La Batalla de Carabobo. 24 de junio de 1821.

Un análisis del contexto en el que ocurre la batalla.

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Quiero dibujar un contexto en el que la batalla se da, por qué la Batalla de Carabobo tuvo su ocurrencia y cuáles fueron los hechos que fueron llevando a esa conflagración bélica. Lo primero que hay que recordar es que esta no fue la última batalla que hubo en Venezuela, cosa que comúnmente se cree. La última batalla de Venezuela fue la Batalla Naval del Lago de Maracaibo en 1823, dos años después, y uno se pregunta: ¿y por qué entonces en la historiografía suele considerarse la Batalla de Carabobo como la última?

Es algo para lo que yo no tengo respuesta, tengo algunos indicios. Un primer indicio es que fue la última batalla de gran importancia en la que estuvo el Libertador, y en la Batalla Naval de Maracaibo no estaba Bolívar presente, ni siquiera estaba Venezuela. Habrá pesado eso para que en el imaginario colectivo pese más la Batalla de Carabobo, o que la Batalla de Maracaibo es, muy probablemente, menos conocida.

Hay otro hecho que también abona la tesis de señalar la Batalla de Carabobo como la última. Ciertamente las fuerzas de los realistas quedan muy disminuidas después de la batalla de Carabobo. No así las fuerzas navales, que son las que van a tener el encontronazo en el Lago de Maracaibo.

De modo que esos dos indicios nos conducen a creer que por ese motivo se ha privilegiado la Batalla de Carabobo por encima de la de Maracaibo como la última que ocurrió en Venezuela. Por supuesto, no fueron las últimas en el continente suramericano porque la Batalla de Ayacucho, que sí es la última de gran envergadura, es de 1824. Esta sí fue la última en la que los restos de un ejército español se encontraron guerreando con el ejército patriota.

El contexto en que vamos a ir avanzando hacia la Batalla de Carabobo pudiéramos ubicarlo en el Congreso de Angostura, en 1819. Recordemos que para el momento en que Bolívar reúne el Congreso de Angostura la ristra de fracasos de la causa patriótica había sido considerable. No solo los habían vencido Boves, sino que había llegado con un ejército grande Pablo Morillo en 1815, y el destino de la causa patriótica en esos años fue bastante oscuro.

Bolívar, entre otros destinos, le tocó el exilio en Haití y en Jamaica, pero en 1819 podemos decir que comienza a sonarle la flauta al proyecto bolivariano. No solo se reúne el Congreso donde Bolívar pronuncia su célebre discurso, sino que se reconstituye la República de Venezuela sobre la base de una nueva Constitución. Voy a leerles un fragmento del discurso porque es un fragmento importante; dice Bolívar: "La continuación de autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos".

"Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada está peligroso como dejar permanecer largo tiempo un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado que los ha mandado mucho tiempo los mande perpetuamente". Un párrafo luminoso, brillante, del Libertador que conviene recordar muy bien. Una vez ya instalado el Congreso y reconstituida la República, al menos en el sur del país, porque todo el centro del país y el occidente y parte de oriente están en manos de los realistas, pues Bolívar dispone la campaña para la conquista de Nueva Granada, que es un punto de inflexión de gran importancia.

¿Por qué? Bueno, porque Bolívar, al entrar a Bogotá triunfante en agosto de 1819, no solo se hace la capital de Nueva Granada sino su territorio y el tesoro del virrey. Al saber que Bolívar está entrando con su ejército en Bogotá, sale corriendo y se va a Cartagena, de allí a España. Y deja el tesoro virreinal.

De modo que la conquista de Bogotá para Bolívar no es solo una conquista política sino también económica. Recordemos que para lograr esa conquista Bolívar ha dado las batallas de Pantano de Vargas, donde el coronel Rondón va a ser el héroe, y ha dado la batalla de Boyacá. Una batalla muy corta en la que participan con gran éxito Santander y José Antonio Anzoátegui.

Y Bolívar, de regreso a Venezuela en diciembre de 1819-17, funda ahora sí la República de Colombia. Les recuerdo, la denominación Gran Colombia nunca existió; lo que se creó fue la República de Colombia que tenía tres departamentos: Cundinamarca, Quito y Venezuela. Y una vez creada la República de Colombia, pues también quedaba la tarea pendiente de conquistar verdaderamente a Venezuela, porque lo que se tiene en manos de los patriotas es el sur de Venezuela.

Angostura, donde ha sido el Congreso y donde estaba ubicado el ejército de Manuel Carlos Piar, al que se le sumó el ejército José Antonio Páez, los llanos, y el ejército de Francisco de Paula Santander en el Casanare colombiano. Y se ha logrado esta victoria en Nueva Granada que, a partir de entonces, comienza a llamarse Colombia. De modo que en este momento lo fundamental es que Bolívar ha conquistado un territorio de gran importancia y las preocupaciones de Pablo Morillo son muy grandes.

¿Por qué? Porque Morillo ha llegado a Venezuela en 1815 con 12.254 soldados y estamos ya en 1819, y Morillo necesita refuerzos. Necesita que se le ayude desde España porque, de lo contrario, él no va a poder; al menos eso es lo que expresa permanentemente. No van a poder contener el envión de triunfos que traen los patriotas.

Hay una carta que él envía, Morillo, el 28 de julio de 1820 se le envía a la corona, al rey, y dice Morillo refiriéndose a los patriotas: "Ellos no quieren ser españoles, así lo han dicho altamente desde que proclamaron la independencia y así lo ha sostenido sin desmentir jamás su opinión en ninguna circunstancia ni vicisitud de la península. Estos repiten ahora, sin dejar las armas de la mano, lo repetirán siempre, cuál fuere nuestra conducta y nuestro gobierno. La absoluta independencia o la guerra es el solo arbitrio que nos deja a escoger".

Estaba muy claro Morillo y esta carta se explica porque en la península no tenían esa misma claridad. Morillo, para el momento en que escribe la carta, tiene cinco años aquí, entiende perfectamente lo que está ocurriendo. Conoce los hechos in situ, conoce las psicologías de sus adversarios, sabe de la ferocidad de los patriotas por defender sus causas y tiene que explicarle al rey: o le manda un ejército de refuerzo o no va a haber manera de que se contenga esta fuerza de los patriotas.

Es por ello que el rey atiende estas solicitudes de Pablo Morillo y ordena que se reúna en Cádiz un ejército que va a ser enviado a América, a reforzar a Pablo Morillo y a contribuir con la consolidación del imperio español en América. ¿Qué va a ocurrir con este ejército? Es algo que vamos a ver en la próxima parte del programa. Porque es un hecho de la mayor importancia que, a mi juicio, la historiografía pasa con frecuencia por debajo de la mesa.

¿Por qué lo pasan por debajo de la mesa? Porque tiene una incidencia determinante en el resultado de la guerra, y esa incidencia determinante no está vinculada a un episodio heroico, sino con una decisión que ocurre en España que favorece enormemente a la causa patriótica sin que la causa patriótica haya sido protagonista de ese hecho. Es por ello que la historiografía suele silbar para los lados o minimizar las importancias del hecho tan grande como la famosa rebelión de Rafael del Riego en Cádiz el 7 de marzo de 1820. Eso lo vamos a explicar en la próxima parte del programa.

Ya regresamos. Decíamos, en la parte anterior del programa, que el rey había ordenado la reunión de un ejército en Cádiz, un ejército de cerca de 20.000 hombres para ser enviados a Venezuela a respaldar a Pablo Morillo, quien desde hace por lo menos dos años estaba pidiendo refuerzos para sus tropas exhaustas en Venezuela y Nueva Granada. ¿Qué ocurrió? Bueno, que esas tropas acantonadas allá conocían el cúmulo de calamidades que pasaban los soldados enviados con Morillo en 1815, conocían sus destinos y sus vicisitudes.

Y no estaban dispuestos a correr la misma suerte, y es por eso que abortan el viaje, pero no lo abortan diciendo simplemente "no vamos", sino que Riego, el general, propone que se respete la Constitución de Cádiz de 1812 y que Fernando VII entre por el aro de esa Constitución. Bueno, imagínense la alarma de Fernando VII con semejante proposición cuando él viene gobernando como un monarca absoluto. ¿Qué hace el rey? Envía otras tropas, al mando de generales muy dispuestos, para que aplasten la rebelión del Riego.

Pero lo que termina ocurriendo es que los generales y sus tropas enviados a sofocar la rebelión se suman a la rebelión de Riego y entonces ahí ya no queda otro camino para Fernando VII que aceptar a regañadientes la Constitución de Cádiz, que era una constitución de naturaleza liberal. Y esto lo hace el 7 de marzo de 1820, en un episodio precioso de la historia en el que el pensamiento liberal le tuerce el brazo al absolutismo, al totalitarismo. Y en ese momento en que eso ocurre llegan esas pésimas noticias para Morillo porque Morillo sabía que si no le envían refuerzos él no tenía posibilidades de vencer a las fuerzas bolivarianas, a las fuerzas patrióticas.

De allí que Morillo reciba instrucciones en junio de 1820 para suspender la guerra y buscar un armisticio. Este fue el principio del fin para la Corona española en América; estas instrucciones estaban en concordancia con lo que pretendía Fernando VII, una pretensión equivocada, que era que se pusieran las armas y se sumaran a la Constitución de Cádiz. Realmente no se estaba comprendiendo lo que Morillo les había explicado ya varias veces: que ellos no querían formar parte del imperio español sino que querían constituirse en repúblicas autónomas, como de hecho ocurrió.

Morillo, fiel a las instrucciones que recibe, le envía unas comunicaciones a Bolívar y les dice, literalmente, proponiendo una suspensión de hostilidades hasta lograr realizar la reconciliación. Y se designan unas comisiones para que estudien un avenimiento; esas comisiones hacen su trabajo y finalmente se firma el armisticio del 25 de noviembre de 1820 en el pueblo de Santa Ana, en el estado Trujillo. Morillo, en el fondo, sabía que la guerra se había perdido; los realistas que quedaban junto con la mayoría de criollos que forman parte de las tropas españolas estaban condenados al fracaso si los refuerzos no llegaban, y los refuerzos ya se sabía que no iban a llegar.

De modo, Morillo firmó el armisticio, recogió sus papeles, hizo sus maletas y se fue, y zarpó el 17 de diciembre de 1820 hacia España. Y dejó en el mando de las tropas ya disminuidas a Miguel de la Torre. Morillo va a fallecer muchos años después, en 1837, y con grandes honores porque hizo un papel, un trabajo importante para la Corona española en América en estos cinco años que estuvo entre Venezuela y Nueva Granada.

La rebelión de Riego es obvio que abre los capítulos finales en la historia de los españoles, porque los que quedaban, ¿qué camino tenían? Me refiero a los soldados: firmar, hacer bueno el armisticio y entregarse, o lo que finalmente pasó, y es que hicieron pequeñas escaramuzas que fueron rápidamente interpretadas por los patriotas como una ruptura del armisticio. Y de inmediato se activaron todos los mecanismos en la guerra que son los que van a conducir a la Batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821.

Por eso hemos hecho este prólogo para entender en qué contexto se da la Batalla de Carabobo. Les resumo: se da en el contexto en el que los realistas han firmado un armisticio con los patriotas; ya saben los realistas que no van a recibir refuerzos de España. Los 12.254 soldados que trajo Pablo Morillo en 1815, de ellos quedan si acaso la tercera parte; las dos terceras partes han muerto o han desertado o se ha ido toda la variedad de circunstancias que pueden ocurrir en cinco años de actividades guerreras. Y lo que queda es ese reducto, esa última fuerza, al mando de Miguel de la Torre, que era el segundo de Pablo Morillo.

Y Morillo, con su buen olfato, considera terminado su trabajo, se va, y les preguntaba antes cuál es el destino de estas tropas que quedan. ¿Qué pueden hacer ellos? ¿Entregarse, entregar las armas? ¿No seguir guerreando? Eso no parecía el camino indicado para unos soldados profesionales, para unos soldados que habían jurado con su honor defender la causa de España.

Pero sin duda que la situación en la que estaban no era la más ventajosa para enfrentarse con el ejército libertador que venía de las victorias del Pantano de Vargas, de Boyacá. Que había reforzado sus pertrechos en guerra en Bogotá gracias al tesoro virreinal. Y que venían de victoria en victoria. De modo que esas son las circunstancias que se van a dar para ir llegando a la Batalla de Carabobo, que propiamente va a urdir, como el buen estratega que fue Simón Bolívar.

A Bolívar lo vamos a tener en enero de 1821 en Bogotá y allá está resolviendo asuntos administrativos con su vicepresidente Santander y consolidando el ejército para el cese de hostilidades. Mejor dicho, durante el cese de hostilidades, para cuando las hostilidades vuelvan el ejército esté en las mejores condiciones, ¡cosa que así fue!

Ahora, ¿cómo se precipitan los hechos? Es una decisión de Rafael Urdaneta, quien opta por tomar Maracaibo el 8 de marzo de 1821. ¿Por qué lo hace? Bueno, porque está acudiendo al llamado a la población y Urdaneta, zuliano, y un buen número de zulianos, de marabinos, de maracaiberos, como los llaman también, quieren sumarse a la causa patriótica y le están reclamando a Urdaneta que venga a apoyarlos.

Eso hace Urdaneta y De la Torre entonces advierte que se ha violado el armisticio y que el cese de hostilidades ya concluye y que vuelve la guerra. Entonces, Bolívar precipita su venida a Venezuela y toma la decisión formal de romper el armisticio el 28 de abril de 1821. Entonces va tramando, tejiendo los movimientos necesarios que conducen a la Batalla de Carabobo.

Lo primero que hace es ordenarle al general Páez avanzar desde Apure hacia el centro. Recordemos que el general Páez tenía en los llanos de Apure su reino, su territorio inexpugnable, victorioso, y donde estaba un ejército extraordinariamente eficaz como era el ejército de José Antonio Páez. También Bolívar le ordena a Ambrosio Plaza ocupar Barinas. Allí reúne pertrechos, se preparan y también le ordena que se vaya movilizando hacia el centro.

Por su parte, José Francisco Bermúdez da su famosa diversión, es decir, un amago que hace para confundir al ejército realista. Marcha hacia Caracas de manera tal que el ejército realista se ocupe en defenderla, mientras los ejércitos patriotas avanzan hacia Carabobo. Es una manera que encuentran dentro de la estrategia militar de ocupar al ejército realista en la defensa de Caracas y dejar el campo libre para que los otros factores del ejército avancen hacia el campo de Carabobo. Lo que Bolívar está buscando es que se concentre todo en Carabobo, o en la llanura de Carabobo, que es donde él considera que puede darse una batalla en condiciones favorables para los patriotas.

Todos estos movimientos que se vienen dando, incluido el de Urdaneta, que también se desplaza hacia San Carlos y Carabobo, van a conducir a que la batalla tenga lugar al amanecer del 24 de junio de 1821. En la próxima parte del programa vamos a comentar cómo estaba integrado el ejército victorioso de Simón Bolívar en la famosa Batalla de Carabobo del 24 de junio de 1821. Ya regresamos.

El estado mayor general de Bolívar en la batalla de Carabobo está integrado entonces por Briceño Méndez, Santiago Mariño y el general Salom. Allí van a estar también los edecanes del Libertador, Ibarra y Daniel Florencio O'Leary, como debe decirse en la lengua de su apellido. El ejército que da la batalla consta de tres divisiones, la primera de todas con el general Páez al frente, uno de los factores esenciales en las victorias de Carabobo. En la segunda división está Sedeño, Manuel Sedeño, y la tercera división la encabeza Ambrosio Plaza.

Los batallones y las brigadas van a estar al mando de Ferrear, que es el británico, de Conde, Rangel, de Laceras, Flegel, Gravete, Manrique Sández, Vélez, Úslar, Yargíndige. Mueren en combate, lamentablemente, Sedeño y Plaza. También mueren el legendario Pedro Camejo, muere Bruno, muere Olivera y muere Arias, y muere Ferrear y Scott, los británicos también mueren. Meyado y Valero son heridos de gravedad.

Los coroneles José Manuel Arraíz Abreu, el IMA, el brasileño, Martín, entre otros. Por el sector realista va a estar al frente De la Torre, secundado por Morales y Montenegro Colón. Por cierto, la mayoría de los soldados son venezolanos, porque de los que llegaron con Morillo en 1815, como dijimos antes, ya quedan pocos. El ejército realista tiene alrededor de cinco mil efectivos; el ejército patriota, dependiendo del autor al que citemos, va a tener un número de soldados u otro.

Nosotros creemos que el número aproximado más certero es alrededor de siete mil efectivos. Bueno, la victoria de los patriotas fue completa y los restos del ejército realista salen corriendo hacia Puerto Cabello y son perseguidos por Rangel. Se refugian en el castillo de Puerto Cabello y allí, acuartelados, resisten. También hay que señalar que después de esta gran batalla van a ocurrir alrededor de 60 enfrentamientos bélicos menores con los restos de ese ejército que van quedando por allí y van resistiendo los embates de partes del ejército patriota también.

Volvamos a la pregunta inicial: ¿por qué, si no fue la última batalla, la de Carabobo es considerada como tal? Bueno, voy a abonar otros argumentos a los que señalé al principio del programa. Los otros argumentos son porque las posibilidades de los realistas de recuperarse después de esta batalla eran prácticamente inexistentes; quedaban fragmentos de su ejército que van a quedar resistiendo hasta 1823, como veremos luego. De modo que el corazón del ejército español en Venezuela es verdaderamente derrotado en Carabobo.

El otro argumento que ya señalé fue la última batalla en la que Bolívar estuvo presente en Venezuela. Pero por otro lado, lo cierto es que los realistas que quedan insisten hasta que ocurren los dos hechos finales, como son la Batalla del Lago de Maracaibo y cuando José Antonio Páez obliga a De la Calzada, el español, a capitular en Puerto Cabello. Esos dos hechos, tanto la batalla naval de Maracaibo como la capitulación de La Calzada en Puerto Cabello, son de 1823 y son hechos que se desprenden de la Batalla de Carabobo de 1821.

Por cierto, algo similar ocurre en Colombia con el tema de las batallas. No fue la batalla de Boyacá la última que hubo en territorio de la Nueva Granada, pero sin embargo esta fue la batalla central porque le abrió el paso a Bolívar y su ejército hacia Bogotá y a la conquista del poder desde el corazón de Nueva Granada, como llamaba Bolívar Bogotá. Entonces, no siendo la batalla de Boyacá la última, sí es la decisiva; no siendo la Batalla de Carabobo la última, sí es la decisiva.

Recordemos que en medio del euforio por la victoria Bolívar hace bueno lo que pauta la ley de creación de Colombia, del 17 de diciembre de 1819. Me refiero a la reunión de un Congreso en una ciudad equidistante, y esa ciudad fue Cúcuta. Y el Congreso va a reunirse el 30 de agosto de 1821, en medio de las victorias bolivarianas y con todo el viento a favor de Bolívar; ese Congreso es el que redacta la Constitución de Cúcuta en 1821.

Una Constitución con un espíritu centralista similar al de la Constitución de Angostura de 1819. Aquí Bolívar ya está cercano o iniciando el camino de su apogeo, de su cúspide. Parte de su ejército se va con él hacia el sur a la conquista del sur. La Conquista del Sur, me estoy refiriendo a la conquista de Ecuador y de Perú, donde el personaje bélico central va a hacer a quien Bolívar llamaba el Hombre de la Guerra, que es el mariscal Sucre.

Allí entonces se dan las batallas de Bomboná, de Pichincha; el 24 de mayo de 1822 se da finalmente la batalla de Ayacucho cuando es derrotado el último ejército grande que les queda a los españoles en América, el ejército del virrey del Perú. Es interesante ver cómo estaba formado el ejército patriota comandado por Antonio José de Sucre, fíjense. El mariscal todavía no era mariscal, es posterior a la victoria, por supuesto.

Sucre contaba como jefe del estado mayor a Agustín Gamarra, que era peruano, y como jefe de la caballería a Guillermo Miller, uno de los ingleses que había venido con la legión británica. Al frente de las tres divisiones estarían José María Córdoba, un neogranadino paisa de Medellín, José del Amar, que nació en Cuenca, en Ecuador, pero se consideraba peruano, y el jefe de la tercera división es un venezolano, Jacinto Lara. De modo que fíjense qué interesante: cómo las divisiones estaban en manos de un neogranadino, de un peruano y de un venezolano.

Casual o no, estas nacionalidades representaban el mismo crisol de toda la guerra de independencia e incluso en varias de las gradaciones su importancia. Y hay que mencionar también a los ecuatorianos. Por su parte, los realistas en Ayacucho estaban comandados por el virrey José de la Serna.

El comandante de caballería era Valentín Ferraz, el jefe del estado mayor José de Canterac y los jefes de divisiones eran Jerónimo Valdez, José Antonio Moret y Alejandro González Villalobos. La batalla de Ayacucho dura hora y media, y el triunfo de los patriotas es contundente: le propinan alrededor de 1.800 muertos a los españoles, cerca de 2.000 prisioneros y más de 600 heridos, y esto condujo a la capitulación que se le hace, se le requiere a Canterac. Y Canterac, por cierto, la firma, sufre siete heridas y queda fuera del combate.

El ejército de Sucre, por su parte, sufre alrededor de 400 muertos y 700 heridos. En el mismo campo de batalla, Sucre otorga los ascensos a Córdoba y a Lara, y a muchos otros. Pues esa es la batalla de Ayacucho, en relación con la última de Venezuela, que es la del Lago de Maracaibo. Debemos decir que fue urdiéndose muy poco a poco.

A partir de enero el general Montilla ordena franquear las entradas por la barra de Maracaibo para intentar tomar la ciudad por vía lacustre. Y en el interín se conoce la noticia de que ha zarpado La Habana, el capitán de navío Ángel Laborde y Navarro al frente de una escuadra que viene a auxiliar a Morales. Esto precipita las acciones del almirante José Prudencio Padilla, quien vulnera la barra, quien logra penetrar en el lago con sus fuerzas y se adueña de la entrada del lago sin alcanzar a Maracaibo. Allí recala en los puertos de Alta Gracia, donde se repone y prepara para la batalla final cuando Laborde haya llegado.

Esta batalla es vespertina y dura algo más que tres horas. El almirante Padilla, neogranadino, vence a Laborde, quien logra escapar hacia Curazao. Mientras a Morales no le queda otro camino que capitular el 3 de agosto de 1823 y se les permite gallardamente irse hacia La Habana, que navegue hacia La Habana y se vaya; es así como el último capitán general de la Corona española en Venezuela es derrotado y aventado a tierra firme después de firmar su capitulación.

Recordemos que Morales sustituye como capitán general a Morillo y queda entonces uno solo, que es el de La Calzada, que está en Puerto Cabello, acuartelado. Y va a hacer una tarea para José Antonio Páez: eso es lo que va a ocurrir el 7 de noviembre de 1823, cuando Páez le ofrezca a De la Calzada capitular y se niega. Es entonces cuando Páez asalta el castillo y lo vence; allí mueren cerca de 150 soldados realistas, muy pocos patriotas.

En la próxima parte del programa veremos la capitulación de La Calzada y lo que ocurre con esos últimos españoles en Venezuela antes de irse y abandonar el territorio para siempre. Ya regresamos. Decíamos en la parte anterior del programa que Páez le ofrece capitular a De la Calzada, no acepta. Y finalmente De la Calzada capitula, pero ya vencido.

Se escribe un largo articulado el 10 de noviembre de 1823 y De la Calzada le entrega su espada personalmente al general Páez. En ese hecho de gran fuerza simbólica ha terminado la guerra en el departamento de Venezuela, de la República de Colombia. Se baja la bandera del asta, la bandera española, por supuesto, De la Calzada hecho prisionero y se le libera a comienzos de 1824, cuando viaja desde Puerto Cabello a La Habana. Se entregaba en ese momento el último jefe realista con sus soldados.

De ahora en adelante los asuntos venezolanos, los asuntos del Departamento de Venezuela, van a ser civiles, aunque en manos de un jefe militar cuya supremacía muy pocos discuten: José Antonio Páez. Estos años que vienen van a ser los de Bolívar en su faceta civil, un ámbito para el que su formación es menos pulida y asentada que en el campo militar. Son años de grandes problemas para el Libertador y para su proyecto centralista.

Su pensamiento va a quedar expresado en la Constitución de Bolivia, 1826, constitución que va a redactar él personalmente. Para Venezuela serán los años de la consolidación del país como cabeza visible de la negativa venezolana al proyecto bolivariano Colombia. A partir de 1826, con La Cosiata, el mismo año de la aprobación de la Constitución de Bolivia, van a comenzar los movimientos separatistas que finalmente van a cuajar en 1830.

Recapitulando lo que hemos visto, es imposible que dejemos de recordar que en 1820 ocurre un hecho capital para el futuro de estas repúblicas americanas. Me refiero a la rebelión de Riego, de Rafael del Riego, en enero, y la adopción de la Constitución de Cádiz en marzo de 1820. Esta fue, a mi juicio, la puntilla de muerte para las fuerzas realistas en América, ya que a partir de allí no tuvieron posibilidades de recibir refuerzos desde España y solo les quedaba el camino de batallar con los españoles que quedaban. De aquellos que llegaron con Morillo en 1815 más los criollos que se le habían sumado, que no fueron pocos.

Nadie mejor que Morillo para comprender estos hechos, y quien se dedique a leer sus cartas entenderá perfectamente el proceso que yo les estoy refiriendo. Por otra parte, estos son los años en que la estrella de Bolívar va a ascender hacia el firmamento. A partir de 1819 es una seguidilla de victorias: Pantano de Vargas, Boyacá, Carabobo, el Congreso de Cúcuta de 1821, la Conquista del Sur, 1822, 1823 y 1824, y la culminación de ese proceso con la batalla de Ayacucho en 1824.

Estos van a ser los años pletóricos de Bolívar, donde se va a fundar no solo la República de Colombia que ya hemos referido, sino que se va a liberar Quito y formará parte como departamento de la República de Colombia, y la liberación de Perú, que era el enclave español más importante en Suramérica porque allí estaba el Virreinato del Perú. Los éxitos de Bolívar en estos años lo llevan a detentar una condición casi divina; hasta aquí todo fue una epifanía para el Libertador. Y, paradójicamente, cuando termina la guerra y empieza el mundo civil comienzan los problemas de Bolívar, pero eso es harina en otro costal que probablemente lo veremos en algún momento del programa especial que haremos con motivo del nacimiento de Simón Bolívar, el 24 de julio.

Este es el contexto donde ocurre la Batalla de Carabobo, lo que significa, recordemos, que hemos hecho las aclaratorias de no ser la última y tampoco fue el último girón del ejército realista, el que queda en los campos de Carabobo, sino aquel que se rinde en Puerto Cabello en 1823, y la última batalla va a ser la Batalla Naval del Lago de Maracaibo también en 1823. Lo que sí fue la Batalla de Carabobo fue la última en la que estuvo presente Simón Bolívar y la decisiva para el declive de las fuerzas realistas del territorio de Venezuela.

Esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Ya ha sido un placer hablar para ustedes, referirles en este programa especial el contexto donde ocurre la Batalla de Carabobo y sus consecuencias inmediatas. Me acompañan en la producción Mery Sosa y Víctor Hugo Rodríguez, en la dirección técnica Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho, y a mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarais arroba hotmail.com, en Twitter arroba RafaelAraiz, en Facebook; estos programas los consiguen en la página web unionradiocultural.com, desde cualquier lugar del mundo y a cualquier hora pueden escucharlos. Y no queda sino despedirnos y manifestarles, como siempre, que ha sido un gusto hablar en voz alta para ustedes.

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