Los
29 de septiembre de 2026

Los del podio 4. Vasco Szinetar Gabaldón

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Este programa es posible gracias al equipo conformado por Gitanjali Suárez, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez y Giancarlo Caravaggio. Recuerda que nos puede seguir en Instagram como @PisoLaCultural y también puede seguir la transmisión en vivo en www.mundovr.com.

Bienvenidos a Venezolanos, un programa sobre el país y su historia, en nuestra cuarta temporada de Los del Podio. Hoy tenemos el gusto, el placer y el honor de tener con nosotros a uno de los grandes fotógrafos venezolanos, Vasco Szinetar Gabaldón. Bienvenido, Vasco.

Oye, estoy muy feliz de poder estar en este programa y estar con Rafa, con quien me une una amistad casi desde la adolescencia. Hemos compartido tanto en este largo viaje, bueno, hasta lo último, hasta el último terremoto.

Entonces, bueno, yo creo que es una oportunidad de repasar experiencias. Bueno, Vasco, vamos a comenzar por ahí. ¿Cómo es esa casa a la que tú llegas con tu padre, que es un húngaro que ha emigrado a Venezuela, que se ha casado con una andina trujillana merideña, Ester Gabaldón, y que en esa casa ya hay tres hijos? Están Martín, Micha y Marta, tu hermana, y llegas tú de último.

¿Cómo es eso? ¿Dónde vivían? ¿A dónde llegas tú?

Bueno, fíjate, al mundo. Yo nací en La Candelaria, en una clínica que había allí, y me trajo al mundo Uramarina Colmenares.

Ah, sí, cómo no. La doctora Colmenares.

Y vivimos en varias localidades. Vivimos en La Florida, en la avenida Los Mangos. Y, por unas circunstancias, mi padre era un comerciante, un judío venido aquí, comerciante. ¿Cuál era su nombre?

Andrés Szinetar Szinetar.

Ah, dos veces.

Dos veces. Y llegó a Venezuela el año 38 y comenzó a trabajar como agente viajero con la textilera Gran Colombia, con los Siegelboy. Ah, imagínate, el abuelo de Ben Amí Fihman.

Y era un joven judío de izquierda y entonces él recorría el país vendiendo ropa y fundando células comunistas. Y después tuvo la posibilidad de hacer un negocio, Almacenes La Bolsa, que quedaba frente a la esquina de La Bolsa.

A la esquina de La Bolsa. Y esto era una suerte de peña donde pasaban Ramón J. Velásquez, Mario Briceño, a reunirse allí.

Y bueno, ese negocio, que era de ropa femenina, como mi papá se ocupaba de otras cosas, de la política, fracasó. Se fue para Biscucuy, para el estado Portuguesa, y entró en una crisis. Regresaron a Caracas, mi papá se suicidó y nos tocó ir a vivir a El Paraíso con mi abuelo.

Que vivía cerca de la India de El Paraíso.

A la India actual.

Ah, porque la India estaba en el Pedagógico.

En el Pedagógico. Y entonces comenzamos a vivir. Mi abuelo es el último caudillo que se alzó contra Gómez.

José Rafael Gabaldón Iragorri.

Lo llamaban el general. El general Gabaldón, que se alzó contra Gómez el año 1929.

Y es hijo de Joaquín Gabaldón. Es padre de Joaquín Gabaldón, uno de los historiadores importantes de la generación del 28, y de Edgar, que es un periodista también de la época, y de Argimiro Gabaldón, que es pionero de la guerrilla venezolana.

Entonces a mí me toca vivir en una casa, la última casa de la avenida Páez. Así decía yo mi dirección. ¿Dónde vive usted? En la última casa de la avenida Páez.

¿Y dónde estudiabas?

Mira, allá en El Paraíso. Yo me pongo a pensar: yo habré estudiado, yo pasé por todos los colegios habidos y por haber.

Porque yo era hiperquinético y no habían descubierto que era hiperquinético. Entonces me botaban de los colegios. Comencé a estudiar en San Agustín, en el Coromotano, en el Liceo de Aplicación, en el Liceo Caracas, en el Liceo de Independencia, en todos los colegios de El Paraíso.

Hasta que una profesora ya dijo: «Yo lo voy a graduar». Y entonces ella tenía un liceo y, bueno, terminé en un liceo nocturno.

¿Y te graduaste?

Y me gradué.

No podía hacer otra cosa que irme del país porque estaba enamoradísimo. Pero espérate, antes de llegar ahí, ¿cómo era la relación con tus hermanos?

Mira, mis hermanos, yo era como un peluche. Me hacían cariño, jugaban conmigo porque eran más grandes, ¿me entiendes? Entonces, mira, yo creo que yo me desarrollé con un afecto plural.

¿Me entiendes? En el sentido de que era el más pequeño: desde mi abuelo, que era ya un anciano, hasta los tíos y luego mis hermanos y mi mamá. Este me consentía mucho, ¿no?

Mucho, sí.

Y era así como, imagínate, tenía un muchacho para jugar.

Y ese eras tú.

Ese era yo.

Y en esa etapa de la infancia, la adolescencia y la primera juventud, ¿ya tú sentiste una atracción particular por la imagen, por la fotografía, por el cine, o todavía no?

No, todavía tú estabas en el tema de las novias.

Bueno, las novias desde pequeño. Tengo que confesar: desde pequeño. Yo he sido muy enamorado, muy enamorado, y me regalaron una camarita.

Tenía yo 10 años y tomé fotos, pero yo tomé una foto. Tendría yo 16 años cuando fue publicada la primera foto mía. Es una foto muy particular porque es una foto en la sala donde está mi abuelo y está un tío mío, Alirio Gárate Pelayo, que es uno de los personajes más importantes de la historia contemporánea.

Y los dos están sentados en un sofá con la mano en la sien.

Así.

Así, pensando.

Y esa foto, cuando murió mi tío Alirio, se publicó en la biografía de mi tío Alirio. O sea que esa foto, mi primera foto publicada, es de cuando tenía 16 años.

Claro. Entonces después, bueno, bueno, espérate, estamos con la profesora que te graduó de bachiller.

Me graduó de bachiller.

Y buscas una beca y te vas a estudiar fuera. ¿A dónde te vas? ¿Cómo lo logras?

Bueno, fíjate, mi abuelo tenía una relación muy cercana con los países socialistas y esta era la época del cine. Todos veíamos cine. Yo estaba fascinado por el cine. O sea, aquí veíamos el cine polaco, el cine francés, y uno de los cines que era en ese momento una referencia era el cine polaco.

Entonces yo le dije a mi abuelo que yo quería ir a estudiar cine a Polonia, cine, cine, y mi abuelo... Bueno, fuimos a la embajada polaca y me consiguió esa beca.

Qué bueno. ¿Y te fuiste a Varsovia?

No, me fui a Lodz y me fui casado con mi prima. Yo me casé y me fui con una prima mía. Nosotros nos casamos en primeras nupcias con las primas. Después, afortunadamente, nos dejan, nos mandan a la calle, se casan con otra y se casan con nosotros.

Y entonces me fui con ella a Polonia, a Lodz.

¿Cómo hiciste con el idioma?

Yo nunca aprendí idioma.

Ok, te entendías gesticulando.

No, estudié idiomas y eso, pero no he sido, vamos a decir, una persona políglota.

No, no, no. Estudié dos años allá: primero un año de idioma y después un año en la escuela de cine. Después ya yo venía molesto con la historia del socialismo.

Claro. Había pasado lo de Heberto Padilla en Cuba en el año 70 y entonces finalmente decidimos irnos para Inglaterra.

Ok, ¿y trasladaron la beca para allá o te fuiste a trabajar a Londres?

Después me fui y me consiguieron una beca aquí en Venezuela y, bueno, estuve allí cuatro años.

En Londres.

En Londres, y fue muy interesante. ¿Estudiaste en Londres fotografía y cine?

No, cine. Cine solamente.

Cine.

Y en Polonia también.

También, claro. Y para mí fue una gran experiencia porque allí conocí a gente muy querida: a Enrique Lazo, nuestro colega, Pedro Terán, Pilín Pantin, Xilfredo Chacón, todo un grupo de venezolanos extraordinarios que después han tenido una trayectoria importante. Entonces nos conocimos en Londres.

¿Cómo era Londres? ¿El Londres de los Beatles?

Sí, pero era un Londres de posguerra, marcadamente de posguerra, donde se sentía en las construcciones, en el estilo de vida. Eso cambia radicalmente con Thatcher. Cuando llega Thatcher, hay un cambio de paradigma urbano totalmente, pero vivíamos en posguerra.

Claro. ¿Y hasta qué año viviste en Londres y te viniste a vivir a Venezuela?

En el año... ya te voy a decir: 74.

Sí, 74.

No, 76.

76.

¿Regresaste?

Regresé. Y yo recuerdo... separado y todo.

Separado.

Y yo recuerdo que allí entras a trabajar en una dirección de cine. Sí. Y además empezaste algo que hiciste muchos años: eras de la Junta Clasificadora de las películas.

Sí, era una maravilla por miles de cosas, porque teníamos la posibilidad de ver todas las películas que llegaban al país. Claro, entonces las clasificábamos.

Ahí estaba Perán Erminy.

Estaba Perán Erminy. Estaba Libio Quintero.

Exacto. ¿Verdad? Libio Quintero.

Bueno, y además nosotros invitábamos a los amigos a ver películas. Entonces, bueno, fue una experiencia muy interesante. Pero ahí te diste cuenta de que hacer cine no era tu vocación, sino que la fotografía se fue imponiendo en tu vida.

Yo comencé a hacer cine aquí. Hice seis corticos para Cinesa.

Ok.

Hice dos montajes de dos largometrajes.

¿Ah, sí?

Sí.

¿Los recuerdas?

Sí. Relato de tierra seca, de Ibor Cordido.

Ok. Hice un documental que se llama Los indios otis.

Ok. Y, en paralelo, empecé a retratar a la gente, a los amigos, escritores. Y le hice una fotografía a uno de los escritores más particulares de este país, Darío Lancini.

Claro, el de los palíndromos.

El de los palíndromos y los palimpsestos.

Exacto. Entonces yo publiqué una foto, por circunstancia, en El Nacional, en el Papel Literario, y eso me abrió la puerta al Papel Literario. Y entonces, a partir de esa foto, yo comencé a colaborar con el Papel Literario.

O sea que se fue haciendo tu carrera de retratista.

De retratista en el Papel Literario. O sea, yo construí...

Estamos en el año 77, 78.

77, 78. Entonces yo fui armando un proyecto porque el Papel Literario era una galería.

Claro. Y era sumamente vistosa. Fíjate, una cosa extraordinaria: el Papel Literario tenía un lugar tan importante en la cultura venezolana que, cuando salía el Papel Literario esa semana, el lunes se estaban celebrando en el Chicken Bar, en la Bohemia, las publicaciones del que publicaba en el Papel Literario.

Bueno, entraba a la academia.

Claro. El que publicaba en el Papel Literario ya tenía un nivel de aceptación muy grande en el mundo de la cultura.

Y fíjate, acabas de nombrar algo muy interesante, que es Sabana Grande, la bohemia caraqueña de los años 70 y 80, un espacio del que tú fuiste protagonista.

Era, mira, tú ibas ahí casi todos los días y todos los días con Oswaldo Trejo, que era un fijo. Mira, con Pedro Liendo. No se pueden estudiar iconográficamente los años de la bohemia caraqueña de los 70 y 80 sin ir a mi archivo fotográfico.

Muy bien.

Porque ese archivo tiene un registro de la intimidad de Sabana Grande, de la República del Este, del Chicken Bar, de las librerías Suma. Por ejemplo, en la librería Suma, que dirigía un ser extraordinario, Raúl Betancourt, era una librería que era el punto de encuentro de la intelectualidad venezolana.

Ahí se hacían todos los bautizos. Por ejemplo, estaba Cruz del Sur, pero la librería Suma era el punto.

Sí, era el corazón. Por allí pasaba, por ejemplo, Rafael Cadenas; no se perdió un día de pasar por la librería Suma.

Claro, era extraordinario. Hay unas fotos tuyas de Rómulo Betancourt en la librería Suma y de Uslar Pietri, que es extraordinario, porque tanto la cultura política como la cultura literaria pasaban por la librería Suma, que tenía un librero que era Raúl Betancourt, un canario.

Librero de verdad.

Un librero de verdad, porque en Venezuela ha habido una cultura de libreros. El librero es un intelectual, un hombre, un asesor.

Por supuesto, claro.

Bueno, y de esa etapa, yo recuerdo que Fausto Masó también iba mucho, todos los pintores, Adriano González, y tú los retrataste a todos. Pero fíjate, la cultura de la peña es muy importante. Por ejemplo, Fausto Masó era parte importante de las peñas de Sabana Grande; Oswaldo Trejo y él eran como dos íconos.

Sí, allí se hablaba de política, se hablaba más de la gente, se hablaba bien también de la gente y era una forma muy grata de vivir la ciudad. Y también esto se entroncó, se solapó con tu experiencia en el Taller Calicanto de Antonia Palacios, a finales de los años 70 y en los primeros años de los años 80.

Bueno, tengo que nombrar primero el primer taller al que yo fui, que está vinculado a los Palacios. El primer taller que yo hice después de eso fue con María Fernanda Palacios, que era el primer taller que ella daba en el CELARG.

En el CELARG, porque aquí, cuando el CELARG quedaba en una casa en Altamira, en Altamira... Aquí la democracia creó unas instituciones extraordinarias, ¿me entiendes?, o sea, en el ámbito de la cultura de alta calidad, de alta calidad.

Entonces ese fue el primer taller. Después tuve la suerte de entrar a Calicanto con Antonia Palacios, que es una de las poetas importantes de este país. Además, es una gran personalidad, ¿no?

¿Te acuerdas de lo elegante que era, que era como entrar en una película? Porque además era, para nosotros, que éramos unos muchachos, una poeta que podía hablar de su encuentro con César Vallejo. Era muy amiga de Pablo Neruda.

De Pablo Neruda.

Sí, Pablo. Entonces, claro, era una experiencia de vida estar allí con Antonia Palacios.

Y nos permitió encontrarnos a un grupo muy plural de jóvenes escritores y poetas. Allí estaban Yolanda Pantin, Bárbara Piano, Igor Barreto, en la primera etapa; María Elena Ramos, Alberto Guaura, Alberto Guaura.

Después entró un torbellino de gente muy joven, con Rafael Arráiz Lucca, Luis Enrique Pérez Oramas, Nelson Rivera, Patricia Guzmán, Alejandro Padrón, Leonardo Padrón y Sergio Dahbar. Y Sergio Dahbar y Alejandro Rey. Y Sergio fue editor de la revista de Calicanto, Hojas de Calicanto.

Y sus primeros trabajos, sus primeros trabajos. El parque. Hay un cuento que tienen.

Bueno, bueno, ahora lo recuerdas.

Bien, y entonces entramos en los años 80. Digamos que ya hay definida una vocación de retratista, pero estamos lejos de las series que tú has desarrollado. Esas las vamos a hablar en la próxima parte del programa.

Pero vamos a cerrar esta con una reflexión tuya sobre esos años de tu regreso. Estás regresando a la Venezuela de Carlos Andrés Pérez, a la Venezuela saudita, a la Venezuela de Luis Herrera, donde los problemas económicos eran relativos y los políticos.

Era una vida política muy interesante también. Y era una vida muy civilizada. Uno de los grandes capitales sociales era el diálogo, en el sentido de que uno podía ver a los políticos enfrentados, pero hablando como caballeros.

Se encontraban, discutían. No había la pugnacidad de los últimos años, que también es una pugnacidad creada artificialmente desde la ideología. Claro, porque estas ideologías totalitarias buscan el escenario de la confrontación permanente; permanentemente es parte de su discurso.

Sí, porque el diálogo es democrático y ellos no quieren eso, quieren la confrontación.

Exacto. Entonces, bueno, y ahora retrospectivamente nosotros podemos decir que una persona como Carlos Andrés Pérez es una persona que estableció aquí una política de diálogo y de generosidad muy grande.

Sin duda.

Yo estaba leyendo en estos días que Carlos Andrés Pérez ayudó a José Vicente Rangel con un problema clínico que tuvo después de que él lo insultó y lo acusó de corrupto. O sea, Carlos Andrés Pérez tenía una dimensión humana extraordinaria.

Es así, pero en esa época no se la veíamos, no se la veíamos.

Por eso es que la historia va poniendo las cosas en su puesto. Y tú fuiste testigo también de la desaparición de esa etapa, porque Sabana Grande se convirtió en otra cosa, Calicanto desapareció y, sin embargo, se mantenía tu trabajo en el Papel Literario todas las semanas.

Porque, fíjate lo siguiente: llega un momento en que uno tiene conciencia del trabajo que uno hace y entonces eso te permite organizarte como proyecto. Ya tú en esa época sentías y estabas armando un archivo; un archivo es comunal.

Yo además tenía una ventaja: Venezuela era un epicentro cultural importante, por aquí pasaba todo el mundo. Entonces eso me permitió a mí... Yo entendí, desde esa primera colaboración con el Papel Literario de El Nacional, que esto era un camino profesional y entonces yo empecé a hacer mi archivo desde ese momento.

Entonces yo tuve conciencia muy temprano de que ese era un espacio profesional y que había que desarrollarlo, cultivarlo y cada vez estructurarlo más profesionalmente. Por ejemplo, recuerdo que en esos años, creo que en 1982, vino a Caracas nada menos que Borges, y entiendo que tú lo retrataste.

Mira, es que eso era obligado y además García Márquez se la pasaba por aquí. Y bueno, yo retraté a todo el mundo, ñor Raimundo, como dicen, sí. Y con Borges me pasó una cosa extraordinaria: Borges estaba... Bueno, todo el mundo lo estaba entrevistando en la casa de Miguel Otero Silva y era muy difícil tener un diálogo con él porque primero no veía y después estaba acosado por todos estos señores.

Yo pensé que era en casa de Uslar Pietri.

No, en donde Miguel Otero. Hubo dos reuniones entonces, porque en casa de Uslar también la hubo.

No, yo fui a la de Miguel Otero y entonces yo me dediqué a María Kodama y la seduje.

Ok. Le hice una sesión de fotografía y la convencí a ella de que llevara al baño a Jorge Luis Borges.

Ya habías comenzado con la serie El baño.

¿En qué fecha comenzaste?

En el año 78. Estaba yo en Nueva York.

¿Cuál fue la primera? ¿La recuerdas?

Sí, claro. Yo estaba en Nueva York y me había enamorado de una fotógrafa venezolana.

Detente allí, que nos dicen que vayamos a un corte, pero cuando regresemos vamos a hablar de la fotógrafa venezolana de la que te enamoraste.

Exacto. Estamos hablando con Vasco Szinetar, esta es la cuarta temporada de Los del Podio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia.

Ya regresamos.

Estamos de vuelta con Vasco Szinetar Gabaldón, gran retratista, gran fotógrafo venezolano. Vasco, tú en la parte anterior del programa nos confesabas que te habías enamorado de una fotógrafa venezolana en Nueva York en el año 78. ¿Y qué fue lo que pasó?

Bueno, yo quiero decir que fui a Nueva York gracias a que quería visitar a mi amigo Ben Amí Fihman, que vivía en Nueva York. Y entonces estaba ya en Nueva York y apareció esta fotógrafa con la cual yo había tenido ya en Caracas un diálogo y salimos a un restaurante.

Y cuando salimos, en la escalera del restaurante para la calle, había un espejo y entonces yo tomé la decisión de hacerme un autorretrato con ella frente al espejo. Porque tenía la necesidad de dar testimonio de que yo estuve con ella, de que no era un cuento chino, y le hice un autorretrato.

Y entonces regresé a Caracas y había un congreso aquí, en la Casa de Andrés Bello.

Claro, lo recuerdo. A mí se me... Tú estás allí en una foto. Se me prendió la luz y dije: «Oye, voy a replicar este proyecto frente al espejo».

Claro, estamos en 1980.

Empecé a retratar, bueno, a todos los intelectuales: Vargas Llosa, Bryce Echenique, todos los que pasaron por ahí, yo los llevaba al baño.

Fue un congreso de escritores hispanoamericanos, si lo recuerdo.

Entonces, bueno, eso me sirvió para organizar.

¿Hubo alguien que se negara a ir al baño contigo?

Todos terminaban seducidos con la idea, porque es que primero hay una cosa extraordinaria, que es la vanidad. Todos queremos ser retratados, y yo creo que soy un seductor. Perdóname, tengo un oficio ya establecido y garantizado como marca.

Claro, pero fíjate, tú capturas al retratado, a la víctima, y te la llevas al espejo del baño.

Porque es que el fotógrafo...

Sí, tiene que ser así.

Hay algo muy importante, tú lo conoces porque tú has reflexionado sobre eso. El retrato está vinculado a la tradición del retrato del daguerrotipo. La gente se retrata para permanecer en el tiempo.

Correcto.

¿Me entiendes? Es algo sumamente trascendente. Y entonces, bueno, con gracia, con humor, todo el mundo se entrega.

Claro. Y yo tengo ahora, fíjate, interesante, porque todas esas fotos de grandes escritores frente al espejo. Además, tú les haces muecas y los haces reír si tú no quieres que estén serios.

No, no, no, sino que se rían contigo.

Por ejemplo, recuerdo la foto de García Márquez muerto de la risa, Vargas Llosa, que era un hombre tan serio.

No recuerdo la de Uslar, pero probablemente se rió también.

Sí, sí, sí. Él, fíjate una cosa: en cada uno de nosotros adultos hay un niño y hay un adolescente.

Yo, por ejemplo, nunca le hablo a los retratados de que los admiro, de que me interesa su literatura. Yo hablo de otra cosa: cualquier cosa, de qué has viajado, qué comida te gusta, cuántos hijos tienes.

Cosas normales, cosas normales, no tan vinculadas con su celebridad. No me interesa la celebridad porque, inclusive, si yo me pongo a leer los libros de toda la gente que he retratado, no tengo tiempo de hacer fotografía.

Por supuesto. Ahora, Vasco, esa época es una serie que tengo la impresión de que se detuvo porque quizás era más compleja, que era una serie de cachete con cachete.

No, esa está. Esa ha continuado. Yo recuerdo una con Arthur Miller.

Sí, sí, esa todavía está funcionando porque es más difícil.

No, no, no. Poner cachete a cachete a una de esas estatuas. La gente es muy saramallera, como dijimos, saramallera.

No, esa la continuó hasta ahorita. Y fíjate, a la gente le encanta entrar. Inclusive a mí me reclaman que no le he tomado foto.

Ok. Gente que me dice: «Pero ¿por qué a mí no me has tomado foto?»

Claro, están ofendidas.

Están ofendidas. Entonces, mira, este no he tenido, no he tenido. Por ahí han pasado escritores, políticos, científicos, todo.

Grandes mujeres, grandes mujeres.

Entonces no, no se entrega. Hay fotos tuyas de Lisa Lerner, esa gran escritora, muy buena.

Mira, por cierto, aprovecho para preguntarte: siendo tú hijo de judío, pero no en el caso del vientre materno, porque tu mamá era venezolana católica, ¿tú sientes una identidad con la comunidad judía venezolana?

Sí, esto ha ido, vamos a decir, in crescendo.

Claro. Inicialmente mi madre, de alguna manera, nos insufló el afecto a la cultura judía y a mi padre.

Claro, qué bonito, qué bonito.

Eso fue para nosotros una referencia importante. Pero, en un momento de mi vida, en Polonia, yo descubrí que era judío.

¿Pero por qué?

Porque yo fui agredido en Polonia, porque en Polonia hay mucho antisemitismo.

Y te ubicaron como judío.

Como judío, y me escupieron en una estación de trenes. Me escupieron y, cuando llegué allá a la escuela de cine, habían pasado dos años de la represión contra los judíos del año 68. La comunidad judía de la escuela de cine inmediatamente me rodeó y estableció un vínculo de complicidad conmigo.

Te protegieron.

Sí. Y entonces, bueno, además, yo he sido un estudioso a lo largo de mi vida de la experiencia totalitaria, claro, y todo eso está ligado también con la experiencia judía en esos países.

Sí. Entonces, vengámonos ahora, que nos queda poco tiempo, a etapas más cercanas en tu vida.

Además de retratista, tú fuiste director general del Museo Alejandro Otero, en La Rinconada, cuando lo dirigía Thaía Rivero. Una experiencia museográfica interesante para ti.

Mira, este...

Sí, claro, que era viceministro de la Cultura.

Mira, yo he tenido la suerte de ir estudiando la gerencia cultural a lo largo de mi vida de una manera muy particular. En los años 80 se me ocurrió hacer una galería en FundaArte que se llamó La Galería del Daguerrotipo.

Por supuesto.

Hizo 26 exposiciones en el Teatro Municipal de los artistas más importantes de la fotografía. Después dirigí la sala Rómulo Gallegos.

Claro.

Y después, bueno, el museo.

Sí. Tuve una suerte muy grande porque a mí me llamaron para dirigir el museo.

Sí. Y se formó una trifulca allí porque la persona que estaba, bueno, creó un ambiente negativo.

Negativo.

Entonces me llamaron el ministro Óscar Zambrano Urdaneta y Rafael. Y me dijeron: «Bueno, aquí se complicó esto». Entonces me preguntaron: «Bueno, ¿tú aceptarías ir con Thaía Rivero de presidenta y tú de director ejecutivo?»

Yo le dije: «Pues claro, si yo lo que quiero es trabajar». Y entonces para mí fue una experiencia única porque Thaía venía de una de las grandes escuelas latinoamericanas de la gestión de museos, que fue la Galería de Arte Nacional. Y eso me permitió a mí aprender toda la cultura de museo sin tanta exposición.

Claro. Y entonces, bueno, en cierta forma yo podría decir que Thaía me ofreció también un espacio de aprendizaje importante.

Sin duda.

Bueno, y después nos acompañaste en un papel muy importante en la creación de la Fundación para la Cultura Urbana, que la creamos en el año 2001. Yo me fui a vivir a Colombia en el año 2010, pero la fundación continuó y tú sigues vinculado a ella. Y luego se creó el Archivo Fotografía Urbana. ¿Eso fue hace cuánto?

Unos 10 años, probablemente.

Eso fue en el 2015.

Ah, ya, 11 años.

Cuéntanos esa experiencia en el archivo y tu relación con, digamos, el mecenas del archivo, que es Germán.

Bueno, fíjate, ese es uno de los grandes proyectos culturales que ha tenido este país y yo creo que hay que celebrarlo.

Claro.

Germán Cifontes es un personaje particular. Yo le digo a él que él es un artista. Eso es lo que yo pienso, claro, pero además es una persona con una mirada muy importante sobre el país y entonces él creó...

Hay que aclarar para la audiencia que es un empresario. Germán Cifontes Tovar es de los financieros más importantes que ha tenido este país. Fue el capitán, vamos a decir así, de Econoinvest Casa de Bolsa y él creó, a partir de Econoinvest, una fundación que hasta ahora está viva, que es la Fundación para la Cultura Urbana.

Y esta fundación... Debíamos hacerte una entrevista a ti porque esa fundación creó una colección de libros únicos en el país y un universo de actividades extraordinarias. Allí tuve la suerte, por ejemplo, de trabajar en uno de los libros importantes de fotografía con William Niño Araque.

Claro, el libro de fotografía urbana.

Y después esa experiencia se capitaliza en el Archivo Fotografía Urbana, que es la fundación donde yo trabajo ahorita.

Que es el Archivo.

El Archivo que dirige Diana López, que primero es una artista conceptual de referencia importante en Venezuela, pero que viene de una larga experiencia de gerente cultural en la Fundación Chacao.

Claro, claro, claro. Entonces, mira, trabajar en ese archivo es una alegría. El proyecto del Archivo es, bueno, un archivo general de la fotografía venezolana en sus aspectos urbanos. ¿También entran los aspectos rurales?

Es un archivo general de la fotografía urbana que está sustentado sobre una exploración e investigación de los autores de la fotografía en Venezuela.

Ok. Esto es parte importante.

Desde el daguerrotipo.

Luego viene... Hay un... Todo lo que es la fotografía, el fotoperiodismo, la fotografía anónima, todo lo que es la fotografía que no está adscrita a la investigación de un autor en específico.

Claro, la fotografía anónima.

Anónima. Y hay otro espacio que para nosotros es muy importante ahorita y para la sociedad, que es el tema de los álbumes familiares, porque los álbumes familiares dan testimonio de lo que ha sido la familia, ¿me entiendes? Porque es una forma de narrar las historias familiares.

Claro.

Entonces, mira, nosotros, los que trabajamos en el archivo, tenemos la suerte. Yo digo que eso es una locura porque la gente se enamora. Yo te digo, yo celebro poder trabajar en un archivo porque estás todo el tiempo descubriendo.

Claro, y además clasificando, ¿no?

Clasificando y poniendo a la orden de los investigadores y los autores.

Fíjate, por ejemplo, nosotros descubrimos a un autor que era importante en Venezuela en relación con la publicidad y la telenovela, que es Alfredo Cortina.

Claro. Nunca había sido valorado como fotógrafo. Bueno, ese fotógrafo lo descubrimos en el archivo y terminó en el MoMA, en el Reina Sofía y siendo una de las grandes figuras de la fotografía venezolana.

Ahorita acabamos de hacer una exposición en la Sala Mendoza de uno de los grandes viajeros del Nuevo Mundo, Helmut Straka.

El padre de Tomás.

El padre de Tomás Straka y de Úrsula, que es otra académica. Y bueno, son autores ya de referencia internacional.

Bueno, ahora, en el tiempo que nos queda, tienes muchos años haciendo retratos y no solo los haces tú, sino que también admiras los retratos que hacen los demás. Vamos a empezar por ahí. ¿Qué retratistas te gustan mucho? ¿Te tocan el corazón?

Mira, yo tengo como referencia de retratistas a Avedon e Irving Penn, a nivel internacional.

Sí. Entre los venezolanos, ¿cuál es como retratista?

Como fotógrafos, aquí hay muchos. Bueno, fíjate, en el retrato está Alfredo Boulton, que es una referencia maravillosa, importantísima, del retrato.

Paolo Gasparini, Ricardo Gómez Pérez, Ricardo Jiménez. Y ahorita se me olvidan, se me olvidan, pero nosotros tenemos un nivel fotográfico y en el arte sumamente importante, y toda esta tragedia ha servido para tener más conciencia de lo que nosotros hemos hecho.

Fíjate, por ejemplo, el diseño es una de las...

El diseño gráfico.

El diseño gráfico, una de las expresiones más valoradas a nivel internacional de Venezuela. Nosotros venimos a tener conciencia ahora de los libros que han diseñado los diseñadores venezolanos.

Tienen John Lange, Álvaro Sotillo, bueno, eso...

Prestigio mundial.

Prestigio mundial, y los fotógrafos venezolanos cada vez más tienen presencia internacional.

Fíjate, Vasco, y cuando se haga una exposición antológica tuya, que debería hacerse, ¿cómo tú vas a intervenir en la curaduría? ¿Qué vas a sugerir? ¿Que se haga cronológica o que se haga por las series?

Fíjate, yo creo que hay que mezclar primero los cuerpos de trabajo, las series. Yo creo que eso es importante porque yo trabajo las series a lo largo de mi vida, no las suelto.

Ok. ¿Me entiendes? Entonces cada serie puede irse estudiando en el tiempo.

Sí, son dos series.

No. ¿Cuál? ¿Cuál otra?

No, yo tengo cantidad. Mira, yo tengo primero, en el ámbito, la serie del espejo, la serie de los cachetes.

Yo recuerdo una serie donde tú metes a la gente en la vegetación.

Exacto. Esa es una tercera. Fíjate, yo voy a los galpones y tengo allí un escenario y retrato a la gente.

Tengo una en La Trinidad y hay otro escenario y ahí retrato a la gente. Y así tengo escenarios en varias partes, pero además tengo una reflexión del mundo urbano, del país, que se expresa en Caracas Fosca.

Ok.

Que es una mirada del silencio urbano, de la tristeza y melancolía urbana, donde no es fotoperiodismo. Yo lo que retrato es el silencio.

Vale.

Bueno, en los minutos que nos quedan, Vasco, háblanos de tu vida familiar. Tú estás casado con una diseñadora gráfica, con Cachalin Alaba. Tienes dos hijos músicos.

Músicos.

Cuéntanos cómo ha sido eso.

Yo tengo la suerte de estar casado con una mujer extraordinaria. Tengo ya casi 40 años.

Siempre decías que te casaste con una etnia, porque es básica.

Sí, es básica. Y, bueno, estoy feliz porque nosotros tenemos una relación de trabajo y de creación muy grande. Nosotros estamos todo el día trabajando juntos porque ella es una artista visual y, además de diseñadora, tiene una obra que está construyendo como artista.

Y vivimos con mi hijo, ahorita el mayor, Anders, que además de contrabajista es artista visual. Y Mikkel, que está en Alemania, que es artista visual y es violinista, y toca en una orquesta, en la Filarmónica de Stuttgart.

Nosotros, vamos a decir, somos un taller, un taller de trabajo, porque nosotros estamos confrontando lo que hacemos todo el tiempo. Yo veo lo que hace Cachalin, Cachalin ve lo que es mío, veo lo que hace Anders, veo lo que hace Mikkel, ellos me ven a mí.

No, no, no, están retroalimentando todo el tiempo.

Entonces es muy importante el diálogo, claro, como familia, en relación con lo que hacemos.

Sí. ¿Verdad?

Muy bien. Bueno, y danos una última reflexión sobre lo que ha sido tu vida de fotógrafo, como retratista. Mira, vivir en Venezuela la mayor parte de tu vida.

Mira, yo pienso que una de las cosas más importantes es excluir de uno el resentimiento.

Muy bien.

Tener una relación gozosa con la vida.

Optimista, porque lo demás no tiene sentido, no tiene sentido. Yo creo que uno puede construir una vida. Hay mucho ruido y a los seres humanos se nos meten ideas; hay que liberarnos de las ideas que estorban.

Ya, eso último me acerca un poco al budismo y al hinduismo. ¿Tú has estado cerca de estas culturas?

No, yo soy un amateur de todo, inclusive de la filosofía, inclusive del judaísmo, del judaísmo. Pero, mira, tengo ciertas luces, claro, ciertas luces. Lo importante es saber vivir, ¿no?

Es que lo mío es una larga existencia de aprendizaje del vivir, pero tomo notas.

Claro. ¿Y cómo has superado...? Porque todos, alguna vez, nos hemos deprimido. ¿Qué te ha ayudado?

Mira, en un momento dado de mi vida, yo superé la idea del suicidio.

Muy bien.

Y eso me liberó, me liberó, porque el suicidio es también una idea que se mete en el ser humano, es como una larva, se va elaborando y también tiene un impacto romántico, porque está en la cultura de los poetas, etcétera. Yo me liberé de eso, ¿me entiendes? Y entonces lo que quiero es vivir.

Yo, por ejemplo, no. El tema de la muerte no lo trato con humor, pero con humor negro, que es el mejor, el mejor humor es el negro.

Bueno, ese es un humor muy inglés, ¿no? Claro. Tú te familiarizaste en Londres con ese humor, ¿no?

No. Y también va contigo, ¿no? Y además mi madre tenía un sentido del humor muy perspicaz, tenía un sentido del humor casi judío.

Bien, Vasco Szinetar Gabaldón, ha sido un placer esta conversación. Estoy seguro de que los oyentes que no te conozcan van a sentir curiosidad por tu trabajo, por tu trayectoria, y quienes te conozcan van a confirmar diversas sospechas que han tenido a lo largo del tiempo.

Muchas gracias por venir.

No, gracias a ti, querido Rafael. No, estoy feliz de estar contigo aquí.

Muchísimas gracias y nosotros nos despedimos hasta nuestro próximo encuentro de "Venezolanos", un programa sobre el país y su historia, en esta serie, "Los del podio, cuarta temporada". [MÚSICA]

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