Serie Los del Podio
14 de junio de 2024

Serie los del podio III. Carlos Rasquin. Cap 12 (último)

Serie los del podio III. Carlos Rasquin. Cap 12 (último)

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Bueno, Los del Podio, tercera temporada de nuestro programa Venezolanos. Hoy tenemos el gusto o el placer de recibir al doctor Carlos Rasquín Montiel, médico psiquiatra, psicoanalista, egresado de la Universidad Central de Venezuela; vamos a recorrer su vida. Bienvenido, Carlos. Bueno, encantado de estar y muy honrado de estar en este programa con mi querido amigo y también ha sido mi profesor en la Universidad Metropolitana. Bueno, muchas gracias, Carlos, e interesante esta experiencia de hacer como un recorrido biográfico, ¿no?

Bueno, Rasquín Montiel. Rasquín es apellido vasco y Montiel es apellido zuliano. ¿Cómo es esa casa a la que tú llegas, cuántos hermanos son ustedes, dónde vivían? ¿Cómo era tu entorno familiar? Sí, ese es el punto de partida y eso es algo nuclear que lo hace y lo acompaña a uno.

Sí, yo vengo de una familia muy especial, muy bonita, mis padres y seis hermanos. Seis contigo. Seis conmigo, yo soy el mayor. Ah, tú eres el mayor, aunque digo el mayor pero en mi familia no existía esa cosa de que el privilegio del primogénito, etcétera; además éramos todos seguiditos, uno detrás del otro.

Entonces éramos todos más o menos parejos. ¿A qué se dedicaban tus padres? Bueno, mis padres eran educadores, mi papá era profesor de biología y química, bueno, muy dedicado, muy trabajador. Mi mamá también estudió en el pedagógico con él, pero vino un muchachito que se llama Carlos Rasquín a la escena y entonces mi mamá tuvo que retirarse y dedicarse a lo que fue.

A las labores del hogar, bueno, y una empresa, ese ha sido un gran emprendimiento. Y una empresa educadora también, entonces bueno, somos muy unidos; afortunadamente mi mamá siempre inculcó que fuésemos muy unidos y siempre había una oportunidad. Ella decía: "Ahora que los tengo reunidos", entonces nos decía una palabra de orientación, de reforzar alguna cosa, de alentar otra y tal.

Entonces todos tenemos así como valoramos mucho lo familiar, ¿no? Tengo lejano recuerdo, a lo mejor me equivoco, que ustedes vivían en El Paraíso. Sí, cómo no, vivíamos en una pequeña urbanización que se llamaba El Alto Pinar. Claro, la conocí mucho y ahí naciste tú... ¿Ese fue el escenario de tu infancia?

Bueno, nací también en El Paraíso, en casa de mis abuelos maternos, que también forman una parte importantísima de mi vida. Yo era muy unido y siempre los teníamos cerca; además vivíamos cerca, pero nacimos, hasta creo que hasta el segundo o tercero, nacimos en la casa de esos abuelos. ¿Que también eran en El Pinar? Era en El Paraíso, mira, en La Vanidad del Club Paraíso. Ah, claro, el puente 9 de Diciembre. Sí, entonces por ahí era.

Y bueno, ¿dónde estudiaste la escuela primaria? Bueno, yo estudié todo en una institución que ya no existe, que era muy popular allá, que era el Liceo de la República. Claro, y mis hermanos estudiaron el bachillerato en el Liceo Aplicación, son aplicacionistas, claro, que quedaba en los antiguos espacios del hipódromo de El Paraíso, pero yo por razones de amistad y mi papá... bueno, mis papás daban clases allí también, entonces me pusieron ahí.

Mi otro hermano también, pero después ellos pasaron al bachillerato, todos. Mis hermanas estudiaron en la primaria en el San José de Tarbes de El Paraíso. Entonces esa es otra característica de las familias, todas son tarbesianas, empezando por mi abuela. Estudió en el internado; mi abuelo Montiel se vino de Maracaibo para el internado. No, ella, el que era de Maracaibo era mi abuelo, y además era un gran zuliano, muy dedicado a todas las cosas del gentilicio zuliano.

Y tú de muchacho, ya en el bachillerato, ¿nació una vocación médica en ti?, ¿cómo llegaste? ¿Por qué estudiaste medicina? Sí, la verdad que en bachillerato me gustaba la biología, las ciencias y la naturaleza, etcétera. Y también hay algo allí de una cosa... eso es lo que llamamos vocacional; desde bachillerato yo quería ser médico y bueno, los que me escuchen que sean médicos saben cómo es esto: uno, cuando le nace el deseo de ser médico, no se imagina hacer otra cosa que no sea ser médico.

¿Verdad? Sí. Pero no había ejemplos en tu familia. Sí, había un tío muy querido por el lado Rasquín, era un famoso obstetra, el doctor Guillermo Rasquín. Bueno, hay legiones de niños; yo me encuentro... pero antes, tú uno de ellos. No, yo uno de los... él atendió a mi mamá en la Clínica Venezuela, que era básicamente una clínica de obstetricia, y entonces bueno, yo me encontré gente que eran pacientes y todos sus hijos habían sido atendidos por mi tío, y él después cuando yo empecé a estudiar medicina, me apoyaba mucho.

Tú naciste en el año 1949. Cuarenta y nueve. Ok, ¿cómo fue esa infancia en la Caracas? En El Paraíso, El Pinar, en los años 50 y comienzos de los 60, ¿cómo veías tu vida y el país en aquella época? Bueno, la verdad que era un área tranquila, se disfrutaba; digamos, esos años son los años de jugar, era la época de Pérez Jiménez, entonces todo era así como muy... estaba como todo en orden.

Todo muy tranquilo, pero déjame contar una anécdota: una madrugada, yo tendría nueve años, oigo ruidos en la sala como a las cuatro de la mañana, y está la luz prendida. Bajo, entonces me acerco y está mi papá eufórico diciendo: "Carlucho", que me dicen Carlucho familiarmente, "Carlucho, cayó Pérez Jiménez". Entonces, bueno, ese día yo me enteré que mi papá era adeco. Ah, mira pues, claro, porque en la casa no se podía hablar de él.

No se podía hablar. Bueno, después en ese momento llegó otro amigo que era adeco y salimos con él por la avenida Páez a recorrer, bueno, había una fiesta. Era una fiesta, eso fue una fiesta. Entonces, bueno, y desde entonces no se dejó de hablar de política en mi casa.

Entonces, bueno, egresas como bachiller en el Liceo República y tocas las puertas de la Universidad Central de Venezuela. Sí, ¿te admitieron fácilmente?, ¿presentaste un examen de admisión?, ¿existía en esa época el problema del cupo universitario? Había, había, sí; no, nunca lo digo, pero la verdad que no entré en el primer intento. Muy bien, entré en el segundo intento y fui a estudiar en la Escuela Vargas.

La Escuela Vargas tenía mucho prestigio porque tenía un programa de estudio tomado de Stanford, entonces eran todas las materias más integradas. Entrábamos 400, entonces 100 íbamos a la Vargas y 300 iban a la Razzetti. Sí, que era en el Clínico, en el Hospital Universitario, clínica universitaria.

Entonces era un grupo más pequeño, entonces bueno, quizás recibíamos más atención, era un ambiente más familiar, más amistoso, etcétera. Pero hasta ahora tú querías ser médico psiquiatra, ¿todavía no? No, todavía no, yo quería ser médico. Y nos quedan en esta parte del programa un minuto, pero te dejo la pregunta para la próxima parte del programa: ¿en qué momento de tus estudios de medicina dijiste "me voy a especializar como psiquiatra" o si dudaste entre una...?

Lo tengo clarísimo, mira: estaba en tercer año, allá en la Vargas nos daban psicología médica, los psiquiatras del servicio de psiquiatría nos daban desde el primer año psicología médica y nos hablaban entonces de los problemas. Me encantaba; cuando llegué a tercer año yo digo: "No, a mí lo que me gusta es la psiquiatría". Entonces le digo al jefe de la cátedra, mi profesor, el doctor Otto Lima Gómez, claro, una eminencia médica, además era un gran promotor de la medicina psicosomática, murió hace poco. Hace poquito, nonagenario. Sí, y estaba muy lúcido. Y le digo: "Mire, doctor, ¿sabe una cosa? Yo quiero ser psiquiatra". Entonces me dice: "Muy bien, Rasquín, esa es una especialidad muy bonita, pero primero sea médico". En la próxima parte del programa seguimos hablando del doctor Otto Lima Gómez y tu decisión de ser psiquiatra, ya regresamos.

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Carlos nos hablaba de Otto Lima Gómez, pero también tuviste seguramente otras eminencias médicas como profesores en la Escuela Vargas, ¿no? ¿A quiénes recuerdas? Bueno, varios con mucho cariño. Bueno, mira, en medicina hay un momento clave, que es cuando uno entra al hospital y se hace un grupito de doce estudiantes que tienen un profesor; todos los días llegamos allá, nos enseña semiología.

Semiología es, bueno, los síntomas, las características del paciente, desde la semiología normal: cómo es una persona, cómo se oye sus pulmones, etcétera. Ese nos acompaña todo el tercer año en las mañanas en el hospital y eso es clave. Y ahí ese profesor, digamos, referencia. ¿Quién era en tu caso? Era el doctor Otto Osorio, que era un endocrinólogo.

Entonces también trabajaba en el hospital o en el servicio de Endocrinología y era una persona además con un tacto, con una calidad humana. Con una cultura, se paseaba por los literatos y las referencias novelescas de las enfermedades, etcétera; era una experiencia. Y ese grupo de amigos, seguimos siendo grandes amigos, bueno, unas familias. ¿Quiénes te daban clase de psiquiatría?, ¿quiénes eran, te enamoraron del tema?

Bueno, en psiquiatría, en esa época en la Vargas había profesores entrañables. El primero que voy a mencionar es el doctor Eloy Silvio Pomen, claro, lo puedo decir. Y además era una persona también que me orientó mucho hacia el psicoanálisis. El otro era el doctor Moisés Feldman.

También, que tiene un trabajo sobre Reverón muy bueno. Total, ese fue él que me abrió las puertas para interesarme después en Reverón. Qué bien. Bueno, estaba el doctor Carlos Valedón cuando ya estábamos avanzados, porque él estaba en sus estudios de psicoanálisis en París, bueno, y después se convirtió en mi analista.

Y mi profesor también de la formación psicoanalítica, pero eso ya llegaremos allí. Te gradúas de médico, ¿en qué año? En el año 74, es decir, estoy cumpliendo 50 años de graduado. Exactamente, tenías 25 años tú cuando te graduaste, y fíjate, Carlos, qué haces de inmediato una vez que te gradúas: ¿empiezas un posgrado, haces el doctorado en psiquiatría, te vas de Venezuela, qué haces?

No, empecé, hice rural, es lo primero, lo hice cerca, entre Charallave y Cúa. Ok, muy bien. Entonces bueno, eso es toda una experiencia, ¿no? Había una manera de hacer el rural que era heroica, y era el médico rural de un pueblito pequeño donde está el médico solo con alguna enfermera o asistente.

Entonces, pero esos se fueron reduciendo y cerca de Caracas habían centros de salud en donde había un equipo de médicos. Entonces ahí había, tanto en Charallave como en Cúa, había ese servicio más ampliado. Entonces, pero bueno, uno tenía que echar adelante a todo, a todos: parturientas, accidentes, consulta de niños, embarazadas. ¿Terminaste el rural y qué hiciste? No, inmediatamente me fui para psiquiatría.

Te fuiste a psiquiatría, ¿dónde la cursaste? Allá también en el Hospital Vargas. En el Vargas, porque se puede cursar también en la Razzetti. Sí, cómo no, ya, sí. En esa época había cinco posgrados: estaba el de los del Vargas, que era heredero del primero que hubo en el hospital psiquiátrico del Manicomio.

Claro, de Lídice. Pero después, bueno, en paralelo había servicio de psiquiatría en el Hospital Universitario y en el Hospital Militar, donde estaba el doctor Fernando Rísquez, que yo fui alumno clandestino del doctor Rísquez porque amigas mías, estudiantes de psicología, me hablaban de sus clases. Claro que él daba unas clases espectaculares.

Entonces una de esas amigas fue mi primera esposa, Gladys Michelena, que era psicóloga de la Católica, y me hablaba también de las clases del doctor Rísquez. En la Católica, entonces yo iba colado como oyente, pues muchas veces, a las clases del doctor Rísquez, pero no me gustaba la idea del Hospital Militar para estudiar; en esa época teníamos cierto recelo hacia los militares.

Pero fíjate que Rísquez, ¿no? No, Rísquez era asimilado, era coronel y llegó al equivalente, bueno, pero él también era profesor en el Hospital Universitario, en las dos partes, y después fue jefe de cátedra de psiquiatría allá en el Hospital Militar. Cuando tú te doctoras de psiquiatra, la tendencia que había en el Vargas, me estás hablando del doctor Rísquez, era, digamos, ortodoxa freudiana, ¿cómo eran esos estudios?

Mira, había mucha psiquiatría en el Vargas, era mucha psiquiatría tradicional médica, claro, pero los que te mencioné tenían, digamos, una inclinación por el psicoanálisis. Bueno, los tres; Eloy simplemente era un gran estudioso del psicoanálisis, sí, pero no era psicoanalista formal. El doctor Feldman sabía de todas las corrientes y nos abrió un mundo, claro. Pero el doctor Carlos Valedón sí era el psicoanalista que se formó o venía de París con eso; fue también entonces allí, digamos, yo me conecté.

Entonces, bueno, así como dije un momento dentro del panorama de la medicina: yo quiero ser psiquiatra. Cuando llegué a la psiquiatría, entonces yo quiero ser psicoanalista. Ok, entonces claro, ser psicoanalista... Explícale a la audiencia la diferencia entre un psiquiatra y un psicoanalista. El psiquiatra tiene, digamos, la panorámica amplia de las enfermedades mentales, además tiene la formación de médico.

Entonces, entre otras cosas, el psiquiatra como médico está equipado para medicar, para hospitalizar y eventualmente otros procedimientos; pues que entonces los maneja el médico psiquiatra. Entonces, claro, también un psiquiatra tiene que estar formado en hacer psicoterapia y ver la parte psicológica, emocional, de la orientación en muchas cosas, ¿no? Ahora hay especialidades dentro de las psicoterapias; quizás la más rigurosa, la más sistemática es la del psicoanálisis, a mi manera de ver.

Hay otras corrientes, Gestalt, etcétera, pero en esa corriente me monté yo, bueno, y dentro del psicoanálisis a su vez hay distintas ramas, distintas concepciones, ¿no? Hay ramas y muchos autores importantes que hay que recorrerlos todos, empezando por Freud. Claro, empezando por el padre de asuntos. Sí, pues bueno. Y en la formación, por lo menos nuestro grupo, nuestra sociedad, se ven los principales autores, que serían quiénes?

Bueno, además de Freud, porque Freud, después vendría Melanie Klein, también está dentro del ámbito de los psicoanalistas formados en la corriente de Freud, y después viene una sucesión postkleinianos y postfreudianos, incluyendo al famoso Lacan que nosotros también lo estudiamos. ¿Ustedes ya estudiaron a Lacan? Sí, nosotros en nuestro programa está también ese autor francés. Claro, muy importante.

¿A Jung lo estudiaban? Poco. ¿Por qué? Bueno, yo creo... yo no te podría decir una razón exacta, pero Freud y Jung se pelearon. Se pelearon, o era ruptura, hasta violenta. Ahora uno lee los libros iniciales de Jung, que son muy buenos.

A mí me encanta, yo soy muy lector y me gustan unas propuestas del arquetipo o el inconsciente colectivo, eso da qué pensarme, claro, y soy muy amigo de los jungianos. Son gente encantadora. Ahora, es importante porque lo que estás diciendo: por qué tú vas a un psiquiatra psicoanalista y, dependiendo de quién escoges, vas a tener una orientación u otra, ¿no? Eso incide en algo.

Bueno, quizás en ese momento ya uno tiene como sus preferencias. Cuando uno va acudido, claro, cuando ya va porque uno está grande, claro, entonces bueno, me gusta tanto la corriente, la escuela, la personalidad. Bueno, vamos a una pausa, estamos conversando con el doctor Carlos Rasquín, médico psiquiatra y psicoanalista, y ya regresamos.

Estamos conversando con el doctor Carlos Rasquín. Bueno, ya eres un médico psiquiatra, empiezas a atender pacientes, ¿hay un momento en que te vas a hacer un curso fuera de Venezuela? Sí, más adelante, pero más adelante. Yo comencé en consulta pública y privada; por un tiempo hice eso.

Tuve una oportunidad muy... recién graduado psiquiatra, a otro amigo, justamente del Hospital Militar, psiquiatra, le ofrecen ser director del Hospital Psiquiátrico de Anare, ese es un hospital de crónicos, manicomial, pacientes muy deteriorados, etcétera. Le estaban metiendo la mano y les estaba haciendo algunas mejoras, pusieron una unidad de agudos, mandaron al pueblo de Anare como médicos rurales que también hacían de residentes. O sea, es una oportunidad, y entonces él me dijo: "Mira, Carlos, yo no puedo con esto solo. Entonces yo necesito como director médico", porque yo tenía más experiencia de la cosa psiquiátrica.

Entonces ahí, bueno, había mucho que ver y la verdad es una experiencia, no fue muy larga, fue dos años, pero tener oportunidad de meterle el pecho a una institución. Entonces a entrenar, digamos, los enfermeros de cómo manejar los pacientes si se agitaban, etcétera, también el equipo de médicos, porque actualmente ahí se resolvía que tenía una agitación y luego le encerraban en un cuartico o les hacían electrochoque.

Entonces, como cosas así de contención, bueno, el volumen eran como 300 pacientes, eso fue mucha gente. Entonces, bueno, se hizo... mira, y tuve la oportunidad, vamos a contarlo rapidito pues, sería para hablar mucho. Una gran amiga, Ana Cristina Enríquez, era cineasta en sus comienzos, le dijo: "Carlos, vamos a hacer un documental sobre eso", y me lo había dicho de antes, pero eso era una quimera porque los hospitales psiquiátricos son muy cerrados y herméticos, bueno, porque es un lado, digamos, difícil de la vida de las sociedades, entonces se guarda.

Entonces tuve que hablar hasta con el ministro de Sanidad para garantizarle que aquello iba a ser una cosa seria. Y entonces, bueno, lo hicimos, e hizo un documento, una película, eso le llaman docu-fiction, este... bueno, un documental sobre lo que es la vida del hospital, pacientes haciendo cola para recibir las pastillas, etcétera, y también siguiendo dos casos. Eso, pero la película termina en que los pacientes, pacientes muy deteriorados, bueno, ella y quien era su partner, Julián, pusieron a los pacientes a representar Prometeo encadenado.

Imagínate, y se aprendían resumidos, etcétera, pero además te podrás imaginar Prometeo encadenado en una de esas rocas espectaculares de la costa de Naiguatá. Imagínate, porque es Anare, Anare en esa zona... Bueno, es una película de 29 minutos y entonces toda la tragedia de Prometeo que desemboca en Pandora, entonces Zeus y Pandora, y ahí termina. Bueno, eso fue, todo eso pasó en ese hospital.

Entonces, en esas cuestiones de aprehensión y cosas del poder, etcétera, entonces me fui antes que decidieran... es un poco riesgoso que allá estén moviendo muchos asuntos allí. Me retiré. ¿Y entre esos 300 pacientes que tú no los veías a todos, pero a muchos sí, son recuperables? No, algunos, porque empezaron a llegar pacientes más jóvenes, porque eso generalmente se quedan naufragados allí y terminan muriéndose.

El hospital, cuando los deslaves, se dieron cuenta de que iba a venir un deslave por ahí y tuvieron la previsión de sacar a todos los pacientes y los repartieron, y se acabó Anare. Claro, eso ya fue en el 89, ¿no? Claro, de modo que te iniciaste... No más, es más, en el 98; el deslave fue del 99.

Bueno, muchos años después, pero eso se acabó. Bueno, pero tuviste la oportunidad de iniciarte profesionalmente en un mundo duro, exigente, ¿no? Quizás eso fue bueno, porque ya lo que vino... No, no, fue una gran experiencia. Pero en paralelo trabajaba en privado en mi consultorio, en la avenida Libertador, y trabajé también 10 años en el Centro Médico Docente de La Trinidad, pero finalmente me concentré en mi consultorio, en el Hospital de Clínicas Caracas.

Pero hasta que llegó la pandemia, entonces bueno, todos tuvimos que guardarnos en casa. En el caso de nuestra especialidad, ya se había comenzado el trabajo remoto, virtual, con los pacientes, esos millones de venezolanos que se tuvieron que ir y querían seguir teniendo terapia con un especialista venezolano. Claro, pero te viniste muy... ¿hay un momento en que te vas a estudiar afuera? Eso...

Pero fíjate también trabajé cuando salí de Anare, pasé a trabajar en el INAM, en el Instituto Nacional del Menor, en un centro muy especial, la Casa de Observación de Menores de Los Chorros. Yo lo conocí, Gustavo H. Machado, lo conocí. Sí, sí, bueno, eso era otro mundo, ¿no? Otro mundo porque eran niños que presentaban, sobre todo adolescentes transgresores.

Entonces bueno, allí trabajó y creó un cierto patrón de trabajo con esos jóvenes un gran psiquiatra que también era scout, y los scouts también forman parte de mi formación y experiencia juvenil. Yo fui scout durante toda mi juventud. ¿En dónde? En el Parque La Paz. No, pero fíjate, la oferta me la hicieron en Los Palos Grandes, arriba se rebuscaron y subíamos al Ávila todos los sábados.

¿Quién es ese psiquiatra scout? Bueno, este psiquiatra es Adolfo Aristigueta Granpo. Aristiguete Granpo, hermano de Enrique. Enrique también era scout, bueno, sigue siendo scout, ¿no? Scout toda la vida. Entonces él organizó con el sistema de patrullas que los muchachos tuviesen trabajar en equipo, se les diera responsabilidad, etcétera. Yo llegué después, pero yo conocía eso, eso.

Y bueno, trabajé ahí cinco años y un trabajo ahí también metiendo el pecho a trabajar todos los días con jóvenes que son problemas gravísimos. Es una ventana a calamidades y sufrimientos y tragedias del país, absoluta, por supuesto. Por cierto, María Corina Machado... Sí, su mamá trabajó ahí. Trabajó allí. Había un proyecto, Atenea, el Proyecto Atenea, y María Corina iba a ir. Yo la vi hace unos años hablar de esa experiencia.

Yo estoy seguro que ese fue la ventana de su vocación pública, de conectarse con el país, muy posible, con los problemas. Yo ya lo digo porque fue mi experiencia. Eso fue para mí revelador y de una conexión con ese mundo. Ahora, Carlos, desde el punto de vista psiquiátrico yo supongo que hay que distinguir entre la enfermedad mental y los trastornos, es decir, son distintos niveles de gravedad, distintos tratamientos, ¿es así?

Sí, hay niveles y eso está en la práctica, también está en las teorías. Entonces, porque bueno la teoría psicoanalítica, que estaba basada en la experiencia clínica, pero yo, por ejemplo, hace años escuchaba que los esquizofrénicos, por ejemplo, tenían un pronóstico muy negativo, pero hace unos 20 años apareció un fármaco que los estabiliza bastante bien. Mi pregunta va orientada a lo siguiente: ¿los avances en la investigación médica y biomédica con la producción de fármacos han contribuido notablemente en la mejora de los pacientes desde que tú comenzaste a ejercer hace 50 años y hasta el sol de hoy?

Sí, eso es indiscutible. El aporte de la psicofarmacología ha cambiado, bueno, al punto de que esto que estaba hablando, los hospitales psiquiátricos se han ido reduciendo en su volumen y todo. Sobre todo esos pacientes crónicos, que ya se llamaban crónicos, entonces, porque con las medicaciones nuevas los pacientes se pueden tratar más rápido, reducir más la sintomatología y a esos pacientes que eran de alguna forma excluidos.

Claro, eran unos parias de la sociedad, pero no está dándole a la audiencia una gran noticia: tú estás diciendo los manicomios se han reducido, que los fármacos han contribuido, son grandes noticias, avances médicos. Claro, todavía hay hospitalizaciones pero en períodos más cortos, llamamos agudos más breves, etcétera. Porque los pacientes entonces pueden ser, digamos, atendidos en los hogares, etcétera.

Y es viable que los avances con antipsicóticos, los antidepresivos... bueno, también ha sido una revolución los antidepresivos. El Prozac, que ya existían de antes, claro, pero se han perfeccionado, porque el antidepresivo es una medicina muy delicada, era complicada, tomaba muchos efectos secundarios y hoy en día no; entonces hoy en día se toma una pastilla y tiene un efecto más rápido.

Claro, yo pienso que todos los pacientes que tienen dolencias, mucho sufrimiento, mucha crisis, mucha desadaptación, es importante lo que yo llamo un tratamiento combinado. Entonces tenemos el recurso de la psicofarmacología, pero también el recurso de las psicoterapias, porque una persona no es solamente químico. No son solo neurotransmisores. Bueno, hay cosas que están genéticamente a lo mejor predispuestas a que haya ciertos..., pero la persona tiene una historia y tiene inconsciente, tiene conflictos, tiene oportunidades o las pierdes, etcétera; entonces todo eso hay que trabajarlo.

Bueno, en la última parte del programa estamos conversando con el doctor Carlos Rasquín. Te propongo que hablemos de una de las enfermedades contemporáneas: la depresión, y cómo se avanza en un cuadro depresivo. Antes se llamaba un cuadro melancólico; era, por ejemplo, lo que padecía Felipe V, uno de los monarcas españoles. Se sumía a grandes melancolías y el reino de España empezaba a dar tumbos y tener crisis muy severas. Ya regresamos con la conversación del doctor Carlos Rasquín.

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Antes de entrar en el tema de la depresión, ¿cómo fue tu experiencia pedagógica y profesional fuera de Venezuela? ¿Dónde la tuviste? Que aprendí... Sí, yo pasé el año 75, 76 en Washington, en el Instituto Psicoanalítico de Washington, inscrito a la Internacional Psicoanalítica. Entonces ahí estudié dos años, ya había hecho mis estudios acá, entonces fue como un complemento.

También entonces allí trabajé, bueno, era como un visitante pero regular en uno de estos hospitales a los que estábamos hablando, muy famoso, llamado Chestnut Lodge. Ok, en Chestnut Lodge, bueno, ahí trabajó Frieda Fromm-Reichmann, que es la esposa de Erich Fromm. Ok, era una gran psicoanalista, El arte de amar, este, bueno ellos vinieron de Europa y llegaron allá en los años cuarenta, antes de la guerra. Y ya era una referencia del hospital.

Se promovió allí el tratamiento de psicóticos con psicoterapia, porque en esa época había cosas, los barbitúricos como un sedante, pero era full psicoterapia, y hay experiencias e incluso un libro muy famoso que se llamaba "Nunca te ofrecí un jardín de flores". Claro, recuerdo ese título, el nombre de la escritora, bueno, este... y entonces yo iba toda la semana y iba a las reuniones clínicas.

Pero ese hospital, porque además era muy costoso, pero por el costo y por el efecto de los medicamentos, pues ese hospital finalmente se cerró. En esa época duró, se cerró hace no tanto tiempo, pero era una referencia mundial y ahí iban a dar las reuniones anuales de allí. Yo por cierto presenté allí el trabajo del Reverón, que era un psicótico artista excepcional, fue realmente, y fue parte de esa experiencia de Washington.

Fíjate, las enfermedades mentales o los trastornos, no sé cómo llamarlos, ¿tienen que ver con el tiempo que se vive? Yo estaba estos días leyendo cómo se trataba la histeria en el siglo XIX, que por lo general aparecían más mujeres y hoy en día pareciera como un tema sexual que padecían ellas, ¿no? Y uno pudiera decir, bueno, coincide con el romanticismo del siglo XIX. En nuestros tiempos, ¿cuál dirías tú que te viene siendo la enfermedad de nuestro tiempo? De este punto instrumental.

Claro, no es una pregunta... No, en comparación porque a finales del siglo XIX la histeria era muy común, sobre todo era más notable en las mujeres, se veían sumamente afectadas y había muchas especulaciones. Y hoy en día eso no existe o no se manifiesta de esa manera, ¿no? Los trastornos ahora son como una mezcla. Ya, ya, y se ve en el trasfondo, que es lo que estudiando y estudiándose vio las llamadas histéricas, que tenían problemas de represiones sexuales, etcétera.

Pero si se estudiaron con más cuidado, se ve que había más historias, otros conflictos y otros problemas, no solamente la angustia sexual sino también el funcionamiento, la estructuración de personalidad, lo que hoy en día se puede ver y abordar y trabajar con más claridad. La persona que sí tiene ansiedad, entonces bueno, había una clasificación. Incluso déjame interrumpirte: en la generación del 28 en Venezuela, los años 30-40, creo que el mundo occidental, la angustia era una palabra que te acabas de hablar de la ansiedad.

¿La angustia? Era el signo de los tiempos e incluso un poeta venezolano, Pablo Rojas Guardia, escribió un verso que se hizo muy famoso: "Amanecimos sobre la palabra angustia". Hoy en día uno... bueno, la angustia ya no es, digamos, son otros temas; por eso te digo, los tiempos históricos tienen como unas expresiones de trastornos, de afectaciones psicológicas. Sí... Yo diría que en esa pregunta de cuál es la dolencia hay mucha problemática de lograr el encuentro, la conexión y la comunicación, y estabilizar las relaciones.

Las relaciones personales, afectivas. Estás hablando sobre las parejas o de las familias. La otra cara es la soledad, soledad. Y curiosamente, con tantas innovaciones que facilitan la comunicación, bueno, WhatsApp es más comunicante, pero eso por supuesto no ayuda a toda esta dispersión en que está en nuestras familias. Es una bendición tener recursos de cosas, pero la problemática de lograr ese encuentro o arreglo...

Claro, esto es un problema histórico universal, pero yo diría que ahorita, con una serie de razones, conspiran; eso es un anhelo y necesidad universal. Pero pareciera un tema del mundo desarrollado: en Inglaterra se creó el Ministerio de la Soledad porque el gobierno británico considera que la soledad es un problema de salud pública. Y se ha creado, eso lo creó Theresa May, y se creó un ministerio en la soledad con empleados y organizaciones para asistir a las personas solitarias que en su mayoría son ancianos.

Y ahí viene el otro tema, ¿no? Que tienen poco roce social porque entiendo yo que está bastante demostrado que vivir en soledad absoluta no forma parte de la sanidad mental, de la salud del ser humano. ¿Es así? Sí, ese capítulo que estás tocando, la soledad de los ancianos, es terrible. Hay instituciones que eventualmente... eso no se ha desarrollado y cuesta, porque entonces termina, yo no sé qué estadística de esto, pero me llama la atención.

Eso dice por qué debe haber, sobre todo en los países desarrollados, donde la gente es joven entonces emprende y se sale del hogar, y entonces esos padres que se van envejeciendo quedan dos solos. Entonces queda una soledad terrible de vacíos, riesgos, y todo eso se mezclaría, la soledad con la tristeza, con las melancolías; eso pudiera ser un cuadro depresivo. Te pregunto, ¿un cuadro depresivo profundo llega a inmovilizar a la persona? Bueno, pero eso a cualquiera da.

Claro. Sí, sí. A cualquiera le da, entonces bueno. La otra cosa es que la gente entienda que es importante buscar ayuda. Eso es muy importante: buscar ayuda. Entonces sí ver que vale la pena buscar ayuda a tiempo, buscar ayuda, los jóvenes, la adolescencia. Es muy fácil que haya situaciones en personas y familias estables con éxitos y vienen caminadas, pero hay crisis donde es importante atenderlos porque de repente se cocina una situación que si no se le llega, entonces la puede arrastrar y entonces traer graves calamidades a mediano plazo.

Entonces cuando un muchacho tiene... mira, lleva la terapia, porque aunque no parezca grave, eso va a ser una experiencia de enfrentar una calamidad, un conflicto, una separación, un fracaso, y entonces los síntomas que acarrea, bueno, aparte del apoyo familiar, pero los papás no pueden ser terapeutas. Bueno, muchísimas gracias al doctor Carlos Rasquín por esta entrevista tan esclarecedora de una vida ya de 50 años de ejercicio profesional como psiquiatra, psiquiatra.

De los 50 años, el viernes, este viernes, vamos a estar mis compañeros de promoción y que son de Medicina de la Universidad Central, que cumplimos cincuenta años; entonces hay un acto donde nos vamos a encontrar todos los cincuentenarios de graduados en el Aula Magna, una gran alegría. Bueno, muchísimas gracias por esta entrevista, nosotros nos despedimos hasta la semana que viene en esta temporada tercera de Los del Podio. Hasta nuestro próximo encuentro.

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