yo necesito diplomáticos de carrera, pero yo no estoy vinculado, o no importa porque lo que necesito son diplomáticos de carrera. Y te ratifico allá. Le dije: no me nombres en otro país, ¿no? Yo te quiero en Brasil y tal. Y bueno, y Chávez continuó con la misma agenda de Caldera con Fernando Henrique Cardoso.

En el año 99 y 2000. Y en 2001 me nombra como embajador ante las Naciones Unidas. ¿Qué argumento te dio cuando te ofrece esa embajada? Bueno, él me había ofrecido que yo viniera a trabajar con él en Caracas y yo dije: bueno, yo puedo trabajar como funcionario de carrera en alguna embajada, pero un cargo político yo no puedo aceptarlo porque mis vínculos con los expresidentes es sumamente sólido: el presidente Caldera, con el presidente Pérez, con el presidente Luis Herrera Campins, con Velázquez, y usted ha sido muy crítico de ellos y yo políticamente no estoy de acuerdo con eso.

Yo tenía una relación muy franca hasta el punto que yo tuve que lamentablemente, algo que los diplomáticos no saben, renunciar en el año 2004. Yo era embajador ante Naciones Unidas. Ahora, a los primeros años del gobierno de Chávez es cierto que se esmeró en darle continuidad al servicio exterior con determinados embajadores porque estabas tú, estaba Roy Chaderton, que ya era un embajador de carrera con mucha experiencia y quizás algunos otros muchos más. Después del 2004 es que comienza una especie de purga.

Él salvó algunos nombramientos políticos, embajadores políticos, pero los embajadores de carrera, inclusive hoy de los embajadores más críticos en público al presidente Chávez, me criticaron que cómo podía yo como diplomático renunciar a un cargo, que los embajadores no renuncian. Claro que renuncian si tú sientes que los principios que te hacen no se están cumpliendo. Entonces esos que me criticaron en el haber renunciado, que eran de carrera, bueno, fueron purgados y muchos de ellos hoy están aquí.

Bueno, también estaba en esa época Fernando Gervasi, por ejemplo. Fernando Gervasi también, embajador, digamos, Fernando Gervasi fue quizás también el que renunció, igual que Víctor Rodríguez Sedeño y otros pocos. Víctor Rodríguez Sedeño, que es un gran diplomático.

Pero la gran mayoría permanecieron en sus cargos. En el 2004 comenzó, eso sí, la radicalización y la politización y la ideologización. Y lo otro que diría en el inicio también son dos elementos que dirían: uno, el colapso de los partidos políticos tradicionales, que lamentablemente 25 años después todavía siguen con un gran peso de no cambiar a pesar de que hay nuevas esperanzas, nuevas voces. Claro.

Ahora, Milos, evidentemente en tu formación como diplomático influyó mucho Arístides Calvani, pero en tu formación como demócrata cristiano también influyó mucho Rafael Caldera, la lectura de sus libros, etcétera; tú te ubicas dentro del espectro ideológico claramente como un demócrata cristiano. Sí, yo me ubico como un social cristiano, que es cómo lo definía Calvani. Calvani... Pero qué curioso, de verdad, aunque te interrumpa, el único país del mundo donde la democracia cristiana se llama social cristianismo es aquí, porque en todas partes es la democracia cristiana.

Porque Calvani tenía una visión mucho más amplia que nunca se inscribió en COPEI. Porque él pensaba, después cuando perdimos las elecciones con Lorenzo Fernández, él se inscribió en COPEI para darle todo el respaldo, pero había sido parlamentario como independiente, a pesar de ser el mejor formador del pensamiento demócrata cristiano en el IFEDEC. Ahí estaba Pedro Méndez con él, Pedro Méndez, ahí estaba Enrique Pérez Olivares, porque habían varios exiliados, algunos cubanos, bolivianos, chilenos, que trabajaban como profesores.

Grandes personalidades estaban Remo Di Natale, que era presidente honorario, Renán Fuentealba de Chile, que había sido ministro de reforma agraria. ¿Por qué él veía que la función social cristiana iba más allá de los partidos? Trabajó mucho con los trabajadores, con los sindicatos universales y los trabajadores de América Latina. Recuerdo Los Teques, me acuerdo en San Antonio de Los Altos; bueno, trajo a los mejores líderes sindicales de América Latina, el movimiento familiar cristiano que no era político y que luchó mucho en una visión de pensamiento cristiano, lo que hoy se llaman las ONG en los diversos sectores.

Y bueno, logró transmitir ese mensaje más allá del pensamiento demócrata cristiano, sino tratar de llevar eso al nivel de la democratización de América Central se debe en gran parte a Calvani. Estamos conversando con Milo Alcalay; vamos a una pausa y venimos a la última parte del programa donde tocaremos estos temas, la democratización de la América Central. Ya regresamos.

A través de Anchor.fm, para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba rafaelarraiz. Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estamos conversando con el embajador Milos Alcalay y se separa del servicio diplomático venezolano en 2004; Milos, dejábamos la parte anterior del programa, el tema de Centroamérica y Calvani. ¿Cómo logra Calvani, a través de la OTCA, creo que se llamaba la Organización Demócrata Cristiana de América, un proceso de democratización en el que también contribuyó mucho Carlos Andrés Pérez? Sin duda alguna. ¿Cómo fue eso?

Bueno, yo diría que uno de los temas fundamentales en América Central era que la mayoría de los gobiernos, Honduras, El Salvador, Guatemala, con excepción de Costa Rica, Panamá, había una presencia de gobiernos militares, y Calvani siempre tuvo una relación extraordinariamente institucional con los militares. Hasta el punto que cuando lo invitaban a dar cualquier curso en el Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional o cualquiera de los cursos, él dejaba lo que sea porque creía que era necesaria la parte de la formación institucional de los militares y aparte del movimiento sindical, el movimiento político. Él hizo relaciones muy importantes con los sectores militares de América Central, en los cuales él llevó, con esas extraordinarias dotes de demócrata, la necesidad institucional de las democratizaciones.

Hasta tal punto, una sola anécdota: Napoleón Duarte, Calvani siendo canciller, le salvó la vida porque él se refugia, era el alcalde de San Salvador, gana las elecciones presidenciales y comienzan a hostigarlos; se va a la embajada de Venezuela, donde le dan asilo, y lo sacan a golpes de la embajada de Venezuela. Y Calvani entra en aquel momento, fue la intervención más dura señalando que Venezuela no iba a aceptar este desagüero, es prácticamente señalándose que íbamos a actuar. Bueno, ya en adelante comenzó un proceso, si tú quieres, de formación de los cuadros institucionales.

El mismo Napoleón Duarte, expulsado por militares, estando en Venezuela asilado, después lo nombraron presidente de la Organización Demócrata Cristiana de América; es llamado por militares institucionales de El Salvador para primera presidencia provisional. Fíjate tú cómo paulatinamente esa especie de vuelta a la institucionalidad fue importante, no solamente en El Salvador. En Guatemala, con Vinicio Cerezo, en Honduras y en todo lo que hace... Y Calvani es como un articulador de ese proyecto.

Calvani, como un articulador por su forma tan extraordinariamente sencilla pero profunda, yo creo que impactó los diversos sectores. Y bueno, eso... En Calvani había algo que difícil de conseguir, que era autoritas; así, él tenía autoridad porque su vida era un ejemplo también. Era un ejemplo, era un hombre de una honestidad y una transparencia no solamente él sino su esposa Adelita Abo de Calvani, que lo ayudó muchísimo en todos esos aspectos, y la familia; es decir, yo creo que él fue un hombre que no cambió. Él no quería, cuando viajaba como canciller, no quería seguridad y decía: yo no necesito seguridad, voy solo.

Y cuando no estaba en cuestiones oficiales, él manejaba su Volkswagen con la familia. Lo recuerdo, una camioneta Volkswagen grande que tenía así. A ver, Milo, veamos otras facetas de tu vida: has sido un diplomático de carrera, pero es en los escenarios internacionales de la geopolítica y un hombre apasionado también de la política; ¿qué otras facetas no conocemos?

Tú eres un gran lector, eres melómano en tu familia, ¿cómo ha sido? Bueno, mira, quizás antes de entrar en esa fase diría que hay otros aspectos también que me he sentido muy atraído por la diplomacia de ciudades; cuando Antonio Ledesma lo eligió alcalde de Caracas, me nombró alto comisionado en Relaciones Internacionales y comencé a tejer todo un ámbito de relaciones que fueron de enorme utilidad. De los alcaldes y gobernadores de América Latina y de Europa, en el respaldo que Antonio Ledesma tuvo.

Muy bien, muy bien. Y coincidieron ante la época las detenciones. Esa fue una fase adicional; lo que te demuestra es que la diplomacia no solamente hoy es una diplomacia intergubernamental, sino de ciudades, de parlamentos, de organizaciones internacionales y de internacionales políticas: en la Internacional Demócrata Cristiana, pero está la Internacional Liberal a la que pertenece María Corina Machado, está la Internacional Conservadora, la Internacional Socialista, que están presentes los diversos partidos democráticos o socialistas.

Y todo ese conjunto también fue una experiencia extraordinariamente positiva de ver algo en el pasado, se decía: no, eso solamente son las cancillerías, no existía. No existía. Es interesante y ahora que lo dices también hay una suerte internacional de los empresarios, relaciones entre las cámaras de todos los países, que les llaman las patronales en España, ¿no? Y las internacionales también de trabajadores, el peso... También de la OIT, ¿no?

En la OIT, las internacionales de orientación conservadora, de orientación socialista, de orientación demócrata cristiana, y todo eso es una acción, sobre todo para los jóvenes con los cuales tengo; a través de algunas, he querido siempre mantener un contacto con los jóvenes como profesor de derecho internacional o instituciones de formación. Yo presido el Espacio Ana Frank, que es un espacio no político, pero de formar jóvenes en que puedan llevar adelante los valores de la coexistencia, de la solidaridad y de la valentía moral. Y allí hay todo un nuevo mundo que se les abre en una relación globalizada a que cada vez hay nuevos actores y nuevos protagonistas.

¿Y el ámbito personal? Bueno, ahí tengo mis tres hijos; están lamentablemente todos fuera del país. Tengo una hija que está en Brasilia, que trabaja en la UNESCO; fue promovida como funcionaria internacional ahora para un cargo internacional, y tengo otra hija que está en Curitiba, en Brasil, una ciudad extraordinaria con unos ejemplos mundiales en la parte urbanística, de administración del espacio público. Y ella es traductora, y tengo un hijo en Nueva York que está dedicado al mercadeo y a la publicidad, de manera que esos son, lamentablemente, están un poco regados por el mundo, pero siempre presentes; vienen a visitarnos o vamos nosotros a visitarlos.

¿Y tus grandes amigos? ¿Qué te han acompañado a lo largo de tu vida, quiénes han sido? Bueno, lamentablemente muchos de ellos han fallecido. Yo tengo 78 años de edad y, este... Lamentablemente, pues muchos de ellos ha dejado uno en nuestro amigo común, Enrique Viloria Vera, un gran escritor, y estudiamos juntos la carrera tanto aquí como en París. Tengo amigos entre los diplomáticos, tú lo mencionabas, Fernando Gervasi, que también nos dejó, y bueno, uno va teniendo relaciones que lamentablemente se van perdiendo en otros países también con el tiempo.

Pero ahí seguimos adelante, haciendo nuevas amistades también, y jóvenes hoy en día que están interesados en dar toda su contribución a hacer de Venezuela lo que Venezuela siempre ha sido. Una tierra abierta, una tierra de futuro y una tierra de promesa, de manera... En el Espacio Ana Frank, que viene desarrollando esa tarea tan favorable para las ideas de la libertad, de la convivencia pacífica, de la tolerancia. Entiendo que tienen un problema, un proyecto o un programa pedagógico, ¿no?

Así es, nosotros tenemos varios proyectos, varios programas dirigidos todos a los jóvenes universitarios. El elemento central que hacemos en enero: las Naciones Unidas aprobaron hace 15 años una resolución recomendándole a todos los países miembros de la ONU que se conmemore el Día Internacional del Holocausto, siempre el 27 de enero. El Espacio Ana Frank ha reunido a todas las instituciones para conmemorar y no se olvide, para que no se repita; al mundo, lamentablemente hoy con toda la confrontación está volviendo a repetir vientos de guerra, vientos de odio. Y es importante que las jóvenes generaciones vean ejemplos como este horror en el que seis millones de judíos y otras minorías fueron asesinadas; claro, pero aparte a eso está la formación de varios proyectos con embajadas que apoyen una ONG sin fines de lucro y hacemos todas las acciones para llevar adelante proyectos, programas que tienen que ver con la coexistencia.

Entonces ahí ese es un grupo de jóvenes muy entusiastas, que hacen nuestro trabajo en las universidades y en los ciclos de conferencias y cineforos, y ahí siguen adelantando una presencia especial. Bueno, muchísimas gracias por venir, Milo, por esta entrevista donde hemos pasado por las distintas etapas de tu vida. Muchas gracias y a todos ustedes, muchísimas gracias, y los invitamos a nuestro próximo encuentro del programa Venezolanos en la serie Los del Podio, tercera temporada. Gracias, Milos, y gracias a Tierra.

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