Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Estamos en la serie sobre el siglo XX venezolano, este es el capítulo 9 y último. Con este capítulo concluimos esta serie y vamos hacia otra. En el programa anterior estuvimos viendo los hechos del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez y también los hechos que condujeron a la presidencia de la República de Transición de Ramón J. Velázquez, el que lo fue entre 5 de junio de 1993 y 2 de febrero de 1994.
Es evidente que la segunda presidencia de la República de Pérez fue intensa en cambios políticos. Uno de ellos, el más importante probablemente, la descentralización. Otro muy importante, los cambios económicos, es decir el paso a una economía con fuerte presencia del Estado a otra donde el mercado tenía la palabra y además, de lo imprevisto para la mayoría, la insurgencia de una conjura militar como vimos en el programa pasado.
A esto se suma que nunca antes un presidente en ejercicio había sido separado del cargo con fundamento en Estado de Derecho, aunque no podemos dejar señalar que respetadísimos juristas como el doctor Alberto Arteaga afirman que se cometió un abuso de derecho tanto en la solicitud de antejuicio de mérito como en la sentencia. De modo que la estructura política del país cambió. La democracia de partidos políticos entró en crisis y, como veremos luego, el bipartidismo desapareció. A todo esto se suma la insurgencia de nuevos actores políticos: los jóvenes militares insurrectos que, con el tiempo, llegarían al poder por la vía pacífica después de haberlo buscado por las armas.
Tenemos entonces este breve gobierno de Velázquez cuyo primer problema que confrontó al no más asumir el mando fue uno vinculado con el proceso electoral. Los partidos políticos iban a enfrascarse en una contienda electoral y no estaban dispuestos a formar parte del gobierno de Velázquez, de modo que él tenía que buscar formar un gobierno con independientes sin el respaldo de los partidos políticos que lo llevaron allí.
Que son básicamente Acción Democrática y Copei. Sin embargo le otorgaron en el Congreso Nacional una ley habilitante que le permitió gobernar en materia económica y financiera por la vía de los decretos.
Esto fue muy importante porque, gracias a ello, se aprobó el IVA, el Impuesto al Valor Agregado. Eso ocurrió en noviembre de 1993. Recordemos que este tributo, el mismo Parlamento, se lo había negado a Carlos Andrés Pérez. ¿Por qué?
Porque estaban en medio de una confrontación política que tenía lugar entre Pérez y Acción Democrática, su partido. Separado Pérez del cargo, aprueban el IVA. El gabinete ejecutivo de Velázquez estuvo integrado por una mayoría absoluta de independientes, como decía antes, y él impulsó la descentralización.
Velázquez crea el Ministerio de Estado para la Descentralización a cargo del profesor Allan Randolph Brewer Carías. También, Velázquez tiene que enfrentar acciones terroristas de grupos desestabilizadores, como los que detonaron bombas en el estacionamiento del conocido Centro Comercial Caraqueño, el CCCT. Así como el saboteo interno dentro del Palacio de Miraflores, donde Velázquez aparece firmando una carta que indultaba al narcotraficante Larrito Baracuña, un hecho que causó una gran conmoción pública, por supuesto, porque el Dr. Velázquez estaba muy lejos de estar participando en algo así.
Además el espíritu dialogante y conciliador del Velázquez lo llevó a intentar la conformación de un acuerdo nacional, motivo por el cual tuvieron lugar innumerables reuniones en el Palacio de Miraflores, pero no se alcanzó ningún acuerdo. La circunstancia electoral pesaba demasiado en el ánimo de las fuerzas políticas y así fue como se avanzó a las elecciones de diciembre de 1993. En esas elecciones desaparece el bipartidismo en Venezuela y, aunque la candidatura de Caldera lucía ganadora, las cifras de las encuestadoras reflejaban un cuadro extraño que no se observaba desde las elecciones de 1968, cuando el electorado se dividió en cuatro partes similares. La situación era impensable años antes.
Recordemos que Caldera había sido lanzado por el MAS y un partido político creado para la ocasión, Convergencia, mientras que el partido histórico que había fundado Caldera en 1946 lanzaba a su propio candidato, que era Osvaldo Álvarez Paz.
De modo que aquí tenemos una crisis ya profunda de los partidos políticos tradicionales. Caldera gana las elecciones con el 30,46% de los votos; el partido que más sufragio recibió fue Acción Democrática con 24,07%. Convergencia obtenía 13,43%, el MAS 10,87%, Copei 22,80%, La Causa R 20,78%. Después de Caldera, en una justa muy apretada, llegaron de segundo Claudio Fermín, de tercero Osvaldo Álvarez Paz y de cuarto Andrés Velázquez.
Y como vemos, los integrantes del bipartidismo, es decir AD y Copei, en esta oportunidad obtenían 46,87% de votos, mientras la izquierda del MAS y La Causa R sumaban juntas el 31,65%, dejando el centro político a Convergencia. De modo que a todas luces había ocurrido un desplazamiento de los favores electorales, dividiéndose el país en tres: la suma de los dos partidos tradicionales, una excepción coyuntural que era Convergencia y el crecimiento de la izquierda en dos factores, La Causa R y el MAS. De modo que aquí tenemos un nuevo mapa, lo repito: la suma de los dos partidos tradicionales, que llegaban al 46% de los votos, una excepción coyuntural que era el partido Convergencia y el crecimiento de la izquierda.
La Causa R y MAS, ambos partidos políticos, alcanzaban una proporción importante del electorado, el 31,65%, de modo que el bipartidismo había llegado a su final y la composición del Congreso Nacional con que gobernaría Caldera obligaba a nuevas combinatorias.
Algo parecido a lo que le tocó a Caldera en su primer gobierno entre 1969 y 1974, un gobierno en el que Copei no tenía mayoría parlamentaria y se vio la necesidad de acordar con Acción Democrática.
También tiene lugar la crisis bancaria. A partir de la liberación de las tasas de interés en 1989, cuando presidía el Banco Central de Venezuela Pedro Tinoco y el esquema económico había cambiado radicalmente, los bancos fueron ofreciendo tasas que remuneraban el dinero por encima de la inflación, como es lógico. Pero también las solicitudes de crédito bancario bajaron, dado el ambiente económico general. Esto creó unos desequilibrios que, sumados a otros, condujeron a que el Banco Latino, uno de los más grandes del sistema, saliera de la Cámara de Compensación y fuese necesario intervenirlo.
Ello ocurrió el 21 de enero de 1994; gobernaba Ramón Velázquez, todavía no gobernaba Rafael Caldera y esto creó un clima de desconfianza generalizado que muy pronto se tradujo en una crisis de grandes magnitudes del sistema financiero en general. Era evidente que los instrumentos legales con que contaba el Estado para supervisar la actividad financiera habían sido insuficientes, porque la crisis puso de manifiesto que algunas directivas en los bancos se prestaban dinero sin respaldo o contraviniendo las sanas prácticas administrativas, perjudicando a quienes habían depositado en esas instituciones su confianza.
En la próxima parte del programa continuaremos con esto. Conocer y disfrutar nuestra cultura gastronómica será un placer.
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Decíamos en la parte anterior del programa que al gobierno de Caldera, que estaba por comenzar, lo iba a recibir en la puerta del gobierno, el Palacio de Miraflores, una crisis bancaria como no ha habido otra de esa magnitud en Venezuela. Por otra parte, Velázquez había cumplido con el encargo de llevar al país hasta las elecciones y además implementó políticas económicas necesarias para el esquema económico que entonces tenía vigencia. Esas reformas como el IVA que no se habían podido formalizar legalmente tuvieron lugar en ese breve gobierno de Ramón Velázquez.
De modo que además era un gobierno muy corto, nueve meses, era imposible que asumieran reformas que necesitaban más tiempo. Y fíjense que tanto la alta abstención como la reducción de la votación del partido de AD y Copei señalaban claramente que el período del bipartidismo había culminado con las elecciones en 1993.
Entonces, la antipolítica y el rechazo a los partidos del sistema tomaban la agenda pública. La democracia, fundamentada en partidos políticos, comenzaba a manifestar una crisis aguda y severa. Una crisis que venía incubándose desde hace años antes. Paradójicamente, a uno de los artífices de la democracia pactada en Punto Fijo, Rafael Caldera, le tocaba hacer la transición hacia otro horizonte, encarnando la idea de la voluntad suprapartidos que solicitaba la población.
Y luego en las elecciones de 1998, cinco años después, los dos candidatos que polarizaron en la contienda venían de las canteras de la antipolítica, aunque de signo muy distinto: en un sector Enrique Salas Römer y en otro Hugo Chávez Frías. Veamos esta segunda presidencia del doctor Rafael Caldera, de 1994 a 1999, alcanzaba la Presidencia de la República por segunda vez en medio de un cuadro electoral cuatripartito, como señalamos antes, con un elemento nuevo en el mapa: una abstención importante.
Fíjense que según la Comisión Nacional de Totalización del Consejo Nacional Electoral la abstención a partir de 1958 se comportó de la siguiente manera. En las elecciones de 1958, la abstención fue de 6,58%, muy pequeña. En las elecciones de 1963 fue de 7,79%. En las elecciones de 1968 la abstención fue 3,27%, muy baja; en las elecciones de 1973, 3,48%.
Ya en 1978 subió. En esas elecciones entre Luis Piñerúa y Luis Herrera Campins, la abstención fue de 12,45%. En las elecciones de 1983, entre Jaime Lusinchi y Rafael Caldera, la abstención fue de 12,25%. En las elecciones de 1988, entre Carlos Andrés Pérez y Eduardo Fernández, la abstención fue de 18,08%, había subido.
Pero la cifra más alta es esta: en las elecciones de 1993 la abstención llegó a ser el 39,84% de los votos.
Es decir, casi 40% de los electores no concurrió a votar en 1993. Esta cifra ya hizo de la abstención un actor político fundamental, sin duda indeseable para el sistema democrático, pero inevitable en los análisis. No se podía silbar hacia los lados ni meter el sucio debajo de la alfombra y no ocuparse de este problema, como vemos ya en 1988 el electorado dio su primera campanada absteniéndose del 18,08% de votantes, pero aún no llegaba a los niveles de 1993, que más que duplicó, porque llegó a 39,84%.
Era evidente que el sistema político no gozaba del respaldo que tuvo hasta las elecciones de 1973, siempre y cuando consideremos la abstención como un índice de falta de respaldo del sistema. Esta es una hipótesis, hay politólogos que dicen que no. En todo caso, a la dificultad política que implicaba gobernar sin mayoría en el Congreso Nacional se sumaba la abstención y de modo que el respaldo popular con que contaba Caldera para comenzar a gobernar no era el mayor, evidentemente.
Y como vimos antes, la crisis bancaria estalló antes de asumir la Presidencia de la República Caldera y tomó todo el año 1994 y parte del 1995 superarla.
El Estado tuvo que respaldar a los ahorristas que habían visto cómo los bancos salían de la Cámara de Compensación y su dinero se volatilizaba. Fueron intervenidos 13 bancos y la crisis se convirtió en la más severa que había tenido lugar en el sistema financiero venezolano. El gobierno optó por respaldar a los ahorristas, lo que supuso una erogación de grandes proporciones. Una erogación que comprometió severamente el presupuesto nacional de los años 1994 y 1995.
Los bancos que pasaron a manos del Estado muy rápidamente fueron vendidos a empresarios financieros globales o nacionales; todo ello se hizo dentro del marco de la Ley de Emergencia Financiera que el Congreso Nacional le autorizó al Ejecutivo, a Caldera, para enfrentar la crisis.
Este año además, a partir de las reformas tributarias se creó el CENIAT, Servicio Nacional Integrado de Atención Aduanera y Tributaria, designándose al frente del organismo a José Ignacio Moreno-León. Se buscaba incrementar la recaudación tributaria, para lo que era necesario modificar la conducta del venezolano en relación con los impuestos. El gobierno comprendía perfectamente que era imposible mantener un presupuesto nacional sano por los ingresos de petróleo que se tenían entonces.
Recordemos que los precios del petróleo habían caído ostensiblemente y al cabo de pocos años, lo cierto es que el ingreso por tributos se tornó mayor que el ingreso petrolero.
En estos años, el petróleo estuvo alrededor de los 15 dólares por barril en promedio durante el segundo quinquenio de Rafael Caldera, del año 94 al 99. Un promedio en esos cinco años de 15 dólares por barril, muy distinto a lo que se había percibido antes, por ejemplo en tiempos de Carlos Andrés Pérez o Luis Herrera Campíns.
Por otra parte, en AD expulsaron a Carlos Andrés Pérez en mayo de 1994, el Tribunal Superior de Salvaguarda condenaba a Jaime Lusinchi en julio.
Caldera por su parte implementó una política similar a la de pacificación que había adelantado en su primer gobierno y sobreseyó la causa que se seguía contra los militares insurrectos de febrero y noviembre de 1992. Hay que recordar que los primeros sobreseimientos ocurrieron durante el gobierno de Pérez, y lo más importante, digámoslo así, ocurrieron durante el gobierno de Caldera. Así fue como salieron de la cárcel de Yare los comandantes, aquel grupo formado por comandantes mayores, capitanes y tenientes; ellos tenían distintos proyectos políticos personales.
Por ejemplo, Francisco Arias Cárdenas se incorporó al gobierno de Caldera en un cargo de importancia media, mientras que Chávez inició su recorrido por Venezuela llamando a no participar en los futuros procesos electorales.
En las encuestas de entonces, Chávez contaba con un respaldo ínfimo que no pasaba del 2% de reconocimiento al salir de la cárcel en 1994 y el año siguiente, en diciembre de 1995, tuvieron lugar las elecciones de gobernadores, alcaldes y concejales.
Y en ellas se manifestó un aumento considerable de las gobernaciones y alcaldías que pasaron a manos de AD. Se consolidó el poder del MAS en cuatro estados venezolanos. ¿Y el de Copei? ¡En cuatro estados también! Se manifestó en esas elecciones la fuerza de Convergencia en el estado natal de Caldera, donde Eduardo Lapi ganó las elecciones.
Mientras, Enrique Salas Feo, hijo de Enrique Salas Römer, ganaba en Carabobo con un proyecto político propio y Francisco Arias Cárdenas obtenía la Gobernación del Zulia con el respaldo de La Causa R. Muchos de los gobernadores electos en 1989, que repitieron en 1992, no se podían presentar de nuevo porque las leyes se lo impedían, pero en algunos casos partidarios suyos obtuvieron votos necesarios, como es el caso de Salas Römer y su hijo. Salas Römer no se podía presentar, pero evidentemente el electorado carabobeño le endosó los votos a su hijo.
Y así, ese es un ejemplo y hay otros, por supuesto.
También durante este segundo gobierno de Rafael Caldera va a tener lugar la apertura petrolera y la Agenda Venezuela. Aquella idea, política de abrir la industria petrolera venezolana a empresas extranjeras que en asociación con PDVSA pudieran invertir para explotar las fajas petrolíferas del Orinoco u otros campos, se basaba en la evidencia de no contar PDVSA con los recursos para hacerlo, ya que los precios del crudo no se lo permitían. En la próxima parte del programa seguiremos viendo estos acontecimientos.
En la parte anterior del programa veníamos hablando de la apertura petrolera y la Agenda Venezuela que adelanta el segundo gobierno de Rafael Caldera en medio de unas circunstancias complejas porque los precios del petróleo eran bajos. Ello conducía a que las posibilidades que tenía el Estado venezolano, a través de PDVSA, de incrementar su producción petrolera fuesen muy reducidas, porque los ingresos no eran suficientes como para hacer grandes inversiones que pudiesen incrementar la producción petrolera. De modo que era necesario adelantar esta política de apertura petrolera para poder explotar unos recursos que estaban en el subsuelo.
Se buscaba con esto incrementar la explotación petrolera venezolana, incluso se preveía alcanzar la cifra de 6 millones de barriles diarios para el año 2005. Se licitaron los campos en un acuerdo de participación, en la mayoría de los casos a medias entre PDVSA y las concesionarias extranjeras. Y en 1996 ingresó al fisco nacional una cantidad considerable por este concepto y comenzó una nueva etapa en la industria petrolera venezolana de apertura a la inversión extranjera para poder crecer.
Era una política acertada, razonable y lógica. Y pocos meses después de decidido el proceso de apertura petrolera se puso en movimiento la llamada Agenda Venezuela. De ella, el principal vocero y entusiasta fue el ministro de Cordiplán, Diodoro Petkoff, quien presentó el esquema de la Agenda Venezuela el 15 de abril de 1996 en la mitad del gobierno de Rafael Caldera. El período iniciado en 1994 que había estado signado por el control de cambios, en paralelo además a la crisis del sistema financiero, ahora cambiaba a la luz de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional; era un acuerdo que brindaba confianza a los inversionistas y permitía comenzar a superar la difícil situación económica en que se encontraba Venezuela.
Sobre las bases de esta agenda, la economía nacional mejoró considerablemente durante los años 1996 y parte de 1997. Y en los meses finales de este año 1997, lamentablemente, los precios del petróleo comenzaron a bajar de manera estrepitosa y llegaron a tocar el piso de 9 dólares por barril. Bueno, como puede imaginarse, las consecuencias para una economía petrolera como la nuestra fueron graves y se reflejaron de inmediato en el cuadro electoral. Así es como vamos entonces a las elecciones de 1998, que fue, como dije antes, la apoteosis de la antipolítica.
En septiembre de 1997, justo antes que comenzaran a bajar los precios del petróleo, la antipolítica tenía en la alcaldesa de Chacao, Irene Sáez, a una candidata que figuraba muy alto en las encuestas. Recordemos que Irene Sáez había sido una Miss Venezuela que a su vez se había puesto la corona en la cabeza de Miss Universo.
Era una mujer muy conocida en Venezuela, muy querida. A su vez había sido electa alcaldesa del municipio Chacao, había hecho una gestión muy favorablemente considerada y respaldada por los chacaoenses, y esto la llevaba a figurar en una posición muy, muy buena en las encuestas. Incluso tan alto estaba el favor popular hacia ella que parecía que era imposible que perdiera las elecciones de 1998, pero eso parecía imposible en septiembre de 1997. ¿Cuánto tenía de apoyo Irene Sáez a aquella circunstancia de septiembre de 1997?
Alrededor del 70% de los votos. ¿Qué ocurrió? A partir de la caída de los precios del petróleo se fue desplomando su candidatura probable. Es probable, digo yo, que la ciudadanía vinculara su candidatura con una bonanza económica que se había estado viviendo entre el año 96 y 97. Y cuando los precios del petróleo cayeron, comenzaron las vacas flacas, la gente dejó de mirar hacia Irene Sáez como una alternativa y comenzaron entonces a subir las dos candidaturas de la antipolítica. La de ella también lo era, pero estas otras eran las de Hugo Chávez e Enrique Salas Römer.
El discurso en contra de los partidos políticos, que fue campaña permanente de algunos medios de comunicación, había tenido resultados. Con ello contribuyó decididamente la misma conducta de los partidos políticos; no era un invento que muchos de sus dirigentes se habían distanciado de sus electores, que no estaban en sintonía con el pueblo. Pero sí conviene recordar que hubo una campaña muy larga que para esta fecha, en 1998, pudiera tener fácil 20 años en Venezuela: una campaña de desprestigio de los partidos políticos y del estamento político venezolano desde algunos canales de televisión y desde alguna prensa de circulación nacional.
Por su parte, Enrique Salas Römer respaldaba su gestión como gobernador en Carabobo. Una gestión en la que se había desempeñado en dos períodos y entonces gobernaba su hijo, y recibía un muy buen respaldo en su estado. Y las ofertas de Hugo Chávez en estas elecciones eran las de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente y de encabezar una revolución, también la llamaba una refundación de la República.
¿Quiénes lo acompañaban en aquellos momentos? Pues por supuesto sectores de la izquierda, pero también de la derecha militarista. Incluso algunos añorantes de la lejana dictadura de Pérez Jiménez. Pero como sabemos, con el tiempo ha ido preponderando el sector socialista en el proyecto político que encabezaba Hugo Chávez.
Por otra parte, el descalabro de Acción Democrática y Copei en las elecciones fue abrumador, quedando el bipartidismo en el olvido. Se produjo un fenómeno de polarización electoral que era el mismo fenómeno del bipartidismo, pero este caso entre dos candidatos, igual que antes, pero dos candidatos que no tenían nada que ver con los de antes.
Esas elecciones de diciembre de 1998 las ganó Hugo Chávez, con el 56,20% de los votos. Enrique Salas Römer sacó el 39,97% de los votos y comenzaba, como sabemos, una nueva etapa para Venezuela. Es evidente que la crisis de los partidos políticos, la crisis interna, se había profundizado de una manera crítica. Estamos hablando que partidos históricos como Acción Democrática y Copei no llegaron a obtener ni siquiera el 4% o 3% de los votos, eso fue algo verdaderamente excepcional. El caso de Irene Sáez, que terminó siendo apoyada por el Partido Copei y otras fuerzas políticas, no alcanzó más allá del 2% y tantos por ciento de los votos.
De modo que fue una circunstancia muy atípica dentro del mundo político venezolano en el que estábamos asistiendo a la muerte del bipartidismo y al surgimiento de dos candidaturas polarizadas en ese encuentro electoral entre la izquierda, como dije antes. La candidatura de Hugo Chávez, apoyada mayoritariamente por la izquierda y en algunos casos por la derecha militarista añorante de regímenes. Y la candidatura de Salas Römer, donde digamos que ese 40% que lo obtuvo fue una mezcla de gente, pero en todo caso de venezolanos que respaldaban una salida distinta a la que estaba ofreciendo Hugo Chávez.
En las últimas partes del programa veremos el primer gobierno de Hugo Chávez Frías entre el año 1999 y el 2001. Incluso no llegaremos al 2001 porque ya eso forma parte del siglo XXI y esta serie termina en el siglo XX, de modo que avanzaremos: veremos la Asamblea Constituyente del año 1999, veremos la Constitución de 1999 y veremos las elecciones del año 2000. Y allí terminaremos. Ya regresamos. Lo puedes volver a escuchar los sábados a las 10 de la noche y los domingos a las diez de la mañana.
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Bien, Hugo Chávez Frías recibe la banda presidencial el 2 de febrero de 1999, de manos del recién electo presidente del Congreso Nacional, el coronel retirado Luis Alfonso D'Ávila, ya que el presidente Caldera no quiso colocársela él mismo y esto fue interpretado como un símbolo importante. Chávez por su parte juró sobre la Constitución moribunda de 1961, haciendo alusión a que se iniciaba un proceso constituyente que conduciría hacia la redacción de una nueva Constitución de acuerdo con lo que fue su oferta electoral básica.
Es necesario recordar que por decisión del Consejo Supremo Electoral desde entonces las elecciones de diputados y senadores al Congreso Nacional, así como gobernadores y alcaldes, tuvieron lugar en noviembre de 1998, un mes antes de las presidenciales. Y en ellas fue ostensible el crecimiento electoral de las fuerzas que respaldaban a la candidatura de Chávez, por ello el Congreso Nacional fue presidido por uno de sus seguidores.
Entonces, también la fuerza regional de AD y Copei bajó en relación con años anteriores, pero todavía era consistente. Conviene señalar que la abstención en las elecciones presidenciales del 6 de diciembre de 1998 fue de 36,54%, altísima. Bajó un poquito en relación con las elecciones de 1993, porque en esas la abstención fue 39,84% y en estas, en el 98, de 36,54%. Y no obstante las bajas, los niveles de abstención seguían siendo muy altos, lo que hablaba de una falta de entusiasmo por parte de un sector considerable de la población. Bueno, como veremos, estos niveles se mantuvieron en elecciones sucesivas.
Las elecciones regionales de noviembre de 1998 ya reflejaron un cuadro distinto en relación con las de 1995. AD perdió varias gobernaciones y conservó siete, Copei mantuvo cuatro, el MAS tres. El Movimiento Quinta República obtuvo dos y el PPT, Patria Para Todos, dos. Proyecto Venezuela una, Convergencia una y La Causa R una.
Y el 25 de abril de 1999 tuvo lugar un referéndum consultivo nacional que invitaba a responder una pregunta con un sí o no. La pregunta fue: convoca usted una Asamblea Nacional Constituyente con el propósito de transformar el Estado y crear un nuevo ordenamiento jurídico que permita el funcionamiento efectivo de una democracia social y participativa. Esa era la pregunta. Participó el 37,65% de los electores.
La abstención fue enorme, fue el 62,35%. De los que participaron, de ese 37% que participó, el 87,75% dijo que sí y de inmediato se convocó a elecciones para elegir a los diputados en la Asamblea Nacional Constituyente. Y los comicios tuvieron lugar el 25 de julio de 1999 con el sistema nominal y fue por ello que la mayoría de los electos, salvo seis diputados, eran afectos al gobierno, ya que el sistema nominal abolía el sistema proporcional de las minorías, produciéndose un cuadro extrañísimo.
A ver, la oposición obtuvo cerca del 40% de los votos y con eso obtuvieron seis escaños, mientras que el partido de gobierno obteniendo el 60% de los votos obtuvo 125 diputados. Bueno, es evidente, no necesita demostración lo injusto que puede llegar a ser el sistema nominal o en todo caso abandonar el sistema proporcional de las minorías. Recordemos que las minorías son esenciales para la democracia, el respeto de la mayoría hacia las minorías es esencial para un sistema democrático vigoroso y sano.
Y como es evidente, la representación no reflejó la voluntad nacional en su exacta dimensión. En todo caso, constituida la Asamblea Nacional Constituyente presidida por Luis Miquilena, la redacción de la nueva Constitución comenzó de inmediato.
Y haciendo uso de las atribuciones que tenía la Asamblea Nacional Constituyente desde allí se intervino el Poder Judicial y también el Parlamento que había sido electo en noviembre de 1998. La llamada Reforma Judicial comenzó a desarrollarse causando por supuesto situaciones internas complejas y bueno, eso avanzó en la medida de lo posible. En otras palabras, esa reforma judicial sigue siendo una tarea pendiente.
El 30 de agosto de 1999, la Asamblea decreta una emergencia legislativa y suspende toda actividad del Congreso Nacional que había sido electo en el año 98. Y finalmente, el 27 de diciembre de ese mismo año, será cuando la Asamblea Nacional Constituyente haga cesar el mandato del Congreso Nacional electo en 1998.
Queda disuelto el Congreso Nacional y a partir de entonces y hasta la elección de la Asamblea Nacional, bajo la nueva Constitución, funcionó el llamado popularmente Congresillo que estuvo seis meses en funciones entre enero y agosto del año 2000. Funcionando como una suerte de comisión delegada estaba integrado por 21 miembros y todos estos cambios tuvieron lugar en medio de las más enconadas protestas de la oposición y dentro de un clima de grandes tensiones en Venezuela.
Finalmente se aprueba la Constitución Nacional de 1999 e introduce cambios importantes en relación con la de 1961. La bicameralidad del parlamento pasa a llamarse Asamblea Nacional como una sola cámara. Creo que fue un error, el tiempo lo dirá. Los militares adquieren la posibilidad de votar, es un tema muy discutible.
El período presidencial se extiende a seis años con una reelección inmediata, mientras el período de los diputados se mantiene en cinco años, hasta dos reelecciones inmediatas. A los gobernadores y alcaldes se les extiende el período a cuatro años con reelección. La democracia que persigue el texto constitucional deja de ser representativa y pasa a ser participativa y protagónica, como dice la propia Constitución en su preámbulo.
Se debilita el control civil sobre el estamento militar al despojar al Poder Legislativo del análisis de los ascensos militares. Se establece la posibilidad de convocar a un referendo revocatorio a mitad del mandato de todos los cargos electos por voluntad popular. Creo que es algo que debe revisarse también. Y además la República pasa a llamarse República Bolivariana de Venezuela.
A los clásicos tres poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, la Constitución le sumó el poder ciudadano y el poder electoral. El Poder Ciudadano está integrado por la Fiscalía General de la República, la Contraloría General de la República y la Defensoría del Pueblo.
Por otra parte, la Carta Magna creó la figura del vicepresidente ejecutivo designado por el presidente de la República. El referéndum en el que se consultó sobre la aprobación o no de la nueva Constitución Nacional tuvo lugar el 15 de diciembre de 1999, en medio de la tragedia de Vargas. La abstención fue del 55,63% según los datos oficiales del Consejo Nacional Electoral.
De modo que el 44% de los electores aprobaron con 71,78% la Constitución mientras 28,22% dijo no. Con base en esa nueva Constitución se convocan las elecciones del año 2000 que se polarizaron entre Francisco Arias Cárdenas y Hugo Chávez, y resultó vencedor Hugo Chávez, pero estas ya son historias del siglo XXI que en algún momento abordaremos.
Hasta aquí nuestro siglo XX venezolano, este es el capítulo 9 y final, como siempre ha sido un gusto hablar para ustedes. Soy Rafael Arráiz Lucca, me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter, arroba rafaelarraiz. Me acompaña la producción Inmaculada Sebastiano y el control técnico de dirección técnica Yancarlo Caravallo. Un gusto como siempre hablar para ustedes.