Serie Militares
16 de marzo de 2021

Serie Militares. Francisco de Miranda. Cap 1.

Serie Militares. Miranda. Cap 1.

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Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Productor nacional independiente número 30.720. Hoy vamos a iniciar una serie nueva, una serie larga de militares venezolanos, y vamos a comenzar con el precursor, Francisco de Miranda. Vamos a empezar, además, haciendo un mapa de la familia a la que va a llegar Francisco de Miranda en Caracas.

Su padre se llama Sebastián de Miranda y Arbelo, nació en 1721 en el valle de La Orotava, en Santa Cruz de Tenerife. Va a casarse en Caracas con Francisca Antonia Rodríguez de Espinoza en 1749. No sabemos cuándo nació Francisca, pero sí sabemos que falleció en 1777.

Sebastián tenía 28 años cuando casó y tampoco sabemos cuándo llegó a Caracas, ya que ningún biógrafo lo precisa con exactitud. En todo caso, esta pareja tuvo 10 hijos y el primogénito fue Sebastián Francisco de Miranda Rodríguez, nacido en Caracas el 28 de marzo de 1750 y fallecido en Cádiz el 14 de julio de 1816 a la edad de 66 años. Tampoco sabemos por qué Francisco de Miranda no usaba el nombre Sebastián y por qué se decantó por usar Francisco cuando ese era su segundo nombre. Sospechamos que lo hizo para diferenciarse del padre.

Por su parte, la madre era hija de portugués y canaria. Se sabe que el padre de Francisco de Miranda, Sebastián, se dedicó al comercio en Caracas con bastante fortuna y acumuló bienes como para llevar una vida más que decorosa.

La mayoría de los hermanos Miranda Rodríguez fallecieron en la infancia y en la adolescencia; esto era muy frecuente en aquella época. Y gracias a uno de los biógrafos de Miranda, Manuel Lucena Giraldo, conocemos las fechas del nacimiento y los nombres de los hermanos Miranda Rodríguez: Ana Antonia, que nace en 1751; Rosa Agustina en el 52; Micaela Antonia en el 53; Miguel Francisco en el 54; Javier en el 55; Francisco Antonio Gabriel en el 56; Ignacio José en el 57; Josefa María Rafaela en 1760; y Josefa Antonia en 1764. Como vemos, los primeros años es un hijo por año y ustedes se preguntarán: ¿por qué se repiten nombres?

¿Por qué hay otro que se llama Francisco Antonio Gabriel? Esto era muy frecuente en esa época: como los niños morían con tanta facilidad por razones de salud y de atraso en la medicina, muchos padres repetían los nombres ante ese temor. Dijimos antes que la madre va a fallecer en 1777, cuando Francisco de Miranda tiene 27 años y ya está en Cádiz formándose como un militar español.

Y cuando fallece el padre, Sebastián, en 1791, Miranda estará viviendo en Londres, de modo que en ninguno de los dos decesos del padre y de la madre Miranda va a estar en Caracas.

Veamos algo acerca de su educación caraqueña. Sabemos que en 1767 certificó dos años de estudio para alcanzar a ser bachiller, pero no incluyó el año que le faltaba. Por eso no lo hallamos en los registros de bachilleres que autenticaba la Universidad de Caracas; allí lo buscamos y no está. Y la razón es esa: cursó dos años y le faltó el año definitivo.

De modo que su formación va a ser obra en su mayor parte de sus tareas de lector como autodidacta, además de sus innumerables viajes por el mundo y de sus diálogos con personas principales y secundarias de muchísimos países de Europa.

Y sin temor a equivocarnos apuntamos que su formación fue la de un caballero europeo de su tiempo, con la singularidad de su origen americano, lo que lo distinguía notablemente. Entre 1763 y 1771 va a ser gobernador de la provincia de Venezuela José Solano y Bote, por cierto fundador del pueblo de Chacao, quien además tuvo muchas iniciativas vanguardistas. Entre ellas, la de formar una milicia de blancos con origen canario, y esa milicia estaba presidida por el padre Sebastián de Miranda.

Este nuevo cuerpo enardeció a los mantuanos caraqueños, quienes se quejaron amargamente ya que muchos de sus integrantes canarios no podían demostrar su limpieza de sangre.

Todo esto le dejó claro al hijo de Sebastián, a Francisco, que su condición social en Caracas no era la mejor dentro del sistema de castas colonial, y les dijo claro: si quería seguir la carrera de las armas, Caracas no es el sitio adecuado. Por más que Carlos III hubiese fallado a favor de Miranda cuando los padres interpusieron papeles para certificar sus orígenes, una vez solicitados en juicio sobre la diatriba caraqueña.

En todo caso, el padre, la madre y el hijo deciden, con los bienes de fortuna que tienen acumulados, que no son pocos, enviar a Francisco de Miranda a España, a formarse como soldado, y allá va a irse.

Los padres reúnen los papeles necesarios para hacerse un hombre de armas en España y Francisco, el muchacho, va a zarpar el 25 de enero de 1771 de La Guaira con rumbo hacia Cádiz. Tenía 21 años. Va a regresar a Venezuela en 1806 cuando sumaba 56 años. Es decir, durante 35 años estuvo fuera de su país, desarrollando una de las peripecias vitales más intensas, agitadas e impensables de su tiempo.

Además, ese 1806 en el que estuvo en Venezuela fue por unos pocos días y unos días muy infortunados, como veremos en su momento. Y va a regresar al cuartel general de Londres y volverá a La Guaira el 10 de diciembre de 1810, cuando ya tenía 60 años, un sexagenario que era un hombre muy mayor para el promedio de vida en la época y todavía le faltaban unas cuantas calamidades por padecer. Cuando regresa, en 1810, ya suma 39 años fuera de Venezuela. Y Venezuela, sin embargo, fue una suerte de obsesión que articuló prácticamente toda la existencia de Miranda.

Y además hay un dato interesante: apenas se monta en el barco en La Guaira, rumbo a Cádiz en 1771, comienza a escribir su famoso diario, La Colombeia, que es sin duda el más extenso, profundo y pormenorizado cuerpo de anotaciones que haya escrito un latinoamericano de su tiempo. Estamos hablando de una obra de 63 tomos que con toda justicia está siendo considerada por la UNESCO para formar parte del registro y la memoria del mundo. Y en ese diario de Miranda está toda su peripecia: su formación militar, su formación de gentilhombre, sus lecturas, sus viajes y su participación en la Revolución Francesa.

Los intereses variedísimos que tenía Miranda los iba anotando en el diario sobre los temas más diversos: arquitectura, sistemas penales, agricultura, sistemas de riego, manifestaciones culturales y muchos otros tópicos. La panoplia de interés de Miranda es asombrosa. Y bueno, esa vida de Miranda de trotamundos comienza en Cádiz, luego pasa a Madrid; allí estudia con miras a ser aceptado en el ejército y eso ocurre el 7 de diciembre de 1772.

Lo logra después de haber cancelado 8 mil pesos para obtener la patente de capitán del Regimiento de Infantería de la Princesa. Esto era lo usual, no vaya a pensarse que se trata de otra cosa. Lo usual es que el aspirante tenía que pagar por esos comienzos de carreras militares. Al año siguiente, en 1773, lo tenemos en las posesiones españolas del norte de África, en Melilla.

Allí está en funciones guerreras entre 1774 y 1775, y este último año participa en la expedición de España a Argel, una expedición que fracasa. Luego Miranda es trasladado a Málaga, luego a Cádiz y luego a Gibraltar. Y entonces va a conocer a una persona que va a ser importante en su vida: el coronel Juan Manuel Cajigal, que va a ser determinante de su futuro inmediato.

Vamos a tener al joven soldado Miranda en 1776, 77 y 78 en Cádiz; este último año es trasladado a Madrid. Y en 1779 es arrestado por un conflicto que tiene con su superior jerárquico dentro del Ejército. Él logra demostrar su inocencia y sale de la cárcel al año siguiente, en 1780. Y entonces se va de Cádiz a La Habana a las órdenes del coronel Juan Manuel Cajigal.

Estamos hablando de un hombre que tiene 30 años y en La Habana va a dar un giro importante en su vida. A las órdenes de Cajigal va a integrar la expedición española que va a reforzar las fuerzas patrióticas estadounidenses en contra de los ingleses. En el sitio de Pensacola, allí va a participar Miranda en su primera batalla en suelo americano. Y entonces ha ascendido a teniente coronel por su actuación muy destacada en Pensacola.

Luego lo envían a Jamaica, una misión secreta: comprar buques para la escuadra española en Cuba, y al año siguiente lo tenemos entre los que conquistan las Bahamas de manos británicas. Y luego lo arrestan de nuevo porque lo responsabilizan de la visita del general inglés Campbell a La Habana, pero Cajigal intercede por él, demuestra de nuevo su inocencia y sale libre.

Sin embargo, las persecuciones contra Miranda no cesan y toma la decisión de desertar, porque la sola protección de Cajigal no va a estar, pensaba Miranda.

Y a mediados de 1783 se va a los Estados Unidos y allí va a estar durante año y medio. En los Estados Unidos iba a visitar y conocer Carolina del Norte, Charleston, Filadelfia. Y en Filadelfia va a compartir la mesa nada menos que con George Washington. Va a cenar, también visita a Wilmington, y mientras tanto las autoridades españolas en La Habana lo han juzgado y condenado a 10 años de cárcel.

Ha sido juzgado en ausencia, por supuesto; Miranda se va y está ya en los Estados Unidos mientras lo sentencian. En el año siguiente, en 1784, lo tenemos viajando por los Estados Unidos: Nueva York, West Point, Albany. Y allí va a visitar a Alexander Hamilton y Henry Knox y comienza a hablarles abiertamente de su proyecto de liberar la América española.

Estos son sus inicios, los inicios de su proyecto. Entonces visita la Universidad de Yale, va a Providence, a Boston, a Salem; se entrevista con Samuel Adams y con el general Lafayette, y finalmente decide irse a Londres, donde va a desembarcar el 1 de enero de 1785.

Ya el proyecto de liberación de la América española ha echado raíces en su psique; se va a tornar en el epicentro de su vida. No ha ocurrido la Revolución Francesa; la americana sí. De tal modo que este es el ejemplo, lo que entusiasma a Miranda: lo que él ha visto en los Estados Unidos, esa república naciente, esa democracia naciente.

Porque estamos hablando de 1785: los Estados Unidos se fundaron en 1776 y 1785 son cuatro años antes de la Revolución Francesa. Y aquí en Londres él decide entonces hacer lo que se conocía en aquella época como el Gran Tour. El Gran Tour era el viaje que un gentilhombre, que un caballero, tenía que hacer por el viejo mundo para conocerlo estrechamente. Ese viaje de Miranda va a durar de 1785 a 1789 y va a ser decisivo para la red de influencias que Miranda va a tejer en Europa.

Y muy particularmente, a partir del encuentro que él tiene con la emperatriz de Rusia, Catalina la Grande, quien lo va a proteger durante muchos años de los abusos del Imperio Español, que le siguen el rastro para echarle la mano y apresarlo. Y en este periplo de cuatro años de viaje, Miranda va a su vez no solo a conocer los sitios, sino a tejer una red de relaciones y a continuar escribiendo su diario. Todo va al diario.

Vemos que ese viaje tiene por lo menos dos facetas, dos propósitos. El conocimiento de la realidad en los países visitados e ir tejiendo una red de apoyo para su proyecto de liberar las provincias americanas del Imperio Español. Ese viaje lo inicia con un amigo, el coronel norteamericano William Smith. Y ambos parten de Londres hacia Holanda y allí visitan Rotterdam, La Haya, Leiden, Haarlem y Ámsterdam.

Luego pasan a lo que hoy en día es territorio alemán. Van de Hanóver a Brunswick y Potsdam y pasan por el castillo de Sanssouci; allí son recibidos por el príncipe de Prusia. Luego siguen hacia Meissen, Leipzig, Dresde, Praga y Viena.

En Viena se consiguen y tejen una amistad con el famosísimo compositor Joseph Haydn. Y luego siguen hacia Graz, Leibach, Trieste y Venecia.

A finales de 1785 están en Verona, Mantua, Parma, Módena, Bolonia y Florencia. En enero de 1786 los hallamos visitando Pisa, Livorno, Siena, Viterbo y finalmente llegan a Roma. Esta visita a Roma va a ser importante para Miranda por varios motivos, pero muy particularmente porque entra en contacto con el jesuita peruano Juan Pablo Viscardo. Viscardo ha sido expulsado de Lima cuando expulsan a los jesuitas de los territorios americanos del Imperio Español y muchos de esos sacerdotes de la Compañía de Jesús viajan a Roma.

Allí va entonces a entrar en contacto con Viscardo; luego sigue su viaje hacia Nápoles, Pompeya, Ragusa, Dalmacia, Santa y Patras, de modo que ya estamos en Grecia.

Desembarca en el Pireo, van a Atenas y siguen hacia Quíos, Esmirna, los Dardanelos y Constantinopla, hoy día Estambul, y allí en Constantinopla pasan más de un mes, bueno, las razones abundan para pasarse más de un mes. Estambul es una ciudad inimaginable en su importancia histórica y en su belleza topográfica, verdadero prodigio, y además confluencia de Oriente y de Occidente. En el diario, las anotaciones de Miranda sobre Grecia son notables. Son de las más interesantes por razones obvias y porque el interés que él tiene en la arquitectura es una de sus pasiones como lector.

Y estando allí, la zarina, la emperatriz Catalina, va a ordenar que se le pida un pasaporte a Miranda con el nombre de conde de Miranda, una vez le dan un título nobiliario. Y entonces navega por el mar Negro y en diciembre le es presentado nada menos que al príncipe Potemkin. Y con él, con Potemkin, va a visitar Crimea y luego viajan allí.

Estamos en 1787 y allí está la emperatriz dispuesta a conocerlo; se queda junto a ella durante varios meses. Las historias que Miranda relataba hacían la delicia de cualquiera que quisiera escucharlo y él ha debido tener unos encantos personales muy, muy particulares para que las puertas de todos estos palacios europeos se le fueran abriendo. Ya iba creciendo la leyenda alrededor de su nombre, este hombre perseguido por el Imperio Español que viajaba buscando tejer una red de apoyo para liberar a las provincias españolas en América y había pasado por todo tipo de vicisitudes. Y episodios, pues con mucha razón, eran una delicia para quien lo quisiera escuchar.

Estando en Rusia, va a visitar el Kremlin, va por supuesto a conocer San Petersburgo. Allí va a detenerse días en el Museo Hermitage. Va a ir al palacio en las afueras de San Petersburgo, que es Tsárskoye Seló, y allí vuelve a encontrarse con Catalina y continúan sus diálogos, sus conversaciones, sus encuentros. Cierta mitología le atribuye a estos encuentros algo más profundo que los diálogos, pero la verdad es que no es algo que hayamos podido comprobar de manera fehaciente.

En todo caso, había una amistad importante, un enamoramiento mutuo entre estos dos personajes que van a tejer esta amistad y que para Miranda representó un apoyo fundamental en su vida. En la próxima parte del programa, seguimos avanzando con la vida de Francisco de Miranda. Ya regresamos.

En la parte anterior del programa hablábamos de ese encuentro en Tsárskoye Seló entre Catalina y Francisco de Miranda. Terminada la estancia, Miranda continúa su viaje y le deja una carta muy expresiva a la emperatriz diciéndole: "La protección que la magnanimidad de vuestra majestad imperial ha querido concederme..." Y sigue su viaje hacia Finlandia.

En Estocolmo conoce al rey de Suecia. Y allí se enamora, esto sí está bastante documentado, de Katerín Kristine Strandl y se queda varios meses en Estocolmo con ella hasta que sigue su viaje hacia Noruega. Luego pasa por Dinamarca y se establece en Copenhague. Y en Copenhague pasa dos meses alojado en la casa del embajador de Rusia.

Y allí recibe el año 1788 y entra en diálogos con el canciller de Dinamarca, que hace una buena amistad; a todo quien conversa con él le refiere su proyecto. Luego sigue hacia Hamburgo, Bremen, vuelve a Holanda, después pasa Bruselas, luego a Düsseldorf, Colonia, Bonn, Coblenza, Frankfurt, Mannheim, Heidelberg, Estrasburgo y Basilea. Y le dedica cuatro meses a recorrer atentamente todos los cantones suizos y se detiene en Basilea, Lausana, Berna, Zúrich y Ginebra.

Y en Rolle se va a reunir con el gran historiador Eduard Gibbon. Sigue hacia Francia, entonces va a pasar por Vienne, Valence, Montélimar, Aviñón, Saint-Provence y llega a Marsella, y de allí sigue hacia Tolón, Niza y recibe el año 1789 en Génova.

Y aquí viene el año final del Gran Tour, el año final cuyo recorrido es así: Turín, Arles, Nimes, Montpellier, Béziers, Narbón, Carcasona, Toulouse, La Rochelle, Nantes, Lorient, Brest, Saint-Malo, Cherburgo, Le Havre y París. Y a París va a entrar de incógnito, perseguido por la Policía francesa y protegido por el embajador ruso.

Va a tomar el camino de Chantilly, Saint-Lis, Lille y llega a Dunkerque y luego a Calais, y allí se embarca hacia Dover y llega a Londres el 18 de junio de 1789. ¿Por qué lo perseguía la policía francesa? Bueno, por instancias del Imperio Español, que era su sabueso y que lo perseguía donde podía hallarlo con sus servicios de inteligencia. Al llegar a Londres ha terminado un viaje de cuatro años y va a retomar la madeja de sus amistades londinenses para actualizar su proyecto americano. Como sabemos, esto es el anverso en todo lo que hace, una suerte de obsesión articuladora de su personalidad.

Y ya en su casa en Londres le escribe una carta a Catalina de Rusia, otra al príncipe Potemkin, agradeciéndoles la eficaz protección durante todo el largo recorrido. Si no hubiera sido por ello, probablemente hubiese caído preso. Y establece amistad con el primer ministro británico, el legendario William Pitt, y le pide, por supuesto, ayuda para su proyecto americano.

Pitt se va a interesar hasta que Gran Bretaña y España firman un acuerdo y, obviamente, Pitt no puede respaldar la acción mirandina que fuese contra los intereses de sus socios españoles. Hasta ahí llegaron las conversaciones, una vez que se firma el acuerdo entre Gran Bretaña y España.

En 1791 va a complicarse la situación económica de Miranda porque fallece su padre en Caracas y deja de recibir el dinero que su padre religiosamente le envía al lugar del mundo en el que esté, de modo que comienza a ponerse las cosas verdes.

Han pasado las duras y las maduras; sin embargo, él sigue intentando el apoyo inglés y finalmente, cuando se da cuenta de que no va a recibir apoyo inglés por razones geopolíticas, las que señalé antes, baja a Francia.

Llega a París el 23 de marzo de 1792 y entonces vienen ocho años vertiginosos en la vida de Miranda, que es su participación en la Revolución Francesa. Él va a estar en Francia entre 1792 y 1798. Al llegar, Pétion le propone que se quede en Francia y se una al Ejército de la Revolución Francesa. Entonces le ofrecen el grado de mariscal de campo; Miranda lo piensa y finalmente decide que sí, y el 25 de agosto de 1792, con su grado de mariscal de campo, se une a las fuerzas de la Revolución Francesa.

Y por supuesto viene una ruptura con la tutela rusa. Le envía una carta al embajador de Rusia en Londres, explicando su decisión y lo conveniente que fue de ser para su empeño de liberar a las provincias españolas en América. Esa era su argumentación, por cierto un poco difícil de argumentar. En todo caso, en cuanto llega la noticia a la zarina, pues el disgusto es mayúsculo, porque se trataba de una ruptura.

Se trataba evidentemente de una ruptura; Miranda elegantemente trata de justificarla pero la molestia de la emperatriz se hace evidente. Entonces Miranda se suma al Ejército del Norte al mando del general Dumourier. Esto lo relata perfectamente Caracciolo Parra Pérez en su libro Miranda y la Revolución Francesa.

Y vamos a tenerlo ascendido a teniente general de los ejércitos en octubre de ese año. ¿Y el 13 de febrero de 1793? Miranda redacta una proclama donde anuncia la declaración de guerra a Inglaterra y Holanda. Su suerte cambia y, de pronto, es hecho preso por orden de Fouquier en abril. Pero en mayo ya el jurado lo ha declarado inocente.

Esto le ha pasado varias veces a Miranda a lo largo de su vida. Es propio de las conspiraciones militares, de los dimes y diretes, los chismes. Lo ponen preso, lo llevan al juicio, demuestran la falsedad de las acusaciones y sale, pero nadie le devuelve los días en la cárcel.

Un tiempo después, los amigos de Miranda, que son los girondinos, van a caer en desgracia también y Miranda vuelve a la cárcel. Esta vez va a estar preso un rato, un rato largo incluso. Va a estar preso durante año y medio y el 15 de enero de 1795 sale de prisión. Entonces comienza a frecuentar en París el salón de la marquesa de Cristín, con quien va a mantener una relación amorosa intensa.

Solo he referido las relaciones amorosas de Miranda públicas y conocidas; han habido muchas otras que es imposible de referir. Y este año se va a topar en los salones parisinos con un joven militar corso con quien no mantiene una amistad estable, no hay un vínculo. A pesar de que se conocen, me refiero a Napoleón Bonaparte. Sin embargo Napoleón respetaba a Miranda y hay una frase muy famosa de Napoleón sobre Miranda en la que dice: "tiene fuego en el alma", y la verdad es que sí, Miranda tenía fuego en él.

Eso no hay duda, pero Napoleón desconfiaba de él, quizás sospechaba que se tratara de un espía español, por supuesto una sospecha totalmente descaminada e infundada. Y en estas vuelve a haber una vuelta, un cambio en la política francesa y Miranda vuelve a caer preso. Esta vez se ordena la deportación de Miranda, pero Miranda logra vivir en la clandestinidad hasta demostrar su inocencia y vuelve a los salones de París.

Y en 1797 vuelve a cambiar negativamente para Miranda y sus amigos la suerte; es perseguido de nuevo y ya esta vez sí decide irse de Francia. El 11 de enero de 1798 llega a Dover, disfrazado con una peluca y unos anteojos verdes, con un pasaporte ruso falso. Y así termina el capítulo francés de la Revolución Francesa en Miranda, imposible más agitado e complejo.

Les he ahorrado las batallas, pero fueron varias exitosas las que dio Miranda; como todos sabemos su nombre está esculpido en el Arco de Triunfo de París, con muy buenas razones. Sus batallas fueron en ese Ejército del Norte al mando del general Dumourier, pero él fue escalando posiciones y terminó siendo un factor principal en esas batallas. Pero, como vemos, la política francesa cambió muchísimo esos años y unas veces estuvo en la cresta de la ola y otras veces en la cárcel, hasta que finalmente desiste del vaivén de la política francesa y regresa a su cuartel general en Londres.

Y de todos lo que escribió Miranda en su etapa de la Revolución Francesa, escribió unos cuantos textos. Hay uno que revela sus dotes de estadista. Ese texto se titula Opinión de Miranda sobre la situación actual de Francia y los remedios convenientes a sus males, está fechado el 2 de julio en 1795 y es un texto muy crítico acerca de los graves errores cometidos en los tiempos revolucionarios.

Dice Miranda lo siguiente: "Por último la paz, el establecimiento de un gobierno libre y vigoroso y el crédito público abrirán las fuentes de la prosperidad de nuestro país, y la Francia colmará de bendiciones a los hombres que después de tantos crímenes y desgracias encuentren la solución a este problema difícil. Dos puntos. Aliar la libertad de un pueblo con la calma y tranquilidad".

Bueno, ahí ya empieza, ya se revela el hombre político, el hombre de Estado en esa carta. Por cierto, nótese que se asume como un ciudadano francés y por eso se permiten las críticas.

Bueno, tiene razones para hacerlo. Es un hombre que ha puesto la carne en el asador o estaba en la guerra por Francia, ha podido perder la vida, de modo que ciudadano francés esa condición se la ha ganado en el campo de batalla, no se le puede escamotear de ninguna manera. Y por eso se permite críticas severas al proceso revolucionario.

Además, Miranda tenía un espíritu crítico acendrado, más allá de que también fuese elegante y con muy buen estilo para decir las cosas, pero tenía un espíritu crítico. Bueno, él va a reorganizar su vida en Londres. Se conmueve con la carta a los españoles americanos del padre Viscardo.

El padre va a fallecer en 1798 y se propone divulgarla, ¿por qué? Porque a él le han entregado parte de los papeles del padre Viscardo para que haga con ellos lo que quiera. Encuentra la carta, la traduce y se propone divulgarla.

Allí en Londres, los americanos siempre están visitándolo, a los que... los americanos patriotas. Y uno de ellos es Bernardo O'Higgins, quien conversa varias veces con él antes de regresar a Chile. Miranda va a empezar a buscar créditos para mejorar su situación económica. En esos años recibe una carta de Manuel Gual donde va a relatar el fracaso del año anterior en Caracas; nos referimos al episodio de Gual y España desde 1797.

Y por otra parte su fiel amigo Juan Manuel Cajigal le escribe notificándole que el pleito de España contra él ha sido sentenciado a su favor. España, después de años y años, sentencia a su favor el pleito contra él por lo que ustedes recuerdan: la entrada de Campbell en La Habana y cuando a Miranda lo acusaron de contrabando. Y bueno, Miranda le da las gracias a Cajigal con mucha elegancia, pero dice que su empeño está en otro punto: no se trata de regresar a España, lo de él es liberar a las provincias americanas del Imperio español y se propone regresar a Francia.

Y le dirige una carta a Napoleón Bonaparte y en ese entonces ya comienza a estar con él Sarah Andrews, que era su ama de llaves, pero que también va a ser su mujer porque es la madre de sus dos hijos, Leandro y Francisco Miranda. Ya está Sarah Andrews con él. Vuelve a Francia en agosto, se entrevista con el general Lafayette y al día siguiente lo vuelven a encarcelar.

Fouché desconfía de Miranda, lo someten a interrogatorios y finalmente lo vuelve a expulsar de Francia en marzo de 1801. Y ya no regresará jamás. En Holanda, cuando está regresando a Londres, lo siguen; hasta allá llega el brazo de Fouché.

Y entonces al regresar a Londres en 1801 escribe una famosísima proclama donde apunta lo siguiente; voy a leerles algunos fragmentos de esa proclama. Dice: "Nuestros derechos como nativos de América o como descendientes de los conquistadores —como indios y españoles— han sido violados de mil maneras. La España solo se acuerda de nosotros para imponernos tributos, para enviarnos un enjambre de tiranos que nos insultan y despojan de nuestros bienes, para ahogar nuestra industria, para prohibir nuestro comercio, para embarazar nuestra instrucción y para perseguir todos los talentos del país".

Sigamos las huellas de nuestros hermanos, los americanos del norte, estableciendo como ellos un gobierno libre y juicioso. Obtendremos los mismos bienes que ellos obtienen y gozan al presente; así, compañeros, todo depende de nosotros mismos: unámonos por nuestra libertad, por nuestra independencia. Un gobierno libre mira a todos los hombres con igualdad cuando las leyes gobiernan. Las solas distinciones son el mérito y la virtud, en fin, con ciudadanos ya no seremos extranjeros de nuestro país.

Bueno, como podemos ver en esta cita que hago de Miranda, ya vemos una declaración de principios liberales republicanos; con esos principios es con los que va a convidar a sus paisanos o sus compatriotas americanos a conquistar la libertad. Y ya Miranda en Londres comienza a frecuentar a Nicolás Vansittart, el primer ministro, por intermedio de su eterno protector John Turnbull, y Vansittart se anima con el proyecto de liberación de Miranda. Miranda debió explicarlo con mucha fuerza, con mucho énfasis, para lograr estas adhesiones automáticas prácticamente de inmediato. Y ya Miranda empieza a soñar con una denominación para ese nuevo Estado que va a crearse, según sus sueños, en sustitución de las provincias españolas en América.

Ese estado se va a llamar Colombia en homenaje, obviamente, al descubridor del continente, Cristóbal Colón. Y su proyecto se ve de nuevo ensombrecido por las negociaciones entre Inglaterra y Francia y su socio español. Es decir, al Inglaterra negociar con Francia, como colateral está negociando con España y pues ya el gobierno inglés no puede interesarse en el proyecto mirandino. Nuevo desengaño para Miranda, otro más.

En 1802 lo vamos a ver concentrado en la lectura y asentado en su nueva casa, la de Grafton Way. Por cierto, esta casa fue comprada por el gobierno de Venezuela en 1978 cuando era presidente de la República Carlos Andrés Pérez. Y ahí está la Casa de Miranda en Londres, se construyó un teatro que se llama el Bolívar Hall. Esto fue una decisión acertadísima en ese momento.

En esos años, Miranda, en 1802, va a estar esperando que estalle la guerra entre Francia y los Estados Unidos para que esto favorezca su proyecto. Por supuesto, esa guerra no estalló nunca, no ocurrió. Y él va a seguir en su empeño. En 1803 y en 1804 Vansittart le transmite la decisión definitiva del gobierno inglés: no avalarán algo que perjudique a España mientras ella se mantenga neutral.

Ese año, el año anterior, en 1803, nace su hijo con Sarah Andrews, su primogénito Leandro. Y a finales de 1804, en una vuelta de la política inglesa, Pitt vuelve a ser primer ministro y Miranda lo contacta de nuevo con su plan ya detallado, detalladísimo. No logra ningún resultado y en 1805 se olvida de Inglaterra y se embarca hacia Nueva York el 2 de septiembre. Ahora viene otra etapa vertiginosa de su vida que veremos en el próximo programa.

Hasta aquí, el venezolano de hoy habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Fernando Camacho, y en la dirección técnica Fernando Camacho. Y a mí me consiguen por mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com y por Twitter, arroba Rafael Arráiz. Ha sido, como siempre, un gusto hablar para ustedes y sobre todo de este personaje fascinante de Venezuela, Francisco de Miranda y Rodríguez, hasta nuestro próximo encuentro.

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