4 inmigrantes luminosos. Grases, García Bacca, García Pelayo y Nectario María
El país les debe el oro y el moro. Gracias.
Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca. Venezolanos que nacieron en otros países. Hay inmigrantes que llegaron a Venezuela en diversos momentos de sus vidas y se quedaron aquí para siempre, y a su vez hicieron grandes aportes a la vida venezolana en las áreas en las que ellos se desarrollaron. Vamos a comenzar con uno cuyos aportes fueron extraordinarios: me refiero a Pedro Grases.
Pedro Grases nació en Cataluña y llegó a La Guaira en el vapor Simón Bolívar, en agosto de 1937. Entonces ese barco venía del Boloño Sur Mer de Francia y Pedro Grases tenía 28 años. Venía con una esposa con la que se había casado en 1933 allá en Barcelona, Asunción Galofré, y dos hijos varones tan pequeños que apenas sabían hablar.
Para ese momento Grases había concluido dos carreras universitarias y se había doctorado en ambas: era doctor en Derecho y en Filosofía y Letras. Había sido secretario de Carlos P. Suñer, un eminentísimo republicano catalán que batallaba a diario con los asuntos de la política y muchos otros temas. Y fue cómo la Guerra Civil Española le hizo la vida irrespirable a esta joven pareja catalana, Grases Galofré, y tomaron el camino hacia Francia en 1936. Y allá se establecieron en un pueblo llamado La Chapelle-au-Bois y finalmente tomaron la decisión de embarcarse hacia América en ese barco, el Simón Bolívar.
Y él afirmó en una entrevista sostenida conmigo lo siguiente: "Cuando llegué a La Guaira me parecía que el cielo estaba abierto y la gente era simpática. A los pocos días conocí al ministro de Educación y me preguntó: ¿Qué ha hecho usted? Y yo le respondí: pues estudiar y aprender. Inmediatamente me nombraron profesor en el Instituto Pedagógico Nacional".
Esto me dijo a mí en una entrevista en junio del año 2003, cuando lo entrevisté para un libro que se titula España y Venezuela. 20 testimonios, publicado por la Fundación para la Cultura Urbana y la Embajada de España en Venezuela en el año 2004. Es muy probable que esta haya sido la última entrevista que concedió Pedro Grases. Y esos años de docencia de Grases entre nosotros incluyen las asignaturas que impartió en el Liceo Fermín Toro, la Escuela Normal Superior de Andrés Bello y el Colegio América, también en la Universidad Central de Venezuela y luego en la Católica Andrés Bello.
Se mantuvo en la docencia en Venezuela durante 42 años, contribuyendo con la formación de varias generaciones de venezolanos, que por supuesto lo recuerdan como un profesor de muy altos vuelos. Estos primeros años en la vida de Grases o de los Grases en Caracas además trajeron un experimento insólito e inédito entre nosotros. La familia Balbillana, también catalana, y los Grases eran tan amigos que un día Pedro Grases le preguntó algo inesperado: ¿por qué si nos queremos tanto no vivimos todos juntos? Y a ustedes, se refería a las mujeres de ambas familias, que no les gusta cocinar, pues busquen un cocinero para ser más felices.
Y así fue. Los Grases y los Balbillana se fueron a vivir en la misma casa y vivieron juntos durante 12 años y medio, con una gran armonía, esa armonía con la que viven los espíritus superiores. Esto no es fácil, por supuesto. Este es un dato anecdótico, ¿verdad?, pero que explica muy bien el espíritu de estos inmigrantes catalanes en Venezuela.
Y a la par de la actividad docente de don Pedro comienza una obra titánica que la precisa y organiza muy bien el profesor Ildefonso Méndez Salcedo en un libro que se titula Apuntes para el estudio de una trayectoria intelectual, publicado por la Fundación Pedro Grases en Caracas en 2003. Además, el propio Grases le dio organicidad a su trabajo al estructurar él mismo sus obras completas, que fueron publicadas en vida de don Pedro en 21 tomos. Esto comenzó a publicarse en 1981 por la editorial catalana Seix Barral Editores, una de las legendarias editoriales catalanas. Y lo que se evidencia de ambas organizaciones es que el propio autor, Grases, fue dibujando un plan de indagación e inmersión completo.
Nunca antes se había adelantado, ni nadie se sintió la necesidad de hacerlo: un plan de inmersión en la venezolanidad. Me refiero entonces a que Grases asumió el estudio de la venezolanidad en un arco que fue desde los primeros espíritus libres, los de Igual y España, pasando por la generación constructora de la República hasta llegar a nuestros días, o a los días en que Grases dejó este mundo, en 2003, porque estuvo trabajando hasta el final de sus días. A cada uno de estos hombres que Grases fue precisando se propuso estudiar sus vidas, ordenar sus aportes, clasificar sus papeles e incluso rescatar en librerías remotas unos ejemplares incunables que ya no se conseguían en Venezuela o que se habían perdido para siempre. Es el caso del Triunfo de la libertad sobre el despotismo de Juan Germán Roscio.
De modo que son muchos los aportes de Grases en materia bibliográfica y claro, por si acaso alguien no lo ha advertido todavía, solo puede adelantarse un trabajo como este, solo lo puede adelantar un hombre pletórico de amor al prójimo, muy por encima del amor que se profesaba a sí mismo, ya que en el caso de Grases sería una grosería invocar esto. Y ya que toda la obra de Grases está volcada en admiración de la obra ajena, tanto en salvamento de obra desperdigada, perdida, o como esfuerzo consciente por encontrar un orden en el caos que dejan estos autores al morir y que no han organizado ni sus obras ni sus vidas de ninguna manera.
Entonces para ese trabajo estaba Grases allí todo el tiempo, estaba como un trabajador incansable entre papeles. Cuando uno lo saludaba y le preguntaba cómo estaba, Pedro decía: "Aquí, entre papeles", porque él vivía entre papeles organizándolos. Cuando él decía papeles está hablando de muchas cosas: libros, folletos, documentos, papeles, cartas y muchos elementos cuyo soporte es el papel.
Ahora esa inmersión venezolana de Pedro Grases comienza con Andrés Bello, a quien Grases va a estudiar en todas sus facetas. Incluso organiza las etapas de su biografía, indaga en los aportes filológicos, gramaticales, historiográficos, de crítico literario, del poeta y el filósofo, y académico, que son las facetas de Andrés Bello. También va a estudiar Grases la generación preindependentista, allí recoge el aporte de los viajeros, culmina la etapa con la generación, o el estudio de las generaciones que adelantaron la independencia venezolana.
En esta sección es notable la aproximación de Grases tanto a Miranda como a Bolívar, pero todavía, a mi juicio, más importante su rescate y comprensión del venezolano mejor formado de su tiempo, del que más hondo llegó en la teorización escrita sobre los motivos de la libertad. Por supuesto me estoy refiriendo a Juan Germán Roscio. También, obviamente, el estudio sobre los textos fundamentales bolivarianos por parte de Grases es muy valioso e insoslayable, de gran utilidad.
Luego, Grases va a hacer énfasis en lo que él llama la tradición humanística venezolana, compuesta por Sanz, Rodríguez, Vargas, Cajigal, Toro, González, Baralt y Acosta. Además de los que ya nombré, por supuesto: José María Vargas, Simón Rodríguez, Juan Manuel Cajigal, Fermín Toro, Juan Vicente González, Rafael María Baralt y Cecilio Acosta. Además, su historia de la imprenta en Venezuela es la primera de su magnitud y significación. La monografía dedicada a Valentín Espinal también es notable.
Pero sigamos en la próxima parte del programa con estos aportes extraordinarios de Pedro Grases a la Venezuela de aquel y de este tiempo y del futuro, por supuesto. Ya regresamos.
Bueno, cualquier investigador de la historia o de la literatura nacional sabe que es imposible acercarse a estos ámbitos sin detenerse en los estudios de Grases. Así lo afirmó Arturo Uslar Pietri en 1969, cuando buena parte de la obra venezolanista de Grases estaba hecha, y entonces afirmó lo siguiente: "Con pedagógico tesón, con paciencia secular de forjador o sembrador, con pasión inagotable por la cultura, se entregó a la fascinante y en buena parte incierta empresa de rehacer la historia cultural del país. Toda una biblioteca de libros y folletos es la cosecha de esa tarea inagotable y sin término; no se podrá escribir sobre las letras y el pensamiento venezolano sin mencionar a Grases, sin servirse de Grases, sin seguir a Grases en toda la asombrosa variedad de sus pesquisas y hallazgos".
Es un bello reconocimiento y homenaje por parte de Uslar Pietri a Pedro Grases. Sus aportes docentes ya estaban señalados en este programa, y su obra de investigador, de la historia y la literatura, también: hemos dado algunos ejemplos. Es imposible abarcar toda la obra de Grases; falta señalar su tarea de bibliófilo. Esa pasión lo llevó a coleccionar durante décadas una biblioteca de más de 60.000 volúmenes que le fue donada a la Universidad Metropolitana, y esa institución, en homenaje al maestro Grases, denominó el espacio central de la vida académica, que es la biblioteca, con su nombre: la Biblioteca Pedro Grases.
Y quienes damos clases allí, en esa entrañable universidad, contamos con un tesoro de las humanidades a mano. También está a la disposición de cualquier usuario y sin duda es una de las mejores bibliotecas del país. Hoy en día además se añade a la biblioteca Grases la Biblioteca Uslar Pietri, que fue donada por Uslar a la Metropolitana, y la Biblioteca de Ramón J. Velázquez, que fue donada por sus hijos a la Universidad Metropolitana.
Esta relación de Grases con la universidad viene por el vínculo que tuvo con Eugenio Mendoza Goiticoa, el fundador de la Universidad Metropolitana, que fue su amigo y su alumno, porque Grases le impartió clases a Mendoza durante muchos años, ya que Mendoza no estudió sino hasta primaria. Hasta la escuela primaria; esos vacíos en formación, el conocimiento los fue llenando Grases a lo largo de años, dándole clase todos los días a Mendoza al comenzar el día. Y todos los testimonios que hemos pulsado hablan de una virtud que Grases cultivó, hasta podemos decir: ¡qué delirio!
¿A cuál virtud nos referimos? Al arte de ser amigo, de propiciar el diálogo. Por eso es que durante más de 50 años tuvo lugar en su casa la llamada tertulia sabatina: ahí se reunieron generaciones de investigadores, incluso una época se llevaba un acta, lo que se discutía, y la verdad es que todos los que alguna vez necesitamos de Grases por alguna investigación que estuvimos haciendo y nos acercamos a él fuimos recibidos con la mayor generosidad, sin un ápice de mezquindad, sino con la mayor generosidad, señalándonos el camino: mira, busca por acá, busca por allá, existe esto, todo en tal sitio, entra al otro. Hombre generoso. De modo que yo encuentro tantas virtudes en su vida y en su obra.
Y tanta sabiduría acumulada en su dilatadísima existencia, que no puedo sino aceptar su vida como una proposición modélica, prácticamente. Cuando lo fuimos a llevar al cementerio fue verdaderamente duro, y fue un 15 de agosto del año 2004 que murió Pedro Grases en Caracas. Había nacido en un pueblito, Villafranca del Penedés, el 17 de septiembre del año 1909, de modo que vivió mucho, casi unos 95 años, y llegó a Caracas con un fervor total.
Amaba El Ávila, era uno de los amantes del gran cerro o la gran montaña que preside esta ciudad maravillosa. Y la verdad es que los juicios que uno puede articular sobre Grases son todos absolutamente favorables. Todos, pues los aportes fueron a Venezuela extraordinarios y tuvimos una gran suerte que aquel hombre que se montó en aquel barco en Boloño Sur Mer se bajara en La Guaira y se enamorara de este país, para siempre se quedara aquí e hiciera su obra completa entre nosotros.
Vamos a ver ahora otro español que estuvo aquí, hizo una obra de la mayor importancia, y vamos a hablar de él con base en un libro que publicó hace ya muchos años el Banco Central de Venezuela en homenaje a Juan David García Bacca, uno de esos extraordinarios profesores que recaló en Venezuela aventado por la tragedia de la Guerra Civil Española.
El título del libro en homenaje a García Bacca es Vivir dos veces despierto. El prólogo es de José Rafael Revenga y allí escriben sus hijos, Francisco y Cristina García Palacios. Escribe Juan Francisco Porras-Rengel, Carlos Beorlegui, Ignacio Isusquiza, Marisa Conbecker, Óscar Zambrán Urdaneta, Miguel Ángel Palacio, Benjamín Sánchez, Jesús Baceta, Cristina de la Cruz Ayuso, Roberto Aretzaga Burgos, Verenice Gómez Toloza y quien les habla. Cada uno de estos textos aborda facetas de la vida del gran filósofo español radicado en Venezuela y en Quito también, Juan David García Bacca.
Yo centré mi trabajo allí, en homenaje a García Bacca, con una autobiografía que él escribió hacia el final de su vida. Y bueno, esto se ha dicho mil veces, pero la verdad es que hay que repetirlo: hemos sido poco dados al texto confesional, los hispanoamericanos, felizmente esto está cambiando, ¿verdad? Y este es un ejemplo del cambio. García Bacca escribió una autobiografía intelectual de su trayecto, cómo fue formándose, y recordemos entonces que ese niño García Bacca va a ser entregado por sus padres al seminario en 1910.
Ese niño tiene 9 años y él va a regresar del mundo conventual, donde se formó como sacerdote, en 1938, cuando tiene 37 años, de modo que tuvo 28 años de vida religiosa. Esto muy poca gente lo sabe, y allí en ese texto lo que el gran filósofo confiesa de su experiencia dentro de una institución de la Iglesia Católica es verdaderamente conmovedor. Claro, las críticas que hay allí se refieren a este período; la Iglesia católica ha cambiado mucho, de modo que él estuvo allí entre 1911 y 1938.
Y allí estuvo contra su voluntad, esto hay que recordarlo: él ingresa allí porque sus padres no tenían cómo darle de comer, prefieren que lo eduquen los curas a que se les muera de hambre el muchacho. Pero la vocación religiosa de García Bacca no existía, de modo que aquellos años fueron deformación por una parte, pero también unos años muy duros para él porque él no estaba allí por motu proprio, sino por la necesidad.
En la próxima parte del programa seguiremos viendo a Juan David García Bacca a través de esta autobiografía que escribió el gran, gran filósofo español radicado en Venezuela, profesor de la Universidad Central de Venezuela, traductor de la obra de Platón y, por supuesto, considerado en nuestro país y en España como uno de los grandes filósofos del siglo XX. Ya regresamos.
Referíamos en la parte anterior del programa La autobiografía de Juan David García Bacca y allí vemos que el espíritu libre de este filósofo un día no soportó más el corsé de los dogmas y abrió la puerta y se fue del seminario, evidentemente nada más difícil para quien quiere pensar con libertad que la sujeción a un cuerpo de dogmas de fe inamovible. De modo que esa petrificación dogmática él no pudo con ella: él quería pensar libremente y lo que le tocaba era irse.
Y eso fue lo que hizo el maestro García Bacca: quería pensar, quería hacer filosofía; la muy respetable teología no estaba entre sus proyectos intelectuales hacia el futuro, y por eso en 1938, cuando tenía 37 años, se va del seminario, abandona la sotana y se va al mundo civil. Él relata todo esto allí, lo relata. Y a mí me conmovió profundamente la relación de la batalla que el joven sacerdote daba entre sí mismo y la Iglesia a la que pertenecía, y la enorme valentía de trabajar esa batalla llegado el momento del recuento final, la obra confesional que es su autobiografía.
El tema de la vida religiosa, del claustro, el celibato, son temas sumamente interesantes, sobre todo el tema del celibato. Es un asunto conciliar, no es un asunto que esté en el evangelio, y en esto felizmente el papa anterior, ese hombre inteligentísimo que es Joseph Ratzinger, acaso el papa mejor formado de toda la historia de la Iglesia católica, dejó una rendija al afirmar que ya hay sacerdotes casados dentro de la Iglesia Católica. Él se refiere a aquellos sacerdotes que se han convertido después de haber formado familia. Ese tema está muy sobre la mesa, digamos así.
Ahora, además, los acontecimientos recientes de la Iglesia son un tema que siento que tiene que seguirse discutiendo: que el celibato sea una opción y probablemente deje de ser una exigencia. Quien quiere hacerse célibe, bienvenido, se le respeta, pero que no sea una exigencia. Pareciera, ¿que eso es posible? Que ocurra... Pero ¡no lo sabemos!
En todo caso, de estos y otros temas va a hablar García Bacca, ese gran filósofo, en su autobiografía intelectual, que tuve el placer de leer y escribir sobre ella. Veamos ahora a otro español que se radicó entre nosotros y que también hizo una obra de gran significación. Vamos a referirnos a Manuel García Pelayo y sobre todo nos vamos a referir a un ensayo de García Pelayo, publicado por la fundación que lleva su nombre en el año 2004.
Es una reflexión de García Pelayo sobre el resentimiento. Se titula Notas sobre el resentimiento en su dimensión psicopolítica. Recordemos que García Pelayo desarrolla buena parte de su obra científico-política entre 1958 y 1979 en la Universidad Central de Venezuela. Ya para cuando llegó a Venezuela era una autoridad del derecho constitucional y en historia política. Y aquí fundó el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Central de Venezuela, contribuyó decisivamente a crear la carrera de Ciencias Políticas. Y sus aportes a este mundo en Venezuela son determinantes, ¿y en España también?
Por supuesto. En cuanto al resentimiento, que él va a trabajar con base en un ensayo de Max Scheler, son muy interesantes las observaciones que tiene García Pelayo sobre el resentimiento. Fíjense lo que dice: "Consiste en un odio impotente hacia aquello que se admira o se estima, pero que no se puede ser o no se pueda poseer. Se estiman ciertos valores, pero se odia a quienes los poseen y a los valores mismos en razón de que no se tienen".
En su forma extrema el resentimiento transforma el odio en la negación de los valores vigentes y en la postulación a un sistema de valores contrarios, es decir, una inversión de valores. Y bueno, hasta aquí la cita, y pudiera añadirse como una mínima apostilla que la envidia, que es acaso la más común y primaria de las emociones, puede ser el punto de partida del resentimiento.
Y también se puede decir que el asunto no es el resentimiento como tal, sino la manera cómo se procesa el resentimiento. En otras palabras: ¿cómo transformo una emoción negativa en otra positiva y me afilio a una energía creadora y no a una energía negadora? Es decir, no se trata de negar el resentimiento o el sentimiento de envidia que se robustece hacia el resentimiento en su paso siguiente, sino atajar esa pulsión en el momento, advertirla y convertirlo en otra cosa, convertir la envidia y el resentimiento en algo diferente, en algo positivo. En admiración, ¿por qué no?
Y cuando García Pelayo trabaja las etapas del resentimiento nos regala observaciones de gran lucidez. Por ejemplo, él dice: "La actitud de personalidad resentida es siempre negativa para todo lo que no sea como ella misma, o forme parte de ella misma". Fin de la cita, y bueno, ya aquí es evidente la simbiosis entre el egocentrismo y el resentimiento, y estos temas nos interesan y le interesan a un politólogo como García Pelayo porque ¿qué ocurre cuando el resentimiento ejerce el poder? ¿Qué ocurre cuando esa emoción de la envidia o del resentimiento actúa en la esfera política?
Pues lo primero que uno puede advertir es que todo se va minando por los propios prejuicios del resentido y el resentidor, estableciendo un mundo de parcelas, de incluidos y excluidos, de acuerdo con la afiliación a su visión de las cosas. Pudiese decirse incluso que el resentido es infantil y no ha superado una emoción primaria, que no ha trabajado su psique adultamente y que reacciona de manera elemental. Esto sí ocurre dentro del ámbito de las personas, pues bueno, es un tema personal.
Pero cuando quienes ejercen el poder padecen de estas emociones, el tema ya se convierte en un asunto público. Recordemos que García Pelayo está escribiendo, refiriéndose a un ensayo de Max Scheler sobre el resentimiento, y Scheler seguramente está pensando en el mundo europeo, obviamente. Obviamente el mundo europeo, y por aquí no nos extrañaría para nada que estuviese pensando en el nazismo, en Hitler y en toda esa carga de resentimiento que uno advirtió siempre que se acerca al mundo hitleriano. Sigo con García Pelayo, que sigue pensando sobre el tema y vuelve y señala, cito: "Otro grado más adelantado en el proceso de resentimiento es la perfidia, en la que el impulso hostil y negativo se ha hecho más hondo y está dispuesto a saltar en gesto incontrolado. En fin, la maldad que trata de provocar nuevas ocasiones para alegrarse del perjuicio ajeno".
Bueno, esto estamos hablando de lo peor, y esto lo está escribiendo García Pelayo, y lo cierto es que la perfidia se cuece en el horno de la tradición y la deslealtad. Son daños graves, pero menores en comparación con la maldad. Ya que al proferir la maldad se busca perjudicar a otro expresamente y de la peor manera posible, de modo que esto ya estamos hablando de otros temas.
¿Por qué García Pelayo aborda estos temas del orden de la psicología personal? Porque está estudiando la política y la política la ejercen los hombres. Si los hombres padecen de estas emociones primarias sin haberlas trabajado, sin haberlas superado, sin haberlas educado, pues el daño que pueden causar en las sociedades... En la próxima parte del programa veremos otro inmigrante que se quedó en Venezuela para siempre: el hermano Nectario María.
Ya regresamos. Hablemos ahora de Luis Alfred Silvano Platón Bonichel, es decir, el hermano Nectario María, que nació en Francia el 28 de octubre de 1888 y que va a llegar a Barquisimeto el 6 de marzo de 1913. A los 25 años ya ordenado en la congregación que fundó San Juan Bautista de La Salle en 1680. Y los miembros de esta orden, al franquear la puerta espiritual del instituto, abandonan su nombre de pila para siempre y acogen otro, permanentemente antecedido por el vocablo hermano. Por eso es que él se llama el hermano Nectario María.
Y así fue como Nectario María comenzó a enseñar en el legendario Colegio de La Salle de Barquisimeto y dejó de ser el francés Louis para transmutarse en venezolano Nectario, para felicidad de la comunidad que lo acogía. Cuando eso comenzó, él no sospechaba que acometería una de las obras historiográficas más consistentes y voluminosas que se ha tejido entre nosotros, compuesta por 370 piezas entre libros y folletos y monografías. Y la magnitud del aporte del hermano Nectario María a las ciencias históricas venezolanas es proporcional a la inadvertencia que pesa sobre su obra y su nombre.
Él se entregó a hurgar en el pasado nacional, recorriendo decenas de archivos de diversos países del mundo, buscando esclarecer los hechos para salvarlos del olvido. Y su propia obra y vida se han mezclado con la materia que él mismo intentaba rescatar. Su obra historiográfica, por cierto, encuentra su piedra fundacional en un impedimento. En una de esas coyunturas gubernamentales en Venezuela se le impidió a los extranjeros impartir la asignatura de Historia de Venezuela, con lo que al hermano Nectario María le clavaron una flecha en la diana de los retos.
Si no podía enseñar, podía investigar para esclarecer todos los hechos nacionales que pudo, y se dedicó a las historias fundacionales de la ciudad de Barinas, Caracas, Barquisimeto, Maracaibo, Acarigua, Valencia, Quíbor, Carache, así como otros textos generales de Historia de Venezuela y de historias de las devociones por la Virgen María, que son algunas de las investigaciones del Nectario María.
Hay otra investigación de grandes proporciones que fue lo que él hizo en el Archivo de Indias de Sevilla. Todo el capítulo venezolano del Archivo de Indias de Sevilla fue organizado por él, y en eso estuvo casi veinte años. Y, según Rodríguez, un alumno del historiador y entusiasta de la fundación que lleva su nombre, Nectario María hizo un fichero con todos los documentos en lo que se refiere a Venezuela. Ese fichero está compuesto por 112.623 fichas, que de no existir ese fichero sería casi imposible la labor del investigador, y luego transcribió la documentación fichada; esto se conoce en el Archivo de Indias de Sevilla como traslados del hermano Nectario María. Esos traslados están compuestos por 18 tomos con 1.561 volúmenes.
Imagínense: 20 años de trabajo. Pero bueno, si ya la obra del hermano Nectario María, antes de irse a Sevilla, era grande, bebiendo en aquellas fuentes documentales ahora en Sevilla pasó a ser un río portentoso, ya que un hallazgo llevaba a otro y a otro. Y Dios le iba dando crédito a su salud, que estaba resentida desde niño, y la verdad es que debo confesarles que cuando estuve en el Archivo de Indias se me anegaron los ojos de emoción ante los tomos ordenados por el hermano.
Lo que pasa es que a mí, como a mucha gente, nos emocionan hasta las lágrimas el trabajo que se hace en ofrenda de otros y en tributo a la utilidad, de modo que aquella tarde mi admiración por este venezolano que nació en Francia, para mí llegó a ser devocional. De modo que esa es la obra del hermano Nectario María, una obra de profesor, de investigador en la historia de Venezuela y organizador en el Archivo de Indias de Sevilla.
De todo el capítulo dedicado a Venezuela, una vida absolutamente útil, de gran utilidad, por la que los venezolanos no podemos tener otra cosa que gratitud. Bien hemos repasado en este programa algunos aportes de cuatro venezolanos que no nacieron aquí: Pedro Grases, Juan David García Bacca, Manuel García Pelayo y el hermano Nectario María. Tres españoles y un francés que, con sus vidas venezolanas, hicieron grandes aportes al estudio de la venezolanidad y que nosotros ahora celebramos, recordamos y aplaudimos fervorosamente.
Esto es Venezolanos y habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Francisco Hill. Y en la dirección técnica Francisco Hill. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com, en Twitter arroba rafaelarraiz. Ha sido como siempre un gusto hablar para ustedes. Hasta nuestro próximo encuentro.