Serie Los del Podio
25 de mayo de 2024

Serie los del podio III. Ben Amí Fihman. Cap 9.

Serie los del podio III. Ben Amí Fihman. Cap 9.

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Recuerda que nos puede seguir en arroba MundoURWeb y arroba RadioEscuelaUR. Bien, estamos en el programa Venezolanos, en esta serie Los del Podio 3, y hoy tenemos el gran gusto, el placer de recibir en el estudio a Benamí Fihman. Un venezolano con una carrera, con una vida variada, multifacética, y vamos a invitar a Ben a recorrer su vida desde su nacimiento. ¿Tú naciste aquí en Caracas?

En 1949, en La Candelaria.

En todo caso estoy registrado ahí, creo que esa es la iglesia, no en la iglesia. Nací en Centro Médico, pero me registraron en la parroquia de La Candelaria, que es la de Francisco de Miranda, y es una de las primeras plazas del Caracas colonial. De acuerdo, ¿cómo es esa familia a la que tú llegas? Ben, ¿cuándo se han establecido tus padres aquí en Venezuela? Mis padres...

Bueno, mi mamá es caraqueña. Mi papá es primo hermano de mi mamá y la visitó, vivía en Cali, Colombia. Estaba estudiando medicina en Chile y la visitó aquí en una ocasión. Me voy a corregir, creo que coincidió con ella, lo cuento en el libro Casa Mayor, en Nueva York en el año 45. Y ella se enamoró de él y eso terminó en bodas varios años después, en el año 48. ¿Tú eres el primer hijo?

El primer hijo es él, en la luna de miel pasaron al hotel Miramar de Macuto. Claro, pero digamos mi familia es una familia extensa por el lado de los Sigelboim, que mi segundo apellido comparto por mi padre y por mi madre. Llegaron de una zona convulsa del mundo hoy en día, por el puerto de Odesa a América, primero al Perú. Allá hay familia todavía descendiente del primer siglo, el que llegó al Perú debió haber sido en la época de la guerra civil rusa entre rusos blancos y el ejército rojo de Trotsky, o quizás poco antes.

Y luego se dispersaron, fueron llegando a Lima y de ahí pasaron a Colombia, pasaron algún tiempo en Guayaquil y finalmente Jaime Sigelboim, que es el fundador de la familia venezolana, llegó a través de la frontera de Colombia y se instaló en Ciudad Bolívar. Ok, ¿y los Sigelboim?

¿Y tu padre estaba dedicado al negocio textil? No, en lo absoluto. Mi abuelo en Ciudad Bolívar fabricaba, y no estoy citando ningún cuento de García Márquez, fabricaba espejos, ¿ok? Y ahí se contagió de paludismo, bueno, es una epopeya, terminó llegando a Caracas a través de Trinidad, como era en esa época frecuente. Bueno, y se estableció.

Y el siguiente rubro al que se dedicó es a la sombrerería. La sombrerería, por la cual pasaba parte del tiempo... parte del año entre París y Praga porque tú sabes que el pelo de guama se fabrica en lo que es hoy República Checa y Eslovaquia. En aquella época era la República Checoslovaca, recién creada después de la Primera Guerra Mundial. Bueno, tú llegas a esa casa, eres el primogénito, vienen tres hermanos más. ¿Y tú estudias dónde aquí en Caracas?

La escuela primaria y el bachillerato. Bueno, primero estudié... no estudié. Primero había un kindergarten frente a mi casa en La Castellana, lleno de animales y tal. Y el trauma fue pasar a San Bernardino, al colegio Morales Luces, El Cervial, que había sido fundado por mi abuelo, y ahí me inicié, por tu abuelo Jaime Sigelboim.

Y ahí me inicié en Europa porque muchos de los estudiantes eran hijos de europeos recién llegados, los padres no lo eran y hablaban el castellano de manera distinta al de mis condiscípulos que estaban recién llegando. ¿Y tú estudiaste allí? ¿Te graduaste de bachiller en el Cervial y qué hiciste en ese momento, tenías 17 años?

Sí, bueno, ¿qué hice? Inscribirme en la ilustre Universidad Central a estudiar letras, con algunos alumnos de esa época que han hecho historia o a lo mejor sí, que han dejado su impronta en la literatura y las artes. Una de ellas, por ejemplo, era Bélgica Rodríguez, que se convirtió en crítica de arte y yo conocía desde el Ateneo de Caracas. Yo me inscribí en Letras en esa oportunidad y un amigo que tenía mucha influencia sobre mí, Ariel Greener, en Filosofía, y él deslumbró a los grandes profesores de la época.

Terminaron becándolo fuera de Venezuela. En fin eso... ¿y estudiaste algunos semestres en la Escuela de Letras? Y después te fuiste...

Me fui a Nueva York. Con una especie de sueño un poco megalómano, ¿querías hacer cine? ¿Y estudiaste cine en Nueva York? Pero esa vida se frustró finalmente o afortunadamente, pero me quedé con el gusto por el espectáculo. Eso se refleja en algunos episodios posteriores.

Y en Nueva York tenemos a un muchacho de 20 años estudiando cine, que ha hecho algunos semestres en Letras, y ¿qué ocurre? En Nueva York, ¿cuántos años vives allí? Bueno, ahí estuve como unos tres años y terminé enlazando todo aquello con la Sorbona, donde regresé a las letras porque me inscribí, lo que llaman allá en Francia, Letras modernas.

Letras modernas, letras modernas en contraste con las letras clásicas, eso incluye desde la Edad Media y la literatura medieval francesa hasta el siglo XX. Y estamos hablando de los primeros años de la década de los 70, en los que París era un centro cultural de gran importancia, porque lo ha dejado de ser. Bueno, no tiene la misma magnitud que tenía entonces, ¿no?

No lo sé, puede ser, ¿no? Pero cuando uno ve el número de exposiciones en el mundo editorial, etcétera, tiene la ilusión de que eso no ha variado tanto así hoy en día. Claro, pero le han salido competencias, eso sí es verdad. El propósito de la CIA en los años 60, político, fue desplazar a París como centro cultural.

Eso no es un invento, eso está en documentos desclasificados de la CIA porque París era un imán para los intelectuales del tercer mundo y para los rebeldes norteamericanos, desde la época de la Revolución Americana. Así es, 200 años antes, y bueno, efectivamente Nueva York se erigió en centro cultural de primera importancia del mundo. Pero yo tengo a veces la ilusión como que nada más que el hecho de... en este momento en la Biblioteca Nacional había un ejemplar que perteneció a Petrarca, en una exposición de una obra de San Agustín.

Bueno, tú en París te estás codeando permanentemente con ese tipo de sorpresas. Claro, y de hecho tú coordinas, promueves, editas primera publicación, porque tú eres un hombre de medios y hablaremos de eso en la próxima parte del programa. Allí publicas una revista trimestral de literatura fantástica que se llamaba L'Oeil de Golem, correcto, L'Oeil de Golem, y la sostuviste durante un tiempo, par de años, y te vamos a tener después, cosa que nos vas a referir en la próxima parte del programa, en una mudanza curiosa de París a Bogotá.

Pero ya regresamos. Estamos conversando con Benamí Fihman, un extraordinario editor, narrador y hombre del espectáculo, y hombre de la radio y de la televisión también en Venezuela. Ya regresamos. En breve continúa Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. ¿Estás escuchando Unión Radio Cultural?

Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter, arroba RafaelArraiz. Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural.

Bueno, te tenemos de veintitantos años y tienes unos cambios bastante interesantes. De Caracas, Nueva York, Nueva París... y ahora Bogotá, que en ese entonces era ciudad bastante provinciana, ¿no? Yo no soy una persona de éxito, más bien de tropiezo, de darme golpes contra la realidad, y uno de esos episodios dramáticos fue tener que renunciar a seguir al frente de L'Oeil de Golem porque no lograba obtener todos los papeles necesarios como extranjero para continuar viviendo en París.

Y, en ese momento, me hicieron una oferta que se me presentó como un posible atajo para yo volver a París. Dejar, delegar la revista en manos del equipo que en ese entonces me rodeaba y volver por la vía diplomática a París, es decir, me ofrecieron un cargo de consejero cultural en Bogotá. ¿De la embajada de Venezuela en Colombia? Y yo lo acepté con esa idea perversa. ¿Lo viste como un camino para regresar como diplomático a París, pero no ocurrió?

No ocurrió porque, bueno, de nuevo, después de haber pasado un par de años en Bogotá, en la actividad de consejero cultural, bastante activo, me entregué como había entregado las revistas en París. Me enfermé y eso me sacó del cuerpo diplomático y de Bogotá. ¿Te fuiste a Nueva York de nuevo? Por un tratamiento médico que duró un año y que culminó con mi regreso a Venezuela, cosa que cuento en el último capítulo de Casa Mayor, el libro que acaba de salir en Venezuela, Caracas por supuesto, se puede editar en España.

Y en ese regreso a Venezuela va naciendo en ti, o probablemente había nacido antes, la pasión gastronómica. ¿Y empiezas a cultivar las crónicas gastronómicas? ¿La crítica gastronómica? No, es un error. A ver... pasión ninguna. Yo vine a Caracas porque entre las... había altas probabilidades de que la enfermedad reincidiera en mi cuerpo, este cuerpo del cual soy simple inquilino.

Titular, ¿no? Bueno, eso es titular e implica propiedad, ¿no? Bueno, tengo un contrato de arrendamiento. Bueno, yo llegué sin ningún entusiasmo puesto que entre las posibilidades ciertas estaba el que viniera a morirme. Y en parte había decidido que en lugar de seguir errante en el extranjero estuviera aquí donde me iban a enterrar.

Por supuesto no estaba 100% convencido de eso, porque si no me hubiera suicidado a lo mejor. Pero busqué... quizás no es que busque algo que hacer sino que lo que estaba a mano para mí, porque lo había hecho ya desde Nueva York, era cultivar la crónica en El Nacional, que me había abierto las puertas en el papel literario, con una entrevista a Jorge Luis Borges realizada al final de 1969.

Y en ese momento en que yo estaba más bien triste tenía una novela empezada, la cual se publicó un capítulo en la revista Escandaladas, llamada La bifurcación, la novela, proyecto de novela, La bifurcación de las faldas. Esa novela la interrumpí al llegar a Venezuela, es decir, que me quedé prácticamente en el limbo. Bueno, de hecho ya había publicado dos libros de relatos.

Mi nombre es Rufo Galó, que es tu primer libro del año 1973, y Los recursos el limbo, que es de 1981. Correcto, ese libro, el segundo, fue un espaldarazo que justificaba en parte mi presencia en Venezuela y, no me equivoco, el director era Juan Liscano, Monte Ávila Editores, la editorial donde se publicó, que es la editorial que había publicado a Cioran en Venezuela, por cierto. Sí, sí lo vimos, La Margura, y creo que era Caída en el tiempo, pero vamos a corroborarlo después. Yo perdí la inspiración, vamos a...

Muy bien. En relación a esa novela, ¿y la abandonaste? La puse en remojo, no la he retomado. No la retomé nunca. Muy bien, en ese momento Miguel Otero Silva decide crear un semanario dentro de un suplemento, dentro del periódico El Nacional, llamado Feriado, y por lo que yo tengo entendido se le ocurrió que hubiera en Feriado una crónica gastronómica.

Me fue hecha la proposición, que me pareció como una especie de burla. Es decir, yo estaba saliendo de una enfermedad muy grave, estaba esperando la muerte y me iba a proponer un espacio para elogiar uno de los vicios más deliciosos que existen, la gula. Bueno, en efecto, yo terminé poniéndole a esa columna Los cuadernos de la gula, y respondí que yo iba a hacerlo durante tres semanas para probar, mientras conseguían a alguien para reemplazarme.

¿Pero pasaste siete años allí? Justamente uno es el tipo de errores que uno no debe nunca cometer: dejarse tentar en contra de lo que uno siente por una oportunidad, porque eso es lo que fue, una grandísima oportunidad, que vino a sustituir perversamente el compromiso que yo tenía con la novela. Y yo llegué a escribir esa crónica semanal como si fuera un folletón, una novela por entregas.

Semana a semana y en efecto esas crónicas que nadie se debe tomar en serio, creo que las escribí siempre con malicia. Esa crónica tenía un tinte narrativo fundamental, yo creo que eso agarró al público. ¿Y qué es lo que pasó? Que al poco tiempo un día me dirijo a un restaurante, que había yo comentado ese mismo domingo, y me encuentro en el restaurante repleto.

Un restaurante nuevo, entre los comensales estaba un ex candidato a la presidencia, Amado Teodoro Petkoff, y eso me impactó mucho. Me di cuenta que la gente me leía, luego eso se corroboró en el periódico, esa fue una columna con mayor éxito de Feriado, y esto me encandiló. Eso es algo parecido a lo que le ocurrió, salvando la distancia, a Javier Cercas, cosa que él confiesa y reseña después de publicar su primer éxito en un libro, una narración que se llama La velocidad de la luz.

Y es la narración de esa especie de secuestro que el éxito público ejecuta sobre el autor de una novela, de una película. Bueno, pero ese encandilamiento te llevó a fundar la revista Exceso, que fue Premio Nacional del Periodismo y se convirtió en una escuela de periodismo en Venezuela. Nos quedan muy pocos segundos de esta segunda parte del programa, pero dejo el tema para que lo retomemos en la tercera parte.

¿Por qué fundaste Exceso? Que estaba en la cresta de la ola, esa de las que vienes hablando, querías hacer un periodismo mensual de investigación... Bueno, justamente cuando yo me interrogué, me hice la pregunta: acepto o no acepto una columna de gastronomía. Consulté con varias personas, entre ellas Cioran, que me dijo dele, y me citó la existencia de un gran cronista que fundó la crítica gastronómica llamado Grimod de la Reynière.

Y me citó una frase genial de Grimod para estimularme. Él sabía que yo venía desde la enfermedad y en lugar de decirme no, ni se le ocurra, eso es un escándalo para un escritor o intelectual, cómo se va a dedicar a eso. No me estimuló, pero ante otras personas muy cercanas yo tuve que defenderme o defender la decisión, les dije: mira, yo voy a probar porque me voy a probar de cerca lo que es el periodismo, es decir, yo tenía de alguna manera, había publicado ya la revista en París.

¿Pero no habías hecho periodismo como tal? Exactamente, pero yo creo que ya la crónica gastronómica durante siete años me permitió asomarme a ese mundo, su fragor. Estamos conversando con Benamí Fihman, en Los del Podio, tercera temporada, en nuestro programa Venezolanos. Vamos a una pausa y ya regresamos.

Estamos conversando con el escritor y editor venezolano Benamí Fihman. Antes de entrar en Exceso no quiero que se me quede un cabo suelto, que es La Guacharaca y tu incursión como promotor en el mundo del espectáculo, lo que hoy en día llaman el stand up comedy. ¿Tú fuiste un precursor de ese mundo aquí en Caracas? Sí, pero es lo mismo por azar. En realidad la crónica semanal no me ocupaba todo el tiempo libre, puesto que yo había llegado a Caracas sin ocupación, sin empleo.

Rechacé una oferta en el papel literario por razones diversas y se me ocurrió montar un grupo de espectáculos de variedades. Sin saber muy bien lo que tenía en mente, se me ocurrió proponerle bajo la denominación de Café Concert a Tania Sarabia que ayudara a montar un grupo de Café Concert. ¿Y quiénes estuvieron allí?

Es lo que te iba a contar. Bueno, el hecho de que yo tuviera éxito en la prensa hacía factible el hecho de que alguna gente se asociara conmigo para esa aventura y entonces te puedo relatar en detalle o sin demasiado detalle, como tú quieras, el periplo que hicimos, Tania Sarabia y yo, para reclutar el primer equipo. Y es que algunos de esos actores trabajaban no de planta sino a destajos, como Luis Rivas, se había hecho famoso con Pérez Jiménez en una telenovela de Cabrujas.

Estaba por ejemplo desempleado y yo recuerdo, Tania que lo conocía muy bien me dijo: vamos a ir a ver a Luis Rivas, hablarle de este asunto. Él está de cajero en La Graciela, era una trattoria que quedaba detrás de la Plaza Venezuela, y me acuerdo como si fuera hoy. Yo no conocí a Luis Rivas, no había estado en Venezuela en las épocas en que había brillado en la televisión, pero Tania me dijo es un muy buen actor y muy buen imitador.

¿Y después se sumaron Claudio? Claro, pero estoy empezando por el primero. Primero que mordió el anzuelo fue Luis Rivas porque eso representaba, en principio, una entrada. Muy bien, claro, era una aventura porque todavía no había ningún contrato, de eso me ocupé yo después. Y bueno, acto seguido se le ocurrió a ella, con esa emoción que la caracteriza, acababa de ver a Claudio Nazoa en no sé qué cosa, pero en un espectáculo de poca importancia.

A lo mejor una cosa para niños, en el que él aparecía con un compañero Rodríguez, llamado El Enano. Ah, claro, qué actor de las películas, Alfredo Anzola, apodado El Enano. Me dice: acabo de verlo y tienen un número de una danza del vientre que era una marioneta, ya no recuerdo si era Claudio o El Enano quien la manipulaba, pero era muy vistoso ese espectáculo.

Y entonces fuimos a ver, o vino él a vernos en el mismo La Graciela, ya eso sí no te lo puedo precisar, y le esbozamos el asunto. Pero también Claudio estaba, como dicen, pelando. En ese momento estaba haciendo este tipo de pequeños shows, claro. Y una de las cosas más extraordinarias, voy a adelantarme, es que eso terminó siendo La Guacharaca, pero en el interín cada número porque ahí estuvo Fredy Galavís... ¿Cayito Aponte?

No, no en el grupo original. No, pero en La Guacharaca sí. Sí, claro, él fundó conmigo La Guacharaca, no Cayito, por eso la historia es complicada. Cayito reemplazó a Luis Rivas en una ocasión que estaba enfermo Luis Rivas en el restaurante El Parque y fue ahí donde se encendió la mecha de la futura Guacharaca. ¿Pero el restaurante El Parque quedaba en el Parque Central, era el corazón del Parque Central? Justamente.

Bueno, quiero contar cómo de un número que era simplemente mostrar una marioneta que hacía una danza del vientre, Claudio Nazoa empezó a desarrollar un monólogo que llegó a ser muy popular, no solo en esos inicios en los distintos restaurantes donde nos presentábamos. Yo iba de productor, pero los demás se presentaban, yo veía la cosa desde afuera, un monólogo sobre lo que era ser hijo del comunista. Claro, en el recuerdo ese monólogo, y fue muy popular después en La Guacharaca. Volvamos a Exceso.

Ahí se formaron grandes periodistas venezolanos, sus primeras crónicas, estoy pensando en Fayad Naménz y Ewald Scharfenberg, en Milagros Socorro o Hugo Prieto. Es realmente una escuela de periodismo lo que tú prácticamente lograste allí involuntariamente. Bueno, porque como tú has dicho siempre estás fracasando, pero en este caso fracasabas con un gran éxito porque la revista era esperadísima en el mundo político, en todos los sectores del país.

Hubo mucho impacto, muchísimo impacto. Me decidí, muy merecido, tanto impacto tuvo que decidiste también crear Cocina y Vino, que le daba alimento a eso que había ido creciendo en ti, que era el interés para no decir la pasión. El interés por la gastronomía, y Cocina y Vino como revista gastronómica en Venezuela yo creo que no ha tenido comparación también, ¿no?

Bueno, no sé, fue un éxito editorial por lo menos, sin duda. Y quizás influyeron los contactos que yo hice en mi vida anterior, que me permitieron abordar agentes de mucha importancia a nivel internacional. En mi vida anterior, que incluye por supuesto a los Cuadernos de la Gula, porque por ejemplo yo conocí a Joël Robuchon, que fue portada del primer número de Cocina y Vino, a raíz de una crónica que yo le dediqué.

Y años después, al reconocer que yo nunca había exigido nada a cambio y que él estaba él mismo apostando su futuro en el primer restaurante que obtuvo las tres estrellas dirigidos por él, Cocina y Vino a Venezuela a cocinar en el aniversario de los diez años de fundación. Y además organizamos en esa época, no recuerdo cómo se llamaba, una especie de festival gastronómico o de exposición, un salón. El Salón Internacional de Gastronomía, pero todo eso formaba parte del conjunto, en realidad la nave insignia era Exceso y la locomotora también.

Esto era combustible comercial y administrativo, es decir fortalecían, porque tenías una sola redacción o una sola sede y tenías que multiplicar las entradas. Y sobre todo equilibrar las dificultades de investigación como Exceso conlleva, no complaces a todos los anunciantes. Por supuesto hay una faceta que no se nos puede escapar de tu personalidad y es la incursión en la radio.

Yo recuerdo un programa con Alexandra Cariani, también recuerdo o al menos tengo el vago recuerdo un programa con Pablo Antillano. En Domingos Champagne, se llamaba. Exactamente, en Domingos Champagne. Con Jesse Caballero también. Y ustedes conversaban de distintos temas vinculados a la cultura, ¿no?

Así es. El siguiente que lo produjo, fíjate que Exceso desde su inicio, porque fue empezando Exceso que creamos el programa con Alexandra Cariani. Ese programa se llamaba Boulevard y en realidad eran semblanzas de grandes personajes del cine, del teatro, inclusive fuera de la farándula también, en fin. Lo que hacen las grandes revistas como New York, etcétera, pero hecho en radio y nos dio muchas satisfacciones sobre todo por la presencia de Alexandra Cariani, que tenía una evidente vocación no explotada por este medio.

El medio de la radio, y ella quedó enganchada en el mundo de la radio. Yo me retiré, ella quedó con el programa un tiempo, siempre producido por Exceso, después se independizó y continuó, no sé si hasta hoy, pero sí. Hasta hoy tiene un programa de radio y ya nació para eso, mira qué bien se reveló ahí. Bueno, ven en la próxima parte del programa que es la última, vamos a que nos refieras los últimos 20 años de tu vida cuando ya vendes Exceso, Cocina y Vino, te vas a vivir a París donde tienes ya muchos años viviendo, y retomas tu veta de escritor.

Tu veta literaria, y has estado entregando novelas, libros de crónica, de entrevistas como este Casa Mayor. Estamos conversando con Benamí Fihman. ¡Y ya regresamos! En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural.

Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre el espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter, arroba RafaelArraiz. Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos.

Somos Unión Radio Cultural. Estamos conversando con Benamí Fihman y hemos intentado recorrer su vida, una vida riquísima de muchísimas realizaciones en el mundo cultural, literario y periodístico. Hay un punto de inflexión importante, ¿ven? Y es cuando tú decides irte a París, te instalas allá y retomas tu veta de escritor.

¿Cómo fue ese proceso? Bueno, yo creo que la lucidez en mi casa la tiene mi esposa María Solpe de Schell y ella tiene una innata capacidad de vislumbrar el futuro, solo con los datos que la realidad le ofrece. Ella se dio cuenta de que el medio impreso se estaba aproximando a una suerte de abismo e hizo todo lo posible porque las revistas, la editorial Exceso, pudiera conseguir un comprador, temiendo que no tuviéramos nosotros los riñones necesarios para aguantar lo que se venía encima.

Y, puedo tocar madera, conseguimos hacerlo. No lo hice yo, o un tercero, como en esas ocasiones, eso nos liberó de tener que seguir con la batalla cotidiana de un medio con varias revistas, etcétera. Y dio la casualidad que simultáneamente yo publiqué con la Fundación para la Cultura Urbana una antología de las crónicas de gastronomía nacional llamada Boca, hay una sola, la publicamos en el año 2006.

Y publicamos otra antes, Carne y hueso, que eran semblanzas de Exceso. Bueno, era, sin yo saberlo, me estaba despidiendo tanto de Exceso como de Venezuela, no lo hice a propósito porque los contratos para esas publicaciones se hicieron mucho antes, cuando yo pensaba que yo dejaría Exceso y en esa época yo había mantenido una relación inclusive de representación de Reporteros Sin Fronteras, que es una organización no gubernamental dedicada a la protección de los periodistas en el mundo.

Yo había mantenido, como te digo, una relación desde los años 90, comienzo de los años 90, con Reporteros Sin Fronteras, y vino acá cuando el cierre de Radio Caracas. El secretario general de Reporteros Sin Fronteras se alojó inclusive en mi casa y en un desayuno, una vez que yo salí a atender mis cosas en Exceso, desayunó en la casa con mi esposa y le pregunté si yo ahora que Exceso se iba o se había ya vendido no podía aceptar quizás un puesto de una dirección de una revista que él estaba o había fundado un par de años antes, en el cual tenía conflictos con su director.

Y bueno, explícame más, le pedí yo cuando regresé a Caracas, me lo contó María Sol y terminé, una vez se vendió Exceso, aceptando la propuesta. Cosa que me permitió irme de Venezuela a Francia con una visa de trabajo, cosa que es muy difícil de obtener, y más cuando yo fui a ver al cónsul y me dijo mira, eso le puede tomar entre dos y cuatro años, y demoró un par de meses. Imagina, yo conseguí esa.

Ahora, ven, no podemos dejar de hablar antes que termine el programa, que nos quedan minutos de, en estos últimos años en Venezuela tuyos, te ocupaste mucho de la Academia Venezolana de Gastronomía, fuiste presidente, grave error, pero fuiste, ¿lo disfrutabas mucho? Sí, pero contrariamente a la costumbre venezolana, una costumbre que nos viene por lo menos del siglo XIX, yo renuncié una vez reelecto.

Es decir, en el segundo período acepté, con mucha presión de ser candidato a mi reelección, me reeligieron y yo renuncié. Renuncié por muchas razones y terminé entre otros porque ya tenía la idea de venta de la revista y que entre las posibilidades que existían era abandonar el país por un tiempo. Bueno, sí, tuve esa experiencia y no sé si lo hice bien o mal.

En todo caso instalado ya en París has estado escribiendo novelas. El Espejo Siamés es del 2007. Segunda mano es del 2019. Participaste también en un libro homenaje a Juan Liscano que coordiné yo y lo publicamos el año 2015. Y bueno, muy recientemente has publicado este libro con gran éxito en España y aquí en Venezuela acaba de salir Casa Mayor, salir en la foto con Borges, Cioran, Vallevis-Singer o Piglia.

Que recoge tu experiencia caraqueña, por cierto las novelas también son del tema caraqueño, de modo que tú estás en París pero tú sí que estás como procesando su vida a caraqueña también, ¿no? Bueno, a lo mejor son maniobras diabólicas los demonios, y más de mi sueño en la vigilia. Recuerdo lo que soñé y lo transpongo en la página en blanco... no sé.

Recuerda que te dije que cuando yo regresé el año 80 a Venezuela tenía una novela inconclusa, no en proyecto sino lo que llaman los norteamericanos work in progress, y la abandoné. Yo creo que cuando empecé Exceso hice una especie de sinopsis o quizás escribí el primer capítulo de El espejo siamés. Muy bien, y de nuevo paré, y no la retomé sino una vez que vendí Exceso y me fui a París y la retomé con...

Estamos hablando de 15 años después porque creaste Exceso en el 89 y la retomaste en 2006 cuando te fuiste, 2007, ¿no? Es un largo período, pero lo emprendí con una frescura que a mí mismo me conmovió y sedujo. Me hizo estar trabajando en mi estudio todos los días como obrero cualquiera y logré finalmente que se publicara en Venezuela.

No fue fácil porque hubo personas que se identificaron con los personajes de la novela, en particular uno de ellos, con mucha influencia todavía en esa época en Venezuela, y había una editorial española que tenía su sucursal acá y por indiscreción de alguien en la editorial ese personaje se sintió ofendido, tratado. Y no era exactamente el retrato de la persona real, era un personaje de novela.

Esa persona obstaculizó esa publicación y tuvo realmente Todman que a través... Carsten Totman, el editor, yo creo en parte por la influencia de Alfredo Chacón, que como que pertenecía al comité editorial de Totman y que le gustó, a quien le gustó la novela y empujó. Venció los miedos que podía a lo mejor haber inspirado las lecturas en el editor y terminó saliendo afortunadamente acá en Venezuela y luego el reto fuera, en Miami.

Y ahora después de Casa Mayor ¿qué viene? Ven, un minuto que nos queda del programa, que se nos ha hecho cortísimo... Yo no soy brujo, pero estás trabajando en el horno. Tengo como tres cosas, no en el horno porque eso es demasiado avanzado, tengo en la mesa de trabajo, cortado ya en pedacitos los ingredientes para volver a metáfora gastronómica o culinaria. Varias cosas, una de ellas sería el segundo volumen de Casa Mayor y tengo un título provisional para empaparme, lo podría citar, que es Las 15 letras.

Ah, ¿el hotel de allá de Macuto? No, no, es el título del libro, no tiene nada que ver con el Hotel de Macuto. Bueno, muchísimas gracias, Benamí Fihman, ha sido un gusto, un placer que en esta visita a Venezuela hayas accedido a conversar con nosotros. En este programa Los del Podio 3, en esta tercera temporada, muchas gracias Benamí y nosotros nos despedimos hasta nuestro próximo encuentro.

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