Venezuela: 1728-1830. Guipuzcoana e Independencia. Cap 9
102 años cruciales. Se funda la República de Venezuela.
Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. En nuestro programa anterior comenzamos a revisar ese episodio trágico de la vida política venezolana que ocurrió el 31 de julio de 1812, cuando el general Miranda es hecho preso por sus subalternos y entregado a Domingo de Monteverde. Y allí comienza la última etapa en la vida de Miranda que se va a extender hasta 1816, cuando muere en la cárcel de La Carraca, en Cádiz. En ese momento, como dijimos en aquella oportunidad, Casas, Peña, Montilla y Bolívar entregan a Miranda.
Comenzamos el programa citando una carta que le escribe Monteverde al Consejo de Regencia el 26 de agosto, es decir, menos de un mes después de los hechos. Les voy a citar un párrafo que dice: "Los que fueron contagiados, pero de algún modo obraron opuestamente a la maligna intención de los facciosos. En esta clase, excelentísimo señor, se hallan don Manuel María de las Casas, don Miguel Peña y don Simón Bolívar; yo no puedo olvidar los interesantes servicios de Casas, ni el de Bolívar y Peña". ¿A qué se refiere Monteverde?
¿Cuáles son los interesantes servicios que le han prestado al español Casas, Bolívar y Peña? Pues la entrega de Miranda, ¿qué otro servicio puede ser? Y entonces cualquiera puede preguntarse: ¿habría obtenido pasaporte el coronel Bolívar de parte de Monteverde sin haber prestado esos interesantes servicios a los que alude Monteverde en su carta? No parece probable.
También algunos se pueden preguntar: ¿de no haber hecho preso a Miranda y entregado a Cerveriz al reo habría corrido la misma suerte de éste? Seguramente. Si Bolívar, Peña, Casas y Montilla no entregan a Miranda, el destino de ellos iba a ser el mismo de Miranda o el de los otros líderes criollos que fueron también a la cárcel. De modo que la entrega de Miranda representa para estos jóvenes venezolanos la posibilidad de salvarse de la cárcel y de obtener un pasaporte.
Aquí, la historiografía se divide. Para los seguidores de Miranda, la entrega fue una infamia de Bolívar y acaso hubo error más desgraciado. Para los bolivarianos, la entrega de Miranda fue un paso necesario que tuvo que dar Bolívar para salvarse de la cárcel; de lo contrario no habríamos tenido el Bolívar que tuvimos. Nosotros lo apuntamos: es un momento muy poco afortunado para la vida de Miranda por razones obvias y para la vida del Libertador también, porque es un momento dilemático en el que él está en un disparadero moral y práctico, y toma la vía de salvarse a sí mismo entregando a Miranda, como lo certifica Monteverde.
Aquí no hay mucho que especular, eso fue así. Sobre este episodio hay muchas interpretaciones, como les decía anteriormente. Entre otras, nada menos que la de Carlos Marx, que escribe la entrada sobre Bolívar para la New American Cyclopedia, publicada en los Estados Unidos. ¿Qué es una entrada en una enciclopedia? Bueno, es una microbiografía de Bolívar escrita nada menos que por Carlos Marx, y allí Marx escribe una biografía muy dura contra Bolívar.
Dana, el editor, se lo reclama; le llega a decir que hay un tono prejuicioso en su nota. Contamos con una carta que Marx le escribe a Engels, su gran amigo, fechada el 14 de febrero de 1858. Esta carta ventila este tema, ventila que el editor le ha reclamado que ha escrito prejuiciadamente sobre Bolívar, y Marx le dice a Engels: "En lo que toca el estilo prejuiciado, ciertamente me he salido algo del tono enciclopédico. Pero hubiera sido pasarse de la raya querer presentar como Napoleón I al canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque". Esto es lo que dice Marx de Bolívar, por supuesto.
Tiene razón Dana en reclamarle, porque llamar a Bolívar el canalla más cobarde, brutal y miserable es sin duda una exageración y una injusticia. Por otra parte, ustedes se estarán preguntando: bueno, ¿y quién es Soulouque? Soulouque fue un autodenominado emperador de Haití entre 1849 y 1859; en ese imperio él se hizo llamar Faustin I, Faustino I. Y Soulouque se distinguió por una megalomanía incontrolable y una crueldad en el ejercicio del poder. Por supuesto, la comparación que hace Carlos Marx de Bolívar y Soulouque es muy injusta con Bolívar.
De modo que le cito este tema porque no deja de ser asombroso que Marx haya escrito sobre Bolívar y que haya escrito en unos términos tan duros, tan desdichados, tan contrarios a Bolívar, y que no haya matizado sus opiniones. Y al parecer uno de los momentos que más le molestan a Marx en la vida de Bolívar es este de la entrega de Miranda que es el que estamos ventilando, que es el que estamos refiriendo.
Por otra parte, Miranda rompe el silencio el 8 de marzo de 1813, unos nueve meses después. Cuando, estando preso en las bóvedas del castillo de Puerto Cabello, allí, sepultado en una oscura y estrecha prisión y sepultado con grillos, desde allí le escribe un memorial a la Audiencia de Caracas. Esta pieza es asombrosa por la serenidad con que Miranda está escribiendo, una serenidad extraña en un hombre que está preso, aunque ya han pasado nueve meses del acontecimiento en que sus subalternos lo han entregado a Monteverde. Y allí Miranda le atribuye al terremoto del 26 de marzo buena parte de la catástrofe y no le falta razón; ese terremoto fue devastador y jugó a favor de la reconquista española.
También le atribuye una importancia notable al alzamiento de los negros barloventeños, que él, como él lo llama, encabezados por José de las Lomas, a quienes los realistas les ofrecieron su libertad a cambio de aquel alzamiento. El tono de Miranda, dije antes, era sereno; pareciera de avenimiento, llamar a la serenidad y a la Real Audiencia para ver si algo puede ocurrir a su favor. En algún momento, en ese memorial, Miranda dice: "Familia sea los americanos y europeos, para que en lo sucesivo formasen una sociedad, una sola familia y un solo interés, dando Caracas al resto del continente un ejemplo de sus miras políticas y de que prefería a una honrosa reconciliación a los azarosos movimientos de la guerra civil y desoladora". Él se está refiriendo a las capitulaciones que él firma con Monteverde.
No podemos olvidar que Miranda es un hombre maduro, ya un hombre mayor que viene de muchas guerras en Europa y los Estados Unidos, en África incluso, y que es una persona que sabe que siempre es preferible, e incluso un mal acuerdo pacífico, a ir a la guerra. Pero estas visiones de la madurez van a contrastar con las visiones de la juventud representada por los muchachos que en ese momento eran Bolívar, Montilla, Casas, Peña, Soublette y Rivas. Estaban muy lejos de querer un avenimiento con los españoles y preferían el camino del enfrentamiento bélico.
No hay duda de que estas palabras que he citado son las palabras de un político curtido en foros civilizados como fue Miranda, son las palabras más de un político que de un guerrero. Como vengo diciendo, no son las palabras de alguien que busca la independencia a cualquier precio, sino de alguien que también la intenta por el camino de la negociación. De modo que eso es interesante señalarlo; Miranda en ese memorial también alude a la Constitución de Cádiz como un ejemplo de un texto constitucional moderno que no fue atendido ni respetado por Monteverde, por cierto.
Siendo esta la carta magna que estaba vigente, porque la Constitución de Cádiz fue aprobada por las Cortes el 19 de marzo de 1812 y los hechos que venimos refiriendo son de julio del mismo año. Esta constitución española tuvo vigencia dos años hasta el momento en que regresa al trono Fernando VII el 19 de marzo de 1814; cuando regresa Fernando VII, el espíritu absolutista vuelve por sus fueros. Él, de un plumazo, deja de lado esta carta magna, y esta carta magna consagraba la monarquía constitucional; él regresa al poder absoluto. La Constitución de Cádiz consagraba la separación de los poderes, el sufragio masculino indirecto, la libertad de prensa y la libertad de industria; era una constitución liberal e interesantísima que Fernando VII va a desconocer.
Esta constitución veremos más adelante cómo muchos la defienden y iba a ser el motivo por el que en 1820 la invoque el general Rafael de Riego, pero en otras circunstancias que veremos en su momento. En la próxima parte del programa veremos el accionar de Domingo de Monteverde ya al frente del poder de nuevo en Venezuela. Ya regresamos.
Decíamos en la parte anterior del programa que las acciones, el accionar de Monteverde no fue miel sobre hojuelas, sino que se posó una lista de calamidades como una lluvia interminable sobre los patriotas, dada la ferocidad de Monteverde. No le tembló el pulso para perseguirlos, encarcelarlos o despojarlos de sus bienes y aventarlos al exilio, y tómese en cuenta que el Consejo de Regencia desde España había designado a Millares, capitán general de Maracaibo, para encargarse del tema, pero Monteverde no le hace caso a Millares. Ningún caso, y decide avanzar; de modo que con esa tónica arrasadora es que entra Monteverde a Caracas el 29 de julio, vimos los sucesos del 31 en La Guaira.
El primero de agosto hace presos nada menos que al doctor Juan Germán Roscio, a Juan Pablo Ayala, al presbítero José Cortés de Madariaga, a Francisco Isnardi y otros notables criollos. Mientras eso ocurría, Bolívar discretamente estaba en la casa del marqués de Casalión hasta que logra salir a Curazao el 27 de agosto, gracias al pasaporte que había gestionado directamente ante Monteverde su amigo Francisco de Iturbe. Por supuesto, el pasaporte le va a ser entregado a Bolívar después de haber entregado a Miranda; antes, imposible.
Monteverde entonces se abroga el título de capitán general y a la Regencia, al Consejo de Regencia en España no le queda otro camino que reconocerlo, dada la ferocidad y la desobediencia de este capitán. Y esto es significativo porque, como les dije antes, el Consejo de Regencia había nombrado al infortunado Millares como capitán general y no le queda otra que designarlo de nuevo capitán general de Maracaibo. Esto está ocurriendo en octubre de 1812; para ese momento Monteverde ha nombrado como sus subalternos, sus lugartenientes, la gente más cercana a él.
A los canarios que eran sus paisanos; me estoy refiriendo al muy temido Eusebio Antoñanzas, a Pedro Asterloa, Antonio Tizcara, Pascual Martínez, a Francisco Cerveriz. De modo que allí había una actitud de compadrazgo, de nombrar a los canarios, canarios como él y feroces, que van a explicar después en buena medida. Va a tener resonancia, va a hacer eco después cuando Bolívar firme el decreto de guerra a muerte: esta barbarie con que Monteverde y los suyos arrasaron con los patriotas en las diversas provincias no se trata de una exageración mía ni de los historiadores, sino es algo bastante comprobado.
De hecho no voy a describirles escenas que son verdaderamente una carnicería que incluye violaciones, asesinatos de niños, robos y un etcétera largo que condena a la memoria de estos hombres a la mayor vileza. No voy a detenerme allí, sino simplemente lo consigno. Esta situación llegó a ser tan grave que la Audiencia caraqueña, en una reacción de dignidad, le informó a la Regencia el 9 de febrero de 1813 de los horrores que estaba cometiendo Monteverde y su pandilla en Venezuela.
Decir entonces que aquí se está viviendo una tiranía al margen de las leyes, la Constitución de Cádiz, era un eufemismo; realmente aquí lo que se estaba viendo era algo bastante peor que eso y respecto a la vida en todas sus capas etarias, porque pasaban por las armas a los niños y a los ancianos. De modo que hay ahí carne para el futuro decreto de guerra a muerte.
Mientras tanto Bolívar ya ha salido, como dije antes, el 27 de agosto; está en Curazao, allí permanece tres meses y pasa a Cartagena, donde va a firmar un documento que ha pasado a la historia como el Manifiesto de Cartagena. Firmado el 15 de diciembre de 1813 se titula Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño. Este texto, como les dije, se conoce como el Manifiesto de Cartagena.
Allí Bolívar va buscando apoyos. Antonio Nariño, prócer neogranadino, entonces era presidente de Cundinamarca y Camilo Torres era presidente del Congreso de Tunja, y deciden apoyar al coronel venezolano Simón Bolívar. Lo incorporan al Ejército de Nueva Granada con destacamento en Cartagena donde gobierna el doctor Manuel Rodríguez Torices; este lo destina al puesto de Barrancas a orillas del río Magdalena. Y Bolívar sin esperar autorización emprende una campaña con un grupo reducido de soldados; esa campaña busca despejar el río Magdalena de realistas.
La campaña es fulgurante, vertiginosa, inesperada, y ocurre entre el 23 de diciembre y el 8 de enero de 1813; entonces ese día toma Ocaña en una sucesión de éxitos. En febrero Bolívar recibe la invitación del coronel Manuel Castillo para combatir al general Ramón Correa en Cúcuta. Para allá se va Bolívar con 400 hombres que ya han reunido; el 28 de febrero vencen a Correa y el gobierno neogranadino lo autoriza para seguir hacia Venezuela. Esa autorización llega el 7 de mayo de 1813, cuando va a dar comienzo entonces la famosa campaña admirable.
Lo nombra brigadier y le entrega en el mando un batallón comandado por un hombre que va a ser importantísimo: Francisco de Paula Santander. Ese batallón estaba integrado por nada menos que Atanasio Girardot, Antonio Ricaurte, José Luciano de Luján, José María Ortega, Hermógenes Maza, Joaquín París y el inseparable bolivariano, el general Rafael Urdaneta. Entonces es probable que no fuese general Urdaneta. Esa campaña va a concluir el 7 de agosto de 1813 con la entrada triunfal a Caracas.
De modo que en la campaña admirable, con excepción de Urdaneta, que es un zuliano, los coroneles que van a estar con Bolívar como sus brazos van a ser todos neogranadinos. Antes de entrar en la campaña admirable detengámonos un minuto: no dejemos pasar el Manifiesto de Cartagena. Allí Bolívar se esmera en hallar las causas de la pérdida de la República y el acento ya no lo está colocando en Miranda. Esto es un hecho significativo; ya no es Miranda el culpable de que se haya perdido la república, sino la culpa la tiene la Constitución Federal.
Según Bolívar, esta va a ser la causa principal; obviamente eso no es cierto, pero es el argumento que encuentra Bolívar para defender el centralismo, que va a ser su tesis política desde el Manifiesto de Cartagena en 1813 hasta el día de su muerte en 1830. Bolívar fue un acérrimo defensor del centralismo y un acérrimo detractor del federalismo. Esto va a ser muy importante para bien y para mal, sobre todo para mal, en la historia de nuestras repúblicas, esta posición contraria de Bolívar a las formas federales.
Este centralismo bolivariano se va a ir acentuando hasta que llegue un punto cenital cuando Bolívar redacta la Constitución de Bolivia en 1826 y propone la presidencia vitalicia y hereditaria, que a todas luces es una tesis con visos monárquicos. En ese momento es que las diferencias con Santander van a pronunciarse mucho en Bogotá y va a ser un punto de inflexión en la vida de Bolívar. También vamos a ver a Bolívar en 1828, cuando asume la dictadura después de los atentados, sobre todo del atentado en Bogotá, donde casi pierde la vida. De modo que ese centralismo a ratos con visos autoritarios va a ser el que Bolívar defienda toda su vida desde el Manifiesto de Cartagena hasta, como les dije, el 17 de diciembre de 1830 cuando fallece en Santa Marta.
Como es natural, la invocación que hace Bolívar del centralismo en contra del federalismo está fundamentada en la idea de que la anarquía es lo que puede perder el esfuerzo republicano, y el antídoto contra la anarquía es el centralismo. La verdad es que el centralismo autoritario, no en este caso sino siempre, encuentra argumentos para imponerse. No estoy pensando solo en este momento, sino en el gendarme necesario de Laureano Vallenilla Lanz con la dictadura del general Gómez, por darles un ejemplo.
Claro que el otro argumento es la guerra y que en medio de una guerra siempre será preferible el centralismo y la unidad de mando que los trámites, diálogos y poder compartido suponen la estructura federal. La otra causa a la que alude Bolívar, y ahí coincide con Miranda, es el efecto devastador que tuvo el terremoto de marzo de 1812 que no solo afectó severamente a Caracas, sino toda la región centro occidental del país, dejando ciudades prácticamente en el suelo. De modo que este factor no lo olvida ninguno de los que piensan, de los que reflexionan sobre este período en el que se pierde la Primera República de Venezuela.
En la próxima parte del programa continuaremos revisando el Manifiesto de Cartagena y también veremos cómo concluye la campaña admirable y en qué consistió el decreto de guerra a muerte. Ya regresamos.
Referíamos, en parte anterior del programa, las causas que encuentra Bolívar para la pérdida de la Primera República, enumeradas y analizadas en el Manifiesto de Cartagena. Señalábamos que apunta al terremoto como una causa importante; desaparece Miranda como una de las causas que él había aludido al principio, no en un texto redactado por él. Y en el Manifiesto de Cartagena, por cierto, no señala la pérdida de la plaza de Puerto Cabello que estaba a su cargo y que fue el motivo por el que se perdió esa guerra; ni un hecho ni otro, sino el texto constitucional para él es la causa principal.
No deja de ser desconcertante que se pueda responsabilizar a una constitución de una derrota bélica, pero bueno ese es el argumento y eso es lo que va él a defender a lo largo de toda su vida. El centralismo. Voy a leerles un párrafo del manifiesto donde él las enumera, y es bastante explícito. Dice: "Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios. De lo referido se deduce que entre las causas que han producido la caída de Venezuela debe colocarse en primer lugar la naturaleza de su constitución, que repito era tan contraria a sus intereses como favorable a los de sus contrarios. En segundo, el espíritu de misantropía que se apoderó de nuestros gobernantes. Tercero, la oposición al establecimiento de un cuerpo militar que salvase la República y repeliese los choques que le daban a los españoles. Cuarto, el terremoto acompañado del fanatismo que logró sacar de este fenómeno los más importantes resultados. Y últimamente las facciones internas en realidad fueron el mortal veneno que hicieron descender la patria al sepulcro".
La cuarta y quinta son interesantes; del fanatismo al que él está aludiendo es el fanatismo insuflado por un sector de la Iglesia católica que ve en el terremoto un castigo divino hacia los patriotas, que están contraviniendo la voluntad de Dios, que supuestamente estaba a favor del monarca de acuerdo con el derecho divino de los reyes que se instituyó durante siglos en el mundo occidental, lamentablemente. Y la alusión a las facciones internas, bueno, es un tema que preocupó a Bolívar toda su vida: que hubiesen facciones que pensaban distinto y que contravenían la unidad de mando, esto él equiparaba esto a la anarquía, confundiendo un aspecto con otro.
Si prestamos atención a este párrafo aquí vamos a ver que está la tesis del centralismo y la unidad de mando, como les vengo diciendo. La misma que él va a levantar el 10 de diciembre de 1830, apenas siete días antes de morir, cuando alude a las separaciones de los partidos para alcanzar la paz e ilusión. Creo que la proclama dice: "Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, bajaré tranquilo al sepulcro". De modo que en esto hay una gran coherencia por parte del Libertador; hasta el último minuto de su vida le atribuye al faccionalismo una importancia enorme de la división. De modo que en esto hay coherencia.
No hay duda de que el faccionalismo en tiempos de guerra es un factor contrario al interés por el vencimiento en las guerras, pero el faccionalismo en períodos republicanos es el hecho natural de una república. Las repúblicas, por lo general, es consustancial a ellas que la gente no esté de acuerdo y se pongan de acuerdo por medio de instrumentos que favorezcan la paz, instrumento político que las favorezca. Pero ahora veamos, entonces, ya revisado el Manifiesto de Cartagena, veamos la campaña admirable, mayo de 1813.
Una vez que Bolívar recibe la licencia del Congreso neogranadino, avanza hacia Venezuela con el apoyo del Batallón Quinto, comandado por Francisco de Paula Santander e integrado por 500 soldados, más los 400 con que ya contaba Bolívar. De modo que estamos hablando de un ejército de 900 soldados, casi llegaban al millar. La sucesión de batallas es vertiginosa. El 13 de abril este ejército vence al Ejército español en La Grita; el 23 de mayo entra Bolívar triunfante a Mérida y allí es donde se le otorga el título del Libertador que él asume para siempre.
El 10 de junio, Girardot, Atanasio Girardot, el antioqueño, gloria de Medellín, toma Trujillo y el 14 llega Bolívar a Trujillo. El 15 de junio de 1813 firma el Libertador el Decreto de Guerra a Muerte, una pieza extremecedora que solo se puede comprender con lo que señalé antes de Monteverde, como lo primero que hay que señalar es que el origen de este decreto no es un capricho de Bolívar y que él mismo lo explica en el texto. Se trata de una venganza por los horrores cometidos por Monteverde; después de enumerar los horrores cometidos por Monteverde, el Libertador afirma, y les leo un párrafo: "Así pues, la justicia exige la vindicta y necesidad nos obliga a tomarla; que desaparezcan para siempre del suelo colombiano los monstruos que lo infestan y han cubierto de sangre. Que su escarmiento sea igual a la enormidad de su perfidia para lavar, de este modo, la mancha de nuestra ignominia y mostrar a las naciones del universo que no se ofende impunemente a los hijos de América".
Recuerden también que él va a decir en ese decreto: "Españoles y canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de América; americanos, contad con la vida aun cuando seáis culpables". Es estremecedor el decreto de guerra a muerte, pero solo puede explicarse el contexto de lo que ha hecho Monteverde, que no es coser y cantar. No son fiestas con papelillos, sino verdaderos desastres los que ha cometido Monteverde en su reconquista del territorio. Le señalaba antes que Bolívar coloca un ultimátum a los españoles y canarios, señalando que si no se suman a las fuerzas patriotas serán dados de baja.
No hay alternativas, no pueden quedarse neutrales, es lo que le está diciendo; tienen que sumarse a la fuerza patriota, de lo contrario van a ser dados de baja. Y los americanos, es decir a los venezolanos, porque el suelo donde están ocurriendo estos encontronazos es Venezuela, pero él ya está hablando de los americanos en su sentido integrador, los perdona, incluso en el caso de hallarse culpables de colaboración con los realistas. Allí donde está lo más estremecedor del decreto de guerra a muerte, que tuvo un efecto tremendo. La población fue contundente; a todo el mundo, patriotas y realistas, les queda muy claro que el general Bolívar, que el Libertador, venía en son de venganza y con mucha fuerza.
Y así fue. Muy bien, sigamos con la campaña admirable. La campaña continúa: el 18 de junio Girardot está en Carache, José Félix Rivas se suma a la campaña y avanza sobre Boconó; el 2 de julio tiene lugar la batalla de Niquitao, allí vence Rivas a las fuerzas realistas con el apoyo de Rafael Urdaneta y de Campo Elías. Rivas, el valiente Rivas, sigue hacia El Tocuyo y ocupa el 18 de julio la plaza de El Tocuyo, y avanza hacia Qüibor; en los Horcones tiene lugar otro triunfo de Rivas hasta que este entra victorioso a Barquisimeto.
Entonces los realistas se alarman, dicen: bueno, esta gente está avanzando. El 29 de julio se reúnen Rivas, Urdaneta y Girardot en San Carlos, una plaza que previamente ha ocupado Rafael Urdaneta. El 2 de agosto entran a Valencia, que ha sido abandonada por Monteverde. Monteverde sale despavorido ante las noticias que llegan de las victorias patriotas y huye hacia Puerto Cabello, y lo persigue Girardot.
Monteverde logra protegerse tras las murallas de Puerto Cabello. Es así como estos ejércitos patriotas que han librado batallas y las han ganado, conducidos por Urdaneta, Rivas, Girardot y Campo Elías, le franquean el paso a Bolívar, que va a entrar a Caracas el 6 de agosto de 1813. Entonces concluye la llamada campaña admirable; Bolívar la hace llamar así y así se consagra en la historiografía.
Sin embargo, Monteverde ha cuartelado en el Castillo de Puerto Cabello; espera la llegada de refuerzos realistas, y estos llegan en septiembre, el regimiento de Granada al mando de Miguel Salomón. Llegan cerca de mil hombres a reforzar al maltrecho ejército de Monteverde, que ha tenido que acantonarse tras las murallas de Puerto Cabello frente a la furia de Girardot que avanzaba hacia él. Entonces Monteverde decide recuperar Valencia y en Bárbula lo está esperando el ejército comandado por Atanasio Girardot, Luciano de Luján y Rafael Urdaneta, el 30 de septiembre de 1813. Pero estos hechos y otros los vamos a ver en la última parte del programa, cuando refiramos la batalla del 3 de octubre en Las Trincheras, donde Domingo de Monteverde es herido en la mandíbula, y el 30 de octubre, en Bárbula, veremos cómo vencen los patriotas y cuando lamentablemente Girardot colocaba el pabellón nacional en las cimas del cerro muere, cae de bala, herido por un balazo en el pecho; ahí muere un héroe neogranadino. Ya regresamos.
Dos días después de haber tomado Caracas, Bolívar le escribe al Congreso de Nueva Granada y les dice: "Desde la ilustre capital de Venezuela tengo el honor de participar a vuestra excelencia el restablecimiento de esta república que los heroicos sucesos de las armas de la Nueva Granada han sacado de la nada". Generoso, como siempre lo fue, Bolívar reconoce que la columna vertebral de la campaña admirable son los soldados neogranadinos. De eso no cabe la menor duda, aunque la participación del venezolano fue muy importante; estoy pensando sobre todo en Urdaneta y en Rivas.
Bueno, allí se restaura la República. Bolívar le solicita a Francisco Javier y a otros notables que lo ayuden con la redacción de las bases del gobierno provisorio, adaptado a la circunstancia. Pero muy pronto ese proyecto va a caer en letra muerta porque los hechos se van a precipitar, como veremos pronto, una vez restablecida la República. La actividad de Bolívar es frenética y se traduce en un conjunto de proclamas, órdenes administrativas, un trabajo asombroso y vertiginoso mientras las batallas continúan en otros lugares, y ahí entra a jugar el Libertador del Oriente que es Santiago Mariño.
Refiramos estos hechos: se reúnen 45 patriotas en el islote de Chacachacares. Redactan la famosa acta de Chacachacare y emprenden la campaña de Oriente al mando de Santiago Mariño. Esta ínsula, esta isla pequeña de Chacachacares, es de los Mariño; está muy cerca de Trinidad y es una de las muchas posesiones de la familia Mariño, que tenían una fortuna familiar colosal. Allí se despiden estos hombres de Concepción Mariño, la hermana de Santiago, y zarpan e invaden por Güiria y alcanzan la primera en una serie de victorias el 13 de enero de 1813.
El 15 están en Irapa; en ese ejército van los hermanos Bermúdez, nada menos que José Francisco y Bernardo, los hermanos Martínez, Juan y Francisco. Va nada menos que Manuel Carlos Piar, Juan José y Manuel Valdés, Francisco Javier Magiz, José Francisco Asuaje y Agustín Armario. Enfrentan a Cerveriz, el temible realista canario, uno de los lugartenientes del Monteverde, y es derrotado. De allí se dirigen Bermúdez y Piar a Maturín, mientras Mariño ocupa Cumaná en febrero; toman Maturín, los derrotan a los realistas, Monteverde trata de contenerlos y se enfrenta a Mariño y a Piar, vencen estos a los realistas.
Monteverde se recupera, insiste de nuevo, los vuelve a vencer Piar. De modo que hay una seguidilla de derrotas catastróficas para los realistas, para los españoles, y en Monteverde no le queda otro camino que correr hacia Barcelona. Mariño se dirige a Cumaná, darle combate a Eusebio Antoñanzas, y se rinden a su paso Cariaco, Carúpano y Río Caribe. Y el 3 de agosto de 1813 entra triunfante Mariño a Cumaná.
Por su parte en Margarita, José Francisco Guevara toma el mando, libera a Juan Bautista Rismendi y bueno, aquí se suma una nueva plaza en control de los patriotas. Navegan hacia allá Mariño y un joven cumanés que se suma al ejército, que va a ser un hombre extraordinario y que se llamaba Antonio José de Sucre Alcalá; el 19 de agosto navegan de Margarita a Barcelona y la toman. Y bueno, ya entonces la campaña oriental ha sido un éxito clamoroso y absoluto y se consagra Santiago Mariño como el Libertador de Oriente.
Mariño es un personaje extraordinario; la biografía de Caracciolo Parra Pérez de cinco tomos, si la memoria no falla, sobre Mariño es una obra monumental, un personaje fascinante, enigmático. Extrañamente siendo un personaje principal toda la vida le toca el papel secundario. La primacía le fue esquiva siempre; toda su vida tuvo el clamor de las victorias y los fracasos más estruendosos. De modo que es un gran, gran personaje; por eso Parra Pérez atiende sus hechos con tanta lupa, con tanta finura.
De modo que hacia finales de 1813 en Venezuela hay dos libertadores: Simón Bolívar, el Libertador de Occidente, y Santiago Mariño, el Libertador de Oriente. Lo que ocurre es que Bolívar ha tomado Caracas, cosa que no hizo Mariño, y eso le valió a Bolívar su primacía, su autoridad, porque ha tomado la capital, el corazón donde laten los hechos más protagonistas. Le faltó ambición a Mariño, probablemente sí; no tenía la agudeza política estratégica de Bolívar, eso es cierto. De modo que el propio Mariño lo va a reconocer así al final de su vida; sobrevive muchos años a todos estos hechos porque muere en 1854, pero en este momento, en 1813, Santiago Mariño es un protagonista principalísimo de todos estos hechos.
En nuestro próximo programa vamos a ver cómo esta república restaurada en 1813 va a perderse en 1814, pero esos serán los temas de nuestro próximo programa; el actual llega hasta aquí, hasta esta situación en la que Venezuela tiene dos libertadores, el de Oriente y el de Occidente, Santiago Mariño y Simón Bolívar. Ha sido un placer hablar para ustedes; me acompaña en la producción Mery Sosa y Víctor Hugo Rodríguez. En la dirección técnica, Víctor Hugo Rodríguez, Fernando Camacho. Y ustedes pueden escuchar estos programas cuando ustedes quieran, en la página de unionradiocultural.com; allí están colgados los programas Venezolanos para ser escuchados en cualquier momento y desde cualquier lugar del mundo. Me consiguen a través de mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com, a través de las redes, en Facebook y Twitter. Y ha sido un verdadero placer hablar para ustedes, nos vemos la semana que viene.