Serie Los del Podio
28 de marzo de 2024

Serie Los del podio III. Pedro Palma. Cap 2.

Serie Los del podio III. Pedro Palma. Cap 2.

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Recuerda que nos puede seguir en arroba MundoURWeb y arroba RadioEscuelaUR. Bueno, estamos en Venezolanos, en esta edición de Los del Podio. Y hoy tenemos el honor, el placer, el gusto de tener en el estudio a Pedro Palma Carrillo, uno de los economistas venezolanos más importantes de los tiempos modernos.

Pero vamos, Pedro, a hacer un recorrido por tu vida. ¿Cómo es esa casa a la que tú llegas? ¿Cómo está formada, cuántos hermanos hay, dónde vivían?

Bueno, mira, yo nací en Caracas el 29 de julio de 1944, estoy a punto de cumplir 80 años ahora, pero mi familia no era de acá. Mi familia no es caraqueña y todos venían de Trujillo; mis padres se mudaron de Trujillo para acá en el año 42. ¿De la ciudad de Trujillo? Ellos vivían en la ciudad de Trujillo.

Mi mamá era de la ciudad de Trujillo, mi papá era de Betijoque y mi papá era abogado formado en la Universidad de Mérida. En el año 42 ellos se vinieron a Caracas; él estuvo inclusive en alguna actividad política, fue diputado del partido de Medina, del PDV, y ya se quedaron aquí en Caracas. Los dos hijos menores de ese matrimonio, que somos Francisco y yo, nacimos aquí. Los dos mayores eran Elena, vive todavía, y Manuel, que falleció hace unos años, pero ellos nacieron en Trujillo.

Nosotros los últimos nacimos acá en Caracas y venimos, por lo tanto, de una familia tradicional, típicamente trujillana, trabajadora, inculcándonos una idea de la necesidad de superación a través de la educación. Una vida familiar muy rica y, por lo tanto, nuestra infancia fue una infancia muy feliz. Contamos con unos padres extraordinarios, no de grandes recursos económicos, pero unas personas acomodadas de clase media. Vivíamos en San Bernardino en esa época.

¿Ese momento estaba recién hecha San Bernardino? Sí, de hecho cuando yo nací ellos todavía vivían en el centro de Caracas y rápidamente se mudaron hacia San Bernardino. Y allí vivíamos al frente del edificio de la Shell que hoy en día es el edificio de la Armada Nacional y en las épocas en que nosotros nos vamos para allá, en mi infancia, lo que había era un terreno ahí.

¿Y dónde estudiaste la escuela primaria? Bueno, mira, nosotros estudiamos todos los hermanos en La Salle, en el Colegio de Tienda Bonda, en el centro de Caracas. Allí nos formamos. Mis dos hermanos mayores y yo estudiamos ahí.

Yo me fui después que aprobé tercer año de bachillerato porque me fui a la Academia Militar; en esa época uno entraba a la Academia Militar, que en esas épocas no se llamaba Academia Militar como ahora sino Escuela Militar. Y la Escuela Militar quedaba en Los Próceres; yo entré allí en el año 60 y entré de cadete para hacerme oficial o la carrera de oficial. En esa época se entraba con tercer año. ¿Tenías 16 años?

16 años exactamente. Y ahí pasé dos años. Yo siempre digo que la decisión más sabia de mi vida la tomé a los 18 años cuando me salí de la Escuela Militar, no porque no me gustara; me costó salirme porque yo me sentí ahí, muchacho al fin, muy simpático y tal, con amigos, pero yo no iba a ser un buen militar.

Esa no era realmente mi profesión. Y yo tuve la suerte de que se cambió el pensum durante esos dos primeros años que yo pasé allí. La escuela evolucionó para entonces hacer que los que entraran entraran ya con título de bachiller y que los cuatro años de la Escuela Militar fueran de licenciatura.

Fueron una licenciatura universitaria, y cuando yo terminé el segundo año de la Escuela Militar me gradué de bachiller. Yo terminé la totalidad de mi bachillerato; antes no era así, antes al terminar el tercer año, claro, porque había muchas materias militares que uno tenía que estudiar. Pero nos forzaron a eso y mis compañeros y yo terminamos.

Y por lo tanto, cuando me salí de la escuela me fui directamente a la universidad. ¿Cómo escogiste economía? Bueno, mira, esa fue también un proceso interesante porque yo estaba en la Escuela Militar. Cuando decidí que me voy a salir, esto no es lo mío, yo participé a mis superiores allí en la Escuela Militar las razones con las que me quería salir, pero no sabía qué iba a estudiar después.

Yo pensé, mira, en estudiar química, a estudiar ingeniería, a estudiar muy diversas cosas. Siempre vinculado a la ciencia. Sí, más bien con el contenido cuantitativo, matemático, pero no estaba seguro de qué realmente debería estudiar.

Y entonces, para mi buena fortuna, en la Academia Militar iba un jesuita a hacer la misa en los domingos o a confesar y tal, que era el padre Pérez Guerrero, hermano del doctor Manuel Pérez Guerrero. Y él era profesor de la Universidad Católica, un profesor muy reconocido en la Universidad Católica. Entonces yo le dije: mire, necesito hablar con usted; cuando salga mi fin de semana quiero ir a hablar con usted.

Fui a hablar con él y le dije eso: yo me voy a salir pero no tengo idea de qué estudiar. Y cuando él me vio tan desorientado en materia de escogencia de la profesión me dijo: mira, ¿por qué no piensas en economía? Porque economía tiene todo, o tiene desde el aspecto más filosófico y humanista...

Filosófico incluso, hasta el aspecto más matemático y más cuantitativo, entonces tú ahí escoges. Es un ámbito muy amplio y tú ahí escoges a lo que tú te quieras conectar, y me pareció interesante el consejo. Y eso fue lo que me llevó a mí a estudiar economía.

Sin embargo, cuando yo terminé el primer año, que terminé muy bien, me convencí: esto no es lo mío. Yo erré en la profesión, pero cambiar en esa época sobre todo era muy difícil porque perdías un año. Tenías que volver a empezar en otra profesión de cero.

Yo no voy a perder un año, déjame ver y déjame estudiar. Y así me gradué, convencido de que yo muy bien hubiera inclinado a hacer ingeniero en una profesión un poco más cuantitativa. Pero así me gradué; después me enamoré de mi profesión de una manera total y fui uno de los pocos economistas que se dedicó realmente cien por ciento en su ejercicio profesional a la economía.

Claro, y tú te gradúas en el 67 y te vas a hacer posgrados inmediatamente o trabajas antes? No, yo trabajé dos años acá. De hecho, durante mi época de estudiante yo trabajé como asistente en el Instituto de Investigaciones Económicas que recién estaba abriendo; eso fue en el año 66 o 65. Ahí funcionaba, al frente de la universidad, en las esquinas del edificio de Mijares.

Ahí funcionaba y yo fui asistente de los profesores míos que fueron los primeros investigadores en el Instituto de Investigación Económica. Pero después cuando yo me gradué me fui a trabajar en Procter & Gamble y yo trabajé en el departamento de mercadeo durante casi dos años, estuve allí. Y en el año 69 me fui a hacer un máster en administración, MBA o una maestría en administración de negocios en la escuela de Wharton de la Universidad de Pensilvania.

¿Por qué cogiste Wharton? Bueno, mira, yo quería irme a la mejor universidad y la mejor universidad en ese momento definitivamente era Harvard. La número uno, pero la número dos estaba peleada entre Stanford y Wharton; eran las dos que se disputaban el segundo puesto. ¿Ya hablabas inglés? No, mi inglés era bastante pobre; yo de hecho me fui unos meses antes a tomar un curso de inglés en Ann Arbor, en la Universidad de Michigan.

Universidad donde yo también había aplicado para el MBA y me había aceptado. Yo también apliqué a la Universidad de Chicago. Apliqué a Stanford; Harvard ya abortó.

Estas fueron las universidades, las top que quería estar allí. ¿Y ayudaron tus padres? ¿Te fuiste con una beca? No, primero me fui con una beca, pero una beca muy pobre. Una beca que no dio resultados al principio y eso es un tema interesante, ¿no?

Vale la pena echar todo el cuento, pero era uno... yo fui uno de los primeros, o quizás el primer becario venezolano en un programa de becas que se llamaba Latin American Scholarship Program for American Universities. Esa era una institución de la Universidad de Harvard y a mí me dieron la primera beca que se le otorgó a estudiantes venezolanos; ellos ya estaban bastante activos en Colombia y otros países latinoamericanos, pero yo fui el primer venezolano que recibió esa beca. Y la verdad es que no fue bien porque ellos le pedían a sus estudiantes que la universidad les tenía que dar una beca gratis; ellos escogían la universidad entonces donde uno iba.

Y a mí, habiéndome aceptado Wharton, yo dije no, mira, yo no voy a ir solamente para no ir a Wharton, me voy a Harvard. En Harvard no me aceptaron, me dejaron en lista de espera. Y esa es una de las cosas que siempre le digo a los estudiantes o a los muchachos jóvenes que vienen conmigo: si te dejan en la lista de espera ellos te dicen no haga nada, ya; no, ese es el momento de actuar e irte para allá, decir yo qué tengo que venir aquí, y eso no lo hice yo, pero lo aprendí después.

Yo hubiera estudiado en Harvard si lo hubiera hecho. Bueno, pero Wharton no está nada mal, ¿no? Pero yo sí decía: no, para no ir a Wharton me voy a Harvard. Y entonces, bueno, esta beca me dijo que me tenía que ir a una universidad de menor categoría, cosa que yo rechacé y yo estaba muy molesto con eso.

Y años después, curiosamente aquí en Caracas, conocí a un señor americano, amigo de una señora americana que estaba casada con un peruano que era la traductora de mis reportes de análisis económicos. No es mi sorpresa cuando me lo presentan y me preguntan qué hago yo. Bueno, yo soy consultor económico, doy clases en el IESA, y tú; dice: no, yo soy el gerente que maneja un programa de becas en Estados Unidos que se llama LASPAU.

Y entonces le eché mi cuenta en frustración y tal; bueno, me invitaron a formar parte de la directiva de LASPAU y fui el primer exbecario de LASPAU que entró a la directiva de esta organización. Estamos hablando con el doctor Pedro Palma, vamos a una pausa y ya regresamos en Venezolanos. En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural.

Estás escuchando Unión Radio Cultural; este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para algunas sugerencias sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarice arroba hotmail.com. Y en Twitter, arroba RafaelaRice. Somos Unión Radio Cultural, de regreso con Venezolanos.

Estamos conversando con el profesor Pedro Palma, nos viene refiriendo sus estudios, el MBA, la maestría en Administración de Negocios que hizo en Wharton en la Universidad de Pensilvania, donde también hizo el doctorado, un PhD de Economía. ¿Los hiciste corridos o hubo un tiempo de por medio? De hecho lo hice corrido e inclusive yo solapé los programas porque en vez de tomar las materias de economía, estadísticas, cuantitativas, etcétera, y varias electivas a nivel del MBA, yo las asumí en el doctorado. Cuando me gradué de MBA en el 71 yo tenía aprobado el primer año del doctorado y hice el doctorado en economía.

El departamento de economía, que había sido tradicionalmente un departamento de Wharton, la escuela de negocios, se había separado de Wharton y se había ido a la facultad de Artes y Ciencias. Y por lo tanto mi doctorado no es de Wharton, sino de la Universidad de Pennsylvania, de la misma universidad. Y allí me formé como economista.

¿Hacia dónde orientaste tu doctorado en Economía? ¿Qué áreas de la economía te comenzaron a enamorar? Bueno, mira, es que en esa época el gran profesor del Departamento de Economía era Lawrence Klein, que fue premio Nobel de Economía de 1980, era el padre de la econometría aplicada. Claro, la econometría es una parte, un segmento del análisis económico que utiliza técnicas estadísticas y matemáticas para tratar de predecir el comportamiento en la economía basado en el comportamiento anterior; por lo tanto elabora modelos econométricos que se manejan con facilidades de computación, etcétera.

Y el padre de la econometría aplicada en ese momento era Lawrence Klein y era un gran profesor de la Universidad de Pennsylvania, por lo tanto pues todos los estudiantes nos orientábamos hacia esa área, pero era un departamento sumamente rico en múltiples áreas. De hecho siempre el Departamento de Economía de Penn ha estado entre los 10 primeros departamentos de economía de los Estados Unidos. Y yo me formé allí y fue también una experiencia extraordinaria.

Mi tesis doctoral fue precisamente en la elaboración del modelo econométrico para la economía venezolana y la aplicación de ese modelo para estudiar los impactos que en el año 74 al 76, años de la primera crisis energética, cuando se dispararon los precios del petróleo, cómo iba a reaccionar la economía frente a ese cambio radical de los ingresos. El boom petrolero, sí. Y por lo tanto mi tesis fue un trabajo bien interesante que en cierto modo se anticipó todo lo que es el análisis del rentismo petrolero.

Y uno de mis colegas en el IESA, Asdrúbal Baptista, fue uno de los padres que bautizaron ese término del rentismo petrolero venezolano y por lo tanto él y yo hicimos una gran amistad. No trabajamos juntos en muchos trabajos, pero éramos muy llegados académicamente. Bueno Pedro, ¿y cuando te gradúas? Tienes tu PhD, regresas a Venezuela.

Yo regresé. Comienzas a trabajar y muy pronto vas a montar una empresa que se llamó Metroeconómica en el año 1977; también te incorporaste de inmediato al IESA a dar clase. Sí, yo me incorporé al IESA porque el doctorado, quien becó a mí para el doctorado, fue el IESA, de la Fundación Ford en esa época. En los primeros años del IESA, la Fundación Ford le dio un apoyo económico al IESA muy importante y becó a muchos profesores esas primeras generaciones.

Yo estuve en la segunda camada de profesores becados por el IESA para hacer sus doctorados en Estados Unidos, fundamentalmente en EEUU. Y ellos me becaron a mí a través de la Fundación Ford y cuando yo regresé entré como profesor asistente, digamos a tiempo completo en el IESA. Sin embargo yo quería desarrollar en el IESA algo que yo había visto en la Universidad de Pennsylvania.

Este profesor mío, Lawrence Klein, había fundado una empresa de consultoría económica en Estados Unidos y le daba asesoramiento a las empresas norteamericanas e internacionales activas en EEUU sobre el posible desenvolvimiento de la economía norteamericana y de la economía internacional en general. Haciendo uso de esos modelos econométricos que él fue, yo por primera vez el pionero, el padre de esos modelos. Yo quería reproducir algo similar aquí en Venezuela; esa empresa en Estados Unidos se llamaba Wharton Econometric Forecasting Associates, las siglas eran WEFA.

Y yo quería reproducir la experiencia de WEFA aquí en Venezuela, a través de una organización, digamos que el IESA le prestara asistencia, asistencia de consultoría en materia económica a empresas nacionales e internacionales que estaban aquí en Venezuela. Sin embargo eso no prosperó; las autoridades del IESA no mostraron mucho interés en que yo desarrollara eso dentro del IESA y entonces, bueno, yo lo hice fuera. Pasé a estar a tiempo parcial en el IESA para desarrollar Metroeconómica.

Pasé a estar a tiempo parcial en el IESA para desarrollar Metroeconómica y ya te digo, yo fundé Metroeconómica en 1977 conjuntamente con otra economista, Cristina Rodríguez, pero Cristina estaba trabajando mucho más en el Banco Central, no en Metroeconómica. Yo desarrollaba, por lo tanto, inicialmente los trabajos de Metroeconómica yo solo y posteriormente esa empresa evolucionó. Y después tuve siete años en una empresa de consultoría gerencial que fue Booz Allen & Hamilton; esa es la empresa norteamericana. Yo abrí la oficina aquí en Caracas y todo esto.

Ulteriormente el tiempo evolucionó; hoy en el 2010 Metroeconómica se fusionó con Ecoanalítica y entonces yo pasé a ser director de Ecoanalítica, pero ya en una condición bastante retirado. Yo realmente, cuando se produjo esa fusión, tanto Cristina como yo estábamos en fases del retiro. Por lo tanto no hemos tenido una participación muy activa en Ecoanalítica, pero sin embargo yo estoy muy atado a Ecoanalítica.

Asistes a reuniones, asesoras a los muchachos y etcétera. Estoy, pues, muy en contacto con el equipo profesional de Ecoanalítica. Ahora fíjate, en el año 1984, muy joven, creo que tenía 40 años, eres seleccionado como individuo en número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas de Venezuela, que se funda ese año.

Así es, durante el gobierno de Jaime Lusinchi esa vieja aspiración de los economistas venezolanos se materializa y tú entras allí, desarrollado una vida académica, bueno, ya de muchos años. ¿Cómo fue esa experiencia entrar tan joven a una academia? Sí, la verdad es que fue una cosa sorpresiva y totalmente inesperada para mí porque efectivamente la Academia Nacional de Ciencias Económicas se fundó, la ley que crea la organización se aprueba en el año 1983. Los grandes impulsores de esa ley fueron Tomás Enrique Carrillo Batalla y Venancio Felipe Maza Zavala, que eran diputados en esa época.

Y ellos fueron los grandes proponentes de la época, particularmente Tomás Enrique Carrillo Batalla fue el gran proponente. Y entonces, bueno, le plantearon al presidente de la época que estaba ya al final del mandato que escogiera; bueno, le propusieron una lista de 20 personas. Yo creo que fue una lista más amplia, pero el presidente Herrera escogió a veinte personas, quince de ellas de esa lista que le pasaron y cinco escogidos por él, no cumplían los requisitos de doctorado en economía ni profesores titulares.

Y esos quince estábamos dos muchachos que éramos Asdrúbal Baptista... ¡Claro! Los dos menos de cuarenta años. No, Asdrúbal de treinta y siete y yo de treinta y nueve, y nosotros nos juramentamos el último día del gobierno, el 31 de enero de 1984; nos juramentamos y se instaló la Academia en junio del año 84.

La actividad inaugural de la Academia, la apertura de la Academia, fue el presidente Lusinchi, que estaba comenzando su mandato. Estamos conversando con el doctor Pedro Palma, vida y obra, uno de los economistas más destacados en la Venezuela contemporánea. Vamos a una pausa y ya regresamos en Venezolanos.

Estamos conversando con el profesor Pedro Palma. Pedro, hay un momento en que tu vocación pedagógica, el profesor, quiere llegar a audiencias mayores. Empiezas a escribir en los periódicos, tienes una columna durante muchos años, y también yo recuerdo tus programas de televisión. Yo era muy joven y los veía con muchísima atención y admiraba mucho su facilidad para hacer de problemas económicos complejos algo comprensible para quienes no sabíamos de economía.

¿Cómo se presentó esa oportunidad y cómo fue? Porque entiendo que estuviste en dos estaciones de televisión distintas a lo largo de varios años. Sí, así es, mira, eso fue porque ya en mis épocas jóvenes, pero muy activo en materia de consultoría económica y todo esto, me empezaron a hacer entrevistas de televisión. De los primeros que me entrevistaron a mí fueron Carlos y Sofía en Venevisión, que tenían un programa diario, "Buenos días".

Me entrevistó con frecuencia; después, en RCTV, en fin, los canales de televisión me comenzaron a entrevistar con bastante regularidad. Y un día, en el año 88, 1988, me llamó el gerente general de Radio Caracas Televisión para proponerme que por qué no hacía un programa de media hora semanal hablando sobre temas económicos. A mí al principio me produjo un poco de escepticismo la propuesta. Yo sé que esto suena como algo demasiado, pues no sé, algo muy ajeno a lo que es el ejercicio profesional propiamente.

Y yo fui a hablar con el doctor Uslar, a ver qué le parecía él. Bueno, él tenía esa experiencia de toda la opinión, con valores humanos de tanta experiencia. Y cuando se lo planteé, me dijo: mire, no dude en aceptarlo, Palma; él me llamaba Palma. No dude en aceptarlo, Palma, porque a usted lo van a conocer hasta las piedras, es verdad; y le dijo: mira, a mí por cada diez personas que me conocen, una me conoce por mi obra literaria y nueve por el programa de televisión, ¡no dude en hacerlo!

Entonces eso me animó mucho a hacerlo y así empezó Enfoque. Yo estuve dos años en Enfoque en la televisión; fue un programa tremendamente exitoso porque era líder en rating, pero es un programa que salía muy tarde, salía a las 11 de la noche. Primero a las 10 de la noche; lo recuerdo a las diez. Después del domingo, después de Primer Plano, que era el programa de Marcel Granier, entrevistas de Marcel, y después me pasaron a mí al miércoles, pero a las 11 de la noche.

Entonces a veces salía un cuarto para las 12, pues se extendía el noticiero y tal. Y yo por más que intentaba hablar con el gerente, yo no entendía el mundo de la televisión. Entonces a mí me molestó mucho aquella informalidad en las cosas y a pesar de que era líder, yo al cabo del segundo año, cuando había que renovar la contratación, le pasé una carta. Y si no estaba interesado en renovar... ¡Ah caramba!

Y ese fue un grave error que yo cometí, eso fue una tontería, primero porque era producto de no entender cómo es el mundo de la televisión. Es muy complejo, muy su género, muy su gener... Y entonces, bueno, hasta ahí llegó el programa. Y después en el 94 me volvieron a contactar, en este caso en Televen, para hacer el programa.

Esa experiencia de Televen no fue tan exitosa como la primera, como Enfoque, pero curiosamente... ¿Pero fue más larga? No, también fue dos años; duró más o menos dos años. Pero curiosamente, mira, en esa época, en la época de Enfoque, del 88 al 90, mi esposa grababa todos los programas y los grababan en una tecnología que mucha gente que va a escuchar este no tiene idea de qué sitio se llamaba Betamax.

Claro, era un sistema de video inventado por los japoneses, por Sony. Y entonces ella grababa eso con unas cintas grandes. Bueno, esas cintas se perdieron en la casa y nadie sabía ni dónde estaban. Y cuando yo estaba ya montando mi página web hace unos 5 o 6 años atrás de pronto aparecieron estas grabaciones y mi esposa me dijo: mira, ¿qué son estas cintas? Yo pensaba eso debe estar todo pegado y tal, eso se debe haber perdido, pero no, estaban intactas las cintas.

Ah, qué bueno. Entonces se pudo digitalizar todos aquellos programas y montarlos en la página web mía, mira, y fue una verdadera sorpresa volver a escuchar o volver a ver esos programas, claro que yo había hecho pero veintitantos años atrás. Y lo actual de esos programas, claro, bueno, y fue algo tremendamente exitoso y eso, mira, fue mucho producto de mi condición académica, mi condición docente.

Claro, porque eso es lo bueno que tiene la docencia. Sí, te lleva a la elocuencia. Así es, y sobre todo a expresar las cosas en el lenguaje más sencillo posible, por más complejos que sean los temas que estás hablando, para que te entiendan. Claro, ese anhelo permanente del profesor de explicar las cosas en términos sencillos y tal.

Fue lo que me llevó a hablarle a la gente y bueno, muchísima gente veía ese programa. Muchísimas, yo incluido. Por otro lado tú me hiciste el honor de pedirme la presentación del libro tuyo que recoge 20 y tantos años de articulismo, artículos de divulgación económica también para ser comprendidos por la mayoría. Esa es otra faceta importante de tu trabajo, que es la escritura.

La escritura de temas complejos en la economía para ser comprendidos por los lectores, ¿no? Sí, bueno, porque precisamente los artículos de prensa no están escritos para un público académico o especializado, sino están escritos para gente más abierta, más para el público en general. Y entonces uno escribe sobre temas que le conciernen porque de la vida diaria, de la gente, explicarles por qué los procesos inflacionarios, hacer análisis crítico de por qué las cosas no están siendo bien manejadas.

Y eso a la vez enriquece mucho porque una cosa es hablar y hablar con facilidad de palabra, y otra cosa es escribir en términos sencillos que lo entiendan a uno. Y eso también me enriqueció mucho a mí, esa experiencia de tantos años escribiendo artículos de prensa. Me enseñó mucho. Y además allí nos enteramos, al menos yo, seguramente tus amigos más cercanos lo sabían, que eres un melómano.

Un melómano importante, has sido de los conciertos, seguidor de la Orquesta Nacional Juvenil fundada por el maestro Abreu y de la música en general. ¿Dónde nació eso? ¿En tu casa, tus padres escuchaban música? Mira, no tanto, en mi casa no era una casa muy musical, pues mis padres no eran grandes aficionados a la música clásica.

Manuel, mi hermano, Manuel el mayor, era muy aficionado a la ópera y a él le gustaba la ópera. Pero curiosamente a mí lo que más me llamó la atención fue la música sinfónica y curiosamente yo, en los conciertos de la serie de ciclos del concierto de la Sinfónica de Venezuela del año 58. Claro, cuando había una sola orquesta aquí en Caracas. Yo me iba al Teatro Municipal a oír los conciertos, que curiosamente esos conciertos empezaban a las ocho de la noche y terminaban diez y cuarto, diez y media.

Y yo me iba en autobús desde mi casa en Valle Arriba, tomabas dos autobuses para llegar al centro y después me regresaba. ¿Desde tu casa en San Bernardino? No, no... ya se habían mudado a Valle Arriba. Nos habíamos mudado en el año 53, nos mudamos a Valle Arriba. Y entonces yo llegaba a mi casa más o menos 11 y 5, 11 y 10 de la noche en autobús.

Caracas era totalmente segura. Claro. Yo tenía 12, 13 años de edad, o sea, yo era un niño sin problema ninguno, y ahí empezó esa afición, mis primeras compras. Y eso fue algo que cuando se lo contaba a mis hijos me decían: ¡Oye! Eso es de gallo. ¿Qué gallos?

Que eras tú cuando niño porque mi primera compra que yo hice con mi propio dinero fue la Novena Sinfonía de Beethoven, en disco. Con la Novena Sinfonía de Beethoven dirigida por Toscanini. Nada menos. Sí, sí, ese fue mi primer disco y después sí, yo fui un aficionado a la música; curiosamente yo ni aprendí teoría musical ni interpreto ningún instrumento, pero soy un apasionado de la música que me encanta, sobre todo la música clásica, es lo que más me llama la atención.

Bueno y en un momento de tu vida aparece María Cristina, que te ha acompañado toda la vida, y empiezan a llegar los hijos, los nietos. ¿En qué año se casan ustedes, cómo se conocieron? Bueno, yo conocí a María Cristina de niño porque los padres de María Cristina eran españoles; mi suegro llegó aquí en el año 39, producto de la guerra civil española. Él era republicano, no político; médico de la Armada, médico, pero que estaba en la Armada y la Armada nunca se sublevó, nunca se sumó al movimiento de Franco, pero fue fiel a la República y cuando terminó la guerra se tuvo que ir.

Y se vino a trabajar con Arnoldo Gabaldón aquí y trabajó en malaria toda su vida. Entonces una de las asignaciones que tuvo mi suegro fue manejar todo lo que era la malaria, la zona de Monay, el estado Trujillo, sur del lago, y él se basó en Trujillo, en la ciudad de Trujillo. Y allí pues conoció a todos mis tíos y a toda mi familia de Trujillo y se hizo íntimos amigos. Y cuando nosotros íbamos de vacaciones de niño a Trujillo, María Cristina, mi esposa, estaba de niña allí, eran muy amigas.

Ella era muy, muy amiga del matrimonio de mis suegros, que el matrimonio de uno de mis tíos, Marcos, y mi tía Maruja; eran íntimos amigos y por lo tanto, pues, nos frecuentábamos mucho. Pero yo dejé de ver a María Cristina en muchos años y la volví a encontrar cuando recién me estaba graduando, que ya estaba terminando de estudiar economía. Ella estudiaba farmacia, ¿no? Ella estudiaba farmacia, empezamos a salir y bueno, nos enamoramos y nos casamos.

Nos casamos en el año 68, septiembre del 68. O sea, los posgrados los hiciste con ella. Claro, sí, ya nosotros nos fuimos casados. De hecho yo cuando me fui a estudiar ese curso de inglés en Ann Arbor en el año 69 ella se quedó porque estaba terminando sus estudios de farmacia aquí en la Universidad Central y no tenía sentido que ella se fuera conmigo y no se graduara; entonces yo me fui unos meses antes, después, bueno, vivimos en Philadelphia cinco años.

Qué bien. Estamos conversando con Pedro Palma en la última parte del programa, vamos a abordar sus concepciones de la economía. Ya regresamos. En breve continúa Venezolanos, somos Unión Radio Cultural.

Estás escuchando Unión Radio Cultural; este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarice arroba hotmail.com. Y en Twitter, arroba RafaelaRice. Somos Unión Radio Cultural, estamos de regreso con Venezolanos.

Somos Unión Radio Cultural. Estamos conversando con el doctor Pedro Palma, el profesor Palma. Pedro, uno cuando lee tus libros, tus intervenciones, las entrevistas en la prensa o radio y televisión, uno advierte una posición económica muy ecuánime; es decir, uno no advierte un libertario radical en ti, pero tampoco un estatista, sino un economista que equilibra tanto las funciones del mercado de Adam Smith y la función del Estado como ente, se puede decir, regulador. ¿Estarías de acuerdo con eso?

Sí, sí. Es uno de los papeles que le toca jugar al Estado en materia económica, regular. Hay áreas donde el Estado tiene que estar vigilante, el manejo por ejemplo de la actividad bancaria; oye, los bancos manejan el dinero del público y por lo tanto pues tiene que asegurarse de que las normativas establecidas por la ley y las limitaciones bancarias se cumplen, y quienes no la cumplen pueden ser penalizados, obligado a cumplirlas, etcétera.

O sea, ese es uno de los papeles del Estado. Pero mira, todo eso es producto de mi formación profesional. Yo me formé con mis profesores en Penn, la Universidad de Pennsylvania, del Departamento de Economía, que es un departamento típicamente poskeynesiano, de tendencia más keynesiana, mucho más que seguidores de la escuela monetarista de Chicago o de la escuela austríaca de economía. Que es la economía del libre mercado, 100% mercado, y la minimización del papel del Estado.

Entonces yo siempre digo que muchos seguidores de la escuela austríaca me consideran a mí un comunista o cualquiera, yo soy comunista, no tengo nada, este, como tú dices, porque yo soy un economista de centro, siempre me defino como economista de centro. De hecho Ricardo Hausmann, cuando era colega mío en el IESA, coincidimos en el IESA, es un poco más joven que yo. Ricardo echaba bromas y me decía que yo era un economista radical de centro. Yo le decía, mira, me gusta esa definición porque sí es eso.

Mira, yo considero que en el actuar económico todos los agentes económicos tienen un papel que jugar y la empresa tiene un papel fundamental que jugar; los inversionistas privados tienen un rol fundamental que jugar dentro de la economía, pero también al Estado le toca jugar un papel importante dentro de la economía sin exagerar. Entonces uno no debe irse al extremo comunista, socialista, intervencionista, y que todo tiene que estar en manos del Estado; hay de sobra experiencias de los fracasos radicales de esa orientación. Ni tampoco irse al otro extremo, esto es decir, no, que el Estado no intervenga para nada, todo es del mercado.

No, yo tampoco creo que eso sea; cada quien tiene un papel que jugar y por lo tanto yo creo que ese balance que debe hacer cada quien, cuál es el papel que debe jugar cada quien, es como debe ser, cómo debe manejar su economía. ¿Y tú encuentras ejemplos históricos exitosos de ese manejo equilibrado de la economía? Mira, sí.

De hecho, claro que los países nórdicos es eso que estás diciendo. Los países nórdicos se habla mucho del socialismo y resulta que eso no tiene nada que ver con lo que aquí interpretamos como un área hacia el comunismo, hacia el estatismo exagerado, no; y por lo tanto, mira, hay unas experiencias tremendas. La experiencia alemana, por ejemplo, fue de la Segunda Guerra Mundial con Ludwig Erhard, fue extraordinaria, este, fue el hombre que lanzó, digamos, mucho desmantelando una intervención estatal, una imposición de controles que establecieron los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, básicamente los norteamericanos en Alemania, y este hombre desmanteló todo esto, abrió la inversión, creó las condiciones para que la inversión se diera dentro de Alemania, pero a la vez jugando el Estado un papel fundamental de ser gran promotor de la actividad económica.

El gran regulador, digamos, regulador entre comillas, pues no era regular por regular, por controlar, sino regular lo que había que regular y jugar el papel que tenía que jugar. Por ejemplo, tú tienes un libro reciente sobre política monetaria y alguna vez cambiaría, pero alguna vez hemos hablado de política monetaria también. Por ejemplo, tú no estás de acuerdo con la dolarización en las economías, por ejemplo en Ecuador, aquí hay una dolarización parcial, pero te pregunto.

Por ejemplo, ese momento de Europa en que todos los Estados renuncian a sus monedas nacionales y se suman al tratado del euro, ¿eso lo debilitó, debilitó las políticas monetarias de los Estados? Yo no creo, yo creo porque era un caso, digamos, donde estaba precedido con la formación de un mercado tremendamente exitoso, que había atravesado ya procesos, digamos, de homogeneización de servicios públicos con lo que se llamó la Europa del 92. Que era, bueno, cómo hacemos que todos los países miembros en la Comunidad Económica Europea tengan los mismos servicios de transporte, los mismos servicios eléctricos, para unificar; y yo siempre, a mí cuando me preguntaban qué es Europa 92, yo decía: supónganse que los Estados Unidos estuviesen fraccionados en siete u ocho estados independientes uno de otro y cada quien tuviera un sistema de electricidad distinto y transportes y trenes distintos.

Los EEUU no serían la potencia económica que es hoy en día y eso es lo que buscó Europa, homogeneizar los servicios para echar... y ellos fueron tremendamente exitosos en eso. Y una de las últimas etapas de ese proceso de integración económica fue la unificación, la unificación cambiaria, porque ya las economías estaban lo suficientemente maduras como para ir hacia ese proceso. Y no todas las economías de la Unión Europea se sumaron al euro: Noruega, por ejemplo, no lo hizo.

Y otras de la comunidad económica europea tampoco, ni hoy ni siquiera... Hoy en día todos están con el euro. Y de hecho ha habido problemas, por ejemplo los graves problemas que vivió Grecia. Se fue al euro y todo el mundo entonces pensaba que ah no, como este es del euro, eso está súper asegurado; está, una, podemos prestar, y resulta que se sobreendeudaron y cuando dieron, no podemos pagar, a caramba, se presentó una crisis del euro.

Bueno, esas son las típicas cosas económicas, pero el euro ni remotamente fue una cuestión así que salió de la manga, ¿no? No, eso fue producto de muchos años, muchísimos años de integración económica exitosa que llevó a esa economía para poderse integrar monetariamente. ¿Por qué Inglaterra, por qué Gran Bretaña, se separa de Europa? ¿Qué ventaja? ¿Cómo es que dicen ustedes los economistas? Bueno, tienen una expresión que en este momento, el Brexit, ¿no?, una expresión de los economistas, cómo te favorece la situación de separarte.

Bueno, yo no creo que... Yo creo que ese fue un gravísimo error que cometió el Reino Unido y producto de un plebiscito, del referéndum, que nadie pidió. ¿De dónde salió ese referéndum loco? Que pensaba, bueno, vamos a hacer el referéndum porque eso va a ser tan obvio que va a ganar y mantenerse en el... y no, resulta que se descuidó todo el mundo de hacerlo y ganaron los Brexit.

Bueno, están pagándola muy caro el Reino Unido esa salida del euro porque, bueno, dejaron de tener muchos beneficios precisamente de esa integración exitosa, un mercado gigantesco. Claro, la gente podía trabajar en cualquier parte de Europa, recibían todas las inversiones de Europa, sobre todo en el área financiera, sin restricción ninguna. Eso lo echaron por la borda y eso les ha costado caro.

En nuestro continente, Pedro, hay ejemplos del crecimiento económico notable. Chile apenas tiene un 13% de pobreza, es un país que 40 y tantos años ha crecido económicamente de manera sostenida. ¿Qué ves tú en esa experiencia histórica? Mira, disciplina y claridad en lo que es el manejo económico, eso fundamental, las reglas del juego estén diafanamente establecidas. Hay un acuerdo político, independientemente de quién esté en el gobierno, hay un acuerdo de que la orientación a seguir es esta, ¿ok?

Y dentro, con las variantes del gobierno al gobierno, pero la orientación de desarrollo económico se mantiene en el tiempo. Es una política de Estado. Se mantiene en el tiempo y por lo tanto hay reglas de juego estables, hay reglas de juego atractivas para los inversionistas. Y eso en Chile ha tenido una gran experiencia y hasta hace muy poco, que fue todo este problema de la Constitución, del cambio constitucional.

Chile es una de las razones por la que Chile ha sido ejemplo porque han seguido un proceso de desarrollo sustentable tremendamente exitoso con reglas de juego claras y permanentes. Bueno, muchísimas gracias, Pedro, por esta entrevista, ha sido verdaderamente un placer y una cátedra para los oyentes. Un verdadero placer, Rafael. Muchas gracias. Y nosotros nos despedimos hasta la semana que viene cuando estaremos en otro de nuestros programas Venezolanos, en esta serie que venimos haciendo que se titula Los del Podio.

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