Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Hoy continuamos con nuestra serie El petróleo en Venezuela y en el programa anterior estábamos llegando a los años finales de la década de los años 50, cuando va a comenzar el segundo gobierno de Rómulo Betancourt, el del quinquenio de 1959-1964. Antes vamos a hacer un breve bosquejo de la situación internacional en materia petrolera. Y comencemos por Libia, hacia finales de la década de los años 50.
Sabemos que el rey Idris de Libia desarrolló un plan diferente para su país: quería otorgar muchas concesiones petroleras pequeñas a varias empresas y no quería otorgar a pocas compañías. Este proyecto comienza a materializarlo en 1956, cuando la Standard Oil of New Jersey halla petróleo en el campo de Zelten. Muy pronto, apenas cinco años después, en 1961, ya Libia exportaba crudo de muy alta calidad. Cuatro años después, en 1965, era el sexto productor de petróleo del planeta, alcanzando a tener el 10% de las exportaciones.
Para 1969 producía 3 millones de barriles al día y entonces superaba Arabia Saudita. Muy pocas veces en el mundo se ha visto una progresión creciente en tan pocos años como la que tuvo Libia, pero los problemas estaban por llegar. El 1 de septiembre de 1969, un grupo de jóvenes oficiales nasseristas y radicales, comandados por Muammar el Gaddafi, dieron un golpe de Estado y tomaron el poder. Gaddafi expulsó a los soldados de las bases militares británicas y norteamericanas de inmediato, e inició su campaña contra las petroleras asentadas en Libia para exigirles mayor porcentaje de los precios.
Además, exigía que incrementaran los precios. Gaddafi se empeñó en reducir la producción para provocar un alza en los precios y la coyuntura internacional lo ayudaba porque el Canal de Suez estaba cerrado como parte del conflicto árabe-israelí. Esto condujo a que Libia abasteciera, en ese breve período, cerca del 40% del petróleo que necesitaba Europa. Y Gaddafi le torcía el brazo a las concesionarias buscando que la participación porcentual del Estado libio fuese mayor en la producción, y esto lo va a lograr en 1970 cuando lleva la participación al 55%.
De modo que es a partir de 1956 cuando tenemos a Libia en el mapa petrolero. ¿Qué va a estar ocurriendo también bien en este tiempo? Lo que en jerga petrolera se llama un elefante. Es decir, un elefante en Alaska es un campo muy grande. Recordemos que Alaska, siendo el estado más grande de la Unión Norteamericana, fue comprado a Rusia en 1867 por los Estados Unidos: Rusia pasaba por una crisis financiera y optó por venderle un territorio gigantesco a los Estados Unidos.
Las primeras exploraciones petroleras en Alaska ocurren en 1956 y se mantienen hasta 1959, pero los resultados fueron exiguos. Sin embargo, como una empresa californiana, la Richfield, insistía en la búsqueda, le sonó la flauta en 1965 cuando se une con Atlantic Refining y crean ARCO, Atlantic Richfield Company. Para 1967 no habían hallado nada de importancia hasta que ese año dieron con un pozo de significación. Ese pozo se denominó Prudhoe Bay State Number One.
Un año después, la firma de ingeniería de Gauilier certificó que el campo era un elefante, de tal magnitud que era el más grande descubierto en Norteamérica. Y allí comenzó un tema interesante y complejo porque el medio que se escogió para transportar el petróleo desde Alaska hacia otras regiones de los Estados Unidos fue un oleoducto. Pero los ambientalistas y los abogados detuvieron el proyecto durante varios años, hasta que se llegó a un acuerdo en 1974 y se inició la construcción del Trans-Alaska Pipeline. Para 1977 ya ese oleoducto unía la bahía de Prudhoe y Puerto Valdez, pasando a través de él 1 millón de barriles diarios.
Pocos años después la producción alcanzó 2 millones de barriles diarios; para entonces eso ya era el 30% de la producción norteamericana. De modo que en estos años vamos a tener en el mapa dos fuentes productoras de gran importancia: Libia con cerca de 3 millones de barriles diarios y Alaska con 2 millones diarios. Veamos ahora el gobierno de Betancourt. Este segundo gobierno, que tuvo como el primero a Juan Pablo Pérez Alfonso al mando de la política petrolera, ya en este caso como ministro de Minas e Hidrocarburos, asume esta cartera el 13 de febrero del 59 y renuncia al ministerio el 23 de enero de 1963, aduciendo razones de salud.
Después veremos que no era exactamente eso. Betancourt no le acepta la renuncia y queda encargado del Ministerio Arturo Hernández Grisanti, un experto petrolero de Acción Democrática que desde muy joven formó parte del equipo de Pérez Alfonso. Luego ocurre que Hernández Grisanti se presenta como candidato a diputado para las elecciones parlamentarias en 1963 y abandona el encargo; queda en manos del Ministerio un petrolero de larga trayectoria, como fue Julio César Arreaza. Finalmente, el 16 de diciembre de 1963, cuando ya habían ocurrido las elecciones y había sido electo Leóni, Betancourt designa de común acuerdo con el presidente electo un nuevo ministro de Minas e Hidrocarburos, Manuel Pérez Guerrero, quien va a estar al frente del despacho desde ese diciembre hasta enero de 1967.
Entonces va a ser sustituido por José Antonio Mayobre, quien estará en el ministerio hasta el cambio del gobierno en febrero de 1969, cuando asume Rafael Caldera y el ministro de Caldera va a ser Hugo Pérez La Salvia. Esto arroja un dato interesante en esos 10 años de gobierno de Acción Democrática: van a ver tres ministros titulares, Juan Pablo Pérez Alfonso, Manuel Pérez Guerrero y José Antonio Mayobre. Tres en diez años, lo que habla de una política bien definida y muy pocos cambios. Esa política se basó en lo que Pérez Alfonso llamó el Pentágono Petrolero, es decir, era una política con base en cinco lineamientos esenciales.
¿Cuáles eran esos lineamientos? Para el período 1959-1969, o al menos eso pretendía, porque ya después Leóni introdujo algunos cambios. Los cinco aspectos eran los siguientes: participación razonable, se refiere a que las tasas impositivas del Estado sobre las concesionarias no debían ser ni exageradas como para ahuyentar a las concesionarias ni muy bajas como para que el Estado perdiera dinero; dos, no más concesiones, eso es lo mismo del trienio 45-48; tres, seguir con la Ley de Hidrocarburos de 1943; cuatro, industrialización del país, quiere decir de manera primordial industrialización en materia petrolera; y cinco, y aquí ya aparece el segundo Pérez Alfonso, una política conservacionista.
Durante el quinquenio de Leóni dije que había unos cambios. ¿Cuáles fueron? El primer punto, participación razonable, quedó igual. El segundo, no más concesiones, quedó igual. Pero el tercero, Ley de Hidrocarburos del 43, fue sustituido por preeminencia de la OPEP; el cuarto, industrialización del país, fue sustituido por la CVP, la creación de la Corporación Venezolana de Petróleo; y el quinto, política conservacionista, de ello se encargó la Comisión Coordinadora de Conservación y el Comercio de los Hidrocarburos. De modo que esos son los lineamientos en las políticas petroleras de Acción Democrática diseñados por Juan Pablo Pérez Alfonso.
El promedio de precios del barril: en 1959, 2,23 dólares; en el 62, 2,12. Una gran estabilidad en los precios. Y en el 68, cuando termina el gobierno de Leóni, incluso habían bajado, el promedio fue 1,86. El aumento de los precios, como sabemos y como veremos en su momento, va a comenzar hacia finales de 1973, después la guerra del Yom Kipur en el Medio Oriente.
En la próxima parte del programa seguiremos viendo los hechos petroleros durante ese segundo gobierno de Rómulo Betancourt, ya regresamos. Decidimos en la parte anterior del programa que seguiríamos revisando algunos hechos vinculados con el petróleo durante estos años del segundo gobierno de Betancourt, y un hecho de la mayor importancia e interés público fue un debate televisado en Radio Caracas Televisión el 7 de mayo de 1963. Ese debate tuvo lugar entre Juan Pablo Pérez Alfonso y el candidato presidencial Arturo Uslar Pietri. El tema era el petróleo; va a fungir de moderador el periodista muy conocido Carlos Rangel.
Cuando uno relee el texto del debate es ilustrativo lo que estaba en el meollo de la discusión petrolera de entonces. ¿Qué ocurría allí? Uslar acusaba al gobierno de haber eliminado la figura en las concesiones y, según Uslar, esto había traído una disminución notable de la inversión petrolera extranjera. Según Uslar, eso era inconveniente para el país. Por su parte, Pérez Alfonso le respondía que no era cierto: Pérez Alfonso decía que ya se sabía dónde había petróleo en Venezuela y la exploración no traería grandes inversiones.
A esto responde Uslar que él reclama de que se hayan eliminado las figuras jurídicas de las concesiones y sobre todo que no se haya sustituido por otra. Pérez responde que sí se sustituyó por otra, pero no explica cuál. Y Uslar vuelve a reclamar que la no exploración ha traído como consecuencia una caída ostensible de las reservas y señala que no es correcta la política de buscar precios altos mientras los países petroleros del Medio Oriente buscan hacer crecer la producción. Como vemos, estamos en una discusión bipolar. Según un polo está Pérez Alfonso, cuya política petrolera siempre fue la defensa de los precios, y en el otro polo está Arturo Uslar, que prefiere el aumento de la producción.
El acento en la producción y no los precios. El tema es, por supuesto, central, como podemos imaginar, porque, como les dije, las políticas de Pérez Alfonso siempre fue defender los precios. Esto trae un problema particular que es, cuando los precios caen, para conservar los niveles de ingresos, se necesita incrementar la producción, pues no se ha hecho lo conducente para ello y eso no puede pasar de inmediato. Para que la producción aumente se necesita exploración, trabajo y eso se planifica, tiene resultados por decir algo en meses largos o años.
De modo que uno de los problemas que tenía colocar todos los huevos en la cesta de los precios era, cuando los precios bajaban y se necesitaba incrementar la producción, había algunas dificultades. En este debate Pérez Alfonso va a explicar su lenguaje coloquial y, como respuesta a Uslar, lo siguiente, voy a citarles. Dice Pérez Alfonso: "Con mucho menor producción sacamos más dinero y es aquí donde está el problema, tenemos que defender esa riqueza y que no podemos conformarnos con que se lleven cada vez más petróleo, y contemplemos un punto subiendo en la producción. Y cada vez recibimos menos dinero, como sucedió precisamente en los distintos períodos en que el gobierno no ha sido un gobierno que responde a la defensa de los intereses nacionales".
Esta era la posición de Pérez Alfonso. En cuanto a la política petrolera betancourista, un estudioso del tema que escribió un libro muy valioso para quienes nos interesamos sobre estos aspectos, Franklin Tugwell, coincide con Uslar en cuanto a la desinversión y la atribuye al clima político creado por el lineamiento de no más concesiones. En un párrafo de su libro que les voy a leer, Tugwell afirma: "Las compañías justificaban sus medidas explicando que el clima general en Venezuela era desfavorable para las inversiones. Con el sistema de concesiones liquidado y ninguna alternativa viable a la vista para reemplazarlo, el futuro de las operaciones era incierto, no teniendo incentivos para hacer nuevas exploraciones o aumentar sus inversiones".
"Señalaron asimismo que el petróleo del Medio Oriente y el Norte de África había llegado a ser más competitivo que el producto venezolano y que el capital desviado desde Venezuela iría a esas áreas más prometedoras". Es un tema espinoso e interesante, porque uno entiende la política de Betancourt y de Pérez Alfonso, pero tenía unas consecuencias importantes como esta de la desinversión. De allí que no creemos posible que Betancourt y Pérez Alfonso no supieran que estaban logrando estas consecuencias con su política. Probablemente no buscaban este resultado de ahuyentar las inversiones, pero era el que se alcanzaba.
Mientras tanto la producción seguía creciendo, pero no porque hubiese nuevas exploraciones que abrieran nuevos pozos, sino porque se llevaba al máximo los pozos existentes. De modo claro, aquí se juntaban dos líneas: no más concesiones, no autorización a nuevas exploraciones. ¿Qué hacían las concesionarias? Bueno, explotaban al máximo los pozos que tenían en rendimiento y, lejos de disminuir la producción, la producción se incrementaba. De modo que el efecto buscado, que era una reducción de la producción, no siempre se lograba por parte de Pérez Alfonso.
Incluso en términos generales, la OPEP fue creada en 1960 y realmente hubo una incidencia en los precios por la vía del control de la producción en 1973. Se necesitaron 13 años para que esa política rindiera los efectos que Pérez Alfonso había previsto con su creación. El tema de la OPEP lo vimos en programas anteriores. Entremos ahora en el gobierno de Raúl Leóni, de 1964 a 1969.
Recordemos que los primeros años del gobierno de Betancourt discurrieron conforme a lo pautado por el Pacto de Punto Fijo. El gobierno de Leóni va a tener una correlación de fuerzas políticas distintas. Betancourt gobernó con COPEI y con URD, aunque URD se sale del pacto el 17 de noviembre de 1960, cuando con motivo de la separación de Cuba en relación a la OEA y la posición de Betancourt en relación con esto, URD abandona el pacto. De modo que Betancourt verdaderamente va a gobernar con COPEI.
Leóni no gobierna con COPEI, quien no se entendía particularmente bien, y va a gobernar con URD y con el FND de Uslar Pietri, Frente Nacional Democrático, el partido que se crea después de la candidatura de Uslar. De modo que va a ser un gobierno de alianzas, pero con una combinatoria distinta al de Betancourt.
En materia petrolera, el gobierno de Leóni se propone aumentar sus ingresos como modificación del esquema tributario. Este cambio traía la creación de un impuesto selectivo para las empresas petroleras. El origen de este nuevo tributo planteado estuvo en los planes de Pérez Alfonso, en su condición de verdadero conductor de la política petrolera de Acción Democrática. Se basaba en el hecho de limitar las ganancias de las petroleras; él pensaba que no debían ser tantas y una manera de reducir esas ganancias era aumentando el tributo.
Sin embargo, esta proposición del gobierno de Leóni recibió de inmediato una crítica y un enfrentamiento de sectores importantes en la sociedad entonces. Allí protestaron Fedecámaras, la Cámara de Comercio de Caracas, por supuesto Uslar Pietri, quien a partir de esta proposición abandona el gobierno de Leóni y su partido también. Se salen del gobierno en 1966 y pasan a la oposición, y el motivo es este. De allí que la proposición tributaria se convierte en una crisis política en 1966 para el gobierno de Leóni y a este no le queda otro camino que sentarse a negociar con el factor más fuerte de esta crisis, que eran las compañías petroleras.
Estas conversaciones, así como la política petrolera de los dos años que llevaba al gobierno de Leóni, las encabezó el ministro de Minas e Hidrocarburos, que era un diplomático de grandes quilates, me refiero a Manuel Pérez Guerrero. Entonces se llega a un acuerdo para el sector petrolero que conduce a la aceptación de impuestos retroactivos por parte de las compañías. Estas pagarían esos impuestos en dinero y en obras públicas, que harían para el gobierno. La suma no era tan grande como el gobierno esperaba, pero tampoco era menor: fueron 100 millones de dólares, que para la época eran una cifra, hoy en día las cifras dan risa, pero en aquel momento era algo de importancia.
Entonces se acordó la fijación de precios de referencia por cinco años a los efectos de la recaudación tributaria; esto le da un respiro al gobierno porque al fijar el precio, si acaso este bajaba se respetaría el precio fijado; mientras si subía se tomaría como base el precio más alto. En cuanto a producción no hubo acuerdo por escrito, sino la declaración de buena voluntad para incrementar la producción en un 4% al año. En la próxima parte del programa seguiremos viendo estos hechos petroleros durante el gobierno, un forcejeo entre las compañías petroleras y el gobierno de Leóni en relación con un nuevo impuesto que el gobierno pretendió pechar a las compañías.
Hubo una negociación y las compañías aceptaron las nuevas condiciones que desmejoraban su situación, pero se eliminaba el impuesto selectivo. Esto condujo a que el gobierno tuviera la sensación de que había avanzado porque las condiciones eran favorables al gobierno y no tan favorables a las compañías. Pero Pérez Alfonso, por su parte, consideró que el gobierno había claudicado frente a las concesionarias y se distanció del gobierno. Recordemos que Pérez Alfonso tenía un carácter particularmente severo y se separa del gobierno.
Por su parte, recordemos que Leóni les había impuesto a las concesionarias la entrega a la CVP de hasta el 33% en estaciones de servicio, de modo que era una vuelta de tuerca muy grande para las concesionarias: no solo haber perdido el 33% en la distribución de gasolina, sino que les aumentaran el tributo a través del impuesto selectivo. Pero esto, al parecer, para Pérez Alfonso no fue óbice y se distancia del gobierno de Leóni. Lo cierto es que las concesionarias van a perder el terreno frente al gobierno tanto de Betancourt como de Leóni y allí va a estar siempre Pérez Alfonso en su empeño por avanzar, porque el Estado avance en desmedro de los intereses de las concesionarias; esa era la política de la época y había una suerte de acuerdo nacional en relación con esto.
De allí que además Pérez Alfonso se opone a un tema que fue importante en su momento, un tema que propone la Creole Petroleum Corporation, que fue el de la construcción de una planta de desulfurización. Era necesario, pero Pérez Alfonso consideraba que el gobierno había dado muchas concesiones en relación al esquema de construcción de la planta. Eso fue otro elemento, lo alejó del gobierno de Leóni.
Bien, una vez que se supera la crisis tributaria petrolera del año 66, Pérez Guerrero sale del Ministerio de Minas e Hidrocarburos y regresa a la Organización de las Naciones Unidas. Allí va a ser nombrado embajador de Venezuela y el 6 de enero de 1967 asume el ministerio José Antonio Mayobre. Mayobre venía de desempeñarse en la CEPAL, Comisión Económica para América Latina de la Organización de las Naciones Unidas, un economista muy destacado, y Leóni le encarga el tema petrolero y él va a estar al frente del asunto petrolero como ministro en los dos últimos años del gobierno de Leóni, 1967 y 1968.
También le corresponde, no ya en televisión sino en el Congreso Nacional, darle respuesta a Uslar Pietri con sus interrogantes vinculadas con el tema petrolero. Sobre todo lo que Uslar insistía permanentemente acerca de cuál era el mecanismo que sustituía al de las concesiones, cosa, como vimos, Pérez Alfonso no respondió claramente, no dijo el mecanismo es este, porque no estaba totalmente prefigurado. Finalmente, Mayobre sí va a dar una respuesta en el Senado cuando fue interpelado y dijo: los contratos de servicio. En las obras escogidas de Mayobre se recoge esta intervención de él. Esta intervención va a ocurrir el 31 de mayo de 1967; allí Mayobre hace un recorrido largo por la industria petrolera venezolana y señala sus aspectos neurálgicos.
Y entonces refiere cuatro líneas estratégicas que se han mantenido en el tiempo. Dice la primera: obtener de las operaciones de la industria el mayor beneficio financiero para el país. Dos: el segundo objeto de la política petrolera que no se refiere al petróleo mismo es el empleo del ingreso petrolero; bueno, eso es correcto. Tres: la defensa de los precios. Cuatro: la participación del país en la operación, en el manejo y en la política de la industria petrolera. Y ciertamente estos cuatro elementos forman parte de las líneas estratégicas que se mantuvieron durante muchos años.
En esa intervención del año 67, Mayobre declara que la nacionalización no es el objetivo del gobierno y aclara todavía más, dice literalmente: "Y lo hacemos porque la estructura de nuestra industria petrolera y de nuestra economía no aconseja una nacionalización como la medida oportuna o como la medida favorable". Esto es en 1967. En cuanto a la figura que sustituye a las concesiones, la figura jurídica de los contratos de servicio, Mayobre afirma en esa intervención que va a introducir en el Congreso Nacional una reforma y ley de hidrocarburos para que se contemple esa figura. Y en efecto así fue.
Lo que no preveía Mayobre es que la discusión parlamentaria tomó años y finalmente se aprueba la figura del contrato de servicio a finales de 1970, cuando gobernaba Caldera. Se implementaron los primeros contratos de servicio en 1971, cuando ya la situación política era otra y las perspectivas de la estatización no solo eran un murmullo sino que se temía que fuese un hecho cierto; de modo que la figura de los contratos de servicio no fue atractiva para las concesionarias. Se tardó demasiado en hacerse realidad y las situaciones cambiaron, todo el cuadro cambió. En aquella intervención de Mayobre que venimos glosando, comentando, él reconoce lo siguiente, dice Mayobre:
"Es necesario aumentar las exportaciones, es necesario aumentar las reservas lo más posible para tener seguridad del futuro de nuestra economía, pero para lograr esto había que llegar antes a una definición de cuál la relación con las empresas que van a explorar y por consecuencia van a tener algún derecho para la explotación". Esto es a contravía de la política de Pérez Alfonso: aceptar que era necesario aumentar las exportaciones y aumentar las reservas era lo contrario que se proponía a Pérez Alfonso, de modo que no es arriesgado señalar que la política petrolera de Leóni no es la misma política petrolera de Betancourt. Hay un cambio bastante más que cosméticos, un cambio de fondo.
Afirmar que se debe aumentar las exportaciones solo se puede hacer con nuevas inversiones de exploración, con nuevos descubrimientos de campos, y afirmar que es necesario aumentar las reservas, pues no hay otro camino que el mismo. Más exploración que conduzca al descubrimiento de más campos que permitan certificar unas reservas mayores. De modo que aquí hay un cambio sustancial en las políticas petroleras. Por su parte, los contratos de servicio que sustituyeron a los de las concesiones, va a dejar en claro el ministro Mayobre que será tarea la Corporación Venezolana de Petróleo, la CVP.
Esto también es interesante recordarlo y señalarlo. Por otra parte, en el período presidencial de Leóni es cuando va a darse inicio a las exploraciones geológicas por parte del Estado venezolano, en lo que entonces se llamaba la faja bituminosa del Orinoco. Después se denominó Faja Petrolífera y finalmente se conoció como la Faja del Orinoco. Fue la Shell, basada en las exploraciones de la Socony y en la zona, que se acercó a la CVP en 1964, entonces presidida por Rubén Sader Pérez, y les propuso iniciar la exploración conjunta.
Entonces la CVP instruyó a Hugo Velarde, entonces jefe del Departamento de Estudios Especiales, para que se encargara por parte de la empresa del estudio. Mientras tanto el ministro Pérez Guerrero designa a José Antonio Galaviz, entonces funcionario de la División de Exploración y Reservas de la Dirección de Hidrocarburos del Ministerio de Minas e Hidrocarburos. Y ambos funcionarios produjeron el primer informe sobre la faja; ese informe se titula "Estudio Geológico y de Evaluación Preliminar de Reservas Potenciales de Petróleo Pesado en la Faja Bituminosa del Orinoco, Cuenca Oriental, Venezuela", título largo pero muy explicativo. Ese informe es presentado en febrero de 1966.
Y con ese informe en la mano la CVP da sus primeros pasos: entre esos primeros pasos va a estar un contrato entre el IVIC, Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, y el Ministerio de Minas e Hidrocarburos; ese contrato se firma el 2 de mayo de 1968. Y el objeto es llevar a cabo estudios del campo, así como investigaciones en laboratorio para determinar la naturaleza de los crudos pesados de la faja. Luego, entre 1970 y 1977, según nos informa Aníbal Martínez en su libro La Faja: 65 Años de Descubrimiento, el Ministerio de Minas e Hidrocarburos adelantó el primer gran proyecto de investigación sobre la faja.
Como vemos, la explotación hoy en la Faja Petrolífera del Orinoco, quien la inicia es el gobierno de Raúl Leóni por iniciativas del ministro Pérez Guerrero y respaldadas, por supuesto, por el presidente de entonces de la CVP, Rubén Sader Pérez. En la próxima y última parte del programa veremos otros aspectos de estos temas petroleros nacionales e internacionales de los años finales del gobierno de Leóni. Y en los dos últimos años de su gobierno, 1967-68, se experimentó un aumento de la producción notable. Les voy a dar las cifras.
En 1964, la producción fue de 3.392.800 barriles diarios; en el 65 subió a tres millones 472 mil. En el 66, cuando hubo la crisis tributaria, bajó la producción a 3.371.100 barriles diarios. Una vez resuelta la crisis tributaria, en el año 67 el promedio fue de tres millones 542 mil, hubo un incremento importante, y en el año 68 vuelve a haber un incremento cuando la producción llega a 3.604.800 barriles diarios.
Bien, en junio de 1967, en el panorama internacional ocurre la famosa guerra de los Seis Días, que tuvo una incidencia petrolera importante. Vamos a referir este episodio. El 5 de junio de 1967 los israelíes se adelantan a los egipcios y abren fuego sobre la coalición árabe que los hostilizaba, encabezada esa coalición por Nasser en Egipto. Y en apenas seis días, con el dominio aéreo en manos de los israelíes, los ejércitos árabes no tuvieron otra alternativa que retirarse. Israel tomó el Sinaí, Jerusalén y los Altos del Golán e incluso la banda oriental del Canal de Suez.
¿Qué hicieron los árabes? Decretaron un embargo petrolero a los países que apoyaban a Israel. ¿Cuáles países árabes? Arabia Saudita, Kuwait, Irak, Libia y Argelia dejaron de enviar petróleo a Estados Unidos, Gran Bretaña o Alemania Occidental. Esto lo hicieron por órdenes precisas del jeque petrolero Ahmed Zaki Yamani. Y tres días después de comenzar la guerra, los suministros de crudo hacia estos países habían cesado por completo. Se calcula que el llamado embargo petrolero de los árabes al mundo occidental alcanzó a los seis millones de barriles diarios.
En julio del mismo año, los árabes comenzaron a levantar el embargo y reanudaron paulatinamente los suministros para septiembre. El embargo ya había cesado por completo cuando eso pasó. Los árabes desde entonces advirtieron que habían perdido cerca de un millón quinientos mil barriles diarios al mercado; se hicieron el haraquiri, pues sí. ¿Y qué países ocuparon ese millón 500 mil barriles diarios de mercado? Pues Venezuela, Irán e Indonesia, países que aumentaron su producción aprovechando la coyuntura.
Esa experiencia demostró que la idea de utilizar el petróleo como arma de presión política terminaba perjudicando a quienes cerraban la llave del suministro. En ese momento la derrota de Nasser fue doble: primero perdió la guerra rápidamente frente a los israelíes y perjudicó notablemente a su comunidad política con un embargo petrolero que terminó siendo suicida. Para Occidente también hubo unas lecciones de importancia. Primero, era urgente diversificar la fuente de suministro del Medio Oriente porque siendo una región conflictiva políticamente, cuantas veces ocurriera esto pues se perjudicaba Europa y los Estados Unidos.
Y otra lección es que era urgente construir tanqueros de petróleo más grandes. Eso ya había comenzado a hacerse cuando cerraron el Canal de Suez, cuando los japoneses construyeron tanqueros que transportaban 300 mil barriles, un barco enorme, pero a partir de esta guerra muchas empresas toman la decisión de hacer tanqueros de ese tamaño y más grandes todavía, de manera de protegerse contra estas contingencias. De modo que las lecciones que se extrajeron de la guerra de los Seis Días fueron varias, las que he señalado para un factor y otro factor. Por supuesto esta no va a ser la única guerra del petróleo; habrá muchas otras a lo largo de años sucesivos, pero las experiencias de la guerra de los Seis Días fueron importantes.
El tema del embargo petrolero terminó perjudicando a quienes lo instrumentaron y favoreció a quienes estaban al margen del embargo. En nuestro próximo programa veremos el gobierno de Rafael Caldera, el primero de 1969-1974, y veremos también la estatización del petróleo en Venezuela en tiempos de gobierno, el primero de Carlos Andrés Pérez. Hoy llegamos hasta aquí y ha sido un placer para mí hablar de estos temas, para ustedes. Les habla Rafael Arráiz Lucca. Esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Víctor Hugo Rodríguez; en la dirección técnica, Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho. A mí me consiguen en mi correo electrónico: rafaelarraiz@hotmail.com. En Twitter, arroba RafaelArraiz.
Hasta nuestro próximo encuentro, cuando seguiremos con este mundo fascinante del petróleo que es la columna vertebral de la historia política venezolana del siglo XX y del siglo 21, hasta entonces.