Serie Los del Podio
13 de abril de 2024

Serie Los del podio III. Ivanova Decán Gambús. Cap 4.

Serie Los del podio III. Ivanova Decán Gambús. Cap 4.

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Recuerda que nos puede seguir en arroba Mundo UR Web y arroba Radio Escuela UR. Estamos en Venezolanos, en nuestra serie Los del Podio, tercera temporada, y hoy tenemos el placer, el gusto de conversar con Ivanova Decán Gambús. Bienvenida, Ivanova. Muchísimas gracias Rafael, el gusto es mío.

Bueno, Ivanova, como tú has visto estas conversaciones, vamos a hacer un recorrido a lo largo de tu vida en las distintas facetas que ha tenido. Lo primero, ¿cómo es esa casa a la que tú llegas? Bueno, yo llego el 7 de octubre de 1954 a una casa de un matrimonio recién casado y apenas tenía un año de casados; habían alquilado un apartamento en la avenida María Teresa Toro.

¿Eso es en Santa Mónica? Eso queda de Los Próceres, en paralelo a la avenida Victoria, y el edificio se llamaba Campania, de tres pisos o cuatro pisos, y ahí vivían papá y mamá, recién casados. Yo nací en la Policlínica Caracas y bueno, siempre muy rodeada de mis abuelos.

¿Tus abuelas maternas o paternas? Mis dos abuelas, mi tía abuela paterna y mi abuela materna. Mi abuela paterna siempre, la familia siempre tenía una presencia muy importante en la cotidianidad de todos nosotros, ¿no? Y esa época el doctor Decán ya narraba carreras, ya había comenzado a narrar, estaba estudiando en el Pedagógico, Filosofía y Letras; mamá era maestra graduada de San José de Tarbes.

Y trabajaba como maestra, y papá estudiaba y trabajaba en una emisora de radio, Radio Cultura creo que fue donde comenzó. ¿Y en 1954 narraba las carreras desde el hipódromo del Paraíso? ¿El Paraíso?

Él creo que en El Paraíso fue poco porque él trabajaba desde la emisora, no iba hasta el... Él empezó a ir al hipódromo como tal cuando es en La Rinconada, ¿cuándo va? El año 59. Pues cuando van las bolas continentales, claro, y muy pronto llegan a esa casa tus dos hermanos, Igor y Vladimir.

Ellos no, porque no vivimos mucho tiempo allí. Ok, mi papá... nos mudamos un tiempo a La California, rápidamente un tiempo en El Cafetal, y luego mis papás compraron una casa en Cumbres de Curumo. Entonces bueno, los muchachos no estuvieron en ese apartamento, solamente yo. Ok, ¿ellos se incorporan ya en Cumbres de Curumo? Sí. No, ellos se incorporan ya en La California y en El Cafetal. El Cafetal es la primera casa que mi papá compra.

Ok. ¿Iban juntos al colegio los tres hermanos Decán? Al principio sí, íbamos al Colegio La California porque nos quedaba cerca. Pero cuando yo terminé el sexto grado de inmediato entré en el Instituto Escuela en Prados del Este y los muchachos iban conmigo e iban a Prados del Este.

Bueno, esa institución pedagógica fue muy importante, ahí se formaron muchísimos venezolanos, la regentaba el profesor Anselmo Alvarado Dorato. Exacto, y tenía una particularidad interesante para los jóvenes de aquella época que era una educación laica, no había demasiada oferta de educación laica. ¿Tus padres preferían eso? Mi padre sí, pero mi madre no, porque mi madre además fue educada por las monjas travesianas, ok.

Pero mi padre me acompañaba en esto de no estudiar con monjas porque a mí nunca me gustó ese tipo de educación y siempre preferí la educación laica. Y además el colegio era mixto, podían estar tus otros dos hermanos, los muchachos, y bueno, tan es así que cuando yo termino del colegio he decidido irme a estudiar. Le pido a mi papá que me mande a estudiar fuera y él aceptó. Estudiar idiomas. Yo le insistí en que yo quería un colegio laico. Ok, ¿tú te estás graduando de bachiller?

De acuerdo con mis cálculos, en el año 72, por allí, por ahí exactamente. Y entonces le dices a tu papá: yo quiero irme a estudiar idiomas. ¿A dónde te vas? Y yo le digo: yo quiero ir a Suiza. Ok. A un internado de señoritas, donde tenía dos opciones: la escuela de lenguas propiamente dicha, que incluía historias, geografías, literatura y otras materias más, o la escuela que ellos llaman École Ménagère, que tiene que ver con aprender a coser, a cocinar, etcétera.

Yo obviamente me decanté por la École de Noga, estuve dos años en el colegio, luego le pedí al papá que me extendiera un poco ese tiempo allí y entré en la universidad de Lausana. Ok, ¿y el colegio quedaba en Lausana también? En Lausana, sí. ¿Y en qué te inscribiste en Lausana?

En Lausana me inscribí en traducción y literatura, entonces hice unos cursos de verano y estuve, bueno, que eran más largos, estuve allí cuatro o cinco meses más. Bueno, en Suiza se hablan tres lenguas, ¿no? Italiano, alemán, francés, y el romanche también que llaman. Bueno, yo aprendí, ya he hablado algo de inglés; lo que hice fue perfeccionar el inglés también. Luego me fui a Cambridge, ok, en Inglaterra, y aprendí francés fundamentalmente, italiano también hice.

Y bueno, una vez que entras en la universidad de Lausana te vas a Cambridge inmediatamente, no regreso porque tenía además mucha presión de mi mamá, sobre todo, que no quería que estuviera tanto tiempo fuera. De hecho, a ella no le gustó mucho la idea de que yo quisiera irme a Europa, pero a mí, Rafael, se me metió en la cabeza que yo tenía que estudiar, que quería estudiar idiomas y quería estudiarlos en Suiza. Muy bien, y bueno, y como afortunadamente papá me lo podía hacer, de hecho mamá dijo en algún momento: ¿por qué no te vas a Barbados?

Que quedas cerca, y yo le dije: bueno, papá, si tú... Yo le respondí: papá, si hay problemas para que yo no pueda ir a Suiza por un problema de finanzas, mejor, aquí no hay ningún problema de ese orden. Y si tú te quieres ir a Suiza, tú te irás ahora a Suiza, y a Suiza me fui.

Qué bien. Bueno, terminas en Suiza, regresas a Venezuela, ¿pasas cuánto tiempo aquí antes de irte de nuevo? Bueno, no pasé tiempo porque yo regreso, yo tenía un novio, entonces era como casi que inminente que me tenía que casar. Pero como yo siempre estuve muy clara que quería entrar a la universidad, me inscribí en Ciencias Políticas. Tengo seis semestres aprobados de Ciencias Políticas...

¿En la Universidad Central de Venezuela? Sí, en la Universidad Central de Venezuela. Y eso lo combinaba junto con la relación con este joven que era ingeniero de petróleo. Ya estaba por graduarse y pretendía casarse conmigo para irme a vivir a Anaco. Ah, caramba, no era algo que a mí me interesaba particularmente. Se está riendo y bueno...

Bueno, el Anaco de mucha nieve es comprensible, ¿no? Sí, es comprensible. Y además yo siempre tuve muy claro, Rafael, que yo quería hacer carrera, así como tuve claro, por ejemplo, que no quería tener hijos.

Esa fue una decisión de vida que yo tuve. Mi vida, digamos que la planifiqué. Yo pensé en la vida que quería y sabía que quería una vida en la cual yo tuviera una profesión autónoma. Muy bien, pero cuéntanos cómo quedó suspendido Anaco, ¿qué hiciste? ¿A dónde te fuiste?

Bueno, yo fui a visitar Anaco. Cuando yo llegué allí, me dijeron que eso era muy divertido, que jugaban dominó, cartas, hacían parrillas los domingos y que a veces aparecían culebras en la casa. Yo pensé, yo me imaginé con cinco muchachos metida ya jugando cartas, esto no soy yo. Además, ya había abrevado en esa Europa, que yo prácticamente era como una esponja, no solamente estudiaba sino que iba a todas las actividades culturales que se proponían, ballet, teatro y culturales, leía.

En fin, así todo; entonces la cultura estaba allí. Para mí siempre fue algo que me llamó la atención. ¿No viviste en Anaco? No, me negué rotundamente a irme a Anaco y te quedaste en Caracas.

Me quedé en Caracas y al poco tiempo me divorcié. ¿Y entonces es cuando te vas a Cambridge? Me voy a Cambridge por un tiempo y estudio inglés. Y también había hecho un viaje recién separada con mis padres y ahí conozco, ahora, ahí estaba con nosotros, el embajador Jorge Daer Daher. Sí, y me dice: Ivanova, pero ¿tú qué quieres hacer?

Le digo: bueno, quiero cambiarme de Ciencias Políticas y quiero trabajar, y él me propone que trabaje en el CONAC. Ok, yo trabajaba de día y estudiaba de noche. Ok, ok, ok, entonces... ¿Y trabajabas con él?

Él era director general. El presidente era Luis García Morales. Ah, claro, se acababa de crear el CONAC, esto ha debido de ser el año 76-77. Sí, yo entré en el año 78. Ok, yo entré allí, empecé como jefa asistente de protocolo, pero a los tres meses me nombraron jefe de Relaciones Institucionales. Ok, y bueno, para mí fue un aprendizaje increíble y trabajaba y cambié de Ciencias Políticas porque me di cuenta de que no era lo mío y me inscribí en la Escuela de Arte. Bueno... En la próxima parte del programa nos vas a contar cómo fue tu experiencia en la Escuela de Arte y cómo se va perfilando la gerente cultural. Ya regresamos.

Oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para algunas sugerencias sobre este espacio. Estamos conversando con Ivanova de Cangambús, la presidenta de la Academia Venezolana de Gastronomía. Pero todavía no vamos a llegar allí. Vamos a retrotraernos a tu trabajo en el CONAC, donde estás de jefa de Relaciones Institucionales y estás estudiando ahora en la recién creada Escuela de Arte que fundó...

Sí, yo soy la segunda corte de Inocente Palacios. Inocentes Palacios, ¿cómo fue esa experiencia desde ser alumna de Chocrón, de Cabrujas y Leonardo Asparra? Yo creo que fue una experiencia que me marcó muchísimo. Como te digo, ya venía con un interés por todo lo que tenía que ver con la cultura. Yo creo que hice esa elección momentánea de Ciencias Políticas por un sarampión que me dio en Suiza y pensé que esa podía ser una salida, pero no. Mi interés era todo lo que tenía que ver con la cultura.

Entré en el CONAC y mis profesores, uno mejor que otro, porque yo estudié con Miguel Arroyo, estudié con Bélgica Rodríguez, que luego, aunque no aceptaba alumnos para hacer tesis, fue también mi tutora de tesis. ¿Cuál fue el tema de tu tesis, Ivanova? El surrealismo en la pintura venezolana. Ah, qué bien.

Héctor Poleo, sí estaba Héctor Poleo ya. Bueno, me acuerdo mucho, pero era en la pintura latinoamericana, no solamente venezolana. Muy bien, muy bien. Bueno, además de Bélgica, fuiste alumna de Chocrón, tuve por profesor a otro hombre de teatro uruguayo, Hugo Ulive, que era un gran profesor. Iván Feo, que era mi profesor de cine, y René Rojas, Daniel Salas en música, el Dascher Rato. Yo creo que tuve lo más granado de la intelectualidad vinculada al arte en esa época.

Y luego, dentro de la carrera me decidí por artes visuales. Artes visuales, y tú te gradúas más o menos el año 83. Yo me gradué en el año 85, pero cuando estoy a punto de graduarme me ofrecen... yo me iba a ir a hacer un posgrado, pero me ofrecen la dirección del Museo Narváez, que se había creado pocos años antes.

Sí, en los finales de los setenta, de los setenta exactos. Yo creo que se construyó en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, ¿es posible? Es posible, y lo inauguraron en un gobierno de Copei y creo de Luis Herrera Campins. Y bueno, era un desafío, no era un descalabro, porque yo negocié con mi papá y le dije: mira, papá, lo que tú vas a invertir en un posgrado en París yo te pido que me dejes el chance de hacerlo en Margarita, que me ayudes, porque me pagaban muy poco, pues yo necesitaba un apoyo para poder vivir decentemente.

Entonces mi papá ayudó, me pagaba el apartamento, como les dije: eso te va a salir más económico que mandarme a Francia y yo voy a aprender también. Es una forma de hacer posgrados, es una forma de estudiar, de aprender. Y eso fue lo que hice y fue un... ¿Cuántos años fuiste directora?

Yo fui directora del Museo Narváez de 1985 a 1990. Cinco años viviendo en Margarita. ¿Y cómo fue eso? ¿Dónde vivías?, ¿cómo era vivir en Margarita, hiciste muchos amigos...?

Muchísimos. Primero vivía... alquilé un apartamento precioso en Pampatar, que eran de los dueños de Don Lolo y Mirau Schking. Chucho, Mirau, buen amigo, y allí vivía. Venía con cierta frecuencia a Caracas, los fines de semana, no siempre. En esa época mi papá tenía ya su avión, veníamos a La Carlota, era fácil viajar. Y yo fui muy feliz en Margarita. Yo aprendí mucho, porque no solamente eran los artistas plásticos, siempre tenían esa sensibilidad por la artesanía también y por las músicas o las fiestas patronales, que sí, las fiestas del galerón, una serie de cosas, y esa isla se me metió en mi piel desde todo punto de vista.

Y bueno, yo soy ilustre de Margarita, hija adoptiva, por el Consejo Municipal, porque de verdad fue un aprendizaje increíble. Bélgica me ayudó muchísimo desde primer momento siendo ella quien me había recomendado para el cargo. Yo pedí como condición que no dependiera del director de Cultura, a quien no conocía nada personal, era simplemente para facilitar las cosas. Y dependía directamente del gobernador Pablo Márquez, que fue mi primer jefe. Entonces hice una... ¿y te fuiste porque consideraste que bueno ya eran cinco años, se te presentaba una oportunidad de crecer también?

Sí, pero yo trabajé en el CONAC y cuando terminé en el CONAC trabajé incluso con Alvarenga. Yo también antes de eso estuve en el Canal 5, ok. En el Canal 5 porque Napoleón Bravo, con quien yo había trabajado cuando Alvarenga fue presidente, porque yo seguía en el CONAC, su mujer Ángela Zago fue mi jefe y me dicen... y Napoleón dijo: tú debieras trabajar en televisión. Ok, y me recomienda. Yo me voy y empiezo a trabajar con Manuel Fragris Alba primero, con Manuel.

Yo trabajé con Manuel. Me acuerdo que hacían unas campañas bellísimas con Corina Castro. Claro, sí. Y luego cuando Manuel se va para Benevisión, entro a trabajar con Ricardo Tirado, que es con quien se encarga del Canal 5. Entonces yo era... yo empecé a hacerle las relaciones institucionales al Canal 5 y al mismo tiempo apoyaba a Rubén Osorio Canales, que era el presidente. Y hay una anécdota muy divertida de que yo voy un día y entro a hablar con Rubén Osorio Canales, a la presidencia, y me dice: está mi papá. Y me dicen: ¿qué haces tú aquí?

Yo le digo: papá, yo trabajo aquí. Tú trabajas aquí, me estoy enterando. Bueno, que empecé la semana pasada. Mucha gente podía pensar que mi papá me había conseguido el trabajo, pero no era así, no, jamás me ha ayudado en otras cosas. Me ayudó, pero mis trabajos los conseguí yo, todos. Qué bueno. ¿Ahora esto del Canal 5 fue antes de Margarita? Antes, ok.

Pasan los cinco años de Margarita, terminas en 1990 y se presenta lo del Museo Soto de Ciudad Bolívar. No, se termina en el medio. En 1990 yo tengo tres oportunidades de trabajo. Me ofrece Napoleón Bravo, trabajé con él en un programa, y me ofrece dirigir el Museo Cruz-Diez en Caracas, que estaba en Pañales, o trabajar en el área del sector cultural en parte cultural de la Cantv.

Claro, ahí estuvo bien. Con Armando Loinaz era presidente. Un gran hípico, un gran hípico. Entonces yo acepté entrar como gerente cultural del... ¿Te recuerdo allí? Sí, hice, yo creo, se hizo un gran trabajo en el sentido de que después que se había ido Roberto Guevara fue el que le dio mayor personalidad a la gestión cultural de la empresa, y había habido un bache, pues personas que hicieron un esfuerzo, pero que no estaban formadas en el campo de la cultura, sino más bien una formación empírica si se quiere.

Entonces yo medianamente hablé con Isaac Chocrón, mi profesor, y cuando él mantenía una muy buena relación también hablé con José Antonio Breu, y creé la sede del Teatro Infantil, que no había. Y se creó el Teatro Infantil en Cantv, con Alfonso Molina creé una sala de arte y ensayo con Martourette que ya estaba allí. Eduardo, continuamos el programa de conciertos contigo, que era presidente de Monte Ávila. Hicimos un acuerdo para hacer las ferias de libros, hicimos muchas, que habíamos hecho algunas en Margarita, y entonces eso se convirtió en la sala de exposiciones.

La condicionamos de manera que debía ser como debía ser, e hicimos grandes exposiciones muy importantes, lo recuerdo. Trabajábamos y hicimos acuerdos con instituciones del interior y el exterior para decirte un ejemplo: el Salón Michelena de Valencia, nosotros los premios, 13 premios que se entregaban, los convertíamos luego en una exposición paquete y nos la traíamos a Caracas.

Y incluso nos las llevamos una vez al Museo de Santo Domingo, también la llevamos a Londres porque el agregado cultural en ese momento era el gran guitarrista Alfonso Montes. El dúo Montes Kirchner. Sí, trabajábamos y la Cantv pues podía financiar eso y era una manera también de tener una gestión muy... que cubriera más, en paralelo a la gestión cultural con los empleados, porque yo no, eso no lo dejé claro, teníamos las dos áreas.

¿Y cuando se privatiza? Yo tuve la fortuna, sí, yo tuve la fortuna de trabajar antes, durante, después. Ok, yo trabajé con Armando Loinaz, luego trabajé con mi amigo Fernando Martínez Mótola, que me apoyó muchísimo, y posteriormente con Rosen. ¿Con Gustavo Rosen? Sí, ya con Rosen trabajé poco y bueno había ahí algunos intereses de que yo no siguiera y entonces yo salgo de allí y digo que me voy a dedicar a un año sabático, a mí.

Pero ya yo estaba en varias directivas, Provita, en varias directivas, entre ellas en la directiva de la Fundación Soto. ¿En Ciudad Bolívar? Sí, pero la directiva se... yo iba y venía, y entonces se me pide, se presenta un problema en la renuncia al director y me toca. Me dice Soto: Ivanova, te necesitamos. Yo dije: bueno, déjame encargarme del Museo Soto y ahí empezó toda la aventura. ¿Qué año fue eso?

En el Museo Soto yo empecé en 1998, estuve hasta el 2004. Bueno, en la próxima parte del programa seguimos conversando con Ivanova de Cangambús, además nos va a contar por qué hay un vínculo familiar importante entre ustedes y Ciudad Bolívar, así que cuando regresemos nos relatas esa historia. Ya volvemos.

Estamos conversando con Ivanova de Cangambús y hemos llegado al año 98 cuando te vas de directora del Museo Soto de Ciudad Bolívar, un museo diseñado por Carlos Raúl Villanueva en el primer gobierno de Rafael Caldera, si mal no recuerdo. ¿Cómo fue esa experiencia, Ivanova? Bueno, fue una gran experiencia porque primero hay un vínculo afectivo con Guayana; yo iba a Ciudad Bolívar a visitar a mi familia paterna, todavía tenía allí, iba con mis padres y a mí siempre me gustó Ciudad Bolívar más que Puerto Ordaz. Todo el mundo decía que era Puerto Ordaz, pero a mí me parecía que Ciudad Bolívar tenía un encanto con ese río, una poesía y la piedra del medio, ahí estaba.

La casa de las 12 ventanas, tantas cosas que me gustaban mucho. Y yo nunca me había imaginado que podía trabajar como dirigir el Museo Soto. Yo siempre admiré particularmente a Jesús Soto y bueno, luego tuvimos una estrechísima amistad, como tú sabes. Sí.

Entonces me voy allá, iba y venía, no me residencié allá —me acababa de casar esta...— con Lorenzo Alfonso, con Lorenzo, mi tercer esposo. Por supuesto, fue un acuerdo que hice. Yo me iba los martes y regresaba los sábados. Viví en el museo porque ese museo tiene la particularidad, había un apartamento que pensó Villanueva, solicitó Jesús Soto, para que los artistas fueran, y había una habitación que era de Soto, que esa no se abría cuando a Soto le provocaba, pero había dos o tres habitaciones más. Era muy cómodo y entonces, bueno, yo me quedaba en el museo. Yo viví allí, yo estaba ahí, pasaba todo mi tiempo allí.

Antes de avanzar, Ivanova, no podemos dejar de lado a Juan Carlos Palenzuela. Mi segundo esposo, sí. ¿Estuvieron casados entre qué años? Nos casamos en el 92 y nos divorciamos casi en 93 y pico, poco tiempo.

Duramos más de novios, claro que ha pasado. Había una gran comunidad de intereses en el mundo de las artes plásticas. Absolutamente. La gente del mundo cultural decíamos que éramos la Power Couple, sí. Yo tengo una profunda admiración por Juan Carlos, siempre la tuve, pero creo que desde el punto de vista de la educación afectiva había grandes distancias e intereses distintos, y aparece Lorenzo cuando tú trabajabas en la Cantv, ¿eh? Sí, pero cuando Lorenzo aparece, mi vida ya dejó a Juan Carlos y yo Juan Carlos... Lorenzo estaba separado y yo ya estaba separada.

Ya Juan Carlos se había ido de la casa. Volvamos hacia Ciudad Bolívar, al Museo Soto, sí. El Museo Soto, bueno, era quizás fue una de las entregas más grandes desde el punto de vista profesional, porque yo estaba allí todo el tiempo y me dediqué a continuar la labor que había hecho Fredy Carreño en él y apoyarlo. Es más, le pido a Freddy Carreño que regrese como curador, no nombré mi curador de la colección creo. Yo creo que pocas personas con el conocimiento tan profundo de esa colección como era Freddy.

Hicimos un gran equipo de trabajo ahí y comenzamos también a buscar vinculaciones con la zona, que la gente se involucrara más con el museo, con programas de otro orden. Hicimos conciertos y hicimos grandes exposiciones y empezamos a prestar. Con el museo hicimos cuando se hizo la exposición de Soto en el Rue des Pans, estábamos... trabajábamos con Daniel Abadie conjuntamente. Cuando Lía Bermúdez hizo la gran exposición de Soto, de Maracaibo, trabajamos juntos. Cuando se hizo la exposición en Conde Duque, en Madrid, también trabajé con José María, que era el curador, y se hizo un gran trabajo de apoyo, porque el núcleo de esa colección es la obra de Soto. El núcleo más importante.

La obra de Soto y una colección que él donó. La colección, por supuesto, pero digamos que había obras en ese museo que eran fundamentales, sobre todo obras de las primeras etapas de la obra de Soto, cuando el cinetismo todavía no era lo que fue y comienzas a jugar con el movimiento y salirse del plano, empiezan esas formas a surgir. Esas son obras claves, de hecho una obra que se llama Armonía Transformable es una obra importantísima.

Ahorita vi cuando se hizo la exposición en el Centro Consolidado o el Antiguo Centro Consolidado, que afortunadamente hicieron una réplica porque aquella obra ya era muy frágil y no podía estar saliendo. Y eso era una cosa que los conservadores siempre decían. Logramos... nosotros teníamos la bóveda de obras, yo creo que más importante de este país en cuanto a posibilidades para el resguardo de las piezas, y partíamos del concepto de bóveda abierta. Es decir, que pudiera ser visitada por los alumnos y pudieran ver las obras que no estaban expuestas, se pudieran hacer trabajos internamente.

Trabajé con Luis Ángel... Duque? No, con Café Director, nuestro amigo que fue director de la Columi, Luis Miguel, y se hizo toda la colección. Se le hizo un programa y estaba totalmente digitalizada. Entonces se avanzó mucho. Cuando yo entregué ese museo estaba, bueno, se había hecho toda la parte de recuperación de la infraestructura física y estaba toda la colección asegurada y registrada hasta la última. Es más, encontramos obras que no habían entrado en el registro y las colocaron.

Entonces se hicieron exposiciones muy importantes. La última que me tocó hacer fue por una solicitud que hizo Farruko VI a todos los museos, que las obras debían viajar, cosa no es nada nuevo porque las obras siempre viajan. Eso es una práctica común de los museos, pero que él quería que lleváramos una exposición que no fuera de arte abstracto. Soto estuvo de acuerdo y por primera vez reveró a través del Orinoco. Decidimos una exposición con obras en la Galería de Arte Nacional, que estaba Clementina Vamonde y el curador, Fredy Carreño. Fue una exposición bellísima y... ¡qué belleza!

¿Hasta qué años tuviste en la dirección del Museo Soto? Hasta el 2004. 2004, muy bien. Y después, ¿a qué te dedicaste? Yo digo que me voy a dedicar otra vez a... no sé, alguna me decía aquí, ¿por qué no abres una galería? Pero a mí nunca esa parte de dealer me interesó sino de una manera tangencial. Bueno, y empiezo... había empezado ya a escribir sobre gastronomía, como tú sabes, claro.

Y trabajaba, escribía para Cocina y Vino. Me ofrecen una columna en El Nacional que se llama Sobre gastronomía. Entro a la academia como... ¿En qué año entraste?

En el 2006. Y entro y presento mi trabajo de incorporación. ¿Recuerdas del tema...? De las brumas de la memoria a la consistencia del almíbar, porque era tratar de... en aquel momento se estaba perdiendo mucho la tradición de los dulces.

Claro. Entonces yo hago un trabajo sobre eso que además para mí tenía mucha importancia, pues mi abuelo, mi bisabuela hacía el mejor dulce de mamón del mundo allá en Ciudad Bolívar y dulce... Imagínate eso, había una mata inmensa de mamón en esa casa, en la calle Bolívar, y ella hacía dulce de mamón y yo de niña la veía haciendo aquello con aquella paciencia. Y eso es una cosa que me quedó siempre, los dulces en almíbar. Sobre eso presenté mi trabajo de incorporación. Me incorporé en el 2010 e inmediatamente me invitaron a entrar en la directiva.

Ahora fíjate, el caso tuyo con la gastronomía es muy interesante porque tu pasión gastronómica va corriendo en paralelo con tu trabajo como gerente cultural. Claro, porque la gastronomía es una expresión cultural. Yo lo que... no. ¿Y te venías de tu casa?

Sí. Tu mamá, tus abuelas, ahí todo el mundo cocinaba, sobre todo mis abuelas. Eran buen diente además, sí. Entonces hasta que una vez que tu etapa como gerente cultural en el área de museos y en la Cantv termina y esto hace eclosión, pero de una manera natural porque lo venías cultivando desde antes. Claro, yo siempre digo que las herramientas con las que yo me aproximo a la gastronomía no son muy distintas en el sentido, cuando a ti te interesa una disciplina cultural pues bueno, mira, tú investigas, necesitas rigor, te interesa la historia y los porqués de las cosas, le das contexto, y a mí me interesa la gastronomía como disciplina cultural.

Es así como me interesa y es así como lo trabajo y es así como lo veo. Y claro, siendo yo una persona con una formación gerencial, porque en el interés hice cursos de gerencia, entré en el IESA, hice muchas cosas, era para mí natural entrar a la academia y ser algo más que una persona que va, sino darle forma a esa academia y convertirla en una institución. ¿Qué es lo que yo quiero? Vale, vamos a una pausa y venimos de última parte del programa, donde Ivanova de Cangambús nos va a hablar de estos recientes 20 años de tu vida concentrada en el tema de la gastronomía venezolana. Ya regresamos.

Para algunas sugerencias sobre este espacio, pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba RafaelArraiz. Somos Unión Radio Cultural. Estamos conversando en Los del Podio, tercera temporada de nuestro programa Venezolanos, con Ivanova de Cangambús. Ivanova, vamos a ver este recorrido dentro de la gastronomía. Entraste como miembro de la Academia Venezolana de Gastronomía, ya nos referiste el discurso de incorporación, y al poco tiempo te eligen secretaria general, 10 años de secretaria general, y después presidenta, donde tienes ya también unos buenos... bueno, sí, me eligieron en el... antes de comenzar la pandemia, 2019, no cuento mucho esos años, y ahorita me acaban de reelegir.

Primera mujer presidenta. Claro, ¿cómo ha sido esa experiencia? ¿Cómo es el tema de la gastronomía venezolana que, mira, si uno ve la película, si la echas para atrás, en los años 60 esto prácticamente no existía. En Venezuela no había estudios particulares de esto. Yo creo que empieza a surgir en los años 70, recuerdo, tú corrígeme, las columnas de José Santemilión y después apareció Benami Finran, Pedro Espinosa.

Bueno, acuérdate que en los cincuenta Ramón de León empieza a publicar aquellos artículos que luego se convertirían en la obra Geografía gastronómica de Venezuela. ¿Había interés, algún interés por el tema? Había un libro, perdón que te interrumpa, para nada, del doctor Gustavo H. Machado, que era un pediatra y que era muy amigo de otro médico, el doctor Isaac Pardo.

Isaac le prologó el libro al doctor Machado. Claro, el doctor Machado era cocinero y tenía una gran pasión, pero tenía mucha influencia francesa porque él había hecho su posgrado en París. Fíjate cómo ha ido cambiando la influencia de Francia en la gastronomía venezolana, o sea, el mundo. A ver, cuéntanos eso. Ha cambiado porque ciertamente la influencia de Francia es fundamental. Francia no solamente tiene una pasión absoluta por la cocina, los franceses la siguen teniendo. Acaba de salir el último libro de Bill Buford, que se llama La transmisión del saber, donde habla de cómo él trabajó, el mismo autor de Calor.

Claro, lo ubico, sí... Y él habla de allí y tú entiendes muchas cosas de Francia y esa relación particular con la comida, pero esa visión empieza a ser multipolar por la gran explosión que pasa en la cocina en España, que es antes de Ferran Adrià. Ya en el País Vasco empieza la Nueva Cocina Vasca. ¿Ya está Arzak? Es Arzak, la lidera junto con Berasategui.

No, el otro señor que tiene... eran tres: Roteta, Arzak y el otro viejito que siempre se me olvida su nombre, el otro señor. Y ellos viajan a Francia un poco para ver algunas cosas y tratan de, digamos, plantear una nueva cocina vasca en el sentido de que le dan una cierta sofisticación, empiezan a ver otras cosas. Y también se crea en Cataluña un movimiento de la nueva cocina catalana, ¿no?

Que empiezan varios de ellos hasta y luego llega El Bulli, llega Adrià y cambia por completo, la revolución que hace. Francia misma había tenido la revolución de la nouvelle cuisine, el Quijín, que también cambian, empiezan a cambiar cosas. Y muchos de esos, algunos de esos que estaban en la escuela de la nouvelle cuisine vienen a Venezuela e incorporan a sus platos frutas aquí...

Entonces tú te pones a ver cómo si en España y Francia hacían pato a la cereza, aquí hacen pato con parchita o mango, ¿por qué no?, porque empiezan a usar. Y empieza un interés por la gastronomía, y empiezan a escribir aquí, y España además mueve mucho todo ese caldo de la gastronomía en el mundo, y ahorita pues la influencia de Francia está, pero no tanto como antes, aunque las bases para estar en una cocina, muchas de las técnicas están allí porque fueron escogidas por todos ellos, los que hicieron, digamos, una profesionalización.

Y claro, con la globalización también se nos hizo muy frecuente la comida japonesa, tailandesa. Creo que ahí influyó mucho también en la costa oeste de los Estados Unidos, California. Claro que es donde surge la llamada cocina fusión precisamente porque es un melting pot y empiezan a llegar allí personas de todas partes y llega persona además de esa...

Y emociona mucho, Ivanova, no, vas a ver cómo a lo largo de estos años América Latina tiene la palabra. Al día de hoy el restaurante Central de Virgilio Martínez está primero en el mundo. Es uno de los primeros para el ranking de los 50 Best, pero para mí lo más importante de la gastronomía es su apertura y la comprensión que en este momento se tiene de que la gastronomía es mucho más que cocinar restaurante y restaurante. Tiene que ver con otras áreas, tiene que ver desde la producción de comidas, la pesca, la agricultura, hasta todo el proceso, y está transversalmente vinculada con nutrición, política, con sostenibilidad, porque las comidas son un arma política. Entonces eso es algo muy inter...

A mí me apasiona. Yo con frecuencia voy a congresos de cocina, de gastronomía, pero no congresos espectáculo de ver a gente cocinando, sino congresos como diálogos en el País Vasco, donde va, te encuentras Juan Villoro dando una ponencia o a El Torabat Faciolín. Gente que se acerca a la gastronomía desde otras miradas, y eso me interesa mucho. Ahorita esto es, Ivanova, tan interesante como fenómeno cultural.

En muy pocos años hemos pasado de prácticamente saber comer muy poca gente a una masificación de la idea de la gastronomía. Por ejemplo los centros comerciales, aquellas ferias de comida rápida que habían en los años ochenta, noventa o dos mil. Ahora se están transformando en espacios gourmet porque la gente quiere una comida más elaborada que la que te ofrece la comida rápida y el mercado está reaccionando favorablemente a esto. Sí, es importante que eso suceda y hay un interés por la gastronomía, hay mucho emprendimiento, pero hay algo que me preocupa.

A ver, las areperas han desaparecido y quedan muy pocas. Eso es algo que me preocupa porque no solamente son las areperas, la arepa rellena, el concepto de la arepera es venezolano, sino que además durante muchos años fueron las guardianas de los sabores patrios cuando estaban otras cocinas que manejaban todo lo que era la mesa pública. ¿Y no pudiera darse una renovación de la arepera?

Se está dando, hay gente que está trabajando en este momento en proyectos. Fíjate, Daniel Torrealba está trabajando en el Instituto Culinario de Caracas; los sábados y domingos él hace un homenaje al maíz, el maíz nuestro. Entonces se trabaja con eso y no solamente trabaja como ahí sino que trae cosas como pisillo de baba, por ejemplo, porque es llanero, eh, y trae eh cosas que normalmente la gente no come, empanadas distintas, y eso se llena desde que empezó porque la gente quiere comer arepas.

Ahora, la arepera como la conocemos, que uno salía de una fiesta en El Esmeralda y luego se iba a comer una arepa a las cinco de la mañana, hay un fenómeno que ustedes se han dado cuenta que a veces uno está en El Esmeralda en un matrimonio y la arepera viene allí y te dicen: mire, ahí vienen señores, hay tal budare, porque ponen arepas, incluso llevan perros calientes. A Rulo lo llevaron para El Esmeralda la otra vez en una boda. Esa relación entre la comida callejera y la alta cocina, o ciertos espacios que no son propios de la comida callejera pero que hablan de necesidad de acercarse a algo que nos define mucho, es la arepera. Y en el mundo está la arepera, lo que ha logrado...

Imagínate, la arepa que viaja y la arepa esa, la arepa rellena. Permíteme una pregunta difícil.

Ay, Dios mío. ¿Cuáles son las joyas de la gastronomía venezolana? En cuanto a comida, sí, no, y en cuanto a bebida también. Bueno, para mí la hallaca, la hallaca. Sin lugar a dudas, la hallaca para mí es la caraqueña, platos que cada vez se hacen menos, pero que... la olla, por ejemplo.

La olla de gallo es un plato muy importante. ¿Qué es una hallaca líquida? Fíjate, de alguna manera sí, señor. Sí, esos son platos para mí importantes, platos ya no se comen, pero a mí me tienen un afecto importante. El pastel de morrocoy, y en general todos esos cuajados de pescado y todos esos pasteles nuestros son algo maravillosos.

¿Y la dulcería? Yo soy muy amante de los dulces en almíbar. Creo que estamos haciendo grandes progresos con las tortas y con todos los productos que tienen que ver con el chocolate porque es una maravilla del cacao que tenemos, entonces se están haciendo muchas cosas en todo el país. Qué maravilla, es un momento de brillo, creo yo, de esplendor, sí lo creo, para la gastronomía.

Pero tenemos que hacer una campaña a favor de las areperas. Me sumo a la campaña, bueno, tenemos que hacerlo, así lo vamos a hacer, cuento contigo. Claro que sí, además tú eres miembro de la Academia de Gastronomía, también eso es verdad. Bueno, Ivanova, qué sabrosa conversación, gracias por haber venido. Hemos recorrido casi toda tu vida, algunos aspectos han quedado afuera, pero el tiempo en la radio lo sabes cómo es. Muchísimas gracias por venir y nosotros los invitamos a todos los oyentes a nuestro próximo encuentro.

Hemos conversado con Ivanova de Cangambús, una gerente cultural venezolana excepcional con una trayectoria muy importante, y desde hace ya varios años es la presidenta de la Academia Venezolana de Gastronomía. La primera mujer que preside esta institución, muchas gracias por venir.

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