Transcripción completa del episodio
Este programa es posible gracias al equipo conformado por Gitanjali Suárez, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez y Giancarlo Caravaggio. Recuerda que nos puedes seguir en Instagram como @PisoLaCultural y también puedes seguir la transmisión en vivo en www.mundovr.com.
Bienvenidos todos a Venezolanos, un programa sobre el país y su historia, en esta nueva temporada de Los del Podio. Hoy vamos a conversar con el doctor Sunil Daryanani, un eminente oncólogo venezolano formado en Venezuela y en Inglaterra, y que, a pesar de ese nombre que tiene, es más venezolano que la arepa, aunque ustedes no lo crean. Bienvenido, doctor Daryanani.
Muchísimas gracias. De verdad que para mí es un honor estar acá y, por supuesto, hablar en primera persona nunca es fácil.
Claro. Bueno, ese es el desafío de este programa.
A ver, Sunil, tú naces el 26 de diciembre de 1962. Tus padres llegan a Caracas en la década de los años 50. Cuéntanos cómo es esa casa a la que tú llegas, cuándo llegaron tus padres y a qué se dedicaron Mohamed y Padma Daryanani.
Bueno, mis padres son ambos de origen hindú y, naturalmente, es una cultura diversa si uno se pone a compararla con la cultura latina. Al final, como inmigrantes, la familia de mis padres son joyeros y ellos vinieron; mi abuelo vino primero y luego...
Ah, tu abuelo.
Sí.
Pero el padre de Mohamed o de Padma.
Sí, el papá de mi papá, Mohamed. Mi abuelo Larchand vino a Venezuela a buscar fortuna. Él venía de Curazao como joyero y cruzó pensando que tenía todo un continente delante. «¿Qué hago yo en una islita?». Y vino a Venezuela, bajó hasta Bolívar y, creo que con dos o tres ataques de paludismo, dijo: «Suficiente». Y estamos hablando de los años 40.
Sí, hacia el final de los 40. Y, por supuesto, el plan de estos hombres trabajadores era repatriar sus bienes de vuelta a sus familias en la India. En eso también sucede la partición de la India: se pican Pakistán y la India.
Claro, después del 48, ¿no? El 47. Ellos tuvieron que salir, toda esta familia, escurriéndose de allá y terminaron siendo algunos de ellos refugiados, con mi abuelo haciendo vida acá. En eso convoca a su hijo mayor, que era mi papá, y a su hermano, y así empieza el plan familiar.
Aquí mi abuelo...
Ya tu abuelo había montado una joyería.
Sí, tenía ya cierto comercio. Había empezado en el pasaje de Capitolio, también en el centro, y se estaba estableciendo.
Y mi abuelo se granjeó grandes amistades. Era un hombre muy carismático y trae a miembros varones de su familia para que le apoyaran a crecer. Pasan a generar joyerías, primero en el centro y después en Sabana Grande. Se llamaba la joyería GONG.
Así es, G-O-N-G.
G-O-N-G, claro. Y resulta que, por tradición familiar, en algún momento, en la tradición familiar hindú, los matrimonios se arreglan.
Claro.
Los matrimonios no son espontáneos. No es por amor, digamos.
No.
Y, en algún momento, mi papá, ya con 27 años, un hombre joven y muy trabajador, ya tenía una joyería propia en Sabana Grande. Mi abuelo le dijo: «Bueno, es hora de que te busques una mujer». Y así envían a mi papá a la India a buscar casarse, que le arreglen el matrimonio.
Qué interesante. Y aparece Padma entonces.
Aparece mi mamá, aparece Padma en Pune, que es una ciudad cerca de Bombay, que es donde ellos, como ex-paquistaníes, tuvieron que cambiarse de país, porque ellos nacieron del lado equivocado de la India y pasaron a esta India más hinduista. Ahí es donde mi papá va a buscar su esposa, por cuestiones y mecanismos conocidos de todas las tías.
Son las comadronas o las celestinas, más bien.
Sí, sí, sí. Generan la presentación y ahí es donde mi mamá conoce a mi papá.
Y mi papá se trae a mi mamá a hacer vida en Venezuela sin hablar una palabra de español.
Imagínate. ¿Cuándo llegan?
¿En qué año llegan?
Llegan en el 61 y se casan. Apenas se casan, vienen a hacer casa aquí en Venezuela y se establecieron en San Bernardino. Yo nací al año, en el año 62.
Ustedes son dos hermanos.
Dos hermanos. Tengo un hermano menor, nacido en el 64, y los dos hicimos vida acá. Hicimos vida muy particular. Éramos, por supuesto, en casa, y había un interés en hablar español.
Sí. Básicamente, esa fue la lengua de casa. Pero hablaban inglés y el hindi también.
No, nunca el hindi. Mis padres hablaban sindhi, que es el dialecto de ellos, y eso lo usaron como un idioma secreto.
Cuando no querían que ustedes se enteraran de algo.
Y en casa se hablaba inglés y se hablaba español, siempre con el énfasis en el español. Yo siempre admiro que mi mamá, sin haber hablado una palabra de español, pudo hablar español con una nativa.
Totalmente. La conocí, fue mi alumna, una mujer extraordinaria, Padma Daryanani, además campeona latinoamericana de bridge.
Así es, con una inteligencia muy privilegiada. Y mi papá sigue siendo muy músico, con su acento español.
Pero ese era mi hogar y mis padres procuraron darnos muy buena educación. ¿Dónde empezaste a estudiar la escuela primaria?
Nosotros nos inscribimos en La Salle.
Muy bien.
En La Salle de La Colina. Y se mudaron de San Bernardino hacia la avenida La Salle, buscando la cercanía con el colegio y con Sabana Grande, que era el sitio de comercio para mi papá. Entonces, nuestra vida gravitó siempre en esa zona cerca del colegio.
Y yo fui muy afortunado de ser lasallista, al punto de que nosotros pudimos ser inscritos en el colegio sin ser bautizados.
Ah, pues qué bien, qué apertura, ¿no?
Sí, sí, mucha. Y me parece que los Hermanos de las Escuelas Cristianas tienen esa visión más liberal y más abierta.
Y hicimos vida. Yo, al final, recuerdo haber dado incluso catecismo y haberme aprendido todo.
Hasta monaguillo fuiste.
Fui monaguillo, di catecismo, fui a todas estas reuniones de tipo religioso y asistí a misa. Para nosotros era algo normal ser parte de la escuela, ¿no?
Claro, de la comunidad. Y, entre las actividades extracurriculares, alguien me comentó que habías sido boy scout.
Bueno, fui boy scout y creo que lo sigo siendo de corazón. Y nunca se me olvidará la fecha: fui lobato el 10/10 de 1970.
Ah, imagínate. Son fechas que...
Tenías 8 años.
Sí, y usaba mi pañoleta con el mayor de los orgullos. Creo que eso, de una forma u otra, perfiló mi vida: el escultismo.
Qué bien. Pues te acercó a las excursiones. Supongo que subías al Ávila o a algunos otros lugares, ¿no?
Sí, el Ávila era el patio de atrás.
Claro. Y era una maravilla poder encaramarse un morral un viernes en la tarde y bajar un domingo en la tarde.
Maravilla. Tuve la suerte también de que mis padres siempre fueron muy abiertos. Era una casa donde no había ese nivel de control. Yo agarraba un morral y nos íbamos cuatro o cinco muchachos de 15, 14 años, y subíamos al Ávila a pasar el fin de semana.
Y estoy seguro de que tu papá te puso a trabajar en la joyería siendo muy joven también.
Sí, yo trabajé. Siempre he trabajado en alguna cosa y una de las cosas que hice fue cobrar sus facturas vencidas.
Me imagino.
Sí, y uno se montaba en un transporte y circulé por toda Caracas, desde Puente Hierro, Montalbán, La Urbina, Los Ruices y el CCCT, buscando cobrar después de clases. Sacaba 10 bolívares aquí o allá y con eso iba corriendo a la librería Lectura, en Chacaíto.
Qué maravilla. Ya estaba Walter allí.
Sí, Walter, el uruguayo, el gran librero Walter Rodríguez. Y compraba libros de cualquier tipo, pero eso era lo que yo hacía con mis ahorros.
Qué bueno. ¿Y cómo tomas la decisión de estudiar medicina? ¿Tenías otras alternativas o ya era una vocación infantil?
Yo tuve dos grandes inclinaciones y mucho tuvo que ver con la lectura y la pasión por los libros y la historia. A mí me gustaba mucho ir a la Biblioteca Nacional, detrás del Congreso, y era una pasión: los libros. En algún momento me pasé por la idea de entrar a estudiar historia, pero mi otra pasión, y creo que también vino derivada del escultismo, fue toda la parte de salud, de primeros auxilios y socorrismo.
Claro. Quizás esa fue la primera idea. Y creo que hubo otro capítulo aparte que tiene que ver con el doctor Ben Casey.
Ah, sí, el neurocirujano de la televisión. Creo que fue uno de esos personajes que tocó a esa generación mía.
Claro que sí, lo recuerdo perfectamente. Y estudias medicina en la Universidad Central, te gradúas en el año 1988. No sé si estudiaste en la Razetti o en la Vargas.
En la escuela Razetti, habiendo nosotros sido de esa generación que pasábamos por Cebucán, por el filtro de Cebucán, que hoy en día es la Escuela de Enfermería. Es un edificio que era el seminario de La Salle, un edificio muy bonito. Hacíamos un año de básico en Cebucán y después migrábamos al Hospital Vargas o a la Razetti, en la Ciudad Universitaria.
O sea que tú te formaste en el Hospital Clínico Universitario.
Sí, en la Ciudad Universitaria.
Vivir la vida universitaria en la UCV fue extraordinario. Y hay un período entre el momento en que te gradúas, en 1988, y tuviste que hacer un rural. ¿Dónde lo hiciste?
Nosotros en Venezuela teníamos dos mecanismos para hacer pasantía rural: o hacíamos un año dedicado a una pasantía rural exclusivamente o hacíamos un internado rotatorio. Yo tuve la fortuna y la suerte de haber sido parte de la primera generación que hizo ese internado en el Hospital Clínico de Caracas.
Ah, qué bien. Con tan buena suerte que, de esos dos años, hice tres meses en Margarita en el primer año y otra vez tres meses en Margarita en el segundo año. La primera vez me tocó un pueblo en Macanao. Macanao era el fin del mundo en esa época, más allá de donde se cambia Superman.
Y San Francisco, en Macanao, era un sitio muy remoto, pero fueron tres meses absolutamente mágicos, en mi memoria.
Enfrente de San Francisco de Macanao está una de las playas más bellas de Margarita, que es La Pared.
Sí, yo pasaba consulta y salía corriendo del pueblo, bajaba por la carretera, me bañaba en La Pared y subía otra vez.
Qué maravilla.
A pasar la consulta en la tarde. Sí, y a veces los mismos pregoneros que andaban vendiendo verduras me daban la cola de vuelta y escogía: o me bañaba en La Pared o iba al Tunal.
Al Tunal, imagínate. Y después, el segundo año lo hice en el pueblo de La Guardia, también en Margarita.
Claro. Y te vas a hacer una maestría en Londres, una maestría en inmunología médica en la Universidad de Londres, de donde regresas en el año 1994. ¿Por qué Londres? ¿Cómo la escogiste? ¿Por qué inmunología?
Esto es una historia con un piquete diferente.
A ver.
Yo estaba aplicando para hacer mis posgrados clínicos, ya sea en Estados Unidos o en Inglaterra. En ese momento se dio que yo estaba en el proceso de presentar mis exámenes americanos y había pasado parte de ellos. Se me abrió la oportunidad de hacer mi posgrado en Inglaterra.
Yo había empezado a hacer posgrado de medicina interna en el Hospital Vargas y tuve la dicha, la fortuna de conseguir la buena pro de los doctores Huan y Mussi.
Rafael Mussi Mendoza.
Sí, yo era su alumno. Una eminencia médica.
Claro.
Y les generaba un hueco en el posgrado al renunciar intempestivamente después de un año. Pero ellos me apoyaron. Me fui a Inglaterra a continuar mi posgrado de medicina interna.
Entiendo que ya tú habías vivido en Inglaterra porque fuiste a estudiar inglés, a principios de los años 80.
Obtuve un título de profesor de inglés como lengua extranjera. Es un certificado de la Universidad de Cambridge. De hecho, yo durante toda mi carrera médica trabajé como profesor en la escuela Berlitz.
Ah, en Las Mercedes.
Entonces iba a mis clases de medicina y trabajaba de seis a nueve todos los días dando clases de inglés en Berlitz.
La energía de la juventud.
Sí, ¿no? Y la idea de conocer gente también, hacer otras cosas y tener un espacio diferente, no solamente en medicina. Y en Inglaterra empecé, continué en medicina interna, y mi jefe inglés, Mark Wansford Jones, me dijo: «Mira, Sunil, tú tienes un problema. Y el problema es que tú tienes un título extranjero».
Para poder hacer tu continuidad educativa en Inglaterra, te conviene tener una calificación adicional que no tengan los ingleses. Y es ahí donde yo, en pleno posgrado, trabajando cien horas a la semana...
¡Wow!
Él me sugirió: «Aplica a una maestría adicional, para que tengas un título académico adicional que no tengan los ingleses».
Qué bien, buen consejo, ¿no?
Sí, y eso te va a servir a ti en los concursos a futuro. Siempre vas a tener una calificación más que tus competidores.
Claro. Y es ahí donde hice esta maestría con un mecanismo part-time, un mecanismo a tiempo parcial, de manera que mi trabajo clínico persistía. Y yo hacía mi entrenamiento adicional en inmunología.
En inmunología yo seguí a un inmunólogo como estudiante. Era un apasionado de la inmunología, quizás por el hecho de haber sido asmático y tener asma, con toda su patología asociada con alergias. Yo me dediqué mucho a la inmunología.
De hecho, mi gran héroe en pregrado era el doctor Baruch Benacerraf.
Claro, el premio Nobel de Medicina.
Así es. Y siempre fue un hilo conductor en mi vida dedicarme a la parte inmunológica. Se me abrió la oportunidad de aplicar a una maestría en algo de medicina. Podía haber sido biología molecular, podía haber sido cualquier cosa, pero yo escogí inmunología médica.
Yo hacía guardias un día sí y dos no. Y las noches en que no hacía guardias, hacía mis experimentos de tesis de dos a cinco de la mañana.
Permíteme leer esto muy brevemente: médico especialista en medicina interna, oncología médica, hematología y trasplante de médula ósea, bajo los auspicios del Real Colegio de Médicos de Londres, en diciembre de 1997.
Ese es otro de tus posgrados.
Esto fue un continuo. Yo estuve en Inglaterra desde el 92 al 97.
Fueron seis años de entrenamiento. El entrenamiento de un médico no es un salón de clases; el entrenamiento de un médico es como residente.
Claro, en un hospital.
Sí, bajo entrenamiento continuo. De manera que fueron seis años, perdón, de 100 horas a la semana.
Y una vez que terminas en Inglaterra tu entrenamiento, regresas a Venezuela. Sí tenías también el plan de quedarte por allá. Supongo que fue un dilema, ¿no?
Bueno, fue un dilema, pero en realidad al final se precipita la vuelta a Venezuela más por razones personales. Yo en aquel momento estaba en mis primeras nupcias, padre orgulloso de mi hijo mayor, y era un matrimonio que se venía resquebrajando.
Básicamente, mi plan era seguir en Inglaterra haciendo un desarrollo como médico y científico. La ventaja de ese tipo de sistema es que uno puede dividir su tiempo entre asistencia clínica y llevar una línea de investigación a nivel de laboratorio o a nivel de investigación clínica.
Y mi entrenamiento me ha llevado mucho a hacer investigación clínica, estudios clínicos en pacientes oncológicos. Pero eso se rompió al volver a Venezuela. Empecé a hacer mi trabajo asistencial como médico oncólogo en Caracas, en el Hospital de Clínicas Caracas.
Sí, en ese primer momento. Básicamente pude, y tenía la suerte de poder empezar en el Hospital de Clínicas Caracas. Ya había hecho un par de años como interno del posgrado y tenía mis vinculaciones con el Hospital de Clínicas Caracas.
Quise abrir también vinculaciones hacia el sector público con el Hospital Oncológico Padre Machado, el Hospital Oncológico de Rosetti. Pero bueno, en aquel momento, tal como me lo informaron, el plantel educativo y docente estaba ya completo y me dediqué a levantar mi práctica en el Hospital de Clínicas Caracas.
En esa época en la que te estás formando como oncólogo en el Hospital de Clínicas Caracas, ¿quiénes fueron tus maestros en oncología?
Ya, en realidad no, porque mi entrenamiento lo había cubierto y cumplido en Inglaterra. Pero había médicos venezolanos especialistas en esa misma área que te inspiraron o que te aconsejaron, o no particularmente.
No, aquí en Venezuela no. Ya en Venezuela yo llegué como especialista, a básicamente abrirme paso dentro de mi práctica, pero sí podría decir que mis mentores son básicamente británicos.
Puedes nombrarlos.
Sí: David Kerr, que fue mi profesor en Birmingham, y tuve la fortuna, hace unos años, de ser su colega otra vez. Mark Wansford Jones, que me apoyó mucho, así como George Griffin, que fue un profesor.
Yo hice medicina interna con enfermedades infecciosas. Eso fue un capítulo aparte porque me tocó enfrentar mucho la parte del VIH, que también fue un elemento muy forjador en mi carrera como médico. Pero, digamos, mi formación y mis mentores han sido básicamente ingleses.
Bien, en la próxima parte del programa, Sunil nos va a relatar cuáles son las ventajas de los estudios y de cuán avanzado está el tratamiento del cáncer en Inglaterra, en comparación con otros lugares del mundo. Estamos conversando con el doctor Sunil Daryanani, un médico oncólogo venezolano, y ya regresamos.
Les recuerdo que estamos en una nueva temporada de Los del Podio, dentro del programa «Venezolanos», un programa sobre el país y su historia, y estamos conversando con el doctor Sunil Daryanani. Habíamos dejado en la parte anterior del programa, Sunil, tu formación en Inglaterra vinculada con la oncología. Los estudios oncológicos allá son...
Se distinguen particularmente en relación con otros lugares del mundo.
Sí, bueno, básicamente Europa, Estados Unidos y Europa son, digamos, hasta Sudáfrica, los centros donde más desarrollo e investigación se hacen. Hoy en día también Australia es importante, y la oncología tiene que ver con investigación.
Nosotros no podemos avanzar y desarrollar avances, llámese en las diferentes modalidades de tratamiento del cáncer. El cáncer o los cánceres son condiciones bien complejas y es importante destacar lo rápido que se ha avanzado. Y esto tiene que ver...
Cuando dices «rápido», estamos hablando de que una ventana de 20, 30 años...
Sí, las tasas de curación han aumentado y la mortalidad por cáncer en países del primer mundo ha disminuido. Por supuesto que la incidencia sigue en aumento porque la población cada vez va a ser mayor.
Claro. Y los números van a seguir en aumento, no por cuestiones de descuido, sino simplemente por naturalidad.
Claro. Pero la mortalidad ha venido en descenso, lo cual no ha sido el caso en países, digamos, de menos ingresos, globalmente.
¿Y a qué le atribuyes ese descenso en la mortalidad? Quizás a atajar la enfermedad cuando se presenta, a la prevención, ¿a qué se debe?
Mejorías en diagnóstico, mejorías en tratamiento, básicamente en pesquisa. De manera que haber sido parte de ese desarrollo fue muy especial.
Yo particularmente tengo más de 30 años dedicado a la oncología y no quisiera hacer mi vida de otra forma. Es algo que me llena mucho. He trabajado algo en Estados Unidos, he trabajado sobre todo en el Reino Unido y en Europa, y he hecho investigación con pacientes, habiendo estado en estudios desde la fase más inicial de las medicaciones: fase 1, pasando a fase 2 y pasando a fase 3.
En Venezuela, por lo menos, no hay ese tipo de desarrollo. Lo hubo en algún momento: Venezuela participaba en estudios internacionales. Hay mucho interés en Latinoamérica de desarrollar el área de investigación clínica, pero, bueno, nosotros lamentablemente no tenemos mayor desarrollo hoy en día.
Claro. ¿Y cuáles son, en esas mejorías del tratamiento del cáncer, los cánceres que tienen mejor pronóstico hoy en día?
Hay una cantidad, y todo depende también del momento en que se haga el diagnóstico. Hay pacientes con enfermedades muy precoces que básicamente son perfectamente curables, sean donde sean.
Sí, yo trabajo en un área muy particular y hay un proyecto que estoy llevando a cabo, que es sobre todo en tumores de células germinales o cáncer de testículo, donde incluso hombres jóvenes con enfermedad metastásica tienen hasta un 95 % de cura.
Muy bien. Pero, bueno, por supuesto hay otros cánceres que son mucho más letales. Entonces tenemos muchísimas enfermedades.
El cáncer, como la gente lo percibe, parece una sola enfermedad, pero son múltiples enfermedades a la vez. Depende del órgano en el que nace, del tipo de célula y de toda una cantidad de particularidades.
Pero sí hemos logrado avances extraordinarios en muchos de estos cánceres.
Qué bien. Bueno, y estuviste trabajando en el Hospital de Clínicas Caracas hasta el año 2017, cuando haces un paréntesis y te vas a trabajar de nuevo a Inglaterra. Estás allí hasta el año 2022.
¿Cómo fueron estos nuevos cinco años en Inglaterra? ¿A qué te dedicaste? ¿En qué hospital trabajaste allá?
Sí, fue una experiencia extraordinaria, un poco movida en el 2016-2017 por toda una situación muy crítica en Venezuela, de problemas de acceso, problemas de medicamentos y disponibilidad. En algún momento, aprovechando tener licencia médica británica, apliqué a un trabajo y fui llamado a concurso dentro de la estructura de salud pública en el Reino Unido.
En el Reino Unido, el 95 % de la prestación de servicios de salud es pública. Y concursé a un cargo como consultant, que es, digamos, como adjunto de un hospital, el rango superior dentro de la estructura médica, y logré conseguir el trabajo.
¡Qué bueno!
Y me voy en el 2017 a Somerset, que es un condado que está al sur de Inglaterra, al suroeste, cerca de la ciudad de Bath, a un hospital en la ciudad de Yeovil.
Y empecé con un contrato de un año y, a lo largo de unos meses, me dijeron que mi contrato era permanente si yo lo deseaba. Incluso llegué a ser jefe de servicio y jefe de servicios de cáncer para toda esa zona. Éramos dos hospitales en todo el condado y básicamente llevábamos todo lo que eran los servicios oncológicos de ese condado.
Y fue una experiencia extraordinaria, tanto a nivel personal como a nivel profesional. En algún momento de esos años me reclutaron y me pidieron aplicar al hospital universitario de la Universidad de Oxford. Apliqué y también conseguí ese concurso.
Y ahí fue cuando pasé de Somerset a Oxford.
Pasaste varios años en Oxford.
En total, en mi experiencia en Inglaterra fueron cinco años. Fueron cinco años de trabajo en el sector público. Y nuevamente se me presentó el dilema: por circunstancias personales decidí volver a Caracas, un poco para estar más cerca de mi hijo menor, Lorenzo, que vive aquí en Caracas. Naturalmente, esa fue la razón por la cual volví a hacer el cambio.
Y curiosamente pareciera una cosa en tu destino, un hecho en tu destino. Hoy en día pasas, como dicen ustedes los médicos, pasas consulta en Caracas y en Margarita.
Sí, se me abrió esa oportunidad.
O sea que Macanao te llamó de nuevo.
Sí, nuevamente estoy de vuelta en Margarita. Y eso fue otra historia: uno de mis amigos abrió una clínica en Porlamar y me pidió que lo fuera a visitar. Ese mismo día le di la mano con un trato para impulsar un poco lo que es la parte de oncología médica, que es mi área, en Porlamar. Y hasta ahora ha sido un programa de tres años de trabajo.
Qué bien, qué bien.
Bueno, Sunil, es por supuesto inevitable preguntarte: en un área tan compleja de la medicina, ¿dónde encuentras satisfacciones? Es decir, debe haber muchos desafíos y es muy posible que haya resultados que no eran los que tú deseabas. Pero, por otro lado, debe haber grandes satisfacciones.
Yo creo que es el encuentro de la parte humanística en la medicina con la parte científica.
Muy bien. Las dos llenan.
Tener desarrollo académico, desarrollo hasta llevar las cosas a nivel molecular: esa parte calma esa ansia científica por la cual yo entré a medicina. Y el contacto directo, el dialogar, a veces tener conversaciones difíciles y llevarlas a buen término, ese par de elementos ha hecho que la oncología sea, digamos, mi área de desarrollo y me da muchísima satisfacción.
Todo en oncología, por supuesto, es un área muy drástica, un área muy cruenta a veces.
Claro. Pero uno se ennoblece viendo a los pacientes que uno ve.
Qué bien. Hay otras áreas de tu desarrollo profesional. No sé si llamar a esto el gremialismo, pero perteneces a muchas asociaciones oncológicas en Venezuela y en el mundo. Ahí has desarrollado un trabajo, has sido editor de la revista médica del Hospital de Clínicas Caracas y tienes un número importante de publicaciones también en revistas indexadas.
Esa otra faceta de investigador que publica y de gremialista que se preocupa por la situación de su área.
Sí, bueno, en el área de revistas médicas he tenido la suerte de ser miembro de comités editoriales de The Annals of Oncology, que es, digamos, la segunda revista más grande del mundo. He trabajado con otra publicación que se llama eCancer.
Soy revisor internacional para publicaciones médicas. Y, por supuesto, si eso se hace a nivel internacional, se hace a nivel nacional. Por otro lado, tengo actividad con comités internacionales sobre avance curricular en oncología a nivel global, tratando de que el oncólogo se capacite para la oncología global.
Y un poco el énfasis ahora ha sido tratar de llevar esto acá a Venezuela, de conseguir que el oncólogo de Venezuela tenga la visión global de la oncología.
Qué bien. Bueno, y veamos ahora unas facetas distintas a las del doctor Daryanani, el gran oncólogo.
Bueno, a ti hay facetas de la vida que te gustan mucho. Yo conozco la gastronomía, la lectura y los viajes. Me deben faltar algunas que no conozco.
Sí, conozco. Soy coleccionista de mapas antiguos de Venezuela.
Ah, caramba. Una pasión.
Colecciono mapas del siglo XVII, básicamente.
¿Dónde empezaste eso? ¿En Inglaterra? Porque allá hay mucha pasión por los mapas.
Sí, incluso desde Caracas. He seguido mapas cuando viajaba para mis conferencias, siempre buscando artefactos aquí y allá. Y tengo un pequeño hobby que tiene que ver con algunos carros clásicos.
Carros viejos, ¿no?
Sí, sí. Entonces, también eso me quita...
Pero los arreglas. Te conviertes, te desdoblas en mecánico también.
Digamos que eso lo hago un poquito outsourcing, en ese sentido. No es directamente; más bien prefiero manejarlos que arreglarlos.
Pero sí, son cosas que me llenan mis ratos de ocio.
Sí. Y la comida, las catas y qué sé yo, yo creo que...
Y, sobre todo, porque te conozco bastante, la conversación con los amigos también. Eres muy buen conversador. Como buen médico, sabes escuchar, que es un arte cada vez más comprometido.
Sí, y en algún momento de mi vida yo pensaba, cuando apenas estudiaba medicina, en un asunto de humor y comedia. De hecho, todavía hay personas que piensan que yo tuve que haber sido comediante en algún momento de mi vida y no médico.
Pero bueno, al final yo creo que...
Bueno, esa faceta no te la conozco, una faceta de Mr. Bean.
Sí, pero hubo necesidad de botar muchos de los chistes del disco duro para poder incorporar asuntos de tipo médico. Pero no, ha sido una trayectoria, digamos, divertida. He tenido la fortuna de haber ejercido medicina aquí en Venezuela, de ser muy feliz como médico en Venezuela y de haber tenido 11 años de desempeño también en el Reino Unido.
Claro. ¿Cómo te ves hacia el futuro, Sunil? ¿Qué viene ahora? ¿Qué quisieras hacer? ¿Con qué sueñas, tanto profesionalmente como al margen de la profesión?
Yo creo que voy a dedicar unos años más a la medicina. Una presión que siempre he sentido es la necesidad de mantenerme al día, y yo creo que llegará un punto en que diré que la posibilidad de hacerlo es incierta. No quisiera llegar al punto donde mi capacidad intelectual no la pueda trasladar al beneficio de un paciente. Entonces, me he planteado que en algún momento sí voy a pensar en mi retiro.
Bueno, estás lejos porque tú tienes 64 años.
Sí, 63 años, y calculo que dentro de cinco años lo empezaré a contemplar seriamente. Por supuesto, no es retirarme y colocarme un par de pantuflas, sino retirarme y abrir espacio hacia otra área de desarrollo.
Por eso quizás he venido haciendo mucho mi trabajo internacional con comités internacionales. Alguna vez quise o soñé con la idea de ser internacionalista y no lo descarto. No descarto que en los próximos años haga algún tipo de maestría en estudios internacionales, pensando en incorporarme a un organismo multilateral o incluso en ser diplomático.
No lo descarto. Soy médico, soy médico de corazón y no pienso hacer otra cosa, pero sí creo que la medicina da herramientas para poder desempeñarse en áreas de beneficio.
Volvamos al principio. ¿Tienes un recuerdo particular de tus profesores en la escuela Razetti?
Sí, muchísimos.
¿Quiénes están en la lista?
Bueno, el doctor Abadie, por supuesto, en medicina interna. Una de las personas que más me marcó. Hay profesores en áreas básicas, pero, sobre todo, en medicina, mi héroe, por llamarlo así, mi superhéroe, era el doctor Abadie.
Yo he notado que eso es muy común. O sea, el doctor Abadie fue verdaderamente un maestro de generaciones, ¿no?
Sí, y marcaba el norte hacia donde uno debiera impulsarse como médico científico. Creo que el doctor Mussi también es un hombre muy completo, un hombre que marcaba a sus estudiantes. Yo creo que él también, como docente, y el doctor Abadie serían las dos personas que quizás más huellas han dejado en mi desarrollo como médico.
Bueno, y es un hecho bastante celebrado en todas partes del mundo: la destreza y la calidad humana de los médicos venezolanos. ¿Qué tienes tú que decir sobre la formación que recibiste en la Universidad Central de Venezuela?
Yo creo que nosotros tendríamos que ser sumamente agradecidos por haber recibido una educación gratuita de ese nivel. En un mundo moderno donde la educación es costosa, haber recibido una educación gratuita de esa calidad es un valor al que no se le puede asignar un precio. Ese es mi agradecimiento a la Universidad Central, como creo que todos los médicos venezolanos deben sentirse agradecidos a los sitios donde pudieron ser educados.
¿Alguna vez pensaste desarrollar una faceta de docente? Sé que lo has hecho, pero quizás de una manera más formal, digamos así.
En algún momento el mismo doctor Abadie me convocó a ser instructor de un servicio de medicina. Me decía: «Doctor, yo estoy tan metido en mi subespecialidad, ¿cómo voy a ir a hacer lo más básico?», y no lo hice. Pero ahora empiezo un ciclo con la escuela Vargas de fisiopatología, de dar un ciclo de clases en ciencias básicas de oncología, que es la parte molecular, la parte genética del cáncer y la carcinogénesis. Eso va a ser un proyecto que ojalá se pueda instaurar en otras facultades.
Ahora que mencionas la parte genética del cáncer, ¿hasta qué punto el factor genético es determinante?
Ni tanto. Se tiende a sobreestimar y básicamente quizás un 10 % es hereditario. Se sobreestima por un asunto numérico: uno de cada dos hombres va a tener cáncer alguna vez en su vida y una de cada tres mujeres también.
¿Cómo es la proporción de las mujeres?
Una de cada tres, unos números estimados. Entonces, por supuesto, cuando las personas hablan de cáncer dicen: «No hay cáncer en mi familia», pero es que, por números, naturalmente los va a haber. No existe esa vinculación tan real; por eso es que se sobreestima lo que es el elemento genético por herencia.
Claro. Yo recuerdo dos médicos a los que aprecié muchísimo, el doctor Fernando Risquez y el doctor Lisandro López Herrera, y ellos hicieron un trabajo conjunto que, en pocas palabras, se simplificaba en que la gente se enfermaba o de cáncer o del corazón, que eran como las dos grandes áreas.
Y va a seguir siendo así. Naturalmente, uno de nuestros planes y de nuestras obligaciones como oncólogos es preparar a los gobiernos y preparar a las comunidades para los números que vienen en el futuro. Dado el aumento de la población, son números alarmantes.
Y poder generar conciencia sobre cuál debe ser la infraestructura que debe existir para poder atender a toda esa cantidad de personas. La India, ¿cuántas veces has vuelto? Cuando vas a la India, ¿te sientes en casa, sientes la tradición cultural de tu familia o tú eres un caraqueño perdido en la India?
Soy un caraqueño y soy indio a la vez. He vuelto un montón de veces y tuve la fortuna de pasar muchos veranos visitando abuelos, visitando primos. Ya más grande, por supuesto, no he viajado con esa misma frecuencia, pero ocasionalmente trato de ir una vez cada cinco o seis años.
¿Hay una región de la India que te guste por razones familiares: el sur, el centro, el norte?
Una vez que iría y volvería, trataría de ir a un sitio diferente, para conocer y absorber la cultura.
Hay una particularidad: cuando yo entro allá me empiezan a hablar en hindi. Fisionómicamente soy indio y me siento totalmente identificado.
Pero te hablan en hindi y tú no entiendes nada.
Entiendo muy poco, pero básicamente me puedo comunicar. Y lo que sí disfruto es vivir la cultura, la comida, todo. Esa parte me hace sentir que sí tengo un elemento de pertenencia allá.
Claro. Bueno, es inevitable que lo tengas y da orgullo sentirse así. Yo sí creo que sí. Y una de las preguntas que uno debe hacerse es que, si hubiese un juego de cricket entre la India y Venezuela, ¿por quién iría yo? Definitivamente iría por Venezuela.
Esas son las preguntas que hace Shirli Barnaki en una sección de su programa, que pone a decidir frente a esas circunstancias, frente a esas coyunturas.
Bueno, este ha sido un programa gratísimo, iluminador. Muchísimas gracias al doctor Daryanani, mi amigo Sunil Daryanani. Ya habrá otras oportunidades; se me quedaron muchas preguntas en el tintero.
No, más bien, muchísimas gracias, Rafael, por este honor. No es fácil, como decía yo al inicio, hablar en primera persona, pero mil gracias por darme esta oportunidad.
Un placer para mí, un gusto tenerte aquí en Unión Radio, en Los del Podio y en Venezolanos. Y para todos ustedes, nos vemos en nuestro próximo programa.