Serie Los del Podio
7 de febrero de 2023

Serie Los del Podio I. Cap 3. Benjamín Scharifker

Serie Los del podio. Cap 3. Benjamín Scharifker.

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Rafael Arráiz Lucca. Soy Rafael Arráiz Lucca, esto es Venezolanos, mi número de productor nacional independiente 30.720. Bueno, y hoy tenemos el honor y el gusto de tener en la cabina al doctor Benjamín Scharifker Podolsky, ampliamente conocido en Venezuela por su carrera académica que lo ha llevado a ser rector de la Universidad Simón Bolívar y rector de la Universidad Metropolitana. Por supuesto que hablaremos de eso, pero hoy vamos a hacer un recorrido más amplio y vamos a comenzar, Dr. Scharifker, por sus antepasados: estos apellidos son, entiendo, de Ucrania, una región de Ucrania, y fueron sus abuelos los que migraron a América o fueron sus padres. Primero que todo, muchas gracias por la invitación, un privilegio realmente estar aquí en el programa, muchísimas gracias.

Fueron mis abuelos, a principios del siglo XX, cuando la Primera Guerra Mundial, justo antes de la Revolución Rusa, vivían en el Imperio zarista, que era el imperio ruso, y Ucrania. Lo que hoy en día es Ucrania era parte del Imperio ruso, entonces durante toda esa época de la Primera Guerra Mundial, los prolegómenos de la Revolución rusa, hubo mucho conflicto en esa zona. Primero el Imperio zarista cayó, entonces hubo lo que se llamó la Rusia Blanca, después vinieron los bolcheviques, etcétera, y durante toda esta conflagración mis cuatro abuelos, tanto maternos como paternos, decidieron irse y se fueron por diferentes vías y confluyeron en Argentina.

En Buenos Aires, entonces, el apellido Podolsky: de hecho hay una región de lo que hoy en día es Ucrania que se llamaba Podolia. Y tanto mis abuelos paternos como los maternos venían de esa región, pero era el Imperio ruso en ese momento. Era muy frecuente, además, que migraran a la Argentina porque en esa última mitad del siglo XIX y los primeros cuarenta años del siglo XX la inmigración hacia Argentina fue muy grande, sobre todo de Europa Oriental, de Rusia, de lo que hoy en día es Ucrania, de Polonia e incluso gente de Turquía.

Digamos, de toda esa región, y Argentina era un lugar que estaba acogiendo inmigrantes en ese momento porque se estaba desarrollando rápidamente. Quería desarrollar la industria, quería desarrollar la agricultura, el comercio, etcétera, y ellos tenían profesiones afines a la agricultura y la industria. No eran comerciantes; los cuatro abuelos, judíos. Entonces sus padres nacieron en Argentina.

El padre, digamos, bueno, seguramente ahí se conformó como siempre con las inmigraciones, grupos de personas con orígenes afines, etcétera, y dentro de esos grupos se conocieron mi padre y madre, se casaron y lo demás es historia.

Claro, ¿y cuántos hermanos han sido ustedes? Yo tengo un hermano, un hermano ligeramente mayor que yo, dos años. ¿Vive en Venezuela también?

Lamentablemente no vivió muchos años en Venezuela, pero ya hace algún tiempo forma parte de la diáspora venezolana. Y usted, rector, nació el 21 de septiembre de 1953, precisamente en Buenos Aires; se vino para Venezuela con sus padres siendo un niño, cuatro años tenía, cuatro años, o sea que no tiene ni siquiera el recuerdo de Buenos Aires. Tengo algunos recuerdos, bueno, he ido de visita, por claro, visitas familiares, visitas también profesionales, científicas, etcétera. Varias veces he ido a Buenos Aires, pero sí, curiosamente tengo recuerdos muy vagos de la época en que primero se vino mi padre, porque mi padre trabajaba en una empresa de seguros importante en Argentina y decidió abrir una oficina en Venezuela, entonces lo envían a Caracas, bueno, a Venezuela en realidad, para abrir una oficina. Mi padre visita Maracaibo, visita Caracas.

Decide, después de haber pasado por varias ciudades, que iban a abrir la oficina en Caracas y luego entonces sí venimos toda la familia. Entonces yo recuerdo, por ejemplo, curioso, eso ha sido en el año 55 aproximadamente, ya posiblemente tuviera dos años, y recuerdo esta música clásica que sonaba en la radio y solamente música clásica porque había habido un golpe de Estado, cuando cayó; de tal manera que sí tengo algunos recuerdos, digamos, muy temprano. Y bueno, otros recuerdos: yo me sentía con la responsabilidad de ayudar a mi mamá, entonces algunas anécdotas que yo pudiera contar, esas ayudas que le daba a mi mamá con esa temprana edad porque mi papá se había ido de viaje.

Yo tenía ya cuatro años en ese momento, imagínense. Y cuando ustedes, entonces, la familia llega a Venezuela en el año 57 me parece, ¿y llegan al aeropuerto de Maiquetía? No, vinimos por barco, vinimos en un barco que era un crucero o que tenía piscina. En fin, también tengo algunos recuerdos de ese viaje porque también, curiosamente, ese barco hizo escala en Montevideo, eso no me acuerdo.

Pero hizo escala en algún puerto brasilero que posiblemente haya sido Sao Paulo o Río de Janeiro... No lo sé, pero desembarcábamos y visitábamos, entonces yo no entendía nada, era la primera vez que yo me enfrentaba a otra lengua. Entonces bueno, ahí aprendí que había otros idiomas del mundo porque nunca había tenido esa experiencia, también tuvo escala en Trinidad. Entonces de ahí recuerdo todavía los policías con flores y sombreritos de hongo blancos. Y luego llegamos a La Guaira. ¿Y tiene el recuerdo de esas primeras impresiones de Caracas?

En el año 57 Caracas era una ciudad muy pequeña, yo creo que podía tenerse acá un millón de habitantes. Bueno, sí tengo algún recuerdo que nosotros vivíamos, vivimos, en toda la infancia yo la transcurrió en Mernedín, ¿no? Sí. Cerca del centro de Caracas, pero recuerdo que, digamos, los primeros meses estuvimos en un hotel muy cerca de la Plaza Bolívar. Mi papá tenía una oficina muy cerca de la Plaza Bolívar y nosotros llegamos en septiembre u octubre del año 57, y mi papá llega con un cuento, el primero de enero de 1958, diciendo: "Aquí en el trópico celebran el Año Nuevo de una manera muy particular". Estaban bombardeando la zona. Claro.

Lo de Martín Parada y Hugo Trejo, exactamente. Entonces mi papá llegó con ese cuento de que las celebraciones de Año Nuevo eran un poco particulares, poco ruidosas, interesantes. Y esos primeros años, donde los estudié en el Colegio Moral y Luces, donde quedaba en San Bernardino, Colegio Moral y Luces Herzl Bialik, que queda pegado al Ávila, la parte alta de San Bernardino, y ahí hice primaria y secundaria, bueno, kínder, primaria y secundaria, desde, digamos, preescolar, primaria y secundaria. Sí, creo recordar que uno de los compañeros de clase en el colegio era Moisés Naím.

Moisés Naím, correcto. Éramos compañeros. Alguna vez me refirió al sobrenombre que usted tenía en el colegio, ¿recuerda algún otro compañero o compañera?

No recuerdo si era mixto el colegio. Era mixto y Lancaster, y Lancaster también era, digamos, de nuestro grupo. Bueno, sí, por supuesto recuerdo a muchos más. En fin, cantidad, muchísimos otros. Claro que sí, éramos como 80 o 90. Eran como 80 o 90, y llega el momento de graduarse de bachiller y hay que hacer una escogencia: la química. Usted estudia química en la Universidad Simón Bolívar, es una escogencia no frecuente, debe haber habido una pasión por esa materia muy particular, ¿no?

Sí. Yo creo que confluyen tal vez varios factores. Un factor es que mi padre y madre me dieron muchas libertades en mis años de infancia. Mi papá tenía muchos libros, era un lector empedernido, mi mamá también, y entre esos libros había libros de ficción, libros de ensayo y alguno que otro libro de ciencia. Y desde muy temprano me empezaron a interesar los asuntos en ciencias, entonces me permitieron un rincón de la casa para montar un laboratorio, ese laboratorio.

Entonces iba a hacer experimentos, tendría 15 años o mucho menos, tal vez 10 años, todavía en primaria. Entonces yo me fascinaba con líquidos y con sólidos y con sustancias químicas porque yo recuerdo que yo iba a las tiendas de medicamentos que había en la Candelaria, donde había varios distribuidores de drogas y medicinas. Y ahí yo compraba algunos reactivos y yodo, etcétera, y así experimentaba con elementos. Algunos de esos experimentos yo no se los recomendaría a nadie, porque podían ser peligrosos y explosivos, exactamente.

Pero creo que por allí surgió mucho mi interés para las ciencias y también tuve buenos profesores, tengo que decirlo también. Para mí fueron muy inspiradores en el área de la física y de la química. De esos profesores vamos a hablar en la próxima parte del programa. Ya regresamos.

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Bueno, estamos de vuelta con el doctor Benjamín Scharifker y veníamos conversando sobre esos profesores en el bachillerato que abrieron camino en el Moral y Luces. ¿Quiénes fueron, Dr. Scharifker? Sí, ahí tuve profesores que fueron realmente inspiradores, sobre todo el profesor de química, se llamaba Guillermo Herrera. Le había sacado un doctorado en química en Italia, si mal no recuerdo, y tenía un estilo de dar clases espectacular, espectacular.

La química, que es una ciencia muy abstracta, que es difícil a veces entender un poco de qué se trata... Entonces él tenía toda una técnica en donde le ponía colores a los elementos y entonces iba combinando elementos y uno la iba viendo en Technicolor, pero luego él mezclaba historias con las enseñanzas de la química. Me acuerdo que él traía, por ejemplo, cuando veía que todos los estudiantes estaban fastidiados, entonces sacaba un libro y leía un trozo, un libro de literatura, Giovanni Papini, yo qué sé, no me acuerdo exactamente qué era, cualquier cosa. Entonces, bueno, a través también de esas historias que discutíamos en clase, los iba enganchando, ¿no?

Exactamente. Luego, por ejemplo, el profesor de mineralogía, creo que eso era en cuarto o quinto año, que se veía mineralogía en esa época, ciencias de la tierra, porque eso era básicamente ciencias de la tierra. Eso también puede ser muy fastidioso, pero este profesor lo mezclaba con matemáticas y lo mezclaba con otras cosas. Entonces nos planteaba, por ejemplo, cosas así: "Mira, ¿por qué el agua no se quema?".

Por ejemplo, él decía: "Bueno, pues ya está quemada". Ah, bah. Entonces empezaba a mezclar eso con química, de cómo se formó el agua, etcétera. Bueno, entonces, digamos, yo pienso que eso me despertó. Por ejemplo, este profesor Herrera organizó un centro de ciencias en el colegio donde varios compañeros compartíamos intereses, en ese centro de ciencia donde entonces nos abrió el laboratorio, ya no solamente para hacer la práctica del laboratorio exigida por los programas de estudio, sino que nosotros teníamos cierta libertad para hacer experimentos en el laboratorio.

Sí, eran muy buenos profesores. Ya lo creo. Y su grado de bachiller me parece que coincide con la apertura de la Universidad Simón Bolívar, así es. Yo tengo el recuerdo de que la universidad la creó Raúl Leoni, el primer rector fue Eloy Lares Martínez. Se iba a llamar Universidad de Caracas, pero viene el cambio de gobierno y el presidente Caldera designa al doctor Maíz Vallenilla rector y cambia también el nombre de la Universidad Simón Bolívar. Usted fue de los primeros alumnos de la segunda promoción, los primeros alumnos entraron en el año 70, pero en enero. O sea que la Universidad empezó sus primeras clases algún día de enero, creo que fue 19 de enero del 1970 o 18 de enero, algo así, y yo entré en septiembre del año 70.

Me gradué de bachiller en julio, pues ya el régimen era trimestral, nació con un régimen trimestral, era por supuesto muy innovador en ese momento en Venezuela. Yo creo que fue un modelo bastante innovador y pienso yo bastante exitoso, sin la menor duda, donde, digamos, el centro de atención no era tanto que el estudiante adquiriera una profesión, el sesgo de los estudios universitarios en Venezuela que son muy profesionalizantes, y no era tanto adquirir una profesión sino la formación integral del estudiante. Entonces había un primer año que era común para todos los estudiantes que se llamaba Estudios Generales y luego esos estudios generales también continúan a lo largo de toda la carrera.

Si uno estaba estudiando, por ejemplo, yo química, pero tenía que tomar clases... yo las podía elegir, podía hacer economía, podía hacer filosofía, podía hacer comunicación, en fin, había toda el área, lógicamente, cantidad de cosas que uno podía tomar. Y ni siquiera estaba terminada la universidad, creo, había pocos edificios, ¿no? No, cuando yo entré ahí lo que había eran unos galpones que muy pomposamente se los denominaba pabellones, pero eso eran unos galpones, no sé, a lo mejor eran caballerizas convertidas en aulas de clase.

Eso es la Hacienda de los Santaella, que tenía una plaza de toros allí. Así es, ¿qué tal? Y usted se graduó allí en 1976 y de inmediato se va a hacer un doctorado en Físicoquímica en la Universidad de Southampton, exactamente, donde regresa el año 1979. ¿Cómo fue esa experiencia ya en Southampton y por qué esa universidad?

Bueno, cuando termino yo de estudiar en la Universidad Simón Bolívar, entonces me proponen dar clases en la universidad, lo cual me resultaba atractivo, digamos, esa propuesta. Y me dicen: "Mira, si te pones a dar clases aquí en la universidad, no es que simplemente vas a dar clases, claro, vas a tener que hacer un doctorado y vas a tener que tener un programa de investigación", que creo que es una de las otras características que Maíz Vallenilla o los fundadores de la Universidad Simón Bolívar le imprimieron a esa universidad: que el cuerpo académico y los programas académicos estaban muy basados en la indagación, en creación de nuevos conocimientos e investigación científica, la investigación humana como tiene que ser.

Entonces, bueno, esa fue la razón fundamental por lo que inmediatamente busqué dónde hacer un doctorado. Y después de escribirle cartas a varias personas en diferentes partes del mundo, bueno, decidí ir a Inglaterra porque ahí conseguí un profesor, Graham Hills, que me planteó unos problemas interesantes para estudiar. Y unas condiciones de estudio que resultaban muy atractivas, los ingleses, en comparación con cómo eran los estudios doctorales, por ejemplo, en Estados Unidos en esa época, que eran estudios muy docentes en los Estados Unidos, mientras que en Inglaterra estaban completamente enfocados a la investigación. Entonces por eso me fui para Inglaterra.

Pues claro, qué bien. Bueno, y usted regresó en 1980 y entra al Departamento de Química de la Universidad, y allí fue a su vez desarrollando una tarea en la gerencia académica porque fue jefe de departamento, después estuvo decano de Investigación y Desarrollo entre el año 92 y 96. Y aquí hay un dato interesante en su biografía: después de decano fue vicerrector administrativo, que eso me sorprendió cuando estaba haciendo la investigación. Yo hubiera pensado que iba a ser vicerrector académico primero, ¿no?

Bueno, mira, sí, esto es interesante. Para el año 2000, al principio, los años 2001-2005, exacto, de 2005, bueno, había fuertes amenazas a las universidades venezolanas y ya en las universidades venezolanas, las públicas, estaban atravesando unos problemas que eran fundamentalmente administrativos más que académicos. O sea, por ejemplo, la Universidad Simón Bolívar tenía problemas académicos fuertes, pero el origen de esos problemas académicos que tenía eran realmente administrativos. Uno, por la situación política que estábamos viviendo, amenazas digamos de índole político, pero otras por las crisis económicas que ya venía desde antes, o sea, la crisis económica en la universidad pública no nació en el año 2000, la venimos arrastrando desde mediados de los 80, principios de los 90.

Y en ese momento teníamos un déficit en la Universidad Simón Bolívar enorme en lo que tenía que ver con la atención de la gente. O sea, para mí una universidad es la gente y, por ejemplo, si en un momento, Dios no lo quiera, a una universidad venezolana le llega una tragedia, lo que les pasó a la Universidad Simón Bolívar en el año 99, en el deslave, bueno, en el deslave del 99 quedó arrasada completamente la sede del litoral de la Universidad Simón Bolívar. Bueno, pues no habían pasado sino pocas semanas, con posiblemente un trimestre, no recuerdo, pero muy poco tiempo, cuando todos los programas del litoral se trasladaron a Sartenejas y los estudiantes que estaban en Sartenejas y los profesores que estaban en el litoral pudieron continuar.

Entonces, digamos, las infraestructuras, los edificios o laboratorios son necesarios para que una universidad funcione, pero los que son esenciales, los que son insustituibles, son la gente, los profesores y los estudiantes. Entonces ya la universidad para el año 2001 había perdido la posibilidad de atender apropiadamente a las personas y sobre todo en lo que respecta a la previsión social: el seguro, la posibilidad de que la gente pudiera comprar vivienda, los que iban entrando podrían ubicarse y tener un carro; si no, vivirían más o menos lejos en las ciudades. En fin, esas necesidades esenciales eran muy difíciles de cubrir, entonces mi motivación fundamental para asumir el vicerrectorado administrativo fue tratar de resolver un poco esos problemas.

Claro, lo hizo bien porque lo eligieron rector para el período 2005-2009. Efectivamente, sí. Por ejemplo, una de las cosas que logramos hacer en ese momento fue convertir el seguro de la universidad, que era un seguro, bueno, como una compañía de seguros, lo convertimos en un programa de administración del riesgo, que no quiero entrar en detalle técnico de la materia del área de seguros, pero es donde realmente la compañía de seguros no es la que asume el riesgo de la salud, en este caso del personal, sino que es la propia universidad a través de la Procuraduría de Recursos.

Entonces eso nos permitió administrar mucho mejor los recursos que teníamos para la previsión social, que con una compañía de seguros, y llegó un sistema que hasta hoy en día todavía está vigente ahí. Bueno, y en paralelo a su carrera dentro de la Universidad Simón Bolívar, vemos también actuaciones importantes como director principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, como secretario del Capítulo Caracas de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia y presidente de la Sociedad Venezolana de Electroquímica, y también la incorporación suya a la Academia de Ciencias Físicas y Naturales. No recuerdo si es exactamente así como se llama.

Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales. Me faltó, qué raro, me faltaron las matemáticas allí, que fueron las que más trabajo me dieron a mí en el bachillerato. ¿Cuándo ocurre esa incorporación?

Doctor Scharifker, yo entré primero como miembro correspondiente a la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, no recuerdo el año, 97-98 posiblemente, y luego fui electo individuo del número posiblemente en 2001 o 2002 aproximadamente. Creo que las fechas son más o menos esas. Ha sido una experiencia muy... pienso que las academias son instancias muy importantes dentro del desarrollo de Venezuela, no se les presta, pienso yo, históricamente no se les ha prestado suficiente atención, pero son oportunidades tremendas que tenemos en Venezuela porque hay alguna concentración importante de talentos y capacidades para atender problemas importantes. Y eso se ha visto, por ejemplo, con la pandemia del COVID-19, donde tanto la Academia de Medicina como la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, dentro de sus ámbitos de competencia, pienso que han tenido una contribución importante a que nosotros, mal que bien, pudiéramos mejorar las políticas públicas para la atención de la pandemia en Venezuela.

Viene la próxima parte del programa, vamos a conversar con el Dr. Scharifker sobre aspectos propiamente de su investigación científica, que yo creo son aspectos muy poco conocidos, y ya regresamos. El doctor Scharifker es uno de los científicos venezolanos con mayor cantidad de trabajos publicados en el mundo de la ciencia; también se mide mucho por las veces que sus trabajos han sido citados, y pasan de miles las citas que tienen los trabajos científicos del doctor Scharifker en el área de la química. ¿En qué consiste propiamente esa investigación?

¿Cuál es la aplicación práctica? ¿Cómo llegó usted a esos aportes que ha venido haciendo? Bueno, como voy anteriormente, también me interesó desde muy temprano la ciencia como una forma de entender el mundo en que vivo, primero como una cuestión lúdica, porque esencialmente me parecían maravillosas las cosas que yo podía ver en un laboratorio y quería entender por qué esas cosas ocurren así. Y eso me llevó a hacer el doctorado en cristalización, electrocristalización, o sea, cristalización inducida por campos eléctricos y por corrientes eléctricas, en donde entonces puede haber un líquido que se transforma en sólido o algo que está disuelto en solución convertirse en un cristal. ¿Eso tiene aplicaciones médicas, por ejemplo?

Tiene aplicaciones importantísimas hoy en día en baterías. Por ejemplo, tanto la batería de plomo, que la tenemos en todos los carros, como, no tanto, la batería de litio hoy en día, pero hacia donde seguramente se va a dirigir la batería de litio va a depender mucho de esos procesos de cristalización. Entonces es una conversión de energía. De hecho, digamos, la acumulación de energía en este momento es tremendamente importante porque estamos atravesando una transición energética donde estamos queriendo salir el mundo del uso de recursos fósiles.

Porque los recursos... bueno, ahí está ahora la convención, esta COP27 en Egipto, que tiene precisamente que ver con la acumulación de gases invernadero que contribuyen al calentamiento global. Y uno de los principales gases invernadero es el CO2, el dióxido de carbono, el anhídrido carbónico que se produce por la combustión del carbono, petróleo o gas natural. Entonces, para alejarnos del uso de los combustibles fósiles necesitamos sistemas que logren acumular energía de alguna manera y uno de esos sistemas son las baterías. Por ejemplo, si yo en pocos años pongo una celda solar en el balcón de mi apartamento y tengo una batería que acumule la energía, eso va a ser posible, claro, claro, todavía no lo es.

Todavía, digamos, no es económicamente viable, pero es posible, o sea, si tú tienes suficientes, científicamente posible, técnicamente, y los implementos necesarios para hacerlo los consigues en cualquier... está en el mercado. Y esa batería, ese acumulador, que creo que es el término técnico, un acumulador de energía, ¿cuánto, en una hipótesis suya, cuánto pudiese almacenar energía, para cuánto tiempo, digamos así, para ponértelo feo? De ahorita el 10% aproximadamente del mercado en países como Suecia, como Holanda o más, incluso más del 10% del mercado de automóviles, en esos países son carros eléctricos.

El carro Tesla, por ejemplo, ese es un carro que te puede transportar 500 kilómetros con una sola carga de la batería, o sea que tiene una autonomía como un carro de gasolina, pero no usa gasolina sino que utiliza energía eléctrica. O sea, tú puedes en acumuladores acumular toda la carga que va a necesitar una casa a lo largo de un día y entonces generar toda esa carga con celda fotovoltaica, por ejemplo, y acumularla en baterías y luego utilizarla cuando el sol no está. Digamos, uno de los negocios, por ejemplo, de esta empresa, de este señor tan famoso hoy en día, que es Elon Musk, y controversial, porque uno lo admira por algunas cosas y por otras cosas no tanto, sino todo lo contrario, bueno, pero uno de los negocios más importantes de él no es tanto el carro sino la batería, la propia batería.

Y, por ejemplo, la energía eólica, estos molinos de vientos, se pudiera almacenar energía en baterías en la base de los molinos y las aspas. Sí, por supuesto, se puede almacenar no solamente a la base del aspa, sino que se puede transmitir eso a través de cables, o se pueda hacer algo todavía, pienso yo, más interesante y posiblemente el futuro vaya a ir hacia allá: producir hidrógeno. El hidrógeno se puede producir electrolizando el agua y entonces el hidrógeno es un almacén de energía que yo luego puedo incluso transportar a través de tuberías o bombonas, o lo que sea, y utilizarlo como combustible, con la ventaja de que es un combustible que no produce anhídrido carbónico sino que produce agua cuando se quema.

Claro, y en el área de la investigación científica trabajó durante muchos años en el laboratorio de la Universidad Simón Bolívar. Usted sigue activo investigando, forma parte de una comunidad científica internacional que, claro, hoy en día con el internet y las redes, como nos comunicamos, debe ser mucho más sencillo que hace muchos años cuando se mandaban cartas, ¿no? Bueno, sí, hoy en día trabajamos, por ejemplo, antes uno mandaba un artículo, porque al final el resultado de una investigación se traduce en un artículo que se publica. Entonces uno lo mandaba, al cabo de tres o cuatro meses uno recibía la respuesta de los árbitros, o más, incluso seis meses, y luego, bueno, así es como funciona, en general, las investigaciones académicas funcionan a través de la revisión del conocimiento por expertos y por pares, que nosotros llamamos.

Y entonces de esa manera se va no solamente mejorando el conocimiento, sino que se va reduciendo también el volumen, a lo mejor, del conocimiento innecesario. Porque a veces a mí me ha pasado que yo he mandado un artículo a una revista y me dicen: "Miren, pero eso que usted está mandando ya es algo hecho, algo que yo no sabía porque no había leído que alguien lo había...". No, todo es simplemente eso: pues no sirve para nada, no sirve porque ya fue hecho. Entonces, bueno, en fin, todo ese proceso se aceleró. Ya uno no tiene que esperar esos seis meses a los árbitros para luego uno contestar y seis meses más tarde entonces que le vuelvan a decir: "Bueno, está muy bien lo que usted hizo pero ahora tienen que hacer esto también", etcétera, que son varias vueltas, digamos, hasta que un conocimiento científico salga publicado, sino que eso ahora ocurre en cuestión de días o semanas, precisamente por internet, incluso el trabajo colaborativo.

Yo en este momento estoy escribiendo un artículo con una investigadora inglesa de una universidad inglesa y con un investigador español que trabajó en Bélgica. ¿Y usted, Caracas? Y yo, Caracas. Entonces, bueno, tenemos esa comunicación prácticamente diaria donde nosotros vamos avanzando el trabajo que vamos haciendo y estoy colaborando con colegas míos y estudiantes míos que ahora están en Argentina, en Tailandia, en Estados Unidos, en fin, en España, en Francia y en Inglaterra. Se han ido por razones que conocemos de esa migración de talentos, que en algún momento fuimos un polo de atracción en Venezuela y que en este momento somos lo contrario, pues estamos expulsando de alguna manera nuestro talento, y colaboramos por internet.

Bueno, y por otra parte, entrando ya en el mundo de la gerencia académica, donde usted ha tenido una actuación destacadísima, muy pocos venezolanos han sido rectores de dos universidades, los cuatro años que usted fue rector de la Simón Bolívar, más los cuatro años de vicerrector administrativo, los años que fue jefe de departamento, o sea, hizo una carrera completa, más los 10 años de rector de la Universidad Metropolitana. De modo que reflexiones suyas sobre la educación superior en Venezuela son obviamente muy importantes, usted es una de las voces más autorizadas en esta materia.

Y, claro, le ha tocado una época muy difícil porque hemos visto el deterioro de la educación pública venezolana y, en particular, de la educación universitaria, ¿no? Sí, no estamos pasando por el mejor momento de la educación universitaria en Venezuela y pienso que realmente el ejercicio lo tenemos que hacer, el esfuerzo que tenemos que hacer es no solamente exigirle a los gobiernos que atiendan los temas universitarios, porque este no es un tema solamente de los gobiernos, ni es un tema solamente de las universidades, tampoco es un tema solo de la sociedad. Claro, nosotros necesitamos crear conciencia en Venezuela de que la riqueza no está en el subsuelo para que nosotros simplemente la saquemos y sin que haya talento ni esfuerzo podamos vivir de algo que está ahí dado.

Y entonces lo que hay que hacer es repartir esa riqueza. Entonces ese es un elemento del que tenemos que darnos cuenta, pero eso no es problema solamente del Estado, sino también las empresas venezolanas tienen que empezar a tomar en cuenta. Realmente nosotros no podemos ser ni monoproductores de petróleo, ni monoproductores de café y monoproductores de cacao. O sea, nosotros tenemos que tener una economía que logremos desarrollar sobre la base del talento de las personas. Eso significa que el valor que nosotros le agregamos a nuestros productos y a nuestros servicios sean valores que sean competitivos a nivel internacional. Y eso es lo que han hecho los países que han logrado desarrollarse, empezando por Singapur y Corea.

Por esos países, digamos, que son icónicos, o por China, porque era un país bastante, digamos, económicamente y socialmente atrasado en los años 60-70 del siglo pasado y que en este momento está compitiendo por el liderazgo mundial con la primera potencia de Estados Unidos. En estos momentos China ya consume, produce más CO2 hacia la atmósfera que los Estados Unidos, lamentablemente, y el producto interno bruto completo, digamos, de China está superando al de los Estados, muy cerca ya de superarlos. Y eso lo ha hecho precisamente sobre la base de incorporar innovaciones, de incorporar tecnología y convertirse en líder de conocimiento en una cantidad de campos, muchos de esos los que venimos hablando en campos energéticos, en campos de transición energética y movilidad o vehículos, etcétera. En la próxima parte del programa, Dr. Scharifker, indagaremos en qué áreas Venezuela pudiera, desde el punto de vista de la educación superior, avanzar, tener aportes tanto científicos como tecnológicos.

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Vamos a la última parte de esta gratísima conversación con el doctor Benjamín Scharifker y le dejábamos abierta esa pregunta en las partes anteriores del programa: ¿dónde Venezuela tiene oportunidades en el área científica y tecnológica en el caso de que podamos recuperar la investigación en las universidades públicas y privadas, dónde pudiéramos avanzar? Fíjate. Para responder esa pregunta voy a hacer un poquito un recuento de lo que ha sido mi trayectoria de investigación y experiencia. Mi motivación para hacer ciencia es porque yo quiero entender el mundo. Muy bien.

Mi motivación no es resolver problemas específicos, eso puede ser motivación para un ingeniero, para un médico, en fin, para muchos otros. Pero para un químico, que lo que le interesa es entender el mundo, mi motivación es entender el mundo, pero para yo poder hacer esa investigación, para entender el mundo, necesito recursos. Y para procurar esos recursos, como el Estado no tiene capacidad de dármelo, como la universidad en la cual yo trabajo tampoco va a tener capacidad de dármelo, me tengo que acercar a los productores, las empresas, y entusiasmar a las empresas en problemas que me puedan servir a mí también para entender el mundo, que es mi objetivo, y resolverles problemas a ellos. Entonces, en varios momentos durante mi carrera, bueno, me voy a acercar a Petróleos de Venezuela, donde primero yo quería resolver los problemas de ellos, después me convencí que eran ellos los que yo tenía que escuchar cuáles eran los problemas que ellos estaban planteando y ver dónde yo podía contribuir, entonces les planteaba cosas en donde yo podía contribuir y esas cosas me iban permitiendo entender mejor la naturaleza al tiempo que les iba resolviendo los problemas a ellos.

Luego, con empresas incluso petroleras, pero había en una época en Venezuela no solamente PDVSA sino otras empresas transnacionales, también hemos tenido proyectos con ellos, con PDVSA estuvimos, por ejemplo, en conversión de gas natural, ahí pudimos hacer unos estudios interesantes que me acercaron al campo de los polímeros conductores, porque estábamos buscando catalizadores para convertir el metano, que es el componente fundamental del gas natural, en cosas de mayor valor. Y entonces conseguimos esos catalizadores con polímeros conductores, que eran unos materiales que estaban surgiendo en ese momento, y donde nos permitió hacer estudios fundamentales sobre estos polímeros conductores para poder hacer esos catalizadores.

Luego, con otra empresa transnacional, no voy a mencionar el nombre, ellos estaban interesados en valorizar el coque. El coque es un residuo que queda de la refinación, va quedando muy pesado, es un sólido que tiene muy poco valor, pero hay una gran cantidad de vanadio y de níquel metidos en ese coque que hay que sacarlos para poder entonces utilizar el coque. Entonces, junto con una profesora en la Universidad Simón Bolívar, que descubrió una manera de cómo extraer ese vanadio y ese níquel, pero luego ese vanadio y ese níquel había que cristalizarlos, entonces hicimos. Entonces también ese estudio, digamos, donde, bueno, aprovechando mis intereses en la cristalización pudimos entonces avanzar.

Y luego, por ejemplo, ya en épocas más recientes, uno de nuestros colegas, que hoy parte de la diáspora, se fue a los Estados Unidos, trabajando en una empresa de agua de EE. UU., estaban interesados en purificar el agua y quitarle los fosfatos y nitratos que tenía el agua, que son contaminantes, y entonces contribuimos con el desarrollo de una nueva tecnología que está patentada para esta extracción de esos componentes del agua. Entonces, lo que quiero decir es que si uno tiene la libertad para buscar, yo como químico entender la naturaleza desde el punto de vista químico, pero el filósofo y el matemático sus cuestiones matemáticas, entonces es que nosotros podemos ejercer esa libertad buscando financiamiento de los sectores privados que estén interesados en desarrollar tecnologías y desarrollar conocimientos; entonces funciona mejor la empresa y funciona mejor la universidad.

Entonces yo pienso que eso es parte importantísima de lo que tenemos que hacer en Venezuela, de conseguir estos vínculos productivos entre el sector académico y el sector productivo. Pero para eso necesitamos una sociedad que se convenza, y un poco lo que conversábamos en el segmento anterior, de que la única manera de tener desarrollo sostenible en el momento actual es a través del conocimiento o el talento de las personas, no a través de la explotación de los recursos naturales ni solamente la producción primaria, digamos, agrícola y pecuaria, sino también tenemos que tener transformaciones y servicios que aprovechen las capacidades de las personas, es la única forma.

Claro, y ese ejemplo del coque es utilizar un desecho prácticamente, menos que una materia prima, y convertirla en valor. De eso se trata, ciertamente: pasar a mantener el sector primario de la economía, pero también profundizar en otros sectores. Y claro, Venezuela es un país petrolero y hay un campo muy grande, ¿no? Eso no es un país petrolero, pero el petróleo como fuente importante de energía en el mundo tiene su día contado, o sea, digamos, ya la Unión Europea pasó decisiones, lo mismo que China, de que para el año 2035, que está a la vuelta de la esquina, ya no van a producir carros, vehículos de combustión interna, gasolina o diésel, sino que van a tener que ser vehículos que no emitan este CO2.

Pero, digamos, con respecto a las universidades, que era un poco la pregunta que hacía, yo creo que nosotros tenemos que prestarle especial atención a la calidad de nuestros profesores y nuestros estudiantes, ese es el tema. En la medida que nosotros tengamos buenos profesores y buenos estudiantes, nosotros podremos hacer las contribuciones para que la sociedad espera de las universidades. Que no es simplemente también que podamos ejercer profesiones de una manera idónea, ser buenos abogados o ser buenos médicos, ser buenos psicólogos, cubrir todas esas a través del ejercicio profesional que no involucran necesariamente nuevos inventos, pero es que sin nuevos inventos no vamos a desarrollar la sociedad venezolana. Entonces tenemos que tener los buenos profesores y los buenos estudiantes que no solamente ejerzan muy bien sus profesiones sino también sean actores en el desarrollo.

Claro... en el mundo en el cual estamos viviendo, cuando digo al mundo globalizado de los mercados locales, yo creo que no queda, digamos, alternativa, a pesar. No nos gusta, no es una cuestión de ideología. Es así. Ese mundo globalizado es así y no hay otra vuelta.

Bien, Dr. Scharifker, quizás nos resta preguntarle por la dinámica de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, que usted fue presidente también en algunos, son períodos de dos años. ¿Qué tal ha sido esa experiencia allí con los colegas? Ha sido muy buena y ha habido mucho desarrollo de la academia, en particular la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, en los últimos años, diría en las últimas par de décadas, por ejemplo el número de mujeres. Ah, sí, la doctora Yoconda Cunto de San Blas creo que fue la primera, fue la primera que entró.

Llegó a ser presidente, pero bueno, ahora está cundido de mujeres, lo cual es muy bueno. ¿Van a pasar a ser ustedes minoría? Ahora, exactamente. ¿Ahora los varones somos minorías o vamos a hacerlo, pues, muy pronto?

Lo cual está muy bien, porque si uno se pone a ver en la distribución por género de quienes hacen ciencias en Venezuela, uno consigue que hay mucho más mujeres que hombres. Sí, sí, en las universidades más mujeres estudiando que hombres en las universidades y se están graduando más mujeres que hombres. Entonces, bueno, yo creo que el hecho de que hayan ingresado un número importante de mujeres a la Academia era un cambio necesario y que denota las nuevas realidades de las cuales no somos ajenos en Venezuela.

Usted tiene 69 años, le quedan muchos años de productividad, ¿cómo se ve en esos años que vienen? ¿Sí va a continuar con la investigación científica? Yo no creo que sea posible que usted abandone la reflexión sobre la educación venezolana porque eso es una pasión suya también. ¿Cómo se mira en estos años? En este momento me estoy dedicando mucho a la química y las ciencias, pero digamos el hacerlo experimentalmente me está resultando muy difícil por las condiciones muy precarias en las que están los laboratorios de investigación en las universidades venezolanas. Yo tengo la expectativa de que podamos mejorar esa situación no necesariamente con financiamiento público sino a través de mejores relaciones, como hablábamos, que existan condiciones que permitan y que propicien que la empresa venezolana se convierta en un líder importante de innovación y desarrollo, promuevan el trabajo tanto de profesores como estudiantes en el trabajo científico.

Pero también estoy bastante involucrado en temas, no solamente las políticas universitarias que tenemos que resolver, sino en general el tema venezolano. Estoy bastante involucrado en no solamente reflexiones sino acciones que tenemos que acometer para que nosotros podamos tener una dinámica en Venezuela que nos permita progresar social, política y económicamente. Y una de esas cosas fundamentales es que haya alternabilidad democrática en Venezuela. Mientras no tengamos un sistema, en mi opinión, pluripartidista, o sea, si nosotros tendemos hacia el monopartidismo como ya ha tenido, por ejemplo, Nicaragua, que prácticamente es una, en fin, una república, o cómo la llamemos, un país monopartidista como lo es Cuba, como ha sido durante mucho tiempo Cuba, y hacia lo que se está dirigiendo Venezuela, bueno, pues yo pienso que las posibilidades de que nosotros podamos conquistar mejores niveles de bienestar en Venezuela y de felicidad para las personas se van alejando.

Entonces, en eso estamos trabajando. Bueno, muchísimas gracias, hablaba el doctor Benjamín Scharifker, un eminente científico venezolano con una carrera en el área de la educación superior más que sobresaliente. Muchísimas gracias por la entrevista, Dr. Scharifker. Muchísimas gracias. Un privilegio estar en tu programa. Gracias.

Muchas gracias. Despedimos nuestro programa Venezolanos, en esta serie titulada Los del Podio. Recordemos que este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela y Turrisa, Inmaculadas, Sebastiano, Carlos Javier Virgüez, Juan Juárez, Fernando Camacho y Giancarlos Caravaggio, quien está aquí en la dirección técnica.

Nos pueden seguir en la transmisión en vivo, en la página MundoUR.com. Y además nos pueden seguir en arroba mundourweb, arroba RadioEscuelaUR y arroba RafaelArraiz en Twitter. Recuerden que Venezolanos ya está disponible en el canal de YouTube de Unión Radio Cultural. Hasta nuestro próximo encuentro.

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