Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. En la continuación de la serie sobre el siglo XX venezolano que venimos realizando, este es el capítulo ocho. En el programa anterior habíamos quedado en los años finales, o el año final, del gobierno de Luis Herrera Campins, y mientras transcurría la administración de Herrera el expresidente Caldera fue haciéndose el candidato indiscutible de Copei, al igual que Jaime Lusinchi se erigió como el candidato de Acción Democrática. Y en las elecciones de 1983 el esquema bipartidista se mantuvo intacto.
Entre Lusinchi, que obtuvo la más alta votación alcanzada hasta entonces por candidato alguno desde 1947, Lusinchi alcanzó el 56,74% de los votos, y Caldera, que obtuvo 34,54%. Entre ambos candidatos sumaron el 91,28% de los sufragios. Petkoff, por el MAS, y Rangel, por otros partidos de izquierda obtuvieron cifras: 4,17% Petkoff, 3,34% Rangel, respectivamente.
Fue muy difícil para Caldera recibir el respaldo de su partido y que los electores no le atribuyeran la crisis del viernes negro y el desgaste del gobierno de Herrera. De tal modo que nunca remontó en las encuestas, que desde el comienzo estuvieron a favor de Lusinchi. Jaime es como tú eres, él... el slogan. Y concluía el segundo gobierno de un demócrata cristiano, el de Luis Herrera Campins, y regresaba al poder la socialdemocracia AD, pero con una situación económica cada vez más comprometida ya que los precios del petróleo no recuperaban sus niveles de años anteriores y el país se había descapitalizado sensiblemente con la fuga masiva de divisas.
Y será entonces el médico pediatra Jaime Lusinchi quien asuma la presidencia de la República el 2 de febrero de 1984. En su discurso de toma de posesión estableció tres líneas de trabajo para su gobierno. Uno, el pago del adeudo externo hasta el último centavo. Dos, la necesaria reforma del Estado. Y tres, un pacto social para la gobernabilidad.
También al designar su gabinete ejecutivo y a los gobernadores de los estados, que entonces lo designaba el presidente de la República a dedo, Venezuela no había alcanzado todavía esa conquista democrática. Pues a los venezolanos nos quedó muy claro que se trataba de una administración de Acción Democrática. Muy pocos nombramientos de personalidades fuera del partido y muchos gobernadores de estado nombrados, que a su vez eran secretarios generales de Acción Democrática en su región. De modo que fue un gobierno de Acción Democrática claramente.
Nada que extrañar, el respaldo que recibía la socialdemocracia era contundente en esta oportunidad. Quizás el elector pensó que lo apropiado era entregarle todo el poder a un equipo que diera respuestas para la Venezuela de las vacas flacas que se anunciaban. Las perspectivas no eran fáciles: una deuda externa cuyo servicio se llevaba casi la mitad del presupuesto nacional y los precios del petróleo bajaron. El cambio diferencial Recadi diversificó aún más y Recadi estableció un dólar de 4,30, otro a 6 bolívares, otro 7,50 y otro libre, mientras Lusinchi declaraba en septiembre de 1984 que se llegaría al acuerdo con la banca internacional.
En efecto, el acuerdo del refinanciamiento de la deuda externa se alcanzó en febrero de 1986, pero ese año los precios del petróleo bajaron tanto, a 12,82 dólares por barril, que la República de Venezuela no pudo honrar la deuda y se tuvo que negociar otro esquema. Ese otro esquema se va a firmar en febrero de 1987. Y sobre este acuerdo de refinanciamiento el presidente Lusinchi tuvo que declarar que la banca lo había engañado, ya que se trataba de un esquema notablemente peor que el alcanzado por México, es decir, con un menor período de gracia y con intereses mayores.
Todo este panorama se daba sin que el gobierno se decidiera a desmontar el modelo económico. Mantenía los subsidios, favorecía arancelariamente la producción nacional en busca del otro propósito de su gobierno, ¿cuál era? Mantener la paz social. Esto se logró, pero a un costo muy alto, ya que al no hacerse las reformas económicas que se requerían se estaban sacrificando las reservas internacionales, que lejos de crecer decaían incesantemente dado que los ingresos petroleros también caían. Además se estaban acumulando presiones en la sociedad que eran producto de no enfrentar las raíces de los problemas, sino buscarles salidas que propiciaran la paz social pero sin tocar el fondo del asunto.
Es decir, sin enfrentar el nudo que representaba seguir con un modelo económico para el que no se contaba con suficientes recursos petroleros. En otras palabras, el costo del Estado empresario seguía igual, pero con menos de la mitad de los recursos para mantenerlo y sin posibilidad de endeudarse, ya que las líneas de crédito internacionales para Venezuela estaban cerradas. Este era el cuadro en el que estaba Venezuela en ese período quinquenal del gobierno de Jaime Lusinchi, entre 1984 y 1989. Y junto con este panorama complejo era vox populi que el aparato no funcionaba y que se hacía necesaria una reforma de todos los poderes públicos.
Es por ello que el 17 de diciembre de 1984 el gobierno creó la COPRE, Comisión para la Reforma del Estado. La va a presidir Ramón J. Velásquez y el secretario ejecutivo será Carlos Blanco. La COPRE comenzó su trabajo reuniendo a universitarios de todos los sectores y todas las corrientes políticas, haciendo énfasis en la necesidad de fortalecer el Estado por la vía de su reducción, así como la necesidad urgente de modificar el Poder Judicial y avanzar en la descentralización del poder. A medida que se iban entregando los trabajos de la comisión iban encontrando mayor resistencia en el partido de gobierno y en un amplio sector de Copei, ya que ambos, Acción Democrática y Copei, sentían que las reformas vulneraban las bases sobre las que se habían levantado sus proyectos políticos y sus organizaciones, aunque no lo decían abiertamente.
Tanto fue así que ambos partidos hallaron la excusa para retrasar las reformas hasta la llegada del año electoral, mientras el propio gobierno le ponía muy poco cuidado a lo que hacía la comisión y la COPRE. Lusinchi en el fondo se desentendió de lo que estaba haciendo allí. Todo este cuadro revela que en el momento de reformar el sistema político para preservar su existencia los factores fundamentales prefirieron postergar las decisiones, de modo tal que le tocara al próximo gobierno tomarlas. Así fue como con habilidad política la COPRE logró un acuerdo en 1988 entre los entonces candidatos presidenciales de Acción Democrática y Copei, Carlos Andrés Pérez y Eduardo Fernández.
Y se llega a la firma de un acuerdo para impulsar la aprobación de la Ley de Descentralización Política y Administrativa que crearía la posibilidad de elegir a gobernadores y alcaldes de manera directa, universal y secreta. Y así se logró que en 1989, cuando ya gobernaba Carlos Andrés Pérez en su segundo gobierno, se aprobara esta ley y se implementara por primera vez en el país, al menos en el siglo XX. Porque en el XIX, con la reforma federal, se elegían de manera directa a los presidentes de estado y a los diputados, pero claro, no eran elecciones universales. En la próxima parte del programa seguiremos viendo la dinámica de este gobierno de Jaime Lusinchi. Muy pronto, regresamos...
En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Miguel Delgado Estévez y Laureano Márquez, una manera diferente de contar las cosas. Hitler, de su mascota blogging. Yo traduje del alemán o que quieres tú dime. No, vamos a ver qué fue lo que él dijo. A veces lanza la pelota debajo del armario y tengo que ir a la chimenea y recogerla con el atizador. Eso quiere decir hi-hat en perro. Un dúo perfecto que conduce uno de los espacios más divertidos, educativos y culturales de la radiodifusión en Venezuela. Divagancias, sábados cuatro de la tarde.
Decía en la parte anterior del programa que en esta continuaremos viendo los hechos centrales del gobierno de Jaime Lusinchi, y la dinámica de la denuncia a los hechos de corrupción del gobierno anterior no se detuvo. Y fueron juzgados el ministro de Transporte y Comunicaciones, y el gobernador del Distrito Federal del gobierno de Luis Herrera Campins, así como tres ministros de la Defensa del período anterior, a quienes se les imputó por sobreprecio en la compra de armas. Por otra parte, con motivo de la primera visita que un papa hacía a Venezuela, el presidente recibió en Maiquetía al sumo pontífice con su esposa, la doctora Castillo de Lusinchi, mientras el poder de sus secretarias privadas en Miraflores iba en ascenso.
El papa que vino a Venezuela en aquella oportunidad, en 1985, pues es Juan Pablo II, el polaco Karol Wojtyla. Este tema del que vengo hablando y parece subalterno se convirtió en un problema de Estado ya que Blanca Ibáñez intervenía en los asuntos del gobierno con decidido donde mando, incrementándose ese donde mando después del divorcio del presidente y de su esposa, la doctora Castillo de Lusinchi. Y esto al parecer irritaba enormemente al sector militar ya que las intervenciones en la secretaría privada en los asuntos públicos y militares eran cada vez más evidentes. Y el tema pasó de manera abrumadora a la agenda pública, sobre todo porque buena parte de la prensa se quejaba de que no recibían los dólares preferenciales para la compra del papel.
Si las críticas contra el gobierno eran severas desde sus páginas, y lo eran, ¿y así ocurrió? La represión contra periodistas en algunos casos fue extrema: a Alfredo Tarre Murzi lo golpearon en la cabeza unos sujetos desconocidos. A José Vicente Rangel se le presionaba para que bajara el tono de sus denuncias, a RCTV se le hostigaba con frecuencia y, en contrapartida a lo señalado, el trabajo de imagen del periodista Carlos Croes desde el gobierno tuvo sus frutos, ya que la administración Lusinchi concluyó con los más altos índices de popularidad que un gobierno o un gobernante entre nosotros hubiese alcanzado al final de su mandato, toda una paradoja.
Las elecciones en 1988 arrojaron un resultado polarizado todavía mayor que el de los anteriores comicios. Carlos Andrés Pérez, que se le sobreimpuso a su partido como líder nacional, obtuvo 52,88% de los votos, mientras Eduardo Fernández, de Copei, alcanzó el 40,39% de los sufragios. Teodoro Petkoff, del MAS, como tercera opción obtuvo apenas 2,71%. El esquema bipartidista estaba en su apogeo presentándose dos fenómenos a señalar: el voto cruzado y la economía del voto.
El partido de Petkoff, el MAS, por ejemplo, obtuvo 10,14% de los votos para el Parlamento, pero su candidato obtuvo 2,71%. De modo que muchos electores votaron por el partido, pero no por el candidato. ¿Por qué motivo? Llevados por la polarización y la economía del voto para no perder el voto y atribuírselo a uno de los dos candidatos ganadores.
De modo que migraron hacia una de las opciones con triunfo en las presidenciales por estas razones de economía del voto o, dicho de otro modo, de búsqueda de hacer efectivo el voto más que simbólico o doctrinario.
También es necesario señalar que el elector no identificó plenamente al candidato Pérez con el gobierno de Lusinchi ya que Carlos Andrés Pérez tenía vida política propia, dado su liderazgo no dependía de su partido y en verdad si Acción Democrática no lo hubiera apoyado sus posibilidades de triunfo también eran muy altas. Ya vimos cómo en su primer gobierno Pérez privilegió a independientes de sus gabinetes ejecutivos y ahora se esperaba lo mismo. Además, en el imaginario colectivo se asociaba a Pérez con la abundancia, las vacas gordas de su primera administración, y fueron innumerables los votos que obtuvo fundado en este recuerdo de abundancia que brillaba mucho en aquellos tiempos de escasez. En muchos sentidos, este fue el recuerdo que invocó Pérez durante su campaña, muy distinto al que tuvo que implementar al no más llegar al gobierno una política severa de ajustes macroeconómicos no anunciados antes, como veremos luego.
Bueno, viene la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez entre 1989 y 1993. Comienza con un acto de toma de posesión en el teatro Teresa Carreño, el 2 de febrero de 1989, y no en el Capitolio Federal, como había sido costumbre desde la construcción del Capitolio en tiempos de Guzmán Blanco, en 1874. De modo que así ocurrió, ¿por qué? El número de invitados internacionales sobrepasaba con mucho la capacidad del viejo Capitolio.
Recordemos que Pérez había hecho una red de amistades internacionales de gran magnitud. Y esto además señalaba eso, que las relaciones internacionales de Pérez, lejos de disminuir desde que concluyó su primer mandato, habían crecido notablemente. Sin embargo, mucho se dijo entonces que la fiesta de asunción del cargo por parte de Pérez contrastaba con las situaciones del país y sobrevivía con dificultad con los precios del petróleo deprimidos. Y el 16 de febrero, recordemos que asumió el 2, 14 días después, el gobierno, en una alocución pública, estableció las coordenadas del nuevo modelo económico que imperaría en el país, sustituyendo el que contaba con años de vigencia.
El de industrialización por sustitución de importaciones, implementado en el primer gobierno de Betancourt en 1946. De modo que para este momento, 1989, tenía 43 años de vigencia el modelo de la ICI, industrialización sustitutiva de importaciones. Y para quienes no habían leído el plan del gobierno presentado por Pérez en la campaña, es decir, la gran mayoría de los venezolanos, el llamado paquete económico fue una sorpresa. Para los entendidos, los que buscan la información, no lo fue porque se sabía que por allí venían los tiros, sobre todo para aquellos que votaron por Pérez creyendo que por arte de magia volverían las vacas gordas de su primer mandato.
El cambio del modelo económico era sustancial. Si antes la tasa de interés la fijaba el Banco Central de Venezuela, ahora serían liberadas para determinarse en el mercado. Si antes el Estado era el gran empresario, constructor, comerciante diverso, ahora se privatizarían todas aquellas empresas de servicios públicos que pudieran estar en manos privadas prestando un servicio más eficiente. Si antes se subsidiaba la gasolina, ahora se incrementaría su precio con miras a llegar poco a poco a un precio internacional, para que el Estado no tuviese que subsidiarla e incurrir en pérdidas. Si antes el Estado subsidiaba la industria privada cubriendo los márgenes que por diversas razones esta no podía alcanzar, ahora se eliminarían los subsidios.
Si antes se protegía a la industria nacional fijando aranceles muy altos a los productos importados, ahora se eliminarían los aranceles y se abriría totalmente el mercado. Con ello se obligaba a las empresas venezolanas a competir en igualdad de condiciones con las foráneas que quisieran establecerse en Venezuela o traer sus productos desde fuera. Este conjunto de medidas económicas diseñaba el cuadro en una economía liberal ortodoxa, en perfecta conjunción con las medidas que el Fondo Monetario Internacional solicitaba de los países que acudían ante sus taquillas para solicitar un préstamo. Y esa era la situación de Venezuela ya que durante el gobierno de Jaime Lusinchi se habían agotado las reservas internacionales y para poder intentar un modelo de economía de mercado era necesario disponer de un número más elevado de reservas que permitieran el libre juego en la economía.
No obstante, y lo cierto es que Pérez había afirmado durante su campaña que no acudiría ante el Fondo Monetario Internacional, mientras el diseño del paquete económico indicaba todo lo contrario. Cosa que decepcionó muy rápido a los electores que habían oído sus discursos de campaña, pero no habían entendido el programa de gobierno. En el fondo lo que buscaba el cambio de modelo económico era una revolución en el papel del Estado en la dinámica económica, pasando la iniciativa a la esfera privada. Dado que los precios del petróleo habían bajado notablemente y era imposible que el Estado cumpliera con su rol paternalista cuando no disponía de los recursos para ello.
Una vez más Venezuela se veía obligada a cambiar de rumbo en razón de la dinámica de los precios del petróleo. Además, la modificación se inscribía dentro de un cambio general en el planeta, ya que ese mismo año el socialismo real desaparecía con la caída del muro de Berlín y la convicción de que el socialismo era incapaz de generar riqueza se había hecho generalizada en el mundo y prácticamente se habría hecho entonces unánime. De tal modo que muchos países pasaron a desmontar sus sistemas estatistas, y Venezuela no fue la excepción.
Seguimos. Bueno, veníamos en la parte anterior del programa haciendo la relación de los hechos iniciales del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez y nos hallamos frente al estallido social de 1989, el llamado Caracazo. Parece ser que la medida que tocó más sensiblemente el bolsillo a la gente de manera inmediata fue el aumento del precio de la gasolina. Esto incidió en el costo del pasaje de transporte colectivo y en Guarenas-Guatire se produjeron las primeras protestas en la mañana del 27 de febrero de 1989, pero muy pronto se extendieron a toda Caracas y otras ciudades del país. Y ya en la tarde los saqueos de comercios habían comenzado y la televisión retransmitía las escenas de vandalismo y violencia.
En la noche la situación ya era de emergencia nacional, por lo que el gobierno le solicitó a las Fuerzas Armadas que restablecieran el orden. Luego se suspendieron las garantías constitucionales, se declaró el toque de queda, y el Ejército y la Guardia Nacional reprimieron duramente a los saqueadores y francotiradores con un resultado lamentable de centenares de muertos, muchos de ellos inocentes que no participaban de los actos vandálicos. Nunca antes se había vivido en el país una situación como esta, que además comprometía los planes del gobierno que estaba comenzando.
Mucho se ha especulado acerca de si se trató de un estallido espontáneo o algo inducido a partir de un plan. Algunos militantes de la izquierda radical de aquellos años se han atribuido el origen del estallido, pero los hechos indican que la espontaneidad también estuvo presente. Quizás, como suele suceder, fue una combinación de espontaneidad con una mínima planificación. En cualquier caso, el resultado fue el mismo: una gran revuelta social que colocó al gobierno en una posición muy difícil para implementar un nuevo modelo económico, que para hacerlo se necesitaban grandes sacrificios de la población.
Pocas semanas después de estos hechos comenzaron a surgir denuncias graves de corrupción en relación con la administración anterior, la de Lusinchi y Recadi. Así fue como el manejo de la partida secreta para fines distintos a los establecidos. Fue el caso de compras de una cantidad de vehículos rústicos para ser entregados a Acción Democrática con fines electorales. El 20 de noviembre un tribunal dictó un auto de detención al expresidente Lusinchi por el caso sustanciado en Recadi; el caso a todas luces incrementaba las diferencias entre un sector de Acción Democrática cercano a Lusinchi y el otro muy cercano a Carlos Andrés Pérez.
Además profundizaba todavía más en la conciencia colectiva la idea de que la corrupción era un cáncer incontrolable. El 3 de diciembre de 1989 tuvieron lugar las elecciones directas de gobernadores, alcaldes y concejales. Se daba entonces el paso democrático más importante desde los tiempos de la firma del Pacto de Punto Fijo en 1958, ya que la elección directa de las autoridades locales era lo mínimo que podía aspirarse en un sistema democrático. Y a partir de esta fecha el cuadro político venezolano comenzó a cambiar.
Veámoslo: Acción Democrática obtuvo el 39,37% de los votos en la elección de gobernadores, Copei el 32,85%, el MAS el 17,69%, La Causa R 2,62%. Con esto quedaba claro que había liderazgos regionales que el elector reconocía y votaba por ellos. Por ejemplo, en Aragua comenzó a gobernar Carlos Tablante por el MAS. En Bolívar comenzó a gobernar Andrés Velásquez por La Causa R.
En Carabobo comenzó a gobernar Enrique Salas Römer por Copei e independiente. En el Zulia gobernó Osvaldo Álvarez Paz por Copei y en la alcaldía de Caracas, Claudio Fermín por Acción Democrática. Casi todos ellos serían candidatos presidenciales. De modo que se trasladaba el liderazgo de las cúpulas del partido político al desempeño administrativo en las gobernaciones, un gran paso para la democracia.
Este cambio fue un golpe mortal para los organismos centrales de los partidos políticos, ya que la fuente del poder se trasladó de estas cúpulas caraqueñas a los electores locales y los líderes comenzaron a rendirle cuentas a sus electores, a su base, no a Caracas. Paso que no se ha valorado suficientemente, supuso un cambio de conducta y de estrategia de los partidos políticos establecidos, pero esto no se dio en la magnitud requerida y seguramente fue una de las causas que trajo como consecuencia la decadencia del sistema bipartidista. Por otra parte, la inflación en 1989, un año de severos ajustes económicos, alcanzó una cifra muy alta para la experiencia de los venezolanos, el 80,7%, mientras las reservas internacionales subían, lo que era una buena noticia.
En 1990 los resultados electorales trajeron una crisis en Acción Democrática, ya que muchas gobernaciones y alcaldías pasaron a manos de Copei, el MAS y La Causa R. Todo esto arreció el pleito interno entre los seguidores de Pérez y su programa económico liberal-ortodoxo, de acuerdo con las pautas dictadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que no son otras que la pauta es una economía ortodoxa. Y esto profundizó las diferencias con el sector adverso de Acción Democrática que se resistía a estos cambios propuestos por el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Para el año 1990 comenzaron a verse los primeros resultados al crecer la economía en 5,3%.
La inflación bajó a 40,7%, las reservas internacionales ascendieron a 11.700 millones de dólares. Además, el ministro de Cordiplan, Miguel Rodríguez, anunció una reducción de la deuda externa del 20%, con una disminución del 50% en el pago de intereses. Al año siguiente la economía creció en 9,2%, uno de los crecimientos más altos del mundo ese año, de 1991, y a su vez se inició el proceso de privatizaciones de las empresas del Estado, deficitarias, quebradas, suponían permanente desembolso por parte del Estado para cubrir las deficiencias económicas en el manejo gerencial de estas empresas. Ese fue el caso de CANTV y Viasa, y al ser compradas por consorcios extranjeros en asociación con empresas venezolanas trajeron además un ingreso extraordinario al fisco nacional.
A la par de este proceso económico, otro proceso de orden político venía avanzando. No solo las relaciones entre AD y el gobierno eran sumamente débiles, sino que los ajustes económicos fueron notablemente severos para los estamentos sociales más pobres; muchos de ellos se sintieron desasistidos, creándose allí un vacío político. Además, un conjunto de venezolanos presididos por Arturo Uslar Pietri, a quien la prensa llamaba los Notables, pedía reformas en la conformación de la Corte Suprema de Justicia. Ellos se quejaban del cuadro de corrupción administrativa y además enfrentaban las políticas del gobierno.
Este grupo, junto con el desprestigio entonces de los partidos políticos, fue horadando la base de sustentación del gobierno de Pérez y sin proponérselo fue animando a un conjunto de conjurados militares que venía conspirando desde hacía años dentro de las Fuerzas Armadas a intentar un golpe de Estado. Incluso en diciembre de 1991, Uslar Pietri declaró en entrevista en el Diario Nacional que no le extrañaba que ello ocurriera, me refiero al golpe de Estado, y la noche del 3 de febrero de 1992, en que el presidente Pérez regresaba del Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza, fue el día escogido por los conjurados para la insurrección militar.
Comandada por tenientes coroneles e integrada por mayores, capitanes y tenientes, se les llamaba popularmente los comacates. Se alzaron en los cuarteles de Maracay, Maracaibo y Valencia. Y al teniente coronel Hugo Chávez, a quien le correspondía asaltar el Palacio de Miraflores después de haber tomado el Cuartel de la Planicie, no le fue posible hacerlo, pero esto lo veremos en las últimas partes del programa. Ya regresamos. Estás en sintonía de Unión Radio Cultural. Recuerda, todos los programas están colgados en la aplicación Anchor.fm.
Este programa Venezolanos lo puedes volver a escuchar los sábados a las 10 de la noche y los domingos a las diez de la mañana. Somos Unión Radio Cultural. La música académica universal es la protagonista en Preludio, un espacio dedicado a la difusión de la vida y obra de los genios creadores, directores de orquestas, cantantes, músicos y promotores de espectáculos más destacados de la escena internacional. Así tenemos que en 1778 nació Fernando Sor, compositor español fallecido en 1839. En 1950 nació el gran Peter Gabriel, cantante británico del grupo Génesis. Preludio, conducido por Germán Anírio Chacón.
Los sábados a las seis de la mañana y once de la noche y domingos a las ocho de la mañana, somos Unión Radio Cultural. En la parte anterior del programa comentábamos la intentona, el golpe de Estado del 4 de febrero, y la imposibilidad en esa circunstancia del teniente coronel Hugo Chávez por alcanzar el control del Palacio de Miraflores. Y fue entonces cuando por televisión en la mañana del 4 de febrero llamó a sus compañeros de armas a entregarse, señalando que por ahora no se habían logrado los objetivos.
Entonces se entregaron Francisco Arias Cárdenas, Jesús Urdaneta Hernández, Yoel Acosta Chirinos, Jesús Miguel Ortiz, todos ellos integrantes del comando de conjurados. El intento había fracasado, pero el país asistía atónico, desconcertado a un hecho que pensaba que había quedado en el pasado.
Un golpe de Estado, y el país también había observado con sorpresa, con estupor y hasta con admiración a un hombre que se hacía responsable por su fracaso, cosa que era muy poco frecuente en la vida pública venezolana de entonces y de ahora. Allí, la verdad es que Hugo Chávez se responsabilizó por el fracaso y llamó a sus compañeros a deponer las armas. Una vez sofocada la rebelión se reúne el Congreso Nacional para debatir los hechos en la mañana del 4 de febrero y pide la palabra el senador vitalicio Rafael Caldera, dos veces presidente de la República. Entonces Caldera condenó el intento de llegar al poder por las armas, lo hizo claramente, pero justificó comprensivamente los motivos que llevaron a los insurrectos.
Y a partir de entonces la candidatura de Caldera para las elecciones de 1993, que ocurrirían en diciembre, tomó mucho cuerpo y muchos dicen que esa mañana ganó las elecciones. La verdad es que Caldera ya estaba muy bien colocado en las encuestas y en los meses siguientes a febrero de 1992 su candidatura fue creciendo. La verdad es que con olfato político Caldera supo interpretar el sentir de la gente que rechazaba el golpe pero que quería un cambio de rumbo y él, como político de raza que era, se ofreció para encarnarlo. Y en una entrevista sostenida con el profesor Agustín Blanco Muñoz, publicada en 1998, se titula Habla el comandante.
Hugo Chávez señala que comenzaron a conspirar en serio cuando juraron ante el Samán de Güere el 17 de diciembre de 1982, hablando que tenían 10 años conspirando dentro de las Fuerzas Armadas. De tal modo, esto tomó diez años ir ascendiendo dentro de la Fuerza Armada hasta tener mando de tropa y poder ejecutar una acción armada coordinada. La existencia de estos conjurados se le advirtió muy claramente la dirección de inteligencia militar al presidente Pérez, pero este sistemáticamente las desestimó. Incluso en alguna oportunidad a estos oficiales les quitaron mandos de tropa ante los indicios, pero al tiempo el ministro de Defensa entonces, el general Fernando Ochoa Antich, no halló nuevos indicios conspirativos de este conjunto de factores y les devolvió el mando de tropas.
No puede decirse entonces que la intentona golpista tomó al gobierno completamente de sorpresa, todo lo contrario. Y el gobierno de Pérez tenía problemas, ahora tenía más. A tal punto que el presidente se propuso atemperar la política de ajustes con base en lo escuchado en el Congreso Nacional y con base en el apoyo de la calle manifestado a favor de los golpistas. Entonces Pérez crea un consejo consultivo integrado por ilustres venezolanos: Ramón Velásquez, Pedro Pablo Aguilar, Ruth de Krivoy, Domingo Maza Zavala, José Melli-Ciorcini, Pedro Palma, Pedro Rincón Gutiérrez y Julio Sosa Rodríguez. Este consejo hizo sus recomendaciones muy pronto y muchas de sus propuestas iban a contracorriente de lo que venía haciendo el gobierno de Pérez.
A la vez, Pérez cambió su gabinete de manera de satisfacer los reclamos e integrar a diversos sectores en la conducción del Estado, buscando con ello un mayor piso político para su gobierno, que obviamente se había debilitado. Bueno, entonces militantes de Copei integraron el gobierno por algunos meses. Por su parte, otro grupo de conjurados militares organizó su revuelta que se va a expresar el 27 de noviembre de 1992. Pero esta vez involucraba especialmente a la aviación, con lo que los caraqueños tuvimos el triste espectáculo de un bombardeo sobre lugares estratégicos de la capital y, de nuevo, el fracaso de los golpistas.
Esta vez estaban comandados por el general Francisco Visconti Osorio y el contralmirante Hernán Gruber-Odremán. Cinco días después tuvieron lugar las elecciones de gobernadores, alcaldes y concejales. AD bajó su votación porcentual a 37,81%. COPEI subió 34,35%. El MAS bajó 12,48% y La Causa R duplicó su votación y llegó a 4,73%. Incluso la Causa R ganó la Alcaldía de Caracas con Aristóbulo Istúriz, quien le ganó a Claudio Fermín.
Entonces repetían los gobernadores Andrés Velásquez, Carlos Tablante, Enrique Salas Römer, Osvaldo Álvarez Paz, entre otros. Y paradójicamente en 1992 la economía venezolana creció cerca del 10%, pero los beneficios de este crecimiento no se sentían plenamente en los estamentos más débiles de la sociedad. El 11 de enero de 1993 el periodista y excandidato presidencial José Vicente Rangel denuncia ante la Fiscalía General de la República el mal uso de la partida secreta por un monto cercano a los 250 millones de bolívares y solicita ante el fiscal un antejuicio de mérito contra el presidente Pérez. El fiscal general Ramón Escobar Salom el 11 de marzo interpone ante la Corte Suprema de Justicia, cuya composición ya había cambiado gracias a las presiones del grupo de los notables, interpone Escobar Salom la acusación contra Carlos Andrés Pérez.
Y el ministro de Relaciones Interiores cuando sucedió el hecho, que era Alejandro Izaguirre, y contra el ministro de la Secretaría de la Presidencia de la República en aquel momento, que era Reinaldo Figueredo Planchard, se les acusaba de peculado y malversación de fondos al hacer uso de la partida secreta. El 20 de mayo de 1993 se conoció la ponencia solicitada por la Corte Suprema de Justicia al presidente del máximo cuerpo colegiado del Poder Judicial, el magistrado Gonzalo Rodríguez Corro. Entonces se declaró con lugar la solicitud de antejuicio de mérito.
Al día siguiente se reunió el Congreso Nacional y se autorizó el juicio separándose a Carlos Andrés Pérez de la Presidencia de la República. A partir de entonces, en razón de que la soberanía reside en el Congreso, el presidente del Senado, Octavio Lepage, asumió la presidencia. Sin embargo, el Congreso Nacional nombró el 5 de junio de 1993 al senador Ramón J. Velásquez, presidente de la República, para que culminara el período constitucional 1989-1994. Gobernaría entre esta fecha, 5 de junio, y 2 de febrero de 1994, ocho meses exactos.
Hasta aquí nuestro programa de hoy. En el próximo, noveno programa veremos la presidencia de Ramón J. Velásquez, la de Rafael Caldera y los primeros, los últimos años del siglo XX y, por supuesto, las elecciones de 1998 y el año 2000. Habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca, me acompaña en la producción Inmaculada Sebastiano. En la dirección técnica, Giancarlo Caraballo. A mí me consiguen en mi correo electrónico Rafael Arraíz, arroba hotmail.com y en Twitter arroba Rafael Arreiz, ha sido un gusto como