Transcripción completa del episodio
Este programa es posible gracias al equipo conformado por Gitanjali Suárez, Inmaculada Sebastiano, Melanie Pieruzzi, Carlos Javier Virgüez y Giancarlo Caravaggio. Recuerda que nos puedes seguir en Instagram como @pisolacultural y también puedes seguir la transmisión en vivo en www.mundour.com.
Bienvenidos todos a Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. En esta serie que venimos haciendo, titulada Cronología Republicana, de 1810 al 2010, en el programa anterior quedamos en 1967. En efecto, en agosto de este año 67, Mario Vargas Llosa recibe el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos por su novela "La casa verde". El Premio Rómulo Gallegos, como popularmente se le conoce, fue durante muchos años el más codiciado galardón novelístico del mundo de habla hispana.
Fue creado por el Estado venezolano a instancias del presidente del INCIBA del gobierno de Raúl Leoni, me refiero a Simón Alberto Consalvi, y el primer ganador fue Mario Vargas Llosa por "La casa verde". Le siguieron Gabriel García Márquez en el año 1972 por "Cien años de soledad" y Carlos Fuentes en 1977 por "Terra Nostra". Y el único venezolano en haberlo ganado es Arturo Uslar Pietri, con su novela "La visita en el tiempo", del año 1991.
Y en 1968, el 8 de noviembre, el presidente de la República, Raúl Leoni, inaugura la primera etapa de la central hidroeléctrica Guri, poniendo en funcionamiento dos unidades generadoras con capacidad de 350 megavatios cada una. Y a partir de 1970 se inició la fase dos, con la ampliación de la sala de máquinas con miras a instalar siete unidades generadoras más, con capacidad de producción de 230 megavatios cada una. La inauguración de la segunda y última etapa tuvo lugar el 8 de noviembre de 1986, con la presencia del presidente de la República de entonces, Jaime Lusinchi.
Terminado el trabajo, Guri estuvo en capacidad de producir 10.000 megavatios, constituyéndose, en el momento de su terminación, en la segunda central hidroeléctrica más grande del mundo. Hoy en día es la tercera. La primera es la presa de las Tres Gargantas, en China, que tiene una capacidad de 22.000 megavatios, un poco más del doble que el Guri.
La segunda es la de Itaipú, entre Brasil y Paraguay, con una capacidad de 14.000 megavatios. Y el lago que generó la represa es el segundo de Venezuela y el séptimo lago artificial del mundo por su tamaño. Y llegamos a 1969, cuando el 11 de marzo asume la presidencia de la República el doctor Rafael Caldera.
Bueno, y Caldera finalmente alcanzó la presidencia por estrecho margen. Obtuvo el 29,13 por ciento de los votos, mientras Gonzalo Barrios, de Acción Democrática, obtuvo el 28,24 por ciento, con apenas 30.000 sufragios de diferencia. Burelli Rivas alcanzó el 22,22 por ciento, mientras Prieto Figueroa obtuvo el 19,34 por ciento.
Y en el Congreso Nacional la composición fue todavía más compleja, ya que los seguidores de Marcos Pérez Jiménez habían formado un partido político, la Cruzada Cívica Nacionalista, y alcanzaron el 10,94 por ciento de los votos en el Parlamento. Por primera vez en nuestra historia republicana del siglo XX, el presidente en ejercicio le entregaba el mando a otro electo de un partido distinto: el partido en ejercicio, Acción Democrática, y el partido distinto, COPEI. El hecho fue un ejemplo paradigmático de democracia en América Latina. Rafael Caldera sumaba entonces 53 años y toda una vida consagrada a la vida pública, en la que se contaban ya tres intentos por llegar a la primera magistratura por la vía electoral: en los años de 1947, 1958 y 1963.
De modo que en la cuarta oportunidad llegó la victoria, y de Caldera será la política de pacificación implementada prácticamente de inmediato en su gobierno. La primera expresión de la política de pacificación del país que se proponía el gobierno fue la legalización del Partido Comunista de Venezuela, que venía funcionando bajo la denominación de UPA, Unión para Avanzar. Luego, ya en 1973, se legalizó al MIR, Movimiento de Izquierda Revolucionaria.
Ambas agrupaciones habían sido ilegalizadas en 1962, cuando la arremetida de la lucha armada guerrillera condujo a estas decisiones por parte de la administración de Rómulo Betancourt. El objetivo que perseguía Caldera era conseguir que los guerrilleros se incorporaran a la vida democrática y pacífica, que abandonaran las armas, y a cambio el gobierno se comprometía a indultar a los imputados, concibiendo sus delitos como políticos y no como delitos civiles o penales. La mayoría de los comandantes guerrilleros se acogió a la pacificación; otros tardaron en hacerlo, pero años después también se integraron a la lucha democrática.
Esta política fue tan exitosa que produjo discusiones profundas en el seno de la izquierda y trajo como consecuencia el nacimiento del MAS, el Movimiento al Socialismo. Y llegamos a 1970, cuando el 21 de octubre se funda la Universidad Metropolitana. Y esta historia resumida es así.
En 1964, un grupo de profesionales venezolanos, integrado por Cecilio Álvarez, Julián Ferris, Luis Carías, Olinto Camacho y José Antonio Pisolante, comienza a soñar con una nueva universidad para Caracas. Luego se incorpora al grupo promotor Eugenio Mendoza Goiticoa y logra darle cuerpo al proyecto. La Universidad Metropolitana abre sus puertas el 21 de octubre de 1970, en la antigua sede del Colegio América, en San Bernardino. Después, el empresario Pius Schlageter donó parte de los terrenos de su hacienda La Urbina para la construcción del campus, que fue inaugurado en el año 1976.
El primer rector de la universidad fue Luis Manuel Peñalver, acompañado por el vicerrector Miguel Ángel Rivas y el vicerrector administrativo Rodolfo Moleiro. Y también en 1970, el profesor Germán Carrera Damas, que goza de un claro prestigio entre los historiadores venezolanos, publicó "El culto a Bolívar". Y no solo confirmó el magisterio de Carrera, sino que abrió las puertas para una revisión crítica de la figura histórica del Libertador.
En esta tarea han abundado otros intelectuales venezolanos, como Luis Castro Leiva o Diego Bautista Urbaneja. Y en 1971 el Museo de Bellas Artes exhibe una retrospectiva de Jesús Soto. La valoración mundial de la obra plástica del guayanés Jesús Soto, nacido en 1923 y fallecido en el 2005, es una valoración unánime y creciente.
Esta retrospectiva en un museo venezolano confirmó lo que en las metrópolis del arte europeo ya era un hecho: la maestría de Soto como cultor principalísimo del arte cinético y uno de los grandes artistas mundiales de nuestro tiempo. Y este mismo año de 1971, Isaac Chocrón estrena la obra teatral "La revolución". Isaac Chocrón Serfati, que era como se llamaba, nacido en 1930 y fallecido en el 2011, consagró su vida a la escritura teatral y novelística, así como a la docencia y la gerencia cultural.
Fue director de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela, fundador de la Compañía Nacional de Teatro y del Nuevo Grupo. Y "La revolución" fue una suerte de cúspide de un trabajo iniciado en 1959 con aquella obra titulada "Mónica y el Florentino". Chocrón se autodefinía a sí mismo como zurdo, judío, homosexual y escritor.
Y también en 1971, Carlos Cruz-Diez recibe el Premio Nacional de Artes Plásticas. Uno de los grandes maestros del arte cinético en el mundo es Cruz-Diez, al igual que el también venezolano Jesús Soto. La consagración nacional del primero comenzó temprano, en 1971. La internacional no es solo un hecho indudable, sino que sigue confirmándose, ya que el maestro Cruz-Diez no dejó que la senectud lo alejara de su trabajo.
Muy, muy anciano, Cruz-Diez estuvo trabajando incesantemente y siempre de buen humor, como lo fue, como tuvo ese humor toda su vida. En la próxima parte del programa llegaremos al año 1973. Ya regresamos.
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Bien, y el 30 de agosto de 1973 se crea el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. Gracias al empeño de la periodista Sofía Ímber, se crea el 30 de agosto de 1973 y abre sus puertas el 20 de febrero de 1974 en Parque Central, en ese conjunto de viviendas de grandes proporciones construido por el Centro Simón Bolívar en el sector El Conde.
Y en 1990 la denominación del museo cambió en homenaje a la fundadora y pasó a llamarse Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber. Su colección de arte contemporáneo mundial es de las mejores de América Latina, y la excelencia de las exposiciones y de sus espacios fue reconocida por todos. Siempre recibió el respaldo del Estado venezolano hasta que, en el año 2001, su fundadora fue despedida del cargo.
Y en el año 2006 la institución retornó a su denominación inicial y años después se le añadió el nombre de Armando Reverón, de modo que al día de hoy se llama Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Armando Reverón.
Y el 31 de agosto de 1973, gobernando Rafael Caldera, se funda Venalum, Industria Venezolana de Aluminio, Sociedad Anónima. La CVG, la Corporación Venezolana de Guayana, continuaba entonces con su política de formación de empresas mixtas y en 1971 comenzaron las conversaciones con los japoneses para la instalación de otra planta de aluminio. Finalmente, el 31 de agosto de 1973 se constituyó la Industria Venezolana de Aluminio, Sociedad Anónima, Venalum, entre las empresas japonesas Showa Denko, con el 35 por ciento de las acciones; Kobe Steel, con el 35 por ciento del capital; Marubeni, el 10 por ciento, y la CVG, el 20 por ciento del capital accionario.
Mientras estas empresas de Guayana estuvieron en manos del general Rafael Alfonzo Ravard, fueron empresas mixtas, el capital del Estado venezolano fue minoritario y produjeron grandes ganancias al país. Bien, la presidencia de la empresa en aquel momento estuvo en manos del presidente de la CVG, a quien acabo de nombrar, el general Rafael Alfonzo Ravard, y además integraba el directorio un conjunto significativo de gerentes japoneses. La planta fue inaugurada en 1978 y, como fue concebida desde un principio, la mayor parte de su producción estuvo destinada a la exportación.
Y llegamos a 1974, cuando asume la presidencia de la República el señor Carlos Andrés Pérez Rodríguez. Carlos Andrés Pérez ganó las elecciones presidenciales con el 48,70 por ciento de los votos. AD recuperó notablemente su caudal electoral, pasando del 25 por ciento en el año 68 al 44 por ciento de los sufragios en 1973.
Este ascenso trajo como consecuencia que Pérez pudiera comenzar un gobierno el 12 de marzo de 1974 con gran apoyo popular, con un definitivo respaldo en el Congreso Nacional y con el impulso que traía de la campaña electoral, que se articuló sobre la base de un lema entonces oportuno: "Democracia con energía". Esta consigna respondía a estudios de mercado electoral que indicaban que los votantes le reclamaban a la democracia su incapacidad para tomar decisiones mientras añoraban la dictadura militar, que las tomaba en exceso. Puede afirmarse que la campaña electoral del 73 fue la primera que utilizó métodos modernos de mercadeo político y logró convertir a un candidato al que se asociaba con la represión durante el segundo gobierno de Betancourt, cuando Pérez fue ministro de Relaciones Interiores y enfrentó la insurgencia guerrillera con gran valentía y determinación.
Bueno, convirtieron a aquel hombre, aquel ministro de Relaciones Interiores, en un personaje abierto a las grandes mayorías. Y llegamos a 1975, cuando José Antonio Abreu funda el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles con el respaldo decidido del presidente Carlos Andrés Pérez. El economista y músico José Antonio Abreu integró el equipo de Cordiplan, presidido por el ministro Gumersindo Rodríguez.
El equipo diseñó el Plan de la Gran Venezuela, implementado por el primer gobierno de Pérez. Y estando en Cordiplan, el maestro Abreu entusiasma al presidente Pérez para crear un Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles. Recibe respaldo y desde entonces Abreu ha sabido ganarse el apoyo de todos los gobiernos venezolanos para consolidar el sistema de orquestas en el país.
Y una vez falleció el maestro Abreu, felizmente los gerentes formados bajo su sombra fértil han continuado la labor. Y en 1976, el 1 de enero, el presidente de la República, Carlos Andrés Pérez, estatiza el petróleo en Venezuela. Bueno, primero se estatizó la industria de la explotación del mineral de hierro con un acto en Puerto Ordaz, y así concluía un proceso que se había iniciado en mayo de 1974, mediante el cual las concesiones que detentaban las empresas extranjeras expiraron el 31 de diciembre de ese año.
En paralelo, el gobierno fue adelantando la estatización de la industria petrolera, que, dadas sus dimensiones, presentaba mayores desafíos para el Estado. Y se adelantó exitosamente. El 1 de enero de 1976, la industria petrolera venezolana pasó a manos de la República y, para tal fin, se creó Petróleos de Venezuela, PDVSA, como una empresa holding de las operadoras que sustituían a las empresas extranjeras.
Buena parte del año 1975, la agenda pública estuvo tomada por la discusión en el Congreso Nacional del proyecto de ley de la nacionalización petrolera. En particular se discutía el artículo 5, que le permitía al Estado adelantar asociaciones estratégicas puntuales con empresas extranjeras en determinado aspecto de la industria petrolera. Los críticos del proyecto de ley consideraron que esto les abría una posibilidad tan grande a las empresas extranjeras que desvirtuaba la estatización misma; de allí que comenzaron a llamarla nacionalización chucuta, para señalar su insuficiencia.
En el debate estuvieron muchos oradores; incluso ofrecieron discursos los expresidentes Betancourt y Caldera, y el primero leyó un texto que ha quedado como una suerte de resumen de lo que Venezuela hizo con su principal industria desde 1936 y hasta el año de 1976. Finalmente, con los votos de AD y el cabildeo necesario del presidente Pérez, la ley se aprobó y la industria petrolera pasó a ser gerenciada por los venezolanos, y con el artículo 5, que felizmente permitía que la empresa venezolana pudiera contratar servicios de empresas extranjeras; de lo contrario hubiese estado de manos atadas. Y en 1976, Carlos Rangel publica un libro extraordinario, "Del buen salvaje al buen revolucionario", y, a contracorriente de la mayoría de la intelectualidad venezolana, entonces de izquierda, Rangel y su esposa, Sofía Ímber, mantienen durante años un programa de entrevistas incisivo en la televisión venezolana.
Rangel decide saltar al ruedo de las publicaciones y logra un prólogo del altísimo escritor liberal francés Jean-François Revel, quien considera, con buenas razones, "Del buen salvaje al buen revolucionario" un libro que nació para hacer historia. No se equivocaba Revel. En este texto se halla una de las interpretaciones más lúcidas de la tragedia latinoamericana, su enorme dificultad para transitar los caminos de la prosperidad.
A 40 años de su publicación, el libro ya tiene la fisonomía de un clásico. Ya son 50 años de la publicación. Y Juan Liscano publica este año, 1976, su libro "Espiritualidad y literatura, una relación tormentosa". Un libro extraordinario.
En uno de los ensayos de este libro, Liscano ofrece observaciones centrales sobre el dilema espiritualidad-literatura. Afirma: "Las exigencias específicas de la literatura no corresponden a las de la realización espiritual. Mientras la literatura ahonda en la pluralidad, la espiritualidad anhela la unidad. Aquella intenta sustituir la vida por su enunciación escrita, se proyecta hacia el mito y la poesía, Borges, o hacia la denuncia, la requisitoria social y la agresión, Sartre y sus seguidores. La espiritualidad se cumple en el silencio, la literatura en lo verbal".
Y este es un libro de ensayo francamente deslumbrante. No deja resquicio neurálgico, ya sea por la escritura certera que lo atraviesa o por la importancia de los temas que toca. En la próxima parte del programa continuamos con este libro de Liscano y con otro, un hecho teatral extraordinario de José Ignacio Cabrujas. Ya regresamos.
Decía en la parte anterior del programa que seguiríamos hablando, en este comienzo de la tercera parte del programa, del libro "Espiritualidad y literatura, una relación tormentosa", de Juan Liscano. Liscano fue una rara avis, porque veía desde donde nadie o casi nadie observaba y tejía dentro del universo cultural, escogiendo con mucho tino sus lecturas. La lista de comentarios sobre la obra es muy larga y con firmas de peso intelectual. Puede decirse que fue su libro de ensayos mejor recibido por la crítica literaria.
Y José Ignacio Cabrujas Lofiego, nacido en 1937 y fallecido en 1995, con apenas 57 años de vida, logró una obra de notables proporciones en los campos de la dramaturgia, la actuación, las telenovelas, los guiones de cine y el articulismo de opinión política. En todas sus facetas descolló una inteligencia excepcional. "Acto cultural" fue su obra más celebrada, junto con "El día que me quieras", que es de 1979.
Su primera telenovela aclamada fue "La señora de Cárdenas", de 1977. Y su columna en el diario El Nacional era esperada por tirios y troyanos, siempre cultivando un humor corrosivo que no dejaba títere con cabeza, una expresión que estimamos le hubiera gustado al propio Cabrujas. Y llegamos a 1978, cuando Eugenio Montejo publica "Terredad", un gran poemario.
Buena parte de la crítica coincide en hallar en su libro "Terredad" el punto más alto de su obra. Y se ha indagado poco en la evolución cronológica de su trabajo, ya que este intento queda preterido en razón de la coherencia de su proyecto. Sin embargo, si nos detenemos a leer sus inflexiones, hallamos algunos mínimos matices que no porque pequeños son insignificantes.
Por ejemplo, si bien es cierto que en su poemario "Élegos" ya se anuncia una voz de peso, en especial en el poema "Elegía a la muerte de mi hermano Ricardo", no es sino en "Muerte y memoria" donde el poeta esboza tanto su teoría órfica como su relación con la muerte con claridad.
Estoy pensando en dos poemas, "Orfeo" y "Cementerio de Vaugirard", pero no es sino en "Algunas palabras", otro libro de él, donde el lector tiene la sensación de asistir al florecimiento de una obra de gran densidad, por más que esté tramada a partir de la levedad de los árboles y los pájaros, o mejor aún, gracias a estar tejida a partir de estos elementos. Y luego esa sensación de florecimiento que invade al lector estalla con "Terredad", suerte de plenitud de su proposición estética y de su dibujo del cosmos. La obra poética de Montejo es grande e imperecedera, no cabe la menor duda.
Y el 16 de marzo de 1978 fallece Reinaldo José Ottolina Pinto, conocido por todos como Renny Ottolina, que fue el personaje más popular de la televisión venezolana. Había nacido en Valencia en 1928 y falleció trágicamente en un accidente de aviación el 16 de marzo del año 78, cerca del pico Naiguatá, cuando regresaba de Margarita en los inicios de su campaña para las elecciones presidenciales de ese año 1978. Ottolina comenzó en la radio y luego pasó a la televisión, donde se desempeñó como animador de programas de variedades, alcanzando un éxito inigualable en RCTV, canal donde tuvo lugar la mayor parte de su carrera.
Y llegamos a 1979, cuando el 12 de marzo asume la presidencia de la República el doctor Luis Herrera Campins. Y de inmediato forma un gabinete ejecutivo en el que la mayoría de sus integrantes provienen de la región centro-occidental del país. Herrera, uno de los fundadores de COPEI, desde el comienzo de su vida pública logró aglutinar en torno suyo un conjunto de compañeros de visión política, en su mayoría provenientes de su estado natal, Portuguesa, y de los vecinos, Lara y Barinas.
Este dato es significativo porque, desde los tiempos de la hegemonía tachirense, la que se extiende entre 1899 y 1945, en ningún gobierno se había notado un sesgo regional como en este de Herrera Campins que se estaba inaugurando. Además, se trataba del primer dirigente de COPEI que alcanzaba el poder sin pertenecer a la corriente de allegados a su líder fundador, Rafael Caldera. En la matriz de opinión del venezolano, Herrera se ubicaba a la izquierda de Caldera y se le entroncaba con tradiciones venezolanas más ligadas con el campo y el interior del país que con la capital y sus prácticas palaciegas.
Y en 1982, Armando Scannone publica "Mi cocina a la manera de Caracas", un clásico de la gastronomía venezolana. La obra de Scannone a favor de la gastronomía nacional comienza con este libro, y a este recetario se suman cerca de 20 libros más, todos indispensables para la conservación del patrimonio gastronómico del país. Llegamos a 1983: el 3 de enero se inaugura la primera etapa del Metro de Caracas, el tramo Propatria-Capitolio.
Vamos a relatar esta historia del Metro, que vale la pena tenerla resumida. A finales de 1963, el MOP creó la Oficina Ministerial de Transporte, que de inmediato inició el trabajo de levantamiento estadístico de medios de movilización de los ciudadanos en la capital y del número y frecuencia de los mismos. Esta tarea tomó dos años, y estaba entonces el gobierno de Betancourt.
Y a partir de 1965, cuando ya gobierna Raúl Leoni, esta oficina va a estar a cargo del ingeniero José González Lander, "Pepito", como lo llamaban, quien será una figura determinante para la construcción del Metro de Caracas, ya que estuvo al frente del proceso de construcción y prestación del servicio durante décadas. Y los venezolanos reconocieron unánimemente su obra de elocuente continuidad administrativa. Esta oficina, con los estudios ya realizados, comenzó a elaborar el proyecto del Metro en 1968, y para diciembre de ese año el presidente Leoni dictó el primer decreto de expropiación de los inmuebles afectados por la construcción de la línea Catia-Petare, en particular las estaciones que cubren la ruta Propatria-La Hoyada.
A lo largo de los años 1970, 71 y 72, cuando gobernaba Rafael Caldera, se avanzó mucho en el anteproyecto, hasta que en 1973 se abrió la licitación para la construcción de la estación de Agua Salud, de modo que todo iba sobre ruedas hasta que el cambio de gobierno trajo una proposición nueva que detuvo la marcha de los trabajos avanzados.
Me refiero al "aerocarril", que se proponía como alternativa y que iría por el mismo trazado fijado para la ruta subterránea, pero por la superficie. Felizmente, este proyecto no prosperó y muy pronto el gobierno regresó, después de este parpadeo, al proyecto iniciado por la Oficina Técnica de Transporte a partir de 1963-1965. El 12 de marzo de 1975, el presidente Carlos Andrés Pérez hizo pública la decisión ya definitiva de construir el Metro de Caracas, comenzando por la Línea 1, de Propatria a Petare.
Al año siguiente, dentro de una reorganización ministerial, se procedió a crear la Oficina de Proyectos y Obras del Metro de Caracas, con lo que se reconocía la especificidad de la obra, más allá de la oficina inicial en la que comenzó el proyecto. Luego, el 8 de marzo de 1977, se creó la Compañía Anónima Metro de Caracas, una vez que fue eliminado el Ministerio de Obras Públicas y fue creado el Ministerio de Transporte y Comunicaciones. Desde entonces y hasta mediados de la década de los años 90, 1997 para ser precisos, la empresa fue presidida por el ingeniero José González Lander, de modo que la presencia de este caraqueño al frente de la gran obra de renovación urbana de la capital marcó un arco de 1965 a 1997: 32 años de servicio.
La marcha de la construcción de la Línea 1 no se detuvo más y la obra fue abierta al público en horario restringido en enero de 1983, cuando gobernaba Luis Herrera Campins, entre las estaciones de Propatria y La Hoyada, de lunes a viernes y durante seis horas al día, en período de prueba. Luego, ya en junio de este año, abrió sus puertas en horarios normales, mientras continuó la construcción hacia Petare. En marzo del mismo año se abrió al público esta continuación, específicamente las estaciones que llegan hasta Chacaíto.
La línea ya contaba entonces con 14 estaciones y una longitud de 12 kilómetros. En la próxima parte del programa veremos el llamado "Viernes Negro", el 18 de febrero de 1983. Ya regresamos. En breve continúa Venezolanos.
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Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. El 18 de febrero de 1983, llamado "Viernes Negro", comienza una crisis económica de grandes proporciones.
Y por más que el gobierno de Herrera Campins se propuso desacelerar la economía y bajar el ritmo de endeudamiento, la guerra en el Medio Oriente entre Irán e Irak disparó los precios del petróleo a niveles todavía mayores que los recibidos por el gobierno anterior. Si el precio promedio del barril venezolano en 1978 fue de 12,04 dólares por barril, el de 1980 fue de 26,44 dólares por barril. Un crecimiento enorme. De tal modo que el ritmo de inversiones por parte del Estado y la asunción de deuda no se detuvo.
Hasta que México, en 1982, se declaró en mora con sus pagos. Esto encendió la alerta roja en el mundo financiero, ya que temían que otros países comenzaran a manifestar lo mismo. La deuda más grande en Latinoamérica pesaba sobre México; luego, Brasil, Argentina y Venezuela.
Y, curiosamente, no son pocos los economistas que afirman que el origen de esta deuda está en los enormes recursos que los países árabes petroleros colocaron en la banca internacional. Esta banca tuvo que salir a buscar a quién prestárselos y halló deudores en estos países citados, en estos cuatro países citados.
En el caso de Venezuela es irónico porque el país fue beneficiario de los precios petroleros y también víctima del endeudamiento. Y a la crisis súbita de la deuda externa se sumó la caída leve de los precios del petróleo que comenzó a manifestarse en 1982. Esto, más el pronunciamiento de México, condujo a que los venezolanos que tenían cómo hacerlo comenzaran a comprar divisas, alcanzándose un monto de compra contra las reservas internacionales que el Estado ya no pudo soportar.
Se hizo necesario cerrar la venta de divisas el viernes 18 de febrero y proceder a fijar un control de cambios diferencial y a devaluar la moneda. Entonces se creó Recadi, oficina del Régimen de Cambios Diferenciales, que estableció un cambio a 4,30 por dólar y otro a 7,50, que fue luego moviéndose en el tiempo. Además, se le encomendó a una comisión ad hoc el trabajo de establecer el monto de la deuda externa venezolana, tanto la pública como la privada.
Era evidente que el modelo económico venezolano, fundado inicialmente en la ISI, industrialización por sustitución de importaciones, luego con el añadido del Estado empresario que inicia Carlos Andrés Pérez en su primer gobierno y siempre sobre las barreras arancelarias y los subsidios a los productos nacionales, pues había hecho crisis. La deuda y el comienzo de la caída de los precios del petróleo dejaban desnudo al modelo económico. Comenzaba otra era para Venezuela.
Y llegamos a 1984, cuando el 2 de febrero el médico pediatra Jaime Lusinchi asume la presidencia de la República. En su discurso de toma de posesión estableció tres líneas de trabajo para su gobierno: el pago de la deuda externa hasta el último centavo, la necesaria reforma del Estado y un pacto social para la gobernabilidad. También, al designar su gabinete ejecutivo y a los gobernadores de los estados, que entonces todavía los designaba el presidente de la República, pues a los venezolanos nos quedó claro que se trataba de una administración de Acción Democrática.
Muy pocos nombramientos de personalidades fuera del partido, muchos gobernadores de estado nombrados que a su vez eran secretarios generales de AD en su región. Nada que extrañar: el respaldo que recibía la socialdemocracia era contundente. Quizás el elector pensó que lo apropiado era entregarle todo el poder a un equipo que diera respuestas para la Venezuela de las vacas flacas que se anunciaba.
Y las perspectivas no eran fáciles: una deuda externa cuyo servicio se llevaba casi la mitad del presupuesto nacional y, encima, los precios del petróleo bajando. Bueno, y en este contexto, el 17 de diciembre de 1984 se crea la COPRE, Comisión para la Reforma del Estado, presidida por Ramón J. Velásquez y con Carlos Blanco como secretario ejecutivo.
La COPRE comenzó su trabajo reuniendo a universitarios de todos los sectores y todas las corrientes políticas, haciendo énfasis en la necesidad de fortalecer el Estado por la vía de su reducción, así como en la necesidad urgente de modificar el Poder Judicial y avanzar en la descentralización del poder central. Y a medida que se iban entregando los trabajos de la comisión, iban encontrando mayor resistencia en el partido de gobierno y en un amplio sector de COPEI, ya que ambos sentían que las reformas vulneraban las bases sobre las que se habían levantado sus proyectos políticos y sus organizaciones, aunque no lo dijeran abiertamente. Tanto fue así que ambos partidos hallaron la excusa para retrasar las reformas en la llegada del año electoral, mientras el propio gobierno le ponía muy poco cuidado a lo que hacía la comisión.
Todo este cuadro revela que, en el momento de reformar el sistema político para preservar su existencia, los factores fundamentales prefirieron postergar las decisiones, de tal modo que le tocara al próximo gobierno tomarlas. Y así fue. Con habilidad política, la COPRE logró un acuerdo en 1988. ¿Entre quiénes?
Entre los candidatos principales de AD y COPEI, Carlos Andrés Pérez y Eduardo Fernández. El acuerdo fue para impulsar la aprobación de la Ley de Descentralización Política y Administrativa. Esta ley crearía la posibilidad de elegir a gobernadores y alcaldes de forma directa, universal y secreta.
Y así se implementó en 1989, cuando comenzó el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez. Esta es la reforma política más importante que se hizo en Venezuela desde la Constitución de 1961. Y, si me apuran, diría que desde la Constitución de 1947.
Una reforma política a través de leyes que son de tal envergadura que la reforma tiene rango constitucional. Y en 1986, en febrero, se refinancia la deuda externa. El acuerdo de refinanciamiento de la deuda se alcanzó.
Y ese año los precios del petróleo bajaron a 12,82, de tal modo que la República no tuvo cómo honrar la deuda y se tuvo que negociar otro esquema que se va a firmar en febrero de 1987. Sobre este acuerdo de refinanciamiento, el presidente Lusinchi tuvo que declarar que la banca lo había engañado, ya que se trataba de un esquema notablemente peor que el alcanzado por México, es decir, con un menor período de gracia y con intereses mayores. Todo esto ocurría sin que el gobierno se decidiera a desmontar el modelo económico, mientras mantenía los subsidios, favorecía arancelariamente la producción nacional en busca de otro propósito de su gobierno, que era mantener la paz social.
Esto se logró, pero a un costo muy alto, ya que, al no hacerse las reformas económicas que se requerían, se estaban sacrificando las reservas internacionales, que lejos de crecer decaían, dado que los ingresos petroleros también caían. Además, se estaban acumulando presiones en la sociedad, que eran producto de no enfrentar la raíz de los problemas, sino de buscarles salidas que propendieran a la paz social, pero sin tocar el fondo económico del asunto. Es decir, sin enfrentar el nudo que representaba seguir con un modelo económico para el que no se contaba con suficientes recursos petroleros. En otras palabras, el costo del Estado empresario seguía igual, pero con menos de la mitad de los recursos para mantenerlo y sin posibilidad de endeudarse, ya que las líneas de crédito internacionales para Venezuela estaban cerradas.
Y en 1987 el doctor Jacinto Convit descubre la vacuna contra la lepra. Este año, después de mucho tiempo investigando, Convit, que vivió entre 1913 y el 2014, más de 100 años, obtuvo la vacuna contra la lepra. De inmediato recibió el Premio Príncipe de Asturias a la Investigación Científica y Técnica, y al año siguiente estuvo postulado al Premio Nobel de Medicina.
También participó en el equipo que obtuvo la vacuna contra la leishmaniasis. Toda su vida estuvo dedicado a la investigación médica en la Universidad Central de Venezuela, casa de estudios donde se tituló, y en el año 2016 la revista Medscape lo incluyó entre los 50 médicos más influyentes de la historia de la humanidad. Hay que verle la cara a esto.
Trabajó prácticamente hasta el último día de su vida y falleció a los 100 años. Es un ejemplo el doctor Convit, imperecedero para la Venezuela médica, académica y científica. Y hasta aquí nuestro programa de hoy; el próximo lo iniciaremos en el año de 1988.
Hasta nuestro próximo encuentro. Como siempre, un placer hablar para ustedes.