Carlos Raúl Villanueva

Un maestro de la arquitectura.

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Carlos Raúl Villanueva nació en el año 1900 y falleció en Caracas en 1975, 75 años en el mundo, consagrado con un fervor excepcional a la arquitectura. Antes de entrar de lleno en la vida y obra de Villanueva y todas sus realizaciones en tierra venezolana, hagamos un bosquejo, un mapa de antecedentes históricos en relación con la arquitectura venezolana. Recordemos que la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela se creó apenas en 1941.

En este sentido hay un discurso del doctor Víctor Fossi, pronunciado el 20 de octubre de 1964 con motivo de cumplirse años de la creación de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central, y él aclara bastante bien los pasos en la creación de la facultad, dice Fossi.

Por decreto orgánico de fecha 13 de octubre de 1941 fue creada la Escuela de Arquitectura, adscrita a la Universidad Central de Venezuela. La coordinación de la acción docente quedó a cargo de los ingenieros Luis Eduardo Chatén, Willy Ossott, Arturo Valeri Pino, Pedro Dupuy y Eduardo Mieri Terán, de los arquitectos Rafael Bergamín y Erasmo Calvani, y del escultor Lorenzo González. Otros profesores del departamento fueron los arquitectos Luis Malauzena, Fernando Salvador y el ingeniero Cipriano Domínguez.

Y también aclara que, el 20 de octubre del mismo año, él se está refiriendo al año 51, se establece una fecha histórica con la creación de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Antes, en el 41, lo que se había creado era la Escuela de Arquitectura.

Ahora, se crea la Facultad de Arquitectura y Urbanismo. El doctor William Ossott, al sazón director de la escuela, pasa a ser decano de la recién nacida facultad y como director es designado el arquitecto Tomás José Sanabria. De modo que el fundador de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo es Willy Ossott y el primer director, el arquitecto Tomás José Sanabria.

Sigue diciendo Fossi: "El primer cuerpo consultivo en la facultad, o sea, su Consejo de Catedráticos, queda integrado en la siguiente forma: Willy Ossott, decano; Tomás Sanabria, director; Carlos Raúl Villanueva, Carlos Guinand, Diego Carbonell, Luis Eduardo Chatén y Ernesto Fuenmayor".

Ese es el momento creacional, en dos etapas: primero Escuela de Arquitectura en 1941 y después Facultad de Arquitectura y Urbanismo ya en período lectivo 50-51. Echa esta aclaratoria, echemos un vistazo a lo que ha ocurrido antes y hallamos lo siguiente. Quienes primero hicieron arquitectura con vocación pública entre nosotros fueron los ingenieros: ese fue el caso de Olegario Meneses.

Estamos hablando del siglo XIX. Meneses diseñó la parte sur de la vieja Universidad Central de Venezuela, y también el desaparecido Cementerio de los Hijos de Dios. Por cierto, este cementerio fue un imán para los pintores y los fotógrafos; hay obras de Nikolá Ferdinandov, el ruso que vivió varios años en Venezuela. Hay una serie de fotografías de Alfredo Boulton sobre el Cementerio de los Hijos de Dios, que desapareció lamentablemente.

En Valencia estaba Alberto Lutoski, quien diseña el Mercado La Ciudad. En Caracas, siempre en el siglo XIX, les recuerdo, vamos a tener que el Palacio Federal Legislativo es obra de Luciano Urdaneta; esto por lo general se le llama el Capitolio, antes se le decía Congreso Nacional, hoy en día se le llama la Asamblea Nacional, pero el nombre exacto es Palacio Federal Legislativo. Tenemos que las iglesias de Santana y Santa Teresa y el Templo Masónico van a ser obra de Juan Hurtado Manrique, también ingeniero desdoblado en arquitecto del siglo XIX.

Y también, a finales del siglo XIX, vamos a hallar a Antonio Malaucena, que diseña el Circo Metropolitano de Caracas. Este fue un coso taurino anterior al Nuevo Circo de Caracas y también vamos a tener que Alejandro Chatén diseña el Teatro Nacional, la Academia Militar de La Planicie, la Biblioteca Nacional, el Nuevo Circo de Caracas y el Hotel Miramar en Macuto. Como vemos, las obras de Chatén son muchas y de gran importancia.

Comienza a ocurrir que en el siglo XX ya regresan al país o llegan por primera vez, según el caso, algunos venezolanos que han estudiado arquitectura en Europa o en Norteamérica porque en Venezuela no había donde estudiarla; ese va a ser el caso de Carlos Guinand, Sandos de Gustavo Wallace, de un vasco que se va a quedar toda su vida entre nosotros y que va a hacer una obra de gran importancia. Me refiero a Manuel Mujica Millán. También va a ser el caso de Carlos Raúl Villanueva, de quien estamos hablando hoy.

De Mujica Millán no podemos dejar de señalar que trazó y construyó buena parte de las viviendas principales de la Urbanización Campo Alegre en Caracas. También es el arquitecto de la actual Catedral de Mérida, del Aula Magna de los edificios centrales de la Universidad de los Andes en Mérida, por citar algunas de las obras de Manuel Mujica Millán. Y entonces llegamos a uno de esos venezolanos que llega de Europa, que es Carlos Raúl Villanueva.

Villanueva era nieto del médico historiador y rector de la Universidad Central de Venezuela, Laureano Villanueva, un hombre de la mayor importancia en el siglo XIX, un hombre que vive entre 1840 y 1912 con una obra escrita de importancia. Ese era su abuelo. El padre de Villanueva se llamaba Carlos Antonio Villanueva, que se había casado con una francesa, Paulina Astul. Sin embargo, Carlos Raúl no nace en París sino que nace en Londres, el 30 de mayo de 1900.

¿Por qué nace en Londres? Porque su padre era cónsul de la República de Venezuela ante el Imperio Británico. Sin embargo, su infancia, adolescencia y juventud transcurren en el país natal de su madre. Estudió el bachillerato en el Liceo Condorcet de París y estudió arquitectura en la École de Beaux-Arts, de la misma ciudad.

Allí egresa como arquitecto en 1928. De tal modo que cuando Villanueva decide establecerse en el país natal de su padre, en Venezuela, estamos en el año 1929; Villanueva casi tiene 30 años y nunca ha venido a Venezuela. Viene por primera vez en el año 1928, tiene 28 años, viene por unos pocos días y luego viaja a los Estados Unidos para trabajar en la firma de arquitectos Gilbert y Betel.

Sin embargo regresa a Venezuela a comienzos de 1929. Siempre nos hemos preguntado por qué navega hasta estos paisajes si su situación laboral en Francia era promisoria, cuando él se viene es asistente de Rolle Leopold Ume-Mell y luego el horizonte que se le abre en los Estados Unidos no es nada despreciable. ¿Por qué regresa a Venezuela? No lo sabemos.

En todo caso lo celebramos, por supuesto, por extraña que pueda parecer esta decisión de Villanueva. Entonces no cabe la menor duda de que se ha enamorado el país de su padre y que ha tomado la decisión interior para hacerlo suyo, porque ni siquiera Venezuela es un recuerdo de infancia porque, como les digo, por primera vez vino en 1928. Quizás esto contribuyó a que todo fuese nuevo para el arquitecto Carlos Raúl Villanueva, que todo fuese deslumbramiento.

Que todo fue ese enamoramiento de la luz caraqueña y los vientos del trópico que para él era una circunstancia completamente nueva, inédita en su vida. En relación con la obra de Villanueva, contamos con una periodización que hizo el arquitecto y crítico de la arquitectura, lamentablemente fallecido, William Niño Araque. Eso lo hizo en un ensayo que se titula Villanueva: Momentos de lo moderno, en el libro Carlos Raúl Villanueva: Un moderno en Sudamérica, publicado por la Galería de Arte Nacional el año 1999 junto con una exposición en el mismo museo, el libro y la exposición.

Allí Niño propone unos períodos en la obra de Villanueva. Él señala el período ecléctico del 1929 a 1938, el período racionalista de 1939 al 49, el período moderno de 1950-1958 y el período minimalista de 1959 a 1970. A su vez, Niño advierte un fuerte acento del compromiso social en el período moderno.

En todo caso esta periodización organiza los años laborales en Venezuela en su totalidad. Pero de esto y de otros temas vinculados con la vida y obra de Villanueva hablaremos en la próxima parte del programa. Ya regresamos.

Decíamos, en la primera parte de este programa, que el primer intento de Villanueva por radicarse en Venezuela y trabajar como arquitecto fue fallido; de allí se va a los Estados Unidos a buscar suerte, pero hace un segundo intento en Venezuela y esta vez no falló. Y al parecer algo tuvo que ver la amistad que traba con Florencio y Gonzalo Gómez, hijos de Juan Vicente Gómez, quienes lo presentan al general, y el dictador ordena la incorporación al MOP, el Ministerio de Obras Públicas.

El MOP se había creado, como sabemos, en 1870 con el gran venezolano Jesús Muñoz Tebar, en tiempos de Antonio Guzmán Blanco, y ya para esta fecha que estamos hablando, 1929, pues tenía casi 60 años de trabajo; era toda una institución en materia de obras públicas en Venezuela. Allí consigue un trabajo ese joven arquitecto Carlos Raúl Villanueva y de inmediato, además de este trabajo, recibe varios encargos por parte del general Gómez. Uno es la refacción del Hotel Jardín de Maracay; esto ocurre entre 1929 y 1930; también le encarga la construcción de la Plaza Bolívar de Maracay.

Por cierto, es la Plaza Bolívar más grande que hay en Venezuela; esto ocurre entre 1930 y 1935. De modo que así comienza la vida profesional venezolana de Villanueva. En este mismo año de 1935 el gobierno le encarga la construcción del Museo de Bellas Artes de Caracas; fallece el general, como sabemos, el 17 de diciembre de 1935; lo sucede Eleazar López Contreras, quien también le encarga a Villanueva la construcción del Museo de Ciencias Naturales, y abre sus puertas en 1936.

A partir de 1939, el gobierno de López Contreras se traza el Plan de Edificaciones Escolares y a Villanueva le es encargada la arquitectura y diseño de la Escuela Gran Colombia, que fue un hito en su obra arquitectónica. A su vez participa en otras edificaciones educativas en la elaboración del esquema general, pero suya es la Escuela Gran Colombia. Luego viene el gobierno de Isaías Medina Angarita, cuando ya Villanueva tiene bien ganado prestigio y el general Medina le encarga el diseño de la urbanización El Silencio.

Construida entre 1941 y 1945 en un lugar de malavidas con lupanares, bares, sitios de garitos donde se cultivaba la prostitución y el vicio. Y allí se construye la urbanización El Silencio, bellísima, con esos trazos coloniales y a la vez modernos que Villanueva diseña. Luego, a partir de 1945-48, también Villanueva participa en el diseño de varias ciudades construidas por el Banco Obrero y el MOP.

Nos referimos a pequeñas ciudades dentro de las ciudades: es el caso de la urbanización Rafael Urdaneta en Maracaibo, o la urbanización Carlos Delgado Chalbaud, aquí en El Valle, en Caracas, o la urbanización Francisco de Miranda en Casalta. Y también ya en tiempos de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez trabaja en la urbanización 2 de Diciembre, a la que se le cambió el nombre a partir del 23 de enero de 1958 y hoy en día se le conoce como el 23 de Enero.

También, en estos años, aunque de menor dimensión, diseña la ciudad vacacional Los Caracas, donde incluso Villanueva diseña no sólo las partes recreacionales sino las viviendas también. Estas obras van a ser adelantadas por Villanueva en paralelo con su ópera máxima, que es la Ciudad Universitaria de Caracas.

Voy a leerles una lista porque es posible que se me hayan olvidado algunas obras de importancia y, como en efecto, se me olvidó señalar la maestranza de Maracay. La Plaza de Toros de Maracay, de 1931. El Hospital Universitario de la Ciudad Universitaria fue lo primero que se construyó; después vino el Instituto de Medicina Experimental, después el Instituto de Medicina Tropical, después la Escuela Técnica Industrial y el Estadio Olímpico que se construye en 1951; gobernaba Carlos Delgado Chalbaud.

Se construye la Facultad de Ingeniería en 1954 y también la Plaza Cubierta del Edificio del Rectorado y, por supuesto, una de las catedrales que hay en Venezuela, la queridísima Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela inaugurada en 1953. Luego vino la Biblioteca Central, la Facultad de Arquitectura, su casa o vivienda familiar, Caoma, según los entendidos es una joya de la arquitectura moderna, se construye en 1951; ya referimos a la urbanización 23 de Enero inaugurada en 1957.

Una de sus últimas obras son dos museos: la ampliación del Museo de Bellas Artes; entonces gobernaba Rafael Caldera cuando se le encargó a Villanueva la ampliación del museo; y también gobernaba Rafael Caldera cuando le encarga el Museo Soto de Ciudad Bolívar. Son estas dos de sus últimas obras de importancia vinculadas con el arte, que fue una tarea o disciplina, un quehacer humano que para Villanueva fue carísimo, cercanísimo y queridísimo.

Veamos ahora con mayor detalle la Ciudad Universitaria, su ópera máxima. Recordemos el encargo del proyecto de diseño de la Ciudad Universitaria de Caracas; tiene lugar en 1943, en tiempos donde gobernaba Isaías Medina Angarita, y Villanueva va a estar allí trabajando en el diseño de distintos edificios de la universidad hasta 1975, hasta el momento de su muerte, el 16 de agosto de 1975. La ciudad universitaria, como es obvio, ocupa un lugar privilegiado en su obra desde que él tiene 43 años, que comienza la construcción de la ciudad universitaria, hasta el momento de su muerte cuando tiene 75.

De acuerdo con lo afirmado por el historiador, lamentablemente fallecido hace pocos años, Ildefonso Leal, en su libro Historia de la UCV señala don Ildefonso que el más entusiasta propulsor de la creación de la ciudad universitaria fue el rector Antonio José Castillo, quien logra entonces llamar también al presidente Medina. Y este firma el decreto que pone en marcha la obra, el 2 de octubre de 1943. Es justo señalar que las 203,53 hectáreas del sitio escogido, es decir, la vieja hacienda de la familia Ibarra, no era el sitio que inicialmente se había soñado como sede.

Antes, según refiere Leal, se había pensado levantar la universidad en unos terrenos aledaños al parque El Pinar y El Paraíso. Después se pensó en una zona cercana del Panteón Nacional. Luego se calibró la posibilidad de que fuese en terrenos en las faldas del Ávila y finalmente se escoge la hacienda Sosa en el valle.

Una vez escogida la hacienda Sosa como lugar para construir la universidad, el doctor Armando Vegas convence al gobierno nacional que es mejor sitio la Hacienda Ibarra, que ya se había expropiado para la construcción de viviendas. Vegas defiende con buenos argumentos ante Medina Angarita la conveniencia del sitio, y Medina accede y acepta. Y a partir de allí se decide que sea la Hacienda Ibarra y no la Hacienda Sosa, como se había pensado en un principio.

Lo primero que se construye de la Ciudad Universitaria de Caracas será el Hospital Universitario, que abre sus puertas en 1945. En la ciudad universitaria hay que decirlo con toda claridad, recibe gran apoyo por parte del gobierno de Rómulo Betancourt y de Rómulo Gallegos, de modo que en el trienio adeco no se suspende la creación de la Ciudad Universitaria y Villanueva es respaldado fehacientemente en su trabajo. Lo mismo va a ocurrir en el gobierno de dos años de Carlos Delgado Chalbaud, en el gobierno de dos años de Germán Suárez Flamerich y la dictadura de Pérez Jiménez de seis años, del 52 al 58.

En este período va a ser cuando Villanueva asuma la etapa quizás más importante en la ciudad universitaria, que es el famosísimo proyecto de síntesis de las artes, que comienza a desarrollar a partir de 1952 cuando diseña y comienza a ejecutarse el Aula Magna, la Plaza Cubierta, la Biblioteca Central, el Edificio del Rectorado, las salas de conciertos y el Paraninfo. En la próxima parte del programa veremos qué es esto de la síntesis o la integración de las artes, como también se le llamó. Y para ello nos auxiliaremos con voces autorizadas.

Ya regresamos. En la próxima parte del programa abordaremos este tema de la síntesis y las artes en Carlos Raúl Villanueva. En la parte anterior del programa hablábamos de la síntesis y de las artes que comienza a darse en la Ciudad Universitaria a partir de 1952, cuando comienzan a construirse el Aula Magna, etcétera. La Plaza Cubierta.

El arquitecto Enrique Larrañaga, profesor universitario, escribe un ensayo que se titula "La ciudad universitaria y el pensamiento arquitectónico en Venezuela". Este ensayo forma parte del libro Obras de Arte de la Ciudad Universitaria, publicado por Monteávila Editores el año 1991. Allí afirma Enrique Larrañaga: "Sin duda el momento más intenso de esa depuración estructural y esta euforia compositiva de Villanueva está en los espacios de la Plaza Cubierta, que representan uno de los grandes momentos en la modernidad arquitectónica del siglo XX y seguramente lo más significativo del trabajo del arquitecto".

Esto opina Larrañaga. Niño Araque, en aquel libro que citamos hace un rato en este mismo programa, dice lo siguiente: "La Plaza Cubierta es parte del itinerario de los monumentos culminantes de la arquitectura moderna. Es la clave de un pensamiento espacial fundamentado en la idea de la síntesis como el desafío tendencial referido a la abstracción de las formas interpretada en un momento muy preciso por un reducido número de artistas internacionales. Traspasar el umbral de la Plaza marca el inicio de una experiencia abierta a los ojos y la piel".

Luego, en el mismo ensayo, William Niño señala que la realización plena del proyecto de síntesis de las artes se da en el Aula Magna y nosotros añadimos modestamente que no le falta razón. Pero también sería injusto señalar solamente la materialización de un anhelo integracionista entre la arquitectura y el arte como el logro máximo. Es decir, la síntesis de las artes está muy bien, pero en verdad en la Ciudad Universitaria se expresa la particular destreza de Villanueva para comprender el espacio en vinculación con el clima.

Yo creo que esta es una de las claves de Villanueva, pero yo no soy arquitecto; hablo como usuario, un usuario sensible que percibe el espacio cuando está en los espacios y eso es lo que yo siento cuando voy a la ciudad universitaria. Que allí hay una comprensión muy particular del clima por parte de su creador, de Villanueva, quizás por el hecho de haberse educado en Europa y haber llegado al país siendo un profesional, como señalamos antes, a los 29 años. Quizá es por eso pudo calibrar Villanueva con exactitud las resonancias del trópico, los matices de la luz caribeña y todas aquellas condiciones del ambiente que fueron presupuesto una gran libertad expresiva.

Yo me pregunto: ¿la formación europea no fue en el caso de Villanueva un puente para poder comprender las circunstancias del trópico? También me pregunto: ¿el hecho de ser un venezolano de raigambre extranjera no permitió acaso que su visión en los espacios estuviese signada por distancia comprensiva? A esas dos preguntas me respondo que sí. Creo que la condición ciudadana entre dos mundos, paradójicamente, fue la que articuló su radical interpretación del espacio tropical.

Y ello se va a expresar en el proyecto de síntesis de las artes, que pareciera que sólo hubiera podido emprenderlo un creador con amplitudes cosmopolitas que sabía insertar lo propio en un contexto universal. Quizás este sea el secreto, ¿no? Allí está la razón por la que la obra de Calder, de Alexander Calder, se aviene perfectamente al espacio en el que está, las nubes del Aula Magna, un sitio, un lugar verdaderamente sublime para los venezolanos.

Allí está el secreto por el que no hay ninguna disonancia, ninguna extrañeza. En la ciudad universitaria nada está fuera de lugar, todo es pertinente, todo está allí, como si no hubiera podido estar de otra manera, en un perfecto ensamblaje. Quiero decir que sólo desde una perspectiva global que incluye la arquitectura, las artes, lo urbano, el clima, sólo desde esa perspectiva global puede ser comprendida la singularidad de la Ciudad Universitaria de Caracas, que encarna una de las maravillas de la modernidad en el mundo.

Quizás los oyentes no recuerden que, en el año celebratorio del centenario del nacimiento de Villanueva, es decir, en el año 2000, el Comité Mundial de Patrimonio de la Unesco, reunido en Australia en su vigésima cuarta reunión anual, declaró a la Ciudad Universitaria de Caracas como patrimonio mundial de la humanidad. En la declaración se la concibe, voy a citar lo que dice la Unesco, "una obra maestra de la arquitectura y del arte moderno reconocida por sus valores paradigmáticos y singulares".

Fin de la cita. Al reconocer esto, la Unesco reconoció también en la obra de Villanueva y contribuyó con la divulgación, el conocimiento del trabajo de Villanueva más allá de Venezuela, en el ámbito planetario. Y de hecho, Villanueva es considerado en la historia de la arquitectura del mundo un factor, un autor creador de singularidad. La obra de Villanueva en el concierto latinoamericano, vamos a tener que reconocer, que dialoga.

Con la obra de figuras también consagradas en el continente: es el caso de Lucio Costa, de Oscar Niemeyer. Por cierto, Niemeyer, el brasileño, murió hace muy pocos años y, si mi memoria no falla, creo que murió de 103 o 104 años, con la cabeza perfecta, trabajando prácticamente hasta los 103 años. Debe ser un caso único en la historia. También en esa playa de grandes arquitectos latinoamericanos, obligatorio señalar a Luis Barragán y al colombiano también recientemente fallecido Rogelio Salmona, autor de la Biblioteca Virgilio Barco en el parque Simón Bolívar de la ciudad de Bogotá, que es una joya de la arquitectura; allí Salmona llega a sus puntos más altos.

Muy bien, Villanueva forma parte de esa constelación de grandes arquitectos que ha tenido América Latina y que a su vez han tenido grandes oportunidades porque, si bien las ciudades de nuestro continente son en la mayoría ciudades fundadas en el siglo XVI, es decir, ciudades que se acercan a los 500 años, han sido ciudades en construcción y ha habido oportunidad para el desarrollo de las obras arquitectónicas de estos grandes arquitectos. El caso de Villanueva es evidente: en la lista larga que hicimos en primera y segunda parte del programa ustedes se dan cuenta de las oportunidades que tuvo para la construcción de obras públicas, museos, viviendas.

La Ciudad Universitaria es sin duda su gran obra y también cosa no hemos señalado a lo largo del programa, una tarea de Villanueva como profesor durante muchos años. Dio clases en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela, donde tuvo discípulos, seguidores, conocedores en su obra. Es decir que pudo ejercer un magisterio y que su labor no se quedó exclusivamente en la mesa en la que trabaja el arquitecto, sino que también se dedicó a la enseñanza.

A la formación de por lo menos dos generaciones de venezolanos arquitectos egresados en la Universidad Central de Venezuela. Esto no lo podemos olvidar porque forma parte de su obra paralela, no sólo la construcción de estos espacios maravillosos, signados por su sensibilidad, sino también la formación de estos alumnos. Como vimos en la primera parte del programa, Villanueva formó parte del grupo de catedráticos de la facultad desde sus comienzos.

Ya aparece en 1951 en la recién fundada Facultad de Arquitectura y Urbanismo como profesor. No creo que haya aspirado nunca a dirigir la facultad porque seguramente su trabajo lo alejaba de tareas gerenciales académicas, pero sí estuvo allí muchos años dando clase y formando nuevos arquitectos venezolanos. Es el momento de decir que la arquitectura venezolana no es menor en el concierto latinoamericano y basta ver buena parte de los edificios en Caracas y las ciudades del interior del país para percatarse de que hay una mano arquitectónica, con buen gusto, con sentido a las proporciones.

Por supuesto no siempre ocurre esto que estoy señalando, pero cuando ocurre uno encuentra la huella de todos estos maestros que formaron a los arquitectos venezolanos a partir de la segunda mitad del siglo XX. En las últimas partes del programa veremos además los homenajes que recibe Villanueva al final de su vida. Algunas palabras de Villanueva, muy pocas, porque no era un hombre que dominara el verbo con gran elocuencia.

De hecho no he conseguido entrevistas de Villanueva, me ha resultado muy difícil para este programa. He hallado locuciones e intervenciones públicas de él, de las que voy a citarles algunos fragmentos que puedan darnos alguna idea sobre cómo discurría con la palabra escrita este gran maestro del espacio que fue Carlos Raúl Villanueva. Ya regresamos.

Decíamos en la parte anterior del programa, que el concierto de arquitectos en América Latina, muy pocos han podido desarrollar una obra de la magnitud de Villanueva. De hecho, muy pocos arquitectos en el mundo, en verdad, han podido tener la oportunidad que tuvo Villanueva de contribuir masivamente con la arquitectura y al urbanismo del país. En Latinoamérica diríamos que tan solo Niemeyer en Brasil supera a Villanueva en las magnitudes de su obra pública, pero también es momento para señalar que Villanueva construyó casas, no solo hizo obra pública, hizo viviendas para familias.

La lista de casas que concibió junto a su suegro, el constructor Juan Bautista Rismendi, es voluminosa, incontable, imposible hacer la lista en un programa como este y tampoco tendría sentido. Señalábamos antes la labor docente, que fue prolongada y muy valorada por sus alumnos. Y también señalamos, y repetimos, que las sensibilidades artísticas de Villanueva lo llevaron a sobresalir notablemente entre los arquitectos venezolanos.

Uno lo nota inmediatamente: esa relación con el arte hizo de la arquitectura de Villanueva una obra cuyo epicentro es el ser humano. Esto, para mí, es evidente y sobre todo se hace palpable cuando uno observa la obra de otros arquitectos que uno ve que está técnicamente resuelta, pero sin el influjo humanista que imantaba, que llevaba a la lucidez, al brillo, el trabajo de Villanueva. De allí que puede decirse, pueda hablarse de una conjunción entre la ciencia y el arte en la obra de Villanueva.

Y por eso señalamos con énfasis que es una de las características difíciles de hallar en cualquier creador: este sentido de plenitud, de globalidad y esa riqueza que proviene de la posibilidad de ver los hechos desde distintos ángulos, formándose combinatorias luminosas de gran significación. Eso fue lo que logró Villanueva. También no podemos dejar de recordar el momento en el que el consejo universitario de la Universidad Central de Venezuela, el 19 de julio de 1960, entonces era rector Francisco de Benanzi, acuerda otorgarle a Villanueva el doctorado honoris causa y le fue entregado en febrero de 1961 en el Paraninfo de la Ciudad Universitaria.

Esto nos lo recuerda su biógrafo Juan José Pérez Rancel, autor de la biografía Carlos Raúl Villanueva para la Biblioteca Biográfica Venezolana, una biografía muy bien documentada, muy sabrosa, que cumple con su trabajo, muy bien escrita, y con conocimiento de causa porque Pérez Rancel es un arquitecto. Dice entonces Villanueva, en el momento de recibir el doctorado honoris causa: "Creo, con certeza, que el recuerdo de este sencillo acto que me honra y conmueve por su alta significación y profundo contenido de benevolencia hacia mi humilde persona quedará para siempre grabada en la caja hermética de mi corazón".

Qué belleza y qué bonita esta expresión, caja hermética del corazón. Pocas veces uno puede leer algo de Villanueva, su palabra, porque como les digo fue poco dado a las entrevistas. Sin embargo, también contamos, recogida por Pérez Rancel en su biografía, que en 1972, en el número 46 de la revista Punto, que fue dedicado al maestro Villanueva, ese número de la revista los estudiantes organizaron una exposición en su homenaje con dibujos y maquetas de su obra.

Y Villanueva escribió, enviándole a la facultad una... así se titula Comunicación a los jóvenes estudiantes de nuestra muy querida universidad. Entonces estamos en el 72, faltaban tres años para que Villanueva muriera, entonces dice: "Conmovido por tantas demostraciones de cariño y aprecio que he recibido de ustedes, espigando en mi propia siembra y repitiendo los conceptos que he venido acumulando en estos últimos años, más que nunca me siento identificado con ustedes, jóvenes estudiantes de nuestra Universidad Central, y es mi deseo más vehemente que la paternidad espiritual que ha logrado siempre unirme a mis discípulos dure tanto como mi propia vida". Muy bien, muy hermoso.

Por último debemos preguntarnos ya en el final de nuestro programa si el hecho de que gobiernos autoritarios hayan respaldado su trabajo invalida su obra. Pensamos que no, que es en lo más mínimo, sobre todo si tomamos en cuenta que su obra no es el emblema ideológico del militarismo dictatorial, sino por el contrario, es señal de libertad. Nadie va a encontrar ecos fascistas en los edificios de Villanueva, ni siquiera ecos comunistas; ningún eco totalitario va a encontrarse en la obra de Villanueva.

Ahora, ¿cómo lidiaba en su fuero interno Villanueva con el hecho de trabajar para gobiernos que violaban los derechos humanos sistemáticamente? No lo sabemos, eso él sabrá cómo habrá sabido lidiar con esa circunstancia. En todo caso, lo interesante es que en el período democrático del trienio adeco, del 45 al 48, y en el período del 58 al 75, bajo distintos gobiernos democráticos, Villanueva continuó su obra y recibió el respaldo de los venezolanos y de los gobiernos venezolanos, de modo que no podemos dejar de consignar el hecho, pero creemos que su obra no se afecta en lo más mínimo por esa circunstancia.

Hasta aquí la vida y la obra de Carlos Raúl Villanueva, uno de nuestros grandes arquitectos; podemos decir que nuestro primer gran arquitecto. Ha sido un gusto hablar para ustedes. Esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia, y les habla Rafael Arráiz Lucca. Me acompañan en la producción Merizosa y Víctor Hugo Rodríguez.

En la dirección técnica, Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarrais@hotmail.com. En Twitter, arroba rafaelarrais, en Facebook. Y los programas los consiguen montados, colgadas, en la página de unionradiocultural.com y pueden ser escuchados desde cualquier lugar del mundo.

Ha sido un gusto hablar sobre el maestro Carlos Raúl Villanueva para ustedes hasta nuestro próximo encuentro.

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