Excepcionales. Cap 2. Ramón J. Velásquez (2)
Venezolanos Excepcionales. Cap 2
Transcripción
Rafael Arráiz Lucca. En la continuación del programa que iniciamos la semana anterior acerca de Ramón J. Velásquez, basado en una entrevista muy larga que yo sostuve con él en el año 2002, donde él me refirió los elementos y los episodios centrales de su vida. En el programa anterior estuvimos hablando de su breve paso por el gobierno de Caldera —por el primer gobierno de Caldera— cuando se desempeñó como ministro de Comunicaciones de aquel gobierno. En este vamos a continuar con una pregunta que yo le formulo, refiriéndome a las relaciones entre Caldera y Leoni.
Toda esta historia también explica por qué Leoni y Caldera no se llevaban muy bien, le digo yo a él. “No, nunca, fíjese. Leoni vivió su fase de formación en Bogotá y asimiló la pugna entre godos y liberales, y de alguna manera lo trasladó aquí. Todo ese sector para Raúl, más que social cristiano, era conservador, y más que conservador, godo”. Entonces yo le pregunto al doctor Velásquez: “¿Pero adónde se fue después de ese año que estuvo en el gobierno de Caldera?”. Y entonces me refiere la siguiente historia muy interesante.
“Yo fui muy amigo del N'Dao, muy amigo entrañable y soy amigo de todos ellos. Él había fundado una pequeña empresa llamada Transvalcar, Transporte de Valores, y había puesto en la presidencia a su consultor jurídico, que era un exministro de Hacienda de Pérez Jiménez, Aurelio Arreaza. Pero Aurelio muere y yo le digo a Dao: yo quiero manejar ese transporte”. Era una empresa pequeña ubicada en la avenida Andrés Bello.
“Y me metí, y eran 15 unidades y 70 trabajadores, y cuando me fui le entregué 80 unidades y 500 trabajadores. Enrique Tejera París, que fue de los accionistas, cuando yo les mandé las primeras utilidades me llamó y dijo: ‘Yo voy a poner este cheque en un cuadrito porque yo jamás creí que me iba a ganar un centavo’. Allí estuve tres años y medio y volví a El Nacional. Estando allí vivía un momento difícil; me voy antes de completar los cinco años, porque es el momento en que hay diferencias entre la familia propietaria”.
Y yo le digo a Velásquez: “¿Y usted lo sustituye Alberto Quirós Corradi?”. “¡Sí!”. Ahora con Alberto Quirós cambian las condiciones porque Alberto logra lo que no lo logramos ninguno, ni Arturo Uslar ni Óscar Palacios ni yo, que fue la estructura de la dirección. Le pregunto: “¿En qué consiste el gran poder de opinión que tiene El Nacional sobre el país? La gran influencia que tiene, ¿de dónde le viene?”.
Y él da una explicación sumamente interesante. Dice: “Fundamentalmente fue el propósito de Miguel Otero Silva de crear una tribuna de la democracia venezolana, sin compromisos con el pasado, y que reflejara la nueva situación del mundo después de la Segunda Guerra Mundial. El Nacional apareció en plena guerra, tomó posición con respecto a la lucha contra el fascismo, y en lo nacional por acelerar el proceso democrático en Venezuela. Entonces el periódico se convirtió en lo que su creador fundador se propuso hacer”.
“Y allí empezaron a concurrir todos los sectores democráticos, toda gente de cultura. Se volvió una gran casa venezolana, porque en un momento de dispersión él empezó a juntar más allá del Partido Comunista, más allá de la tendencia que pudiera tener, todas las nuevas generaciones”. Además, Gerardo quiso el cargo de reportero e hizo a varios de los reporteros columnistas con oportunidad de opinión, y empezó a surgir allí la primera generación de periodistas en la democracia, porque tuvieron una amplitud que se había carecido hasta entonces.
Además Otero y Antonio Arráiz se entendían bien, fue una buena llave al comienzo, perfecta. Antonio Arráiz fue un gran trabajador del periódico, vivía metido en el periódico, igual su hermana Elba Arráiz, que era la secretaria de la dirección y que era novelista, escribía bajo el seudónimo de Dinora Ramos. Era un despacho muy pequeño en la esquina de Maderero, pero empezó a desfilar por ahí todo el país. Se identificó mucho con la corriente que representó Isaías Medina y el Partido Democrático Venezolano.
En la etapa de preparación del diario, Miguel Otero estuvo un año con Pepe Moradel, José Benavides y un gallego periodista de Madrid del apellido Blanco, revisando los ejemplares que se trajeron de todos los periódicos de Londres, de Madrid, de París, de Buenos Aires, de Estados Unidos, para hacer el periódico. Esta explicación es muy interesante porque es una visión poco conocida de algunas de las causas por las que El Nacional tuvo tanta influencia. Y de inmediato pasamos al tema de la presidencia de la República del doctor Velásquez.
Yo le pregunto cuando el Congreso de la República lo escogió como presidente de la República. “Realmente el venezolano indicado para ese trabajo era usted, ahí no había la menor duda, y es muy interesante ver cómo una persona, a lo largo de su vida, va concitando alrededor suyo la unanimidad. Yo supongo que eso a usted le satisface, ¿no?”. Y entonces él responde, cuenta cómo llegó a esa posición.
“Claro, ahora le voy a contar el episodio”, me dice. “Yo estaba en el Senado, estaba presidiendo además la Comisión de Reforma del Estado, COPRE. Yo soy uno de los coautores de la ley y la presenté ante el Senado. Me refiero a la Ley de Elección Directa de los Gobernadores y de la comisión que reformó la Ley de Régimen Municipal para crear la figura del alcalde actual. Tuvimos mucha oposición dentro de los partidos, pero logramos un pacto con los candidatos presidenciales desde el 88 que nos aseguró la votación de la ley en las primeras sesiones del 89. Por eso tuvimos elección de gobernadores y alcaldes en diciembre de ese año. Ese pacto aludido fue entre Carlos Andrés Pérez y Eduardo Fernández, esto siempre hay que recordarlo”.
Entonces sigue diciendo Velásquez que además estaba en la Comisión de Política Exterior cuando vino la crisis. La Corte Suprema de Justicia solicitó ante el Senado que levantara la inmunidad al presidente Pérez, y una noche tocó a esta puerta —estamos hablando en su casa— como a las 11 de la noche Luis Alfaro Ucero, que venía con Hilarión Cardoso. Entonces me dijeron que venían muy cansados, porque habían estado todo ese día con la Conferencia Episcopal y Fedecámaras, o el Alto Mando Militar, que habían hablado el día anterior con la CTV.
Entonces yo le pregunté a Alfaro: “¿Quién es el candidato que han escogido después de esta ronda?”. “A usted”, me dijo. “De los nombres, el suyo fue el que logró mayor aceptación en las consultas”, le dijo Alfaro. Yo le respondí: “Ustedes me están diciendo que arreglaron lo militar, los políticos tienen también el respaldo de la Iglesia, pero lo grave en este momento, si hay la tranquilidad militar y política, es el déficit fiscal. Tienen que buscar un economista, un hombre de empresa”.
“Y le propuse —dice Velásquez— al doctor Francisco Aguerrevere, el Curro Aguerrevere, entonces era presidente de la Electricidad de Caracas porque tenía mucha experiencia empresarial y era un hombre correcto y patriota. Y les di otra alternativa: Julio Sosa Rodríguez. Esta pequeña historia es muy poco conocida. Alfaro regresó como a los dos días y me dijo: ‘Fracasamos con sus candidatos. Insisten en que sea usted’”.
“Entonces yo le dije: ‘¿Y por qué no propusieron al doctor Enrique Sánchez, que es el presidente del Consejo Nacional de Economía, hombre de mucho prestigio en el mundo económico?’. Entonces regresó Alfaro y me dijo: ‘¡Que si yo no aceptaba, el Presidente de la República iba a ser Ibandarios Jiménez, ministro de la Defensa!’. Yo le dije: ‘Magnífico. Yo conozco a Jiménez, lo estimo. Además es ingeniero formado en Estados Unidos’”.
Entonces me dijo Alfaro: “¿Usted le va a hacer un favor a la democracia? Acepte, porque si ese señor llega se queda”. Concertamos una entrevista en una casa por Santa Paula. Allí estaban Pedro París Montesinos, José Curiel y Hilarión Cardoso, Alfaro Ucero, y cuando les dije que aceptaba, dijo Pedro París: “Le tenemos que decir un mensaje”.
Y le dio la palabra a José Curiel: “Doctor Velásquez, tiene que buscar ministros independientes porque nosotros no lo podemos acompañar. Nosotros tenemos el compromiso de la campaña electoral ¡y no podemos!”. Yo le dije a José Curiel: “Esto es como un circo. Ustedes montan una equilibrista y le quitan la malla, pero no me voy a caer”. Entonces aclaró Hilarión que no solamente no podían ser copeyanos, sino tampoco ninguno de esos independientes que presumen de ser independientes, pero son adecos o copeyanos.
“Ah”, les dije, “¿ustedes quieren que yo me monte un orfeón? ¡Que busque tenores!”. Luego ya en el gobierno, una situación difícil para la estabilidad. La sorteé. En el 92 había habido dos golpes; ahora, acercándose las elecciones, se despertaron las ganas de crear un gobierno de dos años de transición, hacer un nuevo registro electoral y convocar elecciones. No tuve apoyo para enfrentarme a la situación, pero el movimiento militar no cedió y llegamos a las elecciones.
Estaba previsto para antes de las elecciones, le pregunto yo a Velásquez, y él dice: “Para impedir las elecciones”. En ese momento eran candidatos Rafael Caldera, Andrés Velásquez, Osvaldo Álvarez Paz y Claudio Fermín. Yo le pregunto cómo logró conjurar este golpe, por qué no se dio, cómo logró neutralizarlo, pero esto lo vamos a responder en la próxima parte del programa. Como vemos, esta es la pequeña historia y muchas veces en las pequeñas historias se esconde, duerme.
En la próxima parte del programa seguimos con esta fascinante entrevista con Ramón J. Velásquez. En la parte anterior del programa le pregunto a Ramón Velásquez cómo logró conjurar ese golpe, por qué no se dio, cómo logró neutralizarlo. Les recuerdo que veníamos hablando de un intento de golpe militar hacia diciembre de 1993, cuando él era presidente de la República, y fíjense lo que responde: “Manejé distintas situaciones y entre ellas convoqué a una gran asamblea en la que estaban todos los sectores nacionales posibles, gobierno y todas las oposiciones, para darle respaldo al proceso electoral”.
“Pero por otra parte, cuando los autores o los preparadores del golpe supieron que yo lo sabía, hubo una especie de inhibición a la cual me ayudó un general joven que se había retirado del Ejército, pero que estaba muy activo. No era amigo del gobierno, pero tampoco era amigo del grupo conspirador, y entonces hizo una declaración violenta. Por otra parte se logró una declaración de los Estados Unidos, del subsecretario Watson, diciendo que los Estados Unidos veían con beneplácito la forma como el proceso democrático había seguido cumpliéndose, no obstante los golpes y el juicio al presidente Pérez”.
“Y que así como respaldaban plenamente ese proceso, condenaban cualquier intento golpista, de manera que pasé por esa experiencia. Yo conocía el clima del Palacio porque había acompañado al presidente Betancourt. Recordemos que fue secretario de la Presidencia durante cuatro años y medio en el muy, muy complejo gobierno de Betancourt, del 59 al 64, cuando Betancourt enfrentó los desafíos de la guerrilla de izquierda y varios intentos de golpes de Estado de la derecha perejimenista, y hasta un intento de asesinato”.
Yo le pregunto sobre esto, sobre el Palacio de Miraflores. Le digo: “¿Y ese es un clima que se respira? Allí en el Palacio, ¿se siente que hay algo que está fuera de lugar?”. Y él responde: “Sí, inmediatamente entra una especie de suspenso. Esto parece magia, la verdad, y es muy interesante, pero es psicológico. El presidente Betancourt me enseñó algo durante el primer golpe contra su gobierno”.
“El palacio se llenó de civiles, ministros, directores del ministerio. Entonces el presidente le dio la orden al jefe de la Casa Militar, que les dijera a los ministros que permaneciera cada uno en su despacho, pero que abandonaran el palacio porque ahí no hacían nada ellos y que no podían dejar al ministerio respectivo hasta tanto recibieran una orden. Entonces los ministerios estaban en guardia todo el tiempo y a la otra gente curiosa o chismosa la sacó. Y entonces se estableció una norma, que cada vez que había una situación de esas el presidente se reunía en su despacho con los jefes de las cuatro fuerzas y el ministro de la Defensa”.
“¿Y eso se convertía en una especie de central? Y los generales, el almirante respectivo, comían ahí, no salían de allí. De tal manera que no llegaba a estallar el golpe contra mí. Pero como le digo, estuve cerca”. Le pregunto: “¿Resiente mucho que lo hayan dejado solo los partidos?”. Y él responde: “Yo volví a Acción Democrática en enero”.
“Fueron todos al Faro, Morales Bello, y les dije: me llevo una lección, eso de presidente independiente en un régimen de partido no suena sino a burla o a tragedia. No caí en la tragedia y no se rieron de mí, pero aquí tiene que estar un hombre con un partido. Llámese democrático, autocrático, monárquico, como sea. Pero eso de que lo dejamos que él disponga solo cuando toda la maquinaria del Estado está en otras manos, no es bueno”.
Bien, muy interesantes todos estos episodios sobre esa coyuntura tan, tan interesante como fue la presidencia de Ramón Velásquez. Y ahí pasamos a otros temas. Yo le pregunto: “Usted es uno de los mayores conocedores de la figura histórica de Gómez y a su vez trabajó, hoy estuvo muy cerca de Betancourt. ¿Estaría de acuerdo en que son las dos figuras políticas centrales del siglo XX?”. Responde Velásquez: “Sí, cómo no”.
Le pregunto: “¿Añadiría algunas otras?”. Y él dice: “Esto al lado de Gómez, a sus colaboradores, los que lograron que ese gobierno aportara factores de modernización e estabilidad institucional, como fueron Arcaya con la codificación, se refiere al doctor Pedro Manuel Arcaya, que todavía en el 2002 está vigente: Código Civil, Código Mercantil y Códigos Penales. Eso fue una gran obra porque cuando llegó la democracia no necesitó redactar el sistema legal, ya estaba hecho”.
“Segundo, se está refiriendo a las obras de Gómez, el Plan Nacional de Vialidad del año 1911, que buscó unir a todas las regiones entre sí y a unir todas las regiones con la capital. Se crearon tres comisiones con los más eminentes ingenieros de la época: por ejemplo, la de Occidente la presidió Alfredo Yang, la de Oriente Luis Supriano Pérez. Ellos estuvieron en todas las regiones y trazaron las líneas; que las carreteras las ejecutaran coroneles, esa es otra cosa, pero la concepción de la red vial nacional la hicieron, y la reforma fiscal y la reforma de las finanzas públicas, Román Cárdenas”.
“Y otro tercer aporte de Gómez que se tiene que señalar al comienzo es el de Samuel McHill: es la creación de la Escuela Militar. McHill era chileno y creó la escuela con un general tropero, pero muy inteligente, que se llamó Félix Galaviz. Ahora, me parece que la gente más importante con Betancourt, por una parte, fue Raúl Leoni, que lo acompañó en la tarea de pensar un partido, pensar en un cuerpo ideológico y discutir desde el año 31 hasta el año 36 en cartas que iban y venían de Barranquilla, y luego en la tarea del gobierno. Aun cuando después se distanciaron, fue Prieto con la educación y fue Juan Pablo Pérez Alfonso, con toda su visión de la política petrolera”.
“Otras dos figuras de extraordinaria importancia histórica son Jóvito Villalba y Rafael Caldera. Jóvito, que nunca llegó al poder pero que fue el gran tribuno, y luego era un hombre con una excelente formación en derecho constitucional, fue profesor de la Universidad Central. Villalba nunca quiso figurar en la fila socialista. Nunca. Y cuando fundó un partido, el primer partido que se funda en el año 46 como respuesta al golpe de Estado, que es Unión Republicana Democrática, aunque él no lo funda, lo funden Isaac Pardo y Elías Toro, y cuando hay un roce entre ellos queda Jóvito, pero es Jóvito el verdadero creador, el que lo hace un partido en diversas regiones, lo llama Partido Liberal y busca el color amarillo”.
“Es falso que Jóvito no tuviera formación política, todo lo contrario, era un estudioso permanente y era un hombre conocedor en materia de instituciones democráticas, de las grandes reformas de la socialdemocracia. Y tenía conocimientos de la estructura de la Revolución Marcista, de los más avanzados, pero nunca logró que la fuerza que creó alcanzara el poder. En cambio, Rafael Caldera sí representó desde 1936 las fuerzas nacionales que se enfrentan al marxismo, y lo hace cuando era estudiante de sexto año de Derecho en la universidad y busca a los que van a ser después dirigentes del Partido Social Cristiano”.
“Él era diferente de Rómulo, de Leoni y de los otros líderes, un hombre de una excelente formación jurídica, catedrático, autor del texto jurídico. Algunos consideraban que era un catedrático evadido desde la universidad y metidos en campamentos políticos. ¡No! Yo considero que era muy hábil, muy tenaz, con una jefatura implacable de su organización”.
Indudablemente, la figura fundamental de la democracia del siglo XX son Betancourt, Villalba y Caldera. Pero nunca se puede olvidar otras dos figuras que agitaron el ambiente estudiantil desde la clandestinidad, corriendo todos los riesgos, como fueron los marcistas Salvador de la Plaza y Gustavo Machado. Bien, un resumen extraordinario, como ustedes pueden advertir, de lo central, los aportes a la dictadura de Juan Vicente Gómez y de los aportes del demócrata Rómulo Betancourt, y hay un nuevo capítulo allí sobre el que voy a preguntarle, que es el capítulo sus amigos. Le digo: “Doctor Velásquez, lo invito a entrar en un plano más personal”.
“Usted tiene amigos desde la infancia que lo han acompañado toda la vida”, y él dice: “Sí, se han muerto casi todos. Yo tengo muchos amigos, por ejemplo, amigos de bachillerato con quienes converso, comparto; ellos eran de La Salle y del San Ignacio, pero nos reuníamos en el Parque Carabobo a leer. Entre ellos estaban Eduardo Mendoza Goiticoa, que es muy amigo mío, Emilio Condellán, somos muy amigos. Pedro Pablo Aspúrua, también. Tengo amigos todavía más viejos, como Aurelio Ferreiro Tamayo, con quien converso”.
“Otros a quienes conocí al llegar a Caracas fueron Efraín Cháttar y Steguileta, y Enrique Tejera París, somos amigos, muy amigos”. Y yo le pregunto: “¿Simón Alberto Consalvi ha sido muy amigo suyo?”. “Sí, claro, pero él es joven con respecto a mí. Nos conocimos cuando la caída o el golpe contra el presidente Medina llegó a San Cristóbal, enviado por Acción Democrática a dirigir un periódico; desde entonces somos amigos. Fuimos a la cárcel y salimos a hacer cosas”.
“Sí, probablemente”, le digo yo, “¿con quién ha hecho usted más cosas en la vida, han trabajado juntos, han estado en empresas?”. “Ha sido con Consalvi”, y él me dice: “Sí. Y el otro con quien he hecho muchas tareas conjuntas es José Agustín Catalá. Toda esa colección de pensamiento político del siglo XIX y XX la logramos con Catalá”. Bien, qué interesante.
En la próxima parte del programa yo le pregunto a usted: ¿se definiría asimismo como un historiador, un periodista o escritor, un político? Y en la próxima parte del programa veremos lo que me va a responder Ramón J. Velásquez. Ya regresamos.
En la parte anterior del programa quedamos en las preguntas que le formuló al doctor Velásquez: “¿Usted se definiría asimismo como historiador, un periodista o escritor, y un político?”. Y él responde esto. Decía Enrique Otero Vizcarrondo que para ser político en Venezuela se necesitaba haber estado en la cárcel, en la Venezuela de Gómez. “A mí no me tocó Gómez, pero me tocó Pérez Jiménez, ¿de tal manera que sí?”.
“Y además si la aspiración de todo político es llegar a la Presidencia de la República, a mí me tocaron la puerta, no lo busqué. En este episodio, periodista me siento porque toda la vida, desde que recuerdo, los nueve años, leyendo para corregir pruebas de imprenta, he estado metido en periódicos y he sido reportero policial, reportero político, editorialista, cronista con seudónimo. Y como historiador también, ahí hay una obra importante; ah, como editor también, me faltó”.
“En la historia me he empeñado en aportar a la investigación y documentación. Por ejemplo, yo creo que ha sido útil que le entregara al país el archivo de Castro y Gómez, porque hoy es una fuente de investigación y lo salvé en parte”. Y les digo unas reflexiones, doctor Velásquez, sobre Venezuela: ¿qué diablos es este país? ¿Es el país portátil que dibujó Adriano González León? ¿Es el campamento que muchas veces denunció Uslar Pietri?
A ver, vamos a ponerle atención. La respuesta dice: “Hay campamento, pero no es un país portátil. Se puede hablar de una raíz venezolana. Nosotros tuvimos una ventaja en esos 300 años, que como no había minas de oro, de plata ni esmeraldas, aquí no vino la corona con sus grandes autoridades y los grandes de España, sino gente que venía a trabajar, que venían a hacer su vida, a crear”.
“Entonces esos conflictos que hay en el Perú y que hubo en México, que separan a los grupos, no fueron tan profundos en Venezuela. Aquí, por lo contrario, fueron sin mucho auxilio de la corona avanzando en la conquista de todo el territorio, y la mezcla con el indio y el negro no tuvo ese drama de Nueva España, sino que se fue creando un verdadero mestizaje que el Libertador dice es otra raza”.
“En esa gente el espíritu de independencia fue creándose como producto de la soledad en la que estaban. Eran cuatro regiones, dice sobre Venezuela: la Andina, que administrativamente pertenecía al virreinato, Zulia, Mérida, Táchira y Barinas; la Gran Provincia de Caracas, que era esto que iba del Yaracuy a Unare; el Oriente nunca tuvo buenas relaciones con la provincia de Caracas, porque ellos se sentían autónomos; capital, Cumaná, Nueva Andalucía, y la cuarta, Guayana”.
“Fue en la Guerra de la Independencia cuando por primera vez se mezclan andinos con orientales y llaneros. ¡La guerra fue un crisol! Fíjese cómo en esos 12 años no queda nadie a quien no lo arrastre la Guerra de la Independencia. Eso crea un sentimiento de unidad, la región venezolana”.
“Pero esa región se afirma más cuando Bolívar empuja a esta tromba llanera por el Casanare y acaban con el Virreinato de Santa Fe de Bogotá, los venezolanos. Llegan a Quito, siguen hasta el Perú, y cuando los invita el general Alviar a que encabecen la lucha contra el Brasil, han recorrido toda América. A mí me decía un historiador moderno del Ecuador que los colombianos o quiteños o peruanos habían visto pasar la tromba llanera venezolana y se habían apartado, que por eso no tenían héroes los ecuatorianos, y me dijo: ‘¡Venga para que vea nuestro salón elíptico!’”.
“Me llevó: el Padre de la Patria, Simón Bolívar; el héroe máximo de Pichincha, Antonio José de Sucre; fundador de la República del Ecuador, Juan José Flores, de Puerto Cabello; el libertador de Guayaquil, ¡el héroe!, León de Febres Cordero. Entonces la afirmación de la conciencia del venezolano como región y como parte de América se sucede dentro de un proceso irrepetible”.
“Centenares de gentes de Calabozo, de Trujillo y Maturín han estado en Boyacá, en Pichincha, en Tucumán, en Junín, y han regresado unos cuantos a ser los jefes, pero el resto a sumergirse. Eso es lo que le da un gran predominio a lo militar, ellos van a ser los organizadores de la República: Páez, José Tadeo. Venezuela ha pasado por muchas dificultades, las ha vencido”.
“En las costas, por ejemplo, las amenazas de los holandeses que querían apoderarse en esa zona del Yaracuy, y la amenaza de los ingleses que querían llevarse la boca al Orinoco. Siempre Venezuela ha superado la crisis. Ahora es un pueblo terriblemente agresivo y feroz; desde 1812-1903 ha vivido una guerra implacable, de tal manera que durante ese período todas las iniciativas de modernización, de avance económico, las paraba la guerra”.
“Sin embargo, cuando usted ve la etapa del siglo XIX de Guzmán Blanco, que son años en paz, empieza el país a progresar. Se pueblan de nuevo las llanuras de ganado. Empiezan las regiones con la inmigración italiana y corsa a crecer: Maracaibo, Puerto Cabello, Río Caribe, Ciudad Bolívar”.
“Esa es la primera vez que se da la incorporación de un elemento nuevo, es decir, casi 350 años después de haber aparecido Venezuela. Es una inmigración europea y determina un gran desarrollo en la caficultura. En Guayana el oro, las arapias, las plumas de garzas, y es una generación que se queda porque aquí viene un grupo pequeño de alemanes y ingleses, pero fueron muy escasos los que se vincularon, a diferencia del italiano, que sí se quedó”.
Bien, qué interesante toda esta interpretación del proceso social venezolano y voy a preguntarle sobre una materia en la que el doctor Velásquez era una autoridad, me refiero a lo siguiente. “Si alguien en Venezuela sabe del tema colombo-venezolano es usted, ¿qué puede pasar entre Colombia y Venezuela? Además, las razones históricas, ¿el diferendo tiene perspectivas de solución a mediano plazo, a largo plazo?”.
Y él dice: “Ese es un tema que se va a resolver en el futuro con la Comunidad Andina de Naciones. Las dos repúblicas se fundaron creándose un conflicto entre la raya fronteriza. Uno ve que eso se ha podido resolver entre los congresos de la década del 30 del siglo XIX, pero había un pretexto sanfaustino, y cuando uno estudia todo el proceso de las delegaciones colombo-venezolanas a lo largo del siglo XIX, hasta que llega Guzmán al poder, que está detrás de todo, ve cómo este conflicto forma parte de la vecindad”.
“Somos hermanos, tenemos el mismo origen racial indígena, los blancos y los negros, pero hay una cosa: Colombia es un país desde la colonia de letrados, minucioso, estudioso, y Venezuela perdía la primera república en que desaparecen los letrados, los diplomáticos, venezolanos, los grandes diplomáticos. Fortíquen, Arbarte, Nicanor Borges y Eduardo Calcaño siempre estuvieron bajo la preocupación del dictado del caudillo que estuviera de turno”.
“Fíjese que ese es un conflicto que se ha reflejado en las redacciones, no solamente en lo de los límites, en todos los acuerdos, porque siempre el gobernante venezolano, no cualquiera que sea su fallido, tiene un poder en casi todas las ocasiones superior a la de los tratados. El estilo con el que trató Cipriano Castro las relaciones con Colombia fue de amor-odio, porque él era liberal, también en Colombia, y el régimen colombiano de esa etapa era conservador, Marroquín, y antes Rafael Núñez. Entonces el riesgo era hasta cerrar un río común en ese momento, el río Zulia y Catatumbo, por el que subían las cargas de café colombiano hacia el mar Caribe, y llegaba la mercancía a la provincia tan pronto”.
“Sí, bueno, entonces la tesis de Gómez con Colombia fue ‘con el vecino no se pelea’ y mantuvo una frustración en la que el laudo vino a cumplir bajo su gobierno en el año 21, con comisiones que recorrieron todo el río. El laudo suizo, pero para esa época, 1921, no tenía al mundo marino la importancia que surge después de la Segunda Guerra Mundial con el mar territorial y todas las denominaciones. Y si a eso se agrega el descubrimiento de yacimientos petroleros en la zona del conflicto, pues lo que se hubiera podido arreglar el año 21, esa parte marítima y todas las líneas terrestres, pues no se pudo”.
“Eso lleva ya, en la nueva etapa de negociación, 20 años con la mejor voluntad de parte a parte por resolver. Y alguna vez he estado cerca de resolverlo, ¿cuál es el momento que usted tiene? ¿Qué usted siente que hemos estado más cerca?”. El momento en que la solución estuvo más cerca fue con Rómulo Betancourt, porque inmediatamente después vinieron aquellas conversaciones entre Carlos Lleras Restrepo, que no era presidente todavía, y Virgilio Barco y Pérez Guerrero.
“Cuando Venezuela envió a Rubén Sáder Pérez, presidente de la Corporación Venezolana del Petróleo en Colombia, a hablar de la Alianza Colombo-Venezolana en la explotación del yacimiento. Entonces la situación cobró una característica que han ido prolongando unos, como Luis Carlos Galán, y creo que Uribe Vélez: aplacemos por 50 años la solución del problema. A mí me dijo Luis Carlos Galán, que murió un mes antes de ser elegido presidente: ‘Voy a venir y voy a proponer que aplacemos el problema en las áreas marinas y submarinas del golfo’”.
“Ahora hay una cuestión: Colombia desde la colonia ha tenido la salida al mar Caribe por la depresión Cúcuta-Táchira, por los ríos Zulia, Catatumbo, al lado de Maracaibo y el lago. Entonces hubo un problema como el de Castro, de cerrarle el acceso, pero siempre ha habido ese problema: cómo no pueden llegar hasta el río Magdalena por la parte oriental, entonces la salida esta, y eso se mantiene en la actualidad. Siempre Colombia ha buscado la salida al mar Caribe”.
Bien, en la última parte del programa veremos los últimos aspectos que trato de esta larga entrevista con Ramón J. Velásquez. Ya regresamos. En esta última parte de la entrevista entró en asuntos más personales y le pregunto al doctor Velásquez: “Y en lo personal, ¿qué proyectos tiene? ¿Está organizando algún libro?”.
Y me dice: “Estoy terminando un libro sobre los cuatro constructores del Estado nacional, que son Castro, Gómez y López y Medina. Yo los he visto como constructores del Estado, la diferencia entre ellos y los partidos que vinieron después es que ellos se ocuparon de construir el gobierno y Acción Democrática, COPEI y el más de los derechos del ciudadano y de los derechos políticos y sociales. Estamos trabajando mucho en el grupo que bajo el signo de Gómez adelantó la modernización del país, como Pedro Manuel Arcaya, en su labor de codificación moderna, porque él creó en el año 14 la comisión codificadora”.
“Se refiere a Gómez, por supuesto. Estoy estudiando lo de Román Cárdenas en materia de reforma fiscal y de finanzas nacionales. También estoy trabajando el tiempo en que se echaron las bases de la Organización Sanitaria. Allí va a hablar el doctor Velásquez: D. Arnoldo Gabaldón. Y también dice: ‘La otra cosa que estuve estudiando es la oposición a Gómez, yo creo que esos grupos solitarios merecen estudio: ese guerrillero no dormía, Arévalo Sedeño; luego Peñalosa, años, y Horacio Ducharne, en Monagas, con aquel final trágico, hombre de barba’”.
“También estudio ese episodio, Román Delgado, que mete un barco, gente que había estado con Crespo, ministros de Castro, ministro de Gómez, gente se había alzado en el año 18 contra Gómez y la gente de la Generación del 28, como Rafael Vegas, como Armando Sulvaga Blanco, esos jóvenes, y los trae a Cumaná. Además, hubo un pensamiento liberal positivista, y a partir del 25 empieza el pensamiento marcista con dos jóvenes que van a la Unión Soviética: Salvador de la Plaza y Gustavo Machado. Después viene Betancourt con su interpretación de la historia nueva, porque ese es otro fenómeno, a la vieja oposición que era liberal cuando regresa en el año 36, nadie le hace caso. En cambio Betancourt, por un lado, Machado por otro, llenan las plazas”.
Bien, muy interesante este punto también. Le digo... Le hago una reflexión y una pregunta larga de mi parte: hace unos siete u ocho años, quizás más, usted dio unas declaraciones muy importantes, le digo yo. Usted advertía acerca del deterioro de los partidos políticos y el sistema en la democracia de partidos, que se estaba creando un vacío, y dijo: “El próximo presidente o el próximo candidato a presidencia va a provenir de los medios”.
De alguna manera eso fue cierto, en la medida en que Irene Sáez, que llegó a tener un porcentaje altísimo, 70%, proveniente de los medios, hasta que se le atravesó el comandante Chávez. Pero también, el comandante Chávez fue un producto mediático en muchos sentidos. Todo esto se lo estoy diciendo yo para desembocar en la pregunta: de aquellos años en que usted hizo esa advertencia, al sol de hoy, 2002, ¿mantendría esa misma opinión o el escenario ha cambiado?
Y entonces dice Velásquez: “No, no solo la mantengo, sino que el primer partido político nacional son los medios de comunicación social. Volver al equilibrio va a ser lento porque el país se ha acostumbrado a tener la concepción y luego la opinión que los medios le brindan. Además la aldea global es una realidad. Hoy el Táchira, San Fernando de Apure, Maturín, Puerto Ordaz son urbanizaciones de Caracas. A veces se tarda uno más en llegar del centro a Cerro Verde que de Caracas a San Fernando de Apure”.
“Eso ha significado una revolución del espacio y el tiempo. Hoy el hombre en la Piedra del Cocuy, y el hombre en Tucupita, y el hombre en Kenikea, están valorando el problema de los militares, de la Iglesia y de Chávez. ¡Igual! Y a veces tienen más tiempo al alcance de las cosas allá. Entonces los medios se han ido convirtiendo en unas fuerzas nacionales”.
“El poder es inmenso, de tal manera que el próximo presidente de la República también va a ser fruto de los medios, no se va a reducir la influencia”. Bien, fíjense, muy interesante esta observación. Y finalmente le pregunto: “Usted como historiador, como analista o político, ¿qué nos puede decir de estos cuatro años del gobierno de Chávez?”.
Ya se pueden dar unas pinceladas de lo que históricamente ha significado este gobierno. Estamos en el 2002. Y él dice: “Yo he dividido y sigo dividiendo esta etapa en dos partes: Chávez y la sociedad venezolana. Sostengo siempre, lo sigo sosteniendo, que esta crisis que estamos viviendo es la más profunda de Venezuela moderna. Desde 1864, en el que se funda la República Federal, hasta 1993 no hemos vivido una crisis tan profunda, porque ha movido los cimientos de las instituciones que se debían modernizar”.
“Por ejemplo, la Constitución de 1864 se modernizó con reformas 74, 81 y 93, y luego en las siete reformas del general Gómez, la reforma de López, la de Medina y en las dos constituciones democráticas. Esas reformas versaban sobre el período presidencial: cuatro o cinco, seis años, después dos de Guzmán, después cuatro de Crespo, después cuatro de Castro, que amplió a seis, no lo cumplió, después Gómez con 7, luego como Gómez lo redujo a 5, ¿y quedó así? Hasta el 61. Lo moderno estuvo en la Constitución del 47 y el 61, los derechos sociales”.
“La constitución que ha durado más es la de 1864 —la de 100 años, entonces—, esta es la actual, es la que rompe completamente las estructuras. La constitución actual es una constitución presidencialista. Las constituciones anteriores respetaban los tres poderes. Esta Constitución los amplía a cinco, pero liquida la autonomía y las jerarquías del poder legislativo y convierte el Congreso en una Asamblea Nacional que puede ser disuelta por el presidente”.
Bien, aquí va el doctor Velásquez analizando históricamente la situación. Hasta que termina la entrevista no nos queda tiempo para referirla, pero faltó muy, muy poco. Ha sido un gusto como siempre hablar para ustedes. Soy Rafael Arráiz Lucca, me acompaña en la producción Inmaculada Sebastiano y en la dirección técnica Giancarlo Caravalle. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba rafaelarraiz.
En nuestro próximo programa continuaremos con esta serie de Venezolanos excepcionales y trabajaremos a otro gran venezolano, que en su momento advertirán quién es. Hasta nuestro próximo encuentro.