Siglo XIX Venezolano. Cap 9.
Historia política esencial de la centuria.
Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Mi número de productor nacional independiente es 30.720 y hoy continuamos con la serie sobre la historia política venezolana del siglo XIX; este es el capítulo 9 de la serie. En el capítulo anterior quedamos en la Constitución de Bolivia, redactada de su puño y letra por Simón Bolívar, y su voluntad de llevar ese texto constitucional a Bogotá y colocarlo sobre la mesa del vicepresidente Santander y de alguna manera decirle: bueno, esto lo hicimos allá, hagámoslo aquí, ¿cómo le parece?
Y empiezan muchos problemas para el Libertador. Esos problemas se pueden resumir en un párrafo de una carta que le manda Santander a Bolívar el 6 de julio de 1826. Yo les voy a leer el párrafo para que ustedes entiendan claramente los problemas que presentaba en Bogotá, en Colombia y en consecuencia en Venezuela, porque Venezuela era un departamento de esa república. Una proposición como esa de la presidencia vitalicia instaurada en Bolivia y que ahora el Libertador quería instaurar entre nosotros, le dice Santander: ¿quién es el emperador o rey en este nuevo reino?
"Un príncipe extranjero, no lo quiero porque yo he sido patriota y he servido 16 años continuos por el establecimiento de un régimen legal bajo las formas republicanas. En mi posición y después que he logrado una mediana reputación sería la mayor iniquidad traicionar mis principios y faltar a mis protestas. El emperador es usted, obedeceré gustoso y jamás seré conspirador porque usted es digno de mandarnos, porque nos gobernará según las leyes, porque respetará la opinión sana del pueblo, porque justo, desinteresado, filantrópico, etcétera. Y después de su muerte, ¿quién es el sucesor?"
"Páez. Montilla. Padilla. A ninguno quiero de jefe supremo vitalicio y coronado. No seré más colombiano, ¡y toda mi fortuna la sacrificaré antes de vivir bajo tal régimen!"
Bueno, esta carta es una pieza de notable sutileza que pone el dedo en la llaga: el único vitalicio que acepta Santander es Bolívar, mientras todos los demás aspiran legítimamente a sucederlo. De modo que la proposición bolivariana era imposible de digerir para Santander y para la inmensa mayoría, esa es la verdad.
Y las discrepancias entre el vicepresidente Santander y el jefe militar del Departamento de Venezuela, el general Páez, venían en aumento. Ya a Páez le había molestado la designación de Sublet como intendente, pero todavía más cuando se designó a Juan Escalona para sustituir a Sublet era imposible que Escalona pudiera ejercer autoridad sobre Páez, que era el jefe natural y para colmo su adversario. No obstante, Páez aceptó a regañadientes el nombramiento de Escalona. Y aquí pasó lo siguiente: en diciembre de 1824 un grupo de hombres armados intenta hacerse del armamento que estaba en Petare, en el pueblo de Petare.
Recuerdan ustedes que entonces Petare era un pueblo del mismo valle de Caracas, pero muy lejano y, de inmediato, el general Páez interviene, los dispersa mientras ordena juzgar militarmente a algunos prisioneros, cosa que al intendente Escalona le pareció impropia. Ya Páez no dio aviso al intendente ni a la corte superior de justicia. Y según Escalona estaba obviando el trámite constitucional, así se lo reclama Escalona al gobierno en Bogotá y le dan la razón, ordenándole al poder militar entregar al civil a los imputados. Pero cuando esta comunicación llega desde Bogotá, Páez había indultado a los del intento de Petare, de modo que hay un primer desencuentro en la cadena de mandos. El vicepresidente Santander pide autorización del Senado para un decreto sobre conspiradores, y este lo autoriza.
Y se sanciona el decreto, se aprueba el 17 de marzo en 1825. Casi de inmediato el Cabildo de Caracas le encarga al doctor Alejo Fortique un alegato jurídico reclamando la inconstitucionalidad del decreto y esto viene a avivar aún más las diferencias entre el Poder Ejecutivo que estaba radicado en Bogotá. Y el Cabildo caraqueño, que era donde estaba el poder real de la zona, otro desencuentro. El comandante general Páez convoca el 29 de diciembre de 1825 a la población de Caracas para un alistamiento militar solicitado por el presidente de la república en Bogotá y muy pocos acuden a la cita.
Y Páez se molestó y termina regañando a las casas, audiencias que hay allí. Y de esto se va a valer el intendente Escalona para solicitar ante el Ejecutivo la investigación de los hechos y sus posteriores sanciones. Eso hace el Ejecutivo ante el Senado de la República reunido en Bogotá, y suspenden a Páez de sus funciones. Y lo ordenan comparecer ante el Congreso reunido en Bogotá.
Páez no acata la orden, por supuesto. Mientras tanto es sustituido por el general Escalona, lo que fue tenido por muchos venezolanos como una ofensa a su máximo líder militar y, a partir de entonces, se fue articulando el desconocimiento a la medida tomada. Y se colocaron al margen de la Constitución vigente.
Así fue la escalada del conflicto que hubo allí, y la municipalidad de Valencia reunida el 30 de abril de 1826 argumentando que el pueblo había caído en un disgusto supremo como consecuencia de la separación del general Páez de sus funciones militares y que esta circunstancia estaba por crear una crisis nacional acuerda, por su parte, restituirle el mando a Páez desconociendo el mando del Poder Ejecutivo y Legislativo reunido en Bogotá. Y Páez acepta el 3 de mayo. ¿Y el 5 de mayo se suma la municipalidad de Caracas, que reconoce la restitución del general Páez? Y estos son los hechos que el pueblo denominó como La Cosiata y estaban aludiendo a una obra de teatro, en la que un actor declinaba el vocablo cosa.
Y designaron estos hechos con el nombre de La Cosiata y el 14 de mayo de 1826 el general Páez jura ante la municipalidad de Valencia cumplir las leyes y hacerlas cumplir. Y también jura, y digo textualmente, no obedecer las nuevas órdenes del gobierno bogotano. Y el 29 de mayo, en sesión solemne de la municipalidad de Caracas, juran ante Páez, ahora jefe civil y militar, las nuevas autoridades del Departamento de Venezuela. ¿Quiénes son?
El general Santiago Mariño, segundo jefe militar. El doctor Cristóbal Mendoza, intendente. El doctor Suárez Aguado, provisor y vicario capitular, y el doctor Francisco Javier Llanes, presidente de la Corte Superior de Justicia. Y esta autonomía del Departamento de Venezuela se sigue manifestando en una Asamblea Popular reunida el 5 de noviembre de 1826 en la Iglesia San Francisco, aquí en Caracas. Y allí se solicita mediante el voto popular que se instaure lo siguiente; voy a leerles el párrafo literal de lo que están solicitando.
"El sistema popular representativo federal como se haya establecido en los Estados Unidos de América del Norte, en cuanto sea compatible con las costumbres, climas y particulares circunstancias de los pueblos que forman la República de Colombia, se solicita la remisión del acta al Libertador a quien invocan como mediador".
Es decir, ¿qué le están pidiendo? Que se asuma el esquema federal para que estos hechos no ocurran y aluden a Estados Unidos donde el sistema federal ha funcionado extraordinariamente bien, de modo que eso es lo que está en el fondo de esto y el 10 de noviembre se reúne otra Asamblea Popular en Valencia.
Y el 13 del mismo mes Páez señala por decreto la constitución de los colegios electorales para la constitución de un Congreso Constituyente el 10 de enero de 1827. Pero hasta ahí, estos hechos ya tuvieron una resistencia y mucha gente empezó a temer que se avanzara hacia una guerra civil. Santander se queja amargamente ante Bolívar del desconocimiento de la Constitución por parte de Páez y le ruega que intervenga. Y Bolívar manda de avanzada a su edecán, a Daniel Florencio O'Leary, y este dialoga con Páez para buscar un avenimiento, una conciliación.
Y pasan diez días de negociaciones para que Páez se acogiera a lo dispuesto por Santander y el llanero le dijo: espero que el presidente no me forzara a ser su enemigo y a destruir Colombia con una guerra civil. Bueno, más claro no canta un gallo, entonces Bolívar cuando decide venir ya sabe con lo que se va a enfrentar. Inicia su viaje a finales de 1826 y el 11 de diciembre de 1826 buscaba ablandar a Páez y le escribió una carta. Esa carta la vamos a leer en la próxima parte del programa. Vamos a ver qué hace Bolívar en esos seis meses que pasa en Caracas. Ya regresamos.
Les decía en la parte anterior del programa que Bolívar le escribe una carta a Páez para ablandarlo o para amenazarlo. Fíjense lo que les dice, Bolívar a Páez el 11 de diciembre de 1826 por carta.
"Contra mí el general Castillo se perdió, contra mí el general Piar se perdió, contra mí el general Mariño se perdió. Contra mí el general Rivas Agüero se perdió y contra mí se perdió el general Torre Tagle. Parece que la providencia condena a la perdición a mis enemigos personales, sean americanos o españoles, y vea usted hasta dónde se han elevado los generales Sucre, Santander y Santa Cruz".
Bueno, este es un tema bastante directo, pero lo cierto es que Páez no se acoge de la Constitución vigente, pero sí reconoce las jefaturas de Bolívar. Eso lo vamos a ver luego y Bolívar se da por satisfecho con esto. Y aquí vienen unos problemas que Bolívar va a enfrentar cuando regrese a Bogotá.
Mientras tanto se va preparando el Congreso Anfictiónico de Panamá, el 22 de junio de 1826 no había demasiado entusiasmo, sin embargo Bolívar logra que se reúna; asistieron los delegados y deliberaron, pero la verdad es que nada más importante para el futuro se desprendió del encuentro.
Más allá de cumplir con el sueño integracionista bolivariano, ya no solo de Venezuela, Cundinamarca y Quito sino lo que soñaba del continente completo, etcétera, ¿no? Bueno... El 4 de enero de 1827 entra Bolívar a Caracas en medio de flores, arcos de triunfo, coronas de laurel, bambalinas, guirnaldas, y entran juntos Bolívar y Páez.
El 4 de enero, Bolívar designó a Páez con un cargo que no figuraba en la constitución vigente, jefe supremo, reconociendo así su liderazgo y colocándose al margen de la carta magna del propio Bolívar, por supuesto provocando el desagrado máximo del Congreso reunido en Bogotá y del hombre de las leyes que era como Bolívar había bautizado al general Santander. Está seis meses en Caracas poniendo orden en distintas ramas y consolidando con su actitud el poder de Páez, mientras en Bogotá la oposición a la Constitución de Bolivia y al propio Libertador va en aumento por razones obvias.
Sofocaba la rebelión venezolana pero al hacerlo ofendía a los constitucionalistas neogranadinos, de eso no hay duda. Lograba detener la separación inmediata de Venezuela y de Colombia, porque no avanzó la separación total, pero en su fuero interno comprendía que había colocado un paño caliente sobre una derrota cantada.
Y zarpa de La Guaira el 4 de julio de 1827 rumbo a Cartagena para luego subir a Bogotá por el río Magdalena. Ese camino no lo recorrió muchas veces a lo largo de su vida y esta fue la última vez que estuvo en su país Simón Bolívar. Tres años antes de morir, dos años y medio antes de morir. Y cuando regresa a Bogotá no solo recibe una recia oposición sino que en Perú se rechaza la Constitución de Bolivia.
Y Bolívar reacciona, gobernando con poderes excepcionales que en términos puros podrían llamarse dictatoriales. La negativa a seguir los designios del Libertador la entendió como un llamado a acelerar la marcha hacia un gobierno fuerte. Eso hizo, además de convocar la Convención de Ocaña para abril de 1828. ¿Qué quería hacer Bolívar en Ocaña? Modificar la Constitución de Cúcuta de 1821, aunque ya comprendía que imponer el modelo boliviano era algo imposible de lograr porque tenía muchísima oposición en ese proyecto, como es evidentísimo. Y mientras las malas noticias llovían sobre Bolívar, otra vino a expresarse de manera inesperada.
El 2 de marzo de 1828 se alza el almirante Padilla en Cartagena contra Bolívar, proclamando la autonomía del puerto. Pero Mariano Montilla sofoca hábilmente el intento y a este no le quedó otro camino que moverse a Ocaña buscando la protección de Santander, pero Bolívar consideró que debía ser juzgado con todo el peso de la ley. Bueno, cosa que es verdad, y fue enviado a una cárcel en Bogotá donde se le seguiría un juicio. Para entonces ya las relaciones entre Bolívar y Santander estaban muy mal. La amistad que habían mantenido durante años ya no pudo obviar las enormes diferencias políticas que se manifestaban entre ambos. Y en esta situación es que acuden cada uno con sus seguidores a la Convención de Ocaña en abril de 1828; el 9 de abril comienza.
Allí Bolívar se va a trasladar a un sitio equidistante de Ocaña y Bogotá que es Bucaramanga, desde donde a través de O'Leary, que iba y venía de Ocaña, podía Bolívar monitorear la convención. Así estuvo durante los meses en que se reunió la Asamblea y dialogaba con otros oficiales, entre ellos el francés Luis Perú de la Croix, quien con esas conversaciones o esas confesiones de Bolívar va a escribir el famosísimo Diario de Bucaramanga, que es un documento de primera mano y valiosísimo que nos permite conocer las costumbres y opiniones de Bolívar en esta etapa final de su vida. Ya era un hombre de 45 años, cuando está haciendo balances de lo ocurrido y tiene opiniones finales sobre la gente y los hechos. Era un hombre muy joven, pero ya estaba enfermo.
Recuerden el malestar que le dio en Pativilca en 1824 y el forcejeo entre bolivarianos y santanderistas en la Convención de Ocaña fue intenso, hasta que la única solución que se encontró fue ratificar la Constitución de Cúcuta y olvidarse de un nuevo texto constitucional que siguiera las pautas de la Constitución boliviana.
Y los bolivarianos abandonaron la Asamblea y esta se disolvió sin ningún efecto el 11 de junio de 1828. De modo que el 13 de junio, en Bogotá, un grupo de bolivarianos radicales encabezado por Pedro Alcántara de Herrán se reúne en una junta y le confiere poderes dictatoriales a Bolívar. Le otorgan el poder absoluto. Santander es separado de la vicepresidencia y designado por Bolívar como embajador de Colombia ante los Estados Unidos, es un cargo que Santander no acepta, no lo llega a desempeñar.
Y el 27 de agosto de 1828, Bolívar sustituye la Constitución de Cúcuta de 1821 por un decreto orgánico firmado por sí mismo que consagra la dictadura. Allá hay unos considerandos donde le explica por qué se erige como dictador en los términos romanos del vocablo y el Libertador presidente asume el mando con base en la imposibilidad de que la Convención de Ocaña llegue a un acuerdo modificatorio para la Constitución de Cúcuta.
En otras palabras, la derrota sufrida en la Convención de Ocaña se convirtió en las razones de la asunción de poderes dictatoriales y la centralización absoluta del poder en su persona. Bueno, por supuesto sus opositores ya no eran ni pocos ni indefensos y reaccionaron rápido. Y en menos de un mes, atentaron contra la vida del Libertador. Es así como ocurre ese tercer atentado que él padece, esta vez el 25 de septiembre de 1828.
Hay unos conjurados que toman la decisión de asesinar a Bolívar. ¿Quiénes formaban parte de esto? Pedro Carujo, el inefable Pedro Carujo, Ramón Guerra, Luis Vargas Tejada, Florentino González, Rudecindo Silva, Agustín Ormento, Enselado Sulaíbar, José Ignacio López, Pedro Asuedos, todos de comprobada participación quienes ejecutan la acción la noche del 25 de septiembre en el Palacio de San Carlos, en Bogotá. Ellos irrumpen al palacio y hallan a un joven edecán, Andrés Ibarra, en camino hacia la alcoba que Bolívar compartía con su mujer, con Manuela Sáenz, que ya estaba definitivamente separada del doctor Thorne.
Y Manuela, al advertir lo que pasa, le sugiere al Libertador que escape por ventana mientras ella distrae a los conjurados y eso se logró. Cuando ellos logran irrumpir en la habitación ya ella estaba sola, le dieron patadas en el piso, la maltrataron esperando que confesara dónde estaba Bolívar, pero Bolívar se había lanzado por la ventana y había corrido hacia el arroyo de la quebrada San Agustín.
Y se había escondido debajo de un puente, tiritando de frío. Allí estuvo tres horas tiritando de frío hasta que los conjurados fueron derrotados y pudo salir a la superficie. Bueno, recuerden ustedes el frío de Bogotá en la noche. Imagínense lo que fue eso, en el cauce de una quebrada. ¡Bien!
En la próxima parte del programa continuamos con estos hechos extraordinarios y estremecedores en la vida del Libertador y en la historia de la República, de Venezuela y de Colombia. Ya regresamos.
Decíamos en la parte anterior del programa que Bolívar estuvo en el cauce de río, tiritando de frío hasta que fueron sometidos los conjurados. En ese triste episodio, Carujo mató de un tiro a William Ferguson, que venía en auxilio de su jefe. Recordemos que Ferguson había llegado con la Legión Británica y se quedó con Bolívar y fue un hombre de su más estrecha confianza.
Finalmente, el general Urdaneta controla la situación y alcanza a hacer prisioneros a todos los participantes, y fue designado para presidir el Tribunal Militar que va a seguir el juicio. Y este tuvo lugar de inmediato. Entonces se acusó a Santander y a Padilla de haber formado parte del complot.
El 7 de noviembre de 1828 se decidió la sentencia y fueron pasados por las armas casi todos, excepto Carujo, Santander y algunos otros. Entre los sentenciados y ejecutados estuvo el almirante Padilla, nada menos el héroe de la batalla naval de Maracaibo. Santander se fue a Europa después de haber estado varios meses preso en Cartagena y Carujo se fue a Venezuela, ya que a ambos se les conmutó la sentencia de muerte por el exilio. Bolívar no salía de su asombro.
Entonces afirmó que Manuela Sáenz era la libertadora del Libertador porque le había salvado la vida y él era tal cual a sí mismo. Pero también era evidente para Bolívar que en la oposición a su proyecto constitucional y ese coqueteo con formas monárquicas tenía una resistencia muy, muy grande, hasta el punto de que trataron de matarlo. Y esa oposición a Bolívar continuó en el sur de Colombia y José María Obando se alza en Popayán y se le suma a José Ilario López, y ambos estimularon a De La Mar al frente del Perú para que la emprendiera en contra de Bolívar.
Y Bolívar, por su parte, se mueve de Bogotá hacia el sur a dialogar con Obando y lo convence de que deponga las armas. Llegan a un acuerdo. Mientras tanto el 27 de febrero de 1829 el mariscal Sucre y Juan José Flores, un militar venezolano de Puerto Cabello, derrotan a La Mar y Gamarra en el Portete de Tarqui, cerca de Cuenca, en Ecuador. Los peruanos habían invadido a Colombia; como vemos se había abierto la caja de Pandora, los demonios oposicionistas al centralismo bolivariano estaban sueltos. Todo esto es consecuencia de la proposición de la Constitución de Bolivia.
Esa fue la que destapó la caja de Pandora. Bueno, y antes de partir hacia el sur, el Libertador Presidente dispuso que las elecciones para un Congreso Constituyente se celebraran en julio de 1829 y se iba a instalar en enero de 1830. Así le ponía fecha de caducidad a su dictadura, desdiciendo a los que creían que él pretendía perpetuarse con poder extraordinario en el poder.
Bolívar no perdía el sentido de la realidad. Era evidente que su gobierno fuerte, lejos de poner orden y acabar con la anarquía que tanto Bolívar temía, lo que estaba haciendo era agua por todas partes, aumentando la crisis política. Incluso el general Córdoba, un hombre tan importante, ese antioqueño, se va a sumar a la rebelión antibolivariana. Y bueno, va a regresar Bolívar en abril de 1829 a Bogotá para encontrarse con la proposición de sus seguidores de instaurar una monarquía por todo el cañón.
Incluso su consejo de ministros llegó a proponerle que esa monarquía fuese con representantes de Francia y del Reino Unido. La idea la amasaban, la contemplaba Urdaneta y otros contemplaban que el rey no fuese europeo, sino Bolívar directamente, y al momento de morir Bolívar lo sucedía un príncipe europeo. Esto ya era la locura completa y bueno, todo esto iba avanzando. Bolívar no terminaba de tomar una decisión sobre esto, guardaba silencio hasta que finalmente no pudo más y se expresó en contra del proyecto monárquico, que ya estaba muy avanzado.
Bolívar le dio cuerda al proyecto monárquico y cuando vio que iba a hacerse realidad lo detiene y lo corta de raíz. Y bueno, tiene una posición finalmente, no a la monarquía. Esto, pues, no impidió que Córdoba se alzara en armas en contra de Bolívar y que O'Leary, al frente del ejército, enfrente a Córdoba en El Santuario, muy cerca de Medellín, y bueno, el 17 de octubre de 1829 y Córdoba es derrotado.
Murió el general Córdoba porque al ser derrotado lo ejecutan lamentablemente y las noticias corrían como pólvora por todo el territorio de Colombia. El proyecto de Bolívar estaba herido de muerte y la salud de Bolívar también, ya cada vez más resentida. Ese Congreso Constituyente convocado por Bolívar se reúne a partir del 2 de enero de 1830, en Bogotá, y Bolívar se presenta allí muy resentido de salud. Hay varios testimonios directos que dan fe de esto que estoy diciendo.
Bolívar impone a Sucre como presidente del Congreso y al obispo de Santa Marta, José María Esteves, como vicepresidente. ¿Y él llamó el Congreso? Con un nombre que no cabía dentro de él, que era Congreso admirable, porque aquello fue una asamblea que tuvo poco de admirable, sobre todo para él que ya estaba bajando la guardia. Y así se refleja en su discurso de renuncia a la presidencia y abandono de la vida pública.
Y dice en ese discurso, concluye el discurso diciendo esto que es una de las frases más dramáticas de Bolívar: dice, después de designar a Domingo Caicedo como presidente interino de la República de Colombia, él señala en el discurso: Ciudadanos, me ruborizo al decirlo, la independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de los demás. Bueno, había recibido carta de Páez en diciembre, donde le señalaba que era imposible detener la voluntad separatista de Venezuela y proponía esto.
Bolívar no lo hizo naturalmente, pero había recibido la carta de Páez solicitándole. Ya Bolívar sabía que lo inevitable estaba en marcha, es decir, la disolución de Colombia y el fracaso de su proyecto político integracionista de los departamentos de Venezuela con Cundinamarca y Quito alrededor de la denominación Colombia. Bueno, por otra parte, en la Asamblea de Valencia, designa a Páez para que consagre la separación de Colombia y convoque un Congreso Constituyente el 13 de enero de 1830.
Y pues así fue, de modo que antes de la fecha anunciada tuvieron lugar las asambleas que convocó Bolívar en agosto de 1829, instando a esas asambleas a manifestarse en cuanto a la Constitución que querían, y casi todas las asambleas se expresaron por la separación de Colombia y contra Bolívar. No fue Páez el que propuso esta tarea solo, como cierta historiografía señala, fue una voluntad mayoritaria. Es cierto que Páez buscaba la separación pero también es cierto que la mayoría buscaba la separación de Colombia.
El acta municipal de Valencia, el 29 de noviembre de 1829, recogía la voluntad del Cabildo donde se lee este párrafo: Venezuela no debe continuar unida a la Nueva Granada y Quito, porque las leyes que convienen a esos territorios no son a propósito para este. Enteramente distinto por costumbres, clima y producciones. Y porque en la grande extensión pierden la fuerza y energía.
El 13 de enero el general Páez asume el mando de acuerdo con el dictamen de la Asamblea de Valencia y convoca a un Congreso Constituyente, así como designa un gabinete ejecutivo. El Congreso se instala en la Casa de la Estrella en Valencia el 6 de mayo de 1830 e inicia sus deliberaciones el 13 de mayo. El departamento del sur de Colombia se separa y declara al Estado independiente de Ecuador, al mando del venezolano Juan José Flores.
Y estas noticias las va recibiendo Bolívar en su viaje hacia la costa colombiana derrotado y enfermo. Ya se ha despedido para siempre del gran amor de su vida, Manuela, mi adorable loca como él la llamaba por cartas, y en julio recibe una noticia fatal para él, quizás peor que ninguna otra: el asesinato de Antonio José de Sucre en Berruecos. En la última parte del programa veremos estos hechos, ya regresamos.
Decíamos en la parte anterior del programa que en esta veríamos el asesinato de Sucre en Berruecos. Y eso pasa porque el mariscal Sucre comprende que su trabajo al lado de Bolívar pasa por un cono de sombra y decide regresar a Quito con su esposa Mariana Carcelén, la marquesa de Solanda, y su pequeña hija.
Y parte de Bogotá hacia Quito sin tomar el camino de Buenaventura que lo llevaría por el Océano Pacífico a Guayaquil; él prefiere irse por el camino terrestre, que forzosamente lo llevaba por Popayán y Pasto. Una zona históricamente antibolivariana, todavía es así incluso, y prorealista. Y allí fue asesinado de cuatro balazos muy cerca del bosque de Berruecos la mañana del 4 de junio de 1830, cuando iba por la espesura con una comitiva reducida, tenía menos de 10 acompañantes.
Sobre los autores materiales del asesinato de Sucre yo en lo particular no tengo dudas: Apolinar Morillo, José Erazo, Juan Gregorio Sarría, Juan Cusco, Andrés Rodríguez y Juan Gregorio Rodríguez. Es decir, una combinatoria de guerrilleros mercenarios y gente de mal vivir. Sobre los autores intelectuales, en 1839, nueve años después, se hizo preso a Erazo por otros motivos y se interrogó a Apolinar Morillo, quien confesó que actuaban por instrucciones del general José María Obando, y Obando formaba parte del grupo de enemigos políticos del Libertador. También se cuenta con cartas que incriminan al general Juan José Flores, quien tenía un interés particular en que Sucre no regresara a Ecuador a disputarle su liderazgo. Además, todo indica que el general José Ilario López integró la conjura en contra de Sucre.
En cualquier caso es evidente que se trató del asesinato por móviles políticos perpetrado por supuesto para los enemigos de Bolívar que veían en Sucre a su legítimo sucesor y sobre este hecho han corrido ríos de tinta. Algunos buscan inclinar la balanza hacia Flores, otros hacia Obando. De acuerdo con lo que yo he investigado, el contratista directo de los autores materiales fue Obando, pero tanto Flores como López estaban de acuerdo, según se desprende de las cartas que los comprometen a ellos. Morillo entonces fue ejecutado en la plaza mayor de Bogotá en 1842, mientras los otros autores materiales e intelectuales corrieron con mejor suerte o murieron antes del juicio. Si el bolivarianismo contaba con un sucesor de altos quilates, esa perspectiva quedó en un camino boscoso entre Colombia y Ecuador con apenas 35 años de existencia.
Bueno, esto fue la puntilla para los quebrantos de Bolívar, que estaba en la costa buscando un destino europeo pero envejecido por la enfermedad, por su afección pulmonar. El concepto que Bolívar tenía de Sucre era altísimo. En una carta del 9 de febrero de 1825 que le escribe Bolívar a Santander dice lo siguiente. Es una carta memorable. Les leo: cuanto más considero al gobierno de usted, tanto más me confirmo en la idea de que usted es el héroe de la administración americana. La gloria de usted y la de Sucre son inmensas. Si yo conociese la envidia los envidiaría. Yo soy el hombre de las dificultades. Usted es el hombre de las leyes y Sucre, ¡el hombre de la guerra!
Bolívar era genial en sus reduccionismos, en ubicar en poquísimas palabras la esencia de las personas. Inteligencia superior para eso. No hay duda que las victorias militares de Sucre fueron totales y Bolívar tenía en alta estima la magnanimidad que tuvo Sucre con los vencidos, el don de gentes que tenía, así como su notable modestia. En verdad, Sucre es un personaje excepcional de muchos sentidos y sus virtudes destacaban particularmente por su civilidad.
Es un gran militar que es un gran civil también, ese es uno de los temas con Sucre más interesantes. Y bueno, entre tanto el Congreso Constituyente de Valencia continúa en su tarea y la concluye el 22 de septiembre de 1830 cuando se sanciona la nueva Constitución Nacional de la República de Venezuela. Venezuela vuelve a ser una república, aquella que fue fundada el 5 de julio de 1811 y que se subsumió durante 11 años dentro de la República de Colombia como un departamento.
Para entonces, habíamos tenido la Carta Magna de 1811, la de Angostura en 1819, la de Cúcuta en 1821 y ahora la Constitución de Valencia de 1830. Se redacta una constitución que tenía la impronta de varias y luego el 24 de marzo de 1831, con base en la Constitución del 30, es electo José Antonio Páez como presidente de la República. En nuestro próximo programa vamos a ver la muerte de Bolívar en Santa Marta y el comienzo de la nueva vida republicana de Venezuela, bajo la égida de José Antonio Páez.
Hasta aquí nos trajo el río, ha sido un gusto hablar para ustedes como siempre. Soy Rafael Arráiz Lucca. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Fernando Camacho y, en la dirección técnica, Giancarlo Caravaggio. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraizarrobahotmail.com. ¡Y en Twitter arroba Rafael Arráiz! Hasta nuestro próximo encuentro cuando estaremos trabajando el capítulo 10 de esta serie sobre la historia política venezolana del siglo XIX.