Serie Los del podio II. Cap 11. Alberto Grau
Serie Los del podio II. Cap 11. Alberto Grau
Transcripción
Juan Germán Rodríguez punto tres. Recuerda que nos puede seguir en arroba Mundo UR Web y arroba Radio Escuela. Bueno, estamos en Venezolanos, en nuestra serie Los del Podio, segunda temporada, y tenemos el gran honor de tener con nosotros a Alberto Grau Dolcet. Así se pronuncia, Dolcet.
Dolcet, nacido en Vic, Barcelona, el 7 de noviembre de 1937, estamos hablando de un gran compositor, pedagogo y prácticamente fundador del movimiento coral venezolano junto con su esposa María Guinand. Bienvenido, Alberto. Muchas gracias.
Muy contento de estar aquí y muchas gracias por invitarnos... No, es un gusto para nosotros. Cuéntanos esos primeros momentos en esa casa a la que tú llegas en este pueblo.
Primero, ¿cómo es ese pueblo, Vic, en Barcelona? Vic, esto, casualmente nací ahí, allí es una ciudad muy bonita, una plaza espectacular. Es una ciudad que tiene mucha fama desde hace años porque tiene muchos conventos, muchos curas y también porque tiene unos famosos salchichones catalanes, el estilo, el famoso fuet, por ejemplo, es muy bueno.
Nací allí, digamos, y mi papá casualmente tenía un trabajo. Estaba en plena guerra civil española, en el 37, y estuve muy poco tiempo ahí, digamos, no me acuerdo nada de aquella época. María y yo, los niños, estuvimos en Vic; después ya de grandes recorrimos la ciudad y es una ciudad muy simpática y hoy en día muy progresista, ¿sí?
Entonces tus primeros recuerdos son de dónde, Alberto? Yo diría que son ya cuando mi papá, que era republicano, tuvo que salir de España huyendo. Y nosotros, mi mamá y yo, lo seguimos al cabo de unos meses a través de los Alpes en pleno invierno.
Me explica que salí cubierto de mucha ropa y hasta el papel de periódico por el frío que hacía en aquella época y llegamos a Andorra, donde estuvimos unos cuantos meses antes de terminar, digamos, nuestro primer periplo en Francia. Y estando en Francia les llegan noticias de Venezuela y deciden venirse para acá. ¿Cómo fue esa historia? Ojalá, ojalá fuera así.
Nosotros tuvimos que pasar toda la Segunda Guerra Mundial en Francia. Mi papá al principio y mi mamá estuvieron en una pequeña ciudad, más bien podría decir que es un pequeño pueblo, que queda muy cerca todavía de Perpiñán, la frontera con España, y allí estuvimos unos tres o cuatro años. Y después mi papá tuvo la oportunidad de encontrar el trabajo en Burdeos, Francia, que es donde estuvimos hasta que yo cumplí casi 10 años. Los diez años realmente ya los cumplía aquí en Venezuela y bueno...
O sea que llegasteis el 47 a Venezuela? 48. En el 48 y ahí vas a cumplir 11 años.
Sí, es verdad. ¿Y cómo escogieron tus padres este país? No lo escogimos, bueno, nuestra vida era una carrera sin una meta todavía definida y nosotros estábamos refugiados en Francia. Y un día nos llegó la noticia de que había un barco, si aquello se le podía llamar.
¿Un barco? Era una especie de malandroca con motor y llegamos al puerto de La Guaira, pero cuando llegamos a Venezuela, ya el puerto de La Guaira, pues no teníamos ni idea dónde estábamos. Sabíamos que era América del Sur, pero no estábamos muy seguros si sería en el sur de América o en el norte, y allí pasamos el resto de mi vida.
Pero qué maravilla, ¿y cómo los recibieron? ¿Cuál es tu recuerdo de esa llegada a La Guaira y el primer recuerdo de los venezolanos? A los 10 años entré a una escuela municipal y lógicamente nos trataron bien, pero yo venía, pues en la casa hablábamos catalán.
Mis padres hablaban catalán siempre conmigo y en la escuela hablábamos francés ahí, en Francia. Así que yo llegué aquí a Venezuela... ¿a aprender español? Aprender español y la pasé un poco, digamos... es simpático, ¿no?
El bullying ha existido siempre, entonces los primeros tiempos, hasta que me acostumbré al aire sin gracia de niños venezolanos. Por ejemplo, yo llevaba unos pantaloncitos muy cortos, así que estilo futbolista de aquella época. Y aquí los niños llevan pantalones por debajo de las rodillas cuando eran cortos, entonces los niños me hacían burla.
¿A dónde llegaste? ¿Qué zona de Caracas?, ¿en qué colegio estudiaste...? Bueno... Llegamos pues primero a El Guarataro, que había una especie de hotel que recibía a los inmigrantes.
Digo, el primer contacto fue en un sitio que era creo en el estado Guárico, que se llamaba El Trompillo. Claro, el famoso receptor de inmigrantes, claro que sí. Eran unos galpones y allí, claro, mi papá que era un hombre muy vivo, estuvimos un poco de tiempo, todavía compartiendo con los paisanos que habían llegado a aquella famosa goleta, y al cabo de un tiempo nos enviaron... No, mi papá buscó la manera de llegar a Caracas, pensaba que era más fácil conseguir trabajo.
Llegamos a un hotel que había también especial en El Guarataro, curioso, y de ahí mi papá consiguió otro, o ya una residencia pequeña, lo que todavía llaman hoy la subida del manicomio. Ah, ¡ya! La subida al manicomio como... Sí, fue muy famoso.
Nunca llegamos al final de la subida, felizmente, pero estuvimos cerca, ¿no? Muy cerca, especialmente yo tenía, digamos, motivos para pensar que terminaría en aquel recinto, ¿no?, pero no. Después nos organizamos, allí pasábamos tres o cuatro años, después estuvimos en otros lugares de Caracas y mi papá trabajaba en una fundición que se llamaba Fundición Pla. Era lo que hacían las tapas de todos los acueductos de Caracas.
Era una fundición muy grande y conseguimos allí un piso un poco más grande, allí ya pudimos comprar un piano que era una especie de pianola. ¿Y tienes algún recuerdo del colegio donde estabas allí en la subida el manicomio? Sí, sí, era un colegio que ahora está en Lidia y se queda al lado de la subida del manicomio y que se llamaba Escuela Municipal Gabriela Mistral. Caramba, qué poético, ¿no?
Casualmente ese fue mi primer contacto con Gabriela Mistral porque mis primeras composiciones fueron para canciones, canciones de niños, y sobre poemas de Gabriela Mistral, que era una poeta, una poetisa realmente espectacular. Estamos contigo a tus 11, 12, 13 años. Exacto. ¿Ya ha surgido la vocación musical?
Sí, ya la vocación la traía desde Francia, pero en Francia, digamos, mis clases fueron así como un poco esporádicas con una profesora de piano, pero yo no tenía piano en la casa para estudiar. Pero mi papá me llevaba una vez a la semana y ya practicaba por mis estudios. Realmente mis estudios de piano comenzaron al año de estar yo allí, en la subida del Manicomio, que conseguí de Salas a Caja de Agua, que es el centro de la ciudad, por donde estaba el puesto de Socorro.
Ahí conseguí una escuela de música; el nombre que tenía en aquella época era Escuela Preparatoria de Música. Qué bien. Y la dirigía un insigne maestro, gran músico venezolano, que se llamaba Juan Bautista Plaza. Nada menos, sí.
Pero Alberto, vamos a hacer una pausa, estamos conversando con el maestro Alberto Grau. Vamos a hacer una pausa y ya regresamos. En breve continúa Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural, este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm; para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos.
Estamos conversando con el maestro Alberto Grau y lo hemos dejado en una escuela de música que tiene el nombre de Juan Bautista Plaza. Y tú tienes ya trece, catorce años. Sí, tal vez trece años. ¿Estás combinándolo con el bachillerato que ya ha empezado?
Exactamente, no, estaba todo bien. Primaria, yo terminé el bachillerato en otra escuela municipal que se llamaba José Félix Ribas, como el prócer. Bueno, estas costumbres no las hemos perdido. No las hemos perdido.
Y entonces, bueno, ya estás allí, ¿hay algún instrumento inicial o la voz? Sí, sí, el instrumento inicial realmente era el canto, curiosamente, porque ya en Francia, en la escuela donde estaba, había un coro y nos ponían a cantar. Y como yo ya tenía una cierta inclinación por la música me ponían a hacer segundas, terceras voces y yo recuerdo que cantamos una barcarola que llamaba, que era creo de un compositor francés. No recuerdo exactamente lo que era.
Ya empezamos así a cantar, mi papá y mi abuela. Mi abuela fue prácticamente fundadora del Orfeón Catalán allá en Cataluña y mi papá pertenecía al coro de la zarzuela y de la ópera en Barcelona. Había una tradición familiar musical y mi mamá era la menos aficionada al canto, mal en canto. Pero de todos los tres yo diría que mi mamá es la persona más afinada que yo he conocido en todo el mundo.
Qué belleza. Lo que son las cosas... Ahí comenzaste también con el piano creo, ¿no? Exacto, empecé y ya tenía un piano, y desde que entré en la Escuela Preparatoria de Música, el maestro Plaza se portó muy bien conmigo e inmediatamente me consiguió una profesora de piano y empecé a estudiar piano seriamente. Se llamaba la profesora Cristina Vidal de Pereira.
Y fue una profesora que me quiso mucho y con ella prácticamente me gradué pianista al cabo de diez años más o menos, ¿sí? Entonces ya vas avanzando, te gradúas de bachiller o no, terminas tus estudios musicales, ¿cómo comienza tu vida profesional? Bueno, mi vida profesional comenzó muy poquito a poco.
Mi papá consiguió el puesto de jefe de utilería de los dos teatros más importantes en aquella época, El Nacional y El Municipal. Por la misma visión que había tenido siempre. Tú fuiste jefe de utilería, tu papá, entonces eso te acercó a esos teatros. Exacto, yo iba además en los años cincuenta, que la situación económica de Venezuela era tan bollante a pesar de la dictadura de Pérez Jiménez, y allí llegaban las mejores orquestas, los mejores directores y teníamos las mejores temporadas de ópera.
Claro, y de zarzuela venían unas compañías españolas de primerísima categoría. Ahí, pues, digamos, yo tenía la facilidad de asistir a los ensayos, a los conciertos, y bueno, yo ayudaba a mi papá en el trabajo. Tuve contacto con los primeros coros profesionales con el maestro Primo Casale. Primo Casale, por cierto.
¿Ese contacto supuso que entraste como cantante en el coro? Sí, entré ya como cantante profesional del coro, yo tenía unos 15-16 años y fue mi primer sueldo. Al cabo de un tiempo ya mi profesora Pereira, mi profesora de piano querida, me consiguió algunas clases particulares y yo daba clases de piano a domicilio a los niños que comenzaban. Y así empezó mi carrera, más bien, mi primer contacto, digamos, profesional con la música fue como profesor de música y piano.
¿Y cómo te vas abriendo camino? ¿Cómo surge la idea de los primeros coros que tú formaste? Todo eran casualidades, digamos, por aquel contacto que yo había hecho con las escuelas municipales. Había un sistema de enseñanza de educación musical a través del canto folclórico o venezolano principalmente.
Y conseguí puestos para dar clases, montar coros en escuelas, y mi primer contacto fue con coros infantiles. Coros infantiles con los cuales trabajé hasta, digamos, tal vez los 18-19 años. Y luego ya lógicamente pasé a un coro que dirigía el maestro Ángel Sauce, que fue un gran maestro también, y entré ya como profesional ayudándole a montar, digamos, asistente del maestro. Y ahí empezó toda mi vida coral ya profesional de la mano de Ángel Sauce los primeros años.
Pero tuve la gran, grandísima suerte que en esta época vino, después de sus estudios que había terminado en Alemania, otro gran maestro, que fue mi gran maestro de todas las épocas de música y principalmente dirección coral y orquestal, que fue Gonzalo Castellanos. Caramba, claro. Así que caí, yo diría que en paracaídas, en el mejor país y la mejor ciudad para yo poder seguir con mis estudios de música.
Y el maestro Gonzalo Castellanos me guió durante toda mi vida profesional, hasta que yo dejé, ya digamos, de ser asistente del maestro Sauce y entré a la Coral Venezuela, en donde estaba Ángel Sauce los primeros tiempos. Y luego Gonzalo Castellanos como director, yo como subdirector, y con ese coro que... Estamos a principios de los años 60. A ver qué edad tenía yo a principios de los años sesenta.
Veintidós, veintiséis años. Exactamente, exactamente. Entonces con este coro, digamos, yo tenía mucho contacto con el maestro Gonzalo Castellanos y él me daba clases que casi podían llamarse de dirección y composición particulares, ¿no? Ok.
Luego tuve también la suerte de conocer otro gran maestro, que fue Vicente Emilio Sojo, con quien trabajé durante 8 años. Yo diría que conocí a todos los mejores de esa época y con el maestro... Digamos, yo primero estudié en la Preparatoria con Juan Bautista Plaza. Seguí como un contacto con el maestro Plaza y al cabo de ya, cuando ya no tenía más nada que estudiar allí, que hice mi cuarto año en el Taller Orfeo y un año de armonía con Sauce.
Aterricé a la escuela del maestro Sojo, que era la escuela que llamaban la Escuela Superior de Música hoy en día, en la avenida Urdaneta. Está todavía ahí y ahora parece que las están refaccionando por esto. ¿Y tú vivías en el centro de Caracas en esa época?
Yo vivía... Digamos la ciudad en la que tú te movías era esa ciudad del centro. El problema con el maestro Sojo es que era tan celoso con sus alumnos que yo le dije, maestro, yo ya cursé el primer año de armonía, y me dijo a mí no me importa, usted tiene que empezar de nuevo conmigo. No puede ser.
Bueno, pero ¿no te hizo daño repetir? No, digamos lo que pasa es, cuando uno está estudiando, lo que tiene ganas es de seguir adelante. No me hizo ningún daño lógicamente y con el maestro Sojo estuve 8 años estudiando hasta pequeñas formas musicales y todo. Y fue también un gran maestro.
Y fíjate, Alberto, estamos ya en mediados de los años sesenta, acercándonos a los años setenta. Hay un momento en que fundas tu propio coro, ¿cómo es esa experiencia? La experiencia es que yo ya el primer coro, digamos, serio, que fue la Escola Cantorum de Caracas, que ya tiene 57 años. Se fundó de una manera casual.
Yo estaba de profesor de piano en una escuela donde Gonzalo Castellanos había sido director y luego pasaron por ahí también como director a Antonio Lauro. Y en un momento dado había un coro y una pequeña orquesta infantil, la dijeron en esta escuela que se llamaba Escuela de Música Juan Manuel Núñez García. Entonces la directora, al cabo de un tiempo, fue la profesora Ana Mercedes Rugeles, claro, compositora también. Compositora y viuda de Manuel Felipe y madre de Alfredo.
Exactamente. Entonces ella un día me buscó en la escuela que ya dirigía el coro de la escuela y me dijo... Alberto, vamos a hacer una pequeña pausa y regresamos con el maestro Alberto Grau que nos está relatando el momento de fundación de la Escola Cantorum en 1966. Estamos en Los del Podio, segunda temporada, el programa Venezolanos, conversando con el maestro Alberto Grau.
Alberto, nos quedamos en la fundación de la Escola Cantorum. Exactamente, esto se debió a una idea de la profesora Ana Mercedes Rugeles; curiosamente se acercó a mí y me dijo: Alberto, tengo una sobrina que se me casa y necesitaría un grupito que le fuera a cantar a Damus. Entonces dije: bueno, vamos a buscar unos cuantos, resueltos de aquí de la escuela, que es mucho más fácil. Hicimos unos cuantos ensayos, montamos un programita y le cantábamos.
Y ahí se fundó la escuela sin querer, accidente... el matrimonio de las sobrinas. Sí, porque entonces hasta vinieron a hacernos proposiciones económicas de nuevos conciertos. Pero qué bueno, ¿no? Sí, y desde ese entonces hasta nuestros días, sin parar.
Sin parar, con mucha evolución de lo que fueron aquellos primeros ocho personajes que eran todos profesores en la escuela. Y bueno podría citarlos, pero algunos de ellos ya hasta fallecieron y otros están demasiado viejos para que puedan tener tantas memorias de lo que sucedió. Pero ensayábamos en casa de uno de ellos, era el profesor del Taller Orfeo y su señora, que era una soprano, se llamaba Álvaro Fernó. Era un músico canario muy bueno y una buena persona.
Lo pasábamos bien los primeros ensayos. Nunca pensábamos que al cabo de 57 años estaríamos todavía existiendo, cantando. Y hay un momento en que se cruzan como dos líneas: ya ustedes existían, pero el maestro Abreu está creando el Sistema de Orquestas en el año 75 y ya ustedes tenían ocho años de existencia y empiezan a trabajar juntos.
Yo empecé a trabajar antes de que el Sistema existiera, lógicamente. Yo era muy amigo de José Antonio Abreu, José Antonio y yo, guardando las distancias, porque fue genial. Y realmente fue un gran político, un gran músico; se me acercó un día y me dijo: Alberto, estoy preparando un concierto sobre Bach en el Ateneo de Caracas, que era una casita todavía, cerca del parque Los Caobos, ahí mismo al lado de lo que es hoy en día el edificio del antiguo Ateneo. Me dice: necesitaría un coro y que me cantara unos cuantos corales...
¿Tú no podrías hacerlo con el coro de la escuela? Yo encantado, lógicamente, y allí fue, digamos, cuando empezamos a trabajar juntos, claro, porque ya nos conocíamos de las clases; guardando las distancias, estábamos en la misma clase, pero él iba como un rayo y yo iba como una persona normal. En las mismas clases del maestro Sojo, probablemente sí, el maestro Sojo, y él iba, bueno, era un tipo adelantadísimo. Y además yo sospecho, yo creo que a veces tenía más conocimiento de lo que estábamos hablando.
El propio maestro Sojo fue realmente un gran amigo y fue claro. Y fue también un gran organizador, un gran maestro, yo diría, de la política que encierra toda la historia de la política en Venezuela. Claro, bueno, y además tu vida sentimental... Bueno, primero en su segundo matrimonio estás con Isabel Palacios, nace Gonzalo Grau, que es el hijo músico, entiendo que tiene unos 30 años fuera de Venezuela pero que ha hecho una carrera musical en Boston, en España.
¿Ustedes tienen contacto frecuente ahí? En esa vocación de Gonzalo yo supongo que está el ejemplo tuyo. Claro, no, lógicamente, y digamos seguimos, hemos seguido toda la vida en contacto. Todos los años viene aquí, especialmente a ver a su tía Diana, que ya es una mujer de una edad avanzada...
A su tía Máfer, María Fernanda Palacios, también fue una gran profesora universitaria de la Universidad Central. Y bueno, este fue el ambiente que acompañó siempre a Gonzalo. Mientras estuve yo casado con Isabel hicimos hasta viajes a Europa y él nos acompañaba; tenía cinco o seis años y ya tocaba el cuatro, era todo un fenómeno y lo sigue siendo, pues es una persona realmente muy dotada.
¿Para la música? Para la música. Y así como una especie de hombre orquesta porque toca chelo en este tema, cuando empezaba estaba en el primer atril. Y luego hizo, bueno, muchos instrumentos de percusión de música popular.
Claro, y después viene tu matrimonio con María Guinand, tus dos hijos, pero además es un matrimonio atípico porque los dos se dedican a lo mismo y hacen un equipo, sinergia poderosísima, ¿no? Yo tuve tres matrimonios, afortunadamente con la llave inglesa que me montó a María, ya tengo más de 44 años, creo, casado con ella. Tiré la toalla y se acabaron mis ganas aventureras. Seguí con ella hasta que la muerte nos separe; esto es muy claro en que ya se me acabaron los años para este tipo de aventura.
Hay otros hijos tuyos, uno lee la lista de tus composiciones, es interminable, o sea es algo, la producción musical tuya como compositor. Es enorme, ¿no? Es cierto. De maravilla, ¿no?
Bueno, tengo otro nieto de mi primer matrimonio que fue con una profesora de piano de la Escuela de Música donde yo también trabajaba, que se llama María Marisa Romera, de origen español también. Con ella tuve una hija y después tuve mis dos primeros nietos; uno está estudiando dos carreras en Bogotá, Colombia, y él es barítono, ¿no? Se le ha ido dando ya de cantante en Bogotá.
¿Cómo se llama ese nieto? Se llama Santiago Barrios Grau, porque su papá es Edmundo Barrios, que era hijo de un arquitecto también muy conocido en Venezuela. Y es un muchacho también extremadamente talentoso que nos dio una sorpresa: ahora estuvo en Alemania y montaron una pieza donde necesitaban un maraquero, donde la directora americana dijo si alguien sabía tocar maracas, y él apareció con unas maracas ahí y bueno, dio una clase así, una clase maestral de maracas.
Así que estamos rodeados de música y ahora con María, que tengo dos hijos y son cinco nietos ya. Tenemos a nuestra hija que al principio quería ser bailarina y estudió mucha música, también estudió piano, tocaba bastante bien, tenía mucho talento para el piano. Pero ella lo que quería hacer era bailarina gitana... Ah, caramba. Sí, entonces la cosa se puso un poco más complicada porque vio en un momento que ella decidió que tenía que ir a estudiar a Nueva York y para bailar, digamos, en algún musical de esos americanos.
Pero hoy en día es probablemente de las mejores reposteras que hay en Venezuela, ¿no? Exactamente, menos mal que les dio después por eso porque estuvo tres meses allá en Nueva York y se dio cuenta que la vida para una bailarina... no es fácil, no es nada fácil. Y la competencia es muy grande. ¿Y tienes un hijo dedicado a los temas financieros también?
Exacto, de ese hijo también nos ha dado, pues digamos, por ahora muchas satisfacciones, economista, y espero que siga siendo una buena persona. Es algo que me preocupa mucho, las personas que andan en finanzas dentro y fuera del país. Claro. Bueno, estamos conversando con el maestro Alberto Grau, vamos a una pausa y ya regresamos.
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Estamos conversando con el maestro Alberto Grau en esta última parte del programa, Los del Podio, segunda temporada. Maestro Grau, ¿cómo han sido todos estos años de trabajo intenso, de giras internacionales y la creación del movimiento coral en Venezuela con las composiciones que hablábamos antes? Estoy muy contento y satisfecho. Ahora voy a cumplir dentro de tres semanas 86 años y he podido, digamos, vivir durante todos mis años una evolución desde un todista personal.
Y estoy satisfecho de que, por ejemplo, la escuela en su primera época, que fue un octeto, ha estado constantemente evolucionando. Y ahora está en una etapa que me gusta mucho, digamos, tal vez la persona más importante dentro de la escuela ya no soy yo. Tiene varios directores, pero lo más importante es María Guinand y estamos trabajando mucho esta última experiencia. En lo que hace años yo estoy insistiendo en que el coro y los coralistas, los cantantes, tienen que ser más actores.
Y hay que ligar, digamos, la parte vocal con la parte orgánica. Y entonces ya el año pasado hubo un gran experimento. Estamos trabajando con coreógrafos venezolanos muy buenos que se llama Armando Díaz y él nos está enseñando que con los viejos que están todavía dentro de la escuela fue un poco difícil al principio porque se negaban a tirarse en el suelo, a moverse y a cantar en cualquier posición y con movimiento por la escena.
Y el año pasado, en diciembre, presentamos el Mesías de Händel cantado por la Escola Cantorum de Caracas con coralistas, bailarines profesionales venezolanos y con el coro en escena moviéndose. Pero, a ver, ¿cómo diriges a gente que se está moviendo? ¿Cómo es esa experiencia?
Bueno... recuerda, por ejemplo, que los coros de ópera, los buenos coros de ópera, se mueven también, y ahí teníamos la idea peregrina y equivocada de que tenemos que ser así como unas estacas ahí parados en una... Y eso ha tenido que cambiar, porque hoy en día el público es distinto y justamente si quieren ver un Mesías, necesitan oír y ver un movimiento escénico. Es tan importante.
Claro, pero estás sacando a los cantantes de su zona de confort que están allí paraditos viendo al director. Pero lo que es el milagro, que podríamos decir, es un gran entusiasmo por la gente, todos los jóvenes y los viejos, por moverse hoy en día. Porque se dan cuenta de que la música se refleja de otra manera cuando la actúas y la sientes orgánicamente, no solo con tu aparato fonador, por muy bueno que sea. Entonces los resultados son muy buenos y a los coros nuestros de niños, que tenemos muchos dentro de la fundación, los niños cantan y se mueven.
Claro, se mueven y les gusta mucho, y pienso yo que tanto para el público como para los artistas que actúan es..., les da mucha satisfacción eso. Ahora, Alberto, hemos hablado sobre tu pasión musical que ha sido tu vida, pero la gente conoce poco de tus aficiones o pasiones colaterales. ¿Qué otras cosas te gusta hacer?
Bueno, lo haremos solo con la colateral musical, porque además está aquí presente María. La lectura, la gastronomía... Lo que más me ha distraído y me gustó hoy en día todavía es la composición. Y por ejemplo, esta última obra que estoy escribiendo, que durará más o menos media hora, la vamos a trabajar con Armando Díaz, el coreógrafo, y la voy a trabajar con la Escola de los Coros Uniles, nuestros todos en escena y con coros de niños.
Y un coro que son instrumentos, digamos, una pequeña orquesta sobre un poema muy bonito de un gran poeta que tuvo Venezuela que se llamó Aquiles Nazoa, originalmente se llama Estribillo de Navidad. Bellísimo poema, bellísimo. Entonces yo pienso que me gusta el poema, además es un poema que me interesa mucho porque antes del nacimiento de Cristo, entonces no tengo que meterme ya en la cuestión de la pasión de Cristo, sino que ese muchachito que nace con todas las dificultades de tener que ir desde su sitio de nacimiento, y hasta ir de Belén hasta Nazaret.
Hasta Nazaret. Exacto. Alberto, nos hemos encontrado algunas veces en el Parque del Este; ese es una de tus prácticas de caminar. ¿Has practicado algún deporte particular?
Sí, yo cuando tenía 20 años fui con el equipo venezolano de waterpolo a competir en unos centroamericanos y después seguí nadando hasta seguir cuestión de tres años compitiendo, digamos, lógicamente con gente de mi edad, un poco más. Y me ha ido muy bien, porque me ha ido muy bien. Me gusta mucho el deporte, por eso es que ahora camino y cuando tengo oportunidad sigo nadando, pero la natación es un deporte muy exigente y me asusta un poco, pues tuve algunas dificultades, digamos, de salud. Y prefiero hacer cosas más delicadas, ¿sí?
El cine, el cine me encanta, al cine, he logrado que María esté conmigo unos ratos todas las noches viendo televisión, porque hoy en día hay tantísimas películas y series que vale la pena verlas. Por supuesto. Y las disfrutamos juntos cuando ella no se duerme. Y viajes, ¿qué hayan sido muy importantes en tu vida? Países o culturas que te hayan tocado...
Entre el Orfeón Universitario, que por cierto no lo nombré, que yo fundé el Orfeón Universitario en la época del maestro, el doctor Marifa Yenilla, y fue tal vez la época resplandeciente de la Universidad. Y con la escuela hicimos grandísimos viajes por Europa y por Estados Unidos. Por Europa, como lejos, lo fuimos por primera vez al concurso Guido de Arezzo y ganamos todos los primeros premios que vi. O sea...
Nos sorprendió todo nosotros, que yo me hubiera conformado con un quinto lugar, pero bueno, no sé, ya logré comprar a todo el jurado. ¡Claro! Y luego, sí, hicimos muchos viajes. Yo casi diría que casi todos los países de Europa pudimos recorrer.
Había mucho dinero en aquella época, mucha ayuda de los gobiernos, cosa que para nosotros se ha acabado totalmente, no tenemos en estos momentos ningún tipo de ayudas gubernamentales. Y digamos en aquella época hacíamos viajes que duraban mes y medio por todo un continente, como ser Latinoamérica o Estados Unidos o Europa. Bueno, los países que más recorrimos. Bien, bueno, Alberto, el maestro Grau, qué conversación tan grata y siempre con este sentido del humor que tú tienes.
Que uno se queda sorprendido, ¿no? ¿Lo empezaste a practicar en Cataluña de niño o eso se desarrolló aquí en Caracas? Ya desde chiquitos mi papá era un gran humorista. Qué maravilloso, un gran humorista.
Y bueno, de ahí está el primer bien, y lo primero es reírse de uno mismo. Exactamente. Hay que comenzar por ahí, ¿no? Sí.
Digamos, mi papá tenía el defecto de que se burlaba de todo el mundo y algunas veces le gustaba que hicieran algún chiste sobre él, pero no era muy frecuente. Jajaja. Bueno... Muchísimas gracias.
Muchísimas gracias, Rafael, lo pasé muy bien. Me encantan, digamos, las conversaciones contigo porque me siento muy sereno, tranquilo y me da mucho gusto. Para mí ha sido un gusto enorme, Alberto. Gracias, muchísimas gracias, y nosotros nos despedimos hasta nuestro próximo encuentro.