Venezuela: 1498-1728. Conquista y Urbanización. Cap 9

Una historia del período colonial venezolano.

Escuchar
Reproduce el episodio aquí

Transcripción

Aviso: puede contener errores de transcripción involuntariamente confusos y/o inexactos. Si encuentras algo, escríbeme.

Venezuela y cinco. Parte de ese período lo vamos a revisar hoy y comenzamos con la gobernación de Juan de Treviño y Guillamas, que continúa la labor fundadora peripatética, intensa, famosa de Francisco de la Hoz Berrío, aquí llamado el gobernador itinerante y fundador de pueblos. Treviño y Guillamas va a continuar esa labor no porque sea su expresa voluntad sino porque ambos están siguiendo las órdenes de una cédula real, que ordena de manera categórica la fundación de lo que entonces se llamaba los pueblos de indios. A Treviño y Guillamas le toca la fundación del pueblo de San Francisco de Paula de Choroní.

Consagrado ya entonces al cultivo el cacao y servido por un puerto en la desembocadura del río Choroní, Puerto Colombia, que es como se le conoce hoy en día, también le toca fundar San José y Santa Ana de Carayaca. Además, le toca fundar Nuestra Señora de la Victoria de Maiquetía y también Nuestra Señora de la Salud y el Buen Suceso de Naiguatá. Estos nombres son preciosos cuando son largos y cuando combinan voces indígenas con el castellano, como estos últimos casos de Carayaca, Maiquetía y Naiguatá, y Choroní también.

Treviño va a morir en el ejercicio del poder y, como era costumbre para esta fecha que estamos hablando, 1623, lo suceden los alcaldes ordinarios de Caracas, Alonso Félix de Aguilar y Alonso Rodríguez Santos, esperando que sea designado un gobernador interino por la Real Audiencia de Santo Domingo, que va a ser Diego Gil de la Sierpe, del que vamos a hablar con cuidado porque se trata de un personaje vidrioso.

Mientras tanto, Juan Pacheco y Maldonado asciende lo que era el corregimiento de Mérida a la gobernación porque pasa a ser gobernador de Mérida y La Grita en 1622. Veamos el caso de Diego Gil de la Sierpe, que es un caso paradigmático. Fíjense lo que ocurre: él es designado por la Real Audiencia de Santo Domingo y toma posesión el 12 de septiembre de 1623, y el 31 de diciembre de ese mismo año es hecho preso por el cabildo de Caracas. Que nosotros sepamos, esta fue la primera vez que ocurrió algo semejante, que el gobernador es hecho preso por el cabildo.

Bueno, tienen que haber sido muy grandes los desmanes, los agravios, los disparates, las tropelías que cometió Diego Gil de la Sierpe para que el cabildo tome la decisión de hacerlo preso y enviarlo a España, porque eso no formaba parte de las atribuciones del cabildo, pero ha debido ser muy grande la molestia. Sabemos que se le abre un juicio a Diego Gil de la Sierpe, es decir que las razones que invoca el cabildo caraqueño para hacerlo preso fueron suficientes como para abrirle un juicio, pero desconocemos el resultado en la península. Lo que sí sabemos es que siete años después, en 1630, se condena a los regidores del cabildo de Caracas por haber incurrido en un exceso en sus funciones: no estaba dentro de su función poner preso al gobernador. Sin embargo, por otra parte, es un ejemplo clarísimo de cómo el cabildo como institución política había tomado una fuerza muy grande.

Había tomado un lugar de preeminencia en la vida política de estas provincias, porque de lo contrario cómo es que un cabildo en reunión se atreve a enviar un contingente de hombres que hacen preso al gobernador y lo llevan esposado, maniatado a España. Esto no es concebible sino en un escenario en el que el cabildo ya ha tomado una gran preeminencia. A este gobernador que se excede, Diego Gil de la Sierpe, lo sucede Juan de Meneses y Padilla, que curiosamente tenía el título de marqués de Marianela.

¿Por qué curiosamente? Porque hasta esta fecha casi ninguno, no me atrevo a decir ninguno porque puede que se me escape alguno, pero en este momento ninguno de los gobernadores ostentaban títulos nobiliarios. ¿Por qué el rey envía un marqués a Caracas? Yo creo, entre otras razones, por lo ocurrido antes: es probable que pensara la Corona española que enviando un marqués, vamos a ponerle comillas, la altanería del cabildo caraqueño se viese mitigada frente a la presencia de un noble peninsular. Esa es la explicación que le encontramos a esta decisión, y ha debido ofrecerle la corona y el moro al Marqués de Marianela para aceptar venirse a Caracas.

En 1624, el destino caraqueño estaba muy lejos de ser el destino de México o de Lima o de Bogotá, que eran destinos muy apetecidos porque se trataba ya de ciudades de cierta envergadura, cosa que Caracas para 1624 obviamente no era. Junto con Meneses y Padilla, la Corona envía un juez pesquisidor que hace la pesquisa de lo que ocurrió con el cabildo y Diego Gil de la Sierpe.

Y el juez toma la decisión de hacerle pagar a los integrantes del cabildo una multa y a algunos de ellos los hace presos; se ve a todas luces que la Corona quería sentar un precedente en relación con lo que había ocurrido antes. Si bien es cierto que Gil de la Sierpe se había excedido, si la Corona aceptaba que los cabildos destituyeran y pusieran presos a los gobernadores, pues el principio de autoridad iba a quedar sumamente vulnerado. Y se ve que la Corona quiso sentar un precedente enviando el juez y multando y apresando por un período a los regidores del cabildo. A Meneses también le va a tocar en su gobernación, que dura de 1624 a 1630, enfrentar la última resistencia indígena que van a encontrar los españoles en Venezuela.

Nos referimos a la resistencia de los jirajaras en Nirgua, entre 1625 y 1628. Y ahí va a pasar algo todavía más interesante que lo que les he referido en relación con el cabildo y el gobernador Diego Gil de la Sierpe. ¿Qué va a ocurrir aquí? La campaña que encabeza Meneses dura casi tres años, ha levantado un cuartel para enfrentar a los jirajaras, finalmente son vencidos hacia finales de 1627 y entonces Meneses funda en enero de 1628 la ciudad de Nuestra Señora la Victoria del Prado de Talavera.

Y al hacerlo se lleva una sorpresa porque los integrantes de su ejército, en su mayoría mestizos e indígenas, le envían una carta amenazante a Meneses. Fíjense cómo se están poniendo las cosas en estos territorios. Les leo un fragmento de la carta, les repito, sus soldados le dicen esto a Meneses, al capitán general y gobernador: "Nosotros hemos conquistado este hermoso suelo con nuestro valor, con nuestra abnegación, nuestros sacrificios. Tú no has traído más que tu espada y ¿qué vale la espada de un aventurero? Piénsalo con calma y madurez, y ve si tu cabeza está bien asegurada en tu cuello".

Bueno, imagínense, esto es una amenaza directa a Meneses. ¿Qué pedían estos señores junto con una amenaza tan incisiva? Pues que se les dejara al frente del pueblo recién fundado, que se repartieran tierras y solares entre ellos. Es decir, no estaban pidiendo nada distinto a lo que se le otorgaba a los españoles cuando fundaban ciudades en el siglo XVI.

¿Cuál era entonces la diferencia y por qué la amenaza? Bueno, porque la gran mayoría de ese ejército de Meneses estaba integrado por pardos, por mestizos y por indígenas. Y se suponía que no tenían derecho a lo que estaban reclamando. ¿Qué alternativa le quedaba a Meneses? ¿Negar aquello y tener enfrente así un ejército enardecido?

No, Meneses no tuvo alternativas porque estaba en minoría y lo único que logra es que no designa a Andrés Román, quien está encabezando la petición, sino designa a otros, pero igualmente de la misma condición social que Andrés Román. De modo que Meneses tiene que dar su brazo a torcer, nada más lógico del reclamo que están haciendo los pardos e indígenas en el sentido de que se les encargue a ellos la conducción de ese nuevo pueblo que se han ganado a brazo partido porque el cuartel, el sitio de Nirgua dura tres años hasta que finalmente son doblegados y sometidos los jirajaras.

De modo que no están pidiendo nada descabellado. Eso es lo que va a ocurrir: esta situación revela ya unas tensiones importantes en el seno de la sociedad colonial, unas tensiones cada vez mayores, y revela que los peninsulares son una minoría. Y que la mayoría, que son los pardos, y los indígenas y los mestizos en general, están haciendo valer sus derechos o sus peticiones a fuerza de reclamos que la Corona no va a tener otra alternativa que reconocer.

Cuando Meneses regresa a Caracas en 1628, después de estos tres años batallando en las inmediaciones de Nirgua, van a encontrar el desafío de los holandeses. No solo en La Guaira sino en Margarita, Coche, Cumaná y Araya, pero ese episodio holandés es algo que veremos en la próxima parte del programa. Ya regresamos.

Decíamos en el segmento anterior que los holandeses van a comenzar a ser un dolor de cabeza para la Corona española y en la provincia de Venezuela. Vamos allá al desafío permanente de los holandeses en Puerto Rico primero, en 1625. Pero esa misma escuadra que ataca a Puerto Rico se trasladó hacia Margarita, acercándose a lo que era su objetivo final. ¿Cuál? Las salinas de Araya.

¿Por qué la sal era tan importante? Pues porque la sal era la nevera de aquellos tiempos. Era la manera como se tenía de conservar los alimentos, no solo por sus funciones de aderezo y funciones esenciales en la gastronomía sino porque la nevera de su época, y en la península de Araya había sal en grandes cantidades. Y los holandeses lo sabían y venían sistemáticamente con sus barcos a llevarse la sal de Araya.

Los españoles no tenían cómo impedir que esto ocurriese de una manera eficiente, por eso es que deciden construir un fuerte en Araya. Esa decisión es de 1622 y comienza a construirse el castillo en 1623. Y hacia 1625 estaba terminado ese fuerte; se denominó Santiago de Arroyo de Araya y tuvo como arquitecto a Juan Bautista Antonelli y algunos de sus hermanos.

Los Antonelli los ha trabajado muy bien el gran historiador de la arquitectura colonial venezolana que es Graciano Gasparini. Hay un libro de Gasparini sobre la obra de los Antonelli en el Caribe. Me refiero a la obra de construcción de estos fuertes con sus baluartes y con toda su parafernalia guerrera, el sitio para los cañones, las garitas, etcétera.

Pues esto va a terminarse, el fuerte, como les decía, en 1625. Los holandeses intentan impedir la construcción del fuerte y enfilan hacia allá en 1623 a 40 navíos de batalla, pero después de dos meses de refriega y encontronazos pierden los holandeses frente a los españoles, quienes además le dieron muerte al capitán holandés. Mataron la culebra por la cabeza, como se dice en criollo, y esto facilitó la derrota holandesa; sin embargo, los holandeses no dejan de insistir en el tema de la sal de Araya hasta que finalmente desisten.

Y el fuerte tiene un destino muy extraño porque en 1684 padece gravísimos daños por un terremoto y en 1725 prácticamente lo arrasa un temporal huracán. En 1761 el gobernador de Cumaná toma una decisión desgraciada a mi juicio y es que decide volar el fuerte y abandonar el pueblo que había crecido alrededor del castillo de Araya. Es una decisión incomprensible a mi juicio, porque la sal seguía allí y a quién estorbaba que el fuerte estuviese en pie.

La razón que se aduce para la voladura del fuerte es que si no se vuela el fuerte va a ser tomado por los holandeses y que es preferible que el fuerte no exista a que el fuerte abandonado por los españoles sea tomado por los holandeses. No obstante, es una lástima: del Castillo de Araya, como popularmente se le conoce, no queda ni un ápice después de la voladura de 1761. Este período del que venimos hablando, 1620, 1626, etc., 1630, va a ser un período en el que comienzan las pérdidas sustanciales de las islas españolas en América y se pierden a manos de los holandeses o ingleses.

Por ejemplo, los ingleses se apoderan de San Kitts en 1623, de Barbados entre 1624 y 1625. Y desde allí inician la ocupación de Nevis, de Barbuda, de Antigua y de Montserrat, que las obtienen entre 1624 y 1628. Algunos años después se hacen de la más grande, de Jamaica, en 1655.

Por su parte, los franceses se apoderan de Guadalupe y Martinica en 1635, de Santa Lucía en 1650 y de Haití en 1664. A todas luces para los españoles era cada vez más difícil preservar el dominio sobre las islas, y en particular había unas islas a las que ellos les tenían un mote extraño, que eran las islas inútiles. Llamaban las islas inútiles a Aruba, Curaçao y Bonaire, aquí enfrente de nuestras costas.

Pues bien, al gobernador del que venimos hablando, Juan de Meneses y Padilla, lo sucede Francisco Núñez Meleán, que va a ser gobernador entre 1630 y 1637. Y apenas llegando le toca enfrentar una situación bélica con los holandeses en la isla La Tortuga. Habían tomado posesión de la isla los holandeses y se estaban llevando la sal tranquilamente.

Por ello arma una escuadra en La Guaira con más de un centenar de voluntarios, y enfrenta a los dos barcos, las dos urcas que como técnicamente se llamaban estas embarcaciones de los holandeses, le da muerte a algunos, apresa a otros. Y bueno, comienza con este pie el nuevo gobernador Francisco Núñez Meleán. También Núñez Meleán se esmera particularmente en que rindan más las minas de cobre de Cocorote y de Aroa, que van a ser las minas que después pertenecieron a la familia Bolívar y que fueron de las últimas posesiones que quedaron en manos del Libertador, su hermana, María Antonia.

Él se va a esmerar muy particularmente. De hecho, cuando los Bolívar aspiran al marquesado, el que aspiraban era el de marqués de Cocorote, en alusión a sus dominios sobre estas tierras jaracuyanas donde estaban estos placeres de cobre. A su vez, Núñez Meleán se esmera también en fortificar mejor el fuerte de La Guaira, valga la redundancia, y se trae seis cañones desde La Habana.

También a Núñez le toca enviar refuerzos a Curaçao, porque Curaçao ya para esta fecha en que el gobernador está siendo ocupada por los holandeses y se necesitan refuerzos por parte de la Gobernación de Venezuela, en tierra continental, que se trasladen, que naveguen hacia las llamadas islas inútiles. Y en particular a la más grande de ellas, Curaçao, para recuperar la cosa, que no se logra en ese momento. Por el contrario, lo que ocurre es que los holandeses toman posesión de Curaçao definitivamente en 1634, digo definitivamente porque desde ese momento toman posesión aunque unos años después el gobernador que lo sucede, Ruy Fernández de Fuenmayor, intenta recuperar Curaçao, como veremos luego.

Vemos entonces cómo ya los holandeses no se conforman con la posesión de la isla de San Martín, sino que le han puesto el ojo a las tres islas que están enfrente de Venezuela y toman posesión de Curaçao en 1634. Por el contrario, San Martín la pierden y la recuperan y finalmente queda como está hoy en día la isla, que es la mitad de Holanda y la mitad Francia. Pero bueno, todo esto nos señala que era un hecho que los holandeses estaban buscando posesiones en el Caribe, en particular aquellas en las que hubiese abundancia de sal, como era el caso de la península de Araya en Venezuela.

La decisión de invadir a Curaçao consta en las actas y los registros para la Compañía de las Indias Occidentales de Holanda; es una decisión que toman en abril de 1634 y encargan la operación a Johannes van Walbeeck y pisan tierra curaçoleña el 28 de julio de 1634. Y dicen, se leen las actas: aprueban la toma de la isla de Curaçao a fin de tener un lugar adecuado para adquirir de allí sal, madera y otros productos y para traer a las Indias Occidentales carne.

Por supuesto, la noticia corre como la pólvora y llega a las Cortes españolas, y se toman medidas para recuperar la isla de Curaçao. Se le encarga al gobernador que haga una inspección de la situación militar; este se moviliza en enero de 1636 y revisa la situación. Y a su vez parte de España una expedición encabezada por López de Oces y Córdoba que tiene por objeto recuperar las islas.

Pero con la inspección militar que ha hecho el gobernador y una vez la expedición ubicada en Cumaná, advierten al parecer que la fuerza holandesa era superior a la española. Eso es al menos lo que ellos alegan, pero tiempo después la documentación ha dicho que no, que los holandeses les hicieron creer que tenían una fuerza mayor de la que tenían y si en ese momento López de Oces y Córdoba hubiese invadido Curaçao lo hubiesen recuperado para el Reino de España, pero no se decide hacerlo por una confusión entre sus servicios de inteligencia y la expedición de recuperación se aborta, no procede.

En nuestro próximo segmento vamos a ver todos los episodios del gobernador Ruy Fernández de Fuenmayor, de 1637 a 1644, y sus famosísimos pleitos con un personaje verdaderamente insólito, Fray Mauro de Tobar. Ya regresamos.

La gobernación de Ruy Fernández de Fuenmayor, entre 1637 y 1644, fue verdaderamente una pesadilla de principio a fin para este gobernador, que era un gobernador con unas características singulares. Había nacido en Santo Domingo, no era ya un peninsular, había nacido en Santo Domingo en 1603 y muere en Caracas en 1651, por cierto asesinado por un contador de la Real Hacienda en un pleito personal entre el contador y el gobernador, ya no siendo gobernador, porque su gobernación termina en 1644.

La Corona le ordena a Ruy Fernández de Fuenmayor la captura, la recuperación de la isla de Curaçao y de las otras dos, Bonaire y Aruba, aunque realmente las otras dos eran unas islas prácticamente desérticas en aquel momento. Pero la pesadilla de Ruy Fernández fue mayor: no solo va a ser el intento de recuperación de las islas tristes o inútiles, como les llamaban, sino sus permanentes enfrentamientos con Fray Mauro de Tobar.

¿Quién es Fray Mauro de Tobar? Pues el obispo que llega a España, recordemos que el primer obispo de Venezuela fue Rodríguez Bastidas en 1531. Recordemos también que hay una cédula real de 1637 que ordena el traslado del obispado de Coro a Caracas y el primer obispo que se establece en Caracas va a ser Juan López Agurto de la Mata, a quien le toca el traslado de Coro a la capital, pero este obispo fallece en 1637 y entonces llega en 1639.

En sustitución, proveniente de Villacastín, en España, Fray Mauro de Tobar, un benedictino que va a ser el dolor de cabeza del gobernador Ruy Fernández de Fuenmayor. Toda la peripecia caraqueña de Fray Mauro de Tobar está magistralmente recogida por Ana Teresa Torres, nuestra gran novelista, en una novela que se titula La Escribana del Viento. En esa novela Ana Teresa va a ventilar un juicio por incesto que tiene a Fray Mauro como inquisidor y a un gobernador como contraparte civil del tema.

Aquí tocamos fondo en los problemas que va a enfrentar el gobernador Fernández de Fuenmayor y el obispo. El origen de esos problemas es que el obispo está permanentemente extralimitándose en sus funciones, su jurisdicción y tomando decisiones que el gobernador considera que son suyas. ¿De dónde viene esta molestia tan particular de Fray Mauro hacia Ruy Fernández de Fuenmayor? Es algo que no hemos podido averiguar, pero hay una especie según la cual a Fray Mauro le había molestado mucho la fama que había quedado después del matrimonio de Fernández de Fuenmayor con una caraqueña llamada Leonor Jacín Tabasques de Rojas.

¿Por qué le molestaba tanto a Fray Mauro? Porque Fray Mauro era un hombre muy severo y muy austero y parece que el fasto, que la fiesta que monta el gobernador en su matrimonio fue un motivo de gran molestia para Fray Mauro. Lo curioso es que Fray Mauro todavía no ha llegado a Caracas cuando esa fiesta ocurre, lo que ocurre es que le llega el rumor de la fiesta y por allí comienzan sus animadas versiones en contra de Ruy Fernández de Fuenmayor. Y esto fue creciendo; ya Fray Mauro enconado llega a burlarse públicamente, al gobernador lo descalifica, llega a momentos en los que lo insulta incluso y amenaza con excomulgarlo.

Excomulgarlo no solo al gobernador sino a los suyos. Este enfrentamiento se fue poniendo francamente virulento, muy agresivo, y el gobernador tampoco era mocho y le respondía, de modo que vamos a tener por primera vez en este período de Fray Mauro, entre 1640 y 1654, unos enfrentamientos muy duros entre el poder eclesiástico y el poder político.

Y hay un momento álgido de esto, que es en el instante en que ocurre el terremoto de Caracas del 11 de junio de 1641. Ya una vez ocurrió el terremoto, pues siguen los pleitos entre Fray Mauro de Tobar y Ruy Fernández de Fuenmayor por la asistencia a los damnificados. La ciudad quedó prácticamente destruida y el gobernador Fernández propone que la ciudad se mude al pueblo de Chacao, que se mueva esa zona de Chacao cuanto antes. Realmente en Chacao todavía no había un pueblo como tal, pero esa región aledaña se conocía como Chacao.

Sin embargo, Fray Mauro se opone decididamente. Se opone a que la ciudad sea trasladada y aboga porque sea reconstruida, y curiosamente se impone la voluntad de Fray Mauro de Tobar y no la del gobernador. Otra fuente del conflicto que van a tener estos dos personajes de manera permanente va a ser el tema de la recuperación de Curaçao.

El gobernador tiene la orden de la Corona de recuperar Curaçao y necesita reclutar milicias, voluntarios, para armar una escuadra y dirigirse a Curaçao a recuperarla. Y quién sabotea la recluta de la milicia, Fray Mauro, que se opone a que eso sea así, sabotea permanentemente y conduce a deserciones de los soldados o voluntarios que se han alistado para la recuperación de Curaçao. Finalmente la voluntad del gobernador se impone y logra reunir, a pesar del sabotaje del obispo, unos mil hombres con los que zarpa desde La Guaira con destino a Bonaire, y desde Bonaire intenta conocer el estado de las fortificaciones holandesas en Curaçao.

Sin embargo, el Consejo de Guerra reunido en Bonaire considera que es temeraria la operación, que se va a perder el esfuerzo, que va a costar muchas vidas, y abortan el intento. Regresa a La Guaira después de años en preparación de esta reconquista de Curaçao, no llega a hacerse; ese aborto, antes de que ocurra. El liderazgo de Fernández es reciente, por supuesto también se pensaba entonces que la prédica de desprestigio de Tobar había acontecido también y que había conducido a que el sabotaje no solo estuvo en Caracas sino en Bonaire, también.

En todo caso no ocurre el intento de recuperación; fue un error, porque después se supo que en Curaçao apenas habían 300 soldados holandeses y el contingente que había reunido Ruy Fernández de Fuenmayor era de mil soldados, pero eso se supo después. Y ya para 1648 en Europa ocurre la firma del Tratado de Paz de Westfalia, en Osnabrück y en Münster, en 1648, que es un tratado de paz entre España y los Países Bajos.

Y en ese tratado se está reconociendo implícitamente la posesión holandesa de las llamadas Tres Islas Inútiles. Por cierto, va a ser en 1792 cuando pase la titularidad de las islas de la Compañía holandesa de las Indias Occidentales a propiamente la Corona de Holanda como una forma de pago para la empresa con la casa real. Lo cierto es que España da por perdidas las islas enfrente de las costas venezolanas, ya que mediante este tratado reconocía la independencia de los Países Bajos y si los Países Bajos, es decir, Holanda, estaban ocupando las islas, pues tácitamente, sin que se dijera de manera expresa, estaba reconociendo la posesión de Holanda en las islas de Aruba, Curaçao y Bonaire.

Desde entonces y hasta nuestros días, en manos de Holanda con distintos regímenes políticos, porque el estatus actual de Aruba, Curaçao y Bonaire entiendo que tiene una alta autonomía en relación con la Corona holandesa, pero forma parte del universo de la Corona. Del fracaso del gobernador, Tobar hizo leña; bueno, aquel árbol caído y Tobar achacándole a Fernández de Fuenmayor el fracaso. Y la situación comenzó a ser delicada porque el fracaso embalentonó a los holandeses, que se van a acercar a Puerto Cabello, a Coro, a Paraguaná, y también le van a abrir el apetito a los ingleses que los vamos a tener en La Guaira en 1642, desafiando las costas venezolanas. Pero ese episodio lo veremos en la última parte del programa. Ya regresamos.

Decíamos antes que la debilidad que presentó el gobernador Fernández de Fuenmayor en su abortada recuperación de Curaçao corrió como pólvora a las noticias y a los piratas se les abrió el apetito. Y por eso William Jackson zarpa de Londres el 16 de junio de 1642 con rumbo a Venezuela, recala en Barbados, donde está mes y medio. De allí pasa a Margarita. Estamos hablando de una armada considerable.

En Margarita hay documentos que certifican que desembarcaron 800 hombres de los 1100 que componían el ejército, la armada de William Jackson. No obstante, los españoles tuvieron cómo repeler la intentona de Jackson y lo aventaron o echaron de la isla. Los margariteños han sido siempre vigorosos, se dirigen entonces a La Tortuga, que era una isla y sigue siendo una isla desértica; de La Tortuga pasan a La Guaira y el castillo de La Guaira rechaza el intento eficientemente, felizmente.

De allí sigue Jackson, Acatá, Ocumare y a Puerto Cabello. En Puerto Cabello desembarcan, se dedican al pillaje del raterismo y regresan los barcos con algunos elementos, con un pequeño botín. De Puerto Cabello se dirigen a Curaçao, que está enfrente, pero los holandeses lo repelen y no nos dejan entrar a la bahía.

De allí sigue Jackson hacia Maracaibo y entra a finales de diciembre de 1642. Mientras tanto el cabildo caraqueño, reunido con el gobernador, toma la decisión de ir a respaldar a los marabinos en el asedio que se anunciaba por parte de Jackson. Por supuesto, Fray Mauro se opone, dice no, que esa guerra la resuelvan los maracuchos allá en Maracaibo, pero el gobernador tiene la voluntad contraria y sale de Caracas al frente de un contingente rumbo a Maracaibo.

Pero cuando llega ya es tarde: Jackson ha cometido todo tipo de tropelías, de saqueos, robos y ya abandona a Maracaibo, se dirige hacia Gibraltar. Hasta allá sigue Fernández de Fuenmayor buscándole pelea a Jackson, pero no consigue que Jackson le responda y Jackson sigue con sus barcos en su gran armada de 1.100 hombres y sigue hacia Bonaire, después va a Jamaica, después pasa por Honduras, por Guatemala, por el Tapón del Darién, en Panamá, por Cartagena de Indias, y finalmente regresa a Londres en los primeros meses de 1645.

Por supuesto, cuando regresa Ruy Fernández de Fuenmayor a Caracas se encuentra que Fray Mauro está frotando las manos por una nueva derrota del gobernador. Finalmente le consiguen sucesor a Fernández de Fuenmayor y llega Marcos Gettler y Calatayud, pero la situación tampoco cambia demasiado con Fray Mauro, quien lo está esperando también con su belicosidad particular. Y bueno, en el juicio de residencia que se le sigue a Fernández de Fuenmayor, como era normal, como era lo usual, como hemos dicho muchas veces, el obispo testifica y emite concepto sobre el gobernador que acaba de terminar, muy duro, en una carta que le dirige al nuevo gobernador, Gettler, dice Fray Mauro de Tobar: "Usted es el más dichoso y el más desgraciado caballero del mundo en haber venido a este gobierno. El más venturoso porque sucede al hombre más malquisto y más malvisto que se ha conocido en las Indias".

Se refiere Fray Mauro a Ruy Fernández de Fuenmayor, aquí ya hemos visto cómo lo trata. Muy pronto vamos a ver que se enfrentan el nuevo gobernador Gettler y Fray Mauro de Tobar; estaba en su naturaleza hacer así. Por cierto, en 1640 cuando llega Fray Mauro, él llega con tres sobrinos que son los que fundan la estirpe de los Tobar en Venezuela, estirpe que todavía tiene muchísimos bástagos, muchísimos descendientes.

¿Quiénes llegan? Los sobrinos se llamaban Manuel Felipe, Martín y Ortuño. Martín es un nombre que se ha prolongado en la familia Tobar, hay en este momento tres Martín Tovar que yo recuerde. El nombre Manuel Felipe me parece que desaparece con el presidente de la República Manuel Felipe de Tobar, si acaso algún otro hijo, pero no lo recuerdo. Y el nombre Ortuño me parece que no fue utilizado por ninguno de sus descendientes, que yo sepa.

Finalmente Fray Mauro es enfrentado, aunque parezca mentira, y excomulgado por las autoridades eclesiásticas de Santo Domingo. Pero Fray Mauro, que no se quedaba de brazos cruzados ni se mordía la lengua, apela ante el Consejo de Indias en España y el Consejo de Indias lo restituye. A su vez aprovechan para designarle un nuevo destino en Chiapas. Entonces Chiapa era Guatemala, hoy es México, y ese nombramiento ocurre en 1650.

Pero Fray Mauro se toma las cosas con calma y se queda en Caracas cuatro años más antes de trasladarse a su nuevo destino. Llega a Chiapas en 1654, allá hizo de las suyas y fallece en Chiapas en 1666, después de 12 años de obispado y una ristra de pleitos chiapanecos. Sus sobrinos se quedan en Venezuela, constituyen una de las familias principales del país. Ninguno de ellos con este talante aguerrido, pendenciero, Fray Mauro de Tobar.

Todo un personaje. Hasta aquí nuestro programa de hoy, ha sido un gusto discurrir para ustedes. Les habla Rafael Arráiz Lucca, me acompaña en la producción Merizosa y en la dirección técnica Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho. Esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Hasta nuestro próximo encuentro.

Más de esta serie