Excepcionales. Cap 5. José Ignacio Cabrujas.
Venezolanos Excepcionales. Cap 5.
Transcripción
Rafael Arráiz Lucca. Hispanoamérica, Iglesia católica, jesuita de Ramón J. Velásquez y el tercero y el cuarto a la vida y obra de Carlos Cruz-Diez. Y en este nos vamos a dedicar a José Ignacio Cabrujas, basados en una entrevista que yo sostuve con él en el año 1986. Es una entrevista que ustedes la juzgarán, pero les adelanto lo que trajo como consecuencia una de las polémicas públicas más largas que ha habido en la historia de Venezuela, que se recogió en un libro que lo tengo aquí con mi mano y que se llama La Polémica sobre Simón Bolívar. Ya llegaremos allí; el momento en que lleguemos a la entrevista les referiré más profundamente de qué se trata. Bien, yo comienzo el texto diciendo: esta conversación tuvo lugar en la casa que Cabrujas compartía con su esposa, Isabel Palacios, en la urbanización Los Rosales.
En la parte de atrás del pequeño jardín de la casa había un estudio donde el maestro escribía y fumaba sin cesar. Me recibió amablemente una tarde de junio de 1986. Yo le comienzo preguntándole, este era un tema muy de la época, que era la televisión venezolana, y le pregunto: ¿la producción independiente parece ser el futuro de la televisión venezolana? A usted, como hombre del medio, ¿qué comentario le suscita esta nueva modalidad? Y dice Cabrujas, incluso cuando lea sus palabras voy a recordar su tono de voz profundo y sus giros tan particulares. Dice: yo desearía profundamente, vehementemente, eso fuese así, que en efecto hubieran aparecido unos productores independientes con criterio independiente dispuestos a transformar la televisión venezolana sin perder las raíces reales del negocio de la televisión.
En el canal 8, habiéndose convertido en productores independientes algunos grandes amigos míos como Orlando Urdaneta o Guillermo González, no creo que ellos sean verdaderos productores independientes. Son unas personas que han celebrado un negocio con el canal del Estado que están muy lejos de constituirse en productores independientes de televisión. Un productor independiente es una persona que entrega a un canal un videotape o la lata para utilizar el argot televisivo, con un programa grabado. Simplemente lo que veo en el Canal 8 es la participación de dos personalidades en el negocio del cuñero del Canal 8, elaborando unos programas que habrían podido desde luego ser elaborados por vía de contratación. Para mí es muy delicado responder esta pregunta porque no quisiera que nadie pensase que tengo algo en contra del productor independiente; por el contrario, lo he tratado de hacer y considero que es un camino no solamente válido sino legítimo y deseable a la televisión venezolana, pero eso no es lo que ha ocurrido. Cometeríamos un error, y lo cometerían ellos creyéndose productores independientes; no lo son.
Son totalmente dependientes de la estructura del canal 8, son simplemente empleados con un privilegio en su condición. Si el canal pone las cámaras, los estudios y la preproducción o la postproducción, ¿cuál es la independencia? Entre lo que hace Guillermo González en El Ocho y lo que hacía en el Dos no hay diferencia. Lo único que ha cambiado es el régimen económico; me alegro mucho, pero no son emblemáticos de la producción independiente. Y entonces yo vengo y le pregunto, en relación con posibles concesiones por parte del Estado para las nuevas televisoras, les recuerdo, estamos en 1986, gobierna en Venezuela Jaime Lusinchi, dice Cabrujas: cualquier hombre de la comunicación en Venezuela espera con verdadera alegría que el Estado abandone esa política miserable, tacaña, llena de reservas y amplíe las concesiones en la televisión dentro del mundo.
Se está produciendo en Venezuela una injusticia palpable porque aquí hay sólo dos grupos empresariales que tienen una concesión del Estado para explotar los medios de comunicación de masas. Si el canal de los Niños Cantores no sale al aire, se refiere a los Niños Cantores del Zulia, tendríamos que pensar que estos grupos son unos privilegiados y que el Estado, mejor dicho, el gobierno está de acuerdo con ese duopolio. He seguido muy de cerca todas las inquietudes desde el Canal del Zulia y creo que sería un paso importante en la televisión venezolana, sobre todo un paso que en países con gran desarrollo de la televisión es, hoy en día, un paso normal. La televisión regional es sumamente importante por todas las posibilidades que tiene: la posibilidad de hacer cadena con una televisión central y tener una producción propia o producción local que ojalá algún día nos llegue a Caracas a través de estaciones repetidoras. Esto sería un cambio en la filosofía de la comunicación en Venezuela; el hecho extraordinario de que del interior del país nos llegara una imagen, Venezuela adquiriría un bien extraordinario, ver otro polo en el país que rompa la monotonía del canal 2 y 4 y 8 como canales caraqueños.
Seguimos hablando de la televisión y le pregunto: ¿le parece que la TV ha mejorado en los últimos años algunos aspectos, aunque sea? Les repito, estamos en 1986. Esporádicamente, contradictoriamente y a veces periódicamente, es decir, depende de las estrategias de programación del canal. Evidentemente hay un hecho positivo: ha mejorado la calidad de producción, el aspecto físico; hoy en día una telenovela como La intrusa está mejor producida que hace unos años. Lo que ocurre es La intrusa no representa ningún cambio en las estructuras más añejas, tradicionales y absolutamente detestables del género. ¿Lo que pasa?
Es que está mejor maquillada. Yo le hago esta pregunta o esta afirmación: desde la aparición de La señora de Cárdenas a esta fecha ha habido buenos trabajos, pero en los tiempos más recientes se siente un deterioro. Y él dice que Cabrujas: porque hay un fenómeno en este momento en la televisión venezolana muy concreto, con la caída de la economía la televisión se ha convertido en un singularísimo negocio. Producir en Venezuela y vender en el mercado internacional en dólares es uno de los negocios más fabulosos que puedan existir. Los costos en Venezuela, traducidos a dólares, son ridículos.
Ocurre que los canales comerciales están produciendo muchas telenovelas y muchos espacios dramáticos porque son los programas que tienen mayor venta en el exterior, con la maravilla de que los canales comerciales costean el espectáculo con los anunciantes locales y luego lo venden en el exterior libres de polvo. Y le digo entonces: ¿se van a producir telenovelas pensando en el público latino de los Estados Unidos y los temas locales no podrán hacerse porque no podrían venderse? Ahora, ¿no podría hacerse Gómez? Por ejemplo, me estoy refiriendo a una miniserie que hizo él para Radio Caracas Televisión, que fue muy exitosa sobre el general Gómez. Y responde Cabrujas: no solo no podríamos hacer Gómez sino que estamos ante un problema más grave y es que la televisión venezolana se ha chicanizado, se ha ecuatorializado.
Se ha convertido en una televisión de inmigrantes latinoamericanos en Nueva York, Miami o Los Ángeles. Lamentablemente el nivel cultural de sus inmigrantes es verdaderamente terrorífico, bajo, aplastantemente bajo, y entonces ese es de ahora en adelante el público de la televisión venezolana. El venezolano ya no tiene una televisión que lo identifique como espectador, sino que él pasa por el filtro de una televisión hecha para inmigrantes que viven en Estados Unidos, que aún siendo inmigrantes tienen un estrato social que ya sabemos cuál es; viven en un país donde los sueldos son dólares y donde hay una prosperidad económica inmensa. Sin embargo, soy muy optimista porque los hijos de esos inmigrantes tienen acceso a formas culturales, a estímulos culturales muy superiores y muy rápidamente esa televisión les va a parecer ridícula y grotesca.
Le digo, una televisión hecha para sus padres y sus abuelos. Me responde él: en este nuevo esquema le pregunto, ¿va a hacer una telenovela pensando en ese público? Y Cabrujas responde: yo tengo que enfrentar eso, trabajo en un medio no es nada aséptico o idealista, es un medio con razonamientos muy concretos. Voy a comenzar una telenovela en el canal 2 y he tratado de tomar en cuenta esas características del nuevo mercado. La televisión entonces, cambiamos de tema como una pregunta que le hago. Le digo lo siguiente: los intelectuales venezolanos son con frecuencia muy duros en sus juicios y algunos opinan que usted ha cedido mucho, que ha entrado demasiado en ese mercado de la televisión. En el fondo hablo de dos maneras de ser un creador en Venezuela: el que entra a un negocio no aséptico, como ustedes lo llaman, y los puros ideológicamente intactos. ¿Qué respuesta les tiene a los puros?
En la próxima parte del programa Cabrujas va a responder acerca de esto. ¡¿Qué respuesta le tiene a los puros?! Ya regresamos con esta conversación con José Ignacio Cabrujas en 1986. Decíamos en la parte anterior del programa que Cabrujas va a responderle a los puros y dice lo siguiente: con toda cordialidad, nunca quise ser puro. Detesto la pureza. Aspiro, en medio de muchísimas contradicciones y de fracasos, a que el veredicto sobre mi persona se haga cuando pueda cerrar ese capítulo.
Yo acepté la televisión como una forma debida en el plano económico, pero también un plano de realización personal. Cada vez que alguien me dice, tú te corrompiste, yo le digo: es un expediente que no ha concluido. No quiero ser un intelectual venezolano refugiado en una cultura u obra... no quiero hacer eso... me parece falso. Es algo que no siento. No critico a quien lo siente. Tengo amigos poetas. Te cito a Rafael Cadenas, es una persona a quien estimo y admiro. Entiendo que su obra es la pureza, la traducción firme y decidida de un estilo de vida que él ha concebido para él mismo. Pues bien, yo no soy así. Lo admiro, pero soy un hombre que escribe diálogos y quiere comunicarse con la mayor cantidad de personas y dejarse sentir por esas personas. Por lo tanto he aceptado las reglas del juego de la televisión venezolana.
Muy buena respuesta, polémica y, bueno, interesante que cite a Cadenas como el emblema de la pureza. Digamos, es discutible en todo caso ubicarlo allí. Yo le pregunto entonces a Cabrujas: el poder que usted tiene es muy grande, pone a un país entero a ver lo que ha hecho, ¿cuál es su relación con el poder? La seducción del poder en usted debe ser muy grande. Vamos a ver qué responde Cabrujas. Dice: pero ¡el poder me ha enseñado!
La televisión me ha enseñado a escribir teatro, me ha hecho mejor escritor de teatro porque me ha enseñado a conocer a la gente. La imagen de la gente me ha enseñado a no pensar tanto en mí y volverme sobre las personas. Me he enseñado, por ejemplo, a escoger la temática de mi columna en El Nacional para saber que no puedo escribir allí como capricho lo que me dé la gana. Yo no quiero ser arbitrario cuando escribo. Me parece tonto, me parece que alguien como Breton en Venezuela es un bobo.
En el país hay un total desinterés por un debate estético, por lo tanto que tú te declares tal o cual cosa es un acto fallido. El oficio del intelectual en Venezuela hay que replantearlo. Ser vanguardista en Latinoamérica implica entender que hay una retaguardia. ¿Y dónde está la retaguardia? ¿Se es vanguardista en relación con qué? Por ejemplo, decir: mi estilo al escribir novelas es vanguardista en relación con Uslar Pietri, ¿cómo sé eso y a quién le importa? En el fondo eso entonces llega un tipo y se declara vanguardista.
Y tú dices, bueno, ¿pero dónde está tu retaguardia? Tu oposición, tu estatus para que choques con él. El país dista a siglos de plantearse esa polémica. Les recuerdo, 1986. Entonces le pregunto a Cabrujas: sin embargo, su generación se manejó bajo esos parámetros, la gente de los 60 tuvo un clima como si hubiese un espacio contra el cual insurgir. Y responde José Ignacio Cabrujas:
Eran gestos válidos, pero pongo muy en duda que se refieran a la lucha contra un estatus. Se referían a la lucha con unos temas sagrados en el país. Cuando Caupolicán Ovalles insulta a Rómulo Betancourt, no lo hace por atacar un estatus porque Betancourt nunca representó nada en el país que se pudiera considerar estatus, puesto que Betancourt estaba ensayando y no representaba a un logro contra el cual luchar. Lo que pasa es que era el presidente de la República. Era un hombre de mal carácter, aguerrido y peleón.
Caupolicán provocó chisme colosal, pero de ahí a la palabra estatus hay una gran diferencia. Lo que hubo fue un pleito de un débil contra un fuerte. Le digo entonces: en aquella época ustedes creían que los términos de la lucha eran esos a los que se refiere. Yo particularmente no, dice Cabrujas. Yo asistí al espectáculo del Techo de la Ballena y entonces yo le digo: ¿y asistió al espectáculo de la izquierda pero no participó del proyecto político que se pretendía, la unión en un solo frente del arte y la vida?
Dice Cabrujas: participé de lo político y tomé ciertos riesgos, no así en la creación porque estaba demasiado preocupado por aprender un oficio, escribir teatro. A mí los 60 para lo único que me sirvieron fue para entender que como había fracasado la insurgencia política yo quedaba en libertad. El fracaso de la guerrilla fue un indulto, fue el pasaporte para decir: José Ignacio, llegó el momento de decir lo que te dé la gana. Yo le repregunto: ¿y en qué sentido fue un indulto? Y él dice: porque desde el 56, cuando nacía la imagen de ser un escritor, era un militante del Partido Comunista y tenía una disciplina. Allí se me dijo que mi vida personal le importaba a un rábano al partido y que yo era servidor de la transformación de la sociedad; por lo tanto no te la podías dar de vanguardista porque te alejabas de las hondas raíces del pueblo, etcétera. En el fondo tenías que estar en una literatura romántica como es la literatura marxista.
Yo le digo: una literatura religiosa, y él dice: pero imbuida de espíritu romántico, sagrado, con valores como el pueblo es bueno, el rico es malo, el joven es bueno, el viejo es malo. ¡El Partido Comunista nos enseñó que había que construir un héroe positivo con raíces regionales atendiendo al folclore, expresando el mundo popular! En el fondo era el epígono de lo que había sucedido 20-30 años atrás en la Unión Soviética. Estaba muy claro para los intelectuales del Partido Comunista que había que escribir como Rómulo Gallegos, porque era lo más parecido a un escritor popular pero con un contenido revolucionario. Los 60 me enseñaron otra cosa... me enseñaron a mandar al diablo todo eso.
Usted, Rafael, habló de religión para designar todo un mecanismo impositivo que en el plano intelectual operó entre los últimos años de la dictadura y los primeros años de la democracia durante todo el período guerrillero. Esa es una palabra afortunada, es correctísima, era una religión. En tiempo de Pérez Jiménez, teniendo yo 15, 16 años, me descubro a mí mismo diciendo: Pérez Jiménez es un dictador, un tirano, pero los adecos también son un fastidio. Entonces, ¿quién me pone a mí en este dilema? Escoger entre Acción Democrática y Pérez Jiménez... no, no. Nos vamos a otra cosa.
Lo cierto del caso es que nació una religión que decía hay un mundo nuevo, que mencionaba el modelo soviético como un modelo palpable de progreso. El pueblo más atrasado era una potencia. Muchas personas sucumbimos ante aquel modelo, pero no nos percatamos de lo que estaba ocurriendo allí. El esquema propuesto por Betancourt no seduce a mi generación, él nos parecía una figura del pasado. El 23 de enero es lo más parecido que he vivido al nacimiento de un mundo nuevo y la figura de Betancourt era como una rémora que nos obligaba a echar la película para atrás. Entonces apareció el gran fantasma, Castro. Ese sí era una maravilla, hasta su personalidad era una maravilla, bailamos al son de Castro. En el 65 dábamos lástima ya, estábamos liquidados. En el 65 la historia nos había caído a patadas, a patadas por todos lados. Ya estábamos reflexionando cuando en el 68 el Partido Comunista dice: paz democrática, la estampida fue muy grande. Se acabó. La estampida fue al mundo individual y al nacimiento del MAS.
Le digo yo: sí, que representa un ensayo. Dice Cabrujas: un llamado a la reflexión. El MAS intenta rescatar nuestra actitud social y desplazarla del plano individual y decadente y absolutamente aséptico y hablador de pistoladas en el que nosotros habíamos caído como seres humanos. Como estábamos frustrados, hablábamos horrores, como todo frustrado, y nos dio a todos por un exagerado plan vital. Todos nos convertimos en unos pequeños donjuanes: demasiadas mujeres, demasiado bochinche, demasiado relajo sexual propio de los puritanos que se destapan. El MAS es un llamado al orden, un rescate de gente que andaba por los cafés de Sabana Grande, entre ellos yo, hablando pestes de la vida, hablando horrores y preparando paellas en mi casa para decir que yo era de derechas, para chocar, para molestar, para agredirme a mí mismo en el fondo.
En la próxima parte del programa veremos las respuestas a esta pregunta: su generación pasó por una cantidad de cosas que la gente de mi edad no ha pasado. ¿Cómo nos ve a nosotros? Les recuerdo, estamos en 1986. Ya regresamos. Le decía en la parte anterior del programa, le preguntaba más bien: su generación pasó por una cantidad de cosas que la gente de mi edad no ha pasado, ¿cómo nos ve a nosotros? Y Cabrujas responde: te puedo decir una primera cosa que para mí es muy importante.
Creo haber hecho un gran esfuerzo por no contarles a ustedes la historia mía como una verdad, he hecho un esfuerzo ¡qué caramba!, me lo tengo que reconocer, porque he invertido largas horas en no hacerlo. No he querido presentarme ante ustedes como un viejo sheriff, un viejo matón que participó de una etapa gloriosa de la historia y ahora es el tipo que critica toda una generación que no participó de un episodio romántico y fulgurante como la guerrilla. Nunca he creído en eso y he tratado de no presentarme a una gente a la que le cayeron a palos en una época de la historia.
Siempre quiero decirle a la gente como tú, a la gente de tu edad, que no caigan en la trampa del político, y es una trampa mortal para un escritor: la trampa de perder años de mi vida en un módulo político desconociéndome y agrediéndome y callándole patadas a mis sensibilidades, a mis querencias, a mis apetencias, a mi amor, a mis odios, a mis miedos, a todo eso, destruyéndolo para elaborar un esquema por la paz y la amistad de los pueblos. ¡No! Yo me liberé, lo hice con Fiesole, mi gran fracaso teatral pero mi gran orgullo, porque dije al diablo voy a escribir de lo que a mí me pasa. Cuando escribí Profundo me dije: habla de ti, pero más suave, comunícate, tampoco tú eres el protagonista de la historia. Cuando estuve preso 22 días en el CIFA por un motivo que desconocía, el día 19 me llamó un capitán y dijo: me voy a almorzar y tú te quedas aquí, nadie va a venir, esta carpeta te interesa. Pero no puedes leerla, pero como yo no estaré y no sé lo que va a pasar durante dos horas, tú verás la carpeta contenida en transcripciones textuales de todos los guerrilleros que me habían delatado como persona peligrosa. Gente a la que yo había ayudado, esa gente me atribuía cosas heroicas que no había hecho, me dolió mucho y lloré y me sentí libre. La diferencia con tu generación está en esto: la libertad a ustedes les fue dada de entrada y a veces pienso que la gente como tú no ha apreciado lo que tiene. Hay gente de tu edad que dice: ustedes tenían un ideal. Sí, hombre, pero salimos corriendo, ¿a qué viene invocar ahora a un ideal? Hoy en día el concepto de ideal, de verdad, no existe.
No hay nada que globalice al mundo. Yo le pregunto entonces: ¿su verdad entonces para acá ha sido trabajar desesperadamente en múltiples facetas, en muchísimas actividades? ¿A qué escapa usted trabajando? Y Cabrujas responde, agarra la pelota en el aire: a ser un intelectual. Ser un intelectual es ser indefenso, perplejo, atónito y confundido; a mí me aterra, lo confieso hondamente, ser un intelectual, ser ese tipo que se cree un cuento en un lugar donde nadie más se cree ese cuento. Ese tipo indefenso que vive de la caridad, a quien los políticos le sueltan una migajita para que ese pobre hombre coma, para que duerma.
Para mí ser un intelectual es echar broma. Es la imagen del francotirador y como no tengo partido y tengo 48 años no me importa tanto la vida, disparo más porque conservo menos, en mí se da un caso distinto. La madurez me hace sentir libre; si tuviera 30 años estaría más asustado, pero como tengo 48 años hablo; si no, ¿cuándo voy a hablar? Yo creo que la gran cosa que uno puede hacer en Venezuela, lo que este país está ávido de escuchar, es a una persona que diga: yo, yo creo esto y ya está, porque me da la gana. Y lo asumo. La gente pide que tú hables con sinceridad.
Le pregunto entonces: en cuál de todas sus facetas se siente más cómodo. Y dice Cabrujas, algo muy coherente: dice, en el teatro es el supremo capricho, la libertad total, en los tres aspectos de actor, director y dramaturgo. Le pregunto yo, les repito, les pregunta: ¿se siente cómodo en los 3 aspectos, actor, director y dramaturgo? Y él dice: como dramaturgo me siento más cómodo. La televisión es una camisa, es una costura, es demasiado amplia y hay demasiados televidentes como para ponerte con caprichos. La televisión es demasiado democrática y tú la tienes que asumir democráticamente. El teatro es casi monárquico, autoritario, pero la comunicación es testimonial y eso a mí me hace feliz.
Yo le digo entonces: en sus obras teatrales hay un marcado interés por la historia. Tengo entendido que está ensayando una pieza nueva suya, El americano ilustrado, la obra no se había inaugurado. Me imagino que será sobre Guzmán Blanco, le digo, me imagino porque la obra yo no lo había visto, se había montado. Y él dice: Guzmán Blanco no es el eje de El americano ilustrado, él sale en las piezas pero tiene un valor secundario. A mí me interesó más que todo un personaje que inventé, el secretario de protocolo del Ministerio de Relaciones Exteriores en la época de Guzmán Blanco, que lo inventé con el nombre de Arístides Lander. Me parece fantástico a un secretario de protocolo en Venezuela porque tiene que hacer la comedia de que representa algo y en el fondo no es verdad, pero tiene que parecerse a una idea, a un Estado, a una idea de ceremonia, de etiqueta o orden.
Esto es lo que hace un personaje de protocolo, y fantástico. Me interesa ese tipo que se da cuenta poco a poco de dónde está parado, de dónde vive, y se da cuenta de que eso que él representa no existe. Yo les digo a los actores que ese fue el primer tipo que se dio cuenta de que nosotros éramos un país subdesarrollado. No es fácil darse cuenta de eso, hay personas que tienen la felicidad como Bolívar de no darse cuenta. Bolívar nunca se dio cuenta de dónde estaba parado, a lo mejor si se da cuenta se hubiera paralizado. Él creía que esto formaba parte de la historia. Como él trabajaba para la gloria y la gloria era Europa, quería tener la admiración de los franceses. Por lo tanto escogió este decorado para impresionar a los europeos. Fue un pésimo político porque era hombre de acción; mientras la acción duró el tipo andaba muy bien.
Y aquí tengo que detenerme, explicarles: en La Polémica esas aseveraciones de Cabrujas desataron una polémica pública que se recogió en un libro que se titula La Polémica sobre Simón Bolívar, del teniente Raúl Oviedo Rojas. Oviedo Rojas, el teniente, fue el primero que le respondió a Cabrujas, bueno, reclamándole esa opinión que tenía del Libertador, y entonces se desató una polémica pública que llega a tener alrededor, no exagero, de unas 100 piezas. Muy pronto, después de lo dicho por Oviedo Rojas, va a reaccionar Cotepa Delgado, luego vuelve a responder Cabrujas y entra en la polémica y le echa... eso es gasolina para el fuego. Entra en la polémica Manuel Caballero y se aviva muchísimo la discusión a través de La Prensa.
Y luego entra en la polémica Juan Nuño, nada menos, y luego responde Luis Villalba-Villalva, el ex presidente de la Sociedad Bolivariana, un hombre muy simpático y muy bolivariano. Y sale también, saca su espada a discutirle a Cabrujas y a Caballero porque Caballero respalda la posición de Cabrujas y va más allá todavía. Y después entra en la polémica La Gurenzi, Odriosola Echegaray y Matías Carrasco. Y Rubén Monasterios también entra en las polémicas, y Beatriz Rangel Mantilla, y luego entra Jesús Sanoja Hernández. Sanoja dice algo que a mí me llenará de orgullo siempre, dicen: confieso que una de las entrevistas más inteligentes y desenvueltas que haya leído yo fue la que para la revista Imagen concedió el niño terrible. Se refería a Cabrujas. Bueno, ese, el autor de esa entrevista era yo; tenía 27 años y era un muchachito que trabajaba en la redacción de la revista Imagen. También entra en la polémica Alicia Álamo Bartolomé y César Naranjo Osti. E incluso la Sociedad Bolivariana, la Junta Directiva se pronuncia. Bueno, aquello fue verdaderamente... Manuel Rafael Rivera o Manolo Rivero también. De modo que fue una polémica extraordinaria.
Yo, que recuerde, es la última gran polémica pública que ha habido en Venezuela cuando eso existía. Hoy en día las polémicas se dan por Twitter, pero bueno, esta fue la última y tuvo fundamento en esta entrevista y en estas opiniones de José Ignacio Cabrujas que cayeron muy mal en el área de los bolivarianos que no aceptan revisiones críticas del gran personaje, que es el Libertador sin la menor duda. Dudo eso, pero bueno, Cabrujas se permitió hacerle unas críticas al personaje y se encendió la polémica. Él respondió varias veces, pero la polémica continuó y tuvo su origen en esta entrevista a la que yo titulé por cierto El país según Cabrujas, es el título de la entrevista. Y él mismo Cabrujas tomó este título para su columna en el Diario de Caracas, que la tuvo durante un tiempo, también se llamó El país según Cabrujas.
Esto estaba basado... era un guiño que yo le estaba haciendo a una película de aquella época que me había gustado mucho, que era El mundo según Garp, El país según Cabrujas. Bien, en las últimas partes del programa veremos las últimas respuestas de José Ignacio Cabrujas en 1986. Ya regresamos. Yo entonces le digo a Cabrujas después esto que está señalando sobre Bolívar, y le coloco sobre la mesa la figura de José Antonio Páez. Pero Cabrujas sigue hablando de Bolívar y dice: Bolívar es un personaje fantástico, no por lo que siempre se dice de bajarlo de la estatua, cosa que le hubiera molestado muchísimo, porque trabajó para una estatua. Se hubiera indignado si alguien le dice no era una estatua... sino por qué es un personaje excepcional.
Porque Bolívar es un tipo demasiado solitario, arbitrario y con uno yo que no creo ningún otro venezolano haya tenido. Tenía un concepto de sí mismo tan apabullante, tan carente del paisaje... Él se cree el centro del mundo y no ve esto sino como decorado. No le importa en lo absoluto la realidad, por eso llegó a tanto. Un tipo que comete el exabrupto cuando está liquidando políticamente de andar pensando cómo van a hacer sus relaciones con Inglaterra. Es una visión de Bolívar muy interesante, es una forma de valorarlo a contracorriente, por supuesto, y por eso es que desató semejante polémica pública.
Yo entonces le pregunto: la pasión suya por los personajes fracasados, ¿no les ha llevado a Francisco de Miranda? Y él responde: a mí me gustan los pequeños fracasados. No los grandes fracasados, no me gustan los exitosos, sino los que abordaron el fracaso como una profesión de la vida. Y yo le respondo: bueno, pero maestro, eso es muy romántico. Y él dice: tal vez. Pero también me gusta porque son lúcidos. Porque me parece en Venezuela nadie ha triunfado porque no se contentaron con la apariencia, allí yo tengo problemas con él y le pregunto: ¿no hay una forma del éxito lúcida? Y él dice: en Venezuela nadie.
Aquí no ha habido un tipo como Franklin Delano Roosevelt, ese es un exitoso. Le repregunto: ¿Betancourt no exitoso y lúcido también? Y miren lo que dice Cabrujas: no estoy tan seguro. ¿Qué sacrificó Betancourt? ¿Qué mató en su interior este tormentoso y apasionado hombre?, ¿qué precio pagó por el éxito desmedido que llegó a tener y tiene ahora después de muerto? ¿Cuánto se tragó de lo que pensó? Es muy interesante. Y hasta aquí llegó la entrevista con Cabrujas, porque esto mismo que él piensa sobre Betancourt se hubiera podido decir de Cabrujas. Uno podría preguntar qué mató en su interior este tormentoso y apasionado hombre, qué precio pagó por el éxito desmedido que llegó a tener y tiene ahora. ¿Cuánto se tragó de lo que pensó?
Bien, como ustedes pueden comprobar, pues las respuestas de Cabrujas fueron extraordinarias, por eso esta entrevista se convirtió en esa referencia e originó la polémica pública de la que venimos hablando. Y no es gratuito que uno de los grandes polemicistas públicos que tuvo Venezuela, que fue Manuel Caballero, entró de inmediato en la polémica y le dio mucho fuego a la polémica con sus posiciones porque Caballero va más allá de Cabrujas en su antibolivarianismo, cosa a la que tiene total derecho; cualquiera en una democracia puede pensar lo que quiera de quien quiera y expresarlo, por supuesto. Pero expresarlo con argumentos; Caballero no es que está insultando y Cabrujas tampoco está argumentando, hay ideas allí. Eso hizo esta polémica algo tan interesante porque muchas de las respuestas no fueron desde el pensamiento sino desde la creencia, de la moralina, desde lo ideológico donde no hay pensamiento o crítica. De modo que, bueno, esta fue entonces la polémica sobre Bolívar que se desató a partir de esta entrevista y este es el programa que le dedicamos completo a José Ignacio Cabrujas, ese gran venezolano, un dramaturgo del primer orden; basta señalar Acto Cultural y El día que me quieras.
Y basta señalar las telenovelas y lo que significó para la televisión venezolana y lo que significó Cabrujas por el articulismo, porque sus artículos en El Nacional y El Diario de Caracas paralizaban al país las mañanas que se publicaba; todo el país los comentaba. Lamentablemente murió muy joven, de 57 años, pero bueno, tenía una salud precaria, fumaba desesperadamente varias cajas de cigarros al día y bueno, además fue un gran actor y un gran director del teatro. Un hombre de teatro fundamentalmente y un hombre de televisión, por supuesto. Bien, hasta aquí el programa de hoy, como siempre ha sido un gusto hablar para ustedes, soy Rafael Arráiz Lucca. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Fernando Camacho y en la dirección técnica, Fernando Camacho. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba rafaelarraiz. Este es el quinto programa de la serie de Venezolanos excepcionales.
No les adelanto los próximos que vendrán, pero siempre serán venezolanos de esta entidad e importancia histórica por distintas razones. En el caso de Velásquez su importancia es histórica por muchas razones políticas e historiográficas; en el caso de Cruz-Diez, por razones obvias en el mundo de las artes visuales universales, y en el caso de Cabrujas por el teatro, por la televisión y por esa voz crítica, incisiva que tanto le dio a Venezuela. Hasta nuestro próximo encuentro.