Serie Cronología republicana 1810-2010. Cap 4.

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Bienvenidos todos a Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. En el tercer capítulo de esta serie, el programa anterior, estuvimos viendo el año 1826 y los hechos vinculados con La Cosiata. Allí nos faltó concluir las consecuencias de esos hechos y comenzamos el programa de hoy retomándolos.

Recordemos que Santander se va a quejar ante Bolívar del desconocimiento de la Constitución por parte de Páez y le ruega a Bolívar que intervenga.

El presidente de Colombia, Bolívar, envía de avanzada a Daniel Florencio O'Leary a parlamentar con Páez para buscar una conciliación. Después de diez días de conversaciones en las que O'Leary intentaba que Páez se acogiera a lo dispuesto por Santander, con base en la Constitución vigente, el llanero le dijo: "Espero que el presidente no me forzará a ser su enemigo y a destruir Colombia con una guerra civil". Como vemos, ya Bolívar sabrá a lo que se enfrentará al iniciar el viaje a finales de 1826, buscando poner orden en la casa.

El 11 de diciembre de 1826, Bolívar le escribe a Páez una carta sutil y amenazante a la vez. ¿Buscaba ablandar al personaje que iba a dominar? Es posible.

¿Qué le dice Bolívar a Páez en esa circunstancia? "Contra mí el general Castillo se perdió; contra mí el general Piar se perdió; contra mí el general Mariño se perdió; contra mí el general Riva Agüero se perdió, y contra mí se perdió el general Torre Tagle. Parece que la providencia condena a la perdición a mis enemigos personales, sean americanos o españoles, y vea usted hasta dónde se han elevado los generales Sucre, Santander y Santa Cruz".

Bueno, una misiva bastante amenazante. Y más allá de esta carta, lo cierto será que va a ocurrir una solución ecléctica. Páez no se acogió a la Constitución vigente, pero sí reconoció la jefatura de Bolívar, y con esto el Libertador se dio por satisfecho, mientras Santander comprendió que para Bolívar, en este caso, antes que la Constitución, estaba la unidad de Colombia y la idea de evitar una guerra civil en Venezuela.

Bien, en 1826 también Andrés Bello publica la Silva a la agricultura de la zona tórrida. Esta obsesión americana de Bello estaba sembrada en él desde sus tiempos coloniales en su Caracas natal, pero era ahora, después de años de destierro, cuando podía expresarse en toda su magnitud. De allí que la Silva a la agricultura de la zona tórrida, aun siendo su poema más acabado, su poema fundacional, sea también pieza de un proyecto al que Bello le imaginaba diversas facetas.

Ese proyecto americano del caraqueño se expresaba de manera excelsa en su poesía, pero también lo hacía en su labor de docente, y lo hizo luego en su tarea de legislador, y ya se expresaba en sus estudios lingüísticos y en su tarea de filólogo. El Andrés Bello de Londres, así como el de Caracas, está preparándose, sin saberlo, para ser uno de los arquitectos intelectuales del Nuevo Mundo. La obsesión americana encuentra un cauce más hondo, menos anecdótico, más universal en la Silva a la agricultura de la zona tórrida.

Y llegamos a 1827, el 4 de enero, y la última visita de Bolívar a Caracas. En medio de flores, arcos de triunfo, coronas de laurel, bambalinas y guirnaldas, entraron juntos el Libertador y José Antonio Páez a Caracas el 4 de enero. Bolívar designó a Páez con un cargo que no figuraba en la Constitución vigente: jefe supremo, reconociendo así su liderazgo y colocándose al margen de la Carta Magna, provocando el desagrado máximo del Congreso reunido en Bogotá y del hombre de las leyes, como se le llamaba al general Francisco de Paula Santander.

Bolívar permaneció seis meses en Caracas, poniendo orden en distintas ramas y consolidando con su actitud el poder de Páez. La oposición a la Constitución de Bolivia y al propio Libertador iba en aumento. Como vemos, sofocaba la rebelión venezolana, pero al hacerlo ofendía a los constitucionalistas neogranadinos. Lograba detener la separación inmediata de Venezuela de Colombia, pero en su fuero interno comprendía que había puesto un paño caliente sobre una derrota cantada.

Partió de La Guaira el 4 de julio de 1827 rumbo a Cartagena para luego subir a Bogotá por el río Magdalena, esta vía que recorrió infinidad de veces a lo largo de su vida. Fue la última vez que estuvo en su país natal. No solo halló una recia oposición en Bogotá, sino que Perú también rechazó su proyecto de Constitución de Bolivia, y Bolívar reaccionó gobernando con poderes excepcionales, que en términos puros, romanos, republicanos, podrían llamarse dictatoriales.

La negativa a seguir sus designios, el Libertador la entendió como un llamado a acelerar la marcha hacia un gobierno fuerte. Eso hizo, además de convocar a la Convención de Ocaña para abril de 1828, con el objeto de modificar la Constitución de Cúcuta de 1821, aunque ya comprendía que imponer su modelo boliviano de 1826 sería imposible de lograr.

Y llegamos a 1829. El 26 de octubre se funda la Sociedad Económica de Amigos del País. Esta fórmula de las sociedades económicas de amigos del país no fue una invención americana, sino europea. Pero en ambos ámbitos se crearon por los mismos motivos: el desarrollo económico, superar la pobreza.

En Zúrich se fundó una en 1747, en París en 1761, en San Petersburgo en 1773, en España se fundaron la Vascongada y la Matritense, y en América la primera fue la de La Habana en 1793, seguida por la de Guatemala en 1794. El Libertador se inclinó a favor de esta fórmula compartida entre el Estado y los particulares para el desarrollo económico, y fundó la de Lima y la de Bogotá. En la Ley de Instrucción Pública del 18 de marzo de 1826 estimula la creación de estas sociedades en toda Colombia. En esta ley se basa José Antonio Páez para crear la venezolana el 26 de octubre de 1829.

En el decreto de fundación paecista se establecen los objetivos de la institución. Voy a citar: "Los progresos de la agricultura, del comercio, de las artes, oficios, población e instrucción". Igualmente queda fijada su naturaleza no beligerante: "Esta sociedad no ejercerá autoridad alguna ni se mezclará en la alta política del gobierno".

Como vemos, en el espíritu liberal de la época, esta institución responde a una concepción clara de las tareas que desempeña cada sector de la sociedad. Es evidente que la generación de riqueza es asunto de los particulares, con el respaldo y fomento del Estado. También queda claro que a estos sectores productivos no se les quiere en las esferas de la alta política del gobierno, como rezaba el decreto. Como dice el refrán, zapatero a su zapato.

Y llegamos a 1830, el 4 de junio, asesinato de Sucre en Berruecos. El mariscal Sucre decide regresar a Quito con su esposa, Mariana Carcelén, marquesa de Solanda, y su pequeña hija. Parte de Bogotá hacia Quito sin tomar el camino de Buenaventura, que lo llevaría por el océano Pacífico a Guayaquil, sino por el terrestre que forzosamente lo lleva por Popayán y Pasto, una zona históricamente antivolivariana y prorrealista.

Fue asesinado de cuatro balazos muy cerca del bosque de Berruecos, la mañana del 4 de junio de 1830, cuando iba por la espesura del bosque con una comitiva reducida, menos de diez acompañantes. Sobre los autores materiales no hay duda: Apolinar Morillo, José Erazo, Juan Gregorio Sarria, Juan Cusco, Andrés Rodríguez y Juan Gregorio Rodríguez. Una combinatoria de guerrilleros, mercenarios y gente de mal vivir. Sobre los autores intelectuales es otra historia, que veremos en la próxima parte del programa. Ya regresamos.

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Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Decíamos en la parte anterior del programa que los autores intelectuales del asesinato de Sucre en Berruecos eran otra historia. En 1839 se hizo preso, por otros motivos, a José Erazo, y se interrogó a Apolinar Morillo, quien confesó que actuaban por instrucciones del general José María Obando, que formaba parte del grupo de enemigos políticos del Libertador.

También se cuenta con cartas que incriminan al general Juan José Flores, quien tenía interés particular en que Sucre no regresara a Ecuador a disputarle su liderazgo. Además, todo indica que el general José Hilario López integró la conjura. En cualquier caso, es evidente que se trató de un asesinato de móviles políticos perpetrado por los enemigos de Bolívar que veían en Sucre a su legítimo sucesor.

Sobre este hecho han corrido ríos de tinta. Algunos buscan inclinar la balanza hacia Flores, otros hacia Obando. De acuerdo con lo investigado por mí, el contratista directo de los autores materiales fue Obando, pero tanto Flores como López al parecer estaban de acuerdo, según se desprende de misivas que los comprometen.

Apolinar Morillo fue ejecutado en la Plaza Mayor de Bogotá en 1842, mientras los otros autores materiales e intelectuales corrieron con mejor suerte o murieron antes del juicio. Si el bolivarianismo contaba con un sucesor de altos quilates, esa perspectiva quedó en un camino boscoso entre Colombia y Ecuador con apenas 35 años de existencia que tenía Antonio José de Sucre y Alcalá. Fue la puntilla para los quebrantos de Bolívar, entonces en la costa, buscando un destino europeo pero envejecido y batallando con una severa afección pulmonar debido a la tuberculosis.

El concepto que Bolívar tenía de Sucre, como es sabido, era altísimo. En carta del 9 de febrero de 1825 a Santander, afirmaba Bolívar: "Usted es el hombre de las leyes y Sucre el hombre de la guerra". Esto escribe Bolívar. Y ciertamente las victorias militares de Sucre fueron redondas y Bolívar tenía en alta estima su magnanimidad con los vencidos y su don de gente, así como su notable modestia. En verdad, Sucre es un personaje excepcional en muchos sentidos. Sus virtudes destacaban particularmente por su civilidad.

Y llegamos al 22 de septiembre de 1830, cuando se restaura la República de Venezuela. Ya veremos por qué. El Congreso Constituyente de Valencia, en su tarea, concluye el 22 de septiembre, cuando se aprueba la nueva Constitución Nacional. Entonces se restaura la República de Venezuela, aquella que fue fundada el 5 de julio de 1811 y que se subsumió como Departamento de la República de Colombia entre el 17 de diciembre de 1819 y el 22 de septiembre de 1830.

La experiencia constitucional se fundamentaba en las cartas magnas de 1811 en Caracas, la de Angostura en 1819 y la de Cúcuta en 1821. Las deliberaciones del Congreso Constituyente no condujeron a una vuelta al federalismo de 1811, pero tampoco al centralismo de 1819. Se redactó una Constitución que tenía de ambas improntas. Luego, el 24 de marzo de 1831, sobre la base del texto constitucional, va a ser elegido José Antonio Páez como presidente de la República.

Y ese mismo año de 1830, el 17 de diciembre, Bolívar muere en Santa Marta. Sobre los últimos días del Libertador se ha escrito abundantemente. Tan solo agregamos que el deterioro de su salud fue paulatino y vinculado con problemas respiratorios que en la autopsia practicada por el doctor Alejandro Próspero Révérend se confirmaron. Voy a citar a Révérend: "En su principio, un catarro pulmonar que, habiendo sido descuidado, pasó al estado crónico y consecutivamente degeneró en tisis tuberculosa". Esto dice Révérend en el informe de la autopsia del Libertador.

La última carta de Bolívar de las miles que dictó la redactó el 10 de diciembre, con destino al general Justo Briceño, al igual que su proclama final y su testamento. En este, por cierto, se dice natural de la ciudad de Caracas en el departamento de Venezuela, lo que nos deja ante dos caminos: ignoraba la refundación de la República de Venezuela el 22 de septiembre o se negaba a aceptarla.

En todo caso, era evidente que moría con dos fracasos diáfanos en su proyecto político: la implantación de la Constitución de Bolivia en Colombia y en Perú, con sus ideas centralistas y hereditarias sobre el gobierno, y la separación de Colombia, Venezuela y Ecuador en tres repúblicas distintas y autónomas.

¿Tenía razón Bolívar al afirmar en carta a Juan José Flores, el 9 de noviembre de 1830, lo que sentenció? ¿Qué dijo Bolívar en esa carta? "Usted sabe que yo he mandado veinte años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos. La América es ingobernable para nosotros. El que sirve una revolución ara en el mar. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles de todos los colores y razas. Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, este sería el último período de la América".

Bueno, nosotros creemos que no, que eso no es cierto y que estaba abatido y que no advertía con claridad lo que había logrado. Además, pareciera que su aversión a la anarquía lo llevaba a no interpretar con claridad la manifestación de las ideas divergentes y la abierta confrontación. Estaba tan convencido de la necesidad de un gobierno fuerte y centralizado que veía en cualquier expresión disidente el germen de la disolución, en la existencia de partidos la negación de la unión y en cualquier negativa a seguir sus designios una expresión de traición.

Si Bolívar era terco, la realidad también lo era. Y, no obstante todo lo anterior, durante toda su vida mantuvo un espacio lúcido de interpretación de la realidad, incluso en los casos en que sus errores lo condujeron a desafueros. Eso se desprende claramente de una de sus últimas cartas, dirigida al general Urdaneta desde Barranquilla, el 16 de noviembre de 1830. Allí afirma, fin de la cita.

Dos procesos paralelos llegan a su fin: la enfermedad de Bolívar que lo lleva a la muerte y también la enfermedad de Colombia que la lleva a la disolución.

Y llegamos a 1831, el 24 de marzo. Páez es electo presidente de la República por el Congreso, ese 24 de marzo de 1831, dentro de los parámetros fijados por la Constitución Nacional de 1830. El 24 de junio, el presidente Páez, en Valle de la Pascua, alcanza un acuerdo con el general José Tadeo Monagas y este se somete al imperio de la ley.

A partir de entonces Páez gobierna con menos presiones. La capital de la República pasa de Valencia a Caracas, con lo que muchos autores interpretan que la asesoría del doctor Miguel Peña a Páez deja de ejercer su influjo. Entonces se señala que la influencia del general Carlos Soublette será cada vez mayor en el ánimo de Páez.

No cabe la menor duda acerca del peso del doctor Peña en el ánimo de Páez, peso que provenía de su autoridad jurídica y de su conocimiento del mundo civil, ámbito que le era menos familiar a Páez naturalmente hasta ese momento. Sin embargo, sería exagerado señalar que la influencia de Peña fue tan determinante como para desplazar las propias ideas del caudillo llanero, que sin duda las tenía.

Así como tampoco los consejos de Soublette fueron acogidos en su totalidad. No hay que olvidar que Páez, que a sus 42 años se acercaba a la madurez, ya contaba con entrenamiento en los asuntos de la política. Y llegamos a 1834, el 10 de abril, una ley muy importante: la ley sobre libertad de contratos.

Pero de esta ley vamos a hablar en la tercera parte del programa, cuando veamos con detalle en qué consistió y qué estableció esta ley en las relaciones económicas de los venezolanos. Ya regresamos.

Decíamos en la parte anterior del programa que en esta íbamos a hablar de la ley del 10 de abril de 1834 sobre la libertad de contratos. Este año el Congreso de la República sanciona esta ley que favorece la relación entre los particulares en el momento de fijar intereses por los préstamos. Es una ley de corte liberal que trajo, según muchos autores, un repunte de la economía. Y según otros, lo contrario.

La verdad es que al dejar en manos de los particulares la fijación de los intereses, estos bajaron y se produjo una recuperación de los cultivos, en particular del café. Esta ley, junto con la organización de la recaudación fiscal, la eliminación del diezmo, que se le exigía a los agricultores entregar a la Iglesia Católica, y la paz política alcanzada alrededor de Páez, condujo a que las cifras económicas del primer gobierno de Páez fuesen muy favorables. Recordemos que el ministro de Hacienda y canciller era Santos Michelena.

Estos resultados no son gratuitos. Michelena tenía una clara conciencia del funcionamiento de la economía de mercado para la época de economía liberal.

Y llegamos a 1835, cuando el doctor José María Vargas es electo presidente de la República. Y fíjense que a lo largo del segundo semestre de 1834 tiene lugar la campaña electoral para la selección del presidente. Se presenta la candidatura del general Carlos Soublette, apoyado nada menos que por Páez; la del general Santiago Mariño, respaldado por José Tadeo Monagas y otros caudillos de Oriente, y la del médico José María Vargas, apoyado por los comerciantes que han visto crecer sus negocios durante los años de Páez y bajo el espíritu de la libertad de contratos consagrado en la ley del 10 de abril.

El resultado fue favorable a Vargas, con 103 votos, seguido por Soublette, con 45; Mariño, 27; Diego Bautista Urbaneja, 10, y Bartolomé Salom, 10 sufragios. El doctor Vargas asumió la presidencia de la República el 9 de febrero de 1835. Por dos años más, según disposición constitucional, continuaría a su lado Andrés Narvarte como vicepresidente.

Su gabinete estuvo integrado de la siguiente manera: Antonio Leocadio Guzmán en la Secretaría de Interior y Justicia, general Francisco Conde en la Secretaría de Guerra y Marina, y Santos Michelena es ratificado en Hacienda y Relaciones Exteriores. Desde el momento mismo de la victoria de Vargas se va creando una suerte de conjura en su contra por parte de los seguidores de Santiago Mariño. No hace lo mismo Soublette, que se va a Europa, ni Páez, que se retira a sus haciendas.

Muy pronto Vargas entra en diatriba con el Congreso de la República cuando este último propone una ley de impuesto subsidiario del 1%, recabado en las aduanas con destino a la hacienda pública. El presidente objeta el proyecto de ley, pero las cámaras lo aprueban, a lo que Vargas responde invocando la violación de la Constitución por parte del Senado.

Esta prueba de fuerza condujo a que el doctor Vargas presentara su renuncia el 29 de abril de 1835, pero no le fue aceptada, aunque alegaba no disponer de la suficiente fuerza para mantener la paz de la República entre las facciones militares en pugna. La renuncia de Vargas fue interpretada por sus adversarios como una muestra de debilidad, aunque no le hubiese sido aceptada. Así fue como se estructuró una conjura en su contra, que se denominó la Revolución de las Reformas, integrada por Mariño, Diego Ibarra, Luis Perú de Lacroix, Pedro Briceño Méndez, José Tadeo Monagas, Estanislao Rendón, Andrés Level de Goda y Pedro Carujo.

Esta asonada se expresó el 8 de julio en Caracas, cuando Carujo penetró en casa del doctor Vargas para detenerlo, y se produjo un intercambio de palabras que la historia ha recogido insistentemente. No sabemos si esto es mito, leyenda, pero el diálogo ocurrió. Lo que no sabemos es la expresión exacta de estas palabras. Dijo Carujo: "Doctor Vargas, el mundo es de los valientes", y Vargas le respondió: "El mundo es del hombre justo".

Después de la detención del presidente Vargas y del vicepresidente Narvarte, fueron embarcados ambos rumbo a Santo Tomás, en la misma tarde del día fatídico. Al no más conocerse la asonada, acompañada de un texto de nueve puntos en el que los conjurados querían el mando de las Fuerzas Armadas para el general Mariño, el entonces jefe de esas mismas Fuerzas Armadas, designado por Vargas para tal efecto, es decir, José Antonio Páez, se puso en marcha para dominar la situación y restablecer el hilo constitucional.

Páez entra triunfante a Caracas el 28 de julio de 1835 y el 20 de agosto está de nuevo Vargas en la presidencia de la República. Páez lo ha mandado a llamar y le ha devuelto el cargo. El movimiento insurreccional, sin embargo, no terminó de ser derrotado sino el 1 de marzo de 1836, al año siguiente, en Puerto Cabello.

Lo que debía hacerse con los derrotados fue la piedra de tranca entre Vargas y Páez. Vargas y sus seguidores exigían que sobre los golpistas cayera todo el peso de la ley, mientras Páez abogaba por la clemencia y el indulto. La estrategia conciliadora le había servido en el pasado a Páez en distintas circunstancias, pero Vargas exigía castigos ejemplares.

Por otra parte, era evidente que la figura del general Páez había crecido mucho más con esta situación, ya que se había convertido en suerte de árbitro mayor y absoluto de la República, de modo que las posibilidades de Vargas de imponer sus criterios por encima de los del caudillo llanero eran improbables. A Vargas le fue aceptada la renuncia el 24 de abril de 1836, y a partir de entonces se dedicaría exclusivamente a la docencia, a la investigación científica y a la escritura.

Y así llegamos a 1837, cuando el 11 de abril Carlos Soublette se juramenta como vicepresidente de la República para el lapso 1837-1841, por un período de cuatro años, de los cuales los dos últimos sería vicepresidente de un presidente electo para el período 1839-1843. Cuando asume el gobierno, cuenta con 47 años y una ya larga participación en la vida pública venezolana.

Se inició Carlos Soublette como secretario del generalísimo Francisco de Miranda en 1811, cuando apenas contaba 21 años. Integraba una de las familias principales de Caracas por parte de su madre, Teresa Jerez de Aristeguieta, una de las llamadas Nueve Musas, y era primo de Simón Bolívar. Venía de desempeñarse como ministro plenipotenciario en Europa, negociando el Tratado de Independencia, Paz y Amistad con España, que llegaría a firmarse varios años después, en 1845.

En estas funciones se encontraba desde 1835, cuando el gobierno lo envió a Madrid. No solo Páez veía condiciones civilistas y militares excepcionales en Soublette como para llevar el timón de la Venezuela de entonces. Muchos otros también veían en este hombre de facultades para el diálogo las virtudes necesarias para la coyuntura que vivía Venezuela en aquel momento.

Soublette llega a La Guaira el 10 de abril de 1837 y al día siguiente es investido de su cargo. De inmediato, el general Páez se traslada desde su hato San Pablo hasta Caracas para ayudar a Soublette a formar gobierno. Soublette elige a Ramón Yépez y José Luis Ramos secretarios de Estado, mientras al coronel Guillermo Smith lo designa en la cartera de Guerra y Marina. Y afirma Francisco González Guinán en su Historia contemporánea de Venezuela que la presidencia de Soublette es recibida con alegría y esperanzas, dadas sus reconocidas virtudes personales y republicanas.

Y llegamos a 1839: el 26 de enero ocurre el escrutinio de los votos y el 1 de febrero asume la presidencia de la República por segunda vez, a los 49 años de edad, el general José Antonio Páez. Continuaba de vicepresidente el general Soublette y se designaba a Diego Bautista Urbaneja en la cartera de Interior y Justicia, en Hacienda y Relaciones Exteriores al coronel Guillermo Smith y en Guerra y Marina al general Rafael Urdaneta.

Y en 1840, el 24 de agosto, se funda el periódico El Venezolano. Alrededor de este periódico semanal, fundado por Antonio Leocadio Guzmán e impreso por primera vez el 24 de agosto de 1840, se va a reunir un grupo de venezolanos con voluntad para la vida pública: Tomás Sanabria, Jacinto Gutiérrez Coll, Tomás Lander y el propio Guzmán. Pero eso lo vamos a ver en la última parte del programa.

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Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Decíamos en la parte anterior del programa que Antonio Leocadio Guzmán funda el diario El Venezolano y además encabeza un grupo que le hace una proposición al país, un programa de trabajo para la nación compuesto por 16 puntos.

Voy a leerlos. Uno, cumplimiento de la Constitución y las leyes. Dos, alternabilidad en el desempeño de las funciones públicas. Tres, respeto del poder electoral. Cuatro, creación de dos grandes partidos nacionales. Cinco, difusión de prácticas republicanas.

Seis, reprobación de los crímenes individuales y de la apelación de la fuerza para la solución de los asuntos públicos. Siete, fortalecer los partidos para llevar a cabo elecciones. Ocho, énfasis en llevar a las cámaras legislativas a hombres ilustrados y de bien. Nueve, disminución de las contribuciones públicas. Diez, independencia de la Iglesia, del poder judicial, de la universidad y los colegios.

Once, responsabilidad de los empleados. Doce, auxilio a las industrias. Trece, abolición de la ley del 10 de abril de 1834. Catorce, guerra al banco por sus monopolios y privilegios. Quince, leyes de retiro para los próceres y de montepío para sus viudas e hijos. Dieciséis, ley para organizar la milicia nacional.

Como vemos, la aparición del periódico y el lanzamiento del programa constituyeron un acontecimiento político de gran importancia, así como una manifestación significativa de oposición al gobierno. En el encabezado del periódico se leía en latín: "Más quiero una libertad peligrosa que una esclavitud tranquila". Y además, los puntos del programa traen consigo una crítica de la situación política de entonces, ya que lo que se propone es lo que falta, lo que no se encuentra.

Prácticamente de inmediato, El Venezolano se colocó al frente de la oposición al gobierno y contribuyó a consolidar el Partido Liberal de Venezuela, institución para la que la mente de Tomás Lander fue pródiga y eficaz. Y el sacudimiento político que trajo la aparición del periódico incitó al general Páez, quien se había hecho sustituir temporalmente por Soublette, a encargarse de nuevo de la presidencia de la República en septiembre de 1840.

Y llegamos a 1841, junio-agosto, y Schomburgk y los límites con Guayana, un hecho muy importante. Robert Schomburgk, comisionado de la Corona de Inglaterra para la fijación de límites en Guayana, rindió su primer informe y en agosto de 1841 el segundo, y fijó la bandera inglesa en Barima, en Amacuro y Cuyuní, con lo que desconocía territorios que pertenecían a Venezuela y se los atribuía a la Guayana inglesa.

Estos informes de Schomburgk, entregados entre 1841 y 1843, fueron la base documental que presentó Inglaterra ante el Tribunal Arbitral de París en 1898 y 1899, tribunal que instituyó el despojo por parte de Inglaterra de territorios venezolanos. Más adelante volveremos sobre este tema.

En 1841 también se publican en París el Resumen de la historia de Venezuela de Rafael María Baralt y el Resumen de la geografía de Venezuela de Agustín Codazzi. Por otra parte, regresaron al país Agustín Codazzi, Rafael María Baralt y Ramón Díaz de París, ciudad en la que habían publicado sendos trabajos encargados por el gobierno de Páez a estos autores. De modo que es un momento importante para la vida intelectual y geográfica venezolana en 1841.

Llegamos a 1843, cuando el 28 de enero se inicia el cuarto período constitucional de la era republicana, cuando el Congreso de la República formaliza las elecciones ganadas por el general Carlos Soublette. Entonces el doctor Vargas, presidente del cuerpo legislativo del Congreso, invistió al presidente electo de su cargo. Este de inmediato se dirigió a la Casa de Gobierno, donde lo esperaba el vicepresidente de la República, Santos Michelena, y los integrantes del Poder Ejecutivo.

El 30 de enero, Soublette designó su gabinete: en el Ministerio del Interior y Justicia, Juan Manuel Manrique; en Hacienda y Relaciones Exteriores, Francisco Aranda; en Guerra y Marina, el general Rafael Urdaneta. El general Páez, por su parte, se retiró a su hato, habiendo demostrado estar dotado de tolerancia hasta entonces ante los ataques inclementes de la prensa liberal, cada vez más enconada en su contra.

Y llegamos a 1847, cuando el general José Tadeo Monagas asume la presidencia de la República el primero de marzo, a los 62 años de edad. Entonces era el hombre más influyente y uno de los más ricos del oriente del país. Gozaba, como Páez y Soublette, del prestigio de haber integrado el ejército libertador en sus primeras filas. Llegaba al poder de la mano del general Páez, quien, equivocadamente o no, creyó que mantendría su influencia determinante en el país a través de Monagas.

Al principio del gobierno de Monagas, así pareció que iba a suceder, ya que nombró como su primer ministro de Interior y Justicia al hombre de confianza de Páez, Ángel Quintero, mientras designaba a Miguel Herrera en Hacienda y Relaciones Exteriores y a José María Carreño en Guerra y Marina.

Muy pronto, el general oriental Monagas fue enseñando sus cartas. Conmutó la pena de muerte que pesaba sobre Antonio Leocadio Guzmán por la de extrañamiento perpetuo del país. Esta fue la primera señal para el general Páez.

Luego nombró en cargos menores a gente de su confianza, sin consultarle previamente a los ministros, con lo que buscaba la renuncia de los ministros, cosa que ocurrió siendo sucesivamente sustituidos. El liberal José Félix Blanco sustituyó a Herrera en Hacienda y Relaciones Exteriores, Rafael Acevedo a Quintero en Interior y Justicia, y finalmente el general Carreño renunció ante la conmutación de la pena de Guzmán y fue sustituido por el coronel Francisco Mejía. Esto ocurrió en muy pocos meses desde su asunción del mando.

El general Páez, sin embargo, permaneció en silencio hasta que el 5 de agosto de 1847 Monagas le participó, a través de su ministro de Guerra y Marina, que sus funciones como jefe del ejército nacional habían cesado. Esta estocada final dejó en claro que Monagas se proponía gobernar solo, creando su propia red de poder al margen de la trama paecista.

Y en 1848 va a ocurrir el asalto al Congreso, el 24 de enero, pero eso será tema del capítulo 5 de esta serie que venimos desarrollando para ustedes. Volvemos entonces en 1848. Como siempre, ha sido un gusto hablar para ustedes. Soy Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio. Hasta nuestro próximo programa.

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