Serie Los del Podio
9 de noviembre de 2023

Serie Los del podio II. Cap 7. Víctor Guédez.

Serie Los del podio II. Cap 7. Víctor Guédez.

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Este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela Iturriza, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez, Juan Juárez, Fernando Camacho y Giancarlo Caravaggio. También puedes seguir la transmisión en vivo en mundour.com: busca la pestaña de Radio en vivo, baja y dale clic en Unión Radio 90.3. Recuerda que nos puedes seguir en arroba MundoURWeb y arroba RadioescuelaUR. Muy bien, en nuestra serie Los del podio, segunda temporada, tenemos el honor y el gusto de recibir en el estudio a Víctor Guédez.

Un venezolano excepcional que se ha desarrollado en varias áreas del conocimiento, del arte y la intelectualidad. Vamos a conversar con un crítico de artes plásticas, con un educador de larga trayectoria, con un profesor universitario de muchos años, y en los últimos 30 o 20 años se ha ido especializando en la responsabilidad social empresarial, en los temas sobre la ética y las herramientas estratégicas también. Te saludamos, Víctor. Muchas gracias, Rafael, la verdad que me honra tu invitación.

Bien, estas entrevistas vamos recorriendo la vida de nuestros invitados. Tú eres caraqueño, estudiaste en el colegio La Salle de Tienda Onda, lo que yo recuerdo. No sé si estudiaste primario y bachillerato allí completo. De modo que eres un lasallista raigal absolutamente, y después entraste a estudiar Educación en la Universidad Central de Venezuela. ¿De dónde regresaste?

Vamos a detenernos un momento en la Central porque además entiendo que fuiste dirigente político-estudiantil en democracia cristiana universitaria. Allí desempeñaste algún cargo del cogobierno universitario en las escuelas donde estudiabas. Sí, bueno, yo fui miembro como representante estudiantil en el Consejo de la Facultad.

Realmente no tuve una participación gremial a nivel de escuela, sino de las Facultades de Humanidades y Educación, donde fue la primera vez que alguien no vinculado con las tendencias izquierdistas pudo ganar esas elecciones. Realmente para mí fue todo un desafío porque todos los integrantes del Consejo de la Facultad de Humanidades y Educación, todos absolutamente todos, menos tú. Menos yo, trece, en los cuales el único era yo. Pero muy bien, muy armónico, una relación maravillosa, un grato recuerdo, qué bien.

Una vez te graduaste de licenciado en Educación entiendo que te vas a hacer un posgrado en Roma. ¿Eso fue inmediato? Fue inmediato porque el Consejo de Desarrollo Científico Humanístico de la Central daba unas becas a los mejores estudiantes y entonces yo me fui haciendo uso de una de esas becas, y me especialicé en todo el área de filosofía de la educación. ¿En Roma? En Roma.

¿En cuál universidad? En la Universidad de Roma propiamente. ¿Allá viviste unos tres o cuatro años? Tres años. ¿Ya te fuiste casado? Fui casado porque los dos mejores estudiantes de su promoción éramos mi esposa y yo y, en consecuencia, Carmen Blanca y yo fuimos los dos becados. Hubo problemas porque no podían darle dos becas a un matrimonio, entonces tuvieron que hacer una y la mitad de otra, ya que ello fue mucha vuelta, pero bueno, afortunadamente todo se logró.

¿Y ella estudió filosofía de la educación? No, ella era psicopedagoga, en la parte de psicopedagogía, Psicología del Desarrollo, Psicología Evolutiva. ¿Y cómo se fue formando tu vocación de pedagogo o educador? Eso empezó en el bachillerato, sí, fue realmente el bachillerato. Nosotros teníamos una experiencia La Salle a nivel de cuarto año de bachillerato, teníamos un profesor, el hermano Narciso, gran docente, gran formador, que todos los días llegaba y nos observaba.

Y señalaba con el índice quién tenía que conversar y explicarle a sus compañeros durante cinco minutos algo. Entonces aquello fue generando una especie de identificación con la actividad docente y luego, ya en quinto año antes de graduarme, el hermano Gaudencio, que era el director de La Salle, a quien yo valoré como un padre realmente, me dijo que yo tenía que ser educador porque tenía que favorecer la formación de mucha gente. Ya yo tenía la predisposición y, con esta orientación de alguien que estaba tan cerca de mi sensibilidad emocional y de mi inclinación intelectual, pues bueno, tomé la decisión sin pensarlo mucho.

De modo que el hermano Gaudencio es un personaje central en tu vida, una suerte de mentor que señaló un camino, un destino. Lloré muchísimo su muerte, muchísimo lo recuerdo hace mucho tiempo. Hace mucho tiempo, hace mucho tiempo. Qué bien. Y una vez que estás en Roma, terminas el doctorado o la maestría. La maestría, te vienes a Venezuela a desarrollarte como educador. ¿Cómo fueron esos primeros tiempos del regreso?

Me incorporé a la Universidad Central y asumí directamente la parte docente. Me tocaron los cursos nocturnos y la mayoría de mis alumnos eran mayores que yo, porque en esa época los cursos nocturnos eran personas que habían avanzado mucho en su experiencia profesional y que se estaban sistematizando sus grados académicos. En consecuencia, bueno, me tocó ese desafío curioso que muchos alumnos me llamaban "mío", pero fue una formación maravillosa y lo recuerdo como todo un proceso instruccional vivido a partir de ejercer la docencia.

Ahora, el recorrido docente tuyo es impresionante porque das clases en la Universidad Central de Venezuela, después en la especialización en Gerencia Cultural de la Universidad Simón Rodríguez. Has sido profesor en una universidad en Barcelona. Has sido profesor en la Universidad Metropolitana, incluso coordinador de la Especialización en Gerencias y Comunicaciones Integradas. Es un recorrido muy largo, fuiste director del Colegio Universitario Francisco de Miranda y fuiste secretario del ministro de Educación. Eso fue con Enrique Pérez Olivares, en el primer gobierno de Caldera. ¿Cómo fue esa experiencia, Víctor?

Maravillosa, maravilloso, porque Enrique Pérez Olivares era un personaje grandioso, con una formación, con una ecuanimidad, con una sensibilidad social, un alcance político. Era un ser completamente excepcional. Y para mí fue toda una escuela trabajar con él porque cada una de las cosas que él hacía yo lo tenía como referente. Además fue un proceso de desafío muy importante porque hubo cambios en la educación muy sustantivos que se quedaron en el camino. Se fueron descuidando todas aquellas opciones que venían distintas, borraban con lo anterior y se fueron acumulando esa especie de paréntesis; no favorecieron una continuidad orgánica de visión estatal del concepto propiamente de educación.

O sea que tú, como especialista, tu maestría en filosofía de la educación se ha desarrollado tanto en el aula como profesor extraordinario. Yo fui alumno tuyo hace 20 años, 17 años para ser más exactos, pero también en la gerencia académica porque fuiste director de un colegio universitario y después te incorporas a una experiencia curiosa donde fuiste vicerrector académico en la Universidad Nacional Abierta. ¿Cómo fue esa experiencia?

Maravillosa porque, en aquella época, era la etapa incipiente de la educación abierta y a distancia. Era un movimiento mundial que fecundó con gran amplitud y en todas partes se planteaba como una gran opción, no para favorecer a los desfavorecidos sino para ampliar los márgenes de la cobertura educativa. Fue todo un desafío porque era ir teniendo una experiencia y formando al mismo tiempo un criterio de iniciación de una experiencia educativa que estaba en su proceso incipiente, que después tomó muchísimo vuelo y que todavía lo he mantenido a lo largo del tiempo, ¿no?

Claro. Y yo recuerdo que luego tienes la experiencia... tú me corriges en el tiempo o la línea de tiempos. La experiencia del Convenio Andrés Bello es en Bogotá, donde viviste varios años. ¿Cómo fue esa experiencia bogotana y el Convenio Andrés Bello? Explícanos a la audiencia qué es el Convenio Andrés Bello. Sí, quizás.

Yo estuve antes del Convenio Andrés Bello, una experiencia importante en la Unesco, en el Centro Regional de Educación Superior de América Latina y el Caribe. Exacto, no, eso fue aquí en Venezuela, pero antes había estado como director del proyecto educativo de investigación evaluativa en Colombia, que era un proyecto bandera del presidente Belisario Betancur. Uno de los aspectos formaba parte de su gobierno: la educación abierta y a distancia para ampliar la cobertura de la educación. Solicitaron apoyo al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, ahí se creó a través de la Unesco este proyecto que yo dirigía y fue algo maravilloso porque me permitió trasladar la experiencia que había adquirido en Venezuela a una entidad internacional con cobertura nacional a nivel de Colombia y que también tenía referencias hacia otros países de América Latina. Fue una experiencia maravillosa, fue un proyecto muy exitoso evaluado con una apreciación suprema. Me vine y, al venirme, entonces después vino la experiencia de la SECAB, que fue una sorpresa. ¿Cuántos años después?

Fue unos dos años después, dos o tres años después, pero fue una experiencia digamos imprevista porque en aquella oportunidad la reunión de ministros de los países del Convenio Andrés Bello, la REMECAB, se reunía y tenía que designar un nuevo secretario en el Consejo Ejecutivo del Convenio. Ya un venezolano había sido y previamente un colombiano, lo que quiere decir que en esta tercera ronda le tocaba a un chileno, y sin embargo te escogieron. Y sin embargo me escogieron a mí y además me seleccionó para la terna el presidente Carlos Andrés Pérez, todo lo contrario. Sin embargo, fue totalmente hacia eso iba él sobre todo.

Bueno, vamos a una pausa. Estamos conversando con el filósofo de la educación, con el ensayista como crítico de artes plásticas y con el extraordinario profesor Víctor Guédez. Ya regresamos. En breve continúa Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio, pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba rafaelarraiz. Somos Unión Radio Cultural.

Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Víctor, estamos conversando con Víctor Guédez en Los del podio, su segunda temporada, en el programa Venezolanos por Unión Radio. Has tenido dos experiencias de vida en Colombia, en dos momentos distintos. Ese período, el presidente Belisario Betancur estuvo entre el 82 y el 86. Ahí has debido estar tú y creo que después regresaste ya en el 89 cuando comenzó a gobernar Carlos Andrés Pérez y has seguido yendo a dar clases casi todos los años. Colombia, digamos, que es el país más cercano a tu corazón después de Venezuela. Tal cual, sí, porque mantuve los vínculos y realmente seguí trabajando con la Sergio Arboleda, luego con la Universidad del Rosario, en la Universidad de los Andes. Tuve una pasantía.

En fin, después tuve con algunas empresas en algunos años, tuve con Pacífico Rubiales en algunos cursos... en fin, siempre he mantenido unos vínculos muy cercanos y muy afectivos, ¿no? Y me siento como en mi casa en Bogotá, realmente. Qué maravilla. Bueno, ahora vamos a abrir la puerta de otra faceta tuya, una faceta muy fértil en tu vida que es la crítica a artes plásticas. ¿Cómo comienza esto?

Fíjate que el primer libro tuyo de artes visuales se publica en 1986, 11 expresiones del arte colombiano contemporáneo. Esto lo publicó el Fondo Cultural Cafetero de Colombia. Podemos afirmar que esta vocación por la crítica a artes plásticas nace en Colombia o ya se había sembrado en Venezuela. No, absolutamente, fue en Venezuela cuando yo era secretario ejecutivo de la Asociación de Amigos de la Galería de Arte Nacional y ahí, bueno, la vinculación con los artistas era muy inmediata y muy frecuente.

Y eso me permitió tener una relación con ellos y aprovecharlo como una gran escuela. Todos los sábados iba a un taller distinto y comencé a escribir. Mi primer artículo fue sobre un artista que yo considero uno de los que tenía una cultura plástica mayor, que era Manuel Quintana Castillo. Él me estimuló muchísimo y yo seguí escribiendo. En esa época publicaba trabajos en el Papel Cultural de Últimas Noticias. Ahí los leías, los publicaste. Ahí, después en El Universal con Sofía Hímberg.

En fin, ya me fui para Colombia con un desarrollo ya de muchos artículos publicados en medios de comunicación masiva y allá establecí relaciones con los artistas que tenían mayor vigencia en aquel momento. Se fue compilando un trabajo que se tradujo en el libro, después el Fondo Cultural Cafetero lo publicó. Pero yo tenía un camino avanzado desde Venezuela. En esa línea tu producción intelectual viene otro libro en 1993, que es Armando Barrios. Lo permanente, lo novedoso y lo influyente, un libro publicado por la Galería de Arte Nacional. Armando Barrios tocó tu interés. Sí, sobre todo porque su esposa era una mujer muy motivadora y muy afectuosa.

Y siempre me favorecía un espacio de comunicación con el artista que permitió establecer una relación entre la música, el arte y el maestro Armando Barrios. Reina Barrios, Reina Barrios era una maravilla realmente, una mujer que me dio muchísimo estímulo. Me favoreció mucho una relación y sensibilidad alrededor de la obra de Armando Barrios y toda su preocupación y su identificación con la música. Y en el año 94, al año siguiente, publicas Aproximación y comprensión del arte contemporáneo, lo publica la Fundación Polar. Ese es ya un libro más orgánico donde hay una reflexión más orgánica sobre el arte. Sí, ahí hay una sistematización, una primera sistematización que ahora estoy, por cierto, en la segunda y no sé si tendremos tiempo de conversarla, pero ahí yo sistematicé todo un proceso de vinculación con la obra de arte.

Y hablaba fundamentalmente que hay seis grandes fases para uno vincularse con las obras de arte. Uno necesita, en primer lugar, motivación, es decir, un impulso interno que te proyecte sobre la conquista de aquella obra que tú quieres analizar. Otra es la proyección en términos de salir de ti mismo para ya tomar el camino de acercamiento con esa obra. En un tercer momento es llegar a los aspectos más formales, más aparienciales y objetivos, más fotografiables de una obra, de tal manera que tú puedas describir los rasgos formales objetivos de esa obra. Luego era interrogarla, la interrogación: ¿qué preguntas tú puedes hacerle al arte para que el arte te responda y sea capaz de atender las expectativas que tú planteas?

Y finalmente habían dos últimas, que era la de hacer una evaluación, una valoración de esa obra, y finalmente hacer una relación de esa valoración, ese valor añadido a la obra en el marco del contexto donde ya se desempeñaba. Entonces eran tres grandes fases que se organizaban en tres etapas, ¿no? Una etapa de aproximación, que son las dos primeras. Esa es un edificio de comprensión, el análisis y la visión descriptiva, y una última que es la de crítica del arte, que era propiamente la de la evaluación y relaciones contextuales. Ahí fue toda una sistematización. Bueno... y después vienen Las poéticas de lo humano en cinco fotógrafos, del año 97, El pequeño libro del arte, del 98, Vanguardia tras vanguardia y Metavanguardias, del 99.

Y viene una suerte de pausa porque entras, te adentras en otros temas que ya los hablaremos, pero quisiera agotar el tema del crítico de arte que en estos años ochenta, todos los noventa, es donde encontramos la mayor aproximación tuya a ese mundo y a este fenómeno. Pero uno intuye que esa indagación no ha terminado porque entiendo que estás trabajando en una interpretación del arte venezolano, en este caso, o universal. La verdad que es a partir de esa desagregación y de esta interacción que establecí en ese libro de Aproximación y comprensión del arte contemporáneo, de donde viene todo el desarrollo, una serie de categorías que me servían como pautas de lectura de las obras de arte. Así fui levantando una especie de estructuración muy sistemática de los recursos con los cuales uno puede favorecer esa relación de inmediatez, la obra de arte, y he llegado a un punto en el cual ya ese proceso no me satisface intelectualmente, sino que por el contrario me plantean más oquedades que luces y que iluminaciones, ¿no? Y entonces he llegado a pensar en una idea de metacrítica, de ir más allá de la crítica.

Cuando uno habla de metacríticas se supone que no se puede ir más allá del lugar al cual uno no ha llegado, y en consecuencia es después de haber alcanzado una experiencia el ámbito de lo crítico como vivencialmente no me siento satisfecho. Y ahora quiero disfrutar una obra de arte sin tener la exigencia de una interpretación, es decir, alejarme de la hermenéutica para aproximarme a una especie de erótica de relación con el arte. Y ahí me robo una frase a Susan Sontag, que ella en la última línea del primer capítulo de un libro que se llama Contra la interpretación, es una mujer estupenda, ella tiene una frase y se llama: "Necesitamos ir de la hermenéutica a la erótica del arte". Yo me robé ese título y eso es el libro que estoy trabajando y que estoy terminando en estos días realmente, donde planteo cómo ir más allá de la crítica, y seguir más allá significa que me despoje de todas las pautas de lectura y de toda esa hermenéutica que lo lleva a uno a analizar demasiado, si logísticamente o algorítmicamente, una obra para disfrutarla con mayor vivencia.

Claro. Bueno, ya hay otra línea del trabajo que son los libros sobre educación: Educación para el autodesarrollo, del año 1977; Pedagogía general, de 1980; Educación y proyecto histórico pedagógico, del año 1987; y Gerencia, cultura y educación. Es de modo que hay una reflexión sobre el tema, vinculado también con la gestión cultural. Yo creo que tú ensamblaste las reflexiones de la educación y la gestión cultural en la próxima parte del programa vamos a comenzar hablando sobre esos libros centrados en la educación e entraremos también en la faceta de la ética y de la responsabilidad social empresarial. Ya regresamos en nuestra conversación con Víctor Guédez.

Víctor, hablábamos en la sección anterior del programa como el profesor que está en aula o que da clase o que gerencia un instituto de educación superior también escribe y reflexiona sobre el proceso educativo. Ese fue tu primer libro, un libro del año 1977. ¿Qué edad tenías tú en 1967? La verdad que no me acuerdo la edad de ese momento, si ahorita tengo setenta y ocho, en aquella época no sé cuánto tendría, pero ese es un libro muy preliminar, pero que me da una visión muy estructurada de lo que se quería en el mundo de la educación en aquella época.

Yo recuerdo, en ese libro traté de sistematizar una experiencia que veníamos desarrollando durante las gestiones de Enrique Pérez Olivares y de Rafael Caldera, que era la... esto fue ya, no, mentira, con Luz Herrada, fue con Luis Herrera, perdóname, sí, fue con Luis Herrera, donde nosotros se planteaba una educación diversificada que le permitiera a los estudiantes tener salidas intermedias que les permitieran desarrollar una actividad laboral sin dejar de prolongar sus estudios académicos en la universidad. Y se pensó en la necesidad de los estudios generales, que no era un curso propedéutico sino que era una formación instrumental de algunos ejes transversales que eran necesarios para que el estudiante pudiese garantizar las secuencias del esfuerzo intelectual a lo largo del desarrollo académico.

Y hablábamos de tres ejes, me acuerdo yo, que es lo que desarrollo en ese libro, que era el eje simbólico, heurístico y crítico. Eran tres ejes que se iban a nacer en ese nivel de los estudios generales, pero que se van a proyectar después hacia las perspectivas para profundización académica y culminación formal, pues desde los estudios universitarios. Y esas tres áreas, el área simbólica era la que le permitía al estudiante dominar recursos como la lógica, como las gramáticas, como el lenguaje y como las matemáticas, que fuesen lenguajes simbólicos que favorecieran una ampliación de su capacidad comprensiva.

El eje heurístico era todo aquel contenido que se asociaba con el desarrollo de la sensibilidad por la búsqueda o descubrimiento o invención o creación, cómo hacer un estudiante que fuese realmente creativo, y el eje crítico era el que le permitía establecer relaciones de valoración en su contexto y orientaciones éticas en relación con la vida ciudadana. Entonces eran tres ejes maravillosos que se desagregaban en ese concepto de la formación general. Y recuerdo que desarrollé un modelo donde planteaba que era necesario un perfil, pensar en términos de un perfil a ver si lo puedo recordar después de tantos años, y fuese un sujeto eficiente, racional, crítico, creativo, ético y afectivo. Era toda una desagregación, pero una desagregación conjunta, híbrida, sinérgica, porque no era algo separado de otro ni que competía con otros sino que se conjugaba en un solo compendio.

Porque cuando tú buscas a un hombre eficiente y te olvidas de todo lo demás, lo que consigues es un pragmático. Cuando tú formas un hombre racional independientemente de todo lo demás, lo que consigues es un dogmático. Cuando formas a un hombre crítico independientemente de todo lo demás, simplemente es un problemático. Cuando tú simplemente formas al hombre ético y te olvidas de todo lo demás, es un hombre aséptico. Esto es una desagregación conjunta que traté de desarrollar en el ámbito de mi reflexión educativa en aquella época, todavía le quedan como pauta sensibilización y de aproximación al hecho educativo.

Mientras te oigo hablar, me doy cuenta que también tus años en PDVSA, que fueron muchos, entiendo yo que fue una gran oportunidad para llevar a la práctica toda la filosofía educativa tuya, ¿no? ¿Cuántos años estuviste allí? Diez o quince. Estuve catorce años, casi quince, pero fue un espacio maravilloso, claro, porque el SIED, que era el Centro Internacional de Desarrollo Educativo de PDVSA, ahí se formaba todo desde las instancias y la cúpula ejecutiva hasta los niveles más operativos, de la operación petrolera. O sea, quien maneja un camión tiene que tener una certificación internacional y nosotros la dábamos ahí, pero también había cursos de alta gerencia para quienes ejercían, digamos, los niveles más altos de PDVSA.

Y ahí se me planteó el gran desafío: cómo hago yo para administrar contenidos de naturaleza humanística e orientación ética a profesionales que se mueven en las operaciones y en el ámbito de la ingeniería. Y eso me dio una capacidad didáctica, poder sistematizar todos los elementos de la ética aplicada al mundo de la operación y al mundo ingenieril, digamos. Y bueno, ahí se abrió la puerta de la ética en términos de divulgación, en términos de su proyección u operacionalización empresarial y en términos de su implantación como práctica en la gerencia, y todavía la verdad que me sigue despertando muchísima inquietud.

Y sigo trabajando, no abandono nunca ese tema. Bueno, de hecho, La ética gerencial: instrumentos estratégicos que facilitan decisiones correctas es un libro que tiene cuatro ediciones y es prácticamente un libro de texto para los estudios de ética gerencial. Y ese libro fue publicado cuando yo estaba todavía en PDVSA. Sí, es del año 2001. Exacto, todavía así pues dos años antes que nos votaran.

Claro, exactamente, y también El orden de la ética: tenemos que aprender e imprender desde la gerencia al conocimiento, a las éticas de la sabiduría. Tenemos Ética política y reconciliación, una reflexión sobre el origen y propósito de la inclusión, prologado por mí, valga la cuña, Ética y práctica en responsabilidad social empresarial del año 2006. Y aquí empieza la responsabilidad social empresarial que tú entiendes, a mi juicio, corrígeme si no es así, dentro de un paraguas más amplio que es la ética, al cual la responsabilidad social empresarial vendría a ser como la implementación ética del empresario.

Al cual, qué bien. Yo si a uno le piden en una línea qué es la responsabilidad social empresarial, no podría decir de manera muy apretada, desde luego, y que es la operacionalización de la ética al ámbito de las relaciones que la empresa establece con todos sus grupos de interés. Incluye su grupo de interés inmediato y la sociedad más lejana. Claro, tal cual, porque lo que hoy en día define la responsabilidad social empresarial es precisamente cómo se debe relacionar la empresa con todos aquellos con los cuales ella impacta o con todos aquellos que cuando actúan le impacten a ella.

O sea que un juego recíproco. La responsabilidad social empresarial fue un tema que fundamentalmente se planteó académicamente en 1970 con Milton Friedman, que planteó la responsabilidad social de la empresa es generar máximo rendimiento al accionista, siempre y cuando que no atente contra ningún principio ético planteado. Pero entonces él decía: bueno, quien quiera esa responsabilidad social desde la empresa, que se saque el dinero de su bolsillo, pero que no le saque dinero a la empresa. O sea, ese era todo un planteamiento que generó un espacio de debate amplísimo.

Pero después en los ochenta se plantean que la responsabilidad social empresarial no es solamente generar el máximo rendimiento al accionista, porque el accionista es uno de los grupos de interés, pero hay otros dos sin los cuales la empresa no existiría. El accionista necesita un trabajador que traduzca su financiamiento en recursos específicos que garanticen la ganancia de lo redituable del subfinanciamiento, y necesitan también los clientes. Entonces la responsabilidad social empresarial está asociada a atender aquellos grupos sin los cuales sería imposible que la empresa exista, que es el accionista, el trabajador y el cliente. Pero después en los 90 se plantea con Edward Freeman el concepto propiamente de grupo de interés. Dicen: no, la responsabilidad de la empresa no puede ser exclusivamente para aquellos sin los cuales la empresa no existe sino tiene que ir más allá, tiene que atender a todos aquellos que son impactados cuando la empresa decide o actúa o a todos aquellos que cuando deciden o actúan impacten a la empresa.

Entonces ahí se suma los proveedores, los socios, los medios de comunicación... todos los que forman parte del contexto. Y después viene, a finales de los 90, el concepto además de eso, el medio ambiente también es parte, y en consecuencia va ampliando aquella especie de pirámide. El concepto de responsabilidad social empresarial hoy en día está cubierto y atendido por toda esa cantidad de exigencias.

¿Y qué le dirías, Víctor, a los accionistas de la empresa que probablemente te digan: bueno, pero este dinero que pudiera entrar en mis bolsillos ahora se está yendo para estas actividades? ¿En qué sentido estas actividades van a ser buenas inversiones para mí? Sí, ahí está el verdadero alcance estratégico de la responsabilidad social empresarial y es que apunta a la reputación de la empresa. Y si apuntan a la reputación, quiere decir que las empresas tienen ganancia a partir de sus reputaciones, y quizás aquí valga la pena hacer una distinción muy rápida aunque sea, que no es lo mismo imagen que reputación. ¿Qué es tener imagen?

Tener imagen es la apreciación que tiene la opinión pública de la empresa como consecuencia de lo que ella dice que es. Entonces yo puedo, a través de medios de comunicación, a través de publicidad, favorecer una imagen en tal y cual visión, verdad, pero resulta que la reputación es una cosa distinta, porque la reputación es la valoración y el aprecio que las personas tienen de mis productos y de mi servicio. Después los comparan con el resto de los productos y servicios que ofrecen las empresas análogas. Entonces ahí entra una cosa distinta: yo puedo decir algo en mi promoción divulgativa, pero si la gente ya comprueba entonces la reputación yo la compruebo de otra manera.

Vamos a una pausa. Estamos hablando con Víctor Guédez y vamos a una pausa y entramos en la última parte del programa. Anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio, pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba rafaelarraiz. Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos.

Somos Unión Radio Cultural. Bien, estamos conversando con Víctor Guédez. Estábamos tocando el tema de la imagen y la reputación. Insistes en una distinción extraordinaria, una gran claridad. Todo esto está recubierto en tus libros y yo exhorto a los interesados en estos temas, en estos temas, a leerlos, ¿no? Por ejemplo, Este ser confiable, ahí la responsabilidad social y reputación empresarial, que son al parecer elementos que se tocan pero que no son exactamente lo mismo, ¿verdad?

De modo que te fuiste metiendo por este mundo de la ética a la responsabilidad social empresarial y en el fondo estás reflexionando sobre la naturaleza de las empresas en el mundo libre, lo que filosóficamente es muy interesante. Claro, mira, hoy en día no hay ninguna persona que haya reflexionado y que esté reflexionando sobre el campo empresarial que no plantee la importancia de la ética, porque sin la ética es absolutamente imposible. Yo le digo a mis alumnos que ahí arranco con aquella imagen de Tagore: "Cuando lloramos de noche por no ver el sol, las lágrimas nos impiden ver las estrellas".

Cuando uno esto lo transfiere al mundo empresarial en un mundo tan turbulento, tan disruptivo o tan complejo como el de hoy, bueno, mira, estamos viviendo una realidad oscura y hay cinco estrellas. Esas cinco estrellas que iluminan y nos permiten aprender a caminar en medio de la oscuridad son, en primer lugar, tener presencia, es decir, el posicionamiento, el yo saber dónde me muevo y saber cuáles son las características del territorio que yo ocupo. Después la apertura, porque yo necesito no solamente encerrarme dentro de una realidad contextual sino vincularme con los otros sectores de la economía. La tercera estrella es la flexibilidad, yo necesito adaptarme al mundo que es totalmente cambiante y debo aceptar cuando me adapto a las irregularidades la topografía, y que eso va más allá de la resiliencia, yo creo que es un problema de longanimidad como algo que vamos a... ya, pero hay una cuarta estrella que es la innovación, porque si tú tienes todo lo anterior pero no eres capaz de innovar vas a ser una empresa fracasada.

Pero a todo eso le falta la última estrella, que es la gran vedette sin la cual es imposible que lo anterior se conquiste, que es la ética. Entonces ahí está, no hay... es decir, la ética en sí misma no asegura el éxito de las empresas, pero no puede haber un éxito de las empresas sin la ética, porque la ética es uno de los factores fundamentales sin los cuales es imposible que yo pueda favorecer lo demás.

Muy bien. Bueno, Víctor, hemos hecho un recorrido bastante completo, pero tú estás en plena evolución y trabajo. Además del libro que estás trabajando sobre arte, ¿estás adelantando alguna otra reflexión sobre ética o gerencia social? Ese ha sido el tema de tus últimos libros, la gerencia social y la reconciliación política. Eso también ha sido un tema que te ha tocado la puerta. Le interesa muchísimo eso porque yo en este momento, por ejemplo, escucho las propuestas de los políticos y alternativas que se plantean para las primarias, y uno escucha propuestas estupendas, maravillosas, con las cuales tú puedes sintonizarte sin ninguna exigencia, pero yo he escrito por ahí en alguno de los libros que en ese último libro que tú señalas ahí planteó que hay cuatro R sin las cuales es imposible que se tenga éxito y la secuencia es la siguiente: la R de la reconciliación, reinstitucionalización, recuperación económica y reorientación de los valores éticos, lo que quiere decir que lo primero es la reconciliación.

No hay manera de que se establezca ninguna institucionalización ni ninguna recuperación económica, ninguna armonía social, ningún planteamiento programático en el ámbito político que no admita que tenemos que arrancar con la reconciliación. Porque la reconciliación no es algo que se impone de abajo hacia arriba sino de arriba hacia abajo, y si bien es cierto, de arriba hacia abajo está como política, cómo establecerla como parte... Política de Estado, política nacional. Como política nacional. Y tú no puedes hablar absolutamente de nada al margen de la reconciliación. Y si además de no plantear la reconciliación, planteas que debemos ser todos iguales acabando con los distintos, ¿verdad? Entonces es la antítesis y la reconciliación por lo cual mucho menos en la guerra total. Pero ese planteamiento es fundamentalmente democrático, totalmente. Quizás esa sea la mayor falencia, el mayor déficit cultural que tenemos en los últimos años, es el cultivo del espíritu de la virtud democrática.

La convivencia democrática realmente no hay manera de gobernabilidad posible al margen de esto y llegar con una tesis contraria es acabar con cualquier índice elemental de gobernabilidad y va a ser todo lo contrario. Bueno, vamos ahora a escuchar de Víctor Guédez en otros ámbitos, quienes te conocemos mucho, que es mi caso. Sabemos que eres un catador de cachitos de jamón, tienes un ranking de los mejores de Caracas, ¿no? Tienes años con esa afición, sabemos también que eres un hombre de una puntualidad, yo no diría inglesa sino suiza.

Sabemos también que cultivas la amistad como si fuese una religión o es realmente un culto el que tú tienes de la amistad. Uno ve ese ser humano que es Víctor Guédez y yo encuentro a ti te marcó la formación cristiana, creo que ahí tienes mucho que deberle a los hermanos de La Salle. Eso, digamos, además en los libros de ética sin que tú lo digas expresamente, eso está allí, ¿no? El reconocimiento del otro, la reconciliación, el amor al prójimo, el culto a la amistad, tal cual. Sí, bueno, mira, has hecho una semblanza muy íntima, muy inmediata mía. En fin, así es, yo soy consecuencia de La Salle, yo soy una derivación de La Salle. La Salle me permitió mi sensibilidad, mis creencias y pensamientos.

La verdad que difícilmente hay un aspecto de la personalidad que no tenga una fuente inscrita en aquellos tiempos, en aquellos tiempos. Y el mundo de tus amigos o relaciones, tú eres muy amiguero, durante años hemos ido a tu casa el 5 de enero, que es el día de tu cumpleaños, a unas hallacas extraordinarias. ¿Qué significa eso dentro de tu vida y personalidad? La verdad, la relación con el otro es la mayor riqueza que uno puede tener. El tiempo en el que uno le dedica a las relaciones con el otro es la vida más plena que uno pueda tener.

Quizás uno piensa en que el tiempo mejor invertido es el tiempo que tú puedes pasar con tu familia y tus viajes con tus amigos son realmente dimensiones que se conjugan en un mismo compendio individual para tú elevar tu espíritu hacia lo más. Y además tú has sido un padre de familia extraordinario y un abuelo. Tienes una hija viviendo en Madrid y vas todos los años a visitar a los nietos, tienes un hijo y tus nietos aquí también, de modo que la familia también ha sido un espacio importante en su vida, ¿no? Absolutamente, absolutamente. Bueno y por último, Víctor, ¿qué sueños tienes?

Mira, poder realizar mis proyectos, que son varios. Tengo varios proyectos actuales y tengo proyectos afectivos también. Adelante, qué maravilla. Bueno, en fin, hace dos años de mi vida muy solo, muy metido a uno que da muy fuerte, ahora tengo una novia que me ha motivado muchísimo y que me tiene una alfombra mágica. Y tengo mis proyectos intelectuales, por lo menos tres libros que tengo en proyecto para seguir trabajando y mientras tenga esos proyectos sigo avanzando y sigo estirando la línea de mi vida, ¿no? Claro, hay algunos lugares del mundo o Venezuela que quisiera ir, forman parte de tus anhelos no cumplidos. La verdad es que ya lo que quiero es repetir viajes sobre países ya conocidos, más que conocer otros distintos.

Ya los que quería conocer ya creo que dimos bastante vueltas y ahora quisiera volver a repetir y afianzar y profundizar más bien en algunos que ya conozco. Bueno, hasta aquí nuestra entrevista, Víctor Guédez, un venezolano excepcional, y esta ha sido la segunda temporada de Los del podio en el programa Venezolanos. Muchas gracias, Víctor, por esta entrevista. Qué encantado. Siempre me honra tu amistad y valoro mucho el tiempo que me dedicas como amigo.

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