Serie Los del podio I. Cap 14 (y último) Alberto Barrera Tyszka.
Serie Los del podio I. Cap 14(y último) Alberto Barrera Tyszka
Transcripción
Venezolanos. Un escritor y un guionista, y vamos a recorrer con Alberto las partes esenciales de su vida y, sobre todo, lo esencial del trabajo u obra. Comencemos por el comienzo.
Tus padres se conocen en Venezuela. Enrique Barrera, entiendo que había nacido en Madrid y tu madre nació en Varsovia. Ellos vinieron acá con sus padres, vinieron solos cuando llegaron...
¿Qué recuerdos tienes de esa unión? Bueno, primero muchísimas gracias por la invitación y me encanta esta posibilidad de estar aquí conversando contigo. La historia de mis padres va un poquito más allá: ellos se casaron aquí, pero se conocían de antes. Es decir, de alguna manera ahí hay un relato amoroso; mi papá vino persiguiendo a mi mamá.
Ellos se conocieron en Europa. La familia por parte de mi papá es española... Mi abuelo era andaluz y mi abuela había nacido en Argelia y habían migrado a Francia cuando mi papá estaba muy pequeño con sus hermanos. Ellos se criaron en Francia.
Estamos hablando de la década de los 30... Mi papá es del 30. Exactamente, antes de la guerra, todo es a partir de la guerra española, digamos.
Claro, entre el 30 y 36 exactamente. Mi papá es del 30, mi mamá nació en el 36. Por parte de la familia de mi madre, mi abuelo vivía... mi abuela murió al nacer mi madre, entonces era un hombre viudo con dos niñas, mi mamá y su hermana mayor, que también huyeron de la Segunda Guerra y terminaron después de un periplo en La Guaira. Pero en esa huida mi papá conoció a mi mamá, se enamoró y después se vino un poco siguiendo a mi mamá.
O sea que ellos se conocieron en el sur de Francia. No, yo creo que en España. En España, sí señor.
¿Y tu mamá era una muchachita? Era una muchacha, 18 años. Cuando llegaron para acá llegaron mi abuelo con las dos muchachas, digamos, ¿no?, y ¿a qué se dedicaba tu abuelo aquí en Caracas?
Trabajó en la petrolera Fiesty, él llegó... Él era un viejo particular muy fregado, anticomunista y también antisemita, hay que decirlo todo, un católico duro que pensaba que Polonia, la culpa de las invasiones a Polonia, eran culpa de los judíos y los comunistas. De alguna manera esa era su formación. Llegó aquí como tratando de organizar un poco la comunidad polaca, sin pisar jamás la embajada por esta cosa anticomunista muy fuerte, trabajó en la Shell, si yo mal no recuerdo, digamos, ¿no?
Él se murió cuando yo era muy niñito, tendría 10 años, y entonces mi papá y mi mamá se casan en Chacao. Mi papá... en la iglesia de Chacao, mi papá viene...
O sea que tus abuelos paternos no vinieron a venir. Sí vinieron varias veces como uno de los recuerdos, a visitar. No vivieron aquí, no, sí se quedaban como temporadas, pero no vivieron aquí. Entonces mi papá llegó y se instaló en una pensión en el centro, de acuerdo, en San Juan, y de ahí empezó, gracias al francés, empezó a dar clases en colegios católicos. No había estudiado psicología todavía, él estudió psicología cuando yo era grande. Mi papá se graduó de psicólogo cuando yo tengo 12 o 13 años. Él daba clases en la mañana, trabajaba y estudiaba las noches en la Universidad Católica.
Se graduó en la Católica de psicólogo. O sea que llega aquí y se mantiene dando clases de francés. De francés, sí, sí...
Yo siempre cuento que Luis Castro, un amigo muy querido, fue alumno de tu papá e influyó mucho en su vocación sentimental, vamos a decir. ¿Cómo no? Luis Castro solía decir que su primer matrimonio era por culpa de mi papá, porque le había ido a pedir consejo y mi papá le dijo cásate. Como lo dice uno cualquier muchacho de 17 años, digamos, pero bueno...
Y en ese ambiente de tu casa, tus padres eran lectores, ¿había conversaciones sobre el mundo de la escritura o sobre el mundo cultural?, ¿cuáles eran los intereses de ellos, digamos? Sí, no digamos que sí había una preocupación por la lectura, eran lectores como mucha de esa generación, yo no sé, pero creo que pasó mucho. Había en ese tiempo en Caracas, en América Latina, esto se llamó el Círculo de Lectores, era una especie de club donde las familias se suscribían y te llegaba un libro todas las semanas, llegaba un libro. Es una fórmula para promocionar un poco la lectura. Entonces a mi mamá también le gustaba mucho y nos leía cuando éramos niños, pero después había todo este cambio.
Y a mi papá le gustaba mucho la poesía y le gustaba mucho además leer en voz alta, que es una cosa que yo suelo contar porque a mí me influyó mucho. Mi papá lo decía cuando yo tendría 11 años, los sábados, y leía poesía en voz alta. Yo me acuerdo muchísimo. ¿Y eso lo escuchabas tú con tus hermanos? Somos tres hermanos varones, el segundo del medio. Enrique es el mayor y mi hermano menor Ignacio, seguidos por un año.
Y ponían a los tres niñitos y les reclamaban. Leía un libro viejo que se llamaba Las 100 mejores poesías de la lengua castellana, sí señor, entonces eran unas cosas como rima y eso, y después leía a Andrés Eloy Blanco y aquí les nació. Y yo me acuerdo, todavía me acuerdo de memoria algunas cosas porque también nosotros jugábamos a declamar, pero para mí esa experiencia fue como transformadora porque descubrí ahí la musicalidad del lenguaje, digamos, e impresionó muchísimo y me encantaba.
Ahí había algo... Había música, ya había teatro también, ¿no? Sí, sí, pero había una cosa con los sonidos, las palabras, que para mí fue fundamental. Interesante.
Y entonces la lectura sí fue como importante, aunque no tuviéramos grandes bibliotecas, digamos, y sí podíamos ir alguna vez, sí, vamos a museos, etcétera, pero digamos creo que más fue la periodicidad de la lectura... de tu papá. Exacto, digo mi mamá. ¿Y el colegio?
Tú entraste en kínder en el colegio San Ignacio. Sí señor, mi papá era profesor de francés. El francés en el colegio. Entonces también había una ventaja: todos los hijos de los profesores estaban becados, todos estudiamos ahí.
Claro, y ya el San Ignacio estaba aquí por donde he estado, exacto, en Chacao, sí señor. La formación jesuita es muy particular, desde la creación de la Compañía de Jesús en 1500 y pico, 1517 exactamente, bueno, precisamente del año en que Lutero colocó sus tesis en las puertas en la iglesia aquella en Alemania. La formación jesuita es muy particular. Pasados los años, ¿qué recuerdas tú? ¿Qué crees tú que dejó ese impronta jesuita en tu formación?
Pues fíjate que el colegio no sé si tanto, yo después estudié con los jesuitas, digamos, más cercanamente. En el colegio yo siento que la educación la veo bastante, parecía, no sé, similar, digamos, una formación que yo diría que estaba bien para mí. Fue académicamente y tenía pues, no sé, lo que daban: religión, deporte, las posibilidades que dan los colegios católicos. Para mí fue muy importante el paso a humanidades, es donde creo que había un énfasis muy importante en los estudios culturales más globales.
Claro, que hay estudiantes de filosofía, psicología... Pero también estudiamos historia y la cultura, y con una profesora que además empezó a darnos las tres materias. ¿Pero quién? María Gracia Gamarra. Esa es una profesora que nos cambió la vida, yo creo, a muchísimos. Ah, mira, que fue fundamental porque nos daba literatura, arte, historia de la cultura y ponía todo eso en relación.
De manera muy activa, es decir, podía poner a los alumnos a discutir entre, por ejemplo, dividirlos en dos grupos y hablar de Vallejo e Neruda porque cada uno viera las poéticas diferentes. A defenderlo o atacarlo. Es decir, organizaba seminarios, debates muy activos a propósito de autores, de Kafka, de momentos. La humanidad fue muy importante en mi formación y esta profesora María Gracia en particular.
Interesante, ¿le perdiste la pista a ella? No, cómo no, yo la veo todavía, la estoy viendo estos días, sí, sí, sí. Ah, qué maravilloso.
Y ella hizo una carrera de profesor, de profesor, cómo no, y todavía da clases particulares, se mantiene muy activa, trabaja en teatro. Es que bien, muy bien. Entonces tú te gradúas de bachiller en humanidades, en el colegio San Ignacio, en 1978, y allí ingresas por un tiempo como novicio, se llamaba eso, ¿sí o no?
Sí, precisamente ingreso a la escuela de Letras de la Universidad Central, un semestre, y de ahí me salgo y me voy al seminario, los jesuitas. ¿En Barquisimeto? En Barquisimeto, ¿y todavía queda el seminario allá?
Todavía queda en Barquisimeto, el mismo lugar del barrio Las Brisas, del aeropuerto, cerca del aeropuerto. Al lado del aeropuerto, ¿en esa época cuántos habían allí que tú recuerdes? Entramos cuatro y estaba saliendo José Virposo, justamente, y entraban otros cuatro más en el segundo año, y entrábamos después nosotros cuatro en primer año.
¿Quiénes eran ustedes cuatro? No los tengo tan claros. Sí tengo algunos... A ver, pues, dos de ellos han muerto, Domingo-Méndez... Domingo-Méndez lo conocí yo.
Domingo-Méndez Rivero, sí señor, economista. Claro que muy amigo tuyo. Sí señor, con padre Mido después...
La verdad es que no sé si queda alguno en Los Escutacaros al sur o que fue profesor del colegio. Claro, él también, que estuvo hermano Alexis de Manuel, sí hubo varios, pero no. Mi memoria... ¿cuántos tiempos tuviste allí? Dos años, dos años, y me salí un mes antes de hacer los votos, un mes antes, y vuelves a la escuela de Letras Central. Sí, ¿hay algún motivo por el que te saliste?, ¿viste? Que ese no era tu destino. Pues sí, en realidad no...
Como cuando yo me salí, mi mamá dijo: no entendí nunca muy bien por qué entraste y tampoco entiendo muy bien por qué te sales, o sea que estamos a mano. Pero qué bien quedó el humor de tu mamá. Muy bien, vamos a una pausa y regresamos en esta grata conversación con Alberto Barrera Tyszka, en formato podcast a través de anchor.fm. Para algunas sugerencias sobre este espacio, pueden escribirnos al correo. Estamos de regreso, estamos conversando con Alberto Barrera Tyszka.
En la parte anterior del programa recorrimos sus primeros años, su infancia y formación en el colegio San Ignacio, sus estudios de escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, y ya estamos cerca del año 1980-81 que integras el Grupo Guaire con varios amigos comunes. Y esos años en la Escuela de Letras te van acercando primeramente dentro de los géneros literarios a la poesía, después fue que tú abordaste la narrativa. Aunque ya eras un lector de novela, ¿no?
Sí, yo empecé escribiendo cuentos. De muchacho, el autor que yo creo que más me marcó a mí en mi adolescencia fue Horacio Quiroga, eso les pasa a muchos de los jóvenes que leen Horacio Quiroga, con razón. Es decir, yo leí de mucho cuando era adolescente Horacio Quiroga, Los cuentos de amor, locura y muerte, y quedé encandilado. Salía a imitar a Horacio Quiroga, que es lo que uno hace, y escribí 16 versiones de La gallina degollada con pajaritos distintos o como... No. Y entonces sí escribí cuentos. Después, con el tiempo, leí más poesía, escribí poesías y, como dices tú, gracias a Armando Coll, de manera natural en la Escuela de Letras, terminé en el Grupo Guaire contigo, con Luis Pérez, con Leonardo, con Nelson Rivera, y entonces seguí un poco más por la poesía. De esa época escribiste y publicaste tus primeros libros, que se titula Amor que por demás, que es de 1985, tú tienes 25 años en ese momento.
Después Edición de lujo, que es prosa y poesía, que es un libro de 1990, y después Coyote ventana, que es de 1993. Pero yo creo recordar que ya para los años ochenta tú has encontrado un camino laboral importante que ha definido buena parte de tu vida laboral, que es el guion de televisión. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Cómo llegaste tú a ese mundo?
"Sí, de manera como fortuita, digamos. Yo también en 1985 nací mi primera hija, claro, digamos, Paula. Yo estaba casado y nace Paula, necesito trabajar y empiezo a buscar trabajo y trabajo en lo que sea.
Había trabajado en el censo del 81, había trabajado en una publicidad, en Corpa Publicidad, como creativo con Pablo Antillano y Néstor Francia. Néstor Francia era mi jefe y estaba Pablo Antillano. Esa es una sección cultural... Vox y Visión, que era sobre todo imagen corporativa, y ahí había como un grupo. Había trabajado también en el Diario de Caracas y terminé trabajando en el archivo del Diario de Caracas.
Y hacías un trabajo que a mí me parecía interesante y que me gustaba, es que llegaba muy temprano, leía todos los periódicos. Llegaba como a las 5 o 6 de la mañana y me leía todos los periódicos y hacía un informe para el director de cómo había salido el Diario de Caracas con respecto a todos los demás periódicos, pero también hacía como una especie de evaluación en la redacción de las noticias del diario, etcétera. Pero era un trabajo sofisticado, en esa época eso muy poca gente lo hacía...
Claro, el resto del día tenía que estar como en el archivo haciendo cualquier cosa. Y entonces un día me acuerdo perfectamente, fíjate tú, en los 50 años de la revista SIC, creo que yo voy a la fiesta de la revista SIC en el centro, y se me acerca una persona, me dice, tú eres Barrera. Y digo sí, yo publicaba de vez en cuando en SIC, y me dice, todo lo que tú escribes está muy mal, chico, pero está bien escrito. Yo no estoy de acuerdo con nada de lo que tú dices. Ese tipo era Ibsen Martínez. Y ahí lo conozco. Ok, Ibsen Martínez, inmediatamente, fue por supuesto. Me dice vamos a esta fiesta, cheque, y vamos a tomarnos unos tragos buenos, no sé qué. Entonces al rato me dice, chico, ¿tú en qué trabajas?
Dice, ¿tú no quieres trabajar en televisión? Y a partir de ahí empezamos con una relación y pasó, era mucho mejor la paga. Yo empiezo a hacer dialoguista o libretista en Radio Caracas. Él estaba haciendo una novela, él estaba haciendo una novela que se llamaba Amanda Sabater. Entonces empecé y entré como dialoguista de Amanda Sabater. Eso ha debido ser... a finales del 1989, algo así, 89, 88. Más o menos empecé yo ahí a trabajar, y en ese equipo o en esas oficinas estaba Salvador Garmendia. Después, fíjate tú, para mí fue una experiencia maravillosa porque mira lo que pasó con esta novela que se llama Amanda Sabater. Ibsen la abandonó en un momento, es bastante natural, pero se va porque el canal le pide preparar otra cosa. Se va y deja ahí a Salvador Garmendia y Salvador Garmendia pues vivía más cerca de mi casa, nos hicimos muy amigos y empezamos a trabajar Salvador y yo. Pero ojo, en ese equipo también estaba Millo Vestrini, amiga de Salvador, y entonces vecina, vecina de Salvador.
Entonces también Millo estaba incorporada ahí cuando esa novela, que era larga pues, dura 200 capítulos. Yo me tengo que ir porque se me llama para la nueva novela que está haciendo y cuando yo me voy también en Radio Caracas. Sí, también Radio Caracas. Yo llamo a Leonardo Padrón y lo dejo en ese equipo y Leonardo no había entrado, no hubiera estudiado el novio.
Un día llamo a Leonardo, le digo más o menos lo mismo que me dijo Ibsen. Leonardo trabaja en producción. ¿En? ¡¿En! En Benevisión. Y le dije a Leonardo, por qué no te metes a escribir, entiendes, telenovelas. En esto yo fui un sábado a su casa, él vivía en Los Ruices, les expliqué cómo era la dinámica. Digo, mira, vas a trabajar con Salvador, yo me voy para C, no sé qué, y ahí entró, o sea que un poco en esa telenovela coincidimos todos de manera distinta, todos amigos, digo.
¿Y qué hacía Leonardo en producción? ¿A qué se dedicaba? Él trabajaba en la producción, si mi memoria no cojea demasiado, de un programa de Denilson Bocarranda que tenía en la noche, a última hora de la noche, y él trabajaba como en la producción. Hacía medio el guion pero también se cargaba de todo lo que era producción.
Imagínate qué historia tan simpática y interesante. Bueno y ahí empezaste a lidiar con el oficio de guionista de telenovelas. Bueno, dos maestros: Ibsen Martínez y Salvador Garmendia. ¿Qué viene después cuando estás tú como autor de tu primera telenovela?
¿Eso pasó en Venezuela o ya estabas viviendo fuera? O ya te habían contratado en otra parte... Es parte de un proceso como rático y lleno de cosas. Yo estuve en Venezuela trabajando como dialoguista, después fui a Miami porque me invitaron a un proyecto fallido, que hubo una telenovela entre Carlos Mata y María Conchita Alonso.
Después estuve en Argentina en otro proyecto que tenía a Catherine Fulop con un autor argentino y estuve viviendo ahí un año escribiendo esa novela. Y después regreso a Venezuela a trabajar otra vez en Radio Caracas, me hago muy amigo de un autor colombiano llamado Bernardo Romero. Claro. Es como un Cabrujas de Colombia, ¿no? Bernardo vino aquí porque había hecho una historia llamada Señora Isabel, que tuvo mucho éxito, y nos conocimos en una fiesta y nos hicimos muy amigos. Y él me invita a Colombia a hacer una serie y ahí hago la primera historia como original mía, que es una miniserie pequeña. En ese tiempo se hacían en Colombia, que se llamó Géminis. ¿Eso es Caracol o en RCN? No existían canales en este tiempo, eran dos señales del Estado y había una cantidad de productoras independientes que licitaban los espacios.
Y entonces trabajaba, esta es una productora que se llamó Coestrellas. Eso era muy interesante porque permitía que productoras pequeñas hicieran productos nuevos y distintos. Sí, sin el látigo del rating, nada... y sin ningún tipo además de ABC, digamos, eran historias muy libres. De hecho, nosotros hicimos esta historia de Géminis en la historia de bisexualidad, muy moderna para su época y absolutamente como el año 2000. Rompedora, una historia pequeña de 13 capítulos. Entonces después yo regreso...
No, 1900, esto es antes del 2000, 1998, porque me fui a México en 1995, porque yo regreso en 1993-94 y de ahí yo regreso a México, a Caracas, perdón, y ocurre esto: la productora que está en México haciendo una telenovela que era de Josignacio. Y Josignacio se muere, ya había escrito el primer año 94, sí, y había hecho el primer capítulo con esta productora independiente mexicana. Entonces vienen los mexicanos a hacer una especie como de casting de escritores a ver quién sigue y me eligen a mí. Y entonces, bueno, yo concurso ahí, pues digamos, y entonces me voy a México en mil novecientos noventa y cinco.
OK. Y digamos a Cabrujas dejó un diseño o no, muy poco. Un capítulo personal ya había una historia más o menos que era del Josignacio de los mexicanos, digamos, ok. Este, ¿y eso era con cuál estación allá?
Fue la primera telenovela de Televisión Azteca, que era un canal nuevo. Digamos... ese era el de Salinas.
Es el de Salinas, es el de Salinas Pliego, que iba a competir en Televisa. Era un canal público que compró Salinas Pliego y se buscó esta productora independiente de gente progresista, izquierda distinta, que le tenía un poquito de asco, desquito, a la telenovela. Entonces se buscaron esta historia que era muy interesante y la armamos un poco como una historia con visos de realidad. Es decir, no era por estas calles en esos términos, pero tenía mucho de eso. Teníamos personajes que eran Salinas de Gortari... Ok, pasaba todo en México, pasaban toda la vida mexicana. Sí, bueno...
Y tenía como correlato el asesinato de Colosio, entonces pegó mucho, fue un parteaguas, digamos, en la televisión. La serie de Colosio en Netflix es muy buena, ¿la viste? Sí, cómo no, sí me gustó bastante. Estamos conversando con Alberto Barrera Tyszka, vamos a hacer una pausa y regresamos recorriendo su vida y obra, ya volvemos. Estamos conversando con Alberto Barrera Tyszka, y veníamos hablando de su vida como autor de telenovelas.
Y también retomamos, Alberto, tu vida, tus libros de poesía. Tal vez El frío es del año 2000. Y aquí noto yo que aparece tu primera novela, que aparece en el año 2001, que también El corazón es un descuido. Háblanos de ese salto, del poema a la novela...
Claro, ya tú estabas metido en las historias y narrativa por la vida del guion de telenovela, ¿no? Sí, no, yo me metí mucho en la narrativa, como te dije, siempre había escrito cuentos. Y venía trabajando esa novela mucho tiempo. Esa novela es muy mala, esa primera novela. Yo le tengo un poco de vergüenza, pues, digamos, pero lo que le pasa a uno con las primeras novelas. Ahí hay... historia quería ser un poco como paródica y también quería tener una intención de incorporar cierta escritura poética de manera muy amateur en la narrativa.
Pero a la vez también quería hacer una narrativa como dura en contra de lo que yo consideraba que era cierta tradición francesa que había influido en la narrativa venezolana, que había perdido su capacidad de echar el cuento y estaba más a escuelas de mirada, claro, y de forma, etcétera, y no una tradición más norteamericana del cuento, del relato, pues, de echar cuento, de historias. Claro, pero fue publicado, por cierto, en México, que es donde yo vivía.
Y luego tenía un editor entonces después aquí se publicó también. Fue como mi primer intento de novela, posiblemente es con el libro con el que peor me siento, ya puesto la distancia. Pero bueno, eso tampoco es demasiado importante, ¿no? Claro, y después aparece la biografía Hugo Chávez: Sin uniforme, que escribiste a cuatro manos con tu esposa, con la periodista Cristina Marcano. Sale en el año 2004, tuvo muchísimo éxito, creo que esta biografía tiene muchas ediciones, ha sido traducida a varias lenguas.
Sí, muchísimas traducciones y funcionó muy bien. Yo digo que el gran éxito de ese libro es que el matrimonio sobrevivió a la escritura porque es como muy difícil también la experiencia. Creo que fue una experiencia interesante en la medida en que nos planteamos hacer ese proyecto cuando, en Venezuela, la polarización estaba al máximo.
Claro, y nosotros tratamos de hacer un libro que no estuviera sometido por el calor de la polarización, entonces decidimos entrevistar solo a gente que hubiera conocido y vivido de trato directo con Hugo Chávez. Para evitar un poco, todo el mundo quería opinar a favor o en contra de Chávez y entonces eso pues por supuesto que entorpecería cualquier intento de aproximación al personaje tan polémico. Entonces hicimos un poco ese ejercicio, creo que salió bien y que funcionó de alguna manera como referencia para este momento, pues, digamos, ¿no?
Claro, además tú habías regresado a vivir a Venezuela, es decir esa primera etapa de tu vida en México había concluido en el 2002. Ese balance: la primera etapa mexicana fueron las primeras novelas que hiciste, surgieron otras supongo de telenovela, sí, como hice 3 o 4 telenovelas allá. Hice otra telenovela como política, hice una que funcionó súper bien y creo es la telenovela más vendida que se llama La calle de las novias, que es una especie de Romeo y Julieta en el centro histórico de Ciudad de México. Hay una, sí, una calle con muchas cosas españolas donde venden puro trajes de novia y ahí transcurre toda la telenovela entre dos familias peleadas, pero con todo el color del centro histórico.
Claro, que lo tiene mucho, ¿no? Sí, muchísimo. Eso está cerca del Sanborns de los Azulejos.
Sí, es del edificio Los Azulejos, exactamente. Exactamente. Claro, yo tengo tiempo de viaje a México durante muchos años, fui muchas veces, bien. Y después de esta biografía viene tu primera novela... tu segunda novela, que ya sí fue un gran éxito editorial, que es La enfermedad, publicada en 2006. Te ganas el premio Herralde, trabaja la enfermedad de tu madre.
Entiendo que fue así, hay una reconstrucción en esa etapa de la vida de ella. Es buenísimo que lo digas porque las relaciones entre literatura y vida son misteriosas, enigmáticas. Yo fíjate que mucha gente piensa de eso y lo que ocurrió, curiosamente, el día que yo me gano, que anuncian el premio Herralde, mi mamá se desmaya.
¿Pero de la emoción? No, no, se desmaya de manera natural. Ella trabajaba en el CCT, frente al ascensor del CCT, iba para su oficina, ella trabajaba en una oficina, y entonces, y se va a hacer unos exámenes y los resultados no salen nada bien. Ella le pide a mi papá que no me diga nada porque está eso del premio y hay un, bueno, vamos a celebrar en la noche en mi casa, etcétera, etcétera. Y al día siguiente, que son las 9 de la mañana, yo estoy enratonado, por supuesto, suena el teléfono y es mamá que dice, mire, chico, estuve en hospital.
Entonces, la verdad, la verdad, yo no trabajé en La enfermedad de mi mamá en esa novela, sino porque mírame. Así que entonces fue premonitorio. Claro, porque entonces yo pasé con mi mamá 21 días en esa clínica hasta que ella murió el primero de diciembre. Sí, fue una cosa fulminante, por suerte, digo yo, es mucho mejor en este tipo de procesos.
Una leucemia muy dura y bueno, lo que pasa en muchos de estos procesos, lo que acaba con las personas es el tratamiento, la quimioterapia. No es fácil de resistir. Entonces fue un proceso muy loco para mí porque acababa de escribir esa novela y ganar un premio y entré en un proceso que tenía que ver con todo lo que yo había escrito, una premonición, ¿no? Y pues sí, fueron los procesos como encabalgados, pero no son un consecuente, digamos, ¿no?
Y en esos años estamos en el 2006. En 2008 publicas Alta traición, que entiendo es una recopilación de artículos de los que venías publicando en El Nacional. Cuando comienzas a publicar en El Nacional, el año 93-94...
Un poquito más tarde, creo que es hacia el año 96 quizás o 97. Estaba yo en México y Sergio Dabbar dirigía Siete Días, se llamaba, o el suplemento, y me llamó un día y me dijo, ¿por qué tú no escribes una columna semanal que vamos a empezar? Claro. Y entonces le dije que sí, pero debe ser esa época porque me acuerdo ya en gente de nuestra edad. Me acuerdo que existía el fax, ¿y no él experimenta?
Entonces me mandaban a veces las noticias del periódico semanales, algo así, por fax para que yo la leyera y a partir de ahí escribiera, digamos. No, entonces es antes, ¿no? Son los 90.
Sí, sí, quizás mediados, el honor, por ahí. Exactamente. Bien y después viene un libro de cuentos en el año 2009, que es Crímenes. ¿Cómo te relacionas con ese libro? Bien, bien. Es un libro de cuentos que yo le tengo mucho cariño. Yo no escribo mucho cuento, fue muy difícil que lo publicara porque Jorge Herralde, editor, no quería publicar cuentos porque los editores en general no quieren publicar.
Ellos dicen que no se venden y es verdad, sí, hay una relación entre el cuento y la novela muy rara y a nivel de los lectores, pero los editores en general dicen que los libros de cuentos no venden y que vende la novela. No se sabe muy bien por qué. Pero esa excepción sea Borges, posiblemente, o Cortázar también, hay grandes autores que tienen fundamentalmente cuentos. John Cheever, digamos, el doctor es Raymond Carver, por ejemplo, solo cuento. Entonces, pues, en la línea editorial general no les gusta publicar los cuentos, claro.
Entonces querían una novela y dije lo que tengo son estos cuentos, lo buscamos y entonces publiqué ese libro. Pero no soy un gran escritor de cuentos, digamos, tengo pocos. No he vuelto a publicar cuentos separados, en antologías o algo así. ¿Ya estás de vuelta en México en el año 2009?
¿Estás aquí? Sí. Estás en Venezuela y estás trabajando en otra novela que es Rating del 2011.
Sí, esa novela es como una especie, una suerte de ajustes de cuentas con mi experiencia televisiva. Claro, lo recuerdo así. Sí, y pues tiene cierta dureza con el medio, digamos, ¿no?
Y trabaja con dos personajes que de alguna manera puedo ser de repente yo mismo, es un tipo de 50 años, está en la crisis de los 50, descreído y cínico con respecto a la televisión. Y un muchacho que es un poeta o que quiere ser poeta, está entrando en la televisión y quiere hacer cosas buenas en televisión, entonces ellos dos los obligan a trabajar juntos. De alguna manera es una mirada poco romántica sobre la televisión y el negocio de la televisión.
Mira, ahí es el momento preguntarte porque estamos hablando de tu obra literaria, pero en paralelo va tu obra de guionista de telenovelas. Yo creo que no has dejado trabajar a lo largo de todos estos años en telenovelas, ¿cómo organizabas tu día? Es decir, cuando estabas escribiendo Rating y estabas escribiendo una telenovela a la vez, por ejemplo, Vargas Llosa ha relatado muchas veces que trabajaba dos libros a la vez, por ejemplo, en las mañanas escribía una novela, pero en las tardes ya estaba harto de la novela y escribía obras de teatro.
Probablemente a ti te pasaba algo parecido. Sí, no porque estuviera harto, sino porque, claro, yo soy muy disciplinado y entonces me levanto muy temprano, mi trabajo... y tengo eso bastante secuentado. Trabajo como guionista, es un trabajo alimentario, para decirlo de una manera, exactamente, y me dedico a eso con un profesionalismo total.
Y a eso le daba prioridad, no por razones obvias, y si trabajaba en general desde las 4 y media de la mañana hasta que me lo exigiera, así podía estar al mediodía y en las tardes podría trabajar mi obra literaria, por ejemplo.
Ok, pero le dedicabas la mañana a las telenovelas y si tenía que usar la tarde por alguna razón, por una emergencia, pues también, claro, sí. Ahora, el guionista de telenovelas está solo en su casa escribiendo o tú tienes relación con los productores, ¿hay consultas? Eso varía mucho y ha variado muchísimo en los años, digamos, muy distinto cuando yo empecé. Había, trabajábamos como en cuartos de escritores, escribimos todos juntos en los canales, no había internet y nos reuníamos en una oficina a meses trabajo, y una oficina, teníamos cuatro máquinas, escribíamos todo. Salvador, Millo, Leonardo, es decir, estamos juntos. Eso después cambió con el, digamos, con la llegada del internet y ha ido como variando por el tiempo, ¿no?
Vale. Bueno, en la próxima parte del programa, la última, continuaremos hablando de la obra literaria y de guionista de televisión de Alberto Barrera Tyszka. Ya regresamos. En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com. Y en Twitter, arroba rafaelarraiz. Somos Unión Radio Cultural.
Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Bien, estamos conversando con Alberto Barrera Tyszka, un escritor venezolano con una proyección internacional importante, ganó en el año 2006 el Premio Herralde de Novela con La enfermedad.
Pero también ganó un premio con otra novela, Patria o muerte, en el año 2015, creo que es el Premio Tusquets, exactamente, sí. Pero antes de llegar allí, sigamos nuestra línea cronológica. En el año 2013 se recoge tu poesía, creo que en la editorial Lugar Común. Un lugar común, exactamente.
Ahí está todo lo que has escrito de poesías. Estaban todos los tres poemarios anteriores y uno nuevo que se llama La inquietud. Y ese mismo año recoges también los artículos, sí, que se llama Un país a la semana, es la columna tuya en El Nacional.
Patria o muerte. Háblanos de esta novela, ¿cómo sientes que fue recibida? Haberte ganado el Tusquets, ¿puso algún tipo de distanciamiento con Herralde en Anagrama?, ¿cómo fue eso? No. Yo la verdad es que siempre mantuve una relación con Herralde muy buena, todavía la mantengo, alguien que le agradezco mucho. Fue un editor maravilloso. Le dije y le avisé que iba a mandar al concurso la novela y Herralde estaba un poco también como de salida del editorial por cuestiones incluso de edad y los premios tienen una cosa buena que tiene que ver con la proyección, sobre todo para autores de países como los nuestros, digamos, donde más el mercado es chiquito y en un tiempo para acá en Venezuela se hizo más chiquito todavía. Entonces, la proyección América Latina en las lenguas, sobre todo, era muy buena.
Yo había escrito esa novela en principio, estaba yo cuando empecé a pensarla viviendo en Caracas. ¿Pero la terminaste en México? Sí, sí, y tenía que ver, yo empecé porque toda esa novela tiene que ver con el tiempo en Venezuela y con La enfermedad de Chávez. Era de alguna manera dos cosas que me importaban mucho: el tema de la enfermedad siempre ha sido para mí muy importante, y después es el tema del país y el fenómeno de Chávez.
Entonces, de alguna manera agarrar ese ciclo y pensarlo y tratar de poner ahí la crisis en los venezolanos me funcionó. En realidad fue muy bien recibida. A mí me parece que... a mí me funcionó muy bien con muchas traducciones, digamos, y con traducciones importantes en Alemania, por ejemplo. Qué bueno. Es un país muy bueno. La verdad que sí, sí estuvo bien y es el libro por lo menos todavía me da regalía.
Ah, mira. Que en general tampoco eso es fácil, digamos, ¿no? No, para nada, no es nada fácil.
Entonces un libro que todavía de alguna manera se mantiene e intenta, que es muy difícil porque es hablar de la historia, digamos, de una historia. Es muy cercana para muchos y muy lejana para otros, ¿no? Exactamente. Entonces, bueno, este es un poco ese intento, por otro lado muy latinoamericano, de hablar de los países y de sus historias políticas. Claro, por supuesto.
Y llegamos a la última novela que has escrito, que es del año 2018, o que has publicado, porque entiendo que tienes otra en el horno. Esta se titula Mujeres que matan. Sí, sí, que una novela tenía dificultad... es una novela que yo quería hacer y ubicar en México y que finalmente después no pude, me cuesta mucho ubicar las historias en otro país que no sea Venezuela. Ah, mira.
Sí, muchísimo me cuesta. Pues de tantos años en México, ¿no? Sí señor, yo regresé a México en el 2013 y nos quedamos viviendo, venimos mucho a Venezuela, pero...
Tienen diez años allá, ¿no? Pero me cuesta muchísimo pensarlas y, digamos, ubicarla. Y esta historia estaba diseñada, trabajaba, y yo sentía que había algo que no fluía y la regresé a Venezuela. Y ahí terminó de fluir, pero es la historia de unas mujeres que fundan un club de lectura alrededor de un libro de autoayuda, empiezan a suceder una cantidad de cosas, digamos, interesante. ¿Y cómo ha sido tantos años en México?
Me parece que suma entre dos estadías casi 20 años allá. Sí. ¿Qué tal México? Bueno, en México...
Ya es un país entrañable para mí. Para mí, sí, fascinante. Es un país que quiero mucho y los mexicanos, creo que ha sido un país muy generoso conmigo, no solo conmigo sino con los venezolanos, con los inmigrantes en general, pero los venezolanos también en particular. Es un país que es muy generoso. A mí me gusta mucho Ciudad de México, que es una ciudad enorme y caótica, pero a la vez fascinante. Tengo muy buenos amigos mexicanos, digamos, ya tengo una vida más o menos hecha, entonces pues la verdad es que sí, tengo una relación muy cercana.
¿Tus amigos mexicanos son del mundo de televisión y literatura? ¿O son de otro mundo? No, van desde vecinos, como todo en la vida, hasta grandes amigos de la literatura, por supuesto, el periodismo, etcétera, con quienes compartes, es decir, hay una vida de tertulias literarias en la zona donde tú te mueves, en México, o no?
Es frecuente. En casa. Sí, más que en casa, tenemos amigos, hablamos, chismeamos... esta cosa es que hacen los escritores, digamos, ¿no? Es curioso México porque fíjate hay dos casos, García Márquez y Álvaro Mutis. Yo creo que vivió en México más de 40 años y García Márquez, cuidado, sin más, probablemente casi 50. Ellos nunca se sintieron realmente mexicanos, siempre fueron escritores colombianos. Y tú nos estás relatando que te cuesta trabajo ambientar una obra literaria, como es una novela, en México, ¿no?
Pareciera que la psique está siempre como sellada por las experiencias, por la vida de los países originales de uno. Sí. Y ahora que lo dices, fíjate tú que el caso, porque García Márquez... nunca escribió nada sobre México. No escribió un solo libro, no, pero un solo libro ambientado en México, absolutamente. Y Álvaro Mutis tampoco, tampoco. Y los dos grandes adoradores de México, con grandes amigos en México.
Pero también pasa una cosa: los mexicanos jamás pensaron que ellos eran autores mexicanos. Sí, no, tampoco nunca, y pasaron 50 años ahí. Entonces yo siento que en México hay una relación muy curiosa con los extranjeros, están muy abiertos a lo extranjero, pero finalmente no son mexicanos y ser mexicano es casi una profesión de fe. No es tan fácil, digamos, puedes tener incluso los papeles, pero no ser mexicano es otra cosa y es muy difícil entender, desentrañar los códigos a veces, algunos códigos con los que se manejan, sobre todo estamos hablando de Ciudad de México, que es el altiplano. También si uno llegara a la costa podría ser distinto, pero sigue siendo este el altiplano. Son un país muy generoso y amable, pero siguen diciendo también mexicano en su sentido...
Muy inescrutable, pareciera que allí, pues ese antepasado indígena está presente. Eso de tú dices es el altiplano, son 2 mil 300 metros sobre el nivel del mar y una manera de ser muy particular, aunque el mestizaje en México también fue profundo, pero también no lo fue. Pero fíjate tú orden que lo decimos, Gabo, que tú hubieras relación tan mala con Bogotá, ¿verdad? Que era un costello profundo y que decía que Barranquilla era la única ciudad cosmopolita de Colombia y tenía por los rollos, digamos, o cachacos su distancia. En México se entrega perfectamente al altiplano mexicano, digamos, ¿no? Claro, es una ciudad cosmopolita.
Ciudad de México enorme y con una gran variedad de cosas. Yo creo que a él le fascinó un poco también en México esa relación que tenía, esa pasión que tenía Gabo por el cine. No nos olvidemos que fue a Roma a estudiar cine. Bueno, Alberto, nos quedan muy pocos minutos. ¿Qué viene ahora? ¿En qué estás, con qué sueñas, cómo te ves en esta etapa de tus 60-62 hacia los 70 años? Caray.
Bueno, que lleguemos a los 70. Yo sigo como igual, terminé una novela que debe salir publicada ahora este año y trabajo en televisión como de la misma manera. Mientras pueda escribir y seguir adelante, todo bien.
Claro, muy bien. Bueno, ha sido una conversación muy larga, completa y grata con un viejo amigo, Alberto Barrera Tyszka, que está pasando una temporada en Venezuela. Lo hemos recibido como siempre con muchísimo cariño. Creo que regresas pronto a México.
Entiendo que tus planes son probablemente ir y venir, venir quizás con más frecuencia. Con más frecuencia, sí, ahorita igual pasar meses allá y meses aquí. Vale, bienvenido siempre a tu ciudad natal, a Caracas, qué bueno, muchísimas