Transcripción completa del episodio
Este programa es posible gracias al equipo conformado por Gitanjali Suárez, Inmaculada Sebastiano, Melanie Pieruzzi, Carlos Javier Virgüez y Giancarlo Caravaggio. Recuerda que nos puedes seguir en Instagram como @PisoLaCultural y también puedes seguir la transmisión en vivo en www.mundovr.com.
Bienvenidos todos a Venezolanos, en esta serie Los del Podio, cuarta temporada. Hoy vamos a conversar con María Isabel Guinand de Patiño. Bienvenida, rectora.
Muchas gracias, profesor; muchas gracias por la invitación.
No, pero hoy no vamos a hablar solo de la rectoría de la Universidad Metropolitana; eso quizás lo hablamos al final. Tratándose de una entrevista de personalidad, vamos a recorrer su vida, cómo la vida la fue llevando hasta donde está. Usted es hija de Alfredo Guinand Valdó y María Mercedes Quintero de Guinand, es decir, de un ingeniero civil y una licenciada en educación.
Uno puede sospechar que su vocación pedagógica viene de su madre, ¿es así?
Bueno, yo diría que no necesariamente, porque mi mamá se graduó de licenciada en educación después de que yo me gradué del máster; es decir, ella estudió después de que mi hermana menor se graduó de bachillerato. Nosotros somos una familia grande, de siete hermanos. Mi mamá siempre tuvo mucha inquietud por el aprendizaje; quizás, en ese sentido, hay algo de modelaje, pero en realidad su carrera profesional y su ida a la universidad, al campus universitario, dieron ese paso una vez que mi hermana menor ya terminó su bachillerato.
Digo que a mi mamá le gustaba mucho el tema del aprendizaje porque siempre la vi estudiando cosas muy particulares para una señora de esa época. Mi mamá nació en el año 1929, o sea que estaría próxima a los cien, dentro de poco; mi papá incluso estaría este año en 99 años. En aquella época sabíamos, pues, que no era tan común que hubiera mujeres universitarias, pero ella siempre tuvo mucha inquietud por estudiar y siempre la vi estudiando piano, estudiando música, estudiando alemán.
Alemán, ¿y eso por qué?
A ella le encantaban los alemanes porque era extremadamente estructurada.
Claro. Y para tener una familia tan grande, de siete hijos, en aquella época le gustaba mucho la estructura. Entonces ella tenía sus clases de alemán en la Institución Humboldt. Yo veía a mi mamá siempre estudiando con sus libros amarillos. Estudiaba francés también, que lo estudió desde el Colegio San José de Tarbes, y tenía su profesora de francés. Entonces siempre la vi con esa inquietud de aprender.
Qué bien. Bueno, con el ejemplo se educa.
Totalmente. Se educa, y yo creo que más profundamente.
Y usted estudió en el Colegio San José de Tarbes, igual que su mamá, pero su mamá debió estudiar en El Paraíso.
Mi mamá estudió en La Florida.
No, mi mamá estudió en el Externado, que es un colegio que después migró a El Paraíso.
Y ella estudiaba en el centro de Caracas y ese colegio solamente tenía primaria.
Okey. Y los cuentos dicen que ella después estudió en un colegio que llamaban La Guadalupe, el bachillerato en Sabana Grande.
Claro, está todavía en la avenida Casanova.
Entonces, digamos, no conozco ese colegio en particular, pero sé que ahí estudiaban las muchachas de la época, estudiaban su bachillerato. Pero mi mamá siempre fue muy cercana al mundo, al espíritu y al carisma tarbesiano. Entonces mi abuelita del lado de ella, o sea, mi abuela Quintero, también había estudiado en ese mismo colegio, el de Tarbes, y mi abuela Guinand, por otro lado, también.
Entonces, bueno, era como una tradición: nosotras, las nietas, todas fuimos al Colegio San José de Tarbes, en La Florida, y ahí nos educamos con las hermanas, prácticamente toda la primaria y todo el bachillerato. En esa época la mayoría eran francesas, ¿verdad?
Yo tuve la posibilidad de estudiar en un colegio en el que quizás había una o dos hermanas francesas, pero ellas todas hablaban francés.
Okey, pero otras eran venezolanas.
Venezolanas. Tuve la posibilidad de estudiar en el colegio por la mañana en español y, por la tarde, nos daban las clases de francés con profesoras. Pudimos aprender el francés desde pequeños, cosa que todavía uno tiene ahí.
Yo tengo un cuento muy gracioso del colegio, porque nosotros hacíamos el preescolar, casi en casa de mi abuela Guinand. Mi abuela Guinand tenía un don de maestra espectacular. Cuando empezó a tener nietos, decidió hacer un kínder en su casa. Se llamaba el kínder Los Pajaritos.
De hecho, hoy en día nosotros tenemos un chat, todos los primos hermanos, que se llama Los Pajaritos. Todos pasaron por ahí. Bueno, casi todos los que pasamos, porque mi abuelita falleció, pero todos los demás pasamos por ahí.
Era un maternal, un kínder y un preparatorio, con rigor académico. Ella tenía una maestra alemana que había sido maestra de mi papá y de sus hijos anteriormente; se llamaba la señorita German. Después contrató a otra maestra, Carmen Luisa Torrealba, que también le ayudó con nosotros.
Pero, en mi caso, yo llegué al Colegio San José de Tarbes en segundo grado. Todas mis hermanas y mis hermanos, que iban para el Colegio La Salle, llegaron en primer grado.
Y si usted tuviera que resumir la educación tarbesiana en un punto, ¿cuál sería el gran valor de esa educación?
Yo digo que la educación tarbesiana, que nos une hoy incluso a todo el grupo de egresadas que nos encontramos y nos relacionamos, nos dio una educación de vanguardia, una educación que iba más allá de los libros, más allá de las asignaturas. Era una educación donde tú vivías el colegio, pero vivías también fuera del colegio; tenías que involucrarte en cosas relacionadas con la sociedad, con la comunidad donde tú vivías, misiones o algo que iba más allá del propio rigor académico.
Entonces eso ayudaba mucho a tener una convivencia de una comunidad tarbesiana muy particular. En el transcurrir de la historia hemos visto muchas tarbesianas que se han distinguido con muy buena formación y muy buenas posiciones de liderazgo e influencia, y que han sido referentes.
Yo diría que esa educación de las hermanas, que era con rigor, fuerza y disciplina, pero a la vez con comprensión, con apoyo y con oportunidades, combinaba muy bien esos dos temas.
Y cuando llega a quinto año de bachillerato y hay que escoger qué carrera estudiar, ¿cuáles eran las alternativas y por qué se decantó por estudiar Educación, mención Física y Matemática, en la Universidad Católica Andrés Bello?
Es una pregunta maravillosa, porque muchas veces digo: ¿por qué yo, carrizo, sé esto? Porque después de mi vida profesional hice otra cosa. Pero lo que sí me quedaba claro era que yo era buena en las matemáticas; eso me quedaba claro.
Y la física también.
La física, de segundo, pero matemática era en lo que yo era una estrella. De hecho, tengo un cuento con una compañera que estudiaba conmigo y a la que la profesora de matemática le dijo: "Dile a Guinand que te regale un punto para que pases". Yo le regalé un punto porque a mí como que me sobraban los puntos, decía ella.
Pero, bueno, en todo caso siempre me gustó mucho la matemática y tuvimos unos extraordinarios profesores de matemática en el colegio. Recuerdo a una española, la profesora Campos, que era un taco y, de verdad, nos enseñó mucho a querer la matemática y a entender que la matemática...
Qué importante es un profesor.
...va más allá de números o de álgebra.
Claro, ella nos entusiasmaba, porque eso es lo que hace un buen profesor. Nos entusiasmaba, nos hacía competencia, explicaba muy bien y evaluaba impecablemente bien. Y la profesora de física, que se llamaba la Nova, también era una extraordinaria profesora de física.
Nos ponía también a hacer cosas mucho más aterrizadas a lo que es la física, que es como la aplicación, de alguna manera, de la matemática y de las fuerzas en la naturaleza. Entonces hacíamos ferias, etcétera. Recuerdo que ese cuarto y quinto año fue muy activo con esas dos profesoras de física y matemática.
Yo creo que ellas me impulsaron mucho a reflexionar sobre que yo tenía habilidades para eso.
Claro. Ahora, cuando vino el momento de la prueba de admisión, yo hice mi prueba de admisión en la Universidad Simón Bolívar y en la UCAB también, con la idea de estudiar matemática pura.
Okey. O sea, matemática, matemática, ciencia básica.
Pero yo creo que ahí también influyeron algunas hermanas del colegio: la hermana Carmen María y la hermana María Gabriela, diciendo que yo tenía capacidades pedagógicas, que tenía capacidad de relacionamiento, que no me veían tan científica. Y bueno, creo que con ese coaching, por decirlo así, esa mentoría, tomé esa extraordinaria decisión.
Se gradúa en el año 1980, con el segundo puesto de la promoción, muy alto, y de inmediato empieza a hacer el máster en Administración de Empresas del IESA.
Bueno, quizás no de inmediato, pero fue dos años después. Mientras estudiaba en la universidad fui profesora de matemática del Colegio San Ignacio, de cuarto y quinto año, un colegio de puros varones. Entonces tenía alumnos que me encuentro hoy; incluso he trabajado con ellos. O sea, que los he visto así de pares, trabajando juntos.
Fue una experiencia maravillosa porque yo era muy penosa y dar clase me ayudó muchísimo a soltarme y realmente a saltar esa barrera. Y siempre reflexiono por qué quise hacer el máster en Administración. Me gustaba dar clase, pero eran volúmenes grandes de estudiantes: eran 40 estudiantes del Colegio San Ignacio.
No, no, yo estudié en Los Arcos, en San Agustín.
Pero en el Colegio San Ignacio eran cuatro secciones de 40 alumnos, cada una; eran muchos estudiantes. Sentía que me faltaba algo también desde el punto de vista del aprendizaje. Y lo primero que quise hacer antes de ese máster fue probar hacer un máster en estadística.
Pues yo tenía un compañero de la universidad que lo hizo, se llama Evaristo Díce, es un tremendo estadístico, y me gustaba la estadística. Dije: bueno, voy a ver si hago ese máster en estadística en la UCV. Y empecé a intentarlo, pero como que no me gustó tampoco la idea de estar trabajando en seguros y cosas de esas, porque los estadísticos hacen ese tipo de cosas.
La mamá de una compañera mía de la universidad estudiaba en el IESA en ese momento, una de las primeras promociones. Un día, conversando con ella, que era muy inteligente, muy estudiosa, me dijo: "Mira, yo te veo a ti capacidades gerenciales. A mi hija no; mi hija Nora, se llama Nora, yo le veo muchas capacidades pedagógicas. Ella sí es una maestra, pero así de cabal. Pero a ti yo te veo capacidades gerenciales.
"¿Por qué no combinas tus conocimientos matemáticos, estadísticos, etcétera, que tienes, con la gerencia? Yo creo que te puede ir bien". Y eso cambió mi vida.
Totalmente. Sí, cambió mi vida.
Porque te graduaste en el IESA y muy pronto...
Me gradué en el IESA en el año 83.
83, exactamente. Y muy pronto empiezas a trabajar en Empresas Polar, en el año 83, como especialista de planificación estratégica. Allí hiciste una carrera extraordinaria hasta el año 2018 o 2022: especialista de planificación estratégica, asistente a la Dirección General, gerente de investigación de mercado.
Aquí se ve ya un sesgo hacia el mercadeo, que es interesante, porque después seguiste como gerente de marca, como gerente nacional de investigación y nuevos productos y, finalmente, como gerente nacional de mercadeo. ¿Cómo fue esa deriva hacia el mercadeo?
Bueno, a mí me contrata, en aquel entonces, el director general, llamado Eduardo Quintero Núñez. En ese momento se estaba formando la Dirección de Planificación, la Dirección de Finanzas, y tuve una muy buena experiencia allí.
Sobre la Dirección de Planificación se hacía todo lo que eran los modelos de demanda de los productos, principalmente masivos: la cerveza, la malta, la harina, etcétera. Entonces ahí tuve la oportunidad de trabajar con gente muy competente de aquel entonces y utilizar también mis conocimientos numéricos, porque eran modelos matemáticos.
Esos modelos de proyección sirvieron como base para algunas propuestas de nuevas líneas de producto, etcétera. Y eso, de alguna otra manera, animó a la compañía a empezar a pensar en una organización que tuviera el mercadeo, porque cuando yo entré no existía.
Había todo lo que era producción técnica y una organización orientada a las ventas.
¿Y el mercadeo lo hacía una empresa de publicidad?
Bueno, había hasta una empresa de publicidad interna, pero la labor o la función del mercadeo, per se, en aquel entonces no estaba muy bien dibujada. Ahí tuve la suerte de comenzar a dibujar esa organización de mercadeo desde el inicio.
Empezamos con todo el tema de investigación de mercado, para entender realmente qué estaba pensando el consumidor y qué era lo que el consumidor quería: un mercado creciente, muy masivo, con un liderazgo muy sólido de Polar en sus productos. En esa época Polar estaba, además, en una diversificación de productos; se estaba convirtiendo cada vez más en un conglomerado agroindustrial.
Y empezaron a surgir también los primeros intentos de la corporación de tener una estructura corporativa, porque teníamos, por un lado, la división de alimentos y, por otro lado, la división cervecera. Yo reportaba a la división cervecera.
Luego, bueno, con el proceso se fue gestando una de las cosas más increíbles que me tocó hacer y que tiene que ver con la relación matemática-educación-empresa. Me tocó vivir el cambio generacional de lo que nosotros llamamos las leyendas Polar de ventas.
Es decir, aquellas personas que crearon todo lo que fue la cadena de distribución, que es una ventaja comparativa enorme que tienen Empresas Polar hoy día y que ha tenido siempre. Fueron aquellas leyendas, aquellas personas que tomaron la iniciativa de tener una distribución masiva, puerta a puerta, independiente, con franquicias, aunque en aquel momento eran vendedores, y que efectivamente se convirtiera en una capacidad de la empresa que fue creciendo, desarrollándose y solidificándose.
Entonces a mí me tocó realmente ese cambio generacional: conocer a estas leyendas y entender bien qué era lo que había en sus cabezas, pero también, de alguna manera, meterle un poquito de técnica y un poquito de investigación exacta y numérica.
De acuerdo, en aquel entonces contratamos a la empresa Datos, que hacía estudios de mercado, te entregaba unos libros grandísimos con una cantidad de números, y me tocaba explicarles a todos ellos por qué eso era importante y por qué debíamos tomar en cuenta todos esos promedios, esas desviaciones y qué significaba, etcétera.
Todo ello con la grandísima oportunidad de conocer de la experiencia, nutrirme de ella y poderles, de alguna manera, poner yo algo de lo que traía.
Bueno, y esa carrera en Polar llegó hasta directora general del negocio de cerveza y malta. No sé si hubo alguna otra actividad antes de 2010; ¿esa fue la última o en 2022?
Esa fue la última que tuve como ejecutiva, como cargo gerencial y ejecutivo en la organización. Hubo una en el camino que fue muy interesante: fui directora de Recursos Humanos, de Gestión de Gente.
Digo que fue un servicio militar, claro, porque fue un recorrido además largo, de treinta y tantos años. Fueron cinco años, pero cinco años muy intensos, porque fueron cinco años de alta conflictividad laboral. Por un lado, había que buscar una manera de bajar el costo laboral, que estaba muy alto en la organización, y por otro lado continuar, mantener y procurar la paz laboral.
Me tocó liderar esa área y me siento muy satisfecha de todo lo que aprendí, de un área que no era natural para mí.
Muy bien. Bueno, en la próxima parte del programa seguiremos conversando con María Isabel Guinand. Vamos a entrar en temas personales también, porque toda esa carrera la acompaña un esposo y tres hijos. Nos hablarás de eso y de las nuevas facetas que ha ido desarrollando en la Universidad Metropolitana y en el IESA, porque también tienes tiempo allí, en la dirección.
Bueno, ya regresamos.
Estamos de vuelta en Los del Podio, cuarta temporada, en esta conversación con María Isabel Guinand de Patiño. Comencemos por ahí: Roberto Patiño, su esposo desde el año 1984, con quien ha formado una familia de profesionales muy exitosos también.
Así es. A Roberto lo conocí por ahí cuando yo tenía 19 años. Ya me había graduado del colegio y estaba en la universidad; lo conocí a través de una amiga, precisamente del colegio. Empezamos a salir y tuvimos un noviazgo larguito.
¿Cuánto duró el noviazgo?
Ese noviazgo duró siete años. Nos casamos en el año 84 y, ya imagínate, estamos cumpliendo este año 42 años de casados, en el mes de junio. Gracias a Dios nos hemos entendido bien, como pasa en todos los matrimonios felices.
Yo creo que puedo decir que hemos sido muy felices los dos en este trayecto de vida. Teníamos un objetivo común, que era formar una familia, y no solamente una familia nuclear como la que tenemos nosotros, sino también formar parte de una gran tribu.
Es la tribu que nos convoca generalmente todos los domingos allá en Los Chorros, la tribu de Atapaima, como decimos nosotros. Roberto siempre se ha destacado por ser el gran factor, como bisagra de unión, de invitación, de estar pendiente de todo y de que, de alguna manera, tengamos esos encuentros familiares que siempre son importantes.
Hay una hija suya que es médico. Dentro de los Guinand, bueno, creo que hay uno que era médico, Alberto.
El hermano de mi papá, mi tío Alberto, es cardiólogo, fundador del Centro Médico Docente La Trinidad, y también trabajó muchos años en el Centro Médico de Caracas. Quizás en la familia de mi papá predominaban más los ingenieros y ese tipo de profesiones, más numéricas.
Pero mi tío Alberto disfrutó enormemente el estudio de medicina de mi tía Patricia. Como vivíamos en el mismo terreno, él siempre bajaba para ver qué era lo que estaba estudiando y entonces estudiaba con ella. Además, peleaban porque él decía: "Eso no se llama así", y Patricia le decía: "No, tío, eso se llama así". "No, pues en mi época eso no se llamaba así".
Fue una grabación, la verdad, que fue para recordar. Mi tío Alberto, que en paz descanse, fue un tremendo médico, muy familiar y muy querido por todos nosotros.
Patricia, desde muy pequeña, yo diría que desde primero o segundo año, ya estaba decidida a que eso era lo que quería hacer. Como que lo tenía muy dedicado, pero era difícil entrar en medicina y yo le dije: "Bueno, piensa alguna otra opción que no sea la Universidad Central de Venezuela; lo mejor puede ser la ULA".
Claro, Carabobo también.
La Universidad de Carabobo. Ella me dijo: "No, mamá, si yo estudio medicina, yo sé que es difícil, que es largo de estudiar. Aquí en mi casa yo voy a hacer todo lo posible por salir bien en el examen y por entrar". Y salió.
Y salió del examen y tuvo unos estudios muy exitosos. Hoy en día es dermatóloga; hizo también su especialización de medicina interna y dermatología en la Universidad Central de Venezuela, en la Escuela Vargas, y después se ha ido especializando con unos fellowships fuera, en la Universidad de Pittsburgh.
Se casó con un médico también.
Ah, un médico de la Universidad Central.
De la Universidad Central, de la Escuela Vargas. Es neurocirujano.
Ah, pues qué bien. Y de ellos tengo tres nietos. O sea, que vivimos hablando de los hijos, pero ahora también estamos hablando de los nietos.
Y hay dos hijos que son ingenieros de producción. Roberto es ingeniero de producción de la Simón Bolívar. Mi hijo Roberto es el que quizás tiene más conocimiento público, dados sus programas sociales.
Desde muy temprana edad siempre le vi la intención y la vocación de servicio y la vocación de liderazgo. Desde que estaba en el colegio se lo notaba yo y se lo notaban sus maestros y sus profesoras. Igual en la universidad: él fue líder estudiantil de la Universidad Simón Bolívar en su momento.
Luego trabajó en algunas campañas presidenciales y, en un momento dado, decidió hacer un posgrado fuera. Hizo un posgrado de políticas públicas en la Universidad de Harvard.
Sí, en la Kennedy School.
Después regresó e hizo dos organizaciones con programas relacionados con la seguridad ciudadana: una que fue su tesis de grado y otra sobre el tema de alimentación, los comedores Alimenta la Solidaridad.
Qué bien. Y su hija menor, Isabella, que es ingeniera de producción de la Universidad Metropolitana, orgullosamente unimetana, hizo un máster en finanzas en el IESA.
Isabella tiene tres hijos varones, tres niños varones. Conjuntamente con su hermana, después de haber tenido una experiencia primero corporativa, después una empresa familiar con mi hermana, desde hace unos cuatro años montaron un centro dermatológico de salud.
Patricia es la técnica, obviamente la médica, y ella es como la gerente, la que se ocupa de todo.
Gerente de finanzas o gerente general.
Se ocupa de todo, de todo el funcionamiento, de los procesos, tanto de administración, finanzas y mercadeo.
Y no hablé de la hija de Roberto, que, si me escucha, me lo puede reclamar. No lo voy a dejar pasar. Roberto tiene una hija que se llama Julia, muy linda; tiene casi dos años y va a tener un varón próximamente. Le va a poner el nombre de su abuelo: se va a llamar Alfredo.
Ah, qué bien, muy bien.
Bueno, y entonces entremos en el período de la Universidad Metropolitana a partir de 2022. ¿Cómo ha sido esa experiencia? ¿Cómo ha sido la curva de aprendizaje?
Porque, bueno, llegar a una organización que usted conocía, pero en la que no había estado adentro, eso también es muy interesante.
Sí, yo diría que después de ese trayecto, más de 40 años en Empresas Polar, haciendo gerencia, gestión, dirección y gestión humana, como mencioné antes...
Más de 40 años.
Sí, sí.
Yo tenía anotado un poquito menos, pero sí.
Cuarenta. Cuarenta y dos años.
Hoy en día participa en sus juntas directivas.
Sí. Haber estado en ese mundo corporativo y, después de haber discernido durante varios meses la posibilidad de asumir este reto de la Universidad Metropolitana, siento que así lo puedo caracterizar.
Un regalo de Dios.
Qué bueno, qué bonito.
Así lo caracterizo porque estoy en un momento en el que puedo entregar mucho de mi conocimiento, mucha de mi experiencia en gestión, en liderar un plan de transformación de la universidad, en un momento en el que la educación en general y la educación superior en particular están enfrentando muchísimos desafíos, y usted lo sabe porque es profesor universitario.
Claro. Primero, los desafíos propios de lo que es la revolución del conocimiento, de todo lo que se nos propone con el mundo digital y tecnológico y la inteligencia artificial, etcétera. Eso, por un lado.
Pero, por otro lado, también está el reto de enseñarles a los alumnos de esta generación, la generación Z o generación alfa, como se llaman. Son jóvenes que tienen un dinamismo quizás bastante distinto, inclusive al de mis hijos.
Por supuesto. Que son ya treintones todos.
Claro. Yo diría que me pareció fascinante porque son estudiantes que vienen con un nivel de información muy grande, quizás con profundidades no tan grandes, y uno tiene que hacer toda la labor que hacemos. Ahora voy a echar un cuento de usted.
Así.
Y, por otro lado, tienen habilidades técnicas altas de búsqueda de información, habilidades blandas que sé que son muy importantes, y se les notan las ganas de hacerlo y de hacerlo más rápido. También está, obviamente, el reto del manejo de la tecnología y de la inmediatez.
Claro, que eso es quizás un tema de reto de los profesores.
El cuento que iba a echar suyo: yo una vez me lo consigo por ahí, en la plaza del rectorado, y le pregunto: "Hola, profesor, ¿cómo está? Cuénteme, ¿cómo le está yendo?".
Dice: "Bueno, tengo dos cursos: uno muy bueno y uno no tan bueno". Ajá, ¿y cuál es el no tan bueno? "Bueno, el no tan bueno es que me están tocando muchachos muy jovencitos, de 17, 18 años, etcétera; cuesta que pongan atención, son difíciles las correcciones y no tan bueno".
"Pero tengo un grupo magnífico, maravilloso, que ya está en décimo trimestre. Las presentaciones que hacen, las disertaciones, etcétera...". Yo le dije: "Prof., estoy muy contenta con lo que me está diciendo".
Claro. Estamos haciendo nuestro trabajo bien.
Entonces, porque de eso se trata, de eso se trata: del paso por la universidad, de transformar a los seres humanos que nos llegan, a esos jóvenes, ese talento maravilloso que nos llega, y darles las herramientas para que puedan.
Es muy emocionante verlos a los 17 años, sin haber desarrollado destrezas, y verlos a los 20 o 21 años, cuando ya son personas con virtudes, con un desarrollo de destrezas muy particulares y, por supuesto, con conocimiento.
Así es.
Entonces eso, bueno, creo que ha sido un descubrimiento y un aprendizaje muy grande para mí también: el mundo académico. Poder tener la posibilidad de tener conversaciones no necesariamente gerenciales o no necesariamente de gestión, como las que normalmente tenía en una corporación, sino conversaciones probablemente más profundas de un ámbito o de un tema en particular.
En un consejo universitario, en una reunión de decanos, me nutro de las perspectivas de cada uno y puedo tener la capacidad de, quizás, agregar valor. Ahí es como unir esos puntos, como unir las necesidades o las exigencias de una escuela de ingeniería con las necesidades, las exigencias y las posibilidades de una escuela, de una facultad de Humanidades, de una facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, de una facultad de Educación o de los muchachos que están haciendo emprendimiento.
Tener ese ecosistema todo junto me parece fascinante.
Claro que sí. Ahora, ya usted tenía una experiencia en el mundo académico, en la dirección del mundo académico, porque integra la junta directiva del IESA desde el año 2003.
Sí, en el año 2003 Jonathan Coles, que era el presidente ejecutivo del IESA, me invitó a participar en el consejo superior. Efectivamente, era un rol más consultivo.
Claro, y no hay pregrado.
No hay pregrado; es una escuela bastante más pequeña. Me sentía como más en casa, por decirlo de alguna manera, como más confortable, porque era, primero, el sitio donde me había graduado, mi alma mater; y, segundo, porque las relaciones allí con el sector productivo eran, en ese sentido, más rápidas o más frecuentes.
Una de las cosas que he tenido que impulsar, y que era parte, yo creo, de lo que el consejo superior quiso que yo hiciera en esta etapa de la universidad, es justamente fortalecer los vínculos con el sector empresarial y el sector productivo venezolano.
Entonces yo creo que esa ha sido una muy buena orientación que me ha dado el consejo superior de la Universidad Metropolitana: ver cómo somos útiles como una universidad de gestión privada, y una universidad además creada por empresarios con esa visión de darle al mundo empresarial y al mundo de la producción talento.
Bueno, ahora, ¿cómo escalamos eso al mundo de hoy, a las necesidades de hoy? No solamente talento, sino también conocimiento, servicios, asesorías, consultorías y propuestas de proyectos. Y bueno, ahí me siento como pez en el agua.
Claro, por supuesto. Ahora, fíjese, hay algo bien interesante. Creo que son 15 años solicitando ante el Consejo Nacional de Universidades la aprobación de unas carreras.
Aprobaron carreras en la Metropolitana, en la Monteávila y en la Católica. Eso está muy bien. Ahora, imaginemos un mundo donde la aprobación de una carrera nueva no tome 15 años, sino seis meses. ¿Cómo se imagina el crecimiento de la Universidad Metropolitana?
Un ejemplo le doy: Venezuela creo que es el único país, o de los pocos países de América Latina, que no tiene facultades de medicina en universidades privadas. Eso tendría que cambiar en una Venezuela diferente, ¿no?
Bueno, yo diría que sí, pero quizás eso tiene un racional que no es de los últimos años, sino histórico: en Venezuela las carreras de salud se han protegido dentro de las universidades públicas. Principalmente, quizás la orientación es porque ellas son las que mantienen los hospitales y las que son garantes de la salud pública.
Ese era un argumento, pero ¿por qué excluir al sector privado? Por otro lado, hay algunas otras carreras del sector salud que pudieran ofrecerse. De hecho, las hemos propuesto a universidades de gestión privada, pero siempre ha habido como un: "Espérate, vamos a ver". Por ejemplo, Nutrición y Dietética y otras similares.
Pero, a la pregunta de qué pasaría si la aprobación de una carrera no fuera un trayecto tan complejo y tan largo, la Universidad Metropolitana se está empleando en eso hoy día y no vamos a descansar.
Como yo les digo a los decanos y a las directoras de escuela, no importa que llenemos la tubería de propuestas al consejo, al CNU y al ministerio, siempre que sean propuestas que tengan sentido para el país. De las propuestas que nosotros hemos llevado hasta ahora nos han aprobado dos, pero tenemos unas ocho más.
Son propuestas de técnicos, técnicos superiores. Los técnicos superiores permiten que el estudiante, en carreras de tres años o de dos años y medio, dependiendo, pueda rápidamente ir al sector productivo y proveerse su sustento.
Muchas veces no pueden ir a la universidad privada o acceder a ella porque no tienen los recursos, y los padres tampoco tienen los recursos para todos, a lo mejor porque son dos o tres hijos.
Entonces eso es una herramienta, y no solamente por eso, sino también porque el sector lo necesita. Con la migración hay un segmento de técnicos que realmente el país y el sector productivo necesitan.
Hoy, casualmente, para este trimestre, cuyas inscripciones son ayer y hoy, nosotros lanzamos —o sea, nos aprobaron— el Técnico Superior en Sistemas Inteligentes. Está dentro de la Escuela de Ingeniería; es como un paso previo a la ingeniería de sistemas, pero es el técnico que maneja inteligencia artificial y sistemas complejos.
Eso lo estamos ofreciendo hoy en la Universidad Metropolitana. No he visto cuántos inscritos llevo, pero me voy a llevar algunos inscritos; bueno, también disruptivamente.
Ahora, si quiere seguir, ese técnico le permite graduarse de ingeniero de sistemas. Tiene algunas materias y, al final del técnico, que son mucho más prácticas, lo que tiene es que vincularse más a la práctica de la profesión, por decirlo de alguna manera.
Probablemente va a tener que tomar dos o tres materias adicionales, además de las de quien hace solamente su recorrido de ingeniería de sistemas. Tenemos también aprobado el Técnico Químico.
El Técnico Químico es una propuesta de valor maravillosa, porque es para esa gente que está en un laboratorio, ya sea de empresas de perfumería o de empresas de... Hay mucho campo laboral para eso. Gran parte del propósito de la universidad es suplir esa necesidad; entonces tenemos esa oferta de técnicos.
Claro, y es que usted ha señalado una variable que antes no existía: de Venezuela se fue mucha gente, y muchos de los que se fueron han dejado espacios que las empresas y las industrias, en una reactivación económica, necesitan cubrir con técnicos calificados.
Totalmente. Estamos empeñados en que eso pueda ser una propuesta interesante para nuestros estudiantes, para sus familias, para el país y para el sector productivo venezolano.
Bueno, María Isabel Guinand de Patiño, nos quedan muy pocos minutos. Seguramente tienes un mensaje para nuestros oyentes, nuestra audiencia, en relación con tu vida y cómo ha sido. Dijiste algo que me gustó muchísimo: considerabas el rectorado de la Metropolitana un regalo de Dios. ¿Qué otros regalos de Dios esperas?
Bueno, yo primero tengo que ser una persona agradecida, agradecida inicialmente, pues obviamente, por la familia que me impulsó, que vio mis talentos y me los mostró. Pero también me dijo que, usando la parábola de los talentos, no los podía enterrar, que tenía que ponerlos a disposición, al servicio de los demás.
Yo creo que nosotros siempre debemos mirar un poquito más allá del beneficio personal; debemos mirar un poquito más allá, al beneficio de la sociedad. Lo que nosotros hagamos siempre debe tener ese componente: no solamente qué estoy haciendo en mi día a día, sino cuánto estoy impactando para el bien común.
Yo diría que ese es mi mensaje final: que siempre hagamos esa reflexión, todos, en donde estemos. No importa dónde, porque apuntar siempre a ese bien mayor va a ser positivo para la vida personal de cada quien y, por supuesto, para las familias de uno y para donde uno se desenvuelve.
Muchísimas gracias por esta entrevista y nosotros llegamos al final del programa. Este programa es posible gracias al equipo conformado por Gitanjali Suárez, Inmaculada Sebastiano, Melanie Pieruzzi, Yudjenis Castillo, Carlos Javier Virgüez y Giancarlo Caravaggio.
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Sí, gracias a todos ustedes, profesor.
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