Venezuela: 1728-1830. Guipuzcoana e Independencia. Cap 16 y último

102 años cruciales. Se funda la República.

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Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio, y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. En el programa anterior estuvimos revisando los hechos de la Convención de Ocaña, el 8 de abril de 1828. Y ahora, en este último programa de la serie, una serie de 16 entregas que ha abarcado el período histórico venezolano de 1728 a 1830, comenzamos con algunas de las consecuencias de la Convención de Ocaña.

La más importante va a ser que el 27 de agosto de 1828, Bolívar sustituye la Constitución de Cúcuta, que es de 1821, por un decreto orgánico firmado por sí mismo. Ese decreto consagra la dictadura bolivariana. Voy a leerles los considerandos del decreto de Simón Bolívar para que entendamos las razones que lo llevaron a desconocer la Constitución de Cúcuta y a erigirse en dictador, en los términos políticos que se denominaban en aquella época quien gobernaba por su voluntad propia.

Dice Bolívar... Considerando que desde principios del año 1826 se manifestó un deseo vivo de ver reformadas las instituciones políticas, el cual se hizo general y se mostró con igual eficacia en toda la República hasta haber inducido al Congreso de 1827 a convocar la Gran Convención para el día 2 de marzo del presente año, anticipando el período indicado en el artículo 191 de la Constitución del año 1821. Considerando que convocada la Convención con el objeto de realizar las reformas deseadas fue este un motivo de esperar que se restableciera la tranquilidad nacional, considerando que la Convención reunida en Ocaña el día 9 de abril de este año declaró solemnemente y por unanimidad de sufragios la urgente necesidad de reformar la Constitución, considerando que esta declaración solemne de la representación nacional convocada y reunida para resolver previamente sobre la necesidad y urgencia de las reformas justificó plenamente el clamor general que las había pedido y, por consiguiente, puso el sello al descrédito de la misma Constitución, considerando que la Convención no pudo ejecutar las reformas que ella misma había declarado necesarias y urgentes y antes bien se disolvió por no haber podido convenir sus miembros en los puntos más graves y cardinales, considerando que el pueblo en esta situación, usando de los derechos esenciales que siempre se reserva para libertarse de los estragos de la anarquía y proveer del modo posible a su conservación y futura prosperidad, me ha encargado la Suprema Magistratura para que consolide la unidad del Estado, restablezca la paz interior y haga las reformas que se consideren necesarias.

Considerando que no me es lícito abandonar la patria de los riesgos inminantes que corre y, como magistrado, ciudadano o soldado, es mi obligación servirla, considerando en fin que el voto nacional se ha pronunciado unánime en todas las provincias cuyas actas han llegado ya a esta capital y que ellas componen la gran mayoría de la nación. Después de una detenida y madura deliberación he resuelto encargarme, como desde hoy me encargo, del poder supremo de la República, que ejerceré con las denominaciones de Libertador Presidente que me han dado las leyes y los sufragios públicos. Hasta aquí, esto es, el decreto orgánico del Libertador para la asunción de lo que él llama el Poder Supremo de la República. Es así como Bolívar, el Libertador Presidente, asume el mando con base en la imposibilidad de la Convención de Ocaña de llegar a un acuerdo modificatorio de la Constitución.

La derrota sufrida en la Convención de Ocaña la convierte en las razones de la asunción de poderes dictatoriales y la centralización absoluta del poder en su persona. Por supuesto, sus opositores, que no eran pocos ni indefensos, reaccionaron rápido y en menos de un mes vimos las consecuencias: un atentado contra la vida del Libertador. Este va a ocurrir el 25 de septiembre de 1828. ¿Quiénes son?

Unos conjurados toman la decisión de asesinar a Bolívar, quienes estaban entre ellos de manera comprobada: Pedro Carujo, Ramón Guerra, Luis Vargas Tejada, Florentino González, Rudecindo Silva, Agustín Ormento, Enselado Sulaíbar, José Ignacio López y Pedro Asuero. A todos los que he mencionado se les comprobó su participación; fueron los que ejecutaron la acción en la noche del 25 de septiembre, en el Palacio de San Carlos, en la ciudad de Bogotá. La acción fue de la siguiente manera: este grupo irrumpe el Palacio de San Carlos y se topan con el edecán del Libertador, Andrés Ibarra, quien iba en camino hacia la alcoba, hacia el cuarto de Bolívar.

Este cuarto Bolívar en esa época lo compartía con su mujer, con Manuela Sáenz, quien para entonces ya se había separado definitivamente de su esposo, el doctor Thorne. En lo que Manuela advierte lo que está pasando, ella le dice a Bolívar que se escape por la ventana mientras ella distrae a los conjurados que vienen a buscarlo. Bolívar le hace caso, salta por una ventana y corre hacia el arroyo de la quebrada San Agustín.

Esto es en Bogotá y se esconde debajo de un puente. Como estaba en su alcoba, pues no estaba provisto de los abrigos necesarios, pasa tres horas debajo del puente tiritando de frío. En esas tres horas los conjurados son sometidos y derrotados, y Bolívar puede salir a la superficie después de tres horas debajo del puente.

En este triste episodio Carujo mata de un tiro a William Ferguson, que era otro de los edecanes del Libertador. Ferguson, en lo que ve la situación, viene en auxilio de su jefe y Carujo le dispara. Quien controla finalmente la situación va a ser el general Rafael Urdaneta y hace prisioneros a todos los participantes, los consigue, los apresa. Bolívar lo designa para presidir el Tribunal Militar que sigue el juicio y el juicio se hace de inmediato.

En esa oportunidad se acusan de haber sido parte del complot a Santander y al almirante Padilla. El 7 de noviembre de 1828 se expide la sentencia condenatoria y son ejecutados, pasados por las armas casi todos excepto tres: Carujo, Santander y algunos otros. Esos algunos otros son en este caso imprecisables porque eran personajes que formaban parte de la conjura pero de menor jerarquía y la historia no los ubica con exactitud. Entre los sentenciados vamos a tener nada menos que al almirante Padilla, es decir, el héroe de la batalla naval de Maracaibo.

Santander no es ejecutado sino que es enviado al exilio y es cuando se va a Europa, pero se va a Europa después de pasar meses preso en Cartagena. Y Carujo tampoco es ejecutado y se va al exilio en Venezuela; a ellos se les cambió la sentencia de muerte por el exilio. Bolívar, hay suficientes testimonios que llevan a pensar, no salía del asombro y fue entonces cuando afirmó que Manuela Sáenz, que fue quien lo salvó, de ahora en adelante, él la llamaría la Libertadora del Libertador. Ese título se lo gana Manuela por haberle salvado la vida, evidentemente, pero el atentado dejaba muy claro que la oposición a los proyectos bolivarianos era una oposición seria, tan seria que era capaz de atentar contra la vida del Libertador.

Esta oposición, como vimos en programas anteriores, comenzó con la proposición de la instauración de la Constitución de Bolivia de 1826 en Bogotá y va a ser en 1826 cuando comienzan a alimentarse las filas de los opositores a Bolívar. Y bueno, aquí tenemos una de las consecuencias de esa enconada oposición al Libertador: van a atentar contra su vida, en aquel 25 de septiembre de 1828, cuando Simón Bolívar se salva de milagro, lanzándose por una ventana en paños menores y escondiéndose debajo del puente de San Agustín, el arroyo de San Agustín en Bogotá. Cuando digo en paños menores quiero decir que estaba en ropa de pijama porque estaba dispuesto a dormir con su mujer, con Manuela Sáenz, y fue ese instante cuando irrumpieron los conjurados para dar cuenta de su vida. En la próxima parte del programa continuaremos con estos hechos de 1828 y 1829 y 1830, años en que Bolívar se despide del mundo; ya regresamos.

Veamos ahora, en esta segunda parte del programa, los hechos que conducen a la derrota de De La Mar y Guevara en el sitio de Tarquí por parte del mariscal Sucre, general Juan José Flores. Eso va a ocurrir el 27 de febrero de 1829 dentro del marco de la oposición a Bolívar. Esa oposición a Bolívar no solo se manifestó en el atentado de Bogotá, sino que se va a manifestar muy contundentemente en el sur de Colombia, donde allí la oposición a Bolívar era sempiterna, aguda.

Nos referimos a José María Obando que se alza en Popayán contra Bolívar y se le suma José Hilario López. Y ambos estimulan a De La Mar, que está al frente de Perú, para que la emprendiera también en contra de Bolívar. Bolívar por su parte se mueve de Bogotá hacia el sur a dialogar con Obando y lo convence de que depongan las armas.

Llegan a un acuerdo. Mientras esto está ocurriendo, el 27 de febrero de 1829, Sucre y Flores derrotan a La Mar y Gamarra en el Portete del Tarqui. Esto queda cerca de Cuenca, hoy día Ecuador, los peruanos habían invadido a Colombia en oposición a Bolívar. Es evidente que se había abierto una caja de Pandora y los demonios oposicionistas al Libertador, al centralismo bolivariano, estaban sueltos y haciendo de las suyas.

De hecho ya Gamarra había obligado a Sucre a renunciar a la presidencia de Bolivia en 1828. Lo que era un punto más de la descomposición del mapa que Bolívar había tenido en su cabeza y que estaba viendo cómo se deshacía. Por su parte, el Libertador, antes de ir hacia el sur a dialogar con Obando, dispuso que las elecciones para un Congreso Constituyente se celebraran en julio de 1829 y el Congreso se instalara en enero de 1830.

Este es un hecho importante porque al convocar a este congreso constituyente le ponía fin, le ponía fecha de caducidad, a la dictadura que estaba ejerciendo con los poderes supremos con lo que estaba ejerciendo mediante el decreto orgánico que él mismo había firmado. Con esto deshacía los comentarios malintencionados que señalaban que quería eternizarse en el ejercicio del poder. La verdad es que Bolívar nunca perdió el sentido de realidad y tenía conciencia de eso, de que la dictadura era una coyuntura en medio de la marcha normal de las repúblicas.

Pero la dictadura, la verdad, es que lejos de poner orden y ponerle freno a la anarquía que según Bolívar lo condujo para tomar esa decisión, pues lo que venía pasando era todo lo contrario, cada vez más rebeliones y manifestaciones de oposición a Bolívar y su proyecto. Eso lo va a hacer el general Córdoba, el general antioqueño Córdoba. ¿Quién va también a alzarse? Pero antes de relatarles esto fíjense este episodio tan curioso que va a ocurrir en Bogotá y es el siguiente: cuando Bolívar regresa en abril de 1829 a Bogotá se encuentra que sus seguidores le proponen que se erija en rey, incluso su Consejo de Ministros ya había hablado con representantes de Francia y el Reino Unido.

La idea que tenían en mente Urdaneta y los otros era que Bolívar fuese un rey al que al momento de morir lo sucediese a un príncipe europeo. ¿Por qué esta proposición llegó a caminar tanto como para que sus ministros incluso tantearan las autoridades diplomáticas de estos reinos europeos? Bueno, porque Bolívar le daba cuerda a estas proposiciones. No las negaba de raíz, no las negaba de plano y sus seguidores avanzaban hasta donde Bolívar se los permitía.

Ahora, ¿qué ocurre cuando la proposición ya estaba madura y solo se necesitaba la decisión de Bolívar para proceder a la monarquía? Pues que Bolívar no aceptó. No aceptó y además invocó los principios liberales, los principios republicanos y dijo que él no podía ser un rey, que eso no forma parte de su historia ni de sus proyectos.

La pregunta que a cualquiera le surge: bueno, ¿y por qué dejabas que la cuerda llegara tan lejos? No lo sabemos. En todo caso, volvamos a lo de Córdoba.

Bolívar designa a Daniel Florencio O'Leary al frente del ejército que va a enfrentar a Córdoba en el Santuario. Esto queda muy cerca de Medellín y esto va a ocurrir el 17 de octubre de 1829. Córdoba es derrotado y fue cruelmente ejecutado, innecesariamente cruel la ejecución por parte de Ruperto Hand.

Así es como muere el general antioqueño. Y las noticias corren como pólvora por toda Colombia y llegan junto con la noticia de que Bolívar comienza a presentar síntomas preocupantes en su salud. Mientras tanto, el Congreso Constituyente que se ha convocado se va a reunir a partir del 2 de enero de 1830 en Bogotá.

El Libertador Presidente se presenta al Congreso 15 de enero ya con la salud bastante resentida. Esto lo confirman muchos testimonios directos, sobre eso no cabe la menor duda, y Bolívar impone a Sucre como presidente del Congreso y al obispo de Santa Marta, José María Estévez, como vicepresidente. Y Bolívar designa este Congreso con un mote muy extraño, lo llama el Congreso admirable.

Realmente es extraño porque este Congreso no tuvo nada de admirable. Primero dura poco, sobre todo para el propio Bolívar, que acude a este congreso en medio de la mayor amargura porque está viendo cómo el mundo que él ha construido se viene derrumbando y así se refleja en el discurso de renuncia a la presidencia de la república y el abandono de la vida pública. En ese momento designa a Domingo Caicedo como presidente interino y se va.

Y Bolívar dice en ese discurso algo terrible, estremecedor, dice lo siguiente: con ciudadanos me ruborizo al decirlo, la independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de los demás. Bueno, por eso yo les decía antes que Bolívar nunca perdió el sentido de la realidad. Este hombre sabe que está viviendo una tragedia, un terremoto político, no se engaña y llega a decir esto, que es verdaderamente dramático.

Antes de eso había recibido ya carta desde José Antonio Páez en diciembre de 1829 y Páez le dice en esa carta que es imposible detener la voluntad separatista de Venezuela. Y que por favor proponga esto al Congreso. Bolívar no le hace caso ni lo propone; proponerlo hubiera sido muy doloroso para él, era el reconocimiento de su derrota, entonces él no atiende al llamado del general, pero sabía que lo inevitable estaba en marcha.

Y lo inevitable era la disolución de Colombia, que también los historiadores llaman Gran Colombia, y como hemos dicho muchas veces, no se denominaba así, era la República de Colombia. Bueno, en este mismo año de 1829 tienen lugar las asambleas que Bolívar convoca en agosto y a esas asambleas Bolívar las insta a que se manifiesten en cuanto a la Constitución, qué querían. Y esas asambleas se expresan a favor de la separación de Colombia y en contra de Bolívar. De modo que no va a ser el general Páez solo el que se oponga a la permanencia del proyecto colombiano, de Colombia la Grande, sino muchas las asambleas y mucha gente.

Y así es como la asamblea de Valencia va a designar a Páez para que consagre la separación de Colombia y convoque un Congreso Constituyente, el 13 de enero de 1830 está ocurriendo esto. Quiero aclarar que Páez estaba a favor de la separación de Colombia, pero Páez no estaba solo. La mayoría querían la separación de Venezuela de Colombia y algo muy elocuente es lo que dice el acta de la municipalidad de Valencia en 29 de noviembre de 1829, cuando el acta recoge serenamente la voluntad del cabildo y dice: Venezuela no debe continuar unida a la Nueva Granada y Quito, porque las leyes que convienen a esos territorios no son a propósito para este, enteramente distinto por costumbres, clima y producciones... y porque en la grande extensión pierden la fuerza y energía.

Muy bien, entonces así los hechos. Ya hay un documento oficial del cabildo de Valencia manifestándose a favor de la separación Venezuela y Colombia. Y la Constitución, o la reconstitución de la República de Venezuela, es así como el 13 de enero el general Páez asume el mando de acuerdo con el dictamen de la asamblea de Valencia y convoca a un Congreso Constituyente, así como a un Gabinete Ejecutivo.

En la próxima parte del programa veremos en qué consistió, qué decide ese Congreso Constituyente de Valencia. Ya regresamos. El Congreso Constituyente se instala en la Casa de la Estrella, en Valencia, el 6 de mayo de 1830 y de inmediato inicia deliberaciones.

El 13 de mayo, el departamento del sur de Colombia se separa y declara estado independiente; me refiero a Ecuador, y Ecuador entonces está al mando del venezolano Juan José Flores, nativo de Puerto Cabello. Estas noticias las va recibiendo Bolívar en su viaje hacia la costa colombiana, hacia donde se dirige con una derrota política y ya severamente enfermo. Se ha despedido para siempre del gran amor de su vida, Manuela Sáenz, a quien él llamaba mi adorable loca.

Se despide de ella en Bogotá y en julio va a recibir una noticia fatal: el asesinato del mariscal Sucre. Veamos este episodio. El mariscal Sucre comprende que su trabajo al lado de Bolívar pasa por un momento difícil, quiere regresar a Quito con su esposa Mariana Carcelén, la marquesa de Solanda, y con las pequeñas hijas de ambos.

Se va de Bogotá hacia Quito sin tomar el camino de Buenaventura en la costa del Pacífico colombiano que lo llevaría por mar a Guayaquil y de ahí subiría a Quito, sino que él prefiere irse por tierra. Y por tierra era obligatorio que pasara por Popayán y por Pasto, donde está enclavada la mayor oposición al proyecto bolivariano. Y es por allí donde lo asesinan, de cuatro balazos, muy cerca del bosque de Berruecos. Esto va a ocurrir la mañana del 4 de junio de 1830 y iba por la espesura de ese bosque con una comitiva muy pequeña.

Lo acompañaban diez soldados. Acerca de los autores materiales del asesinato de Sucre no hay la menor duda. Fueron Apolinar Morillo, José Erazo, Juan Gregorio Sarría, Juan Cusco, Andrés Rodríguez y Juan Gregorio Rodríguez, es decir, una combinatoria de guerrilleros mercenarios y gente de mal vivir.

Sobre los autores intelectuales sí hay una discusión álgida, pero hay varios datos esclarecedores. En 1839, nueve años después, se hace preso a Erazo por motivos diferentes al asesinato de Sucre y a su vez se interroga a Morillo, Apolinar Morillo, y este confiesa que actuaban con instrucciones del general José María Obando, como sabemos formaba parte del grupo de enemigos políticos del Libertador. A su vez hay cartas, fuentes documentales epistolares, que incriminan al general Juan José Flores, quien tenía un interés particular en que Sucre no regresara a Quito a discutirle su liderazgo, y además el general José Hilario López, todo indica que también forma parte de la conjura.

En cualquier caso es un asesinato por móviles políticos perpetrado por los enemigos de Bolívar, que veían a Sucre como su legítimo sucesor. Sobre este hecho, como les digo, han corrido ríos de tinta: algunos inclinan la balanza para inculpar a Juan José Flores, otros inclinan la balanza para inculpar a Obando, pero de acuerdo con lo que nosotros hemos investigado el contratista directo de los autores materiales fue Obando. Lo que no quiere decir es que Flores y López no estuviesen de acuerdo, porque hay cartas que los comprometen y los incriminan en la conjura.

Pero quien contrata directamente a los autores materiales es Obando; de esto entonces no hay mayores dudas. Apolinar Morillo, uno de ellos, fue ejecutado en la Plaza Mayor de Bogotá en 1842, 12 años después del asesinato de Sucre. Otros autores mueren antes o corren con una suerte distinta y no son ejecutados.

Sucre era, sin duda, el sucesor de mayores quilates con que contaba Bolívar para perpetuar su impronta. Pero esa perspectiva queda en el bosque de Berruecos, llevándose la vida de un hombre joven que apenas tenía 35 años. Esto fue muy duro para el Libertador. Fue una puntilla de los quebrantos que lo aquejaban y sigue su camino hacia la costa colombiana, de donde sueña con zarpar a Europa y dejar atrás todo este infierno que se ha ido creando para él.

Y viene batallando con esa afección pulmonar. En cuanto al concepto que tenía Bolívar del mariscal Sucre, era altísimo. Fíjense lo que le va a decir en una carta Bolívar a Santander, en 1825. Bolívar era un genio para resumir el carácter y la personalidad de la gente.

Le dice en la carta a Santander... Cuanto más considero al Gobierno de usted, tanto más me confirmo en la idea de que usted es el héroe de la administración americana. Se refiere a Santander. La gloria y Sucre son inmensas.

Si yo conociese la envidia los envidiaría. Yo soy el hombre de las dificultades, usted es el hombre de las leyes y Sucre el hombre generosísimo en la manifestación del reconocimiento de los valores y demás. En esto no existía ninguna mezquindad.

En todo caso es cierto que las victorias militares de Sucre fueron redondas, perfectas, y volvió a tener en alta estima la magnanimidad del mariscal Sucre con los vencidos. Tenía en alta estima el don de gentes de este gran humanista y su modestia, su notable modestia. La verdad es que Sucre es un personaje excepcional por donde se le vea, por sus virtudes personales, por sus virtudes de estratega militar, por su don de gentes, por su sentido magnánimo de la victoria, era un gran hombre sin duda.

Mientras esto está ocurriendo, como les decíamos antes, está el Congreso Constituyente de Valencia deliberando y concluye el 22 de septiembre de 1830. Ese día se sanciona la nueva Constitución Nacional que restaura la República de Venezuela, aquella que había sido fundada el 5 de julio de 1811 y que, por voluntad del Libertador, pasa a ser un departamento de la República de Colombia el 17 de diciembre de 1819. Para este momento, para el año 1830, la experiencia en cartas magnas venezolanas fue la de 1811 en Caracas y la de 1819 en Angostura, cuando el Congreso de Angostura, y la de 1821 en Cúcuta, que es lo que consagra la República de Colombia.

Las deliberaciones de este Congreso Constituyente no condujeron a la vuelta al federalismo en 1811, pero tampoco consagró el centralismo autoritario de la Constitución de Bolivia de 1826 y tampoco el centralismo de la Constitución de Angostura de 1819. Tenía de ambas impronta, algo de federalismo, algo de centralismo, más de centralismo que de federalismo. Con base en este texto constitucional, el 24 de marzo de 1831 va a ser electo presidente de la República de Venezuela otra vez el general José Antonio Páez, el hombre fuerte de Venezuela desde 1821 hasta 1847, probablemente el venezolano que más ha influido en los destinos del país por mayor tiempo.

El general José Antonio Páez. Y entre tanto, Bolívar va a morir en Santa Marta, como sabemos, el 17 de diciembre de 1830. Sobre los últimos días de Bolívar se ha escrito mucho e incluso películas recientes dan una versión distinta de los hechos conocidos.

Nosotros agregamos desde aquí que el deterioro de la salud de Bolívar fue paulatino y obviamente vinculado con problemas respiratorios que se comprueban fehacientemente en la autopsia practicada por el Dr. Alejandro Próspero Révérend. Dice Révérend en la autopsia, les cito literalmente: En su principio un catarro pulmonar que, habiendo sido descuidado, pasó al estado crónico y consecutivamente degeneró en tisis tuberculosa. Esto es lo que consagra la autopsia de Simón Bolívar Palacios.

La última carta que redacta Bolívar la va a dirigir el 10 de diciembre de 1830 al general Justo Briceño y ese mismo día hace su proclama final y su testamento, siete días antes de morir. En el testamento, por cierto, él dice literalmente: Natural de la ciudad de Caracas en el Departamento de Venezuela. Esto es curioso porque deja dos caminos aquí: uno, que ignoraba la refundación de la República de Venezuela al 22 de septiembre de 1830 no le había llegado la noticia, o que habiéndole llegado una noticia no la aceptaba.

Bueno, en todo caso era evidente que moría Bolívar con dos fracasos diáfanos en su proyecto político. Uno, la implantación de la Constitución de Bolivia en Colombia con sus ideas centralistas y hereditarias sobre el gobierno. Y dos, la separación de Colombia, Venezuela y Ecuador en tres repúblicas distintas y autónomas.

En las últimas partes del programa vamos a ver los últimos momentos del Libertador y lo que él le refiere en carta a Juan José Flores. Ya regresamos. Les decía, en la parte anterior del programa, que le escribe Bolívar una carta a Juan José Flores el 8 de noviembre de 1830.

Una carta desde la depresión. Fíjense lo que dice Simón Bolívar: Usted sabe que yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos. La América es ingobernable para nosotros; el que sirve una revolución ara en el mar la única cosa que se puede hacer en América es emigrar. Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles de todos colores y razas.

Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, este sería el último período en América. Evidentemente quien habla es un hombre abatido y no advertía con claridad lo que él mismo había logrado.

Entonces se manifiesta una vez más su aversión a la anarquía, que llevaba a Bolívar a no interpretar con claridad la manifestación de las ideas divergentes y el sentido en la confrontación abierta de las ideas. Recordemos que Bolívar estaba convencido de la necesidad de un gobierno fuerte, central, y veía en cualquier expresión disidente a su proyecto el germen de la disolución. Él veía que la existencia de partidos es la negación de la unión y veía en cualquier negativa a seguir sus designios como una expresión de traición.

Entonces, bueno, con una visión así la realidad se hace muy terca. La realidad se hace muy adversa y eso deprime mucho al Libertador, donde llega a escribir una carta como esta cuyo párrafo les leí, donde él ya todo lo ve negro, no advierte la grandeza de sus logros que no fueron pocos. Pero hemos dicho varias veces que Bolívar mantiene a lo largo de toda su vida un espacio lúcido, una interpretación de la realidad incluso en los casos en el que conducen a errores.

Fíjense que eso se desprende muy claramente de una de sus últimas cartas dirigida al general Rafael Urdaneta, que fue un hombre de una permanente fidelidad hacia Bolívar. Esa carta se la envía el Libertador desde Barranquilla a Urdaneta el 16 de noviembre de 1830; en ella afirma lo siguiente: Voy a escribir de nuevo sobre esto, rogándole a usted de paso que tampoco desoiga mis avisos en esta parte y que mejor es una buena composición que mil pleitos ganados. Dos puntos, yo lo he visto palpablemente, como dicen, el no habernos compuesto con Santander nos ha perdido a todos. Bueno, yo les vengo señalando que Bolívar no pierde el sentido de realidad y que ya al borde de la muerte lo escribió un mes antes de morir, tiene muy claro cómo el no haberse entendido con Santander desató toda esta tormenta política.

Y el entendimiento con Santander pasaba porque Santander no aceptaba la Constitución de Bolivia donde se consagraba la presidencia vitalicia y hereditaria, pero Bolívar tiene consciencia de esto y lo dice, se lo dice a Urdaneta en una de sus últimas cartas. Muy bien, aquí tenemos dos procesos en paralelo que llegan a su fin: uno es la enfermedad de Bolívar que lo lleva a la muerte, la tuberculosis, y el otro es la enfermedad de Colombia que le lleva a su disolución. La enfermedad de Bolívar no sabemos cuánto tiempo se incubó, pero los primeros síntomas se presentan meses antes de su fallecimiento, y la enfermedad de Colombia quizás estaba decretada desde la misma creación de la República, cuando no se hizo con un esquema federal sino con el esquema central. Y era muy difícil que los venezolanos aceptaran a pie juntillas las órdenes desde Bogotá sin ninguna autonomía.

Esos esquemas centralistas en los proyectos integracionistas suelen conducir al fracaso. Bueno, hasta aquí esta serie que nos ha ocupado 16 programas y hemos revisado la historia de nuestro queridísimo país entre 1728 y 1830. Hemos pasado revista a muchos hechos, los hemos enunciado y, en otros casos, les hemos hincado el diente. Hemos revisado aspectos esenciales cuando los hechos suponen acontecimientos con consecuencias importantes.

Concluye entonces esta serie. A partir del próximo programa estaremos iniciando otra serie y como siempre ha sido un placer muy grande hablar para ustedes en este programa y a lo largo de los 16 programas que constituyen la serie que hoy finaliza. Esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia, y les habla Rafael Arráiz Lucca. En la producción me acompañan Mery Sosa y Víctor Hugo Rodríguez, en la dirección técnica Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho.

Me consiguen a través de mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com, a través de Facebook y en Twitter arroba rafael agarraez. Y también los invito a escuchar los programas que están colgados en la página unionradiocultural.com. Allí pueden escucharlos cuando quieran y desde cualquier lugar del planeta. Como siempre ha sido un gusto discurrir y hablar para ustedes hasta nuestro próximo encuentro.

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