Transcripción completa del episodio
Este programa es posible gracias al equipo conformado por Gitanjali Suárez, Inmaculada Sebastiano, Melanie Pieruzzi, Carlos Javier Virgüez y Giancarlo Caravaggio. Recuerda que nos puedes seguir en Instagram como @pisolacultural y también puedes seguir la transmisión en vivo en www.mundour.com. Bienvenidos todos a Venezolanos, un programa sobre el país y su historia.
Habíamos comenzado en el capítulo quinto de esta serie con lo que podemos llamar la era Guzmán Blanco, que comienza en 1870, con su primera presidencia de las tres que tuvo, el 27 de abril. Y tenemos que el 27 de junio firma el Decreto de Instrucción Pública, Gratuita y Obligatoria y comienza el forcejeo con la Iglesia católica. Contemporáneamente con estos hechos militares, el presidente Guzmán Blanco emitió varios decretos históricos, entre ellos este que señalo el 27 de junio.
Al no más comenzar su gobierno, hacía evidente el signo modernizador que le imprimiría a su gestión. No había pasado en vano su conocimiento de la modernidad europea, especialmente la francesa, sin la menor duda. Y el decreto significó un paso hacia adelante en la democratización de la educación en Venezuela.
Cosa distinta es la notable dificultad que se tuvo para materializarlo, ya que los maestros que lo podían implementar escaseaban en el país. No obstante, mediante el decreto, el Estado venezolano señalaba un norte a seguir. Al mismo tiempo, emprendía Guzmán acciones tendientes a minimizar el poder de la Iglesia católica, delimitando las esferas de trabajo del mundo civil y del eclesiástico.
Naturalmente, halló resistencia por parte de la institución milenaria, pero logró imponer su voluntad, en particular al deshacer los seminarios y entregarle a la universidad la Facultad de Ciencias Eclesiásticas. En otras oportunidades, como ocurrió con el arzobispo Guevara y Lira, al negarse algún prelado a oficiar misas laudatorias de la gesta liberal, pues era expulsado del país. Como vemos, Guzmán Blanco no solo libraba batallas contra sus adversarios regionales, sino que buscaba la delimitación de los fueros de la Iglesia, mientras daba pasos hacia la creación de un Estado laico y, en consecuencia, moderno. Por supuesto, halló una resistencia muy significativa.
Dentro de este marco conceptual creó el matrimonio civil, la secularización de los cementerios, es decir, los cementerios dejaron de estar en manos de la Iglesia, suprimió los conventos de monjas y envió al destierro al obispo de Mérida, Juan Hilario Bosset, por no estar de acuerdo con el matrimonio civil. Deshizo los fueros eclesiásticos y a partir de entonces el clero pasaba a ser juzgado por los tribunales civiles. La tensión del conflicto fue creciendo hasta que el Vaticano intervino, enviando un embajador de buenos oficios, un vicario apostólico, al que Guzmán Blanco le impidió la entrada al país.
Es entonces cuando Guzmán amenaza con crear una Iglesia nacional venezolana al margen de la Santa Sede. Pero no pasó de allí. El avenimiento entre Roma y Caracas tuvo lugar cuando el Vaticano nombró un arzobispo de agrado para ambas partes, José Antonio Ponte, quien es consagrado en 1876, cuando ya se llevaban seis años de relaciones sumamente tensas, en las que la voluntad de Guzmán Blanco se impuso sobre la Iglesia, y esta, basada en su dilatada experiencia, prefirió transigir antes que enfrentarse.
Más vale un buen acuerdo que un mal pleito. Y llegamos a 1873, el 7 de febrero, cuando es inaugurada la parte sur del Palacio Federal Legislativo. Esto está dentro del plan de modernización del país que Guzmán Blanco tenía en mente.
La construcción de edificios públicos emblemáticos era una tarea fundamental. Así fue como Guzmán dispuso la construcción del Capitolio Federal, que fue concluido en su primera etapa en 1873, realmente llamado Palacio Federal Legislativo. Entonces también decidió poner la estatua ecuestre de Bolívar, del escultor Tadolini, en la que entonces pasó a llamarse Plaza Bolívar de Caracas.
Esta estatua ecuestre es una copia exacta de la que está en Lima. Además, ordenó que la antigua Iglesia de la Trinidad fuese reformada para llamarse Panteón Nacional y depositar allí los restos mortales del Libertador. Cosa que ocurrió el 28 de octubre de 1876, cuando fueron trasladados de la Catedral de Caracas a su nuevo destino. Guzmán tenía clara conciencia de la necesidad de crear una iconografía patriótica y una simbología nacional.
Por eso le encargó al pintor Martín Tovar y Tovar una galería de retratos de próceres de la independencia para ser ubicados en el Capitolio Federal, así como la creación de los grandes plafones de las batallas para ser puestos en el Salón Elíptico del mismo edificio, en el techo. Entre ellos, el más importante y en el que Tovar invertirá mucho tiempo de trabajo será el de la batalla de Carabobo.
La tarea del pintor tomó varios años a partir de 1873, fecha en la que regresa a su taller en París con el encargo de Guzmán de adelantar las obras. Y a partir de 1875, la megalomanía de Guzmán Blanco, que se hizo llamar el Ilustre Americano, hizo eclosión y se mandó a erigir dos estatuas: una ecuestre, que fue colocada entre la Universidad Central de Venezuela y el Palacio Federal Legislativo, y otra pedestre en el tope de la colina del Calvario.
Bueno, ya no quedaban dudas de ningún tipo acerca del culto a la personalidad que fomentaba Guzmán hacia sí mismo. Insistía en que después de Bolívar ninguna otra figura histórica tenía sus dimensiones. Lo perjudicial era que esto no permanecía en su fuero interno, sino que se lo imponía al país insistentemente.
En estos años se construye la carretera entre Caracas y los Valles del Tuy, el acueducto del Calvario, el teatro Guzmán Blanco, hoy Teatro Municipal, el templo masónico, recordemos que Guzmán era masón, el Cementerio General del Sur, entre otras obras de renovación urbana.
Y seguimos en 1873, cuando el 6 de mayo muere José Antonio Páez en Nueva York. Tiene 83 años, una vida larga para los promedios de su tiempo. Vivía de la buena voluntad de sus amigos en el exilio.
Un periódico de Manhattan recogió el hecho de esta manera; voy a citar. "Murió pobre, emigrado de su país natal, del suelo que libertó con su pujante lanza, con el fuego de su corazón y con la energía de su espíritu ardiente, como el sol que baña a los inmensos llanos, que fueron la cuna de este ilustre campeón de la independencia americana, como si la providencia hubiese querido recibirle en su seno maternal, en los momentos de su muerte, en la misma condición humilde y sencilla en que le dio el soplo de vida en la ignota y pobre Villa de Araure". Hasta aquí lo que se lee en aquel periódico de Manhattan.
Sus restos fueron sepultados en el Marble Cemetery y allí permanecieron por 15 años, hasta que fueron trasladados al Panteón Nacional en Caracas en 1888, cuando el general Hermógenes López así lo dispuso. Y llegamos a 1874, cuando Tovar y Tovar comienza a pintar los retratos de próceres y los grandes lienzos del Palacio Federal Legislativo. Bueno, recordemos que Tovar y Tovar fue compañero de aulas de Antonio Guzmán Blanco en el colegio, en la escuela primaria.
Al ser contratado por el gobierno, Tovar, como dijimos antes, se embarca rumbo a París con su esposa Teotiste y allá, en su taller en la Rue Montaigne, es donde pinta buena parte de estos murales, de estos frescos. Y al año siguiente del centenario del natalicio del Libertador, en 1883 va a ser el natalicio, y seguramente como consecuencia del éxito alcanzado con el lienzo de la firma del acta de la independencia, Guzmán Blanco propone a Tovar otra empresa. En el contrato que se redacta y se firma por parte del gobierno y el pintor, se establece taxativamente el compromiso del artista de pintar siete grandes lienzos.
Ellos deben representar las batallas de Carabobo, Boyacá, Junín y Ayacucho, el Tratado de Coche, en el que formó parte Guzmán Blanco, y dos alegorías, la de la paz y la del progreso. El monto estipulado por estos murales era de 400.000 bolívares, que sin duda representaba una suma altísima para la época, y en verdad Guzmán Blanco entendía la importancia de estas obras y estaba dispuesto a pagar el precio. A Tovar y Tovar le alcanzó el tiempo para concluir los murales de Carabobo, Junín y Boyacá.
En la próxima parte del programa veremos cómo continúa esta historia del trabajo de Tovar y Tovar. En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural.
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Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Decía que a Tovar le alcanzó el tiempo para concluir los murales de Carabobo, Junín y Boyacá, y dejó un boceto del de Ayacucho. Y por razones políticas no se hicieron los murales del Tratado de Coche ni las alegorías de la paz y del progreso.
La razón la acuña el historiador Francisco González Guinán al atribuírsela a la reacción de Juan Pablo Rojas Paúl contra Guzmán Blanco. En todo caso, esto no se pintó, Tovar no los pintó. Los apuntes para el mural de Carabobo los hizo el propio Tovar y los completó Antonio Herrera Toro, quien viajó al sitio a tomar las notas correspondientes a Carabobo.
En tanto esto ocurre, Tovar viaja de nuevo a París, porque es allá donde dispone de los instrumentos necesarios para acometer estos grandes murales. A Tovar le toma casi tres años en su taller concluir el mural de la batalla de Carabobo. Con frecuencia recibe a su mecenas Guzmán Blanco en el taller de París.
Este lo visita y lo anima en su faena. Para descansar, el viajero Tovar se desplaza hacia la campiña francesa y luego vuelve renovado a enfrentar su batalla pictórica, y llega a Caracas a finales de 1887 con el lienzo de la batalla de Carabobo concluido.
Llevó tiempo instalarlo en el techo del Salón Elíptico, pero una vez montado le tocó al presidente Rojas Paúl inaugurarlo, ya Guzmán no estaba en el poder. Esto ocurrió al año siguiente de la llegada. La hechura de un mural de estas dimensiones, que va a ser colocado en un techo, presenta unos problemas técnicos difíciles de resolver, además de las exigencias propiamente pictóricas.
Para la época, ningún pintor venezolano habría podido encarar estas dificultades y poquísimos latinoamericanos lo habrían podido hacer. Tovar y Tovar estaba preparado, formado y dotado para la tarea. Y antes de regresar a París, con el objeto de continuar con las batallas de Boyacá y de Junín, descansa a orillas del mar.
Cumplido el reposo, regresa a su taller en la Rue Montaigne. Corre el año de 1890 y antes de continuar con los grandes lienzos, pinta un retrato de Guzmán Blanco. Después, su paleta toda estará al servicio de las batallas que logra concluir en 1894.
Navega una vez más con los grandes lienzos y al año siguiente oye las palabras del presidente de la República, Joaquín Crespo, el día de la inauguración de los murales. Han pasado 10 años desde que firmó el contrato con Guzmán Blanco, 10 años de tareas cotidianas en su taller de París y de viajes a Venezuela con el fruto de su constancia. Era un empecinado, Tovar y Tovar; si no, ¿cómo entender que haya podido avanzar con esta labor titánica?
En 1897 cumple 70 años y sigue pintando. Bien, y en este mismo año de 1874 que dio pie a esta breve disertación sobre Tovar y Tovar y su obra, se crea el MOP, Ministerio de Obras Públicas. Su primer ministro fue el ingeniero Jesús Muñoz Tébar.
Y el ingeniero supervisor de la obra fue Muñoz Tébar, un hombre de una significación histórica pocas veces recordada. Me refiero a la supervisión de la obra del Palacio Federal Legislativo. Muñoz Tébar era ingeniero, militar, hombre cercano al poder y guzmancista.
Y entre su abundantísima hoja de vida destaca, como dijimos antes, la creación del MOP en 1874. Por cierto, en 1974 se cumplió el centenario del MOP, cuando gobernaba Carlos Andrés Pérez en su primer gobierno, y desapareció de paso. Bueno, el MOP tuvo años de permanencia en el país y durante varias oportunidades Muñoz Tébar fue el titular del ministerio, así como fue rector de la Universidad Central de Venezuela, fue ministro de otras carteras, fue director de escuela, senador, llegó a vicepresidente de la República y fue un hombre decisivo en la construcción de la infraestructura nacional.
De esto no hay la menor duda. Incluso puede decirse que el primer gran gerente público de infraestructura fue él en Venezuela, en la historia de Venezuela. De modo que completar el currículum vitae del doctor Muñoz Tébar sobrepasa las posibilidades de este programa.
En 1877, Juan Antonio Pérez Bonalde publica Estrofas y allí está su poema Vuelta a la Patria. Y Vuelta a la Patria no es el fruto de un destierro así, relámpago o efímero; es el fruto de largos años haciendo alma lejos de la tierra natal. De lo contrario, sería imposible la construcción del poema.
Sería incomprensible la sincronía entre la emoción del que se acerca a su patria amada y el avance de la nave rumbo al puerto. Me estoy refiriendo a las primeras estrofas del poema. Desde el retrato de la cordillera de la costa, vista desde el mar, el vaivén de las olas se hace interior, se espiritualiza, pierde su condición física para desmaterializarse en una evocación memoriosa y profunda.
El autor cuenta treinta años; es un muchacho. Nunca antes se había trabajado tan profundamente en la poesía venezolana el sentimiento amoroso hacia la tierra en conjunción con el amor hacia la madre, en una suerte de sinfonía de solapados ritmos entre un amor y otro. El amor por la tierra y el amor por la madre y ni una pizca de grandilocuencia o de salamería, ni una pizca de falsedad, como solía presentarse cierto romanticismo criollo. Bueno, aquí se cumplía una máxima romántica genuina, la vida y el arte como un todo indisoluble.
Me refiero a la vida de Juan Antonio Pérez Bonalde, nuestro gran poeta de Vuelta a la Patria. Y en 1879, el 31 de marzo, Guzmán Blanco promulga la ley de monedas y se establece el bolívar de plata, desaparece el peso. Entonces se acuñaron monedas con valores de cinco, dos y un bolívar, así como fracciones de 50 y 20 céntimos.
También se acuñaron monedas de oro con valor de 20 bolívares, que era una fortuna. Las monedas debían llevar la efigie del Libertador. Llegamos a 1881, el 25 de mayo, cuando la canción "Gloria al Bravo Pueblo" es decretada como himno nacional de Venezuela por Guzmán Blanco también.
Y Alberto Calzavara, en su libro Historia de la Música en Venezuela, publicado en 1987, reproduce la partitura que publicó el periódico El Americano en París, el 16 de febrero de 1874. Y luego reprodujo aquí La Opinión Nacional el 10 de marzo del mismo año. Primero, repito, en el periódico El Americano en París y luego en Venezuela, en La Opinión Nacional.
Y allí queda claramente establecido que el autor de la letra es Andrés Bello y el de la música, Lino Gallardo. Esto lo sostiene Alberto Calzavara con muy buenos documentos y buenos argumentos. Él rastrea el origen de la confusión en cuanto a la música y halla que el primero que sin pruebas se la atribuye a Juan José Landaeta fue Salvador Llamozas en 1883, fecha en la que Guzmán Blanco organizó la apoteosis bolivariana con motivo del centenario del nacimiento del Libertador.
Hasta ese momento nadie dudaba de la autoría de Lino Gallardo, aunque el 25 de mayo de 1881, cuando Guzmán Blanco decreta que el "Gloria al Bravo Pueblo" sea el himno nacional, no se menciona a ningún autor. En la próxima parte del programa continuaremos con este tema espinoso y sumamente interesante. Ya regresamos.
Decíamos en la parte anterior del programa que durante mucho tiempo no hubo dudas de que Lino Gallardo era el autor de la música del himno nacional, pero cuando Guzmán Blanco decreta que esta canción sea el himno nacional, me refiero al "Gloria al Bravo Pueblo", pues no se menciona al autor. Quizás esto dio pie a que comenzara la especulación y la circulación de especies que le atribuían la música a Landaeta y no a Gallardo, y no han bastado documentos, entrevistas de los descendientes de Gallardo en la primera mitad del siglo XX y demás pruebas para conferirle oficialmente la autoría al compositor.
Esto lo ha avalado a lo largo de la historia Juan Vicente González, Julio Calcaño, Eloy González, José Antonio Calcaño, mientras que la tesis, la hipótesis de Landaeta cuenta con el respaldo de Llamozas, que señalábamos antes, Salvador Llamozas, Ramón de la Plaza y Juan Bautista Plaza. Bueno, y en cuanto a la autoría de la letra por parte de Andrés Bello, pues si no fuese suficiente la publicación en París, consta que a lo largo de su vida el poeta acometió la escritura de diversos himnos, de modo que la especie según la cual un poeta de semejante magnitud no podía avenirse con la letra de esta canción es insostenible.
De hecho, las letras de los himnos se adaptan, en la medida de lo posible y en gran medida, a la música, sacrificando muchas veces el fulgor poético en aras del fulgor melódico propiamente. Por lo demás, si otra cosa demuestra Calzavara con documentos en su libro, es que la canción fue escrita entre el 20 y el 30 de abril de 1810, según se desprende de los testimonios escritos por Vicente Basadre y por José Cortés de Madariaga, que obviamente ninguno de los dos iba a inventar esto. Por ello es que es perfectamente posible que la haya escrito Bello, que entonces estaba en Caracas.
Ya que está, entre otras cosas, escribiendo; ese mismo año escribe el texto, resumen, de la historia de Venezuela, que formó parte del primer libro que se imprimió en Venezuela, Calendario, Manual y Guía Universal de Forasteros de Venezuela para el año de 1810. Desde 1808, Bello y algunos mantuanos le oponían a José Bonaparte los derechos de Fernando VII y le juraban lealtad al rey en contra del usurpador francés. El mismo Bello lo dice, voy a citar: "Pero las circunstancias reservaban a Venezuela la satisfacción de ser uno de los primeros países del nuevo mundo donde se oyó jurar espontánea y unánimemente odio eterno al tirano que quiso romper tan estrechos vínculos".
Fin de la cita. El tirano es Napoleón Bonaparte. Es el mismo tirano, por cierto, al que se alude en el "Gloria al Bravo Pueblo", en su versión primera, porque hay una primera versión.
Se organizó otra a partir de la primera por instrucciones de Antonio Guzmán Blanco. En aquella primera versión del "Gloria al Bravo Pueblo" uno puede leer: "Pensaba en su trono que el ardid ganó darnos duras leyes el usurpador". El usurpador en este caso es José Bonaparte, quien se ha puesto en la cabeza la corona de España, y luego dice en la primera versión: "Previó sus cautelas nuestro corazón y a su inicuo fraude opuso el valor".
Bueno, estas estrofas fueron eliminadas y solo se dejaron aquellas que no aludían directamente a los sucesos peninsulares. Esta operación, según infiere Calzavara en su estudio, le fue encomendada por Guzmán Blanco a Eduardo Calcaño. En todo caso, la versión original del himno no es la que se entona en la actualidad, eso está claro.
Más aún, en la versión actual hay estrofas nuevas, estrofas que no estaban en la versión original, de modo que no solo fueron suprimidas algunas estrofas, sino que fueron escritas otras para adaptarse a la versión de Guzmán Blanco.
Lamentablemente, Alberto Calzavara murió en 1988, con lo que no pudo continuar la investigación en la que hubiesen podido surgir pruebas documentales todavía más contundentes. Hasta la fecha contamos con pruebas elocuentes a favor de la autoría de Gallardo, más elocuentes que a favor de la autoría de Landaeta, y lo mismo ocurre con la tesis a favor de Andrés Bello por sobre la tesis que favorece a Vicente Salias. Por lo tanto, lo lógico es que se les atribuya a ambos la autoría.
Las pruebas a su favor son mayores que las que se tienen de los que desde hace un siglo vienen señalándose como autores. Además, aunque es todavía más difícil de implementar, se debería intentar también difundir la versión original de la canción para que se conociera también. Bien, y llegamos a 1882, el 20 de julio, cuando se funda el Banco de Maracaibo.
Los antecedentes del banco están en la Sociedad de Mutuo Auxilio, creada el 18 de marzo de 1876, y la Caja de Ahorros, fundada en 1878. El mismo grupo de comerciantes marabinos instalará el 20 de julio de 1882 el Banco de Maracaibo, el primer banco del país creado al margen de los intereses políticos centrales y basado en la idea de fomentar el desarrollo económico de la región mediante préstamos, bien sea a los productores de café de las regiones andinas, a los exportadores de productos nacionales o a los comerciantes. Este banco emitía billetes, ofrecía cuentas corrientes, y su junta directiva estuvo integrada por Ramón March, Ángel Urdaneta, Alfredo Vargas, Juan Luciani, Antonio Bustamante y Julio del Imán.
Y señala la profesora Catalina Banko, con razón además, que los primeros accionistas fueron los productores de café, que buscaban independizarse de las grandes casas comerciales. Estas casas, por su parte, prestaban a intereses más altos que los del banco; de allí que de inmediato la institución financiera comenzó a gozar del favor de los productores en crecimiento. La historia del Banco de Maracaibo está relatada por David Belloso Rossell. Fue una proeza de voluntad e inteligencia durante más de un siglo la que sostuvieron los marabinos para sostener este banco pionero.
Lamentablemente, el banco fue liquidado con motivo de la crisis bancaria de 1994. Entonces contaba 112 años de existencia. Para entonces era el banco más antiguo del país.
Y llegamos a 1883, cuando se inaugura el ferrocarril Caracas-La Guaira. Diez años antes, en 1873, se iniciaron los estudios de factibilidad para la construcción del ferrocarril. Pero todo lo que se adelantó se vino abajo cuando Francisco Linares Alcántara alcanzó la primera magistratura.
En 1877, derogó el contrato firmado y se puso fin al convenio, desconociendo lo que había adelantado el gobierno de Guzmán Blanco. Cuando Guzmán Blanco regresa al poder, en 1879 retoma el proyecto, pero cambia a sus ejecutores. Primero intenta con el neoyorquino Charles Batman.
Pero este no consiguió el financiamiento. Intenta de nuevo con William Anderson Pile, quien había sido ministro plenipotenciario de Estados Unidos en Venezuela, y él sí alcanza el financiamiento con ingleses interesados en el proyecto. En la próxima parte del programa veremos cómo se materializa el ferrocarril Caracas-La Guaira.
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Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Decía en la parte anterior del programa que Guzmán Blanco retoma la construcción del ferrocarril Caracas-La Guaira y se crea la empresa La Guaira and Caracas Railway Company Limited. Esto ocurre en 1882.
Y un año después, el 25 de julio de 1883, Guzmán Blanco inaugura la obra dentro del marco de la celebración del centenario del nacimiento de Simón Bolívar. Guzmán Blanco designa al ingeniero Muñoz Tébar, en quien confiaba absolutamente, la supervisión de la compañía inglesa que construía el ferrocarril. Y cuando esta compañía invocó una postergación de los lapsos de entrega de la obra, Muñoz Tébar formó llave con Guzmán Blanco, haciéndole saber que entregaban a tiempo o se rescindía el contrato sin indemnización.
Bueno, y los constructores ante esta amenaza apuraron la marcha y dispusieron de un promedio de 1.800 obreros por día de manera de poder inaugurar a tiempo. Los actos de inauguración son narrados en el diario de La Guaira, en fecha cercana a los acontecimientos. Voy a leerles un texto muy bonito.
"Lo que se creía obra de romanos e imposible material por sus dificultades naturales, por falta de dinero, por exceso de disensiones interiores, por deficiencia científica, por volubilidad de carácter, es un hecho ya, que los ciegos ven y los mancos palpan. El ferrocarril de Caracas-La Guaira está ya concluido y se ha hecho como se trabaja en nuestra época, como trabajan en este siglo los héroes del progreso. El 10 de junio de 1883 entró la máquina por primera vez a La Guaira y el 27 de junio de 1883 entró a Caracas. Conservamos estas fechas que marcan la segunda época de nuestra civilización. Ya se puede viajar como gente decente". Bonita crónica.
Y llegamos al 26 de julio de 1883, cuando Guzmán Blanco crea la primera academia que hubo en Venezuela, que es la Academia Venezolana de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española. Fue fundada, como les decía, el 26 de julio. A ver, fue fundada realmente el 10 de abril, de acuerdo con el decreto de creación del presidente de la República, quien a su vez ocupó el cargo de director hasta su muerte.
Y el acto de instalación de la academia se llevó a cabo el 26 de julio y el 27. Fueron dos días de seminarios, acontecimientos, y la inauguración exacta ocurre cuando Guzmán Blanco, siendo él el director fundador, lee un discurso. ¿Quiénes son los fundadores de la academia?
José Antonio Calcaño, Antonio Leocadio Guzmán, Rafael Seijas, Jerónimo Blanco, José María Rojas, Julio Calcaño, Manuel Fombona Palacio, Eduardo Calcaño, Jesús María Morales Marcano, Felipe Tejera, Marco Antonio Saluzzo, Manuel María Fernández, Amenodoro Urdaneta, Eduardo Blanco, Jesús María Sistiaga, Aníbal Dominici, José María Manrique y Antonio Guzmán Blanco. De modo que esos son los primeros académicos de la lengua y después se funda la Academia de Medicina, de la Historia, etc.
Hoy en día pueden llegar a 10 las academias. En 1888, el 2 de julio, asume la presidencia Juan Pablo Rojas Paúl y el desencuentro entre Guzmán Blanco y Crespo condujo a que este último se ausentara del país, lo que no impidió que los partidarios de su candidatura presidencial dentro del Consejo Federal trabajaran por ella, aunque sin resultados favorables. Por ello fue que en junio de 1888 llegó la noticia del alzamiento en armas del general Crespo, quien se proponía invadir a Venezuela desde la isla de Trinidad.
Esta noticia activó una cacería de conjurados en Caracas que produjo el resultado de no pocos crespistas en la cárcel. En medio de estas circunstancias, el presidente encargado, Hermógenes López, convocó al Consejo Federal para decidir el tema de la sucesión presidencial, ya que la presión en este sentido crecía, incluso llevando a algunos a afirmar que su presidencia era ilegítima.
Convoca López para el 2 de julio, y ese día los votos fueron suficientes para que se designara al doctor Juan Pablo Rojas Paúl presidente de la República para el bienio 1888-1890. Lo primero que enfrenta Rojas Paúl es el alzamiento del general Crespo, quien se acerca a Coro a bordo de la goleta Ana Jacinta, hasta que es apresado por el general Francisco de Paula Páez el 2 de diciembre de 1888. Luego es trasladado a la cárcel de La Rotunda, en Caracas, a donde va a visitarlo el presidente Rojas Paúl.
Entre ambos se llega a un avenimiento. Crespo acepta abandonar el camino de la insurrección armada. Rojas Paúl lo indulta y Crespo sale hacia Perú en el mismo mes de diciembre.
Este hecho fue el primero que marcó distancia entre Rojas Paúl y Guzmán Blanco, aunque para muchos el propio lema de su gobierno, paz, legalidad y concordia, ya era un motivo para el alejamiento entre Rojas Paúl y Guzmán Blanco. Bueno, y llegamos al 28 de octubre de 1888, cuando Juan Pablo Rojas Paúl funda la Academia Nacional de la Historia. Entonces estuvo integrada por 15 individuos de número y luego ascendió a 24.
Los fundadores fueron Vicente Coronado, José de Briceño, Julián Viso, Ezequiel María González, Laureano Villanueva, Martín Sanabria, Jacinto Regino Pachano, Amenodoro Urdaneta, Jacinto Gutiérrez Coll, J. M. Núñez de Cáceres, Diógenes Arrieta, Francisco González Guinán, Andrés Level, Andrés Silva, Rafael Seijas, Telasco MacPherson, Marco Antonio Saluzzo, Teófilo Rodríguez, Eduardo Blanco, Felipe Tejera, Luis Level de Goda, Antonio Parejo, Raimundo Andueza Palacio y Pedro Arismendi Brito.
Y llegamos a 1890, el 8 de agosto. Entonces se funda el Banco de Caracas, así se llamó, el 8 de agosto de 1890. Y esta institución se especializaría en las relaciones con el sector privado, ya que las tareas de tesorería nacional las desempeñaba el Banco Comercial de Venezuela y muy pronto el Banco de Venezuela absorbería a este.
De modo que el Banco de Caracas, de cuya junta directiva y capital accionario también participaba Manuel Antonio Matos, se concentró en prestarles servicios crediticios a los comerciantes de Caracas y La Guaira, así como a los del centro del país.
Y al margen de la obligación de prestarles dinero al gobierno y sin labores aduanales ni de tesorería nacional, el Banco de Caracas se circunscribiría a los asuntos privados, al igual que el de Maracaibo, contribuyendo ambos con la institucionalización de la banca en su esfera económica privada, menos sujeta a los vaivenes de la política. Y el 18 de agosto, Manuel Antonio Matos funda el Banco de Venezuela. En el exilio parisino hasta su muerte en 1899, Guzmán Blanco dejó de influir en el país, como tenía casi 30 años haciéndolo.
Su concuñado era Manuel Antonio Matos, y este sí continuó consolidando sus posiciones en la banca venezolana, de la que para entonces era el hombre fuerte, sin la menor duda. Es así como Matos propone la creación del Banco de Venezuela, que absorbería accionariamente al Comercial de Venezuela y continuaría con sus labores subsidiarias de la Administración Pública Nacional. Eran tareas de gran significación económica y, como sabemos, fuente de gran inestabilidad.
En nuestro próximo capítulo, que sería el séptimo, continuaremos viendo este episodio de la creación del Banco de Venezuela. Y también veremos el laudo arbitral de Madrid sobre los límites entre Venezuela y Colombia. Como siempre, un gusto hablar para ustedes.
Hasta nuestro próximo encuentro.