Joaquín Marta Sosa

Escritor e intelectual de primer orden.

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Transcripción

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Habla Rafael Arráiz Lucca y hoy vamos a hablar de un venezolano de la mayor importancia, un intelectual, un poeta. Me refiero a Joaquín Marta Sosa, que nació en un pueblo muy cerca de Oporto, en Portugal. Ese pueblo se llama Nogueira. Nació allí en 1940. Para entonces Nogueira era un pueblito donde vivían mil personas, y él recuerda el sonido de los árboles rozando sus ramas por obra del viento. En aquel asentamiento, de labriegos de la región centro-norte de Portugal, cerca del mar, la vida se tornó imposible para sus habitantes. Las nubes negras de la guerra hicieron del futuro una interrogación demasiado grande.

Primero se embarcó su padre rumbo a Brasil y desde Brasil remontó las olas hacia el puerto de La Guaira, y aquí llegó. Y una vez asentado en Caracas, después de unos meses, quizás un año o dos años, se trajo a la familia y ya habían colocado el océano de por medio entre el pasado en Portugal y este nuevo destino en una tierra desconocida para ellos: Venezuela.

Vida y obra

La voracidad lectora de Joaquín Marta Sosa va a comenzar aquí, en Caracas, en la adolescencia, cuando descubre las obras de Emilio Salgari y de Julio Verne. Y entonces las aventuras que urdían estos maestros anidaron el alma solitaria de Marta Sosa. Eso se solía llamar, en los años en que se utilizaba este término, ese spleen: hoy en día pudiéramos llamar algo así como la saudade, la nostalgia y, dicho en criollo, más bien el guayabo. A esos años de guayabo se suman en la bitácora del lector de Joaquín, Federico García Lorca y Andrés Eloy Blanco. Y entonces el mundo se le hizo un viaje sin moverse de Caracas, desde su habitación caraqueña. Recordemos que la dictadura de Marcos Pérez Jiménez hacía de las suyas y la musculatura política de Joaquín, tallada por los versos que leía, fue formándose.

Y así es como se acerca una fecha capital en la historia política venezolana y en la vida del propio Joaquín: me refiero al 23 de enero de 1958. Ese día encuentra aquel hijo de inmigrantes portugueses con el corazón tomado por la épica nacional. Ya no hay vuelta atrás. La patria y sus urgencias solo conocen un domicilio: Caracas. Y el llamado político es también para Joaquín el llamado religioso. Y a la par ha tomado cuerpo el fervor católico heredado de sus padres. La militancia lógica no es otra entonces que la democracia cristiana, quizás sugerida por el padre Avesuela desde la ascendencia espiritual que ejercía este sacerdote sobre el joven Joaquín, sobre el adolescente Joaquín.

Y al inicio de la democracia venezolana fue entonces un llamado a la contribución y un llamado al homo faber. No podía quedarse al margen. Ahora, ¿de dónde viene la vocación poética de Joaquín? Quizás de antes. Quizá se sembró en aquellas caminatas del niño por los bosques de Nogueira en medio de la lluvia, o quizás se afianzó con la experiencia de la travesía por el océano. Eso es una experiencia muy importante en un niño de seis, siete años, que fue la edad en que Joaquín llegó a Venezuela.

En el año de 1952, con apenas 12 años, Joaquín regresa a Portugal de vacaciones, que también es una experiencia importante: conocer o recordar su lugar del origen. Un mes le toma al barco vencer la distancia entre una costa y otra, y el mismo tiempo le toma regresar. Son dos meses de soledad sobre las olas, dos meses de días y noches sucediéndose con el mismo telón de fondo marino, tan solo modificado por el paso rasante de los peces voladores o por los saltos esporádicos de los delfines.

Quizás desde ese trance viajero quedó en el poeta la semilla amorosa por el barco como símbolo, que es un símbolo de su poesía. Y desde entonces y hasta el poema de hoy, la nave que se desplaza solitaria, majestuosa y silente, es un arquetipo que le llama la atención a Marta Sosa. Quizás sean las mieles del pájaro que viene como un barco lo que le seduce aún más que el símbolo del vapor, porque ciertamente a Marta Sosa le ha gustado a lo largo de toda su vida estar aquí e irse y volver, ir y volver. Ha sido su relación con Europa, en particular con España.

El viaje poético de Marta Sosa se inicia en un texto de título muy bíblico del año 1964. Ese poemario se llama Anunciación, y son los tiempos de la afirmación juvenil, del tomar partido de los años 60 en Venezuela, que fue una época definitoria, de deslinde de las aguas, y el canto como forma poética de alta voz y auditorio se va apoderando de la garganta de Marta Sosa.

Aquí una estrofa de un poema de ese libro dice: “No quiero viajar a extrañas crecidas. He venido al irme en los ojos del agente y escribirme en sus epitafios, caminarme en sus pies y sus deseos”. Bellos versos.

Y aquí está, pues, la impronta de su gesta dominada por el sentimiento amoroso. Allí que en su proyecto lírico vayan de la mano el encuentro con los otros y el abrazo fraternal de los cristianos también alza su cuello. La evocación de la casa materna, la casa de los primeros años, la memoria como materia básica del poema va a entrar en escena con todos sus espejos.

Cinco años después publica Proverbiales, en 1969, su segundo poemario, y la épica le ha cedido todo el espacio a las sábanas del lecho amoroso. Y aquí la escritura epigramática se hace práctica abundante y en su próximo poemario, que ya se anuncia el segundo: en verdad Proverbiales debe ser tenido como un puente, un angosto puente entre sus inicios y lo que viene a ser su primera obra, diríamos, definitoria.

Me estoy refiriendo al poemario de 1978 que se titula Para la memoria del amor. En 1978 Joaquín Marta Sosa es un hombre de 38 años. Y este poemario: el autor avanza hacia la absolutización del amor y convierte, por obra de su mandato, a la mujer amada en el centro de su universo personal. Aquí el epigrama amoroso es el rey y recuerda a los muy leídos Epigramas amorosos del sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal, esos epigramas dedicados a Claudia por el Cardenal. Y es obvio que Marta Sosa tuvo al discurrir a Cardenal como paradigma.

Es una influencia que Marta Sosa, por supuesto, no niega ni reniega de ella; todo lo contrario: allí hay un magisterio que se hace notar y nuestro poeta, lejos de negarlo, lo acepta gustoso. La comunidad de enfoques e intereses iba entonces más allá de lo estrictamente poético. En algún momento Marta Sosa compartió un proyecto social para estos países con el proyecto social de Cardenal. Eso después, como sabemos, cambió. Y la voz de Marta Sosa es singular.

Les voy a leer entonces cuatro versos donde dice: “La rosa es una sabiduría del tiempo; uno lo sabe cuando está lejos”. Esos son versos de ese libro, Para la memoria del amor, un libro en 1978, como dije antes, y que son como anotaciones al margen de los días, que con la criba se van macerando o van haciéndose esas anotaciones centrales. Van haciéndose carne en una larga carta que se va tejiendo por fragmentos, por pedazos que se rayan sobre una piedra.

En la próxima parte del programa seguiremos con la poesía de Joaquín Marta Sosa. Ya regresamos.

Les decía en la parte anterior del programa que continuaríamos con la poesía de Marta Sosa y ahora vamos a ver su libro Sol cotidiano, de 1981, donde el poeta toca las puertas del poema abiertamente narrativo en su expresión más latinoamericana. Este trabajo sin duda se inscribe en la corriente de la poesía conversacional del continente latinoamericano, aunque organiza el mapa del texto a partir de versos. La estructura del poema es la de un relato.

Allí él se va a acercar a personajes de los medios que formaron parte singular de su infancia cinéfila o de su juventud viajera también, y allí se esmera en señalar con el dedo las flagrantes contradicciones de la realidad y ese entusiasmo del futuro prometido. Y vamos a decir que la poética de Sol cotidiano no era en su momento de uso común en Venezuela. Este discurso le dio al poeta la posibilidad de darle rienda suelta a dos de sus vocaciones: la poética y la política, que han sido las dos grandes vocaciones de Marta Sosa a lo largo de toda su vida, y respondía a sus dos pulsiones básicas. Pero, como casi siempre ocurre, los mejores textos de ese libro no son los políticos, son los poéticos.

Uno de los más acabados textos de Joaquín es el titulado El misterio de los viajes. En él el canto del poeta llega lejos: parte del dato o la noticia precisa pero emprende vuelo hacia metáforas que van bastante más allá de lo anecdótico. Se asoma al abismo de la condición humana a partir del vuelo de las mariposas monarcas y sus migraciones en busca del calor y del frío.

Debo explicar que la mariposa monarca es la que migra en millones de mariposas en busca del calor o del frío. Y la metáfora es que somos los seres humanos esas mariposas en procurar el clima adecuado para nuestras necesidades. Dice cinco versos de ese poema: “De milenio a milenios, mariposas y hombres, en el mismo misterio: conquistar esos lugares donde la vida es nueva”.

Bueno, es la situación del inmigrante y el emigrante, que para Venezuela es una situación nueva: la del emigrante, porque la del inmigrante es una situación de muchos años en Venezuela, que fue ese largo período donde recibimos a muchísimos inmigrantes de todas partes del mundo, entre ellos a este niño que llega a Venezuela procedente de Nogueira en Portugal.

Después de este poemario Sol cotidiano, en 1981, la voz poética de Marta Sosa desaparece. Hace un largo silencio entre 1981 y 1994, cuando reaparece. Pero recordemos que en ese período entre el 81 y el 94 no son pocas las cosas, los hechos que han ocurrido en el mundo. Entre otras, la desaparición del muro de Berlín, la caída del muro berlinés, la desaparición del socialismo real; son cambios muy grandes en la historia de la humanidad, en ese período en el que el poeta ha callado.

Y va a retomar su voz, como les dije, con un título de 1994 que se titula Linajes, y allí él se va a acercar al universo de la paternidad desde la perspectiva del que aprende un oficio derivado de una condición que siempre nos toma por sorpresa: esa profesión de ser padres. Luego publica Vecindarios, también del año 1994, y allí retoma el autor el largo aliento que le asistió en Sol cotidiano y nos ofrece un poema extenso titulado El asesino del ring.

Allí nos va a llevar de la mano por esa crónica caraqueña en su tiempo, que la lucha libre llamaba la atención de los más jóvenes. Un héroe de la adolescencia es visto a la distancia por Marta Sosa y, a la vez, él va a mirarse a sí mismo en relación con el paso del tiempo. A partir de la escueta noticia y de la muerte de quien fuera el adalid del ring, el poeta reconstruye su historia en un juego de espejos con una historia colectiva. Allí alza un edificio con base en anécdotas que, a fuerza de operaciones casi metafísicas, dejan de ser simples datos para transformarse en emblemas.

En el texto hay una trama que huye de la inocente relación plana de los hechos y el poeta distingue entre bien y mal, siempre asistido por una suerte de memoriosa urdimbre que no desdeña la nostalgia. Con este largo poema, nuestro autor entra en un recinto escasamente visitado por la poesía venezolana contemporánea: me refiero al poema de largo aliento.

La verdad es que hemos sido más dados al poema breve, fragmentario, inconcluso, fotográfico, que al texto de larga navegación. Al menos eso ha ocurrido desde mediados del siglo XX, con, por supuesto, la excepción de los largos poemas de Rafael Cadenas o los largos poemas de Ramón Palomares y algún otro que se me escapa en estos momentos. Pero los últimos en emprender viajes largos en la poesía fueron Gerbasi, con Mi padre el inmigrante, y Liscano con Nuevo Mundo Orinoco, que son títulos de mediados del siglo XX.

De modo que extraña este poema de Marta Sosa retomando esa tradición tan escasa en la poesía venezolana, como es el poema de largo aliento, poemas de diez, veinte o treinta páginas. Es muy interesante ese esfuerzo y esos logros que están allí en ese poema El asesino del ring.

Y después tenemos Cortejos, trabajo de 1995, donde nuestro poeta retoma su primera obsesión, la danza amatoria, el encuentro con la pareja. Aquí Marta Sosa entona uno de sus cantos más caros, el que se pronuncia en voz baja, epistolarmente. Y el lector es una suerte de invitado a un diálogo donde las respuestas quedan sobreentendidas, donde solo se conoce el mensaje que se envía. La misma rosa que entregaba el poeta en aquel libro Para la memoria del amor regresa ahora en Cortejos, pero ya con las formas de la madurez.

No será una doncella a la que deslumbra el enamorado; es una mujer madura que ha conocido la gloria y la maternidad y que ha convivido con el efecto de las erosiones del tiempo. Ha visto a los años trabajar sobre la superficie de su piel, pero también ha visto crecer el árbol del amor duradero con historia y hechos. Aquel amante de 1978 no es el mismo de 1995: el furor ha devenido en paciencia y la fuerza en reciedumbre.

El próximo trabajo será Invocaciones, de 1996. Aquí la impronta de este trabajo de Marta Sosa se consume en el llamado de Dios. Allí retoma una de sus pulsiones iniciales, como es la invocación de la divinidad, y en la oración que se pronuncia esperando la manifestación del creador es donde cristaliza el poema invocador por parte de Marta Sosa.

De modo que su obra poética, por supuesto, no se detiene en Invocaciones sino que va a continuar de manera sostenida con un texto también largo que se titula Dicen los atletas, de 1997. El anterior poema del que les hablaba se llamaba Aprendizajes del padre, también es un poema largo de 1994. Y después van a aparecer otros poemarios de Marta Sosa: Territorios privados, en 1999; Las manos del viento, de 2001; Domicilios del mar, del año 2003; El río solitario, del año 2004, y así hasta hace muy poco tiempo en que Marta Sosa ha continuado publicando poesía. De manera sostenida, sostenido allí a partir de 1994 y hasta nuestros días, Joaquín ha encontrado un género donde expresar su voz.

En la próxima parte del programa vamos a detenernos en otras facetas de Marta Sosa, no solo la poesía sino otros trabajos importantes en los que Marta Sosa ha participado en la formación de ese proyecto colectivo que tenemos los venezolanos entre manos, que podemos definirlo como la venezolanidad. Ya regresamos.

Les decía antes, en este último programa de la serie de personajes que hemos hecho —24 personajes—, que en esta parte del programa hablaríamos de otras facetas de la vida intelectual de Joaquín Marta Sosa. Una de ellas es su hoja de vida como profesor. Esa hoja de vida se inicia cuando imparte asignaturas en bachillerato mientras estudia Derecho en la Universidad Central de Venezuela, que es el título universitario que ostenta don Joaquín. Y esta etapa del profesor de bachillerato va a correr en paralelo con su vocación política y un período del que sus contemporáneos lo recuerdan como uno de los mejores tribunos de su generación y de la historia política venezolana también. Primero fue la democracia cristiana y luego, brevemente, Joaquín militó en el socialismo democrático. Es decir, en el partido COPEI primero y en el MAS después, siempre con su fervor de militante.

Hasta que esa pasión por la militancia va amainando y se va entregando a sus labores de profesor en la Universidad Simón Bolívar, donde fue profesor durante muchos años. Allí llegó a ser decano de Estudios Generales. Se jubiló como profesor titular y estuvo enseñando en la Simón Bolívar durante décadas, hasta que se jubiló.

Y vemos, pues, que el ejercicio profesoral, poético y político fueron juntos: fueron tres líneas de trabajo que partieron casi al mismo tiempo. Su primer poemario es de 1964, Anunciación, como les dije antes. Y entonces era un militante de COPEI y era diputado suplente en el Congreso Nacional.

Será muy pronto cuando se crea la Universidad Simón Bolívar, en 1970, cuando Joaquín en esos años ingrese como profesor a la universidad. En esos primeros años de la década de los 70, para ese entonces ya también Marta Sosa era articulista de opinión en la prensa venezolana, pero todavía faltan muchos años para que se desempeñe como director de Venezolana de Televisión, Canal 8, la televisión del Estado. Allí estuvo en la dirección del Canal 8 durante un breve período en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez.

También don Joaquín fue director del Diario de Caracas y, en esas dos etapas en que fue director de un canal de TV y director de un periódico, sus destrezas como comunicador social se aquilataron, decantaron de manera muy particular.

Y en años recientes don Joaquín ha tenido también la satisfacción de ver reconocido su trabajo de escritor cuando fue electo como individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua, una de las instituciones más viejas que hay en Venezuela, fundada por Antonio Guzmán Blanco el 26 de julio de 1883. Con motivo del centenario del nacimiento de Simón Bolívar, Guzmán Blanco vinculó la fundación de la Academia Venezolana de la Lengua con el centenario del Libertador. Y por allí han pasado extraordinarios venezolanos.

Varios de ellos han nacido fuera, es el caso de Joaquín, pero también el caso de fray Cesáreo de Armellada, de Pedro Grases, de Atanasio Alegre. Todos ellos nacieron en España, o en el caso de Ucila Palacios, que nació en Trinidad. También hay algo interesante: Joaquín es el segundo de los académicos en haber comenzado a hablar en lengua distinta al español. En esto lo precede Pedro Juan Crisóstomo Bastardo, cuya lengua guajiva aprendió primero que la lengua de Cervantes. Y también hay que señalar que la presencia de Marta Sosa en la Academia Venezolana de la Lengua se suma a una tradición de poetas venezolanos que han estado allí: José Antonio Calcaño, que estuvo en su fundación; Jesús María Sistiaga; Heráclito Martín de la Guardia; don Fernando Paz Castillo; Francisco Pimentel Hoppin; Alberto Arvelo Torrealba; Miguel Otero Silva; Pedro Sotillo; Luis Barrios Cruz; Pascual Venegas Filardo; Vicente Gerbasi; Juan Liscano; Luis Pastori y José Ramón Medina son algunos de los poetas que han ingresado a la Academia Venezolana de la Lengua como individuos de número.

Y Joaquín va a ocupar, a partir de ese momento, el sillón letra que perteneció a nuestro queridísimo amigo Manuel Bermúdez, que fue secretario de la Academia durante muchos años. Y a Joaquín le correspondió hacer, como es costumbre, el elogio en vida y obra del académico al que él estaba sustituyendo. Así fue cómo Joaquín Marta Sosa, el hijo de Antonio Francisco Marta y María de Souza y Silva, ocupa un sillón en la Academia Venezolana de la Lengua.

¿Qué iban a pensar ese par de señores cuando dejaban Nogueira? Que uno de sus hijos iba a alcanzar una distinción de esta magnitud en un país como Venezuela, tan lejano y tan extraño para ellos.

También debemos ocuparnos de su obra ensayística, que no es menor y que comienza a publicarse en 1975. Hay un libro muy respetado por mucha gente que se titula Sociopolítica del arte, uno de los primeros libros que publicó la editorial Equinoccio de la Universidad Simón Bolívar. Después tiene un libro del año 79 que se titula Los problemas de la educación superior en Venezuela. Otro que se titula El Estado y la educación superior en Venezuela, en 1984. Tiene dos libros sobre el tema de la educación, dos libros importantes, valiosos, que son referencia. Y después va a publicar libros de temas politológicos, que es una profesión que ha ejercido Marta Sosa durante muchos años.

Esos libros van a ser Venezuela: elecciones y transformación social, de 1984; Patios cerrados, puertas abiertas: cambios, democracia y partidos en Venezuela, es un libro de 1994 que recoge la experiencia que va entre 1988 y 1993, la experiencia política en Venezuela, me refiero. De modo que hay unos aportes también de orden ensayístico.

Más recientemente, Marta Sosa ha incursionado en el terreno de la narrativa con un libro de cuentos muy reciente y con una novela, No cesa de llover. Esta novela tuve el honor de presentarla en la Feria de la Lectura de la Plaza Altamira, la que organiza la Alcaldía de Chacao, y fue una novela que me sorprendió gratísimamente por lo inusual, por lo extraña, por lo bien escrita, por la vida de este personaje que crea allí Marta Sosa, que es un arquitecto que está recordando su vida desde un geriátrico. Está recordando sus años y buena parte de su vida se mezcla con episodios en la vida de Marta Sosa.

La novela, como casi todas las novelas, tiene mucho de autobiográfico y hasta ahora es la única incursión novelística de don Joaquín. La otra incursión narrativa es un libro de relatos también que me merece el mayor respeto, la mayor atención, realmente.

De modo que prácticamente todos los géneros literarios los ha ido abarcando don Joaquín. Incluso hay uno que no hemos señalado, que es su trabajo como antólogo de la poesía venezolana. Ese libro se titula Navegación de tres siglos: antología básica de la poesía venezolana, 1826-2002, y este trabajo, esta antología de Marta Sosa, fue publicada en Caracas el año 2003 por la Fundación para la Cultura Urbana.

Y una separata del trabajo, la misma investigación pero una antología más reducida, se publica en Madrid y se titula Poetas y poéticas de Venezuela. Y en ambas antologías, pues además del servicio que entraña toda antología en cuanto a divulgación del conjunto de la literatura venezolana, su autor, Marta Sosa, hace patente su condición de lector acucioso de nuestra poesía.

Y también trabajó Joaquín en un canon de la poesía venezolana, muy valioso y muy interesante, en el que, junto con otros investigadores, organiza una propuesta del canon de la poesía venezolana. Por supuesto es una propuesta porque no puede establecerse de manera definitiva, porque todo está cambiando todo el tiempo.

En la próxima parte del programa aludiremos, de nuevo, algunas obras poéticas de Marta Sosa e incluso leeremos algunos de sus poemas. Ya regresamos.

Les decía en la parte anterior del programa que hablaríamos en esta de otros aspectos de su obra. Yo voy a leerles un fragmento, un párrafo del discurso de contestación que me tocó a mí dar cuando Marta Sosa se incorporó como individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua. Les explico: este es un acto muy solemne. El quien está entrando a la corporación —que es como llamamos a la Academia Venezolana de la Lengua— pronuncia un discurso y un individuo de número de la propia Academia pronuncia otro recibiéndolo. Ese recibimiento me tocó a mí dárselo a don Joaquín.

Voy a leerles entonces un fragmento de ese discurso cuando lo recibí. Digo: refirámonos finalmente al discurso conmovedor que hemos escuchado entonar por el poeta desde esta cátedra de Santo Tomás de Aquino, coronada por el Espíritu Santo, en este noble paraninfo del Palacio de las Academias. Se trata de uno de los viajes más hermosos y entrañablemente humanos que venezolano alguno haya escrito sobre la adquisición de lengua española. Usted ha trazado un mapa de la sociología venezolana, los relieves de una sociedad abierta a los inmigrantes en la que aquella familia Nogueirense buscó un futuro para sus hijos y lo encontró.

Aquel niño que dio un discurso escondido en el púlpito de la iglesia de su pueblo y que los feligreses creyeron que ocurría un milagro al no advertir de dónde provenía la voz es el mismo que habló hace minutos aquí, en este púlpito del otro lado del Atlántico. Cuando dejó Portugal y voló hacia América era imposible que sospechara que su vida sería útil, fértil y hermosa. Tampoco intuía que uno de los trabajos que más lo solicitaría sería el de dominar aquella lengua esquiva, que usted se propuso dominar como un domador en una aula de leones. Aquel viaje lingüístico que inició hace años en la Caracas de 1947 lo ha traído a un golfo sereno y feraz, el del hogar de las palabras: la Academia Venezolana de la Lengua.

Aquí, ciudadano Joaquín Marta Sosa, lo estábamos esperando. Bienvenido a casa.

Caramba, se emociona uno porque es que es muy emocionante realmente la vida de Joaquín, de aquel niño que ni siquiera hablaba español y que, 60, 70 años después, entra a la Academia Venezolana de la Lengua, que es una organización que existe precisamente por el culto a la lengua castellana. Pues allí está don Joaquín como individuo de número.

Y yo ahora voy a leerles, para concluir, algunos poemas de Joaquín Marta Sosa. Algunos poemas no pueden ser de los poemas muy largos, como aquel El asesino del ring, pero sí pueden ser de otros libros. Voy a leerles este que se titula Descubrimientos:

“La primera vez que habitó la casa fue aquella en que nos sorprendimos oyéndolo hablar con todas las plantas del jardín y cada uno de los pájaros del aire. Hasta entonces, planta y pájaros eran un silencio, voces, territorios, formas ignoradas, invisibles para cada sentido nuestro.

“Después fue la luna, que apareció una noche de claridad imposible, inundando todas las sombras de la tierra”, dijimos, “luna”, y él agarró en la punta su dedo.

Como digo, estos descubrimientos fueron su primer poblamiento del mundo y también su manera de abrirnos un mapa de la vida, hasta entonces incompleto. Descubriéndose en el mundo nos descubrió que existía, y luna, árboles, pájaros volvieron a entrar en nuestra vida.

Bellísimo, un bellísimo poema que alude a su hijo. Y ahora, un segundo y último: Permanecer. Dice este poema:

“Nadie es perfecto, ya se sabe, especialmente con estas historias donde el abuelo se repite en el padre que se repite en el hijo y nos sentimos bien manteniendo la historia inalterable, pero algo debe tener permanencia en el mundo. No todo, por imperfecto que sea, puede dejarse en manos del río de Heráclito”.

Bien, y hasta aquí nuestro programa sobre la vida y obra de Joaquín Marta Sosa, el último de esta serie de 24 programas dedicados a personajes venezolanos. Ha sido como siempre un placer hablar para ustedes. Soy Rafael Arráiz Lucca y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Fernando Camacho, y en la dirección técnica, Fernando Camacho. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarrais arroba hotmail.com y en Twitter, arroba rafaelarrais. Como siempre, un gusto hablar para ustedes. Hasta nuestro próximo encuentro.

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