Serie La Electricidad de Caracas. Cap 4.

Serie Elecar. Cap 4.

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Rafael Arráiz Lucca en vivo en www.mundour.com; debes buscar la pestaña de radio en vivo, bajar y darle clic en Unión Radio 90.3. Recuerda que nos puedes seguir en @MundoURWeb, en @RadioscuelaUR y en @RafaelArraiz en Twitter. Mi número de productor nacional independiente 30720. Este es el cuarto capítulo de la historia de la electricidad de Caracas.

En el anterior estuvimos viendo cómo se fue construyendo paulatinamente la Central Tacoa y cómo fueron instaladas allí en 1978, 1979 y 1981. Esto requirió cada vez más fuentes de financiamiento para su crecimiento y, entre los planes de la empresa, estuvo el de ampliar el número de accionistas. También el plan de ofrecerle a todos sus trabajadores la posibilidad de ser accionistas mediante un sistema de suscripción de acciones, y la oferta pública de la acción en la Bolsa de Valores de Caracas se intensificó en esta década de los años 70. Y esto ocurrió siempre buscando la democratización del accionario de la empresa.

Y es precisamente a partir de mediados de estos años 70 cuando la acción de la compañía se tornó el título más apetecido para la Bolsa de Valores de Caracas y el número de accionistas comenzó a crecer de manera exponencial. Fue avanzando hasta ese punto altísimo de 60.000 accionistas que llegó a tener en el año 2000, pero estamos en 1975. En ese entonces la Electricidad de Caracas cumplió 80 años prestando servicios y se publicó un libro titulado Casi un siglo. Allí hay una brevísima historia de la empresa redactada por el cronista Guillermo José Schell, y un prólogo de Oscar Machado Zuloaga.

Y allí Machado decía: “Estos núcleos humanos tan decisivos para el progreso de la compañía y tan exiguos en sus comienzos, llegan hoy a representar un fuerte contingente de tres mil trabajadores y cerca de ocho mil accionistas y medio millón de suscriptores”. Medio millón de suscriptores quiere decir, pues, medio millón de personas que requerían del servicio eléctrico en Caracas y cancelaban la factura. Evidentemente el entonces presidente ejecutivo de la empresa colocaba el énfasis en los recursos humanos, como ya era tradición dentro de la cultura organizativa de la compañía.

Pero también aludía al número de accionistas, lo que señala un crecimiento muy grande en apenas 25 años. Como dijimos antes, en 1975 tenían 8.000 accionistas; en el año 2000 tenían 60.000. Es un crecimiento enorme en apenas 25 años, y digo 60.000 por dar una cifra porque no era muy fácil conocer el número preciso de accionistas dada la fluidez en la transacción de la acción en la Bolsa de Valores de Caracas; allí se hacían compras y ventas a diario. Esta cifra es aproximada.

También creció ostensiblemente el número de trabajadores de la empresa: en 25 años pasó de los 3.000 trabajadores señalados por Machado a los 5.000 trabajadores que va a registrar Francisco Aguerrevere en el año 2000. Estas cifras nos permiten afirmar que el crecimiento de la demanda eléctrica, dado el aumento poblacional de Caracas, el capital de la empresa y el número de trabajadores fue proporcionalmente mayor en el último cuarto del siglo XX que durante los primeros setenta y cinco años. De hecho, en apenas siete años el capital de la empresa pasó de 279 millones de bolívares en 1968 a 610 millones de bolívares en 1975. Recordemos que en esos años no hubo devaluación en Venezuela, de modo que un aumento en bolívares en aquella época era también un aumento en dólares.

Y en 1976 la empresa adelantó la instalación del sistema computarizado más efectivo, llamado Sistema de Información a Suscriptores, y luego fue sustituido por otro todavía más eficaz. Entonces el interés por mejorar los trámites administrativos dentro de la compañía buscaba perfeccionar también la relación comercial con los suscriptores. Esta cultura del servicio no era nueva en la Electricidad de Caracas; en verdad estaba vigente desde que el fundador se esmeraba en prestarle un servicio prácticamente personalizado a sus clientes, pero la apuesta al día de ella suponía la actualización tecnológica de los instrumentos que permitieran ofrecer el mejor servicio. Y a partir de 1979 la empresa tuvo ante sí un trabajo adicional y gran desafío: la participación en la construcción del Metro de Caracas.

Esto trajo consigo la creación de nuevas cuadrillas de trabajadores, especialmente destinadas al sistema subterráneo, así como el movimiento de tuberías subterráneas, cableados diversos y provisión de energía, sobre todo para los topos que se abrían paso bajo tierra. En enero de 1983 abrió la primera línea del sistema. Pero como sabemos el trabajo apenas estaba comenzando: el ritmo de trabajo del metro trajo consigo la búsqueda de recursos adicionales por la vía del crédito en los mercados foráneos, con lo que la deuda de la empresa se incrementó. En estos años se acogió a la jubilación un gerente clave para la Electricidad de Caracas: me refiero a Amílcar Soria.

Había comenzado a trabajar con el fundador Ricardo Zuloaga Tovar siendo un muchacho en 1930 y le había entregado a la compañía 50 años de vida laboral; como él muchos otros pudieron realizar sus sueños profesionales en la Electricidad de Caracas. De hecho se hizo tradición estos largos trayectos vitales que sus trabajadores comprometían con la empresa y prácticamente hacían toda su vida laboral, cuarenta o cincuenta años, en la compañía. Y en 1979 cierra con las memorias que presentan a la Asamblea General Ordinaria la Junta Directiva de la Compañía Anónima Electricidad de Caracas, donde se certificó ya un capital de 1.154.370 millones de bolívares. Casi el doble del suscrito en 1977, que fue de 732 millones.

Los números hablan solos: un crecimiento verdaderamente exponencial. Y la crecida del Guaire en 1918 inundó la central del Encantado; el derrumbe ocasionado por las lluvias obstruyó el canal del dique Petaquire y este estuvo cerca de desbordarse. Las lluvias torrenciales de 1951 produjeron un deslave que afectó severamente a las centrales de Arecifes, Naiguatá y Ricardo Zuloaga. Además, en 1964 hubo una explosión en la Central Iscaraigua, pero toda esta lista que acabo de hacer fueron accidentes menores en relación con lo que significó el incendio de Tacoa.

El 19 de diciembre de 1982, a las 6:15 de la mañana, tres trabajadores de la empresa cumplían la rutina de trasvasar cerca de 16 mil litros de fuel oil desde un buque al tanque de almacenamiento número 8. De manera inesperada ocurrió una explosión que hizo saltar por los aires a dos de ellos, mientras el tercero alcanzó a correr y dar la voz de alarma. Las llamas se propagaron de inmediato y los bomberos también llegaron con rapidez.

Cerca del mediodía se creía que la situación estaba controlada. De hecho, el incendio estaba siendo sofocado cuando en ese momento estalló el tanque número 9 a las 12:35 del mediodía. Se produjeron unas inmensas lenguas de fuego que arrasaron con cerca de quinientas viviendas en las zonas aledañas y acabaron con la vida de alrededor de doscientas personas, entre ellas trabajadores de la empresa, periodistas que cubrían el hecho y 50 bomberos que trabajaban en el sitio al momento de la explosión. En la próxima parte del programa veremos las consecuencias de este hecho tan lamentable que se conoció como la tragedia de Tacoa. Ya regresamos.

En breve continúa Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural; este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre el espacio pueden escribirnos al correo rafaelarais@hotmail.com y en Twitter @rafaelarais. Somos Unión Radio Cultural.

En la parte anterior del programa estábamos viendo la llamada tragedia de Tacoa y, como es fácil suponer, este accidente fue un golpe muy duro para la compañía, no solo por la pérdida de tantas vidas humanas sino porque nunca se lograron aclarar totalmente las causas del siniestro. Y una sombra de duda se posó sobre la idoneidad de los procedimientos técnicos utilizados hasta la fecha para el trasiego de combustible. Los juicios que tuvo que enfrentar la Electricidad de Caracas en los tribunales no fueron pocos y tomó años recuperar el espíritu emprendedor de la institución.

Nunca antes la empresa había sufrido un golpe tan rudo, y este vino a ocurrir justo cuando la empresa experimentaba el orgullo que suponía poder haber adelantado la expansión de la central termoeléctrica de Tacoa. Esto representó una operación financiera y técnica de grandes proporciones sobre la base del endeudamiento externo que se había logrado gracias a los números favorables de desempeño económico en la compañía. De modo que el éxito que se respiraba en la institución vino a ensombrecerse con la infausta explosión del 19 de diciembre de 1982.

Desde el punto de vista técnico, el fenómeno que tuvo lugar en la segunda explosión, la que verdaderamente causó los daños peores, es conocido como boil over y consiste en que el combustible incendiado en el interior de un tanque súbitamente sale disparando por los aires acompañado de una onda de calor, de naturaleza expansiva, que causa todo tipo de estragos. Los organismos de seguridad del Estado y la empresa en el momento suspendieron el funcionamiento de la central termoeléctrica y la ciudad tuvo que ser atendida por la Central Oscar Augusto Machado, cerca de Caricuao, además de decretarse el racionamiento del consumo de electricidad. Con posterioridad a los hechos la empresa contrató los servicios de la National Fire Protection Association, mientras el gobierno nacional, entonces gobernaba Luis Herrera Campins, designó una comisión especial para el estudio de las causas de la tragedia.

Y ambos estudios eximieron a la compañía de responsabilidad en las causas que produjeron el siniestro. La sentencia del tribunal, encargado del caso, también eximió la responsabilidad directa a la empresa por los hechos ocurridos. En lo personal, para Machado Zuloaga fue un golpe del que no pudo reponerse totalmente; ya su salud estaba siendo afectada por deficiencias respiratorias, se le había determinado un enfisema pulmonar y el dolor de la tragedia no contribuía con su recuperación. La empresa ostentaba con orgullo hasta ese día una suerte de récord nacional en cuanto a operatividad, con un porcentaje muy bajo de accidentes industriales; la seguridad había sido uno de los objetivos que se trazó la compañía desde sus inicios y se había cumplido con eficiencia, hasta que el accidente de Tacoa vulneró severamente el historial.

La tragedia afectaba ostensiblemente el orgullo de la compañía que se había ido atesorando en el tiempo. Y el 18 de febrero de 1983 el sistema económico venezolano hizo aguas por todas partes, me estoy refiriendo al Viernes Negro. Los ingresos petroleros por primera vez en décadas fueron insuficientes para afrontar el gasto público y se impuso una devaluación de la moneda con un consecuente control de cambios. Esto ocurre para la Electricidad de Caracas en el preciso momento de su historia en que ha contraído deudas con la banca extranjera por el orden de los 720 millones de dólares, deuda que se había impuesto como ineludible desde el momento en que se tomó la decisión de acometer la ampliación de la central Tacoa.

Y como puede colegirse fácilmente, la nueva situación cambiaria y el régimen del cambio diferencial venían a complicar todavía más las situaciones financieras de la empresa. Esto condujo a que la compañía reportara pérdidas y la Comisión Nacional de Valores tuviera que suspender la cotización de las acciones de la empresa en la Bolsa de Valores de Caracas. Por primera vez desde que la acción se cotizaba en las bolsas regulares, pero informales que señalamos antes, y desde que se creó la Bolsa de Comercio de Caracas en 1947, luego denominada Bolsa de Valores de Caracas a partir de 1972, el prestigio de la empresa que se traducía en la confianza que el inversionista depositaba en el título se vio afectado.

Los accionistas amanecieron un día con sus papeles prácticamente sin valor y sin posibilidades de convertirlos en dinero efectivo a través de la venta de esos papeles. Además tuvo que suspenderse el pago de dividendos a los accionistas, circunstancia que no ocurría desde el año 1904, cuando la compañía por primera vez otorgó dividendos. Y para superar la situación financiera comprometida de la empresa, se hacía necesario que el gobierno nacional autorizara un aumento en las tarifas eléctricas por el orden del 40%. Pero este, después de un año de negociaciones, autorizó el 20% y se comprometió a otorgarle un préstamo a la institución por el orden de los 2.000 millones de bolívares; corría el año 1983.

Las perspectivas negativas para la Electricidad de Caracas copaban todos los pronósticos: la empresa que arrojaba resultados económicos favorables todos los años y otorgaba dividendos dejó de hacerlo. La empresa que se venía financiando sin acudir al crédito internacional dejó de hacerlo y se endeudó justo antes de un control de cambio, una devaluación de la moneda. La Electricidad de Caracas, que ya para entonces era líder del mercado bursátil, salió de la bolsa y las acciones bajaron hasta precios que hacían imposible su comercialización. El panorama era muy negativo.

En estas difíciles circunstancias ocurre un cambio gerencial importante: Fernando Lauría Lecer abandona la gerencia general después de 11 años de ejercicio y es nombrado Francisco Aguerrevere en esa posición. Se disponía Machado Zuloaga a bajar el ritmo de su dedicación; la salud comenzaba a fallarle. Hasta que en 1985 se separó del cargo de presidente ejecutivo de la empresa, tarea que desempeñaba desde 1972. Murió en Denver, Colorado, el 4 de octubre de 1988 después de batallar infructuosamente contra el enfisema pulmonar y además muy preocupado por la situación de la compañía a la que le había consagrado su vida al igual que su padre.

Desde aquel día en que entró a trabajar a la Electricidad de Caracas como dibujante en el Departamento de Ingeniería, en 1939, junto con su primo Ricardo Zuloaga Pérez, hasta el día del retiro la empresa cambió radicalmente. Había pasado de ser una institución prácticamente familiar a una empresa con cerca de 60.000 accionistas y una composición accionaria democrática; había pasado de aprovechar la energía hidroeléctrica a la termoeléctrica y con ello había cambiado su escala. Dejó de hacer un negocio al que los accionistas podían financiar con aumentos de capital y se tornó en otro de gran operación financiera. Entonces había pasado a ser la quimera del joven Zuloaga a primera empresa privada del país; lo que comenzó siendo un reto para los ingenieros también pasó a ser un reto para los gerentes que buscaban satisfacer eficazmente un servicio.

Ese trayecto entre la empresa de ingeniería que genera y distribuye electricidad y la institución de servicio público de grandes proporciones fue la etapa que le tocó comandar con éxito a Machado Zuloaga. Y para el año 1985 la compañía cumple 90 años de trabajo y se publica un libro: Hace 90 años cuando nació la Electricidad de Caracas, así se titula. Y ahí se hace un balance comparativo entre 1895 y 1985, noventa años. Y allí se afirma lo siguiente: hay unas cifras que son muy interesantes; el libro lo escribió Alfredo Valdó Casanova. Dice: hoy tenemos aproximadamente 12.500 accionistas. En 1895 eran 25 los accionistas; de esos 12.500 accionistas, 6.021 son los propios trabajadores y familiares.

De modo que eso dice Valdó Casanova. En la próxima parte del programa vamos a ver otras cifras que nos ofrece este autor en ese libro con motivo de los 90 años de la empresa.

Ya regresamos. Bien, en la parte anterior del programa decíamos que hablaríamos de cifras y fíjense qué dice Valdó Casanova lo siguiente: hoy, con nuestras empresas filiales, la Compañía Anónima Luz Eléctrica de Venezuela y la Compañía Anónima Electricidad de Guarenas y Guatire servimos un total de 4 millones de habitantes. Inicialmente eran 72.500; esos cuatro millones de habitantes están representados por aproximadamente 750.000 suscriptores. Con cuánto se inició la empresa: con 150 suscriptores.

La capacidad de generación al comienzo fue de 420 kilovatios; hoy tenemos aproximadamente 2 millones de kilovatios instalados. La demanda eléctrica de Caracas, el día en que se puso en servicio la planta del Encantado, fue de 201 kW. La demanda actual es del orden de un millón trescientos mil kilovatios. Hasta aquí Alfredo Valdó Casanova en este libro Hace 90 años cuando nació la Electricidad de Caracas, que vengo citando.

Y en este momento de la empresa que recoge esta relación significativa es justo el anterior a la internacionalización de la compañía y también el anterior a un gran incremento en número de accionistas, ya que en 15 años pasan de ser 12.500 a 60.000 aproximadamente. Y si en 1975 Machado Zuloaga hablaba de 8.000 accionistas, pues en 1985, 10 años después, cuenta 12.500; el incremento en apenas 10 años es de un 50% en el número de accionistas, que no es poco, véase por donde se le vea, así sea en términos relativos o absolutos. Y también la demanda crecerá ostensiblemente en los años que vienen, pero sobre todo cambiará el modelo de negocios, como vamos a ver de inmediato.

Con el nombramiento de Francisco Aguerrevere al frente de la institución, una vez ya retirado Oscar Machado Zuloaga, esto ocurre el 14 de enero de 1985 y viene a cumplirse una tradición no escrita. Es decir, a la cabeza de la empresa siempre ha estado un ingeniero, es lo lógico. Sin embargo, en esta oportunidad hay un matiz.

Aguerrevere es egresado de la primera promoción de ingenieros que graduó la Universidad Católica Andrés Bello, mientras que Ricardo Zuloaga Tovar, Oscar Augusto Machado y Oscar Machado Zuloaga, los tres, eran egresados de la Universidad Central de Venezuela. El vínculo de Aguerrevere con la empresa fue tejiéndose desde distintos ángulos: primero, Machado Zuloaga lo había conocido durante sus años de presidente de Viasa, ya que Aguerrevere había estado asociado a la construcción del nuevo aeropuerto de Maiquetía. Después, Aguerrevere trabajó en Avensa y luego en Viasa, y también fue durante el gobierno de Luis Herrera Campins, entre 1979 y 1984, presidente de Edelca, Electrificación del Caroní, esa empresa pública venezolana extraordinariamente manejada desde su fundación cuando fue creada por el general Rafael Alfonso Ravard. Allí Aguerrevere adelantó una exitosa gestión, de modo que la vinculación con la Electricidad de Caracas vino a ser, a partir de 1983, una continuidad lógica dentro de su carrera en el área de la gerencia de servicios públicos, bien sea en la aviación con Viasa y con Avensa o en servicio público de generación y distribución eléctrica con Edelca y ahora con la Electricidad de Caracas.

Con su nombramiento como presidente de la empresa cambiaba, eso sí, una suerte de continuidad familiar que había administrado la compañía durante 90 años porque no olvidemos que Ricardo Zuloaga Tovar, Oscar Augusto Machado y Oscar Machado Zuloaga formaban parte de la misma familia. En cambio, Aguerrevere, no; desde el comienzo su gestión como gerente general y luego como presidente, la empresa tenía unos desafíos importantes. Recordemos que dijimos en la parte anterior del programa que la empresa había producido por primera vez en su historia pérdidas; se conjugaron la tragedia de Tacoa, el endeudamiento internacional y el Viernes Negro del 18 de febrero de 1983, que trajo una devaluación en la moneda y un control de cambios.

De modo que esta crisis económica del país que se manifiesta a partir de 1983 era imposible no afectar directamente a la Electricidad de Caracas. Sobre todo porque había tenido que endeudarse para la construcción de Tacoa en una cifra cercana a los 700 millones de dólares y porque además había ocurrido una tragedia imprevista completamente, un accidente. De modo que vamos a necesitar cuatro años para que las acciones de la Electricidad de Caracas regresen a la Bolsa de Valores porque se han ido recuperando lentamente. Así fue como la Comisión Nacional de Valores autorizó su regreso en 1987, después de que las dificultades económicas de la empresa habían ya amainado.

Como consecuencia de una política severa en relación con la utilización de los recursos comenzaron a aplicarse las teorías entonces en boga de la calidad total, es decir, el racionamiento de los recursos, el control del gasto y otras estrategias que buscaban hacer más eficiente la operación de la empresa. Todas estas estrategias, guiadas por la sana práctica de la claridad en la información y la búsqueda del compromiso del trabajador de la empresa con los objetivos de la institución, bueno y como consecuencia de estos y otros pasos que buscaban reformar la compañía, en 1987 la Electricidad de Caracas pasó a ser S.A.I.C.A. Es decir, una naturaleza jurídica y tributaria que facilitaba una mayor democratización de la composición accionaria.

Antes de este respiro que comenzó a sentirse a partir de 1987 se pensó en vender la central termoeléctrica de Tacoa. Esto se pensaba ante la inminente quiebra de la empresa, ya que esta era la razón de la deuda externa que asfixiaba a la institución. De verdad que fueron años muy difíciles los que recibió Aguerrevere en la compañía. Felizmente cuando llegó a plantearse en la Asamblea de Accionistas esta posibilidad, la asamblea respondió al unísono con un respaldo contundente y pudo olvidar esta salida de declararse en quiebra, y comienzan otros caminos para la Electricidad de Caracas.

Comienza a diversificarse porque las lecciones que la institución pudo extraer de las experiencias de los años inmediatamente anteriores fueron muchas. Muchas lecciones, pero todas apuntaban hacia la necesidad de hacer menos débil a la compañía y ello solo podía lograrse si se alcanzaba que su salud dependiera menos de las circunstancias del entorno social y político. Para ello se imponía la búsqueda de nuevos mercados sobre la base en la prestación de nuevos servicios que trajeran como consecuencia nuevos ingresos, sin desvirtuar la esencia del negocio.

El propio Francisco Aguerrevere, a quien todo el mundo apodaba “el Curro”, se lo va a explicar a la periodista Omaíra Sayago de Diario Nacional en una entrevista y allí Aguerrevere afirma: “Quien se concentra en una sola actividad tiene igualmente todo el riesgo comercial concentrado; si además esa actividad está regulada en una forma variable fundamentalmente por las circunstancias políticas, lo razonable es diversificar ese riesgo de manera que eventualmente no todos los negocios estén mal al mismo tiempo. Si en un momento dado una área de actividad está por debajo de lo que debería estar, pero simultáneamente está bien en otras, de alguna manera se respalda al accionista, a los trabajadores, a la empresa e incluso a los clientes que reciben el servicio eléctrico”. Esto dice Francisco Aguerrevere en esta entrevista de Omaíra Sayago en Diario Nacional.

En la próxima parte del programa veremos otros acontecimientos de esta década, de los años ochenta que estamos revisando. Ya regresamos.

Estás escuchando Unión Radio Cultural; este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarais@hotmail.com y en Twitter @rafaelarais. Somos Unión Radio Cultural, estamos de regreso con Venezolanos.

En 1986 se creó CERDECO, una filial que buscaba, como en efecto logró, prestar el servicio de cobranzas de servicios públicos, no solo la electricidad sino el aseo urbano, también los servicios municipales e incluso el gas doméstico. La experiencia arrojó buenos resultados de inmediato y señaló un nuevo camino de crecimiento. De hecho, algunos consejos municipales como el de Los Teques en los Altos Mirandinos comenzaron a utilizar los servicios del CERDECO para el cobro de los impuestos municipales. De modo que allí hubo una diversificación de la que venía hablando Aguerrevere, es decir, la empresa comenzó a prestar un servicio a otras empresas o instituciones a la vez que se lo prestaba a sí misma.

Es decir, el cobro, y una vez superado el tramo que llevó a la empresa al borde de la quiebra y ya de regreso sus acciones a la Bolsa de Valores de Caracas, esto ocurrió en 1988, entonces se reinició el proceso de crecimiento. Se emprendió una subestación de interconexión con Edelca, ubicada en Charallave, y esta comenzó a prestar servicios en 1990; se le colocó el nombre de Oscar Machado Zuloaga en homenaje a su memoria, muy merecido por lo demás. También se inició la repotenciación de las unidades operativas 5, 6, 7, 8 y 9 de la central Tacoa, y gracias a esto se alcanzaron mayores megavatios de capacidad y mayor confiabilidad operativa. Durante este año la empresa contrató los servicios de la firma de consultoría gerencial McKinsey, con el objeto de que se realizara un estudio y diagnóstico prospectivo.

Es decir, hacia dónde puede ir la empresa, cómo puede crecer, cómo puede garantizar sus fuentes de financiamiento. Este estudio fue de gran utilidad no solo porque contribuyó a trazar un rumbo de crecimiento y diversificación sino porque ayudó a la reestructuración gerencial de la empresa que siempre estaba buscando reducir costos y hacer más eficiente la operación de la empresa. Y en 1989 la compañía se asoció con Westinghouse Power Corp para la prestación de servicios especializados en instalación, mantenimiento, reparación y modernización de plantas eléctricas. Así fue como se creó la compañía Turgenka, que además no solo prestaba servicios en Venezuela sino en los países vecinos.

Eso nos informa la memoria del año 1989. Como vemos, las alianzas estratégicas comenzaron a incorporarse al portafolio de posibilidades de crecimiento de la institución. El cambio estratégico estaba en marcha: es decir, crecer en nuevos mercados y buscar nuevos negocios en el área de prestación de servicios energéticos tanto en Venezuela como fuera del país. Y esto, note, representaba un cambio radical en cuanto a la filosofía de la empresa, ya que antes no se había planteado estos caminos. Influía tanto en las políticas anteriores como en las nuevas, en desarrollo, el marco jurídico nacional e internacional.

No olvidemos que hasta 1989 el marco regulatorio de la mayoría de los países latinoamericanos respondía a la política de sustitución de importaciones, también conocida como la ICI. Y esta política limitaba la inversión extranjera en prácticamente todos los países de América Latina. Recordemos la Decisión 24 del Acuerdo de Cartagena que limitaba la inversión extranjera en los países que firmaban el Acuerdo de Cartagena o Pacto Andino, como también se le conocía. Hoy en día esto parece absurdo, pero hubo una época donde se pensaba que la inversión extranjera no era favorable para estos países; hoy en día todos los países del mundo buscan inversión extranjera y ahora era todo lo contrario.

Tanto Venezuela como los países del área habían levantado los subsidios estatales y habían abierto sus mercados a la inversión extranjera; estábamos abriendo las puertas de la globalización a partir de 1989, cuando cae el muro de Berlín, cuando desaparece la Guerra Fría, cuando se desintegra la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y cuando todos esos países que formaban parte de esa unión regresan a formas democráticas y a la economía de mercado, a las defensas de la propiedad privada. Y este cambio en el mundo que pasó la página del mundo bipolar o de la Guerra Fría que se mantuvo entre 1945 y 1989 también incidía en los planes de crecimiento de los países, de América Latina y de las empresas que trabajaban en determinados países porque se abrían las puertas para la globalización.

La Electricidad de Caracas en particular encontraba un camino de crecimiento, pero ya veremos cómo este mismo esquema de apertura sirvió tanto para que la empresa comprara compañías de generación y distribución de electricidad en Colombia y la República de El Salvador como también para que compraran a la propia Electricidad de Caracas. Era el mundo globalizado. En ese mismo año del que venimos hablando, de 1989, se fundó otra filial de la Electricidad de Caracas: Transcasa, Transformadores Caracas, Sociedad Anónima. Esta vez se hizo en asociación con una firma española, la Firma Internacional de Construcciones Eléctricas; el objeto de esta alianza era construir transformadores eléctricos de alta calidad y prestar servicio de instalación y mantenimiento.

Al año siguiente, en 1990, se fundó Medivensa. Medivensa significa Medidores de Venezuela, Sociedad Anónima, y esto se hizo en alianza estratégica con Landis and Gyr, una firma suiza con la que se pactó transferencia tecnológica y se comenzó a construir medidores en el país, medidores de consumo eléctrico. Esto lo hallamos en la memoria de 1990. Y al año siguiente, en 1991, la Electricidad de Caracas se sumó a un consorcio que se presentó a la licitación para la privatización de la CANTV, la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela, y ese consorcio obtuvo el control de la empresa telefónica.

En esta operación sus socios fueron GTE Corporation, el Banco Mercantil, AT&T International y la Telefónica Internacional de España. La Electricidad de Caracas en este conglomerado pasó a tener un porcentaje apreciable, cerca del 10% del capital accionario de la compañía de telecomunicaciones, y esta participación accionaria de la Electricidad de Caracas en la CANTV se mantuvo hasta el año 2002 cuando los nuevos dueños de la Electricidad de Caracas, ya llegaremos allí, se deshicieron de estas posiciones alcanzadas entonces. Y a partir de esta incursión en el negocio de las telecomunicaciones, la empresa va a buscar nuevos mercados y va a crear Telemática Electricidad de Caracas, que a su vez agrupa a las organizaciones Telecomunicaciones Caracas, Comunicaciones Móviles EDC y REXEL.

Y hasta aquí llegamos en este cuarto programa sobre la historia de la electricidad de Caracas. En nuestro quinto y último programa continuaremos viendo todo este proceso de diversificación de las tareas de la Electricidad de Caracas y además de globalización, porque empieza a trabajar, como señalamos antes, tanto en Colombia como El Salvador. Como siempre ha sido un gusto hablar para ustedes. Soy Rafael Arráiz Lucca, me consiguen en mi correo electrónico rafaelarais@hotmail.com. Me consiguen en Twitter @rafaelarais y me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y en la dirección técnica Juan Clark. Como siempre, un gusto hablar para ustedes.

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