Excepcionales
18 de febrero de 2020

Excepcionales. Cap 8. Soledad Bravo

Venezolanos Excepcionales. Cap 8. Soledad Bravo.

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"Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Mi número de productor nacional independiente 30720." Hoy continuamos con la serie de venezolanos excepcionales que hemos venido desarrollando. Este es el programa número 8, el capítulo número ocho. En esta oportunidad voy a referirles una conversación con una gran venezolana que sostuve en 2004 y ella allí nos relata su vida desde su primera infancia y desde su llegada a Venezuela, de quien voy a hablarles, nada menos que de la gran cantante Soledad Bravo, y comienzo por referirles lo siguiente.

Es muy poco probable que un venezolano no sepa quién es Soledad Bravo. También lo es que no haya escuchado alguna vez su prodigiosa voz.

Pero así como todos la reconocemos de inmediato, también ignoramos que su timidez sigue intacta a pesar de haber sido retada en infinidad de escenarios del mundo, y tampoco mucha gente sabe que la cantante nació en Logroño, España, y llegó a Venezuela a los siete años. Este diálogo lo sostuvimos en la terraza, los espacios abiertos, en su casa en Loma Larga, una casa diseñada por Fruto Vivas, y allí vive con su esposo, el escritor y analista político Antonio Sánchez García, y allí estaba Antonio, que siempre le imprime un fervor particular a todo, a la vida, su entusiasmo. Cuando hablamos con Soledad en aquella oportunidad su hija acababa de dar a luz, de modo que a Soledad se le había instalado la felicidad de las abuelas en el rostro, estaba contentísima con ese acontecimiento, y el diálogo comienza con una pregunta, ¿usted llega con sus padres?

No. Llego en el año 50 con mi madre y un hermano porque mi padre y mi hermano mayor vinieron primero. Yo le digo, su padre y su hermano mayor eran como una avanzada, venían a ver qué se podía hacer aquí. Sí, por supuesto, dice ella. Y encontraron áreas para desarrollarse inmediatamente, le pregunto. Ella dice, Caracas en aquel entonces era bastante rural, estamos, les repito, en 1950, nosotros llegamos directamente a Catia porque ahí teníamos un tío.

Entonces mi tío reclamó a mi papá y a mi hermano. Después mi papá mejoró mucho su situación trabajando como cobrador y lo mismo mi hermano, que se dedicó a lo mismo. Entonces llegamos nosotros y se reunió la familia completa, vivíamos en un callejón que quedaba detrás de la Plaza Catia llamado Callejón Cantabria. Nosotros nos metimos allí. No había apartamentos, pero en la platabanda del edificio hicieron como unos ranchitos de cartón piedra, y ahí fue donde nosotros vivimos, una salita chiquitica donde se cocinaba, una mesita, dos muebles de paleta y un pasillito donde se abrían unos catres para dormir.

Mi papá y mi mamá sí tenían su habitación, pero mi mamá había traído todos sus muebles en el barco, imagínate. Se había traído su cama, su armario, la cama y el armario de mis hermanos. Y bueno, así vivimos, la vida nos sonrió un poco porque mi padre no tenía trabajo en España. Yo soy de la posguerra. Mi padre estuvo cinco años preso en las cárceles de Franco, el penal de Burgos, en la cárcel del Arrinaga, en Ocaña, en muchos sitios estuvo preso y condenado a muerte. Y por un indulto mágico de última hora que no me explico a qué se debe, salió mucha gente que estaba condenada a muerte.

Uno escucha esta historia y se asombra, pero son así, sigue diciendo Soledad. Esa fue una época muy dura hasta que vinimos aquí, yo cumplí, me acuerdo, siete años en el barco. Mi padre era un maestro de escuela, muy avanzado, un hombre muy culto, pero no tenía trabajo porque claro, cuando viene la guerra todo se derrumba y vienen las riñas de los bandos fascistas y los rojos. Y mi padre había quedado en la zona republicana en la guerra y ahí metieron preso a todo el mundo. Luego sale, no podía dar clases en ningún lado por haber estado preso, pero como la gente es muy buena y mi papá en casa tenía un mesón, y mucha gente del mercado conocía a mi mamá y sabían que era gente de bien.

Le consiguieron alumnos que iban a casa. Allí se defendió un poco, pero muy desesperado, realmente no había cómo comer, mis abuelos nos mandaban comida. Y mi padre y madre se dedicaron al contrabando, a la venta ilegal de aceite. Entonces nos dejaban mucho tiempo solos.

Era muy desesperante y había mucha miseria. Por eso la venida a Venezuela representa una iluminación, a pesar que nosotros vinimos justamente en la época de la dictadura de Pérez Jiménez. ¡Qué relatos, no?, la gente que tuvo que emigrar por estas circunstancias tan duras en España.

Yo le digo, ella me viene diciendo que llegaron a la dictadura de Pérez Jiménez, y yo le digo sí, pero aquí había dinero, había trabajo. Exacto, dice Soledad, era una sociedad que empezaba a despertar al petróleo, ya había trabajo para inmigrantes con muchas ganas de progresar y trabajar. ¿Y sus padres regresaron a España o se quedaron siempre aquí? Ella dice que se quedó aquí. Mis padres fueron a España cuando nació mi hija, aunque Franco aún no había muerto.

Entonces usted se desarrolla aquí, llega de siete años, hay un momento en que regresa a España y vive un tiempo allá. Y dice Soledad, yo fui a conocer a España por el año 1965-66, fui a conocer a mis tíos, estuve con mi abuela. Y luego de ahí agarré un tren, porque estaba fastidiadísima, y me fui a Irún para tomar un tren para París, a probar un poco de fortuna, ya estaba en la universidad, estudié arquitectura y empecé con arquitectura. ¡Y ahí empecé a cantar!

Dejé arquitectura y en ese interín que me fui, ya había pasado por arquitectura, por psicología y por letras, que era lo que más me gustaba, pero estaba siempre el canto allí latente. Le digo yo, sí, claro, por eso es que no terminé ninguna de las cosas, porque justamente cuando estaba en la escuela de letras vino la renovación académica, por la que luché mucho, no solamente cantando sino trabajando por ella, pero quedé un poco desilusionada. Esos estudios a los que alude Soledad están ocurriendo en la Universidad Central de Venezuela. Le pregunto, ¿estudió a Chiérato aquí en Caracas?

Y dice, mi primer año fue en el liceo Andrés Bello, era muy niña, ni siquiera cumplía los 11 años y recuerdo me caí y tuve una fractura y dejé de estudiar ese año. Y entonces ya entré en segundo año en el liceo Rafael Urdaneta, donde estudié todo mi bachillerato, de Manduca a Ferrenquín. Ahí me inicié cantando. Entonces formé un conjunto en segundo año. Yo, que era timidísima, no sé cómo vencí la timidez, aquí estoy cantando. Yo le pregunto, ¿cursó estudios formales de canto en esa época? No, nunca estudié canto ni música ni nada, esto es absolutamente espontáneo, nosotros hacíamos concursos interliceístas de béisbol, por ejemplo, e inmediatamente llamaban al liceo Rafael Urdaneta para que por favor viniera a tocar el conjunto, pero que trajeran a Soledad, la muchacha que canta, y así fue como empezó la cosa simpática del canto que después no me abandonó, yo ya tocaba guitarra y cuatro por oído.

Y le digo que después en la Facultad de Arquitectura siguió cantando. Había festivales universitarios en esa época y ella dice, y ella dice claramente, nunca participé en festivales. La única cosa que hice fue participar una vez en el show de Arquitectura, pero nosotros en Arquitectura teníamos otra vocación que era el teatro, una cosa como más artística o más intelectual, entonces hicimos el teatro experimental de Arquitectura, que era paralelo al teatro universitario, donde estaban José Ignacio Cabrujas y Germán Léster. Y Nicolás Curiel, le digo yo. Exacto, dice ella. ¡Y la sala pequeñita del Teatro de Arquitectura era un sótano, donde trabajábamos muchísimo!

¿Y dónde Horacio Peterson daba clases en el teatro? Y ahí fue donde empecé a cantar las canciones de la Guerra Civil española, las canciones de la Resistencia, las canciones de Lorca. Y es que nosotros hicimos una obra de Lorca, Amores de Don Perlimplín con Belisa en su jardín, que era muy simpática y fresca porque la hicimos con títeres, máscaras. En la próxima parte del programa sigo refiriendo esta etapa tan hermosa e inicial de Soledad Bravo y su formación en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela. Ya regresamos.

En la parte anterior del programa estábamos refiriéndoles esa etapa en la que Soledad Bravo, desde una muchacha de 19, 20 años a lo sumo, estudió arquitectura en la Universidad Central de Venezuela. Y entra al grupo de teatro. Entonces ella nos viene diciendo que montaron Amores de Don Perlimplín con Belisa en su jardín, una obra de Federico García Lorca, y esa obra, dice ella, gustó mucho y después la llevamos al teatro Alberto de Paz y Mateos.

El legendario teatro Alberto de Paz y Mateos, donde quienes amamos el teatro en Caracas nos formamos como espectadores del teatro yendo allí, y ella refiere que un día Sofía Imber fue a vernos al teatro y le gustó lo que hacíamos. Y nos invitó a la televisión. Pero a ella le gustaba mucho yo, particularmente. Entonces me apoyó, me llevó para la televisión a unos programas que había en el Canal 5, que se llamaban Aló con Sofía. Entonces, ahí comenzó mi carrera con Sofía Imber en televisión. Le pregunto yo, ¿hay alguna vinculación entre su vocación, las canciones de la Guerra Civil española, Lorca y su padre?

Y ella dice, una vinculación total. Claro, ellos hacían una pareja muy unida, 50 años de casados y se amaban muchísimo. Mi papá tenía muy buen oído, ambos cantaban. Mi papá se compró un carro y nos íbamos hasta Valencia, por la carretera vieja, nada más que a pasear, ir y volver, imagínate, mi mamá se llevaba una tortilla de papas con milanesa y nos parábamos debajo de algún árbol y comíamos. Entonces íbamos en el carro, ¿y para entretenernos? Cantábamos. Recuerdo que ellos cantaban trozos de zarzuela, cantaban cosas que los unían y ese amor por la literatura española también, bien heredado por ellos.

Yo le pregunto, su primer disco sale en ese momento en que Sofía Imber la lleva a la televisión y se les presenta esa posibilidad. Sí, mi disco sale porque yo quise hacerlo, porque me dio mucha lástima no haber grabado las canciones que había cantado en el teatro, que eran tan lindas y son canciones del folclor español que Lorca armonizó al piano. Yo sentía que cantando a García Lorca estaba como saldando cuentas con mis padres. Y ellos estaban orgullosísimos de usted, me imagino, le digo yo. Sí, pero ellos nunca pensaron que iba a ser cantante porque mi papá era un aficionado a la lectura y un hombre muy culto, él siempre soñaba con que yo iba a ser una intelectual o una escritora.

Y no resultó, que me gustaba más cantar, pero a mí me hubiera gustado ser una cantante popular-popular, uno no tiene que tener tantos prejuicios, pienso que la universidad y que la propia cultura hacen que te inhibas de hacer ciertas cosas. Te inhibes porque existe una autocrítica feroz, y pienso, por un lado me gusta ser culta, me gusta leer lo que leo y saber lo que sé, pero por otro lado me hubiera gustado no saber nada para ser más lo que intentaba hacer.

Interesante esta reflexión, yo le pregunto, ¿hay una etapa en su vida en que empieza la carrera internacional? Que la mantuvo muy activa durante muchos años. Sí, y todavía se mantiene un poco, me dice ella en el año 2004. Claro, le digo yo, pero una época daba giras por América Latina. Y ella dice, por América Latina, por Europa, Estados Unidos, México, por todos lados, una vida fuerte esa, ¿no? La gente la ve como una vida muy glamorosa. Le digo yo y ella dice, no es glamoroso, es de trabajo y de suspenso, porque tú nunca sabes cómo vas a quedar, qué te va a pasar, si lo que tú propones está bien, si va a ser bien recibido. Yo siempre he tenido mucho miedo escénico, es terrible, una cosa que me mata, pero así sigo, ¿quién lo diría?

Le digo yo, sí, es tremendo. Cantar es fantástico, pero todas las implicaciones de eso no me gustan, ella se está refiriendo al terrible miedo escénico que tiene. Comenzamos el programa diciéndoles que era una persona con una gran timidez y aquí lo está confesando. Yo le pregunto, ¿hay alguna presentación en aquellos años iniciales que le haya marcado por lo que significó emocionalmente la relación con el público o al sitio donde cantó, algo que guarde en el recuerdo?

Y dice Soledad, hay muchas experiencias, sobre todo para alguien que está tan ávido de hacer cosas. La juventud es una cosa fantástica porque no te pesa nada, tú puedes seguir y seguir. A mí me han pasado cosas muy bellas, por ejemplo conocer a los poetas latinoamericanos, cantar con Mikis Theodorakis y su orquesta en el Luna Park, fue muy hermoso. Yo estaba muy relacionada con los poetas españoles, cuando se murió Blas de Otero estaba cantando en Portugal y me llaman de España para que le hagamos un homenaje entre todos los artistas. Dejé lo que estaba haciendo y me fui. Blas de Otero era un hombre muy triste, pero ahí estaba toda la gente que lo había amado, y todos los artistas interpretaron una o dos canciones. Pero sabes qué fue?

Lo más impactante cuando entré en aquel escenario, en el que había caído una tormenta de invierno y hacía muchísimo frío, y me sentí sola con mi guitarra ante 40 mil personas, y he empezado a cantar las canciones de Blas de Otero. ¿Y la Plaza de las Ventas? Comienza a iluminarse toda con encendedores y la gente de pie, y yo viéndolo desde ahí, sentadita como estaba. Eso me impactó tanto que llamé a mi padre desde Madrid para contárselo. Quise contarle la emoción que me había dado cantarle a un poeta al que amaba y al que él amaba también, con aquella recepción de la gente que fue hermosa, con canciones que además yo había compuesto. Yo le digo, debe haber sido emocionantísimo.

Sí, me dice ella, otra cosa que me impactó mucho fue en el año 76, me invitan a ir a España, o sea cinco o seis meses después de la muerte de Franco, me invitan a cantar al Teatro Monumental de Madrid con Manolo Sanlúcar, un gran guitarrista. Fue maravilloso porque fui por 15 días y me quedé siete meses. Tuve un éxito tremendo pero al mismo tiempo la estructura estaba igual, el búnker de la televisión española era el mismo, las canciones había que pasárselas a la censura y que le pusieran el sello, ¿entiendes? Y una vez me suspendieron un programa de televisión.

Y entonces la gente protestó y empezaron las cartas al director y las entrevistas y aquello se convirtió en conflicto, terminé siendo una cantante incómoda, pero es que en 1976 cuando me invitaron a cantar al Festival de La Rábida, era el momento en que la transición política española. Recuerdo que estaba en La Rábida, allí donde está el Monumento de Colón, hacían todo un escenario y detrás del monumento estaban los artistas y yo canto con mucho éxito, pero al salir tengo que dar la vuelta para estar detrás del monumento. Entonces llegaron dos policías, me agarraron por los brazos, me quitaron el pasaporte y me querían detener.

Como tuve la suerte de que estaba toda la prensa, no lo pudieron hacer. Estaba Cambio 16, El País, Triunfo, La Vanguardia de Barcelona. ¡La prensa formó un tremendo escándalo! Pero me quedé sin pasaporte, aunque no me podían echar por haber nacido en Logroño, la gente que nace en España no pierde su nacionalidad. Entonces tuvo que intervenir el rey, el gobierno venezolano y todo el mundo. Me la pasé yendo a la policía cada 15 días sistemáticamente. Así era la España franquista después de muerto Franco, ¿qué tal?

En los 80 ya empezaba a mejorar un poco la cosa en España, pero antes no. Era todo muy, muy fiero. ¿Qué historia esta realmente? Una historia extraordinaria porque cualquiera pudiera pensar que una vez muerto Franco, España se abrió y fue un proceso que tomó un tiempo más.

Estamos en el 76, ya Franco ha muerto y fíjense los inconvenientes que tiene Soledad Bravo cantando allá en España, de modo que esta historia es interesante, tenerla clara y recordarla. Ella dice que más adelante en los años 80 fue cuando ella sintió que verdaderamente se había abierto realmente España. Y ese momento donde ya relata, que se lo voy a repetir, cuando entré en aquel escenario en el que había caído una tormenta de invierno y hacía mucho frío, me sentí sola con mi guitarra ante 40 mil personas y he empezado a cantar las canciones de Blas de Otero, y la Plaza de las Ventas, Madrid, comienza a iluminarse toda con encendedores y la gente de pie, y yo viéndolo desde ahí sentadita como estaba.

Eso debió ser una emoción gigantesca para Soledad Bravo, que entonces era una muchacha y que tiene ese éxito, esa conexión extraordinaria con el público en Madrid con sus canciones inspiradas en los poemas de Blas de Otero. En la próxima parte del programa seguimos refiriéndoles esta maravillosa entrevista en la que Soledad Bravo habla y cuenta su vida. Ya regresamos.

En la parte anterior del programa veníamos refiriendo esa etapa en la que Soledad Bravo se va por quince días a cantar a Madrid y se queda siete meses. Y pues tiene un éxito rotundo en aquella España que está pasando la página lentamente del franquismo. Estamos en 1976 cuando ella hace este relato, Franco ha muerto pero inercialmente la sociedad española era todavía reaccionaria, conservadora en relación con lo que es el espíritu democrático, que a todas luces lo encarnaba una persona como Soledad Bravo allá en España cantando libremente lo que le parecía y eso trajo esas consecuencias que ella refiere, que la policía trató de detenerla, le quitaron el pasaporte, etcétera, y ella finalmente regresa a Venezuela y vuelve a España y refiere entonces lo siguiente.

Y luego en el 77 hice mi disco con Alberti, con Rafael Alberti, se refiere por supuesto, que fue muy importante. Bueno, imagínense cómo no va a hacerlo, yo estaba en Madrid y Alberti, en Roma. Y él me mandaba cosas incluso inéditas, una vez me mandó un poema bellísimo donde él reflejaba el miedo que le daba ir a España después de tantos años de exilio. Alberti pasó muchos años en el exilio, más de 20, y ciertamente en algún otro lugar, leí entrevistas a Alberti que cuando pudo regresar igual le daba terror regresar a España, y eso es lo que ella está también aquí refiriendo. Y ella se carteaba con Alberti, y aquí empieza a referir que Alberti le mandó un poema en una servilletita.

Casi todas esas canciones son inéditas menos una. Hice un disco bellísimo, le dieron un premio de Francia, pero lo que más me gustaba de las canciones era que cuando lo ponía estaba la voz de Alberti y yo decía, esa voz es para mí solita, voy a tener este disco y es mío, lo voy a poner y voy a escuchar a Rafael aquí toda la vida. Es increíble. Bueno, una experiencia extraordinaria, un hombre de la estatura poética e intelectual de Rafael Alberti y de la estatura humana también, pues un hombre que resiste en el exilio de la dictadura de Franco, y ella se cartea con él. Él le abre las puertas, lo que habla muy bien de él porque estamos hablando de una muchacha venezolana española, bueno ya era conocida en España porque estaba abriéndose camino como cantante y seguramente a Alberti le gustó mucho lo que escuchó de ella, que ha debido ser en algún disco.

Porque Alberti vivía en Roma y bueno, empezaron a trabajar juntos, una belleza de esta historia. Entonces yo le cambio el tercio, como dicen del mundo taurino, y le pregunto, ¿nunca ha cantado con Serrat? No. Nunca. Nosotros hemos sido amigos, dice Soledad, y cuando vino Serrat por primera vez aquí nos conocimos y cada vez que venía nos veíamos e intercambiábamos canciones, pero nunca he cantado con él. He cantado con Paco Ibáñez, con otra gente. Pero con Juan Manuel nunca lo conocí, nos queremos pero nunca hemos coincidido.

Y entonces yo le pregunto sobre Antonio Sánchez García, su esposo, nuestro amigo además, le pregunto, ¿y cuándo conoció a Antonio Sánchez García, su esposo? Yo conozco a Antonio una noche cuando ya me iba para España. Nos conocimos y nos pusimos a vivir juntos para toda la vida esa misma noche. Y yo, claro, expreso en voz alta, vaya, y ella ve mi cara de sorpresa, que dice, esas cosas pasan, Rafael, pero claro, siempre en eso de los amores fui muy apasionada. Yo tenía mi apartamento, vivía con mi hija y con mi tía Lola, que me cuidaba a la niña cuando yo viajaba, allá iban todas mis amistades, pero con un hombre así, con todas las de la ley, no había pasado nunca, lo más divertido fue la familia, porque no entendían. Era totalmente inesperado que me pusiera a vivir con alguien desde el primer momento en que lo vi, tuvimos un amor fulminante, entonces tenía que irme a Madrid porque iba a dar unos recitales con Alberti de música y poesía.

Y no los hice, no lo hice porque me enamoré locamente de Antonio y dejé tremendo desastre. Los hizo Núria Espert. Después ya hice mi vida normal, mi carrera profesional, iba y venía en España, grabé cuatro discos muy hermosos en Madrid. Una historia de amor muy bella, como ustedes pueden comprobar, y aquí por supuesto le voy a preguntar acerca de Antonio Sánchez García, un chileno que ya tiene muchísimos años en Venezuela y es venezolano, pero también vivió en Alemania en su etapa de formación y que también padeció las persecuciones de la dictadura de Augusto Pinochet en Chile y tuvo que irse al exilio.

Y en algunos de esos lugares del exilio estuvo en Venezuela y conoció una tarde inesperada a Soledad Bravo en casa de unos amigos. Yo creo recordar que estaban en casa de Tomás Eloy Martínez, pero no estoy completamente seguro de esto, no lo puedo afirmar. En todo caso, yo le voy a preguntar a Soledad, Antonio antes vivía en Alemania, ¿no? Y ella dice, sí, él vivía en Alemania y allí trabajaba. Después del golpe de Chile, él vivió, estudió e hizo el doctorado y todo en Alemania, en filosofía. Pero cuando viene el gobierno de la Unidad Popular, él quería estar presente y entonces se va a Chile.

Es cuando viene el golpe en septiembre del 73 y tiene que irse a Argentina, y de ahí vuelve otra vez a Alemania, a Múnich, pero no le gustaba. Era como vivir exiliado, el destierro es una cosa muy fea, muy fea. Solamente una tierra como Venezuela es la que puede hacer que las raíces se enderecen de verdad. Y fíjate lo que es Venezuela, Antonio llegó aquí, se bajó de madrugada en el aeropuerto y dijo, yo me quedo aquí, esto me gusta muchísimo. Y bueno, ella viene refiriendo esto aquí, aclara que Antonio se había ido a estudiar a Alemania antes del golpe, incluso antes de que llegara al poder Salvador Allende, de modo que su formación como doctor en filosofía fue en Alemania.

Bueno, entonces Soledad, después ese amor loco organiza su vida y se va con Antonio a España, a sus presentaciones, pues. A cantar. Y yo le pregunto, ¿por qué decidieron venirse de España, por qué regresaron a Venezuela? Y ella va a responder, lo que viví con Antonio en España nada más fueron dos años, pero nos vinimos porque aquí estaban mi hija, mis padres, y porque para la felicidad de nosotros era muy importante que Antonio se realizara. Y él tuvo mucha suerte porque llegó aquí y empezó a escribir en los periódicos y a dar sus seminarios, pero el amor loco con los compromisos que yo tenía hicieron que él me siguiera, nos vinimos porque no tenía lugar en España, era la época de la construcción de la pareja.

Ni por una carrera artística ni por nada yo dejaría mi vida personal, mi vida personal está por encima de todas las cosas, y claro, su vida personal, ya está Soledad señalando, pasa por su matrimonio con Antonio Sánchez García. Yo le digo, bueno, pero sin embargo usted se ha realizado como artista, y ella dice, tengo muchos logros que me han hecho feliz, aunque no tantos como quisiera. Y entonces vuelvo a preguntarle, todos estos años ha estado regresando a Europa, ya ha visto el cambio que ha habido en España, ¿qué puede decirnos de esto? Ella dice, yo estaba allí cuando llegó por primera vez Santiago Carrillo, estaba allí cuando el joven Felipe González.

Nosotros asistimos mucho a esa historia de la transición. Bueno, para los muy jóvenes, Santiago Carrillo pues era un líder importante de la izquierda española y por supuesto, para los muy jóvenes, Felipe González fue el líder fundamental del Partido Socialista Obrero Español, que gobernó a España, Felipe González, durante 14 años y encabezó una etapa de transición extraordinaria de España y de crecimiento económico también. De modo que ella está refiriendo a que ellos, Antonio y ella, asistieron, vieron esa transición cuando se va incorporando la izquierda a la vida democrática, cuando se abre la democracia en España gracias históricamente a la figura de Adolfo Suárez, sin la menor duda, y a la figura del rey de España, de Juan Carlos I. Juan Carlos de Borbón, entre esos dos personajes más un acuerdo político o un avenimiento político, España comenzó a transitar por la ruta de la democracia.

En la próxima parte y última del programa veremos pues las últimas preguntas de esta entrevista que ocurrió en el año 2004, aquí en Caracas, en Loma Larga, en la casa de Soledad Bravo. Loma Larga está en el Alto Hatillo, en medio de la vegetación, del frío y la niebla. Ya regresamos. Bueno, veníamos hablando de esa transición española y yo le digo a Soledad. España es una marca imborrable porque la está heredando también de sus padres, la lleva adentro. Y ella dice, sí, llevo adentro España peregrina, pero tan adentro que la tenía totalmente internalizada, pero soy venezolana desde el primer momento en que pisé Catia.

Es muy difícil que la gente sepa que yo soy española de nacimiento, España ha sido una marca importante. La generación del 98, la generación del 27 y la guerra civil española. Yo traté de ignorar eso por muchos años, pero cuando me invitaron por primera vez a España a cantar sentí miedo, pánico. No quería ir por ningún motivo y tenía mucha razón, porque llegué y todo lo que decía la gente me irritaba, porque estaba acostumbrada a la democracia, a decir lo que pensabas. Me costó tanto, que me molestaron muchísimo desde el punto de vista político, pero siempre he dicho con respecto a España, a pesar de todo lo que le quiero y que me gusta, que primero no podría vivir allí y segundo que pienso, España es como mi madre y mi madrastra.

Voy a España y no soy española porque incluso cuando atravieso la frontera del aeropuerto la gente cree que soy suramericana y me discriminan por eso porque ya lo he sufrido. Por eso te decía que España es algo serio. ¿Dónde nacieron sus padres? Mi mamá nació en Castro Urdiales, un pueblo maravilloso que queda en Santander. Y mi padre nació en Barcelona y allí vivió hasta los 12 años, él me hablaba muchísimo del barrio chino, del barrio gótico de Barcelona, de todas las cosas que él había vivido en su infancia. Y mi abuela Soledad, de la que por cierto llevo el nombre, era del sur y le gustaba cantar y tocar la guitarra.

Cuando nosotros llegamos a Venezuela ella murió, por cierto, en ese pueblo cantábrico de Castro Urdiales donde nació la mamá de Soledad Bravo. Desde hace muchos años pasa largas temporadas el gran poeta venezolano Joaquín Marta Sosa. Es un pueblo de pescadores pequeñísimo, lluvioso y con ese mar impetuoso que es el Cantábrico, bellísimo pueblo de pescadores, pues allí nació la mamá de Soledad Bravo, eso queda en Santander muy cerca de Bilbao, que da a Castro Urdiales, que por supuesto ya no es Santander sino País Vasco. Bien, le pregunto, ¿sus padres aún viven? Y Soledad me dice, mi padre ya murió, pero mi madre aún vive y está aquí conmigo. Está de bisabuela, va a cumplir 90 años el año que viene, les recuerdo estamos en el año 2004. Sí, está aquí y está muy bien, pero los europeos mediterráneos marcan mucho a su descendencia.

Yo conozco a muchos argentinos que desde hace dos generaciones son argentinos y sí, son descendientes de italianos o españoles. En Buenos Aires hay un chiste famosísimo que es bellísimo además, ¿que de dónde descienden los ingleses? Bueno, será de los anglosajones. ¿De dónde descienden los mexicanos? Pues de los aztecas. ¿De dónde descienden los argentinos? Pues de los barcos. Bueno, este chiste argentino yo se lo escuché a Jorge Luis Borges, no sabía que era un chiste argentino, pensé que era una invención borgiana, pero veo, de acuerdo con lo que dice Soledad, que más bien Borges probablemente lo tomó del ambiente y sí, es evidente, el pueblo argentino en su gran mayoría un pueblo de inmigrantes, tuvo a lo largo del siglo XIX una de las inmigraciones más grandes de la historia, fundamentalmente de italianos, pero también de españoles y de centroeuropeos y judíos.

De todas partes del mundo, Buenos Aires fue un crisol extraordinario de alemanes, un crisol extraordinario entre 1850 y las primeras décadas del siglo XX hasta que llegó el peronismo y las cosas cambiaron un poco. De modo que sí, ese es el caso argentino. Venezuela, de alguna manera, mutatis mutandis, pues también tuvo en el siglo XX un proceso inmigratorio importantísimo, Soledad Bravo como vemos es un ejemplo de eso. Sus padres, sus hermanos abandonaron aquella España dura, la dictadura de Franco, donde casi no había qué comer y se vinieron a Venezuela, construyeron una vida y un futuro.

Y en el caso de ella, pues imagínense, una de nuestras mejores cantantes con todo tipo de música, baladas o música popular venezolana, de poemas llevados a la canción. Además es una guitarrista, una intérprete importante y una figura internacional porque en este momento estoy recordando la de veces que Soledad Bravo cantó con grandes cantantes latinoamericanos como Chico Buarque, Brasil, Caetano Veloso, su hermana María Bethânia, con Mercedes Sosa, etcétera. La carrera internacional de Soledad Bravo ha sido extraordinaria, conocida en muchísimos espacios donde la voz de Soledad ha tenido grandes, grandes audiencias.

Esa escena en Las Ventas de Madrid, esa muchacha sola en el escenario con una guitarra que ha conmovido 40 mil personas en homenaje a Blas de Otero, emblematiza un poco lo que ha sido la vida de Soledad Bravo como cantante, que comienza su carrera, como ella misma lo dice, en el Canal 5, en Venezuela, por invitación de Sofía Imber, que siempre fue una admiradora de la voz y el talante musical y artístico de Soledad Bravo. Bien, para mí es un gusto este programa hoy porque la admiro muchísimo. Y bueno, hasta aquí el programa, les habla Rafael Arráiz Lucca, esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Me acompañan en la producción Inmaculada, Sebastián y Fernando Camacho, y en la dirección técnica, Giancarlo Caravaggio.

A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarays@hotmail.com y en Twitter arroba Rafael Arraiz. Este es el capítulo 8 de esta serie de venezolanos excepcionales. Hasta nuestro próximo encuentro.

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