Venezuela: 1728-1830. Guipuzcoana e Independencia. Cap 15

102 años cruciales. Se funda la República de Venezuela.

Escuchar
Reproduce el episodio aquí

Transcripción

Aviso: puede contener errores de transcripción involuntariamente confusos y/o inexactos. Si encuentras algo, escríbeme.

Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. La semana anterior quedamos en el devenir de nuestro trabajo en la batalla naval del lago de Maracaibo, el 24 de julio de 1823, cuando capitula el capitán general español Morales. La verdad es que la batalla del 24 de julio de 1823 se fue urdiendo poco a poco a partir de enero, un proceso de seis meses, cuando el general Montilla ordena franquear la entrada por la Barra de Maracaibo para intentar tomar la ciudad por la vía lacustre.

En el interín en que esto ocurre se conoce la noticia de que ha zarpado a La Habana el capitán de navío Ángel Laborde y Navarro, al frente de una escuadra que viene a auxiliar a Morales. Esta noticia precipita la acción del almirante José Prudencio Padilla, quien logra vulnerar la barra y penetrar en el lago con sus fuerzas, y se adueña de la entrada del lago de Maracaibo sin alcanzar la ciudad. Es entonces cuando recala en los puertos de Altagracia, donde se repone de los daños sufridos y se prepara para la batalla final cuando ya Laborde está en el puerto de Maracaibo. ¡La batalla naval es vespertina!

Y dura algo más de tres horas. El almirante Padilla, como es sabido por todos, vence a Laborde y este, a su vez, logra escapar hacia Curazao, mientras que a Morales no le queda otro camino que capitular el 3 de agosto de 1823. Magnánimamente se les permite irse hacia La Habana y es entonces cuando el último capitán general de la Corona española en Venezuela es derrotado y aventado de tierra firme.

El único que queda de los generales de los tiempos de Pablo Morillo va a ser De la Calzada, quien está en Puerto Cabello, y lo vamos a referir de inmediato su episodio. Páez le ofrece capitular a De la Calzada; este se niega, no acepta la capitulación, lo que conduce a que el general Páez asalte el Castillo de Puerto Cabello y venza. En ese enfrentamiento van a morir cerca de 150 soldados realistas y muy pocos patriotas. Finalmente, De la Calzada capitula con un largo articulado el 10 de noviembre de 1823, y hay un hecho simbólico de la mayor importancia, y es que le entrega personalmente su espada al general Páez en reconocimiento de la victoria del país.

Con este hecho concluye la guerra en el entonces Departamento de Venezuela de la República de Colombia, no olvidemos que estamos en 1823. La bandera española es bajada del asta, De la Calzada es hecho prisionero y se le libera a comienzos de 1824, cuando también, magnánimamente, se les permite viajar desde Puerto Cabello a La Habana, que era la isla que estuvo en posesión española hasta casi comenzando el siglo XX. De ahora en adelante ha terminado la guerra, los asuntos del departamento de Venezuela serán exclusivamente civiles, aunque ese departamento está en manos de alguien sobre quien nadie discute su primacía, el general José Antonio Páez.

Estos años que vienen del 23 al 30 van a ser particularmente difíciles para Simón Bolívar, ya que terminada la guerra y todos inmersos en el mundo civil, pues los hechos se van a complicar mucho para el Libertador. Serán años de muchos problemas para él y, sobre todo, para su proyecto centralista. Van a ser los años en que Bolívar redacte de su puño y letra la Constitución de Bolivia, y allí consagrará un principio más monárquico que republicano, que es el de la presidencia vitalicia, y además intenta extrapolar este principio a la presidencia vitalicia de Colombia.

Por su parte, estos años de 1823 al 1830 para Venezuela serán los años de la consolidación del general Páez en su autoridad. También en estos años que hemos revisado, el año de 1820 es de la mayor importancia, repito, de la mayor importancia. ¿Por qué? Porque la rebelión de Rafael del Riego en enero en Cádiz, que se niega con sus 20 mil soldados a viajar hacia América, supone desobedecerle a Fernando VII.

Fernando VII, como dijimos en su momento, envía a unos generales a someter a Riego y los generales terminan de acuerdo con Riego, lo que conduce a que todo el generalato español obligue a Fernando VII a asumir la Constitución liberal de Cádiz de 1812. La rebelión de Riego conduce en el fondo a la pérdida de los territorios americanos; cuando eso ocurre, Pablo Morillo sabe que ha perdido la guerra, busca a Bolívar, lo reconoce, firma el armisticio y se va. Estaba perdido todo para España en América porque sin refuerzos era imposible que las tropas maltrechas, que ya tenían cinco años batallando en Venezuela porque habían llegado con Morillo en 1815, vencieran a un ejército patriota creciente y que venía ya de varias victorias.

Estos años que hemos visto también serán los años del ascenso o la estrella de Bolívar, sobre todo a partir de 1819, cuando, haciéndole caso a Francisco de Paula Santander, se decide por la conquista de Colombia. Y estos años que vienen del 23 al 30, como dijimos, serán los años del Bolívar civil, de las exigencias del hombre de Estado más que el hombre de la guerra. De hecho podemos afirmar que los problemas de Bolívar apenas comienzan porque mientras la guerra estuvo en pie y tuvo muchos problemas y los resolvió, la prioridad era la unidad de mando; ahora, cuando la guerra ha terminado y la prioridad es la organización de la república, la forma del Estado.

Y allí las diferencias entre Bolívar y sus compañeros de guerra fueron muy grandes porque Bolívar pretendía a un Estado centralista con una presidencia vitalicia y hereditaria, y Santander, y muchos otros, consideraban que eso no se avenía con el espíritu republicano. De modo que uno será aquel Bolívar que se impone sobre los jefes militares que le discutían su primacía por distintos medios, incluso el fusilamiento de Piar, y otro será el que tenga que lidiar con los abogados, con los pensadores, con los burócratas, con los administradores, a la cabeza de todos ellos en Bogotá, Francisco de Paula Santander. De modo que vienen tiempos complejos para Bolívar, como venimos señalando.

Después de la victoria de Ayacucho, Bolívar le ordena al entonces mariscal Sucre, porque ya le había sido conferido ese título máximo al joven Antonio José de Sucre, seguir hacia el Alto Perú. El Alto Perú es una región aislada con características propias de tal significación que resultó lógica la creación de una república allí. Además, había un problema permanente y es que las jurisdicciones sobre el Alto Perú se discutían con frecuencia tanto Argentina como el propio Perú, sin que se lograra una solución negociada sobre esto, y en consecuencia, dado su aislamiento, también fue una región proclive a ser un enclave de los realistas, de los españoles. De modo que la idea de conquistar el Alto Perú y convertirla en una unidad política y administrativa no era descabellada, de allí que al mariscal Sucre, una vez conquiste el territorio, convoca y esta asamblea se reúne, y allí se toma la decisión de que el Alto Perú sea independiente.

Esto va a ocurrir el 6 de agosto de 1825. Entonces escogen un primer nombre para esa nueva república: el nombre fue Bolívar, pero un diputado y sacerdote, Manuel Martín Cruz, tuvo un argumento de mucho peso. Él dijo: "Si de Rómulo, Roma; de Bolívar, Bolivia", y a todos les pareció convincente, incluido al propio Bolívar, a la distancia, quien a partir de ese momento se siente comprometido profundamente con aquella contribución definitiva a la eternidad de su gloria.

Recordemos que los países por lo general y los continentes todos tienen nombres femeninos, una vinculación entre la tierra y las mujeres, ambas como dadoras de vida; entonces tenía sentido, ¿verdad?, que de Rómulo-Roma y de Bolívar-Bolivia. Por eso la proposición del diputado Manuel Martín Cruz prospera. Recordemos que muy pocos países hoy en día conservan un nombre propio, desde el caso de Bolivia a Colombia, por supuesto, en homenaje a Colón; hubo otro país africano que se llamó Rodesia, en homenaje, digamos, a su conquistador que fue Cecil Rhodes, pero Rodesia desapareció y hoy en día esos dos estados se denominan Zambia y Zimbabwe. De modo que los dos únicos estados del mundo que yo recuerde en este momento que llevan nombre de alguien son Colombia y Bolivia.

Y el único estado que alude a otro, es decir cuyo nombre alude a otro, es el caso de Venezuela, que es un nombre que recuerda a Venecia, pequeña Venecia. Bueno, es así como la República de Bolivia va a dar sus primeros pasos y esta Asamblea Constituyente de Chuquisaca le encarga a Bolívar la redacción de la primera Constitución. Pero estos y otros temas vinculados con la creación de esta nueva república los veremos en la próxima parte del programa, ya regresamos.

Bueno, Bolívar en relación con la Constitución de Bolivia encuentra un terreno fértil para su centralismo, que era su proposición central en materia política. Recordemos que Bolívar le tenía horror a la anarquía y el centralismo él consideraba que era la vacuna contra la anarquía. De allí es que redacta una carta magna que establece la presidencia vitalicia del designado y la posibilidad de que este escogiera a su sucesor, que no fuera electo, sino que los presidentes de las repúblicas escogieran a sus sucesores.

Bueno, como era de esperarse, los neogranadinos que estaban formados en el pensamiento liberal se oponen porque evidentemente esta proposición tiene una impronta monárquica muy acendrada. El argumento central de los neogranadinos era que tenían años haciendo la guerra para derrotar a la monarquía española, ¿cómo ahora íbamos a instaurar una suerte de monarquía tropical, una monarquía a lo colombiano? Me refiero a lo colombiano en el sentido que estamos en la República de Colombia en 1826 y nosotros éramos, les recuerdo, un departamento de esa república. No obstante la oposición que hubo para la proposición de Bolívar en Bolivia, este hace aprobar su constitución y designa a Antonio José de Sucre presidente vitalicio, pero Sucre acepta, arregañadientes, ejercer la presidencia por dos años. Es propio de las características de personalidad del mariscal Sucre, en la extraña relación que él tiene con el ejercicio del poder, ya que el poder no era su gran fascinación, sus fascinaciones eran otras por lo visto, cosa que habla muy bien de él, pero tampoco podía decirle que no a su jefe, a Simón Bolívar, que lo ha distinguido designando al primer presidente de Bolivia.

Bueno, Bolívar, con su constitución en la mano, regresa a Colombia y pretende instaurarla allí, en la capital de Colombia, en Bogotá, y además pretende lo mismo en el Perú porque pensaba que esta constitución con presidencia vitalicia y hereditaria serían las soluciones tanto a los problemas de Perú como a los problemas de Colombia. Y realmente lo que hizo Bolívar con esa pretensión fue avivar las diferencias que sus compañeros de viaje tenían con él. Una carta de Francisco de Paula Santander, del 6 de julio de 1826, es bastante explícita y elocuente en relación a lo que les estoy señalando; le voy a leer un párrafo de la carta de Santander que es bastante explicativo. Dice Santander: "¿Quién es el emperador o rey en este nuevo reino? ¿Un príncipe extranjero? No lo quiero porque yo he sido patriota y he servido 16 años continuos por el establecimiento de un régimen legal bajo las formas republicanas en mi posición y después de que he logrado una mediana reputación sería la mayor iniquidad traicionar mis principios y faltar a mis protestas. ¿El emperador es usted? A Bolívar obedezco gustoso y jamás seré conspirador porque es usted digno de mandarnos, porque nos gobernará según las leyes, porque respetará la opinión sana del pueblo, porque es justo, desinteresado, filantrópico, etcétera; y después de su muerte, ¿quién el sucesor? ¿Páez, Montilla, Padilla? A ninguno quiero jefe supremo vitalicio y coronado. No seré más colombiano, y toda mi fortuna la sacrificaré antes de vivir bajo tal régimen".

Esta carta de Santander a Bolívar es extraordinaria, es una pieza con unas sutilezas notables que además pone el dedo en la llaga. Porque el único vitalicio que acepta Santander es Bolívar, mientras todos los demás que aspirarían a suceder a Bolívar, para él son inconvenientes, sobre todo en términos vitalicios como lo planteó el Libertador. En verdad era imposible de digerir la proposición bolivariana y, como veremos, va a ser el fruto de muchas desavenencias.

Por otra parte, las discrepancias entre el vicepresidente Santander y el jefe militar del departamento Venezuela, general Páez, venían entonces en aumento. Ya a Páez le había molestado la designación de Carlos Soublette como intendente cuando consideraba que le correspondía a él, pero se molestó todavía más cuando se designó a Juan Escalona como sustituto de Soublette y no a Páez. Esto crea un problema muy grave porque era imposible que Escalona pudiera ejercer autoridad sobre Páez, que era el jefe natural del departamento de Venezuela, y para colmo entre Escalona y Páez había una enemistad manifiesta.

Lo que a todas luces era un error cometido en la designación del intendente Escalona, sin embargo, Páez lo acepta arregañadientes, y aquí viene un episodio que origina otros hechos, vamos a relatarlo. En diciembre de 1824 un grupo de hombres armados intenta hacerse del armamento que estaba en el pueblo de Petare. De inmediato el general Páez interviene, dispersa los hombres y ordena juzgar militarmente a algunos prisioneros. Esto le parece impropio al intendente Escalona, ya que Páez toma esa decisión sin darle aviso a la Corte Superior de Justicia y a él, el propio Escalona.

Escalona le reclama este proceder a Páez y lo reclama en Bogotá también, y Bogotá le da la razón, ordenándole al poder militar entregar al poder civil los imputados. Pero cuando esta comunicación llega de Bogotá, Páez ya había indultado a los sujetos que había hecho presos en Petare, aquí hay un... viene otro. El vicepresidente Santander pide autorización del Senado para un decreto sobre conspiradores y el Senado lo autoriza y se sanciona el 17 de marzo de 1825. De inmediato la Municipalidad de Caracas le encarga al doctor Alejo Fortique un alegato jurídico reclamando la inconstitucionalidad del decreto, y esto viene a avivar más las diferencias entre la municipalidad caraqueña y Bogotá.

Otro desencuentro es el que ocurre cuando el comandante general Páez convoca, el 29 de diciembre de 1825, a la población de Caracas para un alistamiento militar. Este alistamiento lo solicitaba el poder ejecutivo desde Bogotá; pocos acuden a la cita y Páez se molesta particularmente, se denerva por la escasa audiencia. Este hecho conduce a que Escalona solicite una investigación, a todas luces Escalona estaba cazando al general Páez para cualquier resbalón sancionarlo, y esto hace el ejecutivo en Bogotá ante el Senado, y se suspende a Páez de sus funciones.

Y es más, el poder desde Bogotá le ordena al general Páez presentarse a Bogotá a rendir cuenta de sus actos. Páez no acata la orden, es sustituido por el general Escalona, lo que es tenido por la mayoría de los venezolanos como una ofensa muy grave porque el máximo líder militar en el departamento de Venezuela era el general Páez, eso no había duda. De allí que vemos cómo en estos hechos que les he ido relatando se va incrementando la tensión, la molestia, las desavenencias entre el general Páez y el poder ejecutivo en Bogotá. Finalmente ocurren los hechos del 30 de abril de 1826, cuando la Municipalidad de Valencia, reunida y argumentando que el pueblo había caído en un disgusto supremo como consecuencia de la separación del general Páez de sus funciones, acuerda por su parte restituirle el mando a Páez. Este es un hecho de una gravedad suprema porque está desacatando las decisiones del poder ejecutivo desde Bogotá.

Páez acepta y el 3 de mayo, por medio de una proclama, lo aceptan, y el 5 de mayo se suma a la misma proposición la Municipalidad de Caracas, reconociendo la restitución del general Páez en el poder. A estos hechos el pueblo los denominó La Cosiata, ¿de dónde viene esa denominación? Eso viene de una obra de teatro que entonces se presentaba en la ciudad de Valencia, Carabobo. Y en esta obra de teatro había un actor que declinara el verbo cosa, cosa, cosita, cosiata, y los hechos fueron designados con esa denominación de La Cosiata, porque pasaron en el mismo momento que la obra de teatro tenía mucho éxito allá en Valencia.

Es así como el 14 de mayo de 1826 el general Páez jura ante la Municipalidad de Valencia cumplir las leyes y hacerlas cumplir, y voy a citar exactamente: no obedecer las nuevas órdenes del gobierno de Bogotá, 1826. Bueno, aquí comienza a hacerse agua el proyecto de Colombia, el proyecto integracionista de Simón Bolívar. El 29 de mayo, en sesión solemne de la Municipalidad de Caracas, juran ante Páez, que ahora es autoridad civil y militar, las nuevas autoridades del departamento de Venezuela. Fíjense la gravedad del hecho, quien está designando las nuevas autoridades es el general Páez, no Simón Bolívar y no el vicepresidente Santander desde Bogotá.

¿Quiénes van a ser las nuevas autoridades? Santiago Mariño, segundo jefe militar; el doctor Cristóbal Mendoza, intendente. El doctor Suárez Aguado, provisor vicario capitular, y el doctor Francisco Javier Llanes como presidente de la Corte Superior de Justicia. Estos son los hechos, en la próxima parte del programa veremos qué otras consecuencias traen estas decisiones del pueblo venezolano y el general Páez, ya regresamos.

Los respaldos al general Páez en su voluntad separatista no cesan. Vamos a ver cómo una asamblea popular reunida el 5 de noviembre de 1826 en la iglesia de San Francisco, aquí en Caracas, solicita mediante voto popular que se instaure lo siguiente. Voy a citar: "El sistema popular representativo federal como se halla establecido en los Estados Unidos de la América del Norte, en cuanto sea compatible con las costumbres, climas y particulares circunstancias de los pueblos que forman la República de Colombia".

Tras esto están solicitando el federalismo para Colombia, no el centralismo. Evidentemente, el centralismo es lo que ha creado buena parte de todos estos problemas que hemos referido, porque la autonomía de las autoridades locales se ve muy reducida. Porque el espíritu centralista es precisamente eso, limitar las autonomías a las autoridades locales en aras de una autoridad superior y única, siempre trae muchos problemas del centralismo autoritario, y el caso de la República de Colombia en estos años no va a ser una excepción. Entonces se solicita la remisión del acta de esta asamblea que les acabo de referir al Libertador, y a él lo invocan como mediador de la solicitud.

Luego, a solicitud de Páez, se reúne otra asamblea popular el 7 de noviembre, dos días después, donde se asume una posición todavía más radical que en la de dos días antes. El 10 de noviembre se reúne otra asamblea popular, esta vez en Valencia, y el 13 del mismo mes de noviembre Páez señala por decreto la Constitución de los colegios electorales el 10 de diciembre y para el 10 de enero de 1827 la fecha de integración del Congreso Constituyente. Estas posiciones de Páez, por supuesto, tuvieron resistencia y mucha gente temió que se avanzara muy rápidamente hacia una guerra civil.

Estos hechos, en lo que llegan las noticias a Bogotá, provocan una queja muy enfática de Santander ante Bolívar, ya que Páez está desconociendo la Constitución de la República de Colombia y Santander le ruega a Bolívar que intervenga. Bolívar envía un embajador de avanzada que no es otro que Daniel Florencio O'Leary, y O'Leary viene a conversar con Páez para buscar una conciliación. Y están conversando durante diez días O'Leary y José Antonio Páez; O'Leary intentaba que Páez se acogiera a lo que disponía Santander como base en la Constitución vigente. Páez finalmente le dice a O'Leary, voy a citar: "Espero que el presidente no me forzara a hacer su enemigo y destruir Colombia con una guerra civil".

Bueno, aquí amenazas van, amenazan vienen, de modo que esa es la posición de Páez. O'Leary regresa a Bogotá y, derrotado en su proposición conciliatoria con el general Páez, Bolívar entra en cólera y el 11 de diciembre de 1826 le escribe una carta a Páez donde con su sutileza lo amenaza. Buscaba Bolívar ablandar al personaje antes de viajar, no lo sabemos, en todo caso voy a leerles lo que le dice Bolívar a Páez en relación con la situación planteada. Dice Bolívar: "Contra mí el general Castillo se perdió, contra mí el general Piar se perdió, contra mí el general Mariño se perdió, contra mí el general Riva Agüero se perdió y contra mí se perdió el general Torre Tagle. Parece que la providencia condena a la perdición de mis enemigos personales, sean americanos o españoles, y ve usted hasta dónde se han elevado los generales Sucre, Santander y Santa Cruz".

Muy bien, más allá de la carta, lo que realmente va a ocurrir es que Páez no se acoge a la Constitución vigente, pero sí va a reconocer la jefatura de Bolívar, todo esto lo vamos a ver en detalle luego. El Libertador va a darse por satisfecho con el reconocimiento del país y al hacerlo se va a crear un problema mayúsculo con Santander, quien siendo el hombre de las leyes no entendía que Páez no la cumpliera. Se saliera completamente de la Constitución.

Bueno, estos son los hechos de 1826 concomitantes con el Congreso anfictiónico de Panamá, que se convoca para el 26 de junio de 1826. El congreso estaba malhadado porque, entre otras cosas, las tensiones eran muy grandes: no solo la tensión con el general Páez que venimos relatando, sino las tensiones con Santander por la pretensión de Bolívar de establecer la Constitución de Bolivia en Colombia. De modo que era un ambiente de mucha tirantez política, poco propicio al éxito del Congreso de Panamá. El congreso tiene lugar, asistieron los delegados, pero la verdad es que nada de mayor importancia para el futuro se deriva de ese encuentro, más allá de complacer el sueño integracionista bolivariano.

La situación, como les decía, era muy tensa como para que el congreso produjese un acuerdo integracionista cuando lo que estaba ocurriendo era que la integración se estaba haciendo añicos en un barco que hacía aguas por muchos huecos. Bueno, finalmente Bolívar decide poner orden en Caracas y se mueve hacia Venezuela el 4 de enero de 1827. Esta va a ser la última visita de Bolívar a Caracas, va a entrar en medio de flores, arcos de triunfo, coronas de laurel, bambalinas y guirnaldas junto con el general Páez a Caracas. El 4 de enero de 1827, Bolívar, impresionado por el respaldo que recibía del general Páez, lo designa en un cargo que no figuraba en la Constitución vigente, vaya problema.

El cargo era jefe supremo; en verdad está reconociendo así el liderazgo del general Páez y colocándose al margen de la Carta Magna porque el cargo no figuraba allí, por supuesto. Cuando esas noticias llegan a Bogotá y a Santander, el hombre de las leyes, pues se lleva las manos a la cabeza porque Bolívar no solo no ha logrado meter en cintura a Páez, sino que ahora lo ha designado con un cargo que no existe. Lo que crea una situación muy difícil para el funcionamiento constitucional de la República de Colombia con sede en Bogotá. Bolívar va a permanecer seis meses en Caracas, es la última vez que viene a su ciudad natal, tenía muchos años sin venir, y va a poner orden en distintas ramas consolidando con su actitud el poder del país, mientras en Bogotá la oposición a la Constitución de Bolivia y al propio Bolívar iba en aumento, por supuesto.

Bueno, dicen que la realidad es un cuero seco. Él estaba sofocando la rebelión venezolana, respaldando a Páez, conjurando las posibilidades de una guerra civil, pero se le está prendiendo la candela en Bogotá, la candela de sus enemigos, que no querían implantar la presidencia vitalicia y hereditaria. Es evidente que lograba suspender en lo inmediato las separaciones venezolanas de la República de Colombia, pero por otra parte Bolívar ha debido comprender en su fuero interno que estaba colocando un paño caliente y que su proyecto integracionista estaba herido de muerte.

Va a partir de La Guaira el 4 de julio de 1827 rumbo a Cartagena, y de Cartagena va a subir a Bogotá por el río Magdalena. Este recorrido lo hizo Bolívar muchas veces en su vida, esto como les dije fue la última vez que Bolívar estuvo entre nosotros en Venezuela. Cuando llega a Bogotá no solo se encuentra con la recia oposición a su proyecto de Constitución de Bolivia, sino que en Perú también se oponen a su proyecto constitucional. Bueno, la negativa es seguir los designios del Libertador.

El Libertador lo entiende como un llamado a acelerar la marcha hacia un gobierno fuerte y hacia un gobierno dictatorial. Convoca la Convención de Ocaña para abril de 1828; en esa convención él busca modificar la Constitución de Cúcuta de 1821, empeñado en que la nueva constitución acoja las pautas de la Constitución de Bolivia, y poco a poco va comprendiendo que su proyecto está en graves dificultades. Además, las malas noticias para Bolívar no cesan: el 2 de marzo de 1828 se alza el almirante Padilla en Cartagena contra la dictadura de Bolívar y proclama la autonomía del puerto de Cartagena, nuevo problema para el Libertador. Pero Montilla sofoca el intento y a Padilla no le queda otro camino que moverse hacia Ocaña buscando la protección de Santander.

Bolívar considera que debe ser juzgado con todo el peso de la ley y fue enviado a una cárcel en Bogotá donde se le seguiría juicio. Esto molestó tremendamente a Santander y a los suyos. ¿Por qué? Porque Bolívar está pidiendo todo el peso de la ley para Padilla y no pidió el peso de la ley para Páez, y las faltas de Páez no eran menores. No solo no pidió el peso de la ley para Páez, sino que lo consagró como el jefe supremo de nuevo, que es un punto más en las molestias y las tensiones entre Bolívar y Santander para este momento.

Las relaciones entre ambos francamente estaban no solo tensas sino realmente rotas. Esa amistad que los había unido durante años no pudo obviar las enormes diferencias políticas que había entre ambos y por eso es que se decide la reunión de la Convención de Ocaña en abril de 1828. Esa convención soñaba con dirimir estas diferencias, estas tensiones entre Santander y Bolívar. Bolívar, para la convención, se traslada a un sitio equidistante entre Ocaña y Bogotá, y ese sitio es Bucaramanga. A través de su edecán Daniel Florencio O'Leary va a monitorear la convención.

O'Leary iba y venía todos los días a Ocaña e informaba al Libertador en Bucaramanga. Allí estuvo Bolívar en Bucaramanga durante los meses en que se reúne la asamblea y es allí cuando comparte muchas confidencias con un oficial francés llamado Luis Perú de la Croix. Perú de la Croix va a escribir uno de los documentos más importantes sobre Bolívar, un testimonio directo, que es el Diario de Bucaramanga. Es un documento de primera mano valiosísimo que nos permite conocer costumbres y opiniones de Bolívar en esta etapa final de su vida.

Estamos a dos años de su muerte, estamos en 1828, y ya Bolívar está en plan de hacer balances y recordar los hechos, y de juzgar sus actos, ver cuáles fueron positivos para su causa, cuáles no, dónde cometió errores, dónde tuvo aciertos. Todo eso hace en Bucaramanga, y Perú de la Croix anota. Además del hecho de radical importancia por la biografía del Libertador, vamos a tener que en la propia convención de Ocaña hay un forcejeo incesante entre bolivarianos y santanderistas, es decir, en este caso entre centralistas y federalistas. Hasta que la única solución que se iba asomando era la de ratificar la Constitución de Cúcuta, ya que no se ponían de acuerdo con una nueva constitución que incluyera las proposiciones de Bolívar.

Pero esa Constitución de Cúcuta se propone que se ratifique eliminando el artículo 128 que le confería poderes extraordinarios al presidente de la república. Esto Bolívar lo consideró inaceptable: no solo no estaban aceptando su proyecto constitucional boliviano, sino que le estaban quitando, arrebatando, la facultad de gobernar por decreto, de gobernar como dictador en términos de política clásica. Esto enardeció a Bolívar porque no solo era que había quedado tablas o empatados con Santander, sino que Santander estaba intentando arrebatarle un fuero de la mayor importancia. Bueno, esto no lo acepta Bolívar y ordena que sus seguidores se levanten de la asamblea y la Convención de Ocaña se termina sin ningún efecto el 11 de junio de 1828. No hay nueva Constitución, no se reformó la del 21 y sigue vigente la de 1821, la Constitución de Cúcuta.

Bolívar no iba a transigir en que lo despojaran de sus facultades para gobernar por decreto y el resultado es que Bolívar no ha podido reformar la Constitución de acuerdo con su voluntad centralista y el principio en la presidencia hereditaria, y tampoco Santander ha logrado lo contrario. De modo que fue un pleito, una batalla, que quedó en empate. Por otra parte, el 13 de junio en Bogotá un grupo de bolivarianos radicales encabezados por Pedro Alcántara Herrán reúnen una junta y le confieren poderes dictatoriales a Bolívar.

Esto fue en junio. En agosto se consagra la dictadura de Bolívar y Santander es separado del cargo de vicepresidente de la República y Bolívar lo designa como embajador de Colombia ante los Estados Unidos de Norteamérica. Santander acepta el cargo, pero realmente nunca lo desempeñó. No llegó a movilizarse hasta allá.

El 27 de agosto de 1828 Bolívar sustituye la Constitución de Cúcuta de 1821 por un decreto orgánico firmado por sí mismo que consagra la dictadura. Los considerandos de este decreto, que son muy interesantes, los vamos a leer en nuestro próximo programa porque en este no nos queda tiempo para leerlos y comentarlos, que es de la mayor importancia. Nuestro próximo programa será el último de esta serie, que se inició hace 15 programas. El próximo será el 16 y concluye la serie que abarca el período de la historia política venezolana de 1728 al 1830.

Ha sido un gusto hablar para ustedes y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Me acompañan en la producción Merizosa y Víctor Hugo Rodríguez, y en la Dirección Técnica. A escuchar los programas que están colgados en la página UniónRadioCultural.com, allí pueden escucharlos cuando quieran y desde cualquier lugar del planeta. Ha sido un gusto hablar y disertar para ustedes. Hasta la próxima semana.

Más de esta serie