Transcripción
Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos. Un programa sobre el país y su historia, mi número de productor nacional independiente 30.720. Estamos en la continuación de la serie sobre militares venezolanos: primero Miranda, después Piar, después Bolívar y ahora, en el orden cronológico del nacimiento que hemos llevado, viene José Tadeo Monagas. Y lo primero que hay que señalar es que los primeros Monagas que llegaron a Venezuela fueron Juan Antonio y Bartolomé Monagas de León, canarios.
Se alojaron en casa de su primo Juan Francisco de León, fundador de Panaquire y protagonista del levantamiento contra la Compañía Guipuzcoana en 1749. Bartolomé casó con su prima María Ignacia Fernández de León y tuvieron a Isabel Antonia, María Concepción y Francisco José; este último casó con María Perfecta de Burgos y Ruiz de Villazana. Muy pronto se mudan a una hacienda cerca de Maturín, allí tuvieron 11 hijos.
El primero nació el 28 de octubre de 1784. Ese primogénito se llamó José Tadeo Monagas Burgos, que es de quien nos vamos a ocupar en este programa. Por su parte, José Tadeo Monagas Burgos casó con Luisa Oriach Ladrón de Guevara en 1823, en Aragua de Barcelona, y fueron padres de Clara, José Tadeo, Ruperto Asunción, José Ruperto, Celestina María Higinia, Luisa Teresa, Simón Antonio y Pacífico Monagas Oriach.
Recordemos que Maturín fue fundada en 1760 y para el momento del nacimiento de José Tadeo no había institutos de enseñanza y era un pueblo que no llegaba a tener seis mil almas. La actividad económica se centraba en el algodón y el ganado, y en esta última radicaba la mayor riqueza. A estas tareas se dedicaba la familia Monagas, que además le proporcionó conocimientos básicos de matemáticas, letras, historia y religión, como era lo usual entre esas familias en aquella época.
Naturalmente no tuvo una educación formal como la conocemos hoy en día, ni tampoco como la que había en aquella época. Su vida militar comienza en 1813, cuando se suma a la campaña de Oriente de Santiago Mariño y tiene su primer combate en Bocas del Pao; entonces José Tadeo era alférez de caballería y estaba a las órdenes de Manuel Villapol. Ya no era un muchacho, tenía 29 años, y ese año va a participar en las batallas contra Monteverde y Boves cerca de Maturín y de Cachipo.
Al año siguiente, en 1814, está en los enfrentamientos de La Puerta, Boca Chica y Arao. Luego está en Carabobo, cuando es ascendido a coronel; en la Primera Batalla de Carabobo o Agua Salada vuelve a Oriente y está en las batallas de Arao, de Barcelona, Urica y Maturín. Sufre la derrota de los patriotas junto a su hermano José Gregorio, pero los hermanos Monagas no se van al exilio: se adentran en la espesura del delta del Orinoco y allí se recuperan hasta que comienzan a dar batalla al año siguiente de la catástrofe de 1814, me refiero a la huida a Oriente y la derrota de las fuerzas republicanas.
En 1815 está por su cuenta y da batallas en San Diego de Cabrutica, Los Araoz, El Palmar y Aragua de Barcelona. Todo esto ocurre entre marzo y abril de 1815. En junio está en Angostura y a finales de año está siempre con su hermano José Gregorio cerca de Aragua de Barcelona.
En 1816, José Tadeo Monagas reconoce la autoridad de Bolívar, cosa que Mariño y Bermúdez no han hecho todavía. Domina Oriente y se bate en el Alacrán en septiembre, apoyando a Gregor MacGregor, y se suma al ejército de Manuel Carlos Piar; batalla a las órdenes de Piar en El Juncal, en la famosa batalla del 27 de septiembre. Como sabemos, esta batalla fue fundamental para el control desde el sur por parte de los patriotas.
En 1817 está a las órdenes de Bolívar en Oriente, vigilando la zona. En 1818 está con Bolívar y Páez en la batalla del Calabozo contra Pablo Morillo, y en febrero ocurre el desastre de la batalla del Semén y en marzo cuando los patriotas son derrotados. En 1819 se mueve en Oriente mientras Bolívar está en Angostura fundando la república; José Tadeo Monagas da batallas en Cantaura en junio y Santa Clara en septiembre y va consolidando su presencia en la zona. En 1820 está en el combate en las trincheras de Qiamari y al año siguiente es ascendido por Bolívar a general de división.
Después de la batalla de Carabobo, donde Monagas no participa, Bolívar organiza la estructura de las autoridades y es designado gobernador civil y militar de Barcelona, además de comandante del Departamento del Orinoco de la República de Colombia, en 1822. Las tareas bélicas han terminado para Monagas cuando regresa a Aragua de Barcelona, donde estaba su cuartel general, digámoslo así, su terruño. Y una vez concluida su vida militar, reproduzco un párrafo de Bolívar, del Diario de Bucaramanga, donde clasifica a los militares venezolanos en cuatro niveles.
Allí Bolívar le dice a Luis Perú de la Croix, en el Diario de Bucaramanga, haciendo un escalafón de los militares: primero los que poseen genio militar, los conocimientos del arte tanto en teoría como en práctica y a quienes se les podía encargar el mando de un ejército porque a la vez eran buenos en el campo de batalla y fuera de él, es decir en combate y en gabinete. Que el número de estos era muy reducido, poniendo a su cabeza al general en jefe Antonio José de Sucre, después al general de división Flores, se refiere a Juan José Flores, por supuesto. Enseguida al de división Mariano Montilla, después el general en jefe Rafael Urdaneta y más atrás los generales en jefe Bermúdez y Mariño, y al de división Tomás de Heres.
En segundo lugar Bolívar ubica a los dotados de gran valor y que solo son buenos en el campo de batalla, pudiendo mandar una fuerte división pero a la vista del jefe del ejército. Esta clase ponía a los generales Páez, Valdez, José Tadeo Monagas, Córdoba, Lara, Silva y Carreño. En tercer lugar, los más propios para el servicio de los estados mayores y más hábiles en el gabinete que en el campo de batalla, tales como los generales de división Soublette, Santander y Salom.
Y, en fin, su excelencia formaba una cuarta clase en la que ponía a los que por ninguna aptitud, tanto en valor como en conocimiento, en parte activa o directiva, no podían ser comprendidos en ninguna de las tres clasificaciones mencionadas, como son el general en jefe Arizmendi, los de división Pedro Fortún y Puy. Bueno, como vemos, el conocimiento de Bolívar sobre los hombres con los que contaba era agudo y en muchos sentidos justo. Monagas estaba en la segunda categoría según esto que señala Luis Perú de la Croix, que le ha dicho el Libertador en Bucaramanga en 1828.
Ahora vienen los años en que Monagas se establece y forma una familia. Se casa a los 39, que para esa época era una edad mayor, la prole comienza a llegar año tras año. Su fortuna también se va incrementando, digámoslo así, cobrando el período de batallas exigentes con el solaz de la vida de asentado y héroe militar.
Su preeminencia en Oriente es indiscutida; él ha sido el que ha permanecido defendiendo las zonas durante muchos años. Mientras Bermúdez y Mariño han tenido otros caminos, entre 1823 y 1830 no son muchas las noticias de Monagas más allá de la atención de sus haciendas y su vida familiar. Pero al crearse la República de Venezuela de nuevo en 1830, Monagas se activa desde su cuartel general en Barcelona y en enero de 1831 el general Monagas en Oriente reacciona contra la Constitución Nacional de 1830 y proclama la integridad de Colombia y la autoridad máxima del Libertador.
Cuando él se alza ignora que volvió a Aramuerto, y además Monagas consideraba que la Constitución que se había promulgado no respetaba suficientemente los fueros militares. Luego se alzó en mayo en Aragua de Barcelona proponiendo la Constitución del Estado de Oriente, integrado por cuatro provincias, y que llevaría el nombre República de Colombia; Monagas pretendió crear una república propia en el oriente del país. Por supuesto, el general Páez envía al general Santiago Mariño a disuadir al general Monagas y, en vez de lograr su cometido, Mariño termina encabezando el proyecto inicial de Monagas, incluso desplazándolo.
El Congreso Nacional destituye a Mariño lógicamente y queda encargado en la Presidencia de la República el vicepresidente Diego Bautista Urbaneja, ya que el general Páez se dirige frente a su tropa a Valle de la Pascua a dialogar con Monagas, y Páez logra el 24 de junio que Monagas deponga las armas y una vez más lo favorece con un indulto. Recordemos que el general Páez fue elegido por el Congreso de la República el 24 de marzo de 1831 dentro de los parámetros que había fijado la Constitución Nacional de 1830. Monagas, indultado, regresó a su casa y, como venimos diciendo, ya para entonces ha acumulado una considerable fortuna y un mando que ya nadie cuestiona en su región natal; se dedica a sus haciendas esperando un momento oportuno para regresar e intervenir en la vida pública.
Esa coyuntura será la llamada Revolución de las Reformas, un eufemismo con el que se designó un golpe de Estado contra el doctor José María Vargas, en el que Monagas participaría respaldándolo desde su cuartel oriental. Respaldando el golpe, no a Vargas: vamos a ver los hechos y su secuencia. A lo largo del segundo semestre de 1834 tiene lugar la campaña electoral para la selección del presidente de la república; entonces se presenta a la candidatura el general Carlos Soublette, apoyado por Páez.
La del general Santiago Mariño, respaldada por José Tadeo Monagas y otros caudillos orientales, y también la del médico José María Vargas, apoyado por los comerciantes caraqueños que han visto crecer sus negocios durante los años del país bajo el espíritu liberal de su administración. Como sabemos, el resultado fue favorable a Vargas con 103 votos, seguido por Soublette con 45, Mariño con 27, Diego Bautista Urbaneja con 10 y Bartolomé Salom con diez sufragios. Desde el momento mismo de la victoria de Vargas se va creando una suerte de conjura en su contra por parte de los seguidores de Santiago Mariño; no hace lo mismo Soublette, que se va a Europa, ni Páez, que se retira a sus haciendas.
Muy pronto Vargas entra en diatriba con el Congreso de la República cuando en este último se propone una ley de impuestos subsidiarios del 1 por ciento, recaudado en las aduanas con destino a la hacienda pública. El presidente Vargas objeta el proyecto de ley, pero las cámaras lo aprueban y Vargas responde invocando la violación de la Constitución por parte del Senado. Aquí se da una prueba de fuerza que condujo a que el doctor Vargas presentara su renuncia el 29 de abril de 1835, pero no le fue aceptada, aunque alegaba no disponer de la suficiente fuerza como para mantener la paz en la república entre las fracciones en pugna.
La renuncia de Vargas fue interpretada por sus adversarios como una muestra de debilidad, aunque no le hubiese sido aceptada. Y así fue como se estructuró una conjura en su contra que se denominó la Revolución de las Reformas; quienes integraban: Mariño, Diego Ibarra, Luis Perú de la Croix, Pedro Briceño Méndez, José Tadeo Monagas, Stanislao Rendón, Andrés Level Devoda y Pedro Carujo. Y esta asonada se expresó el 8 de julio en Caracas, cuando Carujo penetró en casa del doctor Vargas para detenerlo y se produjo un intercambio de palabras que la historia ha recogido insistentemente.
Al parecer dijo Carujo: «Doctor Vargas, el mundo es de los valientes». Y Vargas le respondió: «¡El mundo es del hombre justo!». Y después de la detención del presidente Vargas y del vicepresidente Andrés Narvarte, los montaron en un barco y los enviaron rumbo a Santo Tomás esa misma tarde.
Y al conocerse el golpe o la asonada, como quieran llamarlo, que estaba acompañado de un texto en nueve puntos, en el que los conjurados militares querían el mando de las Fuerzas Armadas para el general Mariño, el entonces jefe de esas mismas fuerzas designado por Vargas para tal efecto era José Antonio Páez. Se pone en marcha Páez para dominar la situación y restablecer el hilo constitucional. Páez entra triunfante a Caracas el 28 de julio de 1835 y el 20 de agosto está de nuevo Vargas en la presidencia de la república.
El movimiento insurreccional en Oriente, encabezado por Monagas, concluyó y una vez más Páez indultó a Monagas en noviembre de 1835. Bien, durante las presidencias de Narvarte y Carreño, que son quienes sustituyen a Vargas en 1836, la primera presidencia de Soublette de 1837 al 39 y la segunda de José Antonio Páez entre 1839 y 1843, y la segunda de Soublette entre 1843 y 1847, pues José Tadeo Monagas seguía ejerciendo una enorme influencia política en el oriente del país y de alguna manera estaba esperando su turno. Para alcanzar el poder estaba dedicado a sus haciendas, a engrosar su fortuna personal y ejercer una influencia militar determinante porque era segundo jefe del Ejército.
Y esa oportunidad va a llegar para Monagas en 1846 cuando se presenta como candidato a la presidencia de la república. Vamos a ver cómo fue esta circunstancia. Buscaban la presidencia de la república Antonio Leocadio Guzmán, José Félix Blanco, Bartolomé Salom y José Tadeo Monagas.
Y Antonio Leocadio Guzmán agitaba a sus seguidores al punto tal que los hacendados y comerciantes les quitaron su apoyo, o sea que enardeció a muchos de sus partidarios, quienes optaron por levantarse; entre ellos Francisco Rangel y Ezequiel Zamora, y empezaron a saquear las poblaciones de los valles del Tuy, de Barlovento, Villa de Cura, y tenían el grito «¡Viva Guzmán, mueran los godos!». El gobierno de Soublette encomendó a dos jefes militares el control de los insurrectos, y así fue como el general Páez hizo a Cedeño y Monagas primer y segundo comandante del ejército, y aplacaron los ánimos. A Guzmán se le neutralizó mediante una inhabilitación política fundamentada en procedimientos judiciales y luego se le propuso una entrevista de avenimiento con el general Páez que no tuvo lugar, mientras la persecución del gobierno de Soublette contra los periodistas y los partidarios liberales en armas arreció al punto tal que las cárceles se llenaron de presos políticos, con lo cual el clima en la vida pública se enrareció sensiblemente.
Hay que señalar además que buena parte de los alzamientos de los liberales se debieron a los hostigamientos de que eran víctimas en sus campañas electorales, y esto recrudeció a partir de que los conservadores advertían el crecimiento de los liberales, después de años de prédica en su contra y de críticas al personalismo del país. Todo este cuadro indica que el general Páez pasó de una política de paz a otra de hostigamiento, cerrándole el paso a la candidatura de Guzmán en primera instancia y a la de Salom en segunda instancia. Y decide apoyar al general José Tadeo Monagas, que no pertenecía en rigor a las filas del Partido Conservador, y que había advertido que gobernaría de acuerdo con su conciencia y sin seguir dictados de otra persona, por más influyente que fuera.
Las elecciones organizadas por los colegios electorales de las provincias ocurrieron el 1 de octubre de 1846 y por primera vez se presentó un universo completamente fraccionado. Los conservadores apoyaron a Monagas y obtuvieron 107 votos, mientras que los liberales divididos sumaban 207 votos distribuidos de esta manera: Guzmán 57 electores, Salom 97 votos, Blanco 46, José Gregorio Monagas 6 y Mariño 1 voto. La gran pregunta es: ¿habría ganado las elecciones Guzmán de no haberse iniciado la persecución en su contra?
Todo indica que sí. En todo caso, los números probaban que la política oposicionista de los liberales había surtido efecto y el desgaste de tantos años en el poder de Páez y los conservadores era un hecho evidente. El general José Tadeo Monagas va a asumir entonces la presidencia de la república el 1º de marzo de 1847 a los 62 años de edad; no era un muchacho.
Era el hombre más influyente y uno de los más ricos de oriente del país. Gozaba, como Páez y Soublette, del prestigio de haber integrado el ejército libertador en sus primeras filas; llegaba al poder de la mano del general Páez, quien equivocadamente creyó que mantendría su influencia determinante en el país a través de Monagas y no fue así. Al principio del gobierno del oriental así pareció que iba a suceder, ya que nombró como su primer ministro de Interior y Justicia al hombre de confianza de Páez, el doctor Ángel Quintero, mientras designaba a Miguel Herrera en Hacienda y Relaciones Exteriores y a José María Carreño en el Despacho de Guerra y Marina.
Muy pronto Monagas va a ir enseñando sus cartas; lo primero que hace es que le conmuta la pena de muerte que pesaba sobre Guzmán por el extrañamiento perpetuo del país. Es decir, le perdonó su vida; esta fue la primera señal para el general Páez. Luego Monagas nombró en cargos menores agentes de su confianza sin consultarles previamente a los ministros; con esto lo que buscaba era la renuncia de los ministros, cosa que por supuesto ocurrió y fueron sucesivamente sustituidos.
El liberal José Félix Blanco sustituyó a Herrera en Hacienda y Relaciones Exteriores. Rafael Acevedo a Quintero en Interior y Justicia, y finalmente el general Carreño renunció ante la conmutación de la pena de Guzmán y fue sustituido por el coronel Francisco Mejía. Esto ocurrió muy pocos meses desde la asunción del mando, y el general Páez, sin embargo, permaneció en silencio.
Hasta que el 5 de agosto de 1847 Monagas le participó, a través de su ministro de Guerra y Marina, que sus funciones como jefe del Ejército Nacional habían cesado. Esta estocada final dejó en claro que Monagas se proponía gobernar solo, creando su propia red de poder al margen de la de José Antonio Páez. La ocupación de la totalidad de los cargos de la administración pública por parte de Monagas y sus seguidores se ponía en marcha.
En la próxima parte del programa continuamos con estos hechos que se están haciendo vertiginosos. En la parte anterior del programa veníamos refiriéndoles ese proceso de distanciamiento entre José Antonio Páez y José Tadeo Monagas. Primero vimos lo que ocurrió con Guzmán, a quien Monagas le cambia la pena de muerte por el extrañamiento perpetuo del país, y a Ezequiel Zamora, que al igual que Guzmán había sido condenado a muerte por los tribunales; Monagas le conmuta la pena por presidio, ni siquiera lo expulsa.
Y sin mayores inconvenientes, Zamora se fuga de la cárcel y al cabo de un tiempo el propio Monagas lo designa al frente del Batallón de Villa de Cura al servicio del gobierno. Algo similar ocurrirá luego con Guzmán, quien al regresar del exilio Monagas lo nombra ministro de Relaciones Interiores y Justicia, pero ya esto será en 1849. Lo digo para que veamos cómo cambiaron las cosas.
Ese año de 1847 transcurrió con el empeño de Monagas de ir copando todos los espacios ante el desconcierto del general Páez. Y el año 1848 se inicia con uno de los hechos más lamentables en nuestra historia republicana: los acontecimientos ocurridos en la sede del Congreso Nacional. El 24 de enero de ese año, 1848, el ministro de Relaciones Interiores y Justicia, Martín Sanabria, se trasladó a la sede del Poder Legislativo a rendir el informe anual del Poder Ejecutivo.
Y estando dentro del recinto se corre el rumor en la calle de que ha sido asesinado, cosa que enardece a las turbas liberales que estaban apostadas afuera; intentan entrar y son repelidas con plomo por la guardia del Congreso, dándose las primeras escaramuzas y se desata la violencia más incontrolada. Los heridos y los muertos van en ascenso y los enfrentamientos entre conservadores y liberales son a cuchillo o a puños, con piedras y hasta con lanzas y bayonetas. Santos Michelena intenta salir por una puerta y es herido con una bayoneta; fue tan grave el daño que murió dos meses después a consecuencia de la herida.
Los parlamentarios Francisco Argote, José Antonio Salas y Juan García son asesinados por las turbas. La misma suerte va a correr el sargento Pedro Pablo Aspúrua y también un sastre que se había animado a participar en la trifulca. Monagas es alertado acerca de los hechos en curso y se presenta a caballo, acompañado del general Santiago Mariño, con las fuerzas del orden restablece la calma, pero la herida para el Poder Legislativo había sido mortal.
El Parlamento, después de estos hechos, tardó años en recuperar su autonomía; Monagas lo doblegó como un apéndice de su propio mando y las cámaras se reunieron con Juan Vicente González como secretario. Lo que entonces causó un asombro mayúsculo, ya hasta el día anterior González había sido fervoroso conservador y ahora aceptaba trabajar de un día para otro con los liberales. Fermín Toro, a diferencia de González, no acudió al llamado y pronunció una de sus frases más famosas: «Decidle al general Monagas que mi cadáver lo llevarán, pero que Fermín Toro no se prostituye».
Monagas le envía una carta a Páez el 26 de enero solicitando su colaboración para restablecer la convivencia pacífica. Entonces le atribuye la tragedia al desatino de la guardia del Congreso que enardeció a las turbas, exime a sus seguidores de responsabilidad de los hechos, y Páez le responde con otra misiva en la que se lamenta de haberlo llevado a la presidencia y apela a la responsabilidad moral que siente por semejante error. La respuesta, obviamente, fue una declaración de guerra.
El 4 de febrero de 1848 Páez entrega una proclama en Calabozo y luego se traslada a Apure. Monagas encarga a Mariño de enfrentarlo y este delega al general José Cornelio Muñoz, un antiguo paecista, a batir sus tropas contra las de Páez, y ocurre la batalla del sitio de los Araguatos el 10 de marzo. Páez es derrotado, pero logra huir a Colombia acompañado por Soublette, que estaba con él, y por Ángel Quintero.
De allí se trasladan a Curazao, desde donde invade Venezuela por las costas de Coro el 2 de julio de 1849; en esto ya Soublette no lo acompaña. Páez logra armar un ejército compuesto por 600 hombres, con grandes dificultades, ya que parte de sus recursos habían sido confiscados por el gobierno de Monagas, y esta nueva ofensiva concluye en otro fracaso: el general José Laurencio Silva lo hace preso en Cojedes, en el valle de Macapo Abajo, y lo remite a Valencia, donde es humillado el general Páez con la colocación de grillos en sus pies. Trato que muchos consideraron inaceptable para un hombre que había acumulado sus méritos.
Luego es trasladado a Caracas, donde fue nuevamente humillado, y el encargado de su prisión fue nada menos que Ezequiel Zamora; en los traslados callejeros el prisionero era zarandeado, le gritaban «¡Abajo el rey de los Araguatos!», haciendo alusión a la derrota en la batalla Yanera. Luego Páez es trasladado al Castillo de San Antonio de la Eminencia en Cumaná, donde parte al exilio arruinado el 23 de mayo de 1850. A partir de este año dos hechos en naturaleza económica tuvieron singular importancia: uno, la recuperación de los precios del café, y otro, el hallazgo de las minas de oro en Guayana, que desataron una verdadera fiebre del oro, haciendo la minería una nueva actividad lucrativa nacional.
Entonces, el poder de Monagas en Venezuela era omnímodo. Los conservadores no solo habían sido extrañados de la administración pública, sino que su líder máximo había sido dos veces derrotado, hecho preso y expulsado al exilio. El llamado monagato estaba en pleno apogeo.
El censo nacional de 1847 anotaba la cifra de un millón 267 mil 962 venezolanos. La vicepresidencia de la república la ejercía desde 1849 Antonio Leocadio Guzmán; qué vueltas da la vida, el cambio del encono había sido completo. El año 1850 sería, de acuerdo con la Constitución Nacional de 1830, año electoral, y a los comicios convocados en agosto y octubre se presentan los nombres de Antonio Leocadio Guzmán, que sacó 64 votos, Stanislao Rendón sacó 30, Ángel Ruiz Saco 20 y el general José Gregorio Monagas doscientos tres votos.
La victoria, como vemos, fue para el hermano menor de José Tadeo, quien va a gobernar para el período constitucional de 1851-1855. Por primera vez se perfeccionaba una dinastía en Venezuela: un hermano le entrega el poder a otro y el nepotismo alcanzó entonces su epifanía. José Tadeo regresa a Oriente y apoya de cerca al gobierno de su hermano, quien no obstante se esfuerza por hacer un gobierno propio.
Concluido su período presidencial vuelve el hermano mayor a la conquista del poder. A las elecciones en 1854 se presentaron apenas dos candidatos que obtuvieron este número asombroso de votos: José Tadeo Monagas 397 votos, Fermín Toro 1. De modo que la aclamación de José Tadeo Monagas era absolutamente total y el 31 de enero de 1855 se juramentó José T. Monagas en el templo de San Francisco como presidente de la república para el período constitucional 1855-1859, de acuerdo con la Constitución Nacional de 1830.
Era el séptimo presidente que gobernaba bajo el marco legal vigente, que impedía la reelección inmediata, y su gabinete estuvo constituido por Francisco Aranda en el Ministerio del Interior, Justicia y Relaciones Exteriores, Jacinto Gutiérrez Col en Hacienda y Felipe Estévez en Guerra y Marina. El 23 de abril de 1856 el Congreso Nacional sancionó una ley de reorganización del territorio nacional que estableció veintiún provincias. Esta ley le permitía de manera temporal al presidente de la república nombrar a los gobernadores de las provincias, eliminando las diputaciones regionales hasta que unas elecciones nuevas los eligieran.
De tal modo, después de la promulgación de la ley el poder de Monagas era total, con lo que se podía permitir soñar con una reforma de la Constitución Nacional que materializara dos de sus sueños: reconstituir Colombia y eliminar el artículo 108, que impedía la reelección inmediata. Del delirio de la reconstrucción de Colombia Monagas desistió, pero de lo otro no. Y el 16 de abril de 1857 el Congreso Nacional sancionó la nueva Constitución de la República de Venezuela, y el 18 José Tadeo Monagas firmó el ejecútese.
Esa nueva carta magna introducía dos cambios que satisfacían la voluntad omnímoda de Monagas: uno extendía el período presidencial a seis años y no prohibía la reelección inmediata. Los parlamentarios aprobantes fueron los nombrados a dedo por Monagas gracias a la ley del año 1856 de reorganización del territorio, de modo que el círculo estaba cerrado. De inmediato, Monagas y el vicepresidente nombrado, su sobrino y yerno, además del coronel Francisco Oriach, se hicieron elegir para completar el período de seis años recién decretado, es decir por dos años más, 1859-1861.
Con esos dos años completaría sus primeros seis años de gobierno. La gente entonces tuvo claro que el general Monagas buscaba permanecer durante muchísimos años en el poder. El nepotismo ya era total y la paciencia de sus adversarios había llegado al colmo; el espíritu autoritario que lo llevaba a querer permanecer en la presidencia de la república sin límite de tiempo halló expresión constitucional y naturalmente avivó las fuerzas de la oposición.
Y así fue como el 5 de marzo de 1858 el general Julián Castro se alzó en contra de José Tadeo Monagas en Carabobo y se le sumaron pronunciamientos en Cojedes y en Guárico; en pocos días los mismos seguidores de Monagas lo dejaron solo. Su personalismo había llegado ya a exasperarlos y es sorprendente la manera expedita como fue obligada Monagas a abandonar el poder; lo prueba que aquel hombre fuerte no era tanto y que la trama de poder que había tejido en su respaldo no funcionó en este caso, ya se vino abajo. En una semana, como un castillo de arena, había llegado muy lejos en sus pretensiones hegemónicas y de permanencia en el poder.
La reforma constitucional a su favor dejaba desnudas sus aspiraciones de eternizarse al mando de la república y la alternabilidad había sido una norma consagrada y respetada desde la Constitución Nacional de 1830. Monagas decide renunciar el 15 de marzo de 1858 y se refugia en la Legación de Francia de Caracas. Después de semanas de negociaciones bajo las luces del llamado protocolo Rutia, Monagas puede salir al exilio; su hermano José Gregorio no corrió la misma suerte y fue hecho preso en el castillo de San Carlos, en el Zulia.
Pero ya estaba enfermo de cáncer y falleció cuando iba a ser trasladado hacia Maracaibo para recibir atención médica. Otros funcionarios cercanos a los Monagas fueron apresados. La caída del presidente autoritario fue rápida y sin posibilidades de ofrecer resistencia.
Al momento de conocerse la carta de renuncia de Monagas enviada al Congreso, centenares de personas salieron a las calles de la capital para manifestar su regocijo. Entre ellos, escuchen bien, Antonio Leocadio Guzmán, quien le debía la vida a Monagas y fue un altísimo funcionario de su gobierno y, sin embargo, cabalgaba gritando: «¡Abajo los Monagas, mueran los ladrones!». Bueno, ya vemos que no solo Juan Vicente González era capaz de cambiarse de chaqueta sin que le cambiara el pulso.
Y nos informa su biógrafo Carlos Alarico Gómez que Monagas partió de inmediato hacia Martinica, que allá estuvo unos meses y se desplazó hasta Trinidad. Y allí se estableció junto con su familia y sus allegados, formando una colonia de venezolanos que habían sido aventados por razones políticas. La Guerra Federal ya había comenzado y era obvio que Monagas respaldaba a los federales, que antes habían sido liberales en su mayoría, y por supuesto que se oponía a los adversarios históricos de Monagas: eran los conservadores.
En plena Guerra Federal Monagas vuelve a sus tierras orientales en 1861 y recupera su hacienda, y va reconstruyendo su poder local. Una vez concluida la Guerra Federal y ya al mando Juan Crisóstomo Falcón, Monagas recibe reconocimientos y reparaciones en cuanto a las sanciones que había padecido en 1857, y comienza así a reconformar su fuerza local para futuras oportunidades. Y precisamente se presentará una de ellas ante la crisis política que ocurre en 1868 frente a la debilidad del gobierno de Falcón, su separación del mando y la sustitución de Falcón por Ezequiel Bruzual.
Y pues Monagas no va a desperdiciar esta coyuntura. En Antímano tuvieron lugar conversaciones entre el gobierno interino de Bruzual y un grupo importante de los revolucionarios para que los primeros entregaran el poder con arreglo favorable a ambos grupos, pero el general Monagas lanzó una proclama del 20 de mayo de 1868 obviando los convenios asentados. Y emprendió su marcha desde Oriente y el 12 de junio llegó a Guatire.
El general Bruzual, dentro del espíritu de las conversaciones de Antímano, le propuso a Monagas un avenimiento, pero el líder oriental acepta conversar, cosa que ocurre en la residencia de San Susi, en Chacaíto. Pero los seguidores de Monagas querían una batalla y no un entendimiento. Finalmente la batalla tiene lugar el 21 de junio y el 25 de junio en ese sitio de San Susi, donde hoy en día está el Centro Comercial Chacaíto.
Y el general Monagas entra triunfante a Caracas con el pabellón azul de la Revolución Azul. Terminaba el gobierno de los federales, regresaba al poder el viejo Monagas, que había sido aventado del poder en 1858, cuando el general Julián Castro avanzó de Valencia hacia Caracas sellando el fin del nepotismo y el continuismo de los Monagas. Y ahora ocurría un nuevo cambio de mano en una Venezuela que venía siendo azotada por el caudillismo, por la fascinación por el poder personal y por una dificultad severa para formar instituciones estables.
Regresaba al autoritarismo de Monagas, que había demostrado ejercerlo en forma nepótica, buscando además la perpetuación en el poder y contribuyendo con sus afanes a que Venezuela siguiera asumiéndose a un caudillismo anárquico; le impedía alcanzar una mínima paz para su desarrollo. Y el presidente encargado por Falcón, el general Manuel Ezequiel Bruzual, partió hacia Puerto Cabello una vez que Monagas entró triunfante a Caracas. Hasta Puerto Cabello fue a perseguirlo el general José Ruperto Monagas, el hijo de José Tadeo, y en la refriega fue herido de muerte, falleciendo en Curazao, hasta donde alcanzó a llegar malherido.
Bruzual era conocido con el sobrenombre del soldado sin miedo y le tocó defender la república en los estertores del período constitucional del mariscal Falcón, que iba a gobernar de 1864 a 1869. No olvidemos que la llamada Revolución Azul de Monagas se articula a partir de la intención que tuvo el mariscal Falcón de modificar la Constitución para hacerse reelegir otra vez; fue entonces cuando se unieron los conservadores y un amplio sector de los liberales con el objeto de impedirlo tomando el poder por las armas. Y así fue como Monagas se puso al frente de una revolución que otros habían iniciado.
Y lo primero que hace al tomar el poder José Tadeo Monagas en la capital de la república es refrendar la Constitución vigente, que en ese entonces era de 1864, y nombra un gabinete del cual se va a escoger como presidente provisional al doctor Guillermo Tell Villegas, y es nombrado para tal fin el 27 de junio de 1868. Obviamente el doctor Villegas estaba a las órdenes de quien lo había designado. Lo mismo el ministro de Guerra y Marina era el general Domingo Monagas, un hijo de José Gregorio, sobrino de José Tadeo.
Aquí seguimos en el ámbito nepótico y, bueno, las primeras acciones en Monagas señalan un camino de magnanimidad y olvido del pasado; buscaba algo históricamente difícil: reunir a conservadores y liberales en un solo partido nacional, cosa que no fue posible porque se crearon muy pronto dos bandos, los seguidores de José Ruperto y los seguidores de Domingo. Y la situación se complicó todavía más con el deterioro de la salud de José Tadeo Monagas, quien después de una campaña de pacificación en Valencia contrajo una afección pulmonar que terminó por disminuirlo y murió. Entonces tenía 84 años, de una fortaleza física pues única en nuestra historia guerrera; murió el 18 de noviembre de 1868 en Caracas.
Y al día siguiente de su muerte comenzaron las diatribas entre los seguidores de los dos Monagas en línea de sucesión. Y esto finalmente se resolvió en febrero de 1869, cuando el general Domingo Monagas declinó a favor de su primo hermano José Ruperto. Bueno, aquí es imposible no anotar la paradoja según la cual José Tadeo Monagas toma el poder después de Falcón y este se ve obligado a abandonar el poder por pretender lo mismo que condujo a Monagas a perderlo en 1858.
Es decir, Falcón intentó una reforma constitucional con miras a hacerse reelegir indefinidamente, lo mismo que había hecho Monagas. Para colmo de simetrías históricas, Monagas alcanza el poder y desarrolla la misma política magnánima que Falcón adelantó cuando llegó al mando, pero bueno, ya Monagas estaba viejo y el destino dictó su última sentencia. Hasta aquí la vida y obra del general José Tadeo Monagas, les habla Rafael Arráiz Lucca, y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia.
Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastián y Fernando Camacho. Y en la dirección técnica, Fernando Camacho. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter @RafaelArraiz. Hasta nuestro próximo encuentro.