Serie Los del podio I. Cap 11. Gloria Cuenca
Serie Los del podio I. Cap 11. Gloria Cuenca
Transcripción
Hispanoamérica merecedora de medallas. Así estás en Caracas en el año cuarenta, viuda de Adolfo Herrera, un periodista muy querido en Venezuela. Madre de Marianela, una médica o nutrióloga a quien hemos entrevistado en repetidas oportunidades, y de Adolfo, un músico y comunicador, y eres abuela de seis nietos. Seis maravillosos nietos, señora: comencemos por tu vida familiar, ¿cómo ha sido?
Intensa, primero porque al casarme con Adolfo era imposible no vivir intensamente con él: éramos los dos militantes políticos y nos queríamos acabar el mundo; queríamos hacer la revolución y hacer todo ese montón de locuras que se nos ocurrieron en la juventud. De repente, después de un segundo viaje a China, nos dimos cuenta de que eso era un disparate. Tengo una gran suerte: mis hijos han podido salir, un par de locos; la doctrinación que había en esa casa era terrible. Los muchachos se rebelaron y salieron muy formales y muy chéveres, los dos, gracias a Dios, y nunca nos hicieron caso a ese montón de ideas disparatadas que teníamos en la cabeza.
¿Y cómo era el ambiente de tu familia paterna, maternal, cuando llegaste al mundo? Cuando llegué al mundo, mi papá era de Maracaibo, Humberto Cuenca; mi mamá era de Turmero y se llevaban ambos. Él era abogado y ella también se graduaba abogada, y había un ambiente maravilloso en mi casa: había cultura por todas partes, estudio, eso era lo más importante, estudiar, saber, aprender. Entonces, de repente, bueno, se me cruzaron los cables a mí con la política y me metí donde no me debió meter, por fortuna.
Yo tengo el recuerdo de que el doctor Cuenca fue un catedrático además y varios libros publicados. Sí, él era un gran procesalista. Yo empecé estudiando Derecho, pero después me salí para periodismo porque es muy fuerte la profesión del abogado, ¿verdad? No, no es una profesión muy exigente, muy exigente, entonces yo era un poco farandulera y por eso me metí en el periodismo.
El periodismo tiene una parte muy seria y muy chévere, pero también tiene una parte espectacular que hace que uno disfrute muchísimo lo que es el periodismo como tal, claro. Y antes de hablar del año en que te graduaste de periodista, en 1965 en la Universidad Central de Venezuela, ¿dónde fueron tus estudios, en la escuela primaria, el bachillerato? Ah, bueno, mira, mi papá era un hombre que creía mucho en los estudios laicos, aunque él era muy católico y firme, y militante de su catolicismo. Nos inscribió a la Escuela Experimental Venezuela.
Bueno, pero eso fue un gran colegio, eso fue un colegio maravilloso. Y después estuve en el Liceo Andrés Bello, enfrente, que también fue una maravilla; crucé la calle e hice el bachillerato ahí, de manera que mi formación básica es en esas dos instituciones maravillosas. Y bueno, yo después, cuando me gradué de bachiller, viajé a Europa, pasé dos años en Europa estudiando en Roma, ahí estaba entusiasmada con el Derecho. Estaba sola con tu familia, estaban...
Mi mamá y mis hermanos estaban allá y la verdad que fueron dos años de una intensidad tremenda. Ahí es donde me empiezo a establecer nexos con el Partido Comunista Italiano, que no tenía nada que ver, por supuesto, con el Partido Comunista de aquí, y yo era una irreverente. Yo me acuerdo muchísimo que yo allá leí a Sartre, a Simone de Beauvoir, a Merleau-Ponty, todos los grandes de ese momento. Y una vez licenciada en periodismo, veo que la maestría en Comunicación Social la hiciste un tiempo después, casi 20 años después.
Bueno, porque es que no había estudios de posgrados y entonces me metí en algunos cursos de ampliación para hacer posgrado, tanto en la Universidad Central, por cierto, bajo la dirección de un profesor muy interesante que era el profesor, bueno, no me acuerdo el nombre del profesor, pero sé que era un profesor muy importante que dictaba una materia, un seminario que se llamaba la prensa como fuente histórica. Y entonces yo me fui por ese camino, ahí me di cuenta de que ninguna cosa me gustaba tanto como el periodismo en la comunicación. Y entonces, junto con Héctor Mujica, hay un grupo de personas del ININCO y estaba el profesor Pasquali o el profesor Federico Álvarez, etcétera.
Decidimos que iba a hacer la maestría, entonces organizamos la maestría con una gran ventaja, que eran los tiempos maravillosos de Venezuela y pudimos contratar profesores desde todas partes del mundo, vinieron a nuestro posgrado y era un posgrado extraordinario. Realmente estuvo aquí Armand Mattelart, fue nuestro profesor. Nada menos, nada más y nada menos el doctor Alberto Ruiz Eldridge, que era especialista en Derecho de la comunicación, vino Luis Ramiro Beltrán, quien es el creador de la palabra Comunicología. En fin, tuvimos una maravilla de posgrado y luego de eso yo me inscribí al Doctorado en Ciencias Políticas y no hice la tesis del doctorado porque me puse muy brava, yo soy brava, ahora que estoy suavizada.
Así, ¿y qué te molestó? Me molestó que una colega que era muy estudiosa había hecho un trabajo muy importante sobre las propagandas en los medios, etcétera, y en el Doctorado de Ciencias Políticas un profesor se antojó decir que no era válida la metodología, nuestra metodología; era la metodología de Kaiser y era una metodología totalmente válida. Y entonces, bueno, ahí me puse bravísima y peleé con todo el mundo y terminé los cursos pero no presenté la tesis, la dejé casi lista porque es una tesis muy interesante. ¿Pero, bueno? Bueno, son cosas en vida.
Pero ingresaste a la docencia por un concurso oposición. Ah, sí, muy peleado, el año 66, sí, señor. Ahí eso sí fue verdad que fue peleado porque ya me había peleado con el Partido Comunista y me había salido del partido; yo pasé siete años militando en el Partido Comunista y me volví maoísta. OK, como me parecía poco eso, me da pena contarlo, pero bueno, así es.
Entonces los camaradas de la Facultad de Humanidades se volvieron locos cuando vieron que yo iba a concursar y tenía posibilidades de ganar el concurso, mandaron inscribir un gentío. Gentíos que se inscribían al concurso y muchos renunciaron, pero hubo otros que se quedan y los derroté en buena lid. Estudié como una loca, ¿de verdad? Quedé asombrado.
Pasé alrededor de 12 horas al día estudiando para poder ir a la Villa y ahí empiezas a dar la... Empiezo a dar Ética y Legislación de la Prensa, que se llamaba así inicialmente, y después paso a Ética y Legislación, claro. Y todas las materias que me abrió la perspectiva de la maestría: daba teoría, daba planificación, hice seminarios. Hay un seminario sobre historia del periodismo, es muy interesante.
Era historia del periodismo venezolano, historia del periodismo latinoamericano y era apasionante. Compartí ese seminario con el profesor Jesús Rosa Marcano, que era un pozo de sabiduría, era el profesor Rosa Marcano; entonces, además de yo enseñar, yo aprendí también con él, esa es la gran ventaja de ser docente. Un hombre muy simpático, muy ocurrente, extraordinario, extraordinario el profesor Rosa Marcano, inolvidable y no olvidable, ¿verdad que sí?
También diste introducción a los medios de comunicación social, unos seminarios optativos, medios de comunicación y prensa femenina. ¿Cómo fue eso? Bueno, esa época era una militante del feminismo, bueno, entonces este, el año 75 las Naciones Unidas lo declararon el año de la mujer y entonces yo para, de alguna manera, buscar muchachas que se interesaran en el tema del feminismo, abría ese seminario, eh... que Adolfo, mi marido, se moría a la risa porque él cuando le preguntaban, ¿y la profesora? Está dando un seminario, entonces se meten todos los hombres. Entonces empezaba a echar broma con eso, no lo transformaba en una cosa muy risueña, pero efectivamente era un seminario duro con relación al uso y abuso que hubo en cierto momento de la imagen de las mujeres en los medios.
Sin embargo, con la perspectiva del tiempo esa lucha no fue en vano, hoy en día los medios respetan muchísimo más a las mujeres. Todavía hay por ahí quien se le queda pegado ese tipo de cosas, pero ya no es lo mismo.
En esa larga carrera como profesora de la Universidad Central de Venezuela, llegaste a ser profesora titular en el año 1991, todos los pasos, ¿no? Todos los trabajos de ascenso, toda esa cantidad de cosas, esos momentos que a veces eran maravillosos y a veces eran terribles porque el mundo de la universidad en Estados Unidos y en Europa es una cosa que es muy interesante. Que no dejan a la gente se quede en el mismo ambiente sino que lo sacan y les ofrecen, si quieren ser diplomáticos, los cambian de universidad, uno tiene la opción del mismo nivel y eso, de alguna manera, hace que esa cosa del ser humano, que es tan complicada, la envidia y el resentimiento o la competencia malsana, porque la competencia buena tiene su sentido, pero cuando es malsana es terrible.
Eso no se ha podido superar en las instituciones venezolanas universitarias justamente por hacer una apertura hacia esas cosas que han hecho tanto en Estados Unidos como en Europa. Bien, estamos conversando con la profesora Gloria Cuenca de Herrera, vamos a una pausa. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm, para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com. En Twitter, arroba Rafael Arráiz. Somos Unión Radio Cultural.
Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estamos en Venezolanos por Unión Radio, en esta serie que venimos haciendo, Los del podio. Hoy estamos conversando con la profesora Gloria Cuenca de Herrera y, como siempre, estamos revisando su hoja de vida, sus actividades, estamos hablando de una profesora, una periodista muy querida, muy estimada en Venezuela, entre el año 68, 69 y 70.
Gloria, fuiste coordinadora de la Escuela de Comunicación Social, ¿no? Efectivamente, esos son unos años muy intensos porque en el año 68 un gran político brasileño que se había refugiado en Venezuela por la dictadura brasileña, el doctor Darcy Ribeiro, claro, no importa, sí lo contrata el CENDES y el Consejo Universitario le da la tarea de hacer una investigación en general sobre la universidad. El doctor Ribeiro dice, este fue una sorpresa y no fue sorpresa, nos dicen o convocan a todas las asambleas de facultad, etcétera, y nos dicen que la Universidad Central seguía los patrones de la época napoleónica y que estamos muy atrasados.
Entonces el Consejo Universitario decreta la renovación universitaria, eso se debía hacer por los trámites legales en un proceso de reevaluación y organización general de vida académica, pero eso no fue posible porque estábamos enloquecidos, así luego considero yo, con todas las cosas que se podían hacer dentro de la universidad y que, de alguna manera, a veces pensábamos que era una exageración. Otras veces pensábamos que estaba bien. Entonces se amplió la idea de lo que es la renovación en una especie, entre comillas, de revolución acá.
Claro. Y ahí fue el verdadero problema porque hubo facultades como la de Humanidades, donde la Escuela de Letras, la Escuela de Comunicación, también un poco la Escuela de Psicología pero menos fuerte, quizá Sociología, Sociología que está en Ciencias Económicas, fue también impresionante; entonces Trabajo Social también se puso demasiado agresiva a todas las cosas y entonces vino la intervención militar. Claro, con la intervención militar en el primer gobierno del presidente Caldera, nos hicieron un juicio. A mí me votaron de la universidad y después me recogieron cuando vino el rectorado del doctor Rafael José Neri; se logran cosas muy interesantes durante la renovación pero también se perdieron otras cosas.
Claro, como todos esos procesos tumultuosos, así. Hay cosas muy buenas y cosas que no eran tan. Y después cuando regresas vas a estar como jefe del Departamento de Ciencias de la Comunicación entre los años 1972 y 1979, ese fue el inicio, allí eso fue la semilla del ININCO.
Probablemente, no. El ININCO es originario de lo que se llamaba el Instituto de Investigaciones de Prensa, muy bien, y es una creación del doctor Ramón J. Velásquez y un grupo de periodistas en donde estaba por cierto el profesor Rosa Marcano. Ellos empiezan a organizar ese instituto de investigaciones de prensa, hacen las primeras investigaciones, se empieza a entusiasmar y cuando viene este cambio fundamental, que es 1970, la transformación del periodismo en comunicación, claro, en donde por supuesto tuvo una influencia determinante la Iglesia católica.
¿Cómo es eso? En la Universidad Central, en la universidad central, porque fíjate qué pasa, el presidente de la República en ese momento es el doctor Caldera. Claro, y el doctor Caldera tiene contacto directo con la gente del Vaticano; en el Vaticano se establece la orientación de que ya no es periodismo, ahora tiene que ser comunicación social, entonces se cambian las escuelas de periodismo a escuelas de comunicación social, con idea posterior de que se iban a transformar en facultades de ciencias de la comunicación, cosas que nunca prosperaron porque eso sí se hizo en México y Brasil, pero entre nosotros no.
¿Por nuestros pleitos? Por nuestro pleito, por esas envidias; empezaron a inventar que lo que se quería era un nuevo decano, entonces empezaron a sacar las cuotas del poder dentro del Consejo Universitario, aquello fue horroroso y no se pudo seguir adelante. Pero la impronta del papa Paulo VI, obsesionado por la importancia que tiene en la comunicación social, que es indudable e imposible no reconocerla, hace que las escuelas se transformen de escuelas de periodismo en escuelas de comunicación, con esa idea posterior de que iban a hacer facultades, porque había escuela de publicidad, escuela de relaciones públicas, escuela audiovisual, escuela de periodismo impreso, escuela de cine.
Ya había cinco escuelas en una especie del inicio de la facultad, pero entonces vienen los otros problemas que empiezan a contar cuántos decanos van a ser, quién va a ser el decano, etcétera, porque era lo lógico, era el paso lógico. Dos grandes proyectos han quedado, ese y otro que es maravilloso, está prácticamente listo, que es el de la escuela para graduados. Esa es una belleza, porque la Escuela de Periodismo, la Fundación Rómulo Betancourt, que a su vez se decía periodista, sí, él se autodenominaba periodista, y cuando entonces la Asociación Venezolana de Periodistas en 1945-46 se le aproxima, dice que necesitamos una escuela, él crea la Escuela Nacional de Periodismo adscrita al rectorado, que es la escuela hoy en día de Comunicación Social.
Entonces esa escuela, que está tan vinculada al proceso democrático venezolano, empieza a surgir y empieza a expandirse, entonces empieza una cantidad de gente a darse cuenta: yo soy ingeniero, para mí lo que me gusta es la comunicación y el periodismo, y yo soy abogado, pero lo que quiero hacer de alguna manera es periodista. Entonces en Colombia, en la universidad, el decano que era el doctor Carr Ackerman había sido designado asesor de la Escuela de Periodismo de la Central; él viene con la idea de que se haga un estudio para graduados, es decir, que la gente se gradúe en otra profesión y tú en dos años le das la parte profesional. Ya entonces iban a ser dos escuelas, claro, y eso es magnífico porque hay una enorme cantidad de gente que siente eso.
Claro, es así, ciertamente, y entonces eso se pensó incluso en una escuela para graduados para que resolviera muchísimos problemas económicos de la escuela porque la Escuela de Comunicación era muy costosa, requiere estudios, las computadoras, todos los estudios de radio o televisión, cine, pero bueno, lamentablemente no concluye ese proyecto. Bueno, y después te tenemos como jefe de cátedra de teoría en la comunicación.
Como miembro electo del Consejo de Humanidades y Educación en el año 75 y 78, ¿y luego? En el año 1980-1982, ¿cómo son esos consejos académicos? Me imagino, sí. Bien complicado. Sinceramente, sinceramente no recuerdo con gratitud esos momentos porque eran unas discusiones a veces bizantinas cuando había una discusión académica.
Recuerdo por ejemplo un momento bellísimo que fue cuando al doctor García Bacca se le confirió el título de honoris causa. Qué bien. Juan David García Bacca, él se había jubilado, lo habían jubilado de oficio, yo no recuerdo eso, pero él estuvo presente en una sesión extraordinaria donde nos habló de todo lo que era su pensamiento filosófico, ese día nos sentimos realizados en este Consejo de Facultad mezclado con alguna gente del concierto universitario. Pero otras veces era terrible, era una discusión.
El área administrativa, hay que nombrar cuatro profesores aquí, y entonces es una negociación: yo te nombro dos, tú me apruebas una cosa, realmente que era muy cargante para alguien que viene con el espíritu académico para trabajar en esa onda. Claro, y después te tenemos como subdirectora del Centro de Postgrados de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas. ¿Cómo es esto? Después que terminé la maestría me di cuenta que lo que quería hacer era trabajar en políticas públicas, no ya para mezclarla por la parte de comunicación, entonces me metí en el doctorado de Ciencias Políticas, donde tuve una experiencia maravillosa.
Tuve tres profesores que para mí son tres maravillas: el primero, Luis Castro Leiva. Ah, pero imagina. Murió prematuramente, ay, a los cincuenta y seis años, una cosa terrible. En estos días se cumplieron unos sé cuántos años de su muerte, sí, aquellas clases eran algo extraordinario, claro, extraordinarios. Después estuve con la doctora Graciela Soriano de García-Pelayo, mi profesora en el Doctorado de Historia, una maravilla de profesora, de verdad que no tengo sino palabras de reconocimiento y gratitud porque no solamente me enseñaron sino que yo siento que me abrieron un camino a la investigación que yo no tenía muy claro hasta que estuve, y la tercera fue la doctora Julia Barragán.
Imagínate, otra eminencia, de los tres a ella prácticamente no la conocí. Luis Castro fue un gran amigo mío. Ah sí, Luis Castro es una cosa extraordinaria, extraordinaria. Entonces, claro, esa presencia mía en el Doctorado de Ciencias Políticas hace que ellos me preguntan si yo estoy dispuesta a trabajar con él, y yo les dije que sí. Pasé dos años en la coordinación del doctorado, fue sumamente interesante y apasionante, es muy distinto cuando uno viene de una especialidad y cae allí.
Lo que había empezado estudiando Derecho, me parecía la Facultad de Derecho tan dura, tan terrible; cuando entré por Ciencias Políticas eso fue una especie de enamoramiento absoluto de la ciencia política, una cosa maravillosa. Qué interesante. Y bueno, también te llamaron para que prestara servicios de instituciones distintas a la Universidad Central de Venezuela, por ejemplo hiciste la planificación y la estructuración de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Gran Mariscal de Ayacucho en Barcelona, aquí en Venezuela. Sí, sí, ¿cómo fue esa experiencia?
Esa experiencia fue, fue crear de la nada, de la nada, empezar a armar toda la escuela. Había una gente muy, muy interesante en ese momento allá organizando la Universidad Mariscal de Ayacucho y entonces por supuesto se le puede dar rienda suelta a la imaginación, a todos los planes que tú toda la vida has tenido allí pero nunca lo has podido concretar. Y entonces efectivamente ahí se pusieron en práctica toda esa serie de cosas maravillosas que de alguna manera implica lo que es la comunicación social, que es una de las cosas más extraordinarias. Qué maravilla, estamos conversando con Gloria Cuenca de Herrera y ya regresamos.
Estamos conversando con Gloria Cuenca de Herrera, una estimadísima periodista venezolana con una larga trayectoria. Vamos a hablar ahora, Gloria, de tus libros. Por ejemplo, una de las áreas del conocimiento que has abordado tanto como profesora o autora es la ética, y hay un libro que se titula Ética para Periodistas que recibió el Premio Nacional de Periodismo, mención investigación, por este libro. Un tema espinoso, ¿no?
Bueno, es apasionantemente espinosa, a mí me encanta la ética del periodista, es una de las cosas más hermosas que hay y me encantaba enseñar a los estudiantes y ver su cara de sorpresa, porque había muchos que habían empezado a trabajar, me decían profesora, pero entonces yo violé la ética, pues ya lo violaste y eso no se hace. Y después entonces aquellas discusiones apasionantes hicieron que yo comprendiera que tenía que escribir el libro porque era como un compromiso con mis alumnos muy queridos. Tú eres docente también, hay una relación con los alumnos que no se pierde, hay una cosa muy hermosa que se va construyendo aun cuando el estudiante no sea buen alumno, aunque el estudiante sea excelente alumno.
Hay algunos alumnos con los que se establece una relación extraordinaria y me ayudaban mucho en eso a mí, entonces yo me dediqué a escribir sobre ética para periodistas porque me di cuenta de que efectivamente ellos tenían una cantidad de fallas. Ahora terminé otro que se llama Ética para Locutores porque yo también fui profesora de la asignatura Ética y Legislación de la Locución en los cursos de Locución de la Central. Y también falta mucho en esto; los locutores son una enorme cantidad, no se han puesto de acuerdo o no tienen un código de ética, entonces yo les echaba broma, yo les decía esto es como navegar en un barco sin brújula, tenemos que construir la brújula, y entonces, a mí me encanta dar ética, verdad, nunca se me ha pasado la pasión por la ética.
Claro, y en esas dos expresiones de la ética, que es el periodismo y la locución. Y claro, lo acabas de decir tú, durante muchos años fuiste profesora de Locución en esos certificados de locución que expide la Universidad Central de Venezuela, pero ha pasado mucha gente. Ay claro que sí, hay todos, muchísimos políticos, académicos, literatos, es una de las cosas más hermosas que he hecho porque fue abrir la Escuela de Comunicación Social a todas las opciones que la gente tiene. Entonces por ahí pasaban médicos, ingenieros, abogados, licenciados en Letras, terapeutas, una cosa impresionante, y entonces fue reencontrar esa cantidad de gentes en un ámbito que es la comunicación de todo y entonces fue maravilloso, fueron 15 años dando la materia.
Ya dejé de darla cuando ya tengo bastantes años y en las salidas de la clase era fuerte porque la Universidad Central estaba muy sola y eso se me empezó a dar miedo y me retiro a los cuarteles de invierno. Claro, bueno, y publicaste en la colección de Apuntes de la Escuela de Comunicación Social un cuaderno, Ética, comunicación y planificación democrática. ¿Cómo puede ser esto, esta combinación de la ética y la comunicación con la democracia? Sí, bueno, porque es que claro ahí ya yo me he salido del mundo del marxismo, sí, y los grandes planificadores, pero son planificadores autoritarios, son la gente izquierda, claro, ellos siempre tienen su organización y ellos quieren planificar.
Y yo me doy cuenta que tú no le puedes planificar la vida a los demás, ¿en qué momento? ¿Quién te autorizó para hacer eso?, ¿quién lo está pidiendo?, ¿por qué tú le vas a obligar a la gente a que piense como tú, vea la televisión que tú quieres ver, de dónde salió esto? Entonces claro, eso me apasionó y por eso me fui por ese camino para destruir un poco la idea de que solamente puede hacerse planificación en el mundo autoritario. Ya había que hacer una planificación participativa y escuchar a la gente decir lo que la gente quería en el mundo democrático. Si la gente no quiere, ahora la tarea del planificador es convencer a través de la persuasión, esto es lo necesario, vamos a ver.
Pero resulta que hubo un momento muy interesante porque yo me encontré con que había una cantidad enorme de planificación de cosas que la gente no quería. Recuerdo creo que fue en las elecciones de 1978 y ahí hubo una crisis muy fuerte porque la gente se quedaba asombrada de que todo el mundo pretendía organizar las cosas de determinada manera. Decía la gente del campo: ¿camino?, ¿me interesa eso? Yo lo que quiero es que me van a abrir un camino de recuas porque llevo acá las verduras con las mulas de tal parte a tal parte, ¿no?, que vamos hacia una escuela, no, no, no... que yo no quiero ir a la escuela. Quiero el camino de recuas.
Y así fue durante muchísimo tiempo, entonces claro, eso para mí fue un descubrimiento extraordinario y me hizo crecer mucho como demócrata, ¿no? Qué bien, porque realmente yo creo que el proceso de democratizarse uno mismo es fundamental, es el primero. Pero todo el mundo lo deja de lado, la gente piensa, no, que sean demócratas los otros, pero no yo, entonces cuando tú te enfrentas al verdadero proceso democratizador de uno mismo, sí uno se da cuenta, ¿pero qué es lo que estoy haciendo yo con los demás?
Bueno, de hecho escribiste un cuaderno que se titula La democratización del poder cotidiano. Ah, pues eso fue sumamente interesante... porque la democracia es una cultura. Eso que estás diciendo es muy importante, no nos educan para ser demócratas, ¡no!, no, nada. Fíjate tú que ese folleto surge porque me invitan un grupo de colegas de Maracaibo o de la Universidad de Zulia a dictar unas conferencias sobre el feminismo y la democracia, sorpresas que da la vida.
Cuando llego allá me encuentro unas aguerridas mujeres que no aceptan la democratización del poder cotidiano. No puede ser. Sí, para nada. Cuando yo les digo de que hay que incorporar a los varones en esto, estamos hablando de la década, fines de la década del setenta, inicios del ochenta, ¿qué hay que incorporar? A los varones a la cocina. Las mujeres se pusieron como locas: en mi cocina mando yo, no acepto que mi marido entre a mi cocina, pero qué es, y entonces después cuando los niños deben transformarse los papás, no, mi marido no sabe nada de eso, no sabe poner un pañal ni da un tetero, pero se le enseña, no.
Pues yo me doy cuenta de que la mujer de alguna manera se sentía dueña poderosa dentro del hogar y que no acepta eso. Entonces, claro, eso me indujo a mí en una serie de reflexiones y discusiones con relación a ese tema que me ha apasionado siempre, porque yo me doy cuenta, claro, es verdad, si tú no aceptas que tu compañero canalice también, así como él tiene que aceptar yo voy a trabajar y yo voy a hacer esto, pues tú también tienes que aceptar que se equivoque en algunas cosas, pero que va a tomar las riendas de muchas cosas en la casa. Resultó que las mujeres eran más autoritarias que los hombres y eso para mí fue un descubrimiento extraordinario.
Y está por publicarse este que comentaste antes, Ética para Locutores. ¿Qué nos pudieras decir del capítulo en la locución? Bueno, fíjate, lo primero es: el locutor tiene una enorme libertad al hablar, es decir, te ponen frente al micrófono, piensas que puedes decir todo lo que tú quieras y resulta que no, hay límites jurídicos, hay límites éticos, límites políticos y personales que impiden que la gente pueda decir todo. Entonces, claro, cuando empiezo a dar las materias me voy dando cuenta de que la gente viene con una idea de decir todo lo que se le ocurra, pero no es así, no se puede, entonces en ese proceso empiezan las limitaciones, por eso escribí el texto que se llama Ética para Locutores.
Tengo dos cosas listas, uno se llama Reflexiones sobre la Comunicación y el Periodismo, que es muy divertido porque iba a ser el segundo tomo de Dimensiones, yo tengo un libro que se llama Dimensiones en la Comunicación y el Periodismo, pero de repente me di cuenta que no quería que fueran dimensiones sino que eran opiniones, ok. ¿Y cuál era el matiz allí? El matiz es que la dimensión es mucho más científica y la opinión es mucho más arbitraria, es lo que yo creo con mis argumentos de mi cosa. Entonces me di cuenta, pero qué es eso, qué manía esa por el academicismo, vamos a quitarme eso de las dimensiones y los puse reflexiones.
Ahora estoy esperando que me digan si lo van a publicar o no porque a lo mejor resulté de más. Yo soy tremenda algunas veces cuando escribo y cuando hablo. Veamos otra faceta, Gloria, que es tu participación en los gremios profesionales. Fuiste presidenta del Tribunal Disciplinario del Colegio Nacional de Periodistas entre 1977 y 1979. Sí, me imagino que ahí te encontraste con papas calientes en la mano, muy seria, y como te digo yo he sido muy tremenda, yo tengo que admitirlo a mis 82 años ahora estoy calmada, pero yo he sido tremenda.
Fíjate qué pasó. Yo primero fui en el A. B. P., era militante del A. V. P. La situación venezolana de periodistas antes que surge el colegio, después me meto en toda la onda para lograr la ley del ejercicio al periodismo y la creación del colegio. Entonces claro, siendo profesora de ética lo lógico es que yo presida el tribunal disciplinario. Claro. Ay mijito, pero entonces me encontré con un terrible problema, con un terrible problema, que había una cantidad de colegas que habían hecho desastre y entonces yo asumí eso como un problema real y sancioné a trece colegas.
Ah, caramba, y que te enemistaba para toda la vida, nunca más, yo, ninguno de los 13 te perdonó. Los 13 nunca me perdonaron, hubo uno incluso, hubo una incluso, que se salió del periodismo, se puso a su derecho y me dijo usted me hizo salir de la carrera. Yo me sentía muy mal después con eso. Después hubo otro que se enfermó y me dijo usted me enfermó, enfermé por culpa suya, este, pero ellos no pensaban que las sanciones tenían sentido, ¿no? Ellos, la responsabilidad era tuya, no de ellos. ¿Qué manera?
No, yo creo que eso hay que reestudiarlo nuevamente. Yo siempre que alguien me dice que va a aceptar la presidencia del tribunal disciplinario le digo piensa bien lo que vas a hacer porque los colegas no piensan que el tribunal disciplinario es para sancionarlos sino que el colegio es para defenderlos. Entonces cuando el tribunal lo sanciona como lo sanciona hoy en día, siguiendo estrictamente la ley y todas las cosas, ellos me sintieron a mí como un enemigo. Y nunca, no, ¿no? Nunca te perdonaron. Nunca se... nunca me perdonaron y yo les pedí perdón en varias oportunidades a algunos de ellos. Estamos conversando con Gloria Cuenca de Herrera, vamos a una pausa. ¡Y ya regresamos! En breve continúa Venezolanos.
Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural, este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para algunas sugerencias sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter, arroba Rafael Arráiz. Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural.
Estamos conversando con Gloria Cuenca de Herrera, revisando su vida, sus trabajos, sus libros. Su experiencia como profesora y estábamos viendo su experiencia en el mundo de los gremios de periodistas, pero también fuiste coordinadora de una revista, en la revista Universalia en los años 64-65, así ahí fuiste editora también y trabajaba con lo que llaman en la Universidad Central las vacas sagradas.
¿Así? ¿Quiénes eran? Eran el doctor Francisco de Venanzi, el doctor Pinto Coen, había una cantidad de luminarias que se llamaban las vacas sagradas, fue una experiencia muy buena e interesante. Pero me hizo tomar conciencia de que es mucho más sabroso ser reportero que ser jefe porque el reportero tiene al otro que te está diciendo no hagas esto, pero el jefe tiene que estar poniéndole normas al otro. Entonces me di cuenta de que eso es una contradicción muy grande que tenemos en los medios: el jefe siempre va a tener encima el problema de que tiene y qué está diciendo, esto no se dice, esto sí se dice, ven pa' acá, etcétera.
Y eso fue una experiencia sumamente interesante, sumamente interesante. ¿Y qué tal tu faceta en el articulismo de opinión? Que ha sido también larga y has publicado en muchos periódicos. Cómo no, fue impresionante, trabajé 10 años en Últimas Noticias con Eleazar Díaz Rangel, mi amigo de toda la vida, en posiciones completamente divergentes. Eleazar estaba con este proceso revolucionario bolivariano y yo lo enfrenté abiertamente desde el primer momento y fue una experiencia muy enriquecedora para mí. ¿La amistad se resintió?
No, hicimos un pacto de no agresión. Dijimos, llegó un momento en que decíamos, no hablamos de política y salíamos a almorzar los cuatro, mi marido, la esposa de Eleazar, Eleazar y yo, comíamos y hablábamos de todo. Él era un gran cineasta, también le gustaba mucho el cine. La parte periodística era muy enriquecedora, discutíamos muchas cosas éticas porque tenía una ética rigurosa, pero conmigo fue excepcional en Últimas Noticias, jamás tuve problemas con él.
Después yo escribo para El Regional del Zulia porque ese es el periódico que fundó Adolfo hace más de 20 años y también tengo una gran libertad, he dicho todo lo que se me ha ocurrido siempre. Yo mismo me sorprendo de que cuando me siento escribiendo, aparece una Gloria que no tiene nada que ver conmigo y digo lo que se me ocurre, después me pongo a pensar, ¿qué van a decir de esto?, pero nunca ninguno me llama la atención, entonces eso hace sentirme contenta.
He escrito muchísimo, yo escribo ya... para mí escribir es una forma de terapia, claro. Cuando la gente me dice, en la pandemia, yo la pandemia la pasé escribiendo. Claro, tú estabas ahí en tu elemento. Mi elemento escribiendo es una maravilla, de verdad, se lo recomiendo a muchísimas personas que estaban al borde la locura con las pandemias, escríbanle, sí, es una cosa terapéutica, no es para publicar, escriban para ustedes, claro. Es como poner el yo afuera, es una sensación maravillosa me parece a mí, yo creo que el que puede escribir tiene la mitad de la vida ganada.
Sí, bueno, en esa situación que acabas de relatar, eres una persona muy dulce y cariñosa, pero cuando escribes dices tus cosas con fuerza. Me has hecho recordar a alguien que era así y en grado superlativo, que era Juan Nuño. Ah, sí, Juan en el trato personal muy... y era un lord inglés, pero cuando se sentaba a escribir, ya, cuando no quedaba títere con gorro y cazaba unos pleitos en las grandes polémicas. Bueno, eso pasa, forma parte de la personalidad.
Gloria, ¿y este libro? De regreso a la revolución, porque tú estás de regreso no sólo del Partido Comunista sino del maoísmo, sí regresaste a la democracia y al liberalismo, y al liberalismo democrático. Sí, bueno, fíjate lo que pasó en este libro, ese proceso sí ahí está, porque yo adoro el periodismo, muy bien, el periodismo para mí es la cosa más maravillosa que hay, una profesión extraordinaria, y claro, siempre estamos luchando con límites a la libertad de expresión porque a nadie le gusta que les saquen las historias, por eso entonces uno tiene que saber que es como una especie de estira y encoge que siempre vamos a tener.
A veces es más fuerte, a veces menos fuerte, pero ahí estamos. Pero como yo te digo, adoro el periodismo. Adolfo fue el corresponsal durante muchos años en la agencia Xinhua de noticias, de la agencia china, en Venezuela, no cobraba por eso, entonces los chinos se sentían muy mal, nos invitan a ir a China a visitar en plena Revolución Cultural, ya él había ido una vez, la segunda vez va conmigo y con nuestra hija mayor. Y entonces, chico, este, yo empiezo a notar una cantidad de cosas locas completamente, él no me dejaba opinar mucho porque le tenía miedo a mi esposo, ¿no?
Era muy... no sé si lo conociste, era muy suave, muy tranquilo, él no se exacerbaba y, en cambio, yo, como te digo, pierdo la cabeza y empiezo a decir lo que se me ocurre. Entonces él en China me dice, cuidado, Gloria, no hables. No, yo no vine para acá para que me hagan callar. Entonces agarré a los periodistas... Yo jamás tuve un problema con el profesor Herrera. A los periodistas chinos, miren, yo les voy a decir todo lo que yo vea o lo que digo.
Llegó un momento que uno de los intérpretes se jalaba los pelos y decía, si yo me pongo como tú me vuelvo contrarrevolucionario. Entonces yo le dije, ah sí, que tú no te atreves a hacer más preguntas. Resulta que para agradecimiento en el segundo viaje decidimos hacer una conferencia para explicarles los parámetros de lo que era la democracia occidental, porque no sabe nada de eso, periodista, lo único que hace es aquí la línea propagandística del Partido Comunista chino y ellos tienen que ser propagandistas y tal. Entonces yo empiezo a hablar de lo que es la libertad de expresión, les explico lo que decía el viejo artículo 66 de la Constitución Nacional y tal.
Y, de repente, se me ocurre: ¿qué es para ustedes un periodista?, y se forma esa galleta en ese auditorio, ese poco de chinitos hablando, y él interpreta, que se ponía las manos en la cabeza, pero ¿qué está pasando aquí? De repente se para uno de los mayores, dice, diga usted qué es un periodista en Venezuela, en Venezuela. Un periodista es un vehiculador de la información desde el público a los sectores de toma de decisiones. Un vehiculador de la información, sí, y siempre estamos alerta porque es un poco la forma de retroalimentar al gobierno para saber si está haciendo bien las cosas o está haciendo mal, esa es la esencia de la libertad de expresión en democracia.
Se formó otra galleta y se para un periodista, dice, yo le voy a decir con el traductor: en China un periodista es un propagandista de la nueva ideología. Yo caí sentada y decía, ¿pero esto cómo es posible?, entonces repítame, me volvieron a decir. Cuando salía de ahí les dije a los colegas periodistas, pero ¿qué es eso? Pero esa es la verdad, ellos me lo dijeron con mucha sinceridad, claro, fueron muy sinceros. Entonces yo a partir de ahí empecé a darme cuenta que tengo que dejar de ser periodista si gana el comunismo en Venezuela, y está demostrado, es así, aquí hoy en día nosotros, el mundo del periodismo está totalmente sesgado. Entonces para mí en aquel momento eso fue inaceptable.
Entonces, ahí es donde yo... ¿Y en qué años estábamos? Estábamos hablando de 1976. –76… –76. En septiembre de ese año... Deng Xiaoping no había... No, estaba castigado en... Agosto del 76 muere Mao y ellos nos vuelven a invitar el 79 y entonces nos damos cuenta que todo lo que nos habían dicho la primera vez toda era mentira y entonces aquí le creemos a lo que dijeron aquello y lo que dicen. Claro, claro, es terrible, es terrible. La gente no sabe de lo terrible que la propaganda china en ese sentido fue, fue...
¿Y eso fue el comienzo de tu reflexión crítica? No, yo tuve muchos momentos, por ejemplo cuando yo me salgo del Partido Comunista y me meto en el maoísmo, justamente porque fue cuando se rompió el Partido Comunista con Douglas Bravo, y entonces la mayoría de la gente se fue con Douglas o con el partido. Entonces resulta que por nuestros nexos yo conocí a gente que estaba en la guerrilla que la habían fusilado. ¡Imagínate! Por razones disciplinarias. Eso fue un shock tremendo para mí. Yo no puedo con esta gente... entonces me meto a maoístas.
Y cuando estoy en China me salen con eso, claro. Y el colmo de los colmos, conocía algunos dominicanos y peruanos que me empiezan a hablar de que en los partidos maoístas tanto en Dominicana como en Perú aquello era un horror. Es decir, nada más para que te deje una idea, decidieron no bañarse. ¿Por qué? Porque yo era burguesa. ¡Ay Dios mío! Mao no se bañaba. Tú te ríes, pero yo me río porque es que eso parece una cosa loca, claro, pero sí la gente lo seguía.
Entonces me preguntan los dominicanos a mí, ¿y usted sí se baña? Pero por supuesto, le digo, ¿cómo se le ocurre preguntar?, me baño hasta dos veces al día. Yo soy maniática en la limpieza. Entonces ellos estaban asombrados, pero esto no puede ser, no puede ser. Bueno, qué historias y qué experiencia. Y además, qué periplo vital, pasar de esas ortodoxias a la libertad. Bueno... la libertad siempre es peligrosa, pero nos sentimos mejor.
Muchas gracias, Gloria, por haber venido, esta conversación tan interesante. Estoy segurísimo que las audiencias, los oyentes, han disfrutado mucho toda tu trayectoria y tus reflexiones. No sé si quieres decir algo... Bueno, que estoy muy agradecida a todos ustedes por haberme invitado, darme esta oportunidad a estas alturas de mi vida de contarles todas estas cosas que me conmocionan, han pasado los años y me siguen conmocionando. Por eso ese libro está escrito apenas en el 2015, De regreso a la revolución, aunque lo tenía 30 años atrás en la cabeza, pero había como qué?
Algo que me impedía concretarlo, hasta que por fin dije, no, esto lo tengo que hacer porque no puedo seguir asustada por las consecuencias de la cosa que voy a decir. Claro. Pero bueno, muchas gracias, estoy agradecidísima. No, muchas gracias por venir. Gloria Cuenca de Herrera, nosotros nos despedimos hasta nuestro