Transcripción completa del episodio
Este programa es posible gracias al equipo conformado por Gitanjali Suárez, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez y Giancarlo Caravaggio. Recuerda que nos puede seguir en Instagram como @PisoLaCultural y también puede seguir la transmisión en vivo en www.mundovr.com.
Bienvenidos todos a "Venezolanos", un programa sobre el país y su historia. En la continuación de esta serie que venimos desarrollando, titulada "Los del Podio", hoy vamos a conversar con un historiador principal de Venezuela, que es el profesor Edgardo Mondolfi Gudat. Bienvenido, Edgardo.
Muchas gracias, Don Rafael. Bien, Mondolfi nació el 1 de enero de 1964 en Caracas. Hijo de Edgardo Mondolfi Otero, un reputado ecologista, y de Ruth Gudat.
Y comencemos por allí, Edgardo, ¿cómo es esa casa, cómo es esa familia a la que tú llegas? Creo que eres el último, el menor. El menor, el benjamín.
Tal cual. Primero, ¿cómo tu padre se fue a estudiar a los Estados Unidos? Creo que ya conoció a tu mamá.
Así fue. Papá formó parte del programa de becados de la política de la buena vecindad del gobierno de Franklin Delano Roosevelt. Y junto al Ministerio de Agricultura, del gobierno de López Contreras, papá fue becado junto con un grupo de venezolanos a estudiar zootecnia, zoología e ingeniería agrónoma en los Estados Unidos.
Y él estudió las tres carreras. Él estudió ingeniería agrónoma y zoología en la Universidad de Cornell, que fue donde conoció a mi madre, que estudiaba estudios liberales, estudios liberales en la Universidad de Cornell. La guerra se interpuso.
Papá se graduó en el año 43 y se vio obligado a regresar cuanto antes precisamente por las circunstancias de la guerra. Contrajeron matrimonio y luego de una azarosa aventura de regreso por el Caribe, cundido de submarinos alemanes y demás, regresaron a Caracas. Bien, y nacieron primero Paul, tu hermano. Primero Paul en el año 44 y luego mis dos hermanas en el año 46 y 48.
De modo que yo soy realmente el menor con cierta diferencia con respecto al resto de mis hermanos.
Ok. De modo que en alguna medida creciste, digamos, como un hijo único, pues tus hermanos ya estaban mayores.
Sí, sí. Sin embargo, coincidiste viviendo con algunos de ellos.
Sí, ya estaban todos ellos casi que en sus carreras universitarias cuando realmente arribé yo. Ok. Y ustedes vivían, creo yo, en la Alta Florida.
En la Alta Florida. Y el colegio más cercano era el colegio Humboldt, que fue donde estudié yo. Ok.
Y estudiaste en la sección venezolana o la alemana? En la sección venezolana. Pero algo de alemán aprendiste.
Sí, pero en aquel entonces todavía no era un colegio concebido de manera integrada, sino que eran dos secciones, una que se regía por el Ministerio de Educación venezolano y el otro por el Ministerio de Educación del Gobierno Federal alemán, pero estábamos obligados a estudiar alemán. Ya. Durante toda la primaria como el bachillerato.
Y creciste en un hogar que era bicultural y bilingüe también. Así es. Porque tu madre hablaba contigo inglés.
Sí, sí, sí, ciertamente. Creciste dominando las dos lenguas. Así es, así es.
El alemán lo fui olvidando, pero el inglés perdura. Vale. Y a lo largo de tu escuela primaria entiendo que fuiste boy scout también.
Sí, fui scout. Pero en el colegio de La Salle de La Colina, que era el otro colegio cercano a la casa. Ya.
Que era el que a fin de cuentas tenía una tropa de escultistas. Porque en el Humboldt no había. No la había, no la había.
Y tienes un buen recuerdo de esos años... Maravilloso, maravilloso. Yo le debo mucho a mi formación escultista.
Lo que significó, imagínate, esa edad de comenzar a excursionar. ¿Dónde hacían las excursiones? Casi todo es en el Ávila.
¿Ah sí? ¿A dónde subían? Hacíamos pernoctas y largas excursiones y llegar incluso hasta el pico Naiguatá en alguna oportunidad.
Ese es el más alto, ¿no? El más alto de la cordillera. Y en distintos sitios en el Ávila.
Incluso campamentos largos en los Llanos y en el litoral. De modo que tengo grandes recuerdos de lo que significaba eso de valerse uno por sí mismo, ¿no?
Claro. Y sobre todo, ese sentido de compañerismo con las patrullas, que era que tú tienes que estar a cargo, sobre todo cuando llegabas ya a ser el jefe de patrulla y tener que, bueno, cuidar del forraje y cuidar de los bastimentos. Claro.
Y cuidar de la provisión de la patrulla durante el campamento, ¿no? Y en la infancia y la adolescencia, ¿algún deporte en particular? No, realmente jugaba béisbol, béisbol, pero béisbol desorganizado.
Caimanera. Caimanera de esquina. En la propia Alta Florida.
Con pelota de goma. Con pelota de goma en la propia Alta Florida con los mismos compañeros o del colegio o de los scouts, que eran muchos de ellos que estudiaban, muchos de ellos estudiaban en el propio colegio de La Salle. Bien.
Y cuando regresas del colegio Humboldt, inmediatamente entras a estudiar Derecho en la Universidad Católica Andrés Bello. Haces dos años de Derecho. Te das cuenta de que tu vocación no son los tribunales y te vas a estudiar Letras en la Central.
¿Cómo fue ese cambio? Bueno, sí, un conflicto agónico. Yo comencé estudiando Derecho porque creo que lo decía Carlos Fuentes.
Decía que cuando quien tuviera curiosidad o propensión por la literatura, casi siempre de manera inevitable terminaba estudiando Derecho a falta de otra alternativa. Pero nada, me di cuenta como dices tú después de dos años de que realmente no me cautivaba para nada leer el Código de Comercio ni el Código de Procedimiento Civil y terminé queriendo estudiar Letras en la Universidad Central. ¿Has podido también estudiar Letras en la Católica?
¿Qué te llevó a la Central? La fascinación que que me suscitaba la Universidad Central, sin duda alguna. Estudiaba en la Católica.
Comencé de hecho las dos carreras al mismo tiempo, es decir, mi último año de Derecho, el segundo año de Derecho coincidió con el primero de Letras más o menos y realmente me fue muy difícil mantener las dos carreras y me decanté finalmente. Y me decanté finalmente por la Universidad Central donde conocí a mi querida Guadalupe, una de mis más tempranas amistades en la Escuela de Letras. ¿Qué recuerdos tienes de los profesores que te marcaron en la Escuela de Letras?
¿A quienes recuerdas que incidieron en tu formación? Bueno, primero comenzar por confesarte lo siguiente, era un universo estudiantil muy distinto. Claro.
Yo venía de ese régimen diurno, de compañeros de mi misma edad, procedentes de colegios, como el de uno, a un universo más de estudiantes de segundas carreras, como era Letras como segunda carrera, como régimen vespertino. Claro, médicos, abogados, me tocó alternar con un universo muy distinto. De hecho yo estaba entre los menores de mi promoción en la carrera. Profesores que me marcaron, realmente María Fernanda Palacios, sin duda alguna, Rafael Cadenas, de quien fui alumno en varios cursos de poesía española y recuerdo un curso maravilloso de Cadenas sobre D. H. Lawrence, Alejandro Oliveros, que fue el profesor que... Creo que fue tu tutor.
Fue mi tutor y de hecho fue, digamos, mi mentor en la carrera. Yo fui su preparador en literatura inglesa y norteamericana y me recibí con una tesis sobre Joseph Conrad, dirigida por el propio Oliveros. Entraste a algunas clases del profesor López Pedraza.
Intentaba, pero estaban siempre tan hundidas que era imposible, ¿no? Lo mismo ocurría con las clases de José Ignacio Cabrujas. Claro.
Ah, ¿verdad? Claro. Entonces era casi imposible poder asistir a una clase porque estaban totalmente llenas.
Bueno, y una vez que te gradúas en letras en el año 89, trabajas en Monte Ávila editores por un tiempo. Ya vamos a hablar de eso, pero vamos a continuar con tu formación académica para después entrar en la formación laboral. Te vas a hacer una maestría en asuntos internacionales en American University en Washington entre el año 1992 y 1996.
Creo que en esa época también te vinculas intelectualmente con el entonces embajador de Venezuela que era Simón Alberto González, ¿no? Sin duda alguna quien se convierte en otro mentor, otro tutor importante en mi carrera. En ese entretanto fue que estuve en Monte Ávilaa contigo.
Debo mencionar que todavía te lo agradezco muchísimo. Fue mi primer empleo formal. Igual que Michael Penfold, que siempre me lo recuerda, que fue su primer empleo.
Mi primer empleo formal. No sé si quieras que refresquemos esa historia. Fue que a propósito de estar tú dirigiendo Monte Ávilaa que me comentaste que se iba a conformar esta comisión del Bicentenario José Antonio Páez, que iba a estar a cargo del expresidente Luis Herrera Campins y que si a mí me interesaba trabajar como editor de esa colección.
Y así fue que yo estuve contigo y compartimos dos, tres años en Monte Ávilaa. Y con el presidente Herrera, que también fue una gran experiencia y otra gran presencia en mi vida fue la del presidente Herrera. Ya tú tenías una relación con él, al menos afectiva, porque entiendo que el presidente Herrera había nombrado a tu padre embajador en Kenia.
Así es. Y allá vivieron tus padres varios años. Así es.
Tú también, ¿no? Estuve un año. En un entretanto durante la carrera en letras estuve un año con mis padres en Nairobi.
Y efectivamente mi papá fue designado embajador por Luis Herrera en Nairobi ante el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Y papá siempre fue herrerista, digamos, dentro de sus inclinaciones por el COPEI. Y lo conocía, ¿no?
No tanto como vine a conocerlo luego desde que me incorporé a estas tareas en Monte Ávilaa, ¿no? Pero a partir de allí para mí fue una revelación asombrosa. El trato y la interacción con Herrera.
Era un hombre con quien uno podía entenderse totalmente a sus anchas. De esa etapa fuiste editor y en algunos casos traductor de Bolívar, Ideas de un Espíritu Visionario, Páez, Las Razones del Héroe, Miranda, La Aventura de la Libertad, Pensamiento Conservador del Siglo XIX, Pensamiento Liberal del Siglo XIX, Francisco de Miranda en Francia y testigos norteamericanos de la expedición de Miranda. Casi todos entre 1990, 91 y 92, año en el que te vas a hacer la maestría.
¿Cómo escogiste la maestría? ¿Ya tenías una vocación diplomática? ¿Ya pensabas que te podías desarrollar en las relaciones internacionales?
Bueno, como habrás visto esta etapa de Monte Ávila fue una etapa muy frenética. Durante tres años me hice cargo de estar editando todos esos volúmenes. Pero fue, y creo que es importante mencionarlo, mi primera aproximación formal a la historia.
Algo que me venía interesando de antes, a pesar de que terminé estudiando letras, no historia, en la Universidad Central, pero me interesaba mucho estudiando literatura, digamos los contextos históricos y me interesaba mucho la historia venezolana. Y de alguna manera fue mi primera aproximación a partir de entonces. Lo de la maestría era como una deuda que tenía luego haber estudiado fallidamente esos dos años de Derecho.
Yo me he dado cuenta de que lo único que me había interesado en esos dos años de Derecho había sido el Derecho Internacional con el profesor Adolfo Salgueiro que fue mi profesor. Derecho Internacional público. Y entonces creo que resolví esas costuras haciendo la maestría en Washington en estudios internacionales en la American University.
Y después regresaste a Venezuela y se inicia una etapa de tu trabajo como diplomático que te lleva a distintos países. Claro. Estuve en la Argentina.
Y en la propia Washington estuve incorporado a la Embajada, pero luego sí estuve en el servicio interno al regresar de Caracas y una vez más en el servicio exterior cuando me destinaron a Buenos Aires. Viviste cuántos años en Buenos Aires? Cuatro.
Bastante. ¿Cómo fue esa experiencia desde el punto de vista de la literatura, de la historia, una ciudad con grandes librerías? Claro, claro.
También fue, digamos, el afianzamiento de mi interés por la literatura argentina que ya venía trajinando de antes Borges, Cortázar. Pero definitivamente sí, el estar en Buenos Aires me permitió conocer mucho más el mundo literario argentino, haber leído Eduardo Mallea, haber leído Roberto Arlt, una cantidad de autores que tenía alguna vez pendientes de leer además de los contemporáneos. ¿Y la ciudad te cautivó?
Claro, sin duda alguna. Me tocaron unos años muy difíciles porque llegué justamente cuando el gobierno de Fernando de la Rúa estaba a punto de descalabrarse y me tocaron alrededor de seis presidentes seguidos durante un mes y medio, hasta que luego, bueno, con Eduardo Duhalde, digamos, la realidad se estabilizó un tanto y el resto, bueno, duré, duré lo que duró casi que el interinato de Duhalde, porque luego fue electo Néstor Kirchner. Y eso coincidió justamente con ya mi traslado de regreso a Caracas a los cuatro años.
Al servicio interno. Estamos en el año ya 2000 y estuviste unos años en el servicio interno en Caracas. Entiendo, creo recordar en una oficina de análisis interamericano era así. Estuve en la dirección de Política Internacional y la dirección de las Américas primero, luego en la dirección de Política Internacional y estuve también un tiempo en la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, porque Don Simón Alberto ya había regresado de ser embajador en Washington y lo acompañé en la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores.
Eso duró poco tiempo después de que yo llegué desde el regreso a Caracas, los años de haber regresado al servicio interno Poco tiempo duró. Mis aspiraciones quiero decir de continuar en el servicio interno luego de que bueno, se empezaron a hacer un poco difíciles las cosas para el personal de carrera en el ministerio y me acogía a una a una jubilación anticipada y fue cuando comencé mi vida mi etapa docente en la Universidad Metropolitana. Y fíjate de cuando vuelvo a coincidir contigo en el Centro de Estudios Latinoamericanos.
Fíjate, pero antes de eso, fruto de la maestría en Washington y del regreso a Caracas, publicaste tres libros que ya están en el orden histórico más que literario o todavía combinaba las dos disciplinas. Uno se titula De revoluciones y rebeldías, cinco temas de historia política del año 1998. Bajo la mirada peregrina, que es un conjunto de ensayos, hay ensayos literarios también o la mayoría creo que son literarios del año 1999 y el águila y el león, Benjamín Harrison y la controversia de límites entre Venezuela y Gran Bretaña, que es tu tesis de maestría, digamos, adaptada a los lectores no académicos, pues buscando un poco.
Claro, que fue la oportunidad estando en Washington, Rafael, de haberme asumado los papeles de Benjamín Harrison que están en la biblioteca del Congreso en Washington. En los Estados Unidos, la colección de papeles presidenciales desde Washington hasta Hoover se encuentran depositados en la biblioteca del Congreso. A partir de Hoover, es decir, con Roosevelt, cada presidente decidió construir su propia biblioteca y archivo y así se fue dispersando la colección documental presidencial por todo el país.
Pero Benjamín Harrison caía dentro del espectro de los presidentes cuyos papeles estaban en Washington y me fue relativamente fácil poder, estando en Washington, revisar los papeles porque me interesaba ver lo que fue la actuación de Harrison luego de haber sido presidente de los Estados Unidos como abogado de Venezuela durante el laudo arbitral de 1899. Y obviamente la tesis derivó en la edición del libro editado por la Academia Nacional de la Historia. Bueno y aquí empiezan a coincidir dos etapas de tu vida muy interesantes.
Ya tú mencionabas, es la primera etapa tuya como profesor en la Universidad Metropolitana. Trabajabas en el Centro de Estudios Latinoamericanos Arturo Uslar Pietri y también un proyecto del que formaste parte desde el comienzo con el maestro Salvi que es la Biblioteca Biográfica Venezolana. Yo recuerdo que tú eras el coordinador de la biblioteca, coordinador de producción, como una especie de coeditor, de coeditor con Simón Alberto.
Claro, claro, claro. Pero además escribiste cuatro biografías allí, la de José Tomás Boves en el año 2005, la de Daniel Florencio O'Leary en el 2006, la de Carlos Eduardo Frías en el 2007 y la de Luis López Méndez en el 2011. Bueno, como vemos son personajes variados, dos del período de la independencia, tres porque López Méndez también y Carlos Eduardo Frías es un personaje muy importante en relación con el nacimiento de la publicidad en Venezuela.
Sí, el siglo XX. Pero es tu primera experiencia como biógrafo. Claro, sin duda, mi primera experiencia como biógrafo y de hecho codirigir la colección fue fascinante.
Además fue un reto de 150 títulos. Yo estuve a cargo de los primeros 100 porque luego se interpuso haberme ido a Oxford para la cátedra Andrés Bello y Diego Arroyo Gil se hizo cargo del resto de la colección a partir de entonces. Tuve además la oportunidad de editar unas cuantas biografías tuyas, la de Uslar, la de Liscano y la de Leoni y la de Leoni en esa colección y me permitió además como asomarme a ese complejo mundo de la biografía con sus altos y bajos.
Qué fascinante. Yo me he quedado ahí enganchado porque de verdad que es una práctica verdaderamente fascinante. De esa experiencia, bueno, porque encargar biografías, digamos, hacerle seguimiento a los autores que entregan tarde, que no entregan.
Qué experiencia obtuviste? Sí, yo tuve que traer con un rebenque en la mano porque además era muy ambicioso el proyecto. Fue una una alianza entre el diario El Nacional y Ban Caribe, la Fundación Ban Caribe, Carlos Hernández de Delfino en particular fue el entusiasta promotor de esta colección junto con Don Simón Alberto González en El Nacional y teníamos que hacer entregas de cada 15 días de un volumen para que estuvieran los quioscos.
Entonces teníamos que hacer una programación, grandes tirajes con anticipación para que los autores pudieran cumplir, corregir las pruebas y tener el libro a tiempo en los quioscos. Estamos hablando de 24 biografías al año. Exacto.
Bien, Edgardo, vamos en la próxima parte del programa, seguimos adelante con tu trayectoria intelectual y tus trabajos, van a empezar a aparecer trabajos de temas históricos, pero eso viene en la próxima parte del programa, nosotros ya regresamos. Estamos de vuelta con el profesor e historiador y doctor en Historia, Edgardo Mondolfi Gudat. Venimos revisando toda su trayectoria que ha decantado en los últimos años en extraordinarias investigaciones históricas.
Antes de eso, trabajamos juntos en varios proyectos como Coeditores, hicimos Antologías, allí se publicó Textos Fundamentales de Venezuela, Pizarrón de Arturo Uslar Pietri, Uslar Pietri de España, Miguel Otero Silva, Una Mirada Plural, Arturo Uslar Pietri, Valoración Múltiple, publicamos Tres Retratos y un Destino, Eugenio Mendoza Goiticoa, Pedro Grases y Arturo Uslar Pietri. Y entonces empiezas, creo recordar que en el 2006 o 2007, hacer el doctorado en Historia, ya metido de cabeza en la docencia, lo lógico era que hicieras un doctorado en lo que venía tocando tu puerta, que era la Historia. Claro, sí, perfeccionando esa disciplina, y eso también te lo debo a ti, que me animaste, de hecho fuimos compañeros de pupitre, con José Alberto Oliver, así es, y nos recibimos juntos.
Sí, en ese caso yo creo que es la etapa que de alguna manera define para mí dejar atrás la literatura y dedicarme mucho más a la Historia, es la etapa que me lleva además a hacer mi investigación de tesis doctoral en Inglaterra, porque fue cuando concursé para la cátedra Andrés Bello. ¿De qué años estuviste en la cátedra Andrés Bello? Estuve del año 2007, 2008-2009.
Sí, ok, muy bien, ahí haces la tesis doctoral. Ahí hago la investigación para la tesis doctoral en los archivos británicos, para mi tesis doctoral que terminó viéndose publicada bajo el título de Diplomacia Insurgente, de los primeros contactos de la insurgencia venezolana con el mundo inglés. Fue publicada en el año 2014, creo que por la Universidad Metropolitana.
Por la Universidad Metropolitana y la Academia Nacional de la Historia. Bueno, pero ahí también en esos años te incorporas a la Academia Nacional de la Historia, con un discurso de incorporación titulado "Una polémica en Londres en torno a la independencia venezolana". Sí.
Si ya estabas metido en ese tema, ¿verdad? Claro, sí, y sin duda, digamos, traje mucho material de vuelta de la investigación en los archivos británicos, porque esa oportunidad de estar en Oxford y sobre todo en Kew Gardens, que es la sede de los archivos británicos, aparte de las colecciones en los propios colleges de Oxford, como el All Souls College, la biblioteca Bodleian, me permitió recabar más material de lo que necesitaba para la tesis doctoral y eso me permitió por ejemplo, derivar materiales para hacer mi discurso de incorporación sobre el tema de esa polémica entre Fray Servando Teresa de Mier y José María Blanco White en Londres, ¿no?
Claro. Sobre el tema de la Declaración de Independencia de Venezuela. Y también de ahí derivé materiales para el libro siguiente, que fue "El lago oscuro de una epopeya", los legionarios británicos de Venezuela, por la mucha prensa británica que pude copiar estando allá en Londres referido al tema de la leva de voluntarios británicos.
Y una vez que te incorporas a la Academia Nacional de la Historia, recuerdo que fuiste primero bibliotecario, secretario, ahí pasaste unos años en funciones administrativas. Sí, estuve un largo tiempo. Son exigentes, ¿no?
Son exigentes, estuve un largo tiempo. Sobre todo que te quitan tiempo para la investigación. Claro.
Pero es el servicio militar. Es el servicio militar, pero al mismo tiempo la gratificación de estar en los espacios de la academia para seguir hurgando en los archivos, para seguir hurgando en la hemeroteca, hurgando en la biblioteca, y es un espacio que recomiendo a todo aquel que quiera transitar temas de interés termine asomándose a esas colecciones nuestras en la academia. De hecho, estuve como secretario de la Junta Directiva, pero también como a cargo del archivo de la academia, y eso fue una experiencia maravillosa, al punto de que mis últimas tareas allí estuvieron relacionadas a lo que ha sido la creación de la red digital de historia de Venezuela a cargo de Guillermo Guzmán.
Claro. Que comenzaron a digitalizar colecciones completas de los archivos de la academia y aún continúan en esas tareas. Creo que se sumó un joven de apellido Flamerich, ¿no?
Sí. Suárez Flamerich. Es que está terminando sus estudios.
Ramos Flamerich. Ramos Flamerich está terminando sus estudios en París. Exactamente.
Y Marcus Golding, que fue alumno mío. También, sí. Fue alumno mío en la Escuela de Estudios Liberales y que luego hizo su maestría en Historia en Georgetown y concluyó haciendo su tesis doctoral.
Es su tesis doctoral en la Universidad de Texas en Austin. Sí. Bueno, y uno nota que agotaste el tema inglés, británico y empiezas a trabajar en el archivo de López Contreras.
Y hay un primer libro de esa actividad que se titula General de armas tomar, la actividad conspirativa de Eleazar López Contreras durante el trienio. Un título muy atractivo y además para mucha gente sorprendente, ¿no? Claro.
Porque López Contreras conspirador es algo que la gente no lo tiene en el mapa. Y que justamente todos esos años del 45 al 48 quedan relegados a una especie de nota al pie de página en lo que se refiere a la vida de López. Sí.
Como si López hubiese pasado a ser una presencia inofensiva después del 18 de octubre. Pero lo importante del dato es que es el libro que me lanza definitivamente dentro del siglo XX, porque no solamente abandoné el mundo británico, sino que también abandoné el siglo XIX. En algún momento terminé como un paracorto, como se dice en el béisbol, entre ambos siglos.
Pero definitivamente a partir de entonces me he visto, digamos, encajonado en la etapa más reciente en lo que ha sido el siglo XX. Bueno, y además es muy interesante lo que has hecho porque desde que estás dedicado al estudio del siglo XX has escrito libros sobre Betancourt, el día del atentado, que hace un análisis del frustrado magnicidio de los próceres, un libro que tiene dos ediciones, 2013 y 2016. Después estudiaste las insurrecciones militares contra Betancourt, que se titula "Temporada de golpes".
Y después le metiste el ojo, la lupa a la guerrilla y la violencia en Venezuela. De modo que, y bueno, también puedo continuar señalando que la "Encrucijada peligrosa", un libro reciente del año 2023, trabaja a López Contreras, a Medina Angarita, y la Venezuela de los años 40.
Y lo más reciente, Raúl Leoni, Lyndon Johnson y la Alianza para el Progreso. De modo que has ido buscando coyunturas, personajes, episodios del siglo XX de manera sistemática.
Permíteme hacer unas acotaciones sobre esta etapa reciente. Por supuesto. Primero esos tres libros, "El día del atentado", "Temporada de golpes" y "La insurrección anhelada", te miraron sin que hubiese sido ese objeto conformando una especie de trilogía de la violencia de los años 60.
Que concluye con "La insurrección anhelada", guerrilla y violencia en la Venezuela en los años 60, que el título se lo debo a una expresión de Juan Liscano, en un artículo del Liscano polemizando conjuntamente los voceros de la izquierda armada en los años 60. El fue muy aguerrido, un polemista muy duro con ellos. De hecho, mi libro está dedicado a Liscano y lo llamo "La voz solitaria" en ese panorama.
La encrucijada peligrosa se deriva de una nueva incursión en los archivos de López luego de General de armas tomar, porque me interesaba explorar y recorrer las tensiones entre medinistas y lópezistas durante el régimen de Medina. Algo que de alguna manera se vio descalificado por el propio Betancourt cuando hablaba de ello, como si fuera un pleito entre güelfos y gibelinos. Realmente había mar de fondo.
Incluso diferencias conceptuales importantes, no solo una cuestión de malquerencia, sino algo mucho más importante, que fueron, digamos, visiones de países distintas en ese sentido.
Bueno, uno pudiera afirmar, Edgardo, que Medina Angarita tuvo de alguna manera una alianza con la izquierda. Hay un episodio en las relaciones entre ellos sobre el primero de mayo, que viene muy a… porque aquí estamos al mañana es el primero de mayo, pasado mañana es el primero de mayo. Tenían dos concepciones distintas.
Yo creo que el presidente López Contreras, por su raigambre católica, fue educado por un cura, era huérfano, era mucho más anticomunista y Medina era más cercano a la izquierda. Estoy haciendo un resumen… Pero es que además el lopezcontrerismo empieza a avistar las amenazas y peligros de la guerra fría que estaba viniendo. Entonces, eso es lo que le da más calado a esa polémica sobre el matrimonio de Medina con el URD y lo demás.
Lo del primero de mayo es interesante porque fue Medina, el gobierno de Medina que adoptó la celebración del primero de mayo que hasta entonces había sido conmemorada por el gobierno de López durante el 24 de julio. Como parte de esa advocación bajo la cual se puso López y su gobierno bolivariano. Pero sí formó parte de esas polémicas entre lópezistas y medinistas y el archivo de López Contreras me fue muy revelador de esas diferencias entre ambas banderías. Te comento de paso que la incursión en el archivo de López no fue solo porque pude asomarme al archivo de López sino que tuve la oportunidad de ordenar el archivo de López y quedó ordenado y va a ser precisamente ese comentario para aprovecharlo aquí en el aire contigo.
Fue entregado a la Fundación Polar y pronto, en un par de meses creo yo, va a estar disponible para su consulta abierta, ordenado y digamos indexado el archivo de López. En eso me ayudó de manera muy valiosa una doctoranda en historia de la Universidad Católica, Jessica Guillén Araque, quien ya había tenido la experiencia de organizar el archivo personal de Raúl Leoni. Y el libro más reciente pero en tiempos recientes, Leoni y Johnson y la Alianza por el Progreso, fue resultado de haber competido para una beca de investigación en la Universidad de Texas en Austin, porque ahí está la colección de papeles presidenciales de Lyndon Johnson, que un poco me permite regresar al punto que te comentaba, que luego de Roosevelt las colecciones presidenciales se fueron dispersando por todo el país.
La de Johnson siendo nativo oriundo de Texas, fue incorporada a los espacios de la Universidad de Texas. Funciona como una biblioteca archivo independiente de la universidad, porque está realmente adscrito es al sistema de archivos nacionales de Estados Unidos, el NARA, National Archives, pero funciona dentro de los predios de la Universidad de Texas, es un edificio bellísimo el que aloja la colección de Johnson. La Universidad de Texas, de Austin, ahí es donde está la biblioteca de este par de...
Benson, biblioteca Benson, que es una de las bibliotecas hispanistas más grandes de los Estados Unidos. Y del mundo, probablemente. De hecho creo que es la más grande de los Estados Unidos, le sigue la de Bloomington, en Indiana, pero es la más grande, la colección Benson, que tú tuviste la oportunidad de estar también.
Sí, yo estuve ahí, sí. Bueno, Edgardo, entonces, digamos, se abre una nueva etapa cuando te invita a la Universidad Metropolitana a fundar la escuela de Relaciones Internacionales, la escuela y la carrera, ¿no? Sí.
¿Cómo fue ese desafío? ¿Qué retos has enfrentado en esa tarea? Bueno, sí, el regreso a mi segunda etapa y nueva etapa en la Universidad Metropolitana, luego de haber sido profesor en la Escuela de Estudios Liberales durante muchos años, haber estado junto contigo en el Centro de Estudios Latinoamericanos Arturo Uslar Pietri.
Y desprendido de la universidad durante unos tantos años, dedicado al nomadismo electoral, se convocó a este concurso para la escogencia del director de lo que iba a ser la nueva escuela de estudios internacionales. Competí, concursé y me gané en la dirección de la escuela, que tiene apenas un año y casi año y medio de haber sido creada. Hasta ahora hemos ido creciendo como escuela, ha sido una escuela que promisoria en ese sentido, ofreciendo además un pensum de estudios muy atractivo, muy, digamos, casi que agresivamente actual en términos de la oferta de asignaturas de electivas y de formación profesional que ofrece la carrera.
Ha sido realmente, creo que, la presencia de una carrera que hacía falta, que existiera en otra universidad más allá de la tradicional escuela y respetada escuela de estudios internacionales de UCV o de la propia Universidad Santa María, creo que el alumnado de la propia Universidad metropolitana clamaba por la carrera de estudios internacionales y hasta ahora la experiencia ha sido realmente muy... No, y además se permiten estudios combinados, con estudios liberales, con derechos. Y con derecho, exactamente.
Y creo que con otras, ¿no? Con economía también. Tenemos estudios, planes combinados con economía, ciencias administrativas, con derecho y con estudios liberales.
Bien, maravilloso. Esa carrera va a crecer con muchísimo vigor. Bueno, es el momento de preguntarte qué deuda vas dejando por el camino. Es decir, ¿qué te gustaría adelantar desde el punto de vista de la investigación histórica, que no hayas hecho por diferentes motivos o qué tema te está seduciendo?
Bueno, ahora tengo entre manos un libro a propósito de seguir dentro de estas, en los avatares del siglo XX, un libro a cuatro manos con Guillermo Aveledo Coll, sobre el tema de Nixon, la visita de Nixon a Caracas en el año 58. Ah, claro, en 1958, que le voltearon el carro. Ah, sí, entonces Guillermo se va a hacer cargo, digamos, de los capítulos de las incidencias de lo ocurrido en el país y yo de la mirada desde los Estados Unidos de lo que fue la gira de Nixon del año 58.
Bueno, hay algo que no hemos dicho y es que tú has sido un puente interesante entre personajes y hechos y política exterior norteamericana vinculada con la venezolana. Estoy recordando un libro con el doctor Polanco y con González, que fue editado por la Cámara venezolana americana dos siglos de historia de Estados Unidos y Venezuela. No, no lo agregué, porque bueno, es un libro colectivo, pero no, pero es un libro muy importante.
Sin duda, Polanco se ocupó del siglo XIX, de las relaciones de Estados Unidos y Venezuela del siglo XIX con la primera mitad del siglo XX, yo me hice cargo de la segunda hasta el gobierno de Bill Clinton y el segundo gobierno de Caldera, que cerraba la que, por cierto, Clinton vino; exactamente, fue el último presidente de Estados Unidos en visitar el país. Bueno, y es evidente que tú has llevado una vida que combina en una época, combinó la actividad diplomática, que es fundamentalmente una etapa, una actividad de relaciones interpersonales de análisis político, pero en los últimos años te has dedicado a la docencia y a la investigación histórica de manera casi exclusiva. Es lo que podemos llamar la vida intelectual.
Qué nos puedes decir de eso, de esa de esa vida que por qué es tan atractiva para ti? Bueno, estoy más feliz con esta vida que con la otra, he podido dedicarme más a esta dinámica más sedentaria y más dedicada, como dices, tú a la investigación, más sedentaria y más solitaria, más solitaria, sin duda, tiene eso, sin duda, la soledad, pero una soledad enriquecedora también. Claro, bueno, Borges decía que la soledad era adictiva y la verdad es que sí, y no hay duda, peligrosamente adictiva, peligrosamente adictiva, habría que agregar, sí, pero tú lo combinas también con el ejercicio, porque entiendo que todas las tardes no sé si nadas o corres, bueno, trato de mantenerme, tú sabes, más o menos mi propio, que haces nada, juegas tenis, camino rápidamente en la caminadora, pero a buena velocidad, a buena velocidad para tratar de castigar mi adiposidad.
Bueno, bueno, en esta última parte por lo general hablamos de temas personales, tú estás casado con Josefina Blanco Valdés, tienes dos hijos, así es, háblanos de tu entorno familiar, a qué se dedican tus hijos, qué están estudiando. Bueno, Edgardo Ignacio, que es el mayor, justamente terminó su carrera en la Universidad de Texas en Austin en comunicación política y está optando por derecho, por estudiar derecho como segunda carrera allá en la Universidad de Tulane en Nueva Orleans, ya fue admitido, y mi hija Josefina Eugenia está cursando Derecho en la Universidad Metropolitana. Ah, pero los dos se descartaron por el derecho.
Al final se descartaron por la carrera que su padre asumió como carrera fallida, y Josefina, mi esposa, es psicóloga de la Central, egresada de la Universidad Central, hizo su maestría también en Washington en la Universidad George Washington, acaba de concluir su doctorado en psicología en la Universidad Católica de modo que ya somos los dos doctores en la casa, y ella ha sido profesora de larga trayectoria en la Universidad Metropolitana, también en la Universidad Central, en la escuela de psicología y en la Universidad Metropolitana, en la escuela de psicología nuestra.
Bien, de modo que los hijos de ustedes crecieron en un ambiente de profesores, un ambiente de libros, bueno, y eso incide mucho en el desarrollo de los muchachos.
Sí, creo yo, al menos en su cosmovisión, creo yo. Y tienes ya varios años viviendo en Venezuela, viviste en Buenos Aires, viviste en Washington, en Inglaterra, y ya, digamos, estás aquí y te has adaptado perfectamente a la dinámica venezolana con todos sus bemoles y con todas las dificultades que tiene para lo que te dedicas. Pero tampoco he sido un dios Escalante, en el sentido que tampoco he estado tan alejado ni tan ausente del país.
El doctor Escalante estuvo 25 años fuera. Fueron de cuatro años en Washington, cuatro años en Buenos Aires y un año en Inglaterra. Claro, claro.
Y de esos tres lugares, ¿cuál recuerdas con mayor cariño? Cada uno, cada uno tiene sus encantos. Cada uno atesora, recuerdos imborrables, sin duda alguna, ¿no?
Y todos relacionados con mi vida como escritor. No hay nada comparable con lo que significaba la biblioteca del Congreso en Washington o la biblioteca de Oxford o la propia Biblioteca Nacional de Buenos Aires que dirigió nuestro gran admirado, admirado Jorge Luis Borges. ¿Hay alguna posibilidad de que en algún momento de tu vida vuelvas a temas literarios?
Es probable. Nunca he dejado de leer literatura. Ah, mira tú.
Nunca he dejado de leer literatura. Y en ese caso te decantarías por el ensayo o por los cuentos porque tú tienes publicado. No, tengo cuentos inéditos, no los he publicado.
Ensayos sí. Sí, el género que realmente llegué a abordar como como escritor dedicado a la literatura fue el ensayo. Siempre me sentí un poco cohibido con la idea de publicar mis relatos que están ahí inéditos, guardados, encajonados.
Pero de regresar al ejercicio literario probablemente vuelva a ser el ensayo. Trabajé mucho la crónica, un libro que habría querido también agregar en nuestra conversación. La crónica de viaje.
La crónica de viaje, el fantasma del norte y mirada del sur. El género de la crónica me ha gustado siempre mucho, el ensayo. Probablemente esa afición regrese.
Pero no he dejado de leer literatura. Muy bien. Tanto así que anoche estaba leyendo una colección de relatos del norteamericano Ambrose Bierce.
Mira tú. Hace falta leer literatura para poder escribir historias. Claro.
Y sobre todo a Borges. Hay que leer para desintoxicarse. Para enriquecerse uno también.
Bueno, esta ha sido nuestra entrevista gratísima con Edgardo Mondolfi Gudat. Estoy seguro que ustedes han disfrutado muchísimo esta entrevista y han podido recorrer la vida intelectual de uno de nuestros principales historiadores hoy en día. Muchas gracias, Edgardo.
Muchas gracias a ti por este recorrido y por tu gentileza. [Música]