4 candidatos. Barrios, Villalba, Uslar y Petkoff
Cuatro grandes de la política nacional
Transcripción
Y ustedes se preguntarán, bueno, ¿qué tienen en común? Pues de acuerdo con sus credos políticos, ideológicos y filosóficos, muy poco, pero los cuatro fueron candidatos presidenciales y no alcanzaron la Presidencia de la República. Vamos a comenzar por Gonzalo Barrios, nacido en 1902, con una anécdota muy interesante de él.
El 15 de abril de 1967, en su columna del diario El Nacional, Barrios salió a la defensa del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos. Pero quien atacaba el premio, que había sido creado en ese momento, era nada menos que el único venezolano que lo ha ganado: Arturo Uslar Pietri. De modo que el tiempo suele diseñar estas ironías inimaginables.
Decía el ganador del premio en 1991, que fue Uslar, que en 1967 el premio había sido creado por Acción Democrática como parte de un sistema interesado de propaganda internacional. Por supuesto no era cierto, y fue entonces cuando Barrios terció en la polémica recordando que el galardón lo instituyó el gobierno de Raúl Leoni en 1964, y que ahora se otorgaba por primera vez. Esa primera edición del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos la ganó La casa verde, la novela de un muchacho arequipeño que entonces tenía 31 años y que se llama Mario Vargas Llosa. De modo que esta ironía inicial, esta paradoja entre Uslar y Barrios, es de lo más interesante.
En cuanto a la admiración que sentía Gonzalo Barrios por Rómulo Gallegos, es una admiración fuera de toda sospecha. De hecho, entre los pocos ensayos de mediana extensión que escribió Barrios se destaca uno dedicado al autor de Canaima. Un ensayo sobre Gallegos, y la verdad es que, lamentablemente, el doctor Barrios escribió muy poco, sobre todo si tomamos en cuenta lo bien dotado que estaba para la escritura y el pensamiento.
Quizás por haber escrito tan poco es que ahora se le recuerda con tan escasa frecuencia, por no decir que prácticamente reside en el olvido un hombre que fue epicentro de la política venezolana durante muchos años. El hallazgo de esta perla irónica entre Barrios y Uslar me llevó a indagar acerca de Barrios: sobre quién ha escrito, sobre él quién lo ha entrevistado, etcétera. Y fue entonces cuando hallé un ensayo luminoso de Manuel Caballero del que vamos a hablar luego.
También conseguí una entrevista formidable de Alicia Freilich, otra entrevista de Alfredo Peña, un prólogo sobre Barrios y su obra de Simón Alberto Consalvi y una nota biográfica breve de Manuel Vicente Magallanes; no mucho más. De modo que aquí está el silencio, tapizando el espacio de Barrios, y son muchos, la verdad, los méritos de Gonzalo Barrios como para que se haya reflexionado tan poco sobre su dilatada actuación pública. Quizás en ello influye que fue un adeco extraño, ya que para 1928 tenía cuatro años de graduado y no participó del todo en el movimiento de 1928 porque ya no era estudiante.
También ocurre que Barrios se exilió en París y en Barcelona, no en Barranquilla, y no participó de todo el tejido de Betancourt y Leoni. También incide que cuando Barrios regresa a Venezuela en 1936 había hecho política ya; en su personalidad anidaba con fuerza el humor que desarrolló a lo largo de toda su vida. Y ese humor de Barrios no es un humor vulgar, por supuesto: está afiliado a una condición previa, que es la inteligencia.
Un humor fino, muy fino. Ese humor es el que le llevó a unas frases verdaderamente notables que molestaban a muchos de sus correligionarios. Por ejemplo, una vez dijo Gonzalo Barrios: "En Venezuela no hay razones para no robar", y otra vez dijo algo que retrató a Carlos Andrés Pérez: "A Carlos Andrés le falta un poco de ignorancia".
Bueno, este acarigüeño, Gonzalo Barrios, es un personaje sumamente interesante. Manuel Caballero, en su ensayo titulado "Gonzalo Barrios: la extraña y verdadera historia de un número dos de primera", publicado en 1982, escribe este trabajo a pedido de la revista Respuesta. Y él señala que a partir del 18 de octubre de 1945 comienza la vida de servicios públicos de Gonzalo Barrios.
Voy a leerles un párrafo del trabajo de Manuel Caballero. Dice: "A partir de este momento y hasta hoy, Gonzalo Barrios no dejará de jugar un papel de primera importancia en la política venezolana: como miembro de la Junta Revolucionaria de Gobierno, como gobernador de Caracas, como canciller, como exiliado, como parlamentario, como ministro". Como candidato presidencial casi empató con el ganador y obtuvo el reconocimiento de la derrota más elegante en toda la historia venezolana y acaso latinoamericana.
Se está refiriendo a que Gonzalo Barrios perdió por escasos 30 mil votos frente a Rafael Caldera y lo reconoció sin el más mínimo problema. Por eso Caballero dice "con el reconocimiento de la derrota más elegante en toda la historia venezolana y acaso latinoamericana". Sigue el párrafo del Caballero: "como presidente del Senado, secretario general y presidente de Acción Democrática".
Como el lector no habrá dejado de observar, a partir de aquel 18 de octubre lo que había sido una enumeración de hechos se transforma en elenco de cargos, posiciones, honores. Realmente Gonzalo Barrios desempeñó todas las tareas públicas salvo la presidencia de la República. Bueno, y tampoco fue juez.
Tampoco perteneció a ese importantísimo poder que es el Poder Judicial, tan dejado de lado a lo largo de toda la historia republicana venezolana. Más adelante en este mismo trabajo de Manuel Caballero hay dos párrafos que quiero leerles porque también le hacen honor, lo definen muy bien. Él está refiriéndose a que durante un tiempo la acusación que se hacía contra Gonzalo Barrios es que era un intelectual y que en la política eso no servía.
Caballero sale a decir lo siguiente en este ensayo: "Hay además el lugar no menos común de separar la condición del político de las del intelectual, como si los negocios de la polis fuesen cosas de arrieros, gañanes y labriegos, o discusión de milites en pleno fragor de la batalla. Es cierto que a esto contribuyen dos cosas: la desoladora cantidad de oligofrénicos que, Dios mediante y el sufragio universal, se atornillan hasta la consumación de los siglos en una curul, un comité nacional, en ministerios y presidencias. Y la inextricable definición del intelectual, como se designa a las personas que trabajan con su inteligencia, como si eso fuese una profesión".
Y continúa: "Lo que se trata de decir con aquella generalidad es que Gonzalo Barrios es un hombre inteligente como el que más, que es un hombre culto de una cultura trascendida, caletre de ayer noche, para asombrar a la galería en lo absoluto; que en el teatro de la política sabe tomar con talento y oficio una distancia brechtiana con su propio personaje, dicho en otros términos o mejor no otros sino complementarios, que tiene sentido del humor. Y que al lenguaje político, por lo general árido y fatigoso, sabe ennoblecerlo porque todas las anteriores condiciones le permiten que sus frases broten de manantial sereno, bien dichas, ilustres".
Cierra así: "Maldita sea la cochina envidia. Así que, no cabe duda, Gonzalo Barrios es un intelectual a tiempo completo".
Por cierto, este "brotan de manantial sereno" está entrecomillado y es una cita de ese gran poeta que es Antonio Machado. Este es el retrato muy somero que podemos hacer de Gonzalo Barrios, ese segundón de primera como lo ha llamado Manuel Caballero. Corrijo: según lo que primero les acabo de decir, Manuel Caballero lo llamó un número dos de primera.
En la próxima parte del programa nos ocuparemos de Jóvito Villalba. Ya regresamos. Y yo recuerdo cuando se cumplieron los 100 años del nacimiento de Villalba que hubo opiniones muy interesantes.
También una larga entrevista a dos de los hijos de Jóvito Villalba, Palsides entre ellos; hubo un artículo de Simón Alberto Consalvi y también recuerdo el anuncio margariteño de unas festividades en la isla recordando al coterráneo. La verdad es que no mucho más. No mucho más.
Y cualquiera tiene la sensación de que faltó algo, pero eso es perfectamente villalbista, digámoslo así, porque ciertamente Villalba no alcanzó el poder. Y esto, en un político en Venezuela, es algo que deja su trabajo como en el aire, sin que el círculo se cierre. Pero no hay nada más injusto que esta creencia si tomamos en cuenta que muchos otros sí alcanzaron el poder y sus aportes fueron bastante menores que los de Villalba, de modo que este no es el punto.
Nadie pone en duda que Villalba fue un hombre valiente desde aquel discurso en el Panteón Nacional en 1928, en el que desafiaba a la dictadura de Juan Vicente Gómez invitando al Libertador a incorporarse a las luchas juveniles. Lo fue también hasta las elecciones a la Asamblea Constituyente de 1952, en tiempos de la dictadura militar. En esas elecciones, Villalba obtiene la más alta votación, pero Pérez Jiménez, como sabemos, le escamotió el triunfo y el líder margariteño dio pruebas de resistencia.
Por otra parte, la consigna "yo y mi partido, mi partido y yo" sembró en el imaginario colectivo la idea de que Villalba era un individualista empedernido. Y la verdad es que, a juzgar por los juicios que emitió a lo largo de su vida sobre sus adversarios políticos, era un hombre sin mesquindades. Eso se desprende en una estupenda entrevista que sostuvo con Alicia Freilich en su libro La Venedemocracia, quizás la más completa y aguda entrevista que quedó de Villalba.
Luego vamos a citar algunos fragmentos de esta entrevista. Y antes dije elocuencia refiriéndome a él, y aquí esplende otra simplificación histórica: en toda reseña biográfica que se lea sobre Jóvito Villalba se dice que fue un gran orador. O sea que era absolutamente cierta, pero esto tendió a minimizar sus otras virtudes.
¿Cuáles? Pues la del dialogante, la del buen negociador. Un hombre capaz de dejar de lado sus aspiraciones personales para apoyar al otro candidato, como ocurrió en las elecciones de 1958 y la candidatura de Wolfgang Larrazábal, al que él apoyó decididamente, quedándose él al margen. Esto del buen orador también minimiza otra virtud: en política en Venezuela es prácticamente una joya perdida, la de su honradez; nadie puede decir que Villalba se enriqueció durante sus alianzas con el poder constituido.
En tiempos del segundo Betancourt o del único Leoni, esta virtud se da como un hecho, como si no fuera señalable en un político venezolano, de que no se pueda señalar ningún acto de corrupción, y ese es el caso de Villalba. También lo fue el de Gonzalo Barrios, y también sus contribuciones. Se olvida con frecuencia que sin el concurso de URD en el Pacto de Punto Fijo y luego en la Ancha Base de Leoni, los dos primeros gobiernos en la democracia habrían pasado bastante trabajo sin el apoyo de URD y de COPEI, en el caso del Pacto de Punto Fijo y el gobierno de Betancourt.
Es cierto que fue un socio menor, pero hay socios menores que son muy valiosos, determinantes. También es cierto que URD no llegó a ser un partido político de masas, pero no es menos cierto que no parece que eso fuese lo que se proponía Villalba, sino ser una pieza importante en el sistema de partidos políticos venezolano desde una perspectiva nacionalista y pluralista. Quizás esto explica lo variopinta que fue la dirigencia urredista, donde había gente de izquierda, gente de derecha, distraídos, oportunistas y hasta militantes de muy buena fe, ¿no?
En esa entrevista a la que aludí antes, republicada en ese libro La Venedemocracia de Alicia Freilich de Segal, ella le viene preguntando por el gobierno de Rómulo Gallegos. Ese es un libro de 1978, y él le responde lo siguiente: "Yo lo que mantengo es que ningún gobierno democrático se viene abajo por obra de una conspiración, sino porque produce tales errores que provoca, a través de su conducta, una conspiración". Habla de un país como Venezuela en donde la democracia tiene raíces tan deleznables, pues tan débiles, y en donde hay una tradición de gobiernos de fuerza.
¿Por qué ocurrió el derrocamiento del gobierno de Gallegos? No solo por el factor subjetivo de que hubiera conspiradores, sino por el hecho de que se llevó a cabo una política que no le dio a la democracia el basamento de entendimiento y unidad que ella necesita para avanzar y fortalecerse. Y Alicia Freilich le repregunta: "¿Y no resultaba muy apresurado exigirle a una democracia tan incipiente, de tres años de vida?"
Y Villalba responde: "No se trata de exigirle perfecciones, las cuales, como usted dice, no podían producirse en una experiencia tan joven, pero sí de pedir una política que uniera a los venezolanos en torno al gobierno e iniciara en serio la solución de problemas del país, y debemos evitar que el cuadro de entonces se repita". Creo que hoy no tenemos propiamente un gobierno democrático, esto lo está diciendo si el libro fue publicado en 1978 la entrevista debe ser de 1977. Está gobernando Carlos Andrés Pérez y Alicia Freilich le pregunta por qué con asombro, y él responde: "¡Ah!, porque al Congreso lo controla el poder ejecutivo".
Y él agrega: "Porque el Poder Judicial no es independiente de la política. Porque el municipio no está funcionando. Hoy no tenemos instituciones democráticas; tenemos sí un ambiente de libertades, lo mismo que se consiguió el 23 de enero de 1958, pero nosotros hemos sido incapaces de organizar las instituciones y esa es una gran falla de la presente situación. En Venezuela no hay sino el poder absoluto del magistrado que es el presidente de la República".
Repito: Jóvito Villalba dice esto en 1977, en una entrevista publicada en 1978, y ella le repregunta después de que dijo esto: "¿Usted se refiere a determinado período presidencial?" Y él responde: "No, eso ha sido siempre porque no hemos llegado a cambiar el aparato político creado por Juan Vicente Gómez; la falla en la democracia actual es que se ha contentado con mantener el ambiente de libertades públicas, creado el 23 de enero del 58". Y ella le pregunta: "¿Y eso es por falta de tiempo histórico para madurar?"
Él responde: "No, yo no creo que por falta de tiempo, porque entonces se habría iniciado al menos la empresa de organizar a las instituciones democráticas. En estos 20 años no ha habido el primer ministro o director de instituto autónomo llevado a las cámaras e investigado por irregularidades administrativas ni juzgado, ni condenado públicamente". Repito, 1977. Y ella hace entonces una larga pregunta requiriendo de él dónde radica la falla esencial de esa incapacidad.
Y él le responde que no se resuelven porque no hay conciencia del problema, dice que hay una especie de conjura colectiva para no revelar el problema. Es muy interesante esto que dice Villalba. Y más adelante, sobre el mismo tema, conviene que les lea este párrafo también muy elocuente.
Dice: "No creo esa cuestión de edad en la democracia. Yo creo que no se le puede exigir a todas las democracias los años que pasaron los países avanzados para llegar a ciertos límites de eficacia. Esa no es una regla histórica; aquí hay un hecho que está interrumpiendo ese poder del Legislativo sobre el Ejecutivo: es una regla que afecta la organización en todos los partidos políticos venezolanos, una regla de sentido totalitario y no de la democracia pluralista. Según eso, en efecto, el compañero de partido no puede ni debe votar contra el compañero de partido cuando se trata de una investigación legislativa, y el compañero en el Poder Judicial no puede sentenciar contra su compañero de partido".
Bueno, estas son algunas de las observaciones de Jóvito Villalba en esta entrevista formidable de Alicia Freilich con él, en ese libro La Venedemocracia. Comencé hablando de él, recordando el centenario de su nacimiento y cómo, a mi juicio, las celebraciones fueron muy reducidas en relación con la importancia histórica del personaje. En la próxima parte del programa hablaremos de Arturo Uslar Pietri, ya regresamos.
Cuando Arturo Uslar Brown se refería a su padre lo llamaba cariñosamente el viejo Uslar. Y por eso yo me voy a permitir en estas palabras también llamarlo así, en recuerdo tanto del viejo Uslar como de su hijo, que fue mi amigo Arturo Uslar Brown. Bueno, hagamos algunas observaciones sobre Uslar, aunque su atildamiento confunda a mucha gente.
Uslar cultivó tormentosas y prolongadas pasiones; la primera de todas fue Venezuela, una obsesión que no lo dejó tranquilo nunca y que lo gobernó de manera despiadada. La obsesión venezolana de Uslar era a tiempo completo, pero esta pasión hubiera sido impensable si su objeto no hubiese tomado caminos tan distintos de los queridos por Uslar. Es la pasión que se alimenta de la contrariedad, de la terquedad, de la conciencia que su enamorado ha tenido desde muy joven de que su objetivo, o su objeto amoroso, caminaba hacia el abismo.
Esa era la percepción que tenía Uslar desde joven acerca de Venezuela, y cualquiera que revise su actuación pública encontrará el permanente llamado para enderezar el rumbo y de allí que podamos hablar de un extraño amor entre Uslar y Venezuela. Un enamorado señala, y el sujeto, es su amor, no escucha; por eso mismo es que el amor ha devenido en pasión, vamos a decirlo así. Hay alguien que clama por él, o ella, en este caso es Venezuela, y hay alguien que no lo escucha.
O lo escuchaba poco o no lo escuchaba suficientemente, aunque no puede decirse, sería injusto decir, que Uslar no fue profeta en su tierra. De hecho, a partir del cumpleaños ochenta de Arturo Uslar, en 1986, su palabra se convirtió en una suerte de conciencia nacional y hubo reconocimientos de todo tipo. Pasó a ser una suerte de profeta que encarnaba la voz de la autoridad, de modo que no se puede decir que la prédica de Uslar no fue atendida y que él no fue respetado y querido por su gente, por los venezolanos.
Lo que sí se puede decir es que es un personaje dramático porque hay una predicación permanente que no tiene consecuencias mayores, podemos decirlo así. Esta es la pasión mayor de Uslar: Venezuela. Hay otras pasiones también; de su vocación definitoria ha brotado un cuerpo ensayístico que disierne la naturaleza de Hispanoamérica con una penetración pocas veces hallada.
Las preguntas que se ha hecho en lo personal las ha trasladado al ámbito colectivo en relación con Hispanoamérica. Siempre Uslar, en sus ensayos, se preguntaba: "¿En relación con nuestro continente quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?" Eran interrogantes que han sido piedra de base de una obra literaria importante, como la de Uslar.
De eso no cabe la menor duda, ¿no? Hay una voluntad polígrafa en él que lo ha llevado a escribir obras de teatro, incontables artículos periodísticos. Sostuvo su columna Pizarrón cerca de 50 años, todas las semanas.
Y de su curiosidad humanística nacieron sabrosas crónicas de viaje por medio mundo, y además Uslar publicó dos poemarios tan extraños como reveladores de su personalidad y del ejercicio oral en la erudición que llegó hasta el televidente. Su versión de la historia de la comedia humana en aquellos programas legendarios con los que creció mi generación, me estoy refiriendo a Valores Humanos, era extraordinaria. Todas las semanas asistíamos al espectáculo de aquella elocuencia absoluta de un señor que disertaba frente a las cámaras haciendo pedagogía para las grandes audiencias.
Yo recuerdo al viejo Uslar: sin pestañar movía sus grandes manos, con un tono caraqueñísimo en su voz. Y ahí tejía un orden, una trama, organizaba el caos de una historia, ya fuese nacional o mundial, o de personajes, o coyunturas, o episodios. Nadie exagera si se afirma que en Uslar, en el viejo Uslar, ha encarnado el espíritu del humanista del siglo XIX venezolano.
De allí que su vida y su obra, en muchos sentidos, continúan los esfuerzos que en el siglo XIX hicieron Fermín Toro o Cecilio Acosta, por dar dos ejemplos. Y sin duda, con sus tareas como hombre público y escritor a la vez en el siglo XX, lo acompaña nada menos que Rómulo Gallegos, que fue un hombre público y un escritor también. La vida pública de Arturo Uslar es más dilatada y más compleja que la de Rómulo Gallegos, pero comparten eso.
Y también comparten ambos el hecho de ser, entre los dos, los escritores venezolanos más leídos y estudiados fuera de Venezuela. Cualquiera que vaya a una biblioteca en cualquier lugar del mundo y vea la sección venezolana, los primeros libros que va a encontrar son los de Gallegos y los de Uslar. De esto no tengan la menor duda, y sin embargo, por supuesto, se respetaban pero no comulgaban, no tenían el mismo credo en lo absoluto.
Y hay un momento en 1973 cuando Arturo Uslar va de viaje a Buenos Aires y lo presenta nada menos que Jorge Luis Borges, porque le han conferido el Premio Alberdi-Sarmiento. Y en ese acto Borges dijo de Uslar lo siguiente: "Presentar a Arturo Uslar Pietri es presentar a muchos hombres, porque nuestro huésped puede decir, como Walt Whitman, el escritor americano por antonomasia: Soy amplio y contengo multitudes". Lo que quería decir Borges con esto es que Uslar era el autor de una obra vastísima y que, entre esa obra vastísima de alrededor de 80 cuentos y casi una decena de novelas, había muchos personajes.
Y que esos personajes vivían en Uslar cuando dice "Soy amplio y contengo multitudes". De lo que está hablando es de la pluralidad en su personalidad. No está aludiendo a que Uslar fuese un hombre que en lo personal había cambiado muchas veces, porque no fue así.
Lo que está aludiendo es a esa cantidad de personajes que habitaron sus páginas y novelas, por supuesto. Es muy probable que lo que Borges hubiese leído, o lo que le hubiesen leído a Borges, porque Borges a partir de cierta edad perdió la visión y le leían sus amigas, sus compañeras. Es muy probable que lo que leyó, o le hayan leído de Uslar, son sus cuentos.
Y acaso alguna novela, pero no creo en su totalidad, porque Borges era un gran lector de novelas, más bien las desdeñaba; realmente Borges desdeñaba la novela en relación con el relato o el ensayo. De hecho hay una anécdota muy simpática de Borges y García Márquez, un poco cruel también: le preguntan a Borges qué le parece Cien años de soledad y Borges respondió: "Le sobran 50". Esto lo que quiere señalar es...
Y además Borges fue explícito en su desdén por la novela. Entonces creo que el conocimiento que tenía de Uslar iba por la vía de los cuentos; hasta aquí Uslar Pietri. En la última parte del programa, la más breve, hablaremos sucintamente de Teodoro Petkoff. Ya regresamos.
Nos referiremos ahora a Teodoro Petkoff, un líder político venezolano de la mayor importancia. Y recordemos que desde niños nos acostumbramos a su hablar de áspera crudeza, mientras la leyenda se alimentaba de sus hazañas. Se escapó del hospital militar en 1963 bajando por una cuerda desde un séptimo piso hasta la planta baja; huyó del cuartel San Carlos con un túnel al carnaval de 1967. Vislumbró antes que muchos lo que se escondía detrás del socialismo soviético, la bota militar del totalitarismo, y emprendió un camino democrático después de haber creído equivocadamente que la lucha armada era una vía posible.
Y ya entonces Petkoff escribía muy bien, como lo saben quienes saben que sin la escritura que acompaña la gesta política, la gesta no es completa. Petkoff, por supuesto, uno de nuestros personajes centrales, y en una oportunidad en 1990 yo le hice una entrevista. Y voy a leerles algunas respuestas de Petkoff que son sumamente interesantes.
Esa entrevista la titulé "Teodoro Petkoff: el comunismo soviético nunca fue una alternativa frente al capitalismo". Yo comencé preguntándole: "¿Cómo es la economía en un sistema socialista democrático? ¿Cómo funciona?, ¿cuáles son las posibilidades de la economía del mercado en este sistema?" Petkoff entonces respondió, en 1990.
Él dijo: "Creo que la podríamos definir como una economía mixta, en la cual resultan compatibles un sector estatal y un sector privado, sometidos a lo que podríamos llamar la acción de las leyes del mercado, tuteladas o cauteladas por el Estado. Creo que la experiencia nos ha demostrado sobradamente que el mercado resulta un mecanismo insustituible a la hora de atribuir los recursos en la sociedad, pero al mismo tiempo la experiencia nos ha mostrado que el mercado tiene una lógica darwiniana, es decir, el mercado conduce a la supervivencia del más apto y por tanto actúa como un polarizador de la sociedad". Entonces yo le repregunté: "¿La función del Estado es fundamentalmente ser tutor de los más débiles?" Y respondió Petkoff:
Respondió: "No se puede dejar a la economía librada a la acción irrestricta de las leyes del mercado, porque tiene una lógica que conduce a polarizar la sociedad y a desnivelarla, a hacerla muy injusta. Por tanto el Estado tiene que impedir el tipo de distorsiones sociales a que conduce la dinámica del mercado; ahora, desde luego, el Estado también tiene que asegurar, mediante los mecanismos de redistribución de la riqueza, mecanismos que aseguren a los sectores más débiles de la sociedad un grado de participación razonable, bienestar material y espiritual de la nación". Yo le pregunté: "¿Un Estado tutelar no implica un Estado burocrático, un Estado ineficiente per se por su naturaleza? ¿Eso es sorteable de alguna manera? ¿Dónde el Estado ha sido eficiente en sus intervenciones?" Y entonces respondió Petkoff:
Por ejemplo, en el mismo post scriptum de Checoslovaquia: el socialismo como problema, su libro capital, revela que la eficiencia que presentaba el modelo soviético en algunas áreas no era tal. Y entonces responde Petkoff: "Claro, porque el Estado soviético era un Estado omnipresente, omnicomprensivo, total". Es decir, toda la vida social del modelo soviético estaba estatizada.
Pero quizá uno podría mencionar el ejemplo sueco, el ejemplo austríaco y el propio ejemplo alemán, porque Alemania está muy marcada por los gobiernos socialdemócratas que ha tenido y por las propias experiencias de los gobiernos democratacristianos. Y es que, en definitiva, socialdemocracia y socialcristianismo tienen un punto en común en cuanto a que le asignan un rol al Estado. Aun cuando esta sociedad no es una sociedad socialista, el Estado tiene un rol muy importante, y no creo que sea ineficiente.
No creo que el Estado en general sea ineficiente, se está refiriendo a esos países europeos, por supuesto. Desde luego, sigue Petkoff, también habría que establecer cuál es el patrón para medir la eficiencia, porque si la eficiencia la vamos a medir con criterios estrictamente económicos, desde luego todos los Estados son muy ineficientes. Pero si utilizamos también patrones de carácter social, entonces es evidentísimo que hay una parte importante del gasto del Estado que no es un gasto reproductivo en el sentido estrechamente económico de la palabra y por tanto improductivo desde la óptica de un economista neoliberal.
Hasta aquí estas observaciones de Teodoro Petkoff, muy interesantes; estamos en 1990, acaba de caer el muro de Berlín y la Unión Soviética se está deshaciendo, se está haciendo pedazos. Y habla el autor de Checoslovaquia: el socialismo como problema, un crítico de ese mundo totalitario soviético que se estableció tanto en Rusia como en todos los países de Europa del Este. Hasta aquí el venezolano de hoy habla para ustedes Rafael Arráiz Lucca.
A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com o en Twitter, @rafaelarraiz. En la producción del programa me acompañan Inmaculada Sebastiano y Francisco Hill, y en la dirección técnica, Francisco Hill. Y ha sido, como siempre, un gusto hablar para ustedes; hasta nuestro próximo encuentro.