Dos abogados: Eloy Lares Martínez y Rafael-Clemente Arráiz

Un breve revisión de sus obras.

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Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Hoy nos vamos a dedicar a algunos abogados venezolanos y vamos a comenzar con Eloy Antonio Lares Martínez, nacido en Carúpano el 17 de abril de 1913 y fallecido en Caracas en 2002, cuando tenía 89 años. Para este recorrido por la muy fértil vida del doctor Lares Martínez nos vamos a basar en la biografía que escribió su nieto, Rodrigo Eloy Lárez Baza. La biografía se titula El andar de una vida y los datos los hemos extraído de allí.

Por eso sabemos que Eloy Lares Martínez era hijo de Eloy Lara Sarabia y que además Eloy Lara fue hijo póstumo, es decir, nació después de que su padre había muerto. Su madre se llamaba María de Lourdes Martínez Meaño y también sabemos que su madre nació en Cumaná. También sabemos que los abuelos de Eloy Lares Martínez habían graduado de abogados en la Universidad Central de Venezuela, entre ellos Eloy Lares Sánchez, siempre familias cumanezas y carupaneras como podemos ver con la mayor precisión. De modo que él tiene esa extraña circunstancia de ser un hijo póstumo, por haber sido educado por su madre María de Lourdes Martínez Meaño y de haber estudiado la escuela primaria en Carúpano.

En aquello que se llamaban escuelas federales, las había casi todos los pueblos y ciudades de Venezuela; él estudió en la Escuela Federal Alejandro Ibarra. Estamos hablando, por supuesto, de escuelas públicas. Allí tuvo unos buenos maestros, entre otros fue alumno en segundo grado de la escuela primaria de la poeta Luisa del Valle Silva, pariente de Alfredo Silva Estrada, y además Silva Estrada recogió la obra de su pariente, hizo antología; fue una poeta respetada y apreciada en su tiempo. El director de aquella escuela primaria se llamaba Agustín García Padilla, quien fue el maestro de aquel niño en cuarto, quinto y sexto grado.

Cuando terminó la escuela primaria se le presentó un dilema o problema que era muy común en aquella época, y es que en Carúpano no había bachillerato. Por ejemplo, fue el caso de mi abuelo Domingo Lucas Rodríguez, mucho antes que Eloy Lares, y mi abuela se fue a hacer el bachillerato al lugar más cercano que era la isla de Trinidad. Eloy Lares no: se fue a hacer el bachillerato en Cumaná y allí es donde va a cursar el bachillerato. Como les decía, va a estudiar el bachillerato en Cumaná y lo va a recibir un pariente, el doctor Ramón Mayobre, que era farmacéutico.

Allí el doctor Mayobre le ofrece su casa para que el muchacho de 12 años haga su bachillerato. De allí viene esa amistad fraternal de Eloy Lares Martínez con José Antonio Mayobre, hijo del doctor Ramón Mayobre, su primo. Realmente fueron como hermanos porque Eloy vivió en esa casa desde los 12 hasta los 18 años, cuando a los 17-18 años culmina el bachillerato y va a ingresar en el Colegio Federal de Varones, hoy en día se llama el Liceo Antonio José de Sucre. Entonces era el Colegio Federal de Varones, el único colegio de bachillerato que había en Cumaná, y el director del colegio fue un maestro, un profesor que se tornó con los años legendario: el profesor Dionisio López Oriuela.

Después de haber sido durante 10 años director del Colegio Federal de Cumaná, fue designado director del Liceo Andrés Bello en Caracas, un ascenso importante. López Oriuela va a ser el profesor de matemáticas, botánica y química; le va a abrir los ojos a aquel niño, bueno ya un joven adolescente que está cursando el bachillerato. Entonces se hacía en cuatro años y se presentaba un examen integral del bachillerato. Allí fueron sus compañeros de curso, entre muchos otros, Luis José Silva Sucre, Federico Madrid-Sucre, Enrique Fuente Certat, Enrique José Berrizveitia, Julián Padrón, el gran novelista por supuesto, o sea Antonio Mayobre, como ya referí, Antonio Silva Sucre, Guillermo Almandós Ramos, Víctor Manuel Silva Bermúdez.

Como ustedes pueden advertir son una cantidad de apellidos orientales, cumaneses y carupaneros, pero sobre todo cumaneses. Eloy va a presentar entonces ese examen integral de la educación secundaria el 9 de agosto de 1929, dos días antes de la invasión del Falke a Cumaná. De modo que él, siendo un joven, presencia toda aquella circunstancia, aquella aventura del general Román Delgado Chalbaud, su hijo Carlos Delgado Chalbaud, del general Francisco Linares Alcántara, de Rafael María Carabaño, de Luis Rafael Pimentel y de Pancho Angarita Arvelo, y de los estudiantes universitarios Armando Suluaga Blanco, Juan Colmenares, Julio McGill Sarría y, bueno, no es el...

y también Rafael Vegas, por supuesto, después fundador del Colegio Santiago de León de Caracas y ministro de Educación en tiempos del general Medina Angarita. Pero no podemos detenernos porque no es el objeto de este programa. En la invasión del Falke, más allá de señalar que, como todos sabemos, fracasó y que murieron tanto Román Delgado Chalbaud como el joven Armando Suluaga Blanco. Decíamos entonces que Eloy Lares termina el bachillerato y hace una amistad muy profunda con el doctor Ramón Mayobre y su esposa, Eva Coba de Mallorbe, quienes lo tratan prácticamente como un hijo los años que vive en Cumaná.

Hasta que Eloy, apenas graduado, dice: bueno, me voy a estudiar derecho en Caracas, y se viene para Caracas en 1930, de modo que tenía 17 años. Se viene para Caracas en un vapor holandés, que toma en Cumaná, se baja a La Guaira y allí ha debido subir por el ferrocarril, por supuesto. Antes le han mandado un telegrama a su primo José Antonio Mayobre para que lo inscriba en la Facultad de Derecho. Ya Mayobre estaba en Caracas, de modo que apenas llegó el 9 de enero de 1930 y dos días después, el 11 de enero, estaba ya estudiante oyente en una clase del doctor Juan José Mendoza.

Llega a casa de una tía, la señora Luisa Lares de Montenegro, hermana de su padre. Este muchacho allí va a vivir en La Pastora, entre las esquinas de Puente Monagas e Itajamar, cuando el rector de la Universidad Central de Venezuela era el doctor Plácido Daniel Rodríguez Rivero, un eminente cirujano y amigo de toda la confianza del dictador de la época, el general Juan Vicente Gómez, quien lo había designado rector de la Universidad. Entre los profesores que va a admirar enfáticamente aquel joven Eloy Lárez van a estar Tito Gutiérrez Alfaro en Derecho Civil, Carlos Sequeira en Derecho de Familia y Personas, Caracciolo Parra León en Principios Generales de Derecho, el doctor José Manuel Hernández Rón en Derecho Constitucional, Carlos Álamo Ibarra y Francisco García Monsanto en Sociología, Alejandro Urbaneja en Derecho Penal y Economía Política, Arminio Borjas en Procedimiento Civil, Ezequiel Urdaneta Braschi en Finanzas y Leyes de Hacienda, Francisco Arroyo Parejo en Derecho Internacional Público, Jesús Antonio Páez en Enjuiciamiento Criminal, Enrique González Rincón en Medicina Legal.

Fue muy importante en su formación la presencia del doctor Juan José Mendoza, que le dio derecho romano. Mendoza era un jurista de gran categoría sin la menor duda. El profesor de Derecho Mercantil fue Carlos Morales y en el sexto año de estudios de derecho, entonces eran seis años, tuvo como profesor de Derecho Internacional Privado nada menos que al doctor Lorenzo Herrera Mendoza. Iba a culminar los estudios en julio de 1935; le tomaron cinco años y medio, cinco años y unos meses, casi seis, para graduarse. Entonces había que presentar una tesis en paralelo, que era la tesis para graduarse de bachiller y también la tesis para graduarse de abogado.

La tesis para graduarse de bachiller que él presentó se titulaba Los negros en la sociedad colonial y tuvo un jurado de lujo. En esa tesis, el jurado fueron Mario Briceño Iragorri, Enrique González Rincón y Rafael Caldera, no el que fue presidente de la República sino su padre, el abogado que residía en San Felipe y venía por temporadas a Caracas, su padre biológico, no su padre adoptivo, porque el padre adoptivo de Rafael Caldera Rodríguez fue Tomás Liscano. En la próxima parte del programa continuaremos con la vida y obra de Eloy Lares Martínez. Ya regresamos.

Pues les decía en la parte anterior del programa que esos fueron los miembros del jurado de su tesis de bachiller, y el de sus tesis propiamente como abogado, cuyo tema fue las formas en los testamentos ordinarios. El jurado fueron Carlos Morales, Luis Jerónimo Pietri y Alejandro Urbaneja. En esa época no se otorgaba la distinción de summa cum laude y a algunas personas que obtuvieron los puntos para hacer summa cum laude muchos años después, cuando se instituyó esa mención honorífica, se les otorgaron esos títulos. Ese fue el caso del doctor Lares, que recibió muchos años después, en 1968, la Universidad Central de Venezuela le confiere el diploma summa cum laude.

Entre sus compañeros de clase en esa promoción va a estar el escritor Felipe Masiani. El juez larense, barquisimetano, muy distinguido, doctor Ramiro Montesinos-Camejo, Julián Padrón, a quien ya nombramos, también va a estar en esa promoción. El gran narrador Guillermo Meneses, el poeta Alberto Arvelo Torrealba y un diplomático y hombre muy culto, Ignacio Iribarren Borges. También hay que señalar que ese muchacho que va a estar en Caracas estudiando derecho se ayuda económicamente siendo profesor en bachillerato.

Eloy Lares fue profesor de latín y raíces griegas en el Instituto San Pablo, el legendario colegio dirigido por los hermanos Martínez Centeno, Roberto y Raimundo Martínez Centeno. También dio clases en el Colegio Católico Alemán, el de Lola de Gondéys. Ahí dictó la cátedra de Geografía y Historia Universal, y en el Liceo Andrés Bello también dio clases de historia universal. Mire, no es poca cosa, porque daba seis horas semanales en el Liceo San Pablo, seis horas semanales en el Católico Alemán y cuatro horas de historia universal en el Liceo Andrés Bello, después las clases en la Universidad Central de Venezuela, una vida exigente de profesor y estudiante.

Las dos condiciones: el estrado y el pupitre. Cuando se gradúa Eloy Lares pasa a trabajar en Maracay, en el Banco Agrícola y Pecuario. Allí estuvo como abogado auxiliar durante varios años hasta que fue ascendido en 1944 a abogado consultor, de modo que allí va a estar muchos años, del 36 al 44. Y estando allí, en el Banco Agrícola y Pecuario, es cuando conoce a su esposa Hilda, que es una muchacha que trabaja en el banco como secretaria del doctor Horacio Rosales.

Hilda Montserrat, con quien se casa, tiene todos sus hijos: Eloy, Leopoldo, Hilda, Carlos, Alfredo y Enrique Julio, con quien formó una familia. En 1941 va a iniciar su labor docente, el doctor Lares, una labor docente sumamente importante. Comenzó dando clases de derecho constitucional, después pasó a dar clases en derecho administrativo, que fue donde hizo sus mayores aportes. Allí también fue profesor interino de Economía Política, haciéndole una suplencia nada menos que Arturo Uslar Pietri había sido nombrado secretario de la Presidencia de la República ya en el gobierno de Isaías Medina, y él va a regentar la cátedra de Derecho Administrativo a partir de 1947 y allí va a estar muchos años, hasta 1979, año en que fue jubilado de la Universidad Central de Venezuela.

De modo que permaneció al frente de la cátedra de Derecho Administrativo, donde se formaron centenares de abogados venezolanos desde 1947 hasta 1979. Apenas un paréntesis: cuando el doctor Lárez se desempeña como gobernador del estado Sucre, eso va a ocurrir en tiempos del gobierno de Wolfgang Larrazábal, en 1958, pero antes de ese episodio el doctor Lares va a afiliarse al Partido Democrático Venezolano, el PDV. A partir de 1943, por invitación expresa de Arturo Uslar, quien le invita a inscribirse en el partido que apoyaba al gobierno de Isaías Medina Angarita, y allí va a estar en la Comisión Nacional de Organización del Partido junto con Rodolfo Rojas, Joaquín Gavaldón, Marques Augusto Márquez Cañizales, Juan Francisco Reyes Baena, Raúl Ramos Calles, Elías Toro y el doctor Lares Martínez, quien por supuesto era un hombre muy joven para la época.

Va a ser electo diputado y como tal es electo segundo vicepresidente de la Cámara de Diputados en 1945. Es entonces un joven de 32 años que, además del derecho, se ha interesado en política, pasa a ser diputado en ese Congreso en tiempos de Isaías Medina Angarita. Después del 18 de octubre de 1945, el doctor Lárez se dedica al ejercicio privado de su profesión de abogado y así va a permanecer hasta enero de 1958 cuando la junta de gobierno le ofrece el cargo de gobernador en el estado Sucre, su estado natal, y por supuesto no pudo decir que no. Allí va a ejercer desde el 30 de enero de 1958 hasta febrero de 1959, un año exacto, y lo van a sustituir, por cierto un gran amigo, el doctor Enrique Tejera París, ya entonces designado por el nuevo presidente de la República que era Rómulo Betancourt.

Inmediatamente el doctor Lárez pasa a ser vocal de la Corte de Casación en las salas civil, mercantil y del trabajo, una vez que entrega la gobernación de Sucre a Enrique Tejera y vuelve a sus labores jurídicas. Luego, en el gobierno de Raúl Leóni, el presidente de la República lo designa ministro del Trabajo y allí estuvo un tiempo. El doctor Lárez introduce el primer proyecto para una ley del Seguro Social Obligatorio, que ampliaba las contingencias de seguro. También un proyecto de ley relacionado con la representación laboral en las juntas directivas de los institutos autónomos y empresas del Estado, y también designa a la comisión que va a elaborar el proyecto de creación de la ley del Banco de los Trabajadores.

Él estuvo allí en el Ministerio del Trabajo relativamente poco tiempo, luego es designado procurador general. Allí estuvo tres años como procurador general de la nación, acompañado nada menos que por nuestro profesor, el doctor Luis Enrique Farías Mata, recientemente fallecido. Uno de nuestros profesores en derecho administrativo y allí también estaba José Antonio Ramos Martínez, Luis Casado Hidalgo e Enrique La Grande en esa Procuraduría General de la República, y en 1965, durante un año, va a ser presidente del Colegio de Abogados del Distrito Federal también. Luego, al final, el gobierno de Raúl Leóni tiene una actuación interesante en lo siguiente.

Leóni crea la Universidad de Caracas y lo designa rector; ya viene, por cierto, el cambio de gobierno porque esta es una decisión de Leóni en los últimos meses de su presidencia, a sabiendas de quién va a desarrollar esa nueva universidad: va a ser el doctor Caldera presidente, Caldera. Sin embargo, Leóni, para darle entidad a esa Universidad de Caracas, lo designa a él como rector y Francisco Queralt Vegas en su compañía. Como vicerrector académico o en la comisión organizadora de esta universidad. Esa universidad muy pronto, el primer año de gobierno de Caldera, va a cambiar de nombre y van a cambiar al rector. Va a ser el rector fundador de la Universidad Simón Bolívar, Ernesto Maíz Vallenilla, pero en la creación de esa universidad desde el punto de vista jurídico e institucional Eloy Lárez Martínez tiene un papel que no podemos soslayar.

En la próxima parte del programa continuamos ya con los últimos años de esta vida tan útil de Eloy Lares Martínez. Ya regresamos. Seguimos con la hoja de vida del doctor Lares Martínez y tenemos que fue consultor jurídico del Consejo Supremo Electoral entre 1971 y 1984; durante 13 años se desempeñó en esa tarea. En 1992 fue miembro del directorio del Banco Central de Venezuela, acompañando a la economista Ruth de Krivoy, quien era presidenta del banco. Así vamos llegando también a su libro fundamental, que es el Manual de Derecho Administrativo; ese manual se publicó por primera vez en el año 1963.

Tiene al día de hoy cerca de 15 ediciones, y eso va más allá de los 50 mil ejemplares. Esto es un verdadero acontecimiento en el mundo editorial jurídico y durante muchos años los estudiantes de Derecho Administrativo, no solo en la Universidad Central sino todas las universidades del país, han acudido a esa piedra de sabiduría que es el Manual de Derecho Administrativo del doctor Lárez. Él se va a jubilar de la Universidad Central de Venezuela como profesor titular y allí se le consagra un libro homenaje por iniciativa de otro gran administrativista, el doctor Allan Randolph Brewer Carías, quien para entonces era director del Instituto de Derecho Público de la Central. A su vez el doctor Lares fue individuo de número de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, donde también fue presidente en un período de dos años de su junta directiva.

Como vemos, una vida útil de grandes realizaciones, de importantes realizaciones para Venezuela, de aquel muchacho que nació sin padre, un hijo póstumo. Su padre murió meses antes de que él naciera y se hizo a pulso desde Carúpano y Cumaná, y cristalizó toda su vida laboral y familiar en Caracas, hasta que se fue de este mundo a los 89 años, en el año 2002. Esta ha sido entonces una semblanza del doctor Lares Martínez. Vayamos ahora al encuentro de otro abogado venezolano de un talante distinto, y un caso también curioso: es un abogado, pero del que no vamos a hablar como abogado sino como poeta.

Nace en 1938 y fallece en 2015, a los 77 años. Me voy a referir entonces al doctor Juan Martín Echeverría, quien fue sobre todo conocido por su trabajo de abogado y por su dilatada labor de articulista, de analista político en el diario El Universal; durante muchos años estuvo Echeverría publicando una columna de análisis político en El Universal los días domingo. Había nacido en Caracas, en 1938, y en 1957 integra el Grupo 10 que se había formado a partir de un grupo de estudiantes de la Universidad Católica Andrés Bello, un grupo de literatos, de gente interesada por diversos temas, porque allí no solo estaban escritores sino científicos sociales, etcétera. Allí estuvo Irma Linda, Maritza Montero Valdocapriles, Unaimundalunis Santos Escobar, también estuvo Alfredo del Mónaco, es un músico pero que también era abogado, Alfredo del Mónaco.

Mario López Bellos estuvo allí, Isbelia Díaz Sánchez, Elmer Sabot, ese abogado criminalista y detective, también un hombre sumamente interesante, y también estuvo ahí José Rafael Lovera, el gran historiador. De modo que este grupo, en el que se van a reunir esos muchachos de la Universidad Católica de diferentes escuelas y facultades, a ese grupo va a pertenecer en sus años de estudiante Juan Martín Echeverría. Va poco a poco a ir publicando una obra poética que comprende los siguientes libros: Agonía, en 1963; Suicidio, 1964; Alarido, 1967; Sin un especial remordimiento, 1973; Un sentimiento de urgencia, 1978; en resumidas cuentas, De un hombre que no puede ser más que yo, de 1979.

Balada para ternura y grito, del año 84. Liberté, del año 84. Este corazón inoportuno, del año 1995, y la lectura de su obra poética completa es como una navegación por los océanos del hombre. Su sentido ontológico es radicalmente ontológico, de allí que cualquier referencia de orden personal forma parte de un metatexto. Vamos a llamarlo así. Un metatexto en el que Echeverría se pregunta: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿qué hago aquí?, ¿para dónde voy?

Son las preguntas que intenta responderse el poeta Echeverría, no el abogado. Pero también hay que señalar que abrazar el estudio de la criminalidad y bajar hasta las honduras del ser formaba parte de la misma indagación ontológica en la que estaba Juan Martín Echeverría. Por una parte hacía cursos de posgrado, derecho penal y criminología, y también escribía poesías. En el epicentro de ambas tareas estaba el hombre y, en efecto, hay varios criminólogos venezolanos que han sido poetas; Echeverría es un caso, Elmer Sabo es otro criminólogo. Jorge Sosa Chacín es otro caso también, y por ahí la memoria me va dando y consigo otros nombres de criminólogos que también escribieron poesía.

Este es un caso muy particular el de Juan Martín Echeverría porque no se trata de que haya escrito poesía de manera subalterna, uno o dos libros. No es una obra poética insistente, persistente, con muchos títulos, y por ejemplo voy a leerles una estrofa de un poema de Echeverría donde dice: "prefiere la oscuridad a la luz, el engaño al reloj de arena, la hojarasca al despertar, el aburrimiento al canto de la madrugada, el caracol al aire rejuvenecido y la piedra volcánica a las peripecias de la vida". Bello texto, y ahí uno ve un canto que fluye, y hay poesía que es música y es imagen.

Ese libro, que se titula La vida se me va cuando respiro, está dividido en tres partes claramente diferenciadas. En la primera se trabaja con la naturaleza de la poesía, sus humores y sus procederes, así como lo que podemos llamar la educación sentimental, y allí hay a ratos poesías confesionales; les doy un ejemplo de esto que vengo diciendo: "Desconfío del yoga, la televisión y las naturalezas muertas, responsables del intervalo entre tus brazos extendidos y la nada. La muerte es un rayo en la oscuridad y la inmortalidad es el hijo de lijo incesantemente". En la segunda parte de ese libro lo que se propone Echeverría es verdaderamente riesgoso porque él busca poetizar la realidad política venezolana de los años recientes y allí el lector va a encontrar los sentimientos que forman parte de la vida política venezolana de ese tiempo.

La tercera parte del libro es más memoriosa y quizás es la más lírica de Echeverría, del que voy a leerles un último fragmento: "Y me dije con discreción a estas alturas del camino, debo cuidar mis atardeceres. Las aceras están rotas, trinan los pájaros, percibo en clave de rompecabezas tu silueta y la lenta rotación de las tierras". De modo que esta es la poesía de Juan Martín Echeverría. Lamentablemente, Echeverría murió en el año 2015, a los 77 años, cuando todavía tenía mucho que dar y estaba en plena efervescencia laboral como abogado y como escritor, pero bueno, así lo decidió la Providencia y Juan Martín Echeverría, nuestro amigo, pasó al otro mundo.

En la última parte del programa nos referiremos muy brevemente a un abogado que escribió novelas, cuentos y poemas, Rafael Clemente Arráiz. ¡Ya regresamos! En esta última parte del programa vamos a hablar de mi padre, el abogado Rafael Clemente Arráiz, que nació en Yaritagua en 1916 y falleció en Caracas en 1996; vivió casi 80 años, por poco, 79. La infancia de Rafael Clemente transcurrió en la finca de su padre allá en las adyacencias de Yaritagua y después su adolescencia y primeros años de juventud en Barquisimeto, y allá va a estudiar en el colegio La Salle de Barquisimeto, el legendario colegio La Salle, y en el Liceo Lisandro Alvarado.

Como muchos venezolanos de su tiempo, para cursar estudios universitarios tuvo que venirse a Caracas, y para acá se vino. Se desempeñó primero como jefe de redacción del diario El Heraldo porque su vocación periodística y literaria estaba allí. En esos años publica un poemario, Tiempo insomne, del año 1942, y un libro de ensayos, Cuaderno de buena voluntad, en 1944. Una vez que se gradúa de abogado comienza a ejercer el derecho y pasa muchos años como profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela, donde se graduó, y allí alcanza el grado de titular. De manera interina fue rector de la Universidad Central de Venezuela entre enero y marzo del año 1971, cuando es designado para esa transición entre el rector Bianco y lo que vendría después; lo sucede el doctor Osvaldo de Sola.

En esos años dedicados a la docencia también hizo investigación jurídica; publicó dos libros sobre la prueba de testigos y sobre la prenda, eran trabajos de ascenso que también se convirtieron en libros y fueron libros de texto para los estudiantes. De modo que Arráiz tuvo una larga y dilatada trayectoria como profesor a lo largo de 30 años de docencia en la Universidad Central de Venezuela. Al jubilarse, que continúa con su consulta privada, retoma su vocación literaria y va a publicar una extraña novela que se titula Multitud secreta; esa novela fue publicada en el año 1991. Tres años después publica un libro de cuentos, Relatos de la periferia; después otro libro de cuentos, Sinfonías furtivas, en 1997, y un poemario, Menciones vulnerables, en 1995, o un año antes de morir.

No tuvo la voluntad de recoger las centenares de artículos de crítica literaria que publicó en la Revista Nacional de Cultura y durante años sostuvo una columna semanal en el diario El Nacional. También fue director del diario La Esfera, presidente del Colegio de Abogados del Distrito Federal, se desempeñó como juez y también publicó otra novela que es su última obra, que se titula Una moneda al aire. Va a ser escrita al calor de aquellos años finales de su vida en los que mi padre recuperaba una vocación recóndita, esa vocación por la literatura que había dejado en suspenso durante 30 años y que de pronto, sin proponérselo, se le impone y la retoma, y comienza de nuevo a escribir ficción, en este caso novelas, cuentos y poemas, porque ensayos académicos publicó siempre y artículos muchísimos en su columna de El Nacional.

Esa novela que mencioné antes, Multitud secreta, de 1991, recibió el Premio Municipal de Narrativa del Distrito Federal. A partir de allí en las próximas ediciones va a tener un prólogo de un amigo entrañable de mi padre, que fue Juan Liscano; también Denzil Romero fue un entusiasta de esta novela y de hecho formaba parte del jurado que le confirió el Premio Municipal de Narrativa. De modo que con Rafael Clemente Arráiz cerramos este programa dedicado a los abogados; lo comenzamos con la dilatada vida de Eloy Lares Martínez, con la faceta poética de Juan Martín Echeverría, un abogado penalista y criminólogo destacadísimo, pero del que nos dedicamos a su faceta poética, y finalizamos con este mínimo esbozo de mi padre, Rafael Clemente Arráiz.

Un abogado profesor universitario con muchos años de ausencia, que también cultivó la literatura en prácticamente todos sus géneros. De modo que hemos hablado sobre abogados que también han cultivado otras facetas, porque el doctor Lárez también vimos sus aspectos de desarrollo como político, como diputado, como gobernador del estado Sucre y como funcionario público, como ministro del Trabajo. Con estos tres concluimos este programa dedicado a algunos abogados venezolanos. Hay muchísimos y en programas futuros nos dedicaremos a algunos otros. Habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Me acompaña en la producción Inmaculada Sebastián Hoy y Fernando Camacho, y en dirección técnica, Fernando Camacho.

A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter, arroba Rafael Arraiz. Ha sido como siempre un gusto y un honor hablar para ustedes. Hasta nuestro próximo encuentro.

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