José Gil Fortoul
El historiador positivista
Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Hoy vamos a hablar de un venezolano fuera de serie, por sus realizaciones. Un hombre que vivió 82 años entre 1861 y 1943.
Un diplomático, periodista, abogado, historiador y hombre de Estado también. Me estoy refiriendo a José Gil Fortoul, uno de los principales positivistas que hubo en Venezuela, que va a nacer en Barquisimeto el 29 de noviembre de 1861, pero muy pronto su familia y él se mudan a El Tocuyo. De modo que Gil Fortoul toda su vida va a considerarse del Tocuyo como su pueblo, era como él lo llamaba, y va a morir en Caracas en 1943.
Su vida la podemos organizar en varias etapas. Hay una primera etapa de 1861-1886 que abarca su formación en El Tocuyo, en la primaria y el bachillerato, y el traslado a Caracas a estudiar Derecho en la Universidad Central de Venezuela, desde donde egresa titulado. En esta etapa, al igual que Lisandro Alvarado del que hicimos un programa antes, la figura legendaria de don Egidio Montesinos, el gran educador tocuyano director del colegio La Concordia, va a dejar una huella profunda en la formación de niño y adolescente Gil Fortoul, al igual que lo que ocurrió con Alvarado, el compañero de aulas de Gil Fortoul. Luego, en Caracas, la influencia más importante que va a recibir Gil Fortoul, ya estudiando Derecho, va a ser la del sabio alemán que se quedó a vivir para siempre en Venezuela, Adolfo Ernst.
Gil Fortoul asiste a las clases científicas de Ernst sin estar estudiando ciencias sino Derecho, y allí bebe de las aguas del positivismo desde donde va a observar la realidad durante buena parte de su vida intelectual. La segunda etapa va a ir de 1886-1909, es la etapa de creación intelectual cuando escribe y escribe mucho. Toda esta etapa va a ocurrir en Europa, allá va a desempeñarse como cónsul de Venezuela en Burdeos, en Liverpool, en París; es encargado de negocios en la legación de Berlín y también, más cerca de nosotros, es cónsul en Trinidad.
En este período es cuando se va a casar o tener tres hijos y donde se va a aficionar fervorosamente a los deportes. Es entonces cuando practica la esgrima todos los días prácticamente, cuando practica la equitación con mucha frecuencia y también cuando se aficiona al juego del golf, que es un deporte, un juego. En El epistolario con Alvarado hay muchas referencias a la necesidad de practicar deporte, cosa que Alvarado no hacía.
Pero para Gil Fortoul se convirtió en una esencia de su psicología la práctica del deporte, así como se le hizo necesario a partir de un momento de su vida usar monóculo para ver bien en un solo ojo, por eso se llama monóculo. Y fumaba pipa, y su figura de un hombre con monóculo y pipa fue haciéndose popular entre la gente que trabajaba con él en estos destinos diplomáticos y, por supuesto, cuando regresó a Venezuela. La tercera etapa es su vida, la última va a ir desde 1909 a 1943.
Es entonces cuando se va a desempeñar en el poder político, a la sombra del dictador tachirense Juan Vicente Gómez. También va a ser la etapa entre 35 y 43, esos ocho años después de la muerte de Gómez cuando se retire y pase esos últimos años fuera de la visibilidad pública. ¿Qué cargos ocupó Gil Fortoul durante la dictadura del general Gómez?
Pues muchos. Fue ministro de Instrucción Pública, fue senador, fue presidente del Congreso Nacional y fue presidente de la República también en un período de un poco más de un año. También fue director de El Nuevo Diario, que era el periódico que le hacía coro al gomecismo. Como vemos, su obra literaria e histórica la escribe y publica durante la segunda etapa, de modo que esa es la que nos va a interesar más particularmente.
La verdad es que durante el período del hombre público fue muy poco o casi nada lo que escribió de importancia. Incluso diríamos más, en las últimas etapas de la Historia constitucional de Venezuela, su gran obra, que prometía escribirla, nunca la escribió. Se lo devoró la vorágine del trabajo y de las diatribas del poder.
Y cuando quiso retomar ese tercer tomo que se prometió ya no tenía fuerzas. Ya la labor de investigación es muy exigente, no pudo ser abarcada por él, aunque ya veremos más adelante donde él deja testimonios de que sí avanzó mucho, pero finalmente no la publicó. ¿Qué ha publicado Gil Fortoul antes de irse a Europa?
Muy poco, pero hay algo que señalar. Hay un texto que se llama Un canto realmente, dedicado a la obra de Cristóbal Colón, que se titula La obra de Colón y su influencia en los destinos del mundo, 1883. También un poemario sin fecha conocida, En la infancia de Mimusa, y ya en París publica Recuerdos de París en 1883, la novela Julián en 1887, Filosofía constitucional en 1890, Filosofía penal en 1891.
El humo de mi pipa en 1892. Fíjense que aquí ya el positivista está en funciones. En esa órbita de pensamiento es que publica Filosofía constitucional y Filosofía penal.
Luego en Liverpool va a editar un curiosísimo tratado sobre la esgrima, se titula La esgrima moderna: notas de un aficionado, en 1892. Es un libro para quienes les gusta la esgrima, de cabecera. Es una curiosidad que un esgrimista venezolano no puede pasar por alto.
También publica en Liverpool la novela Idilio, aunque este Idilio está entre signos de interrogación, Idilio es de 1892. De vuelta en París publica el texto Pasiones, en 1895, y al año siguiente publica su primer libro de reflexión sobre la historia, yo juzgo este libro muy interesante, se titula El hombre y la historia y otros ensayos, en 1896. El primer tomo de su Historia constitucional de Venezuela fue publicado en Berlín en 1907 y a partir de 1930 se publica en tres tomos en Caracas. De modo que toda su obra de importancia, como acabamos de ver, fue escrita y casi toda publicada en Europa.
En la tercera etapa de su vida, como dijimos, el ejercicio del poder en Venezuela no le dio sino para redactar discursos, artículos de prensa y algunos temas misceláneos, los recoge en un libro que se titula Discursos y palabras de 1915. Y también Sinfonía inacabada y otras variaciones de 1931. Su caso viene a reafirmar lo que ya sabemos: el servicio diplomático deja tiempo para escribir muchas cosas, mientras que el servicio público nacional se adueña de todo el tiempo del funcionario y le impide verdaderamente trabajar, le hace muy difícil trabajar.
¿Qué podemos decir de ese primer libro que nos interesa, El hombre y su historia? Pues que allí trabaja Gil Fortoul la interpretación del pasado con un instrumental positivista. Arturo Uslar Pietri, que conoció mucho su obra y al personaje también, en su ensayo El despertar positivista, un ensayo que está en Letras y hombres de Venezuela, dice: ¿en qué consistió el positivismo?
En Venezuela, afirma Uslar, era una tentativa de limitar la esfera del saber a los hechos, negando la posibilidad de ningún conocimiento que se apartara de ese campo. No querían nada con el qué y por qué de la metafísica, ni para qué de la teología, sino que se encerraban tenazmente en el cómo de los fenómenos perceptibles por los sentidos. Digo yo que, en otras palabras, asumían el método de las ciencias naturales como el único y lo aplicaban a la historia y a la sociedad, dando nacimiento a la sociología. Hoy en día las creencias positivistas llevan a muchos a dibujar una sonrisa en el rostro porque resultan, en muchos casos, unos postulados ingenuos.
También lleva a sonreír las pretensiones autoritarias y hegemónicas del positivismo, que consideraba que más allá de su esfera de pensamiento no había nada. No obstante lo que acabo de decir, en el momento en que el positivismo dio el paso hacia adelante fue muy importante porque se debilitó el pensamiento mágico, se debilitó la práctica hagiográfica, la lírica mitológica en la descripción y los análisis de los hechos históricos. De modo que para la historia fue un paso muy importante que la ciencia inundara y comenzara a dominar el territorio que la mitología y la hagiografía tenían completamente tomado. En la segunda parte del programa seguiremos viendo estos positivistas que formaron a José Gil Fortoul, ya regresamos.
Decíamos en la parte anterior del programa que los positivistas en Venezuela comienzan a nuclearse alrededor de 1862 y allí estaban Rafael Villavicencio, Agustín Aveledo, Arístides Rojas y Adolfo Ernst, aquí hemos citado como el principal maestro en este período de la formación positivista de Gil Fortoul. De hecho, el propio Gil Fortoul reconoce ese magisterio en un discurso que pronuncia en 1931 en la Universidad Central de Venezuela con motivo del nacimiento de Ernst. Entonces dice Gil Fortoul lo siguiente: "Estudiante aquí de Ciencias Políticas y aficionado ya también al estudio del organismo humano, la curiosidad me llevó un día a oír en calidad de alumno libre el curso de Historia Natural, como se decía entonces, y desde la primera lección de Ernst comprendí que cuanto aprendiese en las cátedras puramente jurídicas, y no obstante la competencia de profesores renombrados, sería insuficiente para encaminar mis ambiciones juveniles a una actividad que no resultase estéril en vida intelectual o venidera pública. Por largos años le escuché al pie de su cátedra luminosa, y por más largos años después hasta su muerte le seguí de cerca o de lejos con mi gratitud y cariño".
"Perdónese esta nota personal, la debía el discípulo a la memoria del maestro y del amigo". Muy, muy bonito, muy conmovedor esto que dice Gil Fortoul, además de estar confesando que no asistía a algunas clases de unos profesores de Derecho porque prefería ir a las clases de Adolfo Ernst, con toda razón, porque Ernst era verdaderamente un maestro. En verdad, El hombre y su historia y otros ensayos, el libro del que venimos también hablando, es una suerte de anteproyecto de preparación para la escritura de Historia constitucional de Venezuela, y en este sentido puede tenerse como un resumen de lo que luego va a desarrollarse extensamente.
Siempre dentro del período republicano, que naturalmente es el constitucional, este texto se inicia con un capítulo sobre la raza, me estoy refiriendo a El hombre y su historia y otros ensayos, y otro sobre el medio físico que coinciden con esa visión determinista de las dinámicas sociales que fundamentaban las tesis positivistas. Hoy en día, leídas, resultan exageradas por su excesiva fe científica y porque la traslación de la lógica de las leyes naturales a las relaciones sociales y la historia no es siempre fácil y conveniente. Pero recordemos lo que dijimos antes, esto fue muy útil para apartarse de las visiones teológicas, mitológicas o geográficas que se confundían todas con la historia. Era un paso adelante en la especificidad de los estudios históricos y en la manera de abordar los hechos históricos.
Se puede afirmar que este libro, de Gil Fortoul, es el primero de nuestra historiografía fundamentado en las tesis positivistas, ya luego muy poco tiempo después vendrán los libros de Aureano Vallenilla Lanz. Además, este libro El hombre y su historia ofrece una singularidad en relación con Historia constitucional de Venezuela, y es que alcanza hasta 1893 como un resumen de la historia venezolana. Y no termina en 1863 como ocurre con la Historia constitucional de Venezuela.
Vamos a ver ahora cómo nace este proyecto de la Historia constitucional, quién lo financia, etcétera. Sabemos que el 30 de noviembre de 1898 el presidente Ignacio Andrade firma un decreto ordenando el pago de 36 mil bolívares en honorarios profesionales a favor de Gil Fortoul, ¿para qué? Para que escriba la Historia constitucional de Venezuela desde 1811 hasta nuestros días, con una amplia introducción acerca del movimiento etnológico y sociológico de la conquista y la colonia.
Así reza el decreto de Ignacio Andrade, presidente de la República. Como vemos, la suma no era nada despreciable, 36 mil bolívares en 1898 eran una pequeña fortuna, bastante más que una casa se hubiera podido comprar Gil Fortoul con esa suma, pero también la envergadura del proyecto no es menor. Finalmente él comienza a ver los frutos de su investigación cuando en 1907, nueve años después, se publicó en Berlín el primer tomo. El segundo se va a publicar también en Berlín en 1909 y luego en 1930 se publica, por primera vez en Venezuela, en la imprenta de los hermanos Parra León, y allí lleva anexos documentales que llevan a la obra a ocupar ahora tres tomos.
El propio Gil Fortoul le explica a Lisandro Alvarado en una carta en qué consiste su proyecto, su ópera magna, le dice a Alvarado: "El primer tomo que terminaré en estos días comprende la colonia, la independencia y Colombia. El segundo, según mi plan, la oligarquía conservadora, del 30 al 48. La oligarquía liberal, explicaré estos títulos en su tiempo y lugar, del 48 hasta el comienzo de la Guerra Federal, en que vuelve todo a la anarquía y la Federación hasta 1870. El tercero, que fue el que no escribió o que no publicó, no sabemos, comprenderá la autocracia, los gobiernos últimos, desdeño en lo posible la historia militar y procuro tenazmente descubrir y señalar la evolución social y legislativa".
Por eso, la obra se llama Historia constitucional de Venezuela. El acento está colocado en constitucional y no en historia militar, que era lo que se hacía más frecuentemente entonces. Hemos advertido entonces que el tercer tomo jamás lo escribió. ¿Por qué no lo hizo, si vivió hasta 1943? La verdad es que tiempo tuvo, por más que empleara muchos años en el ejercicio de cargos públicos.
Pero al parecer cuando se retira de la vida política para enfrascarse en la escritura del tomo, ya los años le pesaban mucho y sus energías habían disminuido notablemente. De modo que después de la introducción sobre la conquista y colonia, el período constitucional que estudia Gil Fortoul va de 1811 a 1863, siendo la Constitución de 1858 la última que trabaja. Nosotros sospechamos que sí avanzó mucho en la escritura de ese tercer tomo, eso lo deducimos de un diálogo con un periodista publicado en la revista Vitácora en 1943, año de la muerte de Gil Fortoul, poco antes de morir. Él le dice a este periodista: mire amigo, ojalá pudiera decirle todo, pero usted sabe que la prudencia es buena consejera, en mi historia constitucional hay cosas. Bueno, pues no lo vimos porque no se publicó.
¿Hasta dónde llegó la escritura de ese tercer tomo? Tampoco lo sabemos. Esos papeles se conservan y la familia conserva estos textos, ese tercer tomo lo ignoramos también. Ojalá llegáramos a saberlo, y esta cita de la entrevista en la revista Vitácora se hiciese una realidad y el propio Gil Fortoul, desde donde esté, ya sea publicado el esfuerzo de su trabajo, pero sospechamos que no lo terminó o algo ocurrió que impidió que ese tercer tomo se publicara.
¿A quién tenemos hasta la firma del decreto de Andrade en 1898? Tenemos a un abogado venezolano que ha escrito poemas juveniles, que ha escrito proto-novela de juventud, un manual de esgrima muy interesante, artículos de prensa y tres libros bajo la égida, bajo el paraguas del positivismo, los dos de filosofía que les mencioné, Filosofía constitucional y Filosofía penal, y el que hemos comentado, El hombre y su historia y otros ensayos. De modo que su gran aporte a la historiografía venezolana está por ocurrir, que es el de la Historia constitucional de Venezuela, que ha sido un libro fundamental y que de alguna manera inmortaliza el trabajo de Gil Fortoul.
Hay una tradición interesantísima en historias nacionales de largo aliento. Es el caso de la Historia de Venezuela de fray Pedro de Aguado en el siglo XVI, el caso de las Noticias historiales de fray Pedro Simón del siglo XVII, la Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela de José de Oviedo y Baños en el siglo XVIII, y el Resumen de la historia de Venezuela de Ramón Díaz y Rafael María Baralt en el siglo XIX. Por supuesto, la historia de Gil Fortoul tiende mucho menos al período colonial que al independentista y al republicano. Realmente, el período colonial y de conquista es una introducción en la obra de Gil Fortoul porque el objeto de su trabajo es la historia republicana, la llama constitucional, en el sentido que es una historia que se fundamenta en las constituciones nacionales.
En relación con la historia de Baralt, Gil Fortoul la estimaba muchísimo y afirmaba el más ilustre de los historiadores patrios, ilustre por su belleza clásica de estilo. Considera muy elogiosamente el estilo de Baralt, no es para menos porque Baralt dominaba el español a sus anchas. En la próxima parte del programa veremos más aspectos de esta obra tan importante de José Gil Fortoul, la Historia constitucional de Venezuela. Ya regresamos.
Nos referíamos en la parte anterior del programa a la estructura de la obra de Gil Fortoul, Historia constitucional de Venezuela. Estamos hablando de cinco libros: el primero, La colonia; el segundo, La independencia; el tercero, La Gran Colombia; el cuarto, Reconstitución de la República, la oligarquía conservadora; y el quinto, la oligarquía liberal, hasta ahí llegó. Como vemos, Gil Fortoul se hace eco de una denominación inexistente en términos oficiales, me refiero a la denominación Gran Colombia, eso jamás existió en los papeles oficiales, y además acuña dos denominaciones que no estaban al uso para entonces: oligarquía conservadora y oligarquía liberal, para referirse a los gobiernos presididos por el Partido Conservador y por el Partido Liberal.
Los partidos históricos del siglo XIX, los documentos oficiales emanados del Congreso de Angostura en 1819 creando la República de Colombia, no aluden a esta denominación Gran Colombia. En ningún momento hay un documento oficial que mencione así a la República. Bolívar siempre se refirió a los colombianos, lo que incluía a los venezolanos y quiteños, porque la denominación ecuatoriana es posterior.
No obstante, la denominación Gran Colombia se hizo común hasta nuestros días donde se insiste en ella por razones prácticas. Se alude al período que va de 1819 a 1830, cuando hablamos de la Gran Colombia sabemos que estamos hablando de ese período, no del otro. Por eso es que la denominación ha tenido fortuna y se ha convertido en moneda común.
¿Qué constituciones trabaja Gil Fortoul? La de 1811, 1819, 1821 que es la de Cúcuta, la de 1830 que es la de Valencia y la de 1857, que es la malhadada de José Tadeo Monagas, y la de 1858, que es la de Julián Castro y el Partido Conservador. No alcanza a trabajar la Federación y de hecho no trabaja la Constitución del 1864. De modo que él revisa la constitución de Roscio, que es la 11, la de Bolívar, el 19, la cucuteña en 21, la valenciana paecista por la égida de Páez en 1830, la de Monagas del 57 y la de Julián Castro en 58. Con esta constitución, por cierto, es que se elige a Manuel Felipe de Tovar como presidente de la República.
Va a ser el primer presidente escogido por voto directo. Sin embargo, por más que esta historia de Gil Fortoul aluda específicamente a las constituciones, no es exacto decir que es una exégesis jurídica de las constituciones. Esa no es la columna vertebral del libro, siendo Gil Fortoul abogado, pero eso no es el interés central de él. Lo que ocurre es que las constituciones le permiten estructurar también el discurso. En verdad, la novedad que trae es que se aparta de lo militar y coloca el acento en los civiles.
Se esmera en ubicar los hechos civiles y trabaja muy poco o casi nada los temas militares, las batallas, etcétera. Todo el episodio guerrero, que para el momento en que está escribiendo Gil Fortoul ya se había abundado sobre ese tema hasta la saciedad, como todos sabemos. En ese sentido podemos afirmar que Gil Fortoul alcanza su cometido porque logra una historia verdaderamente civil, con énfasis en lo civil.
Él, en los prólogos de 1909 y 1930, me refiero a las ediciones de esos años, establece el lindero de su tarea. Entonces va a afirmar Gil Fortoul: "Yo buscaré inspiración en otras fuentes y caminaré por otra senda. Me fijaré más en las obras del ingenio y los trabajos de la paz. En medio de los innumerables combates hubo siempre hombres que pensasen, escribiesen, hablasen y legislasen. Y una parte del pueblo cultivó los campos, abrió caminos, transportó y exportó productos, conservó en suma los elementos constitutivos de la patria".
Está colocándolo como contraste: mientras hay una parte de la patria en las tareas destructoras de la guerra, terribles de la guerra, hay otra parte que está ocupada en sus tareas, en sus trabajos productivos, constructivos y hermosos. Luego el prólogo de 1930 da otra vuelta de tuerca sobre el mismo tema y señala lo siguiente: "La República Venezolana nació en el cerebro de sus próceres criollos, la propaganda europea y panamericana de Miranda, el programa de la rebelión de Gual y España y sus compañeros de prisión, en el destierro y la horca. La diplomacia revolucionaria desde 1808 a 1810, las teorías constitucionales del Congreso de 1800 son y significan mucho más que las guerras posteriores, como que en todas aquellas ideas estaban ya el alma y el impulso de las sucesivas batallas y victorias".
Esto es hermoso, bellísimo: colocar, destacar la tarea civil por encima en la tarea de la guerra o la tarea militar en un momento que muy poca gente, por no decir nadie, hacía esto en Venezuela. Ya hoy en día la situación es diferente, hay muchas versiones civiles de la historia de Venezuela, pero en este sentido Gil Fortoul va a ser un adalid, uno de los primeros que se esmera en ese aspecto. Como vemos, nuestro autor se aparta enfáticamente de la historiografía militarista y escoge un derrotero que lo distingue, señaladamente, como venimos diciendo, busca las trazas de civilidad en medio del fragor de las innumerables batallas. La exaltación de la heroicidad guerrera, como hemos dicho, abundaba para entonces, mientras el análisis de la faena civil escaseaba, él mismo lo dice.
Como si se tratara de una de esas contiendas de esgrima que sostenía con tanta frecuencia, por ser un esgrimista cotidiano, dice Gil Fortoul: "Deseo, por otra parte, que la presente historia resulte más útil que atractiva". Estaba pensando en Eduardo Blanco y su Venezuela heroica, estaba lanzándole un dardo a Eduardo Blanco o a su Venezuela heroica, es posible también que así sea. Uno de los mejores ensayos que yo he leído sobre la vida y la obra de Gil Fortoul es el de Ramón Díaz Sánchez, ese grandísimo escritor venezolano. Ese trabajo se titula Gil Fortoul, un positivista, y en él alude Díaz Sánchez a los aportes de nuestro autor en las polémicas históricas y va a decir Díaz Sánchez lo siguiente.
"Comencemos por observar el concepto que se ha formado de España como potencia conquistadora y colonizadora de los pueblos americanos. En este particular es quizá el más radical que nuestros historiadores y su posición es de franco rechazo frente a la tesis filial, panegírica y emotiva que en su tiempo se esforzaba en contrarrestar la vieja leyenda negra con una novedosa leyenda blanca o dorada". ¿A qué se refiere? Que ciertamente en su tiempo hubo un esfuerzo por la leyenda dorada que era contraria a la leyenda negra. A qué me refiero, la leyenda dorada atenuaba, morigeraba, dulcificaba el período colonial español como si hubiese sido miel sobre hojuelas, y la leyenda negra lo satanizaba en extremo, y realmente la verdad más bien está en un punto medio ecuánime, en relación con las versiones que se tienen del período colonial español en América y en particular en Venezuela.
De modo que en este particular Gil Fortoul blandía su florete de esgrimista frente a la leyenda dorada, y sin proponérselo o proponiéndose, abonaba el terreno de la leyenda contraria. Aunque no demasiado porque a Gil Fortoul lo dominaba la ecuanimidad, esto hay que decirlo, por más que era partidario también sabía ser ecuánime, pero él le salía al paso a lo que consideraba un desafuero, es decir, ver en el proceso sangriento de la conquista una cruzada pacífica de evangelización exclusivamente. Hubo una cruzada de evangelización, la hubo, fue la única, por supuesto que no, también fue sangrienta, eso es un poco a lo que él estaba abogando: que no se viese sólo un aspecto de la colonización sino que se viese en su conjunto.
Dice Díaz Sánchez en ese ensayo que el estilo de escritura de Gil Fortoul le va a recordar el de Ernest Renan, el gran pensador francés, pero yo por mi parte la verdad es que no lo advierto. Me parece una agudeza de Díaz Sánchez pero yo no advierto eso en Gil Fortoul. En todo caso, también Díaz Sánchez va a advertir en Gil Fortoul una visión un tanto aristocratizante del mundo y de la vida que la emparenta, dice Díaz Sánchez, con la visión que tenía Bolívar, claro, matizándola un poco. Todo indica, finalmente, que el ejercicio del poder político en tiempos de la dictadura del general Gómez para Gil Fortoul, por más que detentó los cargos más altos que puede detentar en el Estado, no fue un período de miel sobre hojuelas, ya que lo ocupó de tal manera que no pudo escribir casi nada de importancia.
Ningún trabajo de largo aliento, que son los que requieren concentración y apartarse un poco de la dinámica política cotidiana. Pero entre los cargos que desempeñó, más el de El Nuevo Diario, fue imposible que Gil Fortoul se dedicara a sus tareas de historiador. En la última parte del programa vamos a ver cómo fueron sus últimos años, qué ocurre con Gil Fortoul una vez que muere el general Gómez y cuáles son los juicios de muchos de sus biógrafos. Eso lo veremos entonces en la última parte del programa.
Decíamos en la parte anterior del programa que vamos a revisar en esta última los últimos años de la vida de Gil Fortoul, y contamos con el trabajo de su biógrafa, la historiadora Lucía Reynero, cuya biografía se consigue en la Biblioteca Biográfica Venezolana, publicada por El Nacional y el Banco del Caribe. Allí Lucía señala algo en relación con las arcas, la cuenta bancaria de Gil Fortoul, que estaba seca en números muy, muy bajos, y eso lleva a Gil Fortoul a escribirle una carta al general Gómez, una carta penosa, pero ahí está. Y la biógrafa cita la carta, y yo se las voy a citar para que entendamos un poco cómo eran este tipo de relaciones entre los funcionarios y el dictador, le dice Gil Fortoul al general Gómez.
"Yo soy quizás el único de sus viejos amigos que carece todavía de un techo propio y como usted sabe que no quiero ausentarme más para vivir en el extranjero, me colmaría de felicidad facilitándome en cualquier forma los medios para comprar esa casa. Usted, como amigo generoso, siempre me ha ayudado y no debo vacilar hoy en escribirle esta carta". Dice su biógrafa que no tiene constancia de la ayuda del general Gómez, pero lo que sí es cierto, de lo que sí hay constancia, es que en 1935, cuando muere el general Gómez y el pueblo saquea las casas de los gomecistas, y el general López Contreras se queda de brazos cruzados sin impedir el saqueo de esas casas.
Una de las casas que se saquea en el Caracas Country Club va a ser la de José Gil Fortoul, era una casa alquilada o propia, no lo sabemos nosotros, no lo sabemos, y la biógrafa Reynero tampoco. En todo caso consignamos la especie porque nos señala esa relación fuera de toda lógica que tenían los funcionarios de Gómez con el dictador. El caso es Gil Fortoul, es él un intelectual muy bien dotado para su tiempo, que al igual que muchos otros se aviene con un gobernante dictatorial.
Entonces el análisis de su vida y de su obra hay que separarlo un tanto porque, aunque es imposible olvidar que Gil Fortoul es uno de los principales funcionarios en la dictadura de Gómez, también es cierto que muchas de sus obras tienen un valor muy señalado, muy distinguido. La Historia constitucional de Venezuela es una obra importante sin la menor duda, la valoración de esta obra no puede estar teñida, predeterminada por los juicios de valor que nosotros hagamos sobre la persona de Gil Fortoul. En torno a la personalidad de Gil Fortoul se ha ido tejiendo una especie de leyenda y sobre esa leyenda, por cierto, no han contribuido sus tres biógrafos anteriores a Reynero, y Reynero tampoco.
Esos biógrafos van a ser Juan Pensini Hernández, Tomás Polanco Alcántara y Reynero, Lucía Reynero. ¿A qué no ha contribuido? A la leyenda del mal humor, del pésimo humor de Gil Fortoul. Ellos no refrendan esa leyenda, pero en los pasillos de El Nuevo Diario la gente que lo conoció y que trabajó con él decía las ráfagas de mal humor eran intempestivas, que tenía un humor de perros, como se dice coloquialmente, le llevaba incluso a destruir los objetos que lo rodeaban cuando algo lo contrariaba, volaban los ceniceros, los pipotes de basura.
Bueno, los biógrafos no lo señalan, pero la leyenda caraqueña sí. También la leyenda caraqueña dice que era enamoradizo hasta el delirio, y también dice la leyenda caraqueña que lograba ser correspondido con mucha frecuencia. Hay una semblanza muy buena de la periodista Maruja Dañino, donde dice, dice Maruja: "Era introvertido aunque mujeriego".
"Tal vez la clave de su éxito con las mujeres fue haber tenido un miembro muy bien dotado, y una sensibilidad para la belleza de las mujeres y de las rosas". Muy particular la observación de Dañino. ¿De dónde la saca? La investigación que hizo para esa semblanza, entrevistas con gente que lo conoció, y eso también formaba parte de la leyenda en Caracas, esa dotación particular del doctor Gil Fortoul.
En el anecdotario también consta que se batió a duelo con un guatemalteco famosísimo, Enrique Gómez Carrillo, por un tema de pasiones y que los dos salieron heridos, pero Gil Fortoul precisó mejor la estocada, como esgrimista que era, y resultó vencedor sin necesidad de quitarle vida a Gómez Carrillo, felizmente. La vida y obra de Gil Fortoul es apasionante en muchos sentidos, tanto como la de Rufino Blanco Fombona o José Antonio Ramos Sucre, vidas que dan no solo para biografías sino novelas y hasta alguna película.
Es un autor que hay que revisitar, un venezolano que vivió larga vida con muchas ejecutorias contradictorias en muchos casos, pero muy valiosas en otras. Hasta aquí Gil Fortoul y este ha sido nuestro programa de hoy. Esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia.
Les habla Rafael Arráiz Lucca, me acompañan en la producción Mery Sosa y Víctor Hugo Rodríguez, en la dirección técnica Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho. A mí me consiguen en Facebook, en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com, en Twitter arroba RafaelArraiz, y los programas los consiguen en la página de unionradiocultural.com y allí pueden escucharlos cuando quieran, desde cualquier lugar del mundo. Hasta nuestro próximo encuentro.