Serie Militares. Daniel Florencio O'Leary
Militares. Daniel Florencio O'Leary
Transcripción
Daniel Florencio O'Leary, que no siendo un militar venezolano participó desde 1818 en todo el proceso de la guerra de Independencia en Venezuela e incluso después tuvo participaciones venezolanas ya una vez establecida la República de Venezuela, a partir de 1830. De modo que se justifica que hablemos de un irlandés porque fue un irlandés el que entregó la vida a Venezuela, literalmente vamos a hablar de él y su trayectoria. Y que nosotros sepamos ninguno de sus biógrafos ha dado con el día exacto de su nacimiento en Cork, en Irlanda, en el año de 1801.
Sabemos que fue hijo de Jeremías O'Leary y Catalina Burke; por cierto, Catalina Burke era pariente de Edmund Burke, el filósofo y político irlandés de señalada importancia para el pensamiento liberal. La familia a la que llega Daniel Florencio O'Leary Burke es católica, como es natural en Irlanda. Su infancia y adolescencia transcurren en medio de las tensiones entre Inglaterra e Irlanda, es decir, el protestantismo inglés y el catolicismo irlandés, y bajo la influencia de Daniel O'Connell, que era el abanderado del nacionalismo irlandés y el principal abogado de la causa separatista de Irlanda del Reino Unido.
Suponemos que la decisión del muchacho de embarcarse hacia Venezuela está vinculada con la influencia de O'Connell, quien admiraba la gesta libertadora de Simón Bolívar y buscaba una autonomía similar para Irlanda, pero la verdad es que se sabe muy poco acerca de las causas que lo llevaron tan joven a alejarse de Cork, con su río Lee, se llama, y su bahía ancha.
Afirma uno de sus biógrafos, Edgardo Mondolfi Gudat, lo siguiente: ni siquiera conocemos el grado de educación que pudo llegar a recibir en Cork. Así es, lo que sí sabemos es que gracias a las gestiones de Luis López Méndez, por indicaciones del Libertador, O'Leary forma parte de la Legión Británica que comienza a llegar a Venezuela a partir de 1817 y hasta 1820, gracias al estudio de Matthew Brown que se titula Aventureros, Mercenarios y Legiones Extranjeras de la Gran Colombia.
Conocemos las cifras de 6808 personas, discriminadas de la siguiente manera: 720 en 1817, de los reclutados por López Méndez que llegaron con Gustavus Hippisley; 1200 en 1818-1819, de los que llegaron con James Towers; y 572, de los que llegaron en 1819 con George Elson, ambos contingentes de la llamada Legión Británica. También 300 en 1819, de la llamada Legión hanoveriana presidida por Johannes von Uslar, el bisabuelo de Arturo Uslar-Pietri.
En total, 1729 entre 1819 y 1820 de la llamada Legión irlandesa reclutada por John Devereux, y 900 de las legiones de McGregor, en 1819 ambas. Brown suma un rubro de otros individuos, donde cifra 387, y otro rubro de aventureros marinos donde estampa la cifra en mil. De modo que estas son las cifras hasta ahora mejor documentadas, ya que desde los 6808 su autor cuenta con fichas biográficas y precisas de la mitad de este personal, de modo que es lo más cercano a la realidad que tenemos.
Y uno u otro de los biógrafos de O'Leary, Israel Peña, nos informa que el joven irlandés llegó a Angostura en el bergantín Conquistador y formaba parte del cuerpo de los húsares rojos que habían salido de Inglaterra y habían hecho escala en la isla de Granada. O'Leary venía como alférez, al mando de Henry Wilson, y se estima que llegaron en marzo de 1818. En Angostura estuvieron unos días chapuceando español hasta que en abril llegó otro contingente al mando de Gustavus Hippisley; a todos los recibe Carlos Soublette, que era el jefe del Estado Mayor, y los envía a San Fernando de Apure por el Orinoco, y llegan a San Fernando el 22 de mayo y todos se reúnen con las tropas de José Antonio Páez.
Desde este encuentro disfrutó la malhadada idea de Wilson de desconocer a Bolívar y reconocer a Páez como jefe máximo. Esto terminó muy mal para Wilson, ya que fue detenido y expulsado del país. Por su parte, O'Leary no se sintió a gusto en aquel ambiente, vamos a llamarlo poco civilizado, y regresó a Angostura a ponerse a las órdenes de Bolívar, a quien ansiaba conocer.
Al llegar a Angostura, Soublette lo destina a la Guardia de Honor del Libertador al mando de José Antonio Anzoátegui, y estaban en las misiones del Caroní. Hacia allá va O'Leary. El 27 de marzo de 1819 lo tenemos en su primera batalla, en Trapiche de la Camarra; allí, después de la batalla, es ascendido a capitán. El 2 de abril va a presenciar la hazaña de Páez en las Queseras del Medio, la legendaria hazaña páez sobre la que Bolívar escribió un texto ditirámbico, elogiosísimo, de lo que habían hecho estos 150 lanceros a las órdenes de José Antonio Páez.
Eso lo va a presenciar O'Leary. Los meses siguientes va a participar en las preparaciones de la campaña de Nueva Granada, y en ella estará como edecán de José Antonio Anzoátegui. Y en sus memorias, las Memorias de O'Leary, de las que hablaremos más adelante con más detalle, él dejó escrito lo que significó el paso de los Andes para el Ejército Libertador. Recordemos que O'Leary pasará todos estos años tomando notas para las narraciones a las que le dará forma en Jamaica, entre 1830 y 1833.
Voy a leerles lo que él escriba en sus memorias sobre el paso de los Andes. Sobre este episodio dice O'Leary: "Los soldados que habían recibido raciones de carne y arracacha para cuatro días las arrojaban y solo se cargaban de su fusil, como que eran más que suficientes las dificultades que les presentaban para el ascenso. Aun yendo libre de embarazo alguno, los pocos caballos que habían sobrevivido perecieron en esta jornada. Tarde de la noche llegó el ejército al pie del páramo de Pisba y acampó allí. Noche horrible aquella. El efecto del aire frío y penetrante fue fatal en aquel día para muchos soldados. En la marcha caían repentinamente enfermos; muchos de ellos, ya a los pocos minutos, expiraban. La flagelación se empleó con buen éxito en algunos casos para reanimar a los emparamados, y así logró salvarse un coronel de caballería. Aquella noche fue más horrible que las anteriores y, aunque el campamento estaba más abrigado y era menos frecuente la lluvia, perecieron muchos soldados a causa de sus sufrimientos y privaciones. El 6 llegó la División de Anzoátegui, asolada en la caballería; había llegado sin un solo caballo, las tropas estaban sin vestido, los hospitales llenos y el enemigo se encontraba a pocas jornadas".
Esto lo dice O'Leary en sus memorias, en el tomo 26 de los 34 tomos que tienen las memorias de O'Leary; incluyen, por supuesto, no solo sus memorias, que son tres tomos, sino toda la documentación vinculada con el Libertador y el período de la Independencia.
Bien, en la batalla del Pantano de Vargas el 25 de julio de 1819 es herido en la frente el edecán irlandés. Es su primera herida de guerra. Estamos hablando de un muchacho que nació en 1801, estamos en 1819. De modo que tiene 18 años.
No obstante, está también la batalla de Boyacá el 2 de agosto, superada la herida, que evidentemente fue leve, siempre como edecán de Anzoátegui, y está presente también en la Apoteosis de Bogotá, cuando Bolívar, Santander, Anzoátegui y Soublette entran triunfantes a la ciudad de Bogotá el 10 de agosto. Luego sigue con Anzoátegui hacia Pamplona y está en el momento lamentable de la muerte inesperada del general Anzoátegui, el 15 de noviembre de 1819 en Pamplona. Queda ahora a las órdenes de Bartolomé Salom y luego de Rafael Urdaneta, hasta que pasa a las órdenes directas del Libertador como uno de sus edecanes en los primeros meses de 1820.
Estará en Cúcuta varios meses, sitio en el que conoce al general Antonio José de Sucre, y es entonces cuando Bolívar lo asigna como secretario del general en las negociaciones del armisticio. En la próxima parte del programa veremos estos hechos. ¿Estás escuchando?
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El 31 de enero de 1855 se juramenta José Tadeo Monagas en el templo de San Francisco, en Caracas, como presidente de la República para ese período constitucional 1855-1859. Rafael Arráiz Lucca nos narra la historia nacional en toda su extensión de una forma profunda y amena. Venezolanos, sábados 12 del mediodía, domingos 10 de la mañana. Somos Unión Radio Cultural.
En la parte anterior del programa hablábamos de las negociaciones del armisticio entre Bolívar y Pablo Morillo. Y en estas tratativas nacerá una amistad venturosa entre Antonio José de Sucre y el irlandés Daniel Florencio O'Leary; allí estarán las negociaciones que desembocan en la firma del Tratado de Paz entre Pablo Morillo y Simón Bolívar el 25 de noviembre de 1820, conducido por Sucre desde el factor patriótico. Refiere Israel Peña que O'Leary conoció a Morillo y recibió el civilizado trato del español, invitándolo a la mesa.
Una vez firmado el armisticio, el joven irlandés regresa a sus tareas de edecán del Libertador. Recordemos que el armisticio es una pieza diplomática que se debe en su casi totalidad al mariscal Sucre. Y para muchos, es considerado una de las primeras piezas de los derechos humanos importantes. Ahí está incluso Bolívar: hablan maravillas del texto del armisticio redactado por Sucre.
Y sus memorias, las de O'Leary, están muy bien relatados al momento en que él se ha adelantado a anunciar el próximo arribo de Bolívar y acompaña a Morillo a esperar al Libertador en un sitio. Y cuando se ven venir a lo lejos, Morillo le pregunta a O'Leary: ¿Cuál es Bolívar? Y cuando O'Leary se lo señala, dice Morillo: "¿Cómo, aquel hombre pequeño, de levita azul, con gorra de campaña y montado en una mula?".
Y más adelante dice O'Leary: "La noche puso fin a los regocijos del día, pero no separó a los generales rivales; bajo un mismo techo y en un mismo cuarto durmieron profundamente Bolívar y Morillo, desquitándose tal vez de las muchas noches de vela que mutuamente se habían dado".
Muy, muy interesantes los testimonios de O'Leary sobre todos estos hechos, que son testimonios directos. Son de los pocos con los que contamos para reconstruir la historia; son unas fuentes documentales, obviamente, de gran interés. Y bueno, el 24 de junio de 1821, al día de la batalla de Carabobo, O'Leary estará como edecán del Libertador en el campo de batalla y una vez vencida la batalla de Carabobo, O'Leary entrará con Bolívar a Caracas, una ciudad desconocida para el irlandés. Y además luego seguirá con Bolívar a su hacienda de San Mateo a descansar por unos pocos días.
Seguirá con Bolívar, su jefe, hacia Maracaibo y desde allí Bolívar lo envía en una misión a Jamaica.
En los primeros días de septiembre de 1821 Bolívar le encomienda la compra de uniformes para el ejército; regresa en octubre con la compra hecha y sigue directo a Bogotá, donde el presidente de la República de Colombia, Simón Bolívar, despacha una vez elegido por el Congreso de Cúcuta de 1821. En ese congreso también se elige como vicepresidente de la República de Colombia a Francisco de Paula Santander y entonces Bolívar comienza a preparar la campaña del sur cuyo primer paso será moverse con su ejército hacia Popayán y Pasto, en el sur de Colombia.
Y al no más enterarse la incorporación de Panamá al proyecto colombiano, en enero de 1822 Bolívar envía a O'Leary al istmo a ordenar que las tropas formadas allá naveguen hacia Guayaquil para ponerse a las órdenes de Sucre, quien las necesita para el inmediato futuro de la campaña del sur, que está por comenzar. Y al regresar de su misión en Panamá, O'Leary es designado por Bolívar para estar a las órdenes de Sucre.
Por eso está la batalla de Pichincha. Daniel Florencio O'Leary: el 24 de mayo de 1822 tiene lugar esta batalla y en ella destacan el general Sucre, que es el genio estratégico de la contienda, pero también destacan José María Córdoba, el gran general antioqueño; Abdón Calderón, general ecuatoriano; y O'Leary, a quien Sucre encomienda una misión interesante que es ofrecerle al mariscal de campo Melchor Aymerich una honrosa capitulación.
Siempre dentro del espíritu de Sucre, que es el honor, la gloria, el respeto a los caídos y el respeto a los derechos humanos. Y una vez concluida la batalla, Sucre asciende a O'Leary a teniente coronel. ¿Y luego? Todos entran triunfantes a Quito; entre ellos Bolívar. El 15 de junio, Bolívar no está en la batalla de Pichincha, pero entra luego a Quito el 15 de junio.
El día en que Bolívar va a conocer a la señora Manuela Sáenz Aispuru de Thorne, la esposa del doctor Thorne, de quien se enamorará perdidamente, Bolívar sigue hacia Guayaquil y entra en la ciudad porteña el 11 de julio; le sigue su edecán irlandés. Va a tener lugar la célebre entrevista con José de San Martín, el 25 y 26 de julio de 1822.
Sobre San Martín no se expresa con simpatía el irlandés en sus memorias; tampoco denosta de él, pero en la comparación con Bolívar, con quien O'Leary sentía devoción, el libertador del sur queda, por supuesto, disminuido. Y una vez concluido el encuentro y sumada Guayaquil a Colombia, Bolívar envía como un adelantado a O'Leary a Lima para que se reúna con Sucre y luego regrese al cuartel bolivariano; él iba a darle instrucciones a Sucre personales, no se podía correr el riesgo de mandarlas por carta, porque las interceptaban, y bueno, O'Leary regresa al cuartel bolivariano, irá luego con el Libertador a Perú.
Y desde allí lo va a enviar a Chile. ¿Por qué Chile? Porque se necesitan recursos, dinero o financiamiento, y el 19 de noviembre de 1823 llega O'Leary a Santiago de Chile en busca de un préstamo que solicita el Libertador para seguir la campaña de liberación del Perú. Esta misión en Chile se extendió por año y medio, tiempo desesperante para él porque prefería estar en el campo de batalla y no como diplomático.
Y cuando O'Leary entra en el puerto del Callao en febrero de 1825, ya de regreso desde Chile, ya ha tenido lugar la batalla de Ayacucho y le informa sus trabajos diplomáticos e infructuosos a Bolívar. Se pone a sus órdenes de nuevo como edecán, lo acompaña en un recorrido largo por tierras peruanas y del Alto Perú: van a pasar por Arequipa, Cusco, Puno, Titicaca, La Paz, Potosí y Chuquisaca.
Recordemos que estos son los tiempos de la redacción de la Constitución de Bolivia por parte de Bolívar y de la apoteosis bolivariana porque le están poniendo su apellido a un nuevo Estado que se está creando. ¿Quién ha recibido un honor de esa magnitud? Bueno, finalmente después del recorrido regresa a Lima, donde los hallamos en febrero de 1826.
Ese año y medio que pasó O'Leary en Chile no tuvo resultados favorables, no se logró un préstamo como era lo que se empeñaba el Libertador en que se lograra, y O'Leary no lo consigue. No por responsabilidad de él, sino porque no había las condiciones para eso. Y ahora viene otra misión importante que le va a asignar Bolívar a O'Leary, que es ir a Venezuela porque las municipalidades de Valencia y Caracas han dispuesto que el general Páez asuma el mando y separe al país de Colombia.
Estamos en 1826, ¿verdad? Y Bolívar va a venir a Venezuela, pero envía primero como adelantado a O'Leary para dialogar con Páez previo su viaje. Recordemos que Bolívar entra en Caracas en enero de 1827, de modo que a finales de 1826 va a ir el irlandés, el edecán irlandés.
Primero a Bogotá, allí se entrevista con Francisco de Paula Santander, el vicepresidente, que es el factor esencial del pleito Páez, y sigue hacia Valencia. Y luego baja hacia Apure, donde está el general llanero, y la reunión entre Páez y O'Leary tiene lugar en Achaguas. Durante 11 días estuvieron dialogando. Lo que ocurre en este diálogo y las consecuencias que tienen, voy a referírsela para la próxima parte del programa cuando veamos cuál fue el resultado de 11 días de diálogos con el general Páez, intentando que el general Páez entrara por el aro de la Constitución vigente, que era la Constitución de Cúcuta de 1821.
Ya regresamos. En la parte anterior del programa hablábamos de esta misión que le encomienda Bolívar a O'Leary de dialogar con José Antonio Páez y, una vez leídas las distintas interpretaciones, yo concluyo que O'Leary fue influido por Santander en su paso por Bogotá rumbo a Caracas e incluso llegó a soñar con un plan alocado de llevar a Páez a la fuerza, a Bogotá. Y además, según Bolívar, argumentó frente a Páez más con las líneas de Santander que con las suyas.
Esto se puede corroborar porque están las dos instrucciones escritas, además. Las instrucciones de Bolívar son muy escuetas y dejan mucho margen de discrecionalidad a O'Leary. Las de Santander son largas, son páginas y páginas, diciéndole detalladamente todo lo que tiene que hacer. Por supuesto, Bolívar las conoció ambas y se dio cuenta de que más influyó lo que le dijo Santander a O'Leary que lo que él había dicho.
Y allí viene una molestia grave que tuvo Bolívar con O'Leary; incluso cuando el irlandés regresa a Bogotá, Bolívar lo trata heladamente, en una gran frialdad, y O'Leary se queda desarmado. Dice: bueno, ¿qué pasó aquí? Y entonces empezó a comprender el error que había cometido dejándose llevar por las indicaciones de Santander más que por las de Bolívar; quizá él no tenía claras las rivalidades que en 1826 había entre Santander y Bolívar, y que ya esa era una relación muy tensa.
Es decir, cuando hablaba Santander no estaba hablando a Bolívar como pudo pasar en el pasado; cuando hablaba de Santander estaba hablando de los intereses propios de Santander. Bien, entonces fíjense que Bolívar viene a Venezuela, a Caracas, y no trae a O'Leary como edecán, lo deja en Bogotá. Se ha producido una ruptura.
Sin embargo, O'Leary comienza a defender ardorosamente a Bolívar en Bogotá, no solo de viva voz sino escribiendo en los periódicos, porque en Bogotá se inicia la campaña contra el Libertador, importante, y él es uno que defiende a Bolívar. Bolívar volvió a ver, por supuesto se entera, y cuando regresa lo recibe de nuevo como su edecán. Aquí va a volver a preparar la Convención de Ocaña y O'Leary vuelve a su condición de edecán.
Por otra parte, en lo personal Daniel Florencio se ha enamorado, morado, y se casa el 19 de febrero de 1828, en Bogotá, con Soledad Soublette Jerez de Aristeguieta, la hermana del general Carlos Soublette. Y con ella va a tener nueve hijos que se van a llamar Soledad, Simón Bolívar O'Leary, Bolivia, Carlos, Ana Carolina, Arturo, Daniel y Óscar. La señora Soledad Soublette va a estar pariendo hijos desde 1828 hasta 1848: 20 años, tienen 9 hijos.
Y ella le va a sobrevivir varios años, porque doña Soledad Soublette de O'Leary fallece en Bogotá el 5 de agosto de 1883, cuando tiene 77 años. Ella había nacido, como todos los Soublette, eran muchos en La Guaira, ellos son guaireños, y había nacido el 24 de abril de 1806.
Y en Ocaña va a estar entonces la convención, que se instala el 9 de abril de 1828, y Bolívar se aposenta en Bucaramanga, una ciudad relativamente cerca, y desde allí monitorea la Convención a través de quién: de su edecán predilecto, O'Leary, quien va y viene con indicaciones del Libertador.
De ese día surge el Diario de Bucaramanga, de Luis Perú de la Croix, que es un texto extraordinario en la que Perú de la Croix recoge sus conversaciones con Bolívar, lo que él le decía. Y en este texto puede leerse un retrato que hace Bolívar de O'Leary. Y antes del retrato, Bolívar explica por qué tanto O'Leary como Diego Ibarra son ambos primeros edecanes de él; es una explicación larga que no voy a darles.
Pero los dos tienen el título de primeros edecanes porque lo habían desempeñado en distintos momentos; y cuando Diego Ibarra fue primero de edecán sale de escena, entra el primer edecán O'Leary. Y después regresan a escena tanto Ibarra como O'Leary y los dos ostentan el título de primeros edecanes. Bueno, los dos primeros edecanes, dice Bolívar, perdón, sobre O'Leary: "Es un retrato muy, muy interesante; escuchando, tiene más amor propio y vanidad que orgullo, hablo de ese amor propio noble, orgulloso, altivo, sostenido y lleno de dignidad que generalmente tienen los caballeros ingleses; tiene en sus modales más que en el carácter, una dulzura, una suavidad que lo hace aparecer afeminado, pero qué engañoso es aquel aire dulce y bondadoso: es el áspid escondido entre las flores, desgraciado del que lo toque. Su odio es profundo y permanente, le sobran conocimientos generales sobre varias materias, tiene memoria, facilidad y talento.
Pero su juicio no siempre es acertado... Y por eso, desatendiendo la comisión que le di en Lima en el año de 1826 para el general Páez, se encargó de otra en Bogotá enteramente opuesta a la mía, que le dio Santander para el mismo país. Sin embargo, supo volver a mi gracia aunque refridó por algún tiempo mi confianza en Ocaña; ha creído engañar los que lo tienen engañado y aún confía en buen resultado de sus maniobras; sin embargo, tiene astucia, viveza, malicia e hipocresía; es excelente para ciertas comisiones; como militar no carece de valor ni de conocimientos para un mando en jefe, pero nunca podría tomar aquel ascendiente, aquel influjo a que el prestigio es tan indispensable para el mando; no sabe electrizar ni mover a los hombres.
Es interesado, egoísta y oculta mal sus defectos".
Bien, aquí hay que decir en descargo de O'Leary que para un irlandés que habla español pero que lo aprende a los 18 años cuando llega aquí, comprender la idiosincrasia y las psicologías de los soldados venezolanos, neogranadinos, ecuatorianos, limeños no debe ser fácil. No debe ser fácil; esto lo digo en relación con la crítica que le hace Bolívar de que no sabe electrizar ni mover a los hombres. En efecto, no era un conductor de ejércitos, pero era muy difícil que lo fuera no siendo de aquí, no siendo esta su cultura.
De modo que ahí yo creo que Bolívar cargó las tintas sobre la posibilidad de O'Leary, porque en todas las otras tareas él reconoce y le señala, con la generosidad característica de Bolívar, que descolló muchísimo el irlandés.
Bien, O'Leary va a regresar a Bogotá con la alegría del inminente nacimiento de su primera hija, Soledad, pero está obligado a cumplir una nueva misión asignada por Bolívar: ir a parlamentar al presidente del Perú, José de La Mar, quien parece decidido a declararle la guerra a Colombia, hecho que finalmente ocurre y que conduce a la batalla del Portete de Tarqui, cerca de Cuenca.
Siempre estamos hablando dentro del proceso de disolución de Colombia, al que Bolívar se resistía y estaba tratando de apagar fuegos por aquí y por allá. Y en mi libro Venezuela 1728-1830 y Puzcoana independencia describo esta situación y la batalla también; voy a leerles: "La oposición a Bolívar continuó en el sur de Colombia. José María Obando se alzó en Popayán y se le sumó Osorio López, y ambos estimularon a De La Mar al frente de Perú para que la emprendiera en contra de Bolívar. Este, por su parte, se mueve de Bogotá hacia el sur a parlamentar con Obando y lo convence de que depongan las armas; llegan a un acuerdo. Mientras tanto, el 27 de febrero de 1829, el mariscal Sucre y Juan José Flores, el nativo de Puerto Cabello, derrotan a La Mar y Gamarra en el Portete de Tarquí, cerca de Cuenca. Hoy en día eso es Ecuador, entonces era Colombia. ¿Y los peruanos habían invadido a Colombia en oposición al Bolívar?".
Como vemos se había abierto la caja de Pandora y los demonios oposicionistas al centralismo bolivariano estaban sueltos. De hecho, Gamarra había obligado a Sucre a renunciar la presidencia de Bolivia en 1828, de modo que el mapa bolivariano se descomponía de manera generalizada. Entre las fuerzas patriotas en el Portete de Tarquí estaba O'Leary, quien gracias a sus actuaciones allí y en el campo de batalla es ascendido a general de brigada por el mariscal Sucre.
Regresa O'Leary de inmediato a Bogotá ya como general, eso debió ser una gran alegría, y le espera su esposa y su hija recién nacida, y muy pocos meses está en el calor del hogar antes de salir de nuevo. ¿Por qué? Esta vez se trata del alzamiento del general José María Córdoba en contra de Bolívar, el 8 de septiembre de 1829. Recordemos que en abril de 1829 Bolívar regresó a Bogotá para encontrarse con la proposición de sus seguidores de instaurar una monarquía.
Incluso su Consejo de Ministros llegó a hablar con representantes de Francia y el Reino Unido. La idea que barruntaban Rafael Urdaneta y otros era que el Libertador fuese un rey y al momento de morir lo sucediese un príncipe europeo. En la próxima parte del programa vamos a ver estos hechos y el desarrollo final de la vida de Daniel Florencio O'Leary. Ya regresamos, estás en sintonía de Unión Radio Cultural.
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En la parte anterior del programa referíamos lo que encuentra Bolívar cuando regresa, coronarlo como rey, y estas iniciativas se basaban en sugerencias titubeantes del Libertador, que había expresado que una solución para Colombia podría ser buscar la protección de Gran Bretaña, pero finalmente Bolívar, después de dudar, guardar silencio, se expresó claramente en contra del proyecto monárquico. Que por otra parte ya estaba muy avanzado y que así había sucedido porque el propio Bolívar no se había manifestado contundentemente en contra, digámoslo así.
Sin embargo, Córdoba lamentablemente no se enteró de la no aceptación de Bolívar del proyecto monárquico y se alzó contra él.
Y entonces el Libertador envía a O'Leary al frente del ejército y O'Leary derrota a Córdoba en El Santuario, eso queda cerca de Medellín, el 17 de octubre de 1829, con la mala suerte para O'Leary y para el propio Córdoba, que un irlandés integrante del ejército de O'Leary, Rupert Hand, sin que O'Leary lo hubiese ordenado, ejecutó al general Córdoba. De la manera más vergonzosa, porque eso en la guerra también tiene sus leyes. Un hecho lamentable, por supuesto.
Concluida la misión, O'Leary regresa a casa en Bogotá y a principios de 1830 O'Leary es designado enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Colombia a los Estados Unidos, pero a la vez lo envían al Zulia, donde tampoco puede llegar; o sea, nunca se encargó en los Estados Unidos y tampoco llegó al Zulia porque los hechos cambiaron, se queda en Cúcuta varios meses esperando instrucciones.
Y ahí va a presenciar el intento infructuoso de diálogo que tuvieron el mariscal Sucre, enviado por Bolívar, y Santiago Mariño, enviados por José Antonio Páez, que llegaron a la frontera a dialogar para evitar la disolución de Colombia, pero no se llegó absolutamente a nada y, en todo caso, Sucre no pudo entrar a Venezuela.
La situación ya era muy tirante entre los venezolanos y los neogranadinos, y los bolivarianos en su proyecto colombiano. O'Leary va a llegar tarde a la muerte de Bolívar en Santa Marta, pero asiste a su entierro en la catedral de la ciudad y regresa a Cartagena, donde está su familia, y deciden irse a Jamaica. Él se va primero, la familia se va seis meses después; él va a zarpar para Jamaica en abril de 1831.
Y esta es una etapa extraordinaria, porque en la isla se van a dedicar a organizar todos los papeles que ha ido recogiendo desde 1818 y a darle forma a los 34 tomos con que contamos hoy en día de las memorias del general O'Leary. Claro, estos 34 tomos incluyen también un índice; Pedro Grases, en un trabajo luminoso publicado en 1953, nos explica su contenido. Recordemos lo siguiente: Bolívar deja expresamente dicho, dice claramente antes de morir, que destruyan su archivo.
Felizmente los albaceas no le hicieron caso y el archivo se salvó, y ese archivo llega a Jamaica y ahí se reparten en tres lotes: O'Leary se queda con todo el archivo del Libertador de 1819 a 1830. Pedro Briceño Méndez se queda con el archivo de 1813 a 1818 y el resto del archivo queda en manos de la albacea Juan Francisco Martín. Y a la parte que le correspondió al irlandés O'Leary le añadió a lo largo de los años nuevos fragmentos que iba solicitando a mucha gente, a muchos protagonistas de la época, incluido Pablo Morillo, a quien él visita en La Coruña en 1835.
Y además del archivo propiamente, O'Leary escribe sus memorias. Las memorias están organizadas así, en su totalidad, ¿verdad?: el tomo 1 al tomo 12 son las correspondencias de Bolívar con hombres notables del mundo. Las que van desde el tomo 13 al 16 son documentos de Bolívar y de la guerra. Los tomos 17, 18 y el apéndice son propiamente la narración de O'Leary de los hechos, lo que él vivió.
Y los tomos 29, 30 y 31 son las cartas del Libertador, y hay unos tomos de índices onomásticos. Recordemos otra cosa: esta obra monumental O'Leary se la deja a su hijo Simón Bolívar O'Leary, con la expresa decisión de que no puede ser publicada sino después de 1860. Finalmente se la va a vender Simón Bolívar O'Leary al gobierno de Antonio Guzmán Blanco y va a ser publicada entre 1879 y 1888, a lo largo de esos nueve años.
Y es editada por el hijo del prócer Simón Bolívar O'Leary. Recordemos que O'Leary va a morir en 1854. ¿Y bien? Pues todos los papeles que forman parte del Archivo del Libertador organizado por Vicente Lecuna, el porcentaje mayor proviene de la obra de O'Leary.
Este es el tamaño de la deuda que tenemos los venezolanos con este irlandés excepcional, cuyo fervor y trabajo de acopio nos dejó un acervo documental único. Y ahora vienen unos años, los años de Jamaica: él vive con su familia y después todos regresan a Caracas en 1833, gobernaba Páez, su cuñado Carlos Soublette era el secretario de Guerra y Marina.
Y en 1834 O'Leary es designado secretario de la misión diplomática que encabeza Mariano Montilla rumbo a Londres con el objeto de buscar el reconocimiento del Reino Unido de Venezuela como un Estado independiente, y lo logran. Y en esa oportunidad O'Leary tiene el chance de ir a Cork para visitar a su madre; aquí no ve desde 1818 y estamos en 1834. En 1835 Montilla es sustituido por la misión Soublette y ahora van a trabajar los cuñados, porque O'Leary se mantiene como secretario de la comisión en Londres.
De allí viajan a París, luego van a La Coruña, donde son hospedados por Pablo Morillo; siguen a Madrid a avanzar con las gestiones del reconocimiento de España, no avanzan demasiado en ese tema y están todo el año de 1836. En eso no logran su cometido, regresan a Londres y, estando en Londres, Soublette recibe la noticia de que ha sido electo presidente de la República para terminar el período de José María Vargas, y entonces regresa a Venezuela en 1837. O'Leary no viene con él, se va a Italia.
Y Soublette le encarga buscar un concordato entre el Vaticano y el nuevo Estado venezolano; no lo logra, pero se avanza. Y regresa a Caracas en 1840 y estando en Caracas el Reino Unido, su país, lo designa encargado de negocios en Caracas y cónsul en Puerto Cabello. En esos tres años que él va a desempeñar este cargo le toca la traída de los restos de Bolívar a Caracas en 1842; gracias a su conocimiento en Roma del escultor Pietro Tenerani, Venezuela le encarga un monumento en homenaje al Bolívar; ese es el monumento que está hoy erigido en el Panteón Nacional.
Y en abril de 1843 entrega el cargo a Belford Hinton Wilson, quien lo viene a sustituir, y entonces lo designan a O'Leary encargado de negocios y cónsul general en Bogotá en representación de Gran Bretaña. Y allí va a estar los últimos 10 años de su vida, y a partir de 1851 comienza a entristecerse; sus biógrafos no lo dicen claramente pero pareciera una severa depresión la que padece el general O'Leary. En todo caso va en 1853 a Londres, también va a Irlanda, se repone un tanto de sus melancolías y regresa vía Nueva York, donde visita a Páez y al doctor Vargas; el viaje lo hace con su hijo Simón Bolívar O'Leary.
Regresan a Bogotá en diciembre de 1853 y el 23 de febrero del año siguiente, 1854, en la noche le da un ataque de apoplejía. Y muere en la madrugada del 24. Antonio Guzmán Blanco, en 1881, decreta que sus restos sean traídos desde Bogotá para que descansen en el Panteón Nacional al lado del Libertador. Eso ocurre en 1882; hasta aquí la vida y obra de Daniel Florencio O'Leary Burke, y para mí ha sido un gusto este programa.
Habló para ustedes Rafael Arráiz Lucca, esto es Venezolanos. Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Fernando Camacho, y en la dirección técnica Giancarlo Caravaggio. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba rafaelarraiz. Ha sido, como siempre, un gusto hablar para ustedes.