Serie Los del Podio
22 de marzo de 2023

Serie Los del podio I. Cap 9. María Teresa Parima

Serie Los del podio I. Cap 9. María Teresa Parima

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Venezolanos. En El Podio hoy, que nos ha hecho el honor de venir a esta entrevista, me refiero a María Teresa Parima. Estamos hablando de una gran dama nacida el 21 de septiembre de 1930 y tiene 71 años dedicada a la enfermería, nada más y nada menos. Bienvenida. Muchísimas gracias por invitarme, estoy a la orden de ustedes.

Bueno, seguimos adelante, siempre muy bien. Cuéntenos, ¿cómo fueron esos inicios suyos? ¿Cómo llegó a la enfermería, fue algo que usted vio en su casa? ¿Quién la inspiró cuando era una muchacha? Bueno, desde muy pequeña, eso como que nace de lo más profundo del alma, porque desde muy pequeña en el colegio, en la primaria, yo siempre estaba pendiente y muy dispuesta para ayudar a los demás.

Si algún niño se caía yo corría, o sea, yo creo que de verdad de lo más profundo. Entonces, quería dedicarme, pues, a ayudar y a proteger a todos los seres humanos, a todos los que necesitaban. Y mi hermana mayor me consiguió una beca con el gobernador del estado Anzoátegui, Jorge Mogná, para estudiar cualquier carrera de la salud. Entonces, yo lo más corto era en la enfermería y tomé la carrera de enfermería.

Llegué aquí a Caracas, me interné en la Escuela Municipal de Enfermeras Quinta Los Laureles del Paraíso, actualmente es un colegio de monjas que está funcionando allí, el Colegio Teresiano. Ahora usted nació en Onoto, en el estado Anzoátegui, esa infancia donde ustedes en la escuela ya sentían como el impulso de atender a sus compañeros, eso está pasando en Onoto. Sí, sí, esto está ya pasando porque yo nací en un ambiente campesino.

Muy bien. ¿Cómo es Onoto? Era, era un pueblo muy bonito, toda la gente era muy católica, unidos todos, había mucha hermandad. Era de verdad un pueblo bello. De vocación agrícola y pecuaria. Sí, señor, agrícola y pecuaria.

Había ganado y quizás siembras de caña. Ganado, sí, ganamos uno bastante, mi papá tenía una hacienda, sí, y allí nacimos todos nosotros, somos doce hermanos, 12, seis hembras y seis varones. Y ahí a los 7 años nos veníamos al pueblo para estudiar. En la escuela de Aníbal Domínice hasta el cuarto grado y La Perfecta Burgos, que era mixta, masculino y femenino en el mismo estado Anzoátegui, en Onoto.

Ahí se hacía hasta sexto grado, sí, después ya el bachillerato se hacía pues quizás en la capital del estado, en Barcelona y en Puerto Píritu. Ah, también había bachillerato de puerto. Sí, sí. ¿Y usted se viene de qué edad a Caracas? ¿Sería una muchacha de catorce, quince años? De quince años. Quince años.

Salí del sexto grado de quince años y me vine aquí a Caracas. Ya tenía familia aquí en Caracas, bueno, un primo hermano de mi mamá vivía aquí en Caracas y ya estaba casado con sus hijas y todo. Bueno, mamá habló con él y me accedieron, pues, que yo estuviera viviendo con ellos hasta que mi internado, que fue muy poco tiempo. El tiempo que permanecí en la casa de ellos, tres años interna allí. Me gradué un 21 de septiembre del año 1951, un día sábado, y el día lunes ya empecé a estudiar un posgrado de anestesia de dos años en el hospital de la Esquina de Salas, donde está ahorita el Ministerio de Educación.

Me gradué, entonces empecé a trabajar como técnica en anestesia en el Hospital Vargas hasta el año 1958, donde los médicos ya tenían posgrados en anestesia y fueron los que ocuparon nuestros cargos. A todas las anestesistas nos dieron cargos administrativos por los posgrados que teníamos. Me dieron supervisión en el Hospital J. M. de Los Ríos, en la esquina del Pirineo, y allí...

¿Años después se construyó el actual? No. El actual era la Escuela Nacional de Enfermeras. Entonces la Escuela Nacional de Enfermeras fue trasladada a la universidad junto con la Escuela Nacional y esa sede la donaron para el Hospital J. M. de los Ríos, que actualmente existe todavía allí.

Ya. ¿Y cómo era esa vida suya interna en esa casa de Los Laureles? En frente a la plaza Madariaga en El Paraíso, en 1948, ¿cómo era El Paraíso? Bueno, le daba honor su nombre, verdad, ahorita no. Ahorita yo digo: "Ay, pero esto ya es el Paraíso", y que cambia el nombre, porque de verdad, El Paraíso, claro, pero en esa época muy bonito, de verdad.

Y uno se sentía como en su casa por lo menos las que no teníamos familiares para salir cada 15 días, porque la directora del colegio se portaba como una segunda madre para nosotros. De verdad, de verdad que era Dioda Vivas, la esposa del doctor Rafael González Siri, un oftalmólogo muy conocido, un notable oftalmólogo, y su esposa era la directora en el colegio de... ¿Cómo se llamaba? Dioda Vivas. Ah caramba.

Qué anécdota tan bonita. Bueno, yo la quise, la adoré. Ella terminó, falleció hace un año y, bueno, sí. Pero de verdad, que no vimos esa ausencia, pues, de nuestro hogar, porque nos protegían bajo todos los aspectos. Y en ese régimen de internado que ustedes tenían, las salidas eran los fines de semana. ¿A dónde iban? ¿Se iban al hipódromo o El Paraíso, por ejemplo?

Ay, al hipódromo y El Paraíso, imagínense, yo era otra belleza. Otra belleza no, sí, así es que bueno, así era la vida de antes. Uno podía salir porque la juventud siempre quiere disfrutar, la juventud, íbamos muchas fiestas con Aldernur, toda esa gente que eran prácticamente también compañeros de uno porque eran militares y la enfermería y la milicia, pues, siempre ha estado más o menos unida.

Ahora usted refería antes que se especializó en anestesia y después los médicos se hicieron anestesiólogos y ustedes pasaron, las enfermeras anestesistas, a tareas administrativas, pero no desempeñaron... ¿dejaron la anestesia totalmente? Sí, sí, totalmente. Bueno, yo no la dejé porque yo en el año 60 ingresé a la Cruz Roja como anestesista. Ya, y ahí se desarrolló.

Allí me desarrollé hasta el año 73, que estuve también por razones personales, adquirí el cargo de directora. La Maternidad Concepción Palacio, donde fui jubilada por 30 años de servicio. Entonces continué en la Cruz Roja, el horario diferente porque era de 7 a 1, y yo tenía que cumplir el horario de la dirección y la Maternidad Concepción Palacio desde 7 a 3 de la tarde, entonces trabajaba en la noche como anestesista en la Cruz Roja Venezolana, en San Bernardino.

Desde el año 1960 ingresé un día sábado de carnaval, 2 de febrero. Qué maravilla de memoria, ¿no? Y usted lleva sus fechas fundamentales y cómo se nota la pasión vocacional suya, cómo le ha gustado esta tarea durante tantos años. Para que vea, mucha constancia. La constancia es lo más importante, la puntualidad, el compromiso que uno adquiere en la vocación del servicio y el amor al prójimo.

¿Usted diría que esa formación de su personalidad y su compromiso guarda relación probablemente con ese hogar suyo de doce hermanos? Sus padres eran católicos, entiendo que nos dijo, que allí fue formándose ese carácter suyo. Sí. Fue como una especie de una formación militar porque mi padre era muy estricto, así sí, es una sola palabra. Y si uno decía: "Iba a hablar con mi mamá", no, ella decía: "No, ya su papá determinó esto, ya no hay vuelta atrás". Siempre respetamos y ella también todas las decisiones que mi padre nos enseñaba.

¿Y en esos doce hermanos hubo otras dedicadas a la enfermería? Usted sola... Yo sola. ¿Y qué otras profesiones ejercieron? Abogacía, administración, perito agrónomo, prevención agropecuaria, sí. Y con tantos años de experiencia en el mundo de la enfermería venezolana, usted que si yo le pregunto, y que eso lo vamos a responder en la próxima parte del programa, pero les dejo las preguntas hechas: ¿qué distingue a las enfermeras venezolanas? Porque muchos creemos que son muy particulares, que tienen un cariño muy particular por el paciente, y no es algo que uno frecuentemente encuentre en otros países.

Ya regresamos. Vamos a dejar la pregunta en el aire. En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural.

Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para algunas sugerencias sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com. Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural.

Entonces estamos conversando con María Teresa Parima, una enfermera nacida en Onoto en 1930, ya cerca de sus 93 años y una vida entera de servicio como enfermera. Una parte en la Cruz Roja Venezolana desde el año sesenta y otra en la Maternidad Concepción Palacio del Hospital Barré, el Hospital de Lídice. Trabajé en todos los hospitales de las beneficencias que antes se llamaba Junta de Beneficencia de la Gobernación del Distrito Federal.

Y le comentaban en la sección anterior qué distinguía a las enfermeras venezolanas, esa larga experiencia suya. Bueno, nos distingue primero en que el latino tiene un corazón muy noble, primero es muy servicial, le gusta ayudar al próximo como a sí mismo, y trata al ser humano como si fuera algo familiar de uno. Es verdad. En las otras partes, por lo menos yo tengo una experiencia en Alemania, que digo, ay, cuando me dicen Alemania digo yo no quiero nada con Alemania.

¿Por qué? Porque en Alemania yo iba cruzando una calle, entonces venía un carro que sí, y no me aparto o me lleva por delante. También duramos desde como de las 7 de la noche buscando habitación, claro, hotel, pues, entonces ok, ahí cuántos son, tantos y tres niños. Nos quedábamos allí y vamos. Llegaba una persona con dos perros y a esos les daban los alimentos en el hotel, con perro o con niños. Yo decía, no, yo con Alemania no quiero nada que yo vea, perdí alemán. Nada de eso.

Porque es esa idea, usted ha puesto que la enfermera trata con cariño muy particular porque eso forma parte de la idiosincrasia nuestra. ¿Eso sigue siendo así realmente? Sí, sí. Sigue siendo. Por lo menos yo me fui justo en la operación de un cuñado con el doctor Otto Gago en el hospital San Lucas. Entonces allí la mayoría, había una persona que hablaba castellano. Entonces me propusieron que yo me quedara trabajando con él y yo: "No, es que yo no vine a buscar empleo".

Mi currículum yo lo voy a entregar porque yo no vine... yo vine a acompañar a mi hermana que la va a operar del corazón el doctor Otto Gago. Y hace poco, en el año catorce, fui a Orlando con una sobrina y todos los médicos que me quedaron, pero yo no era joven, porque el 14 ahorita no es mucho tiempo, 8 años. Bueno, entonces no, yo no puedo porque estoy comprometida y casada con la Cruz Roja Venezolana.

Qué belleza. Hay una experiencia que usted tuvo que fueron las operaciones de su mamá. Sí. Que usted le tocó administrarle la anestesia, eso es un trance complejo, ¿no? Sí, bueno, yo en ese momento pensé: en las manos de sus hijas no puede estar más segura. Claro, no despreciando a los colegas ni mucho menos ni a las compañeras del trabajo ni nada de eso, sino yo sentí, pues, me salía de lo profundo y dije: "Yo le doy anestesia".

El médico que le iba a operar era muy amigo mío porque él era bachiller, yo el estudiante y nos hicimos muy amigos. Y era un cirujano que en paz descanse su alma, que Dios lo tenga con mucha luz. Me dice: "Teresa". Es una de las personas pocas que me decía Teresa. "Teresa, ¿tú estás capaz de..." ¿Pedro Manrique Lander? "Pedro José", yo, sí, estoy capacitada y estoy consciente de que en las manos mías mi mamá mejor que en la mano mía ninguna.

Y así lo hice por dos oportunidades y con dos hermanos también. ¿Y salieron de esos percances? Sí, éxito, gracias al Padre Eterno, con ayuda a Dios y en las manos del doctor Pedro Manrique Lander. Qué bien, qué interesante.

Ahora, háblenos de la Cruz Roja, esta institución en la que usted llegó el 2 de febrero de 1960. Un día sábado. Un día sábado de carnaval. Qué joven. Imagínense, o sea son... va para 63 años. El compromiso, sí, es un compromiso. Qué hermosa institución, ¿no? Bellísima. Yo cuando llegué a esa casa antigua dije: "Bueno, esto es lo mejor que me ha podido pasar en la vida".

Pertenecer a la Cruz Roja Venezolana desde ese año. En esa época no estaba en casa actualmente, ¿no? Sí, en el año 60 sí, ya estaba allí. ¿Y donde está...? La sede anterior usted no la conoció, ¿verdad? No, yo no la conocí la anterior.

Y ahí en la Cruz Roja, porque usted es una profesional tan seria, también ejerció o seguramente lo atentaron con que ejerciera labores de dirección. ¿De gerencia médica? ¿O no fue así? No, hubo un momento, pero tampoco hace muchos años un médico quiso que yo... le dije: "No, yo no voy a ocupar un cargo que de verdad yo personalmente no creo merecérmelo".

Porque yo no le voy a quitar la oportunidad a uno de los médicos o a una juventud. Ellos tienen que desempeñar también sus funciones administrativas porque administrar un centro de salud no es fácil. Sin embargo, usted estuvo en la Maternidad Concepción Palacio. Sí, cómo sí. Y ha debido, muy exigente, ¿no? Sí, muy exigente.

Allí estuve varios conatos con los sindicatos porque los sindicatos eran horrorosos, los dos cuantos sindicatos. Yo tengo el recuerdo, ustedes corríjanme, que durante los años 60 y 70, donde no había muchas maternidades en Caracas, la Concepción Palacio estaba prácticamente desbordada. Creo que no es la situación actual, ¿no? Bueno, sí sigue siendo, por lo menos cuando yo fui directora había que tener dos pacientes en una cama porque durante las 24 horas, 150 y 160 partos atendidos fuera de las cesáreas por día.

Sí, sí. En las 24 horas eso era, bueno, pero incesante. Sí, señor. Cuando el gobernador era Diego Arria en esa época, eso fue la dirección y el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. Claro. Ahora, esto te dice que sigue siendo así, pero ya hay otras maternidades y entonces hay varias. Nosotros en la Cruz Roja también tenemos el servicio de obstetricia, claro que un hospital público como el Miguel Pérez Carreño, no, y El Algodonal, ahí hay uno, así también Domingo Luciani, sí cómo no.

O sea ya claro, por eso yo le decía que yo tenía el recuerdo de que durante muchos años la Maternidad Concepción Palacio estuvo como sola en esa tarea. Sí, pero era muy fuerte. Pero todo gracias a la ayuda del Padre Eterno, bueno, todos salían. En esa época venían muchas mujeres del interior, verdad, sí, que hoy en día quizás no nos ocurra casi tanto porque también en todos los estados hay maternidades y en cada estado hay una Cruz Roja.

Sí, es de modo que allí también, digamos que usted ha sido testigo de un cambio entre 1960 y el 2023, pues, el desarrollo de la medicina en Venezuela ha sido muy importante. Incluso la salud pública y la salud privada porque hay qué ver la cantidad de hospitales y clínicas privadas que se han creado en Venezuela en los últimos cuarenta años, en el caso de Caracas, muchísimas. Muchas, muchas.

Pero siempre sigue siendo porque antes las personas femeninas no podían tener sino los hijos que Dios quisiera. Claro, ahorita no, ahorita que sí hay métodos anticonceptivos y las personas, pues, se planifican para tener los hijos de acuerdo a la situación que están atravesando. Claro. ¿Y cómo ha sido su vida familiar? Bueno, mi vida familiar ha sido muy bonita, por lo menos hasta cuando los jefes del hogar se van, por lo menos la despedida de mi madre fue muy dura.

Porque era una persona muy caritativa y eso, bueno, para uno es algo muy, muy bello que uno se levante a un hogar tan bello, con una formación tan bonita. Ella tenía un solo hermano y ellos se adoraban, que nunca se dijeron un sí o no. Ellos siempre han unido todo, siempre, siempre, claro, todos nosotros también unidos siempre, de donde estemos la unión continuó.

¿Y quedó algún recuerdo en Onoto, tienen alguna tierra por allá, se reúnen de vez en cuando? Sí, sí, sí. Unos sobrinos, hijos del noveno hermano de nosotros, que él fue este concejal en tres periodos consecutivos allí en Onoto. ¿Y cómo ha sido su... esto para que nos lo comenten la tercera parte del programa? Su vida de enfermera que enseña a otras enfermeras, porque yo sospecho que usted también ha tenido una vocación docente, pedagógica. Sí. No vamos a responderlo en la próxima parte del programa. Muchas gracias.

Ya regresamos con María Teresa Parima. Una enfermera modelo, ejemplo en Venezuela. Volvemos con María Teresa Parima. Le preguntaba en la parte anterior del programa que cómo había sido su experiencia docente. Bueno, mi experiencia docente fue muy bonita también en la Cruz Roja, donde fui profesora y eso, pero yo era muy exigente con el alumnado. Me tocó una oportunidad donde yo aplacé casi todo el curso.

Entonces me llamaron de la dirección, de la directora del colegio. Mira que, bueno, le dije, era sister, le llamamos sister. Llegan para Ola Rosa, pero nosotros le decíamos sister. Entonces ella me dice y le digo: "Vino, sister, la verdad que yo sé que soy demasiado exigente, demasiado, demasiado". Y si ellas no obtuvieron la nota necesaria yo lo lamento muchísimo por dos cosas: primero porque ellas están aplazadas y tienen que perder, y segundo es que yo no doy más clases.

Y allí no determiné que no podía, no di más clases pues en las escuelas. Ah caramba. Sí. ¿Y cómo fue ese momento en el que empiezan a ingresar alumnos hombres en los hospitales? Ese paso... porque cuando usted se formó eran todas enfermeras, ¿y de pronto empezaron a aparecer los enfermeros? Bueno, eso fue un impacto un poco desagradable porque generalmente cuando eran damas que iban pacientes no les gustaba mucho.

A pesar de nosotros fuimos introduciéndole: mira, el médico es masculino y muy poca femenina, entonces en la enfermería también tienen que haber masculinos, porque es la vocación de ellos. Entonces ahí se fue continuando y hasta que se aceptaron, pues, ahorita hay bastantes. Hoy en día quizás sea más o menos paritaria. Sí, señor, tantos hombres como mujeres en las escuelas de enfermería.

Y muy buenos, de verdad. La mayoría son muy buenos. Incluso en el caso de los médicos quizás hay más mujeres hoy en día que hombres y antes, bueno. Antes no era una mujer por cada diez médicos. Yo me acuerdo de la doctora Lía Hiberde Coronel, se fue la primera doctora, yo con Destopelo de Morales Roche, un gran oftalmólogo sin duda primerísimo. Se fueron algunas de las primeras dos primeras médicos.

Sí, señor, porque no se estaba y hoy en día la proporción es completamente inversa, hay más damas que caballeros, sí, probablemente en las escuelas de medicina y los hospitales también. En los posgrados uno ve cuatro damas por un caballero, quizá la gente no sepa lo importante que es la relación profesional entre el médico y la enfermera o el enfermero, es decir, porque esos son equipos de trabajo que se van a trabajar en equipo y que se van desarrollando a lo largo meses y años.

Usted probablemente formó equipo con algunos, con algún médico durante muchos años, entiendo que con este que mencionó, por el doctor Manrique. Sí, pero no sé de Manrique Lander, sí. ¿Con quién otro? Con el doctor Pascuales Canoni, bueno, con el doctor Domingo Luciani. Ah caramba, eso era una eminencia. Otra eminencia médica. Cómo no.

Yo les di anestesia a todos ellos. ¿Ah sí? El doctor Garriaga, un cirujano de cabeza y cuello de primerísima. Muchos, muchos. Qué bien, que es muy bonito cuando uno tiene vocación del servicio y honestidad y lealtad. Y lealtad, sí, amor al prójimo y tratar al paciente como si fuera un amigo o un familiar de uno, con cariño, con amor, comprensión.

El tema de las horas de trabajo, uno se asombra, por ejemplo, hay enfermeras, yo no sé cómo funciona eso, son turnos de ocho horas, pero pareciera que cumplen más. Hay como una adrenalina por el servicio público o la vocación, muy importante. Sus jornadas de trabajo eran muy largas, bueno, en las épocas de Pérez y Menes los trabajos eran... sí, bueno, uno trabajaba un día de siete de la mañana a cinco de la tarde, sí. Las anestesistas nos recibíamos a las tres de la tarde y quedaban dos de guardia y las otras se iban a esa hora para su residencia.

Era fuerte. Y en la noche eran todas las noches, todas las noches, con una sola noche libre. Todas las noches y tres horas de descanso. Ustedes van desarrollando como unas facultades en ese sentido, porque no pueden fallar o digamos... No se puede, uno tiene como que Dios le dice: bueno, yo soy un rayo del amor a ustedes, el convertido en enfermería, y debe ser que nos da mucha fuerza, claro, mucho valor para seguir adelante. Claro.

Sí, es que de otra manera uno no se explica cómo tienen unas largas jornadas de trabajo con muy poco descanso. Viendo la Larrazábal, cuando estuvo en la presidencia, sí, nos puso dos noches de trabajo y una libre, todo eso lo viví yo, claro. Bueno, pero eso era más humano realmente, ¿no? Y el sueldo era de 500 bolívares y Larrazábal nos puso en 140. ¿Lo bajó? No, 140 mil. Ah ya, ya, ok, o sea un incremento. Sí, es un incremento.

Se empezó, pues, hasta ahorita que ya la salud ha mejorado bastante en relación a la labor nocturna, más que todo, las guardias de la noche. Ahorita son una noche sí y una noche no, con dos noches libres, si tienen sábado y domingo laborados. ¿Eso está igual tanto en el sector público como el sector privado? Sí, sí, privada. Igual. Bueno, eso está muy bien porque lo otro era verdaderamente una exageración muy fuerte, forzado, uno tenía que tener en vez de dos ojos cuatro.

Claro. Y otra curiosidad profesional, la enfermera se especializa en determinada área de medicina. ¿Cómo funciona eso? O sea, por ejemplo, yo supongo que usted además de anestesia, trabajando tantos años en la maternidad y en la Cruz Roja, probablemente fue una enfermera dedicada a la atención obstétrica y ginecológica. La obstetricia es muy bonita. Y mi pediatría me encantaba trabajar porque trabajé también muchos años en el hospital, como le dije, al hospital del niño. Me gusta mucho, mucho.

Yo decía que era mi hospital. Decía yo: "Y será mi hospital los niños". Claro. Tiene un encanto particular la pediatría, ¿no? Sí. ¿Por qué? Porque los niños son sinceros. Ellos nunca dicen mentiras. Usted le dice a un niño esto y es eso. Confía en lo que ese niño le está diciendo. Eso es lo que él está pasando. Exactamente, muy bonito. Y en sus tareas profesionales de enfermera, ¿le tocó viajar a congresos, a encuentros de enfermería en otros lugares del mundo? Bueno, solamente había muchos, pero mi trabajo no me lo permitía, no sé. Pero los congresos aquí en Venezuela sí, y en Valencia, varios sitios del país.

¿Y qué le diría usted a las enfermeras que se están formando? ¿Qué consejos pudiera darles? Eso lo vamos a responder en la próxima parte del programa, pero yo creo es muy importante su palabra porque estamos hablando muy probablemente con la enfermera de mayor experiencia que hay en Venezuela. Estamos hablando de una persona que se graduó en 1951 y sin pausa ha ejercido la enfermería hasta hace muy poco tiempo. No, yo estoy activa en la Cruz Roja Venezolana. Y usted está activa en la Cruz Roja Venezolana con 93 años, de modo que esto es un ejemplo vocacional conmovedor, extraordinario, y yo creo que usted tiene mucho qué decirle a esas enfermeras que están en este momento en formación.

Vamos a, en la próxima parte del programa, vamos a escuchar eso, la riqueza de su experiencia y las claves fundamentales para que los venezolanos contemos con enfermeras, pues, con la trayectoria que usted ha tenido. Ya regresamos con María Teresa Parima.

Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter @RafaelArraiz. Somos Unión Radio Cultural. Estamos conversando con María Teresa Parima, una extraordinaria enfermera venezolana, y le preguntaba yo en la parte anterior del programa que nos dijese, ¿qué le puede decir a esas enfermeras en formación o enfermeros? Porque ahora es paritario en cuanto al sexo de quienes trabajan en esta área fundamental de la atención de la salud, tanto pública como privada.

Bueno, que se continúen preparando, no se queden estancados, que crezcan cada día más los nuevos adelantos tecnológicos que tiene la salud, que son muchísimos. Que se acerquen más al paciente con mucho amor y mucho cariño, igual a los familiares. Que al paciente lo traten con mucha delicadeza, que siempre les den buenos consejos. Si están preagónicos, manifestarles que ellos sí van a recuperarse, igualmente a los familiares, y eso de verdad los calma bastante, nos ayuda pues a irse con una mejor calidad de vida.

Con el cariño que una enfermera les da, que sea honesta, cumplida, puntual, con mucho amor, amor y mucha vocación de servicio. Porque así lo necesita el país Venezuela. Claro, qué bonito. Y además eso que usted dice, el cariño es muy importante porque el enfermo está pasando por un momento muy duro. Sí, muy duro, y la enfermera puede de alguna manera, el enfermero puede aliviar, puede contribuir a que aquel momento no sea tan amargo.

Claro, por aquella ternura solamente ya es... ya es algo, ya es mucho, bastante. La sola ternura ya es un elemento terapéutico, vamos a decirlo así. Ya lo ayuda a tener otra condición u otra situación. Me comentaba que usted está activa, cuéntenos qué está haciendo hoy en día y cómo fueron estos dos años de la pandemia también. Bueno, en la pandemia empezó en marzo, yo trabajé, a pesar que el presidente del comité ejecutivo, doctor Mario Villarruel Lander, no quería que yo me expusiera porque claro, edad más que todo y siempre pendiente.

Mira, yo le decía: "Doctor, qué tranquilo, a mí no me va a dar nada, chucho". Me estaba protegiendo. Yo trabajé hasta el 11 de agosto, lo peor de verdad de la pandemia, porque yo veía que me necesitaban aquellos familiares, aquellos seres humanos que necesitan de verdad. Entonces, ya mire a Parima, está así. No, no es una orden. Entonces yo dije, bueno, ya de verdad no voy a continuar porque me puede agarrar de verdad y me iré porque le da o no perdona, pues. Entonces me fui, pero solamente tres meses.

Los tres veces les dije: "Doctor, yo voy a regresar". Bueno, si tú quieres regresar. Porque era que me destituyeron del cargo, sino para que no estuviera en contacto directo, pues, con el transporte, la pandemia, a pesar de que nos pusieron esa época. La Cruz Roja Venezolana nos puso transportes para buscarnos en nuestras casas y regresar a la hora que terminan sus labores, porque no solamente a mí, sino todo el personal de la Cruz Roja, a todos los personales.

¿La Cruz Roja Venezolana tiene hospitales en las regiones de Venezuela? Sí, en todos los estados hay un hospital, hay una Cruz Roja Venezolana. Sí, qué bien. ¿Y usted ha estado en casi algunos de ellos? Y Valencia es muy bonito, en Mérida, qué maravilla, en Anzoátegui, bueno, todo, todo, la atención es de primera. No porque yo pertenezca a la familia de la Cruz Roja, sino que de verdad los médicos son muy caritativos, tratan el familiar, a lo que siempre en los pacientes se van muy contentos por la atención, porque yo creo, yo le digo siempre, yo creo que es el único hospital.

Y usted llega y a los cinco minutos, como muy tardar, es atendido por los médicos. Yo voy a la Clínica de la Trinidad y llego a las 11, son las 10 de la noche y todavía estoy allí. Caramba, en la Cruz Roja, no es el único hospital, se lo digo, si no porque yo ser cruzrojista ni porque tenga tantos años, que es la verdad, esa es la verdad. La atención es inmediata porque hay una consideración al paciente, mucho cariño y mucho amor, mucho respeto del paciente que es muy importante.

Y en la Cruz Roja se atienden casi todas las especialidades. Hay un área de la especialidad médica. Ya nos habló de la pediatría, no habló de la obstetricia. ¿Hay alguna otra que a usted le guste particularmente en la asistencia como de su trabajo? Bueno, sí, y esa es la traumatología. Está el servicio de ginecología y obstetricia, el servicio de emergencias y el servicio de gastroenterología. Sí, el de emergencias no es un poco acuciante, rudo o difícil, ¿no?

No, bueno, porque se presentan imprevistos, claro, sí, pero uno está preparado para eso. Hay urología, cirugías general, cirugía plástica, pediatría, consulta de pediatría, traumatología, otorrino, banco de sangre, odontología, y tenemos muchos servicios. Qué bueno, laboratorio, qué bueno, excelente.

Bueno, y qué alegría ver una persona que no se concibe sin trabajar, porque usted pudiera estar en su casa, pero hay una vocación muy importante de la gente. Yo digo, la gente la necesita, yo estoy brindando mis servicios a la comunidad hasta que el Padre Eterno me lo permita. Siempre dispuesta a ayudar y proteger a los que me necesiten, a todos los seres humanos. ¿Y usted es devota de algo además del Padre Eterno, de Chucho, como te lo llama? De la Santísima Trinidad, que son las tres divinas personas, el Padre y Espíritu Santo.

Claro. ¿Y del doctor Hernández, probablemente de José Gregorio? No, sí, como médico, José Gregorio Hernández hace muchísimos milagros. Sí. Si yo tenía, o tengo, que Dios le diagnosticó a un familiar, entonces él tenía un linfoma linfocítico no Hodgkin, grado estadio 4, que es grave, muy grave. Bueno, cuando me dijeron yo me despertaba de noche llorando, ay, porque tenía dos niños chiquitos, Dios mío. Un día ella viene y a las tres de la mañana llama el esposo: "Argelio, levántate, que aquí vino un señor". Así, así me dijo: "Estás operada".

El doctor José Gregorio Hernández lo operó, sí, señor. La operó. ¿Estás? ¿Cómo era nombre así, así asado? Bueno, eso hace 33 años y ella está, gracias al Padre Eterno, perfecta. No hay ningún problema. También le tocó un oncólogo de primerísima, de primera también, con la ayuda de Dios rogando y con el Mazodano. La doctora Elsa Tovar, una oncóloga de verdad muy humanitaria, no creo que como esa doctora, el doctor José Gregorio.

Claro, que de verdad esa doctora donde esté, porque ya no está aquí en Venezuela, está en Estados Unidos, pero nos tengo tiempo y no sabemos de ella. Siempre nos comunicaba, pero tengo... en la pandemia todo el mundo se distanció. Yo tengo el recuerdo de, por supuesto, esa casa Los Laureles donde el colegio Teresiano, creo que era la casa del doctor Pedro Manuel Arcaya, creo. Al frente, al frente, al frente estaba, pero no sé si está todavía lo de Arcaya allí, no sé.

No, pero hasta el colegio, el colegio, ahora había una escuela de enfermería en Los Chorros también, en Cebucán, esa era la escuela de enfermería para estudiar la licenciatura en la Universidad Central de Venezuela, ahí que era también el filtro de medicina. ¿Ah sí? Sí, era el filtro de medicina. Todos los estudiantes pasaban por allí. Bien, bueno, qué historia tan extraordinaria la de María Teresa Parima, nacida el 21 de septiembre y cumplió 92 años el 21 de septiembre del año 2022.

Está en pie trabajando todos los días en la Cruz Roja Venezolana, desarrollando una vocación que tocó su puerta siendo prácticamente una niña, porque se viene de Onoto en el estado Anzoátegui a ingresar interna la escuela de enfermería Los Laureles del Paraíso cuando apenas tiene 15 años. Eso fue en 1948 y regresó de esa escuela en 1951, después hizo una especialización en anestesia. Y bueno, y después desarrolló su vida, también tiene un capítulo de gerencia médica porque dirigió la Maternidad Concepción Palacio durante cuántos años, María Teresa.

En la Maternidad Concepción Palacio estuve veinte años. ¿Veinte años en la dirección? Sí, veinte años. Muy bonita, muy bonitas de verdad. Estuve con el primer director cuando yo estuve, el doctor Rafael Domínguez Sisco, que era un claro, bueno, recto. Rango médico. No, no, irrecto. Fue concejal y sin plenar o... Sí. Y todo, todos eran para la maternidad, para el material medicoquirúrgico, pero se preocupaba mucho, mucho por la maternidad.

Qué bien. Bueno, esta ha sido nuestra conversación con María Teresa Parima en esta serie que venimos desarrollando o que se titula Los del Podio. Ha sido un honor para nosotros contar con su presencia aquí en la cabina. Qué gusto haberla escuchado, una mujer de una trayectoria hermosísima, un ejemplo para muchos otros venezolanos. Bueno, continuaré, como digo, hasta que el Padre me lo permita, ayudando y protegiendo a toda la población de Venezuela porque sí lo necesita nuestro país.

Muchísimas gracias a María Teresa Parima. Y despedimos nuestro programa Venezolanos en esta serie titulada Los del Podio. Recordemos que este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela y Turrisa, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez, Juan Juárez, Fernando Camacho, Yiancarlos Caravallo, quien está aquí en la dirección técnica. Nos pueden seguir la transmisión en vivo en la página mundour.com y además nos pueden seguir en @MundoURWeb, @radioEscuelaUR y @RafaelArraiz en Twitter.

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