Serie La Democracia en Venezuela. Cap 8. El Pacto de Puntofijo y cuatro gobiernos democráticos (1958-1979)
Serie La democracia en Venezuela. Cap 8. El Pacto de Puntofijo y cuatro gobiernos democráticos (1958-1979
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Este programa es posible gracias al equipo conformado por Isabela Iturriza, Inmaculada Sebastiano, Carlos Javier Virgüez, Juan Juárez, Fernando Camacho y Giancarlos Caravaggio. También puedes seguir la transmisión en vivo en mundour.com, buscar la pestaña de radio en vivo, bajar y darle clic en Unión Radio 90.3. Recuerda que nos puedes seguir en arroba MundoURWeb y arroba RadioEscuelaUR.
¡Un saludo para todos! Este es nuestro capítulo número ocho de esta serie que venimos desarrollando, La democracia en Venezuela. Un proyecto inconcluso y nuestro capítulo anterior, el siete, estuvimos adentrándonos en el mundo de la dictadura militar, la llamada década militar entre 1948 y 1958. Y en ese momento quedamos en la Constitución Nacional de 1953, que mantuvo el período presidencial quinquenal y a su vez el sistema electoral de la Constitución del 47.
Pero en otros aspectos regresó a lo pautado por la Constitución de 1936, sobre todo con lo relativo a los derechos de los ciudadanos. Esa Constitución, por cierto, cambió la denominación de Venezuela porque desde la Constitución de 1864 Venezuela se llamaba Estados Unidos de Venezuela, porque era la fórmula federal de la Constitución de 1864. A partir de 1953, en la constitución que estamos hablando, pasa a llamarse República de Venezuela.
De modo que ese es un cambio interesante. Concuerdan los constitucionalistas en que se trató de un texto diseñado para la dictadura militar, que sin embargo recogió muchas pautas en la Constitución de 1947. Y al no más iniciar su mandato, formalmente Pérez Jiménez habló del nuevo ideal nacional, que era una suerte de espíritu programático que animaría a su gobierno y que colocaría especial énfasis en la transformación del medio físico, entre comillas.
"Transformación del medio físico": esto es, obras de infraestructura, donde estuvo el acento de su gobierno. Por otra parte, la persecución por parte de la Seguridad Nacional contra Acción Democrática recrudece notablemente: no solo es detenido Eligio Anzola Anzola, secretario general de AD en la Resistencia, sino que Alberto Carnevale muere en la cárcel en mayo, mientras Antonio Pinto Salinas es asesinado en junio.
Quizás ante el desconcierto de la población frente a la política de terror, el gobierno decidió en enero de 1954 liberar a 400 presos políticos dejándolos ir al exilio. Pero el hostigamiento no cesó y tampoco la censura severa; por ejemplo, a don Mario Briceño Iragorry lo apalearon en Madrid. Todo indica que en represalia por sus denuncias, con lo que la autocensura se instaló en la psique del venezolano, para colmo dentro del marco de la Guerra Fría.
Los Estados Unidos condecoran en octubre de 1954 a Pérez Jiménez con la Legión del Mérito, entendiéndose que sus méritos se refieren a su anticomunismo militante. En perfecta sintonía con su proyecto político, el gobierno de Pérez Jiménez se retira de la OIT, Organización Internacional del Trabajo. Esto lo hace en 1955, luego de las fricciones naturales entre dos instancias de poder tan disímiles.
Como vemos en estos años, las tensiones entre el gobierno y la oposición siguen creciendo, así como las persecuciones y violaciones de los derechos humanos en contra de los presos políticos. Las torturas que muchos dirigentes de la oposición padecieron están suficientemente documentadas, aunque para el tema no estén en discusión.
El ingreso per cápita venezolano en 1956 llegó a estar entre los primeros del mundo. Los recursos provenientes de la explotación petrolera eran cuantiosos para una población que no llegaba a los 7 millones de habitantes. Venezuela, para 1956, era prácticamente un país despoblado.
Esta fue una de las causas por las que los flujos migratorios hacia Venezuela después de la Segunda Guerra Mundial fueron notables, en particular los provenientes de Portugal, España e Italia. Venezuela, más allá de la represión política, era una tierra de oportunidades para el extranjero que venía a reconstruir su vida aquí después de que sus países habían quedado devastados por la guerra en Europa. Ese mismo año el gobierno otorga nuevas concesiones a las compañías petroleras que presionaban para que ello ocurriese y se hacen grandes inversiones en la industria petrolera de Venezuela, en el año 1956.
Y al año siguiente comenzó con agitaciones, dado que sería un año electoral. El primer síntoma de que la dictadura no tenía todos los factores del poder a su favor fue la pastoral del arzobispo de Caracas, monseñor Rafael Arias Blanco, el 1º de mayo. A ella la antecedían las reiteradas protestas estudiantiles durante los meses de febrero y marzo.
La pastoral de Arias Blanco se detiene en la reivindicación del movimiento obrero, en necesidad de la sindicalización, muy a contracorriente de lo que pensaba la dictadura. De tal modo que el hecho fue interpretado como una delimitación franca entre el gobierno y la Iglesia católica. Y, siendo esta la institución con la más antigua tradición en el país, significó mucho para la disidencia y también por el gobierno al constatar que no contaba con el respaldo de la Iglesia.
¡La pastoral merece ser leída en su totalidad ya que constituye una pieza doctrinal importante, además del significado político, coyuntural y histórico que tuvo! Al mes siguiente, en junio de 1957, se constituyó la Junta Patriótica por iniciativa de tres dirigentes de URD, José Vicente Rangel, Fabricio Ojeda y Amílcar Gómez, que se reúnen con Guillermo García Ponce, del Partido Comunista Venezolano, para formar la agrupación que se propone luchar por, voy a citar, "un gobierno democrático mediante elecciones libres y el logro de una amnistía general en el país". Fin de la cita.
Luego, en agosto de ese año se suman a la organización clandestina Moisés Gamero por Acción Democrática y Enrique Aristiguieta Gramcko por COPEI. Meses después es sustituido Gamero por Silvestre Ortiz Bucarán, y desde el comienzo se valen de la publicación de boletines y manifiestos que van marcando la pauta de la resistencia al régimen. En ellos hicieron énfasis en la fractura interna en las fuerzas armadas en relación con el apoyo del régimen dictatorial.
Esta separación entre Pérez Jiménez y los militares vino dándose marcadamente a partir de 1952, cuando el dictador comenzó a confiar particularmente en su jefe de policía, Pedro Estrada, y su ministro de Relaciones Interiores, Laureano Vallenilla-Planchart, a ambos civiles a quienes cierto estamento militar veía con recelo. Además, los jóvenes militares venían formándose sin la influencia de Pérez Jiménez y su generación, con lo que no podían señalarse vínculos particulares entre el alto mando militar y la tropa. Como vemos, es casi una circunstancia de manual de historia política la de la relación estrecha que se da entre el jefe de policía y el tirano, que fundamenta parte sustancial de su apoyo en la represión y el espionaje.
Esta relación fue determinante en las relaciones de poder en la dictadura perejimenista. En noviembre de 1957 anunció el gobierno que las elecciones tendrían lugar bajo la modalidad de un plebiscito en el que los electores optarían por la continuación del gobierno de Pérez Jiménez o no. Por supuesto, el resultado de los comicios del 15 de diciembre fue abrumadoramente favorable a Pérez Jiménez, cosa que la resistencia denunció, de manera que pudo en medio de la censura, como un fraude, y el 21 de diciembre el Consejo Supremo Electoral proclama a Pérez Jiménez como presidente de la República.
El 29 de diciembre la Junta Patriótica llama a las Fuerzas Armadas a manifestarse a favor de la Constitución Nacional. El 1 de enero de 1958 se alza la Fuerza Aérea acantonada en Maracay con el coronel Hugo Trejo a la cabeza, mientras los estudiantes manifiestan en contra del gobierno. Trejo venía desde 1955 tejiendo una red de conjurados que llegaba a casi 400 oficiales en contra de la dictadura.
Es hecho preso y sofocada la rebelión maracayera. Sectores de la Armada se suman a la protesta; la crisis está en marcha. El gabinete ejecutivo renuncia el 9 de enero y el 13 de enero Pérez Jiménez asume personalmente el Ministerio de la Defensa.
Un sector importante de las Fuerzas Armadas le impone condiciones al gobierno. Entre otras, la salida de funcionarios públicos a quienes consideraban inconvenientes. Salen del gobierno y del país Laureano Vallenilla y Pedro Estrada, y a partir del 10 de enero en las cárceles no hay sitio para más nadie.
Los gremios profesionales, los intelectuales y otros sectores de la vida nacional van manifestándose públicamente, reclamando el regreso de las formas democráticas de convivencia. El 21 de enero comienza una huelga de prensa e inmediatamente una huelga general. El gobierno responde con un toque de queda.
La crisis se precipita hacia su final. El 22 de enero sectores mayoritarios de las Fuerzas Armadas se suman al clamor popular. Pérez Jiménez ha perdido todo apoyo, de modo que en la madrugada del 23 se dirige al aeropuerto de La Carlota, toma el avión que el Consejo Popular bautizó como "La Vaca Sagrada" y al vuelo hacia Santo Domingo allí lo recibiría el dictador Rafael Leonidas Trujillo.
En la próxima parte del programa continuamos con estos hechos finales de la dictadura de Pérez Jiménez y una nueva situación democrática. En breve continúa Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural.
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Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos. Bueno, antes de partir Pérez Jiménez y los pocos militares que le eran fieles le manifiestan que ellos permanecerán al mando, a lo que Pérez Jiménez le dice que nombre en una junta de gobierno presidida por el oficial de mayor antigüedad y más alto rango, y ese hombre era el contralmirante Wolfgang Larrazábal Ugueto.
Y así fue. Como es fácil advertir, estos 10 años son sombríos para la democracia venezolana, los que van de 1948 a 1958, y eso no cabe en la menor duda. La dictadura no tuvo otra alternativa que asistir a elecciones pautadas por la Constitución Nacional, pero mediante subterfugios de diversa índole burló la voluntad popular.
La caída del régimen se debió a un conjunto de factores, pero es evidente que el factor determinante fue el militar. Decir que la caída de la dictadura de Pérez Jiménez se produjo por una revolución popular no es cierto; sí es cierto que en el ánimo de las fuerzas armadas el descontento popular incidía, pero es un hecho constatable que muchas tiranías se han mantenido en el poder con el solo apoyo militar mientras padecen el repudio de la ciudadanía.
Recordemos que la dictadura de Pérez Jiménez fue un gobierno de las fuerzas armadas, asimismo lo decía él con sentido corporativo. Y que al fracturarse el apoyo militar el dictador no contaba con otros respaldos significativos que lo apuntalaran en el poder.
Bien, y llegamos entonces al Pacto de Punto Fijo. Por supuesto, va a transcurrir el gobierno de Wolfgang Larrazábal; iremos viendo cómo se van desarrollando estos acontecimientos. Los firmantes del Pacto de Punto Fijo son los representantes de Acción Democrática: Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Gonzalo Barrios. Los del Partido Social Cristiano COPEI: Rafael Caldera, Pedro del Corral y Lorenzo Fernández.
Y los de Unión Republicana Democrática: Jóvito Villalba, Ignacio Luis Arcaya y Manuel López Rivas. El nombre del pacto se le debe más a los periodistas que al hecho de que ellos lo hayan denominado de esa manera. Al no haber escogido un nombre en particular para el acuerdo, los periodistas comenzaron a llamarlo con la casa de Rafael Caldera, que era lugar donde tuvieron las deliberaciones y firma del acuerdo de gobernabilidad.
Esa casa se llamaba así, Punto Fijo, pero punto fijo corrido, no Punto Fijos como la ciudad falconiana, sino Punto Fijo, corrido, porque así quería denominar Caldera a su casa: era el punto fijo, el punto que no estaba en movimiento, y en movimiento estaba él como político, pero su punto fijo era su hogar, su casa. Bien, la importancia histórica del Pacto de Punto Fijo es evidente. De modo que es un acuerdo de gobernabilidad y para el momento de sus firmas un procedimiento inédito en el país, que sin duda arrojó resultados favorables para quienes lo firmaron, al menos los primeros años camino.
Los firmantes del pacto no pudieron invocar un antecedente histórico, ya que fue la primera oportunidad en que actores políticos venezolanos se sentaron en torno a una mesa para fijar unas reglas mínimas de convivencia y garantizaran la vida democrática que se proponían iniciar. No exagero si afirmamos que esa democracia que comenzaba fue una democracia pactada, y más que antecedentes en el sentido de hechos capitalizables podemos hablar de experiencias del poder anteriores que indicaban ahora la necesidad del pacto.
Es el caso del llamado trienio adeco, que incluye el primer gobierno de Betancourt y el primer gobierno que los venezolanos se dieron por vías de elecciones universales y directas, el de Gallegos, en 1948. Abundan testimonios críticos acerca del sectorismo con que gobernó Betancourt y si bien es cierto que en su momento argumentó a favor de su decisión de hacerlo, también es cierto que años después reconoció como un error sustancial el iniciar un proyecto democrático con marcados acentos de exclusión. Es razonable pensar que la experiencia del intento inicial del año 45, signado por el sectorismo, preparó el ánimo a los dirigentes de Acción Democrática para intentar ejercicios de gobierno incluyentes de fuerzas políticas distintas a las suyas.
Entre el golpe de Estado perpetrado por Carlos Delgado Chalbaud y Marcos Pérez Jiménez contra el presidente electo Rómulo Gallegos el 24 de noviembre de 1948 y el derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958 median 10 años de exilio para los dirigentes de Acción Democrática, cerca de la mitad, 5 años, para los dirigentes principales de URD, y unos cuantos meses para algunos dirigentes de COPEI. De modo que espacio y tiempo para la reflexión hubo para los futuros firmantes del pacto. Como vemos, el contexto en el que va a tener lugar el Pacto es el de la reconstrucción de una democracia de partidos de naturaleza representativa, que tiene en la acera de enfrente un poder militar que viene siendo decisivo desde los tiempos del general Gómez y que ha ejercido directamente el poder desde el 24 de noviembre de 1948.
Para colmo de adversidades, los partidos firmantes del pacto vienen de 10 años de persecuciones o de muy poco crecimiento en un ambiente poco propicio, AD o COPEI. De modo que no son organizaciones enraizadas en el país sino profundamente débiles en el tejido social, lo que las hace agrupaciones con un proyecto claro y adversarios nada desdeñables: su propia debilidad.
Un sector militar y un enemigo entonces no previsto por el Pacto de Punto Fijo, la extrema izquierda que en armas va a buscar el poder. Pero esto último va a asomar su cabeza como veremos algún tiempo después. El historiador Ramón Velázquez, en su ensayo Aspectos de la Evolución Política de Venezuela en el último medio siglo, recogido en volumen colectivo Venezuela Moderna 1926-1976, publicado por la Fundación Eugenio Mendoza, ante la certeza del derrumbamiento de la dictadura de Pérez Jiménez, los fundadores y máximos dirigentes de partidos mayoritarios, en una oportunidad en presencia del expresidente López Contreras, pasaron revista a la situación política venezolana.
Analizaron los graves errores y los aciertos del pasado y terminaron por aceptar la tesis de que el porvenir sería suyo en la medida en que entendieran que el poder político es el producto de un conjunto de alianzas y de acuerdos entre los diversos sectores que integran un país. Era evidente el hecho en la crisis de 1948, más que la habilidad maquiavélica del gaúcho Albó o que el prestigio e influencia entre los cuadros militares de Pérez Jiménez y de Llovera Páez, fue el aislamiento que en torno suyo se había creado en Acción Democrática, que monopolizaba el poder y que originaba resistencias innecesarias, lo que provocó su caída. Fin de la cita de Velázquez.
Como vemos, Velázquez indica que el pacto de Punto Fijo comenzó a preverse en Nueva York, donde coincidieron hacia finales de la dictadura de Pérez Jiménez los líderes fundamentales de partidos mayoritarios, Betancourt, Villalba y Caldera, con la figura testimonial de López Contreras y sin la participación del líder del PCV, Gustavo Machado. También señala Velázquez que allí se ventilaron los errores del pasado y entre ellos el de la monopolización del poder político. Yo añadiría por mi parte otro factor principal en el análisis de aquellos días: la constatación de que el poder militar no tenía entre sus proyectos el de la democracia, y estaba visto, más que comprobado, un sector militar buscaría el poder por la vía de las armas, como en efecto sucedió.
Lo que quizás no previeron los firmantes del pacto es que la exclusión del Partido Comunista Venezolano les crearía, entre otras causas hacia adelante, un problema de gobernabilidad añadido: el que la izquierda buscara el poder por las armas, al igual a la derecha residual perejimenista. Decía en parte anterior del programa que Ramón Velázquez sobre este tema que venía ventilando pensaba lo siguiente, voy a citar: "En la hora de la firma del acuerdo, las representaciones sindicales, estudiantil y de la Junta Patriótica dejaron constancia en su protesta por la ausencia del Partido Comunista de Venezuela y de Integración Republicana. Otro grupo alegando que siendo organizaciones unitarias no habían sido invitadas a participar en el acuerdo". Fin de la cita.
Claro, estas organizaciones unitarias se refieren a la Junta Patriótica que hizo el trabajo conspirativo que contribuyó decisivamente a la caída de la dictadura de Pérez Jiménez y esa junta patriótica está integrada por todos los factores: URD, COPEI, Acción Democrática y el Partido Comunista. Y cuando se va a firmar el pacto están tres factores. ¿Y el Partido Comunista? No.
Bueno, quizás recordemos que Betancourt a esta fecha no es el mismo en 1945. El marxismo inicial de Betancourt ha sido definitivamente cambiado hacia ámbitos socialdemócratas y todo indica que para el proyecto democrático naciente no convenía invitar a la negociación al Partido Comunista Venezolano, que era una organización de filiación soviética que no concebía la democracia de la misma manera que las concebían los firmantes del pacto.
Sin embargo, cabe la pregunta: ¿el costo político de la exclusión del PCB no fue mayor que el mensaje que se quería dar excluyéndolo? La sola consagración en la injusticia de excluirlos, dado que fueron un motor principal de la resistencia y de la junta patriótica, ¿no costaba más hacia el futuro que la inclusión? Bueno, yo digo que sí, pero también es cierto que al dibujar un proyecto político de democracia de partidos con elecciones universales bajo un sistema de derecho y democracia representativa, era imposible, sin negarse a sí mismos, que el PCV firmara el pacto. Ellos no creían en eso.
Tenía un cordón umbilical estrecho y sólido con la Unión Soviética, donde había un régimen de partido único, sin derechos políticos, sin propiedad privada, sin libertad de prensa. De modo que ellos abogaban por un modelo que no era el que estaba cimentando el acuerdo firmado en el Pacto de Punto Fijo.
Esta situación, que todavía da para ser discutida, constituye uno de los momentos más dilemáticos de nuestra vida republicana. A la larga, fue determinante que Venezuela en los años 60, en muchos sentidos, va a estar dividida entre la lucha armada guerrillera y intentos de vuelta del militarismo perejimenista, que no se ha venido con la idea de haber perdido el poder. Los firmantes del Pacto buscaron, no se sabe si sinceramente, una candidatura de unidad nacional, pero no se pusieron de acuerdo en torno a algún nombre.
Y en verdad, si se quería comenzar con la vida y una democracia de partidos pues era un contrasentido buscar una candidatura de unidad y fue mejor que ello no ocurriera. Y así, los tres candidatos fueron aceitando las maquinarias políticas de sus organizaciones hacia el futuro. Y precisamente, las que sobrevivieron fueron aquellas que se empeñaron en constituirse como maquinarias políticas de irradiación nacional.
Por su parte Manuel Caballero, en la entrada correspondiente del Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar, señala que antes se habían concertado pactos políticos en el país, pero nunca antes se había firmado uno para gobernar. Los anteriores, según Caballero, habían sido alianzas opositoras que tenían como norte el derrocamiento de quien detentaba el poder en determinada coyuntura, pero ninguno era propiamente un pacto de gobernabilidad como el de Punto Fijo.
También señala Caballero, literalmente, voy a citar: "Lo más singular del pacto sin embargo no fue tanto su letra sino el hecho que sus signatarios lo respetaron en lo esencial, es decir, en la defensa del gobierno constitucional". Fin de la cita.
Y más adelante dice de nuevo Caballero: "Aun cuando URD se retiró del gobierno en 1962 y al dividirse por segunda vez en 1961 AD perdió el control de la Cámara de Diputados y, pese a varios alzamientos militares y civiles, Rómulo Betancourt logró por primera vez en la historia de Venezuela del siglo XX culminar el período de un gobierno electo por sufragio universal". Fin de la cita.
Como vemos, para Caballero fue más importante el cumplimiento de lo pactado que el pacto mismo, así como el hecho de la naturaleza de gobernabilidad del pacto. Más efusivo, como solía hacerlo, el profesor Luis Castro Leiva partió lanzas a su favor en el discurso que pronunció en el Congreso Nacional de la República de Venezuela el 23 de enero de 1998. Entonces se cumplían cuarenta años de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez.
Y dijo lo siguiente el entrañable profesor Castro Leiva, voy a citar: "A mí, este cristiano que les habla a ustedes y sus amigos y su propia familia, a muchas familias se nos devolvió el 23 de enero de 1958 el sentido de vergüenza hasta entonces perdida en la indignidad de una dictadura más. Nos vino devuelta a través del poder, del sufragio y los partidos. De aquellos partidos que, conscientes de su prudencia, atentos a la inteligencia de las circunstancias, forjaron el pacto de punto fijo. La decisión política y moralmente más constructiva de toda nuestra historia, no un festín de Balthazar ni un pacto entre mafiosos.
Fue la construcción racional del camino para pasar de voluntarismo político sectario a la realidad y la división del poder político como condición necesaria, nunca suficiente, para el funcionamiento de la democracia representativa consagrada en la Constitución de 1961". Fin de la cita.
Acertó Castro Leiva al atribuirle a la voluntad contenida en el pacto la de construir un sistema político donde el poder estuviese compartido. Donde si el sistema fracasaba no sería por obra del sectarismo de sus operadores, todo lo contrario. La lección del trienio adeco, como hemos dicho antes, ya estaba asimilada.
Pero además Castro Leiva vincula al Pacto a la Constitución de 1961, donde se recoge el proyecto político de la democracia representativa, que necesariamente funciona sobre la base de un sistema de partidos políticos. Con lo que el Pacto va a formar parte del conglomerado mayor en el que la democracia representativa será el estandarte y el sistema económico le asignará al Estado un papel fundamental. El Pacto de Punto Fijo fue un acuerdo de gobernabilidad entre factores que querían participar en un juego democrático.
¿Cuáles eran esos factores? Pues los partidos políticos. Ellos comprendieron que sin una unidad de propósitos inicial el juego no se sostendría en el tiempo, entonces los enemigos de la democracia eran varios. En primer lugar, el estamento militar que como sabemos se había acostumbrado a tener las últimas palabras en su vida venezolana desde que el general Gómez consolidó al ejército como primera institución del Estado.
Esto hay que repetirlo. Lo siguiente es que el Pacto de Punto Fijo, uno de sus motivos principales, fue neutralizar a un sector importante en las fuerzas armadas venezolanas que no querían que se consolidara el juego democrático. Hay que repetirlo porque con el paso de los años se hace brumosa la causa principal del Pacto de Punto Fijo, que han extraído los firmantes del pacto con base en la experiencia histórica de 10 años de exilio y diez años de gobiernos militares, como fueron los gobiernos entre 1948-1958.
En la próxima parte del programa, en la última, seguiremos viendo estos hechos, esta democracia pactada que van a ser con base en este acuerdo de gobernabilidad entre los tres partidos políticos firmantes: Acción Democrática, COPEI y URD. Somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural.
Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm. Para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com y en Twitter arroba rafaela_raiz. Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos.
En esta última parte del programa hagamos un breve recuento de las transiciones gubernamentales en la que sucesivamente fueron las fuerzas armadas el factor decisivo. Recordemos que a Gómez lo sucede el ministro de Guerra y Marina Eleazar López Contreras. A López Contreras lo sucede su ministro de Guerra y Marina Isaías Medina Angarita.
Luego se produce un paréntesis entre 1945 y 1948, cuando tuvo lugar el primer intento de construir un sistema democrático. Y vuelven los militares a dar un golpe de Estado con Carlos Delgado Chalbaud y Marcos Pérez Jiménez a la cabeza en 1948. El sucesor de Delgado Chalbaud, por más que fuese un civil, Germán Suárez Flamerich, se sabe que la última palabra en su nombramiento la tuvieron las Fuerzas Armadas y que su autonomía para gobernar era prácticamente nula.
Luego, una vez perpetrado el fraude electoral de diciembre de 1952, los militares designan a Pérez Jiménez como presidente encargado y después presidente constitucional de la República. Como vemos, el papel decisivo del estamento militar desde los albores del siglo XX y hasta la fecha fue evidente. Damos por descontado, a su vez, que el lector recuerda que el siglo XIX venezolano es una centuria netamente militar, signada del procerato de las guerras de independencia.
Esto no quiere decir que no hubo civiles, los hubo, pero la preeminencia la tuvo el sector militar. El otro enemigo de la democracia lo vislumbraban los partidos en el riesgo de abrir el juego democrático de manera inmediata. A ver si me explico: me refiero al hecho de protagonizar los partidos un juego de gobierno y oposición que fuese erosionando la precaria legitimidad que apenas estaba construyendo.
De allí se hizo necesario un Gobierno de Unidad Nacional pactado antes de las elecciones. De lo contrario, a la debilidad propia de un proyecto que se iniciaba se le hubiera sumado un juego al que los venezolanos no estaban acostumbrados y que previsiblemente los sumiría o en el escepticismo o en la negación. Se trataba entonces de galvanizar alrededor del gobierno las voluntades de los constructores de ese mismo gobierno, postergando el juego abierto hasta el punto en que se considerara consolidado.
Las previsiones hechas tenían fundamento. Ya en 1958, es importante recordar, no lo hemos dicho antes, antes de la firma del pacto hubo dos intentonas protagonizadas por militares descontentos con Larrazábal, me refiero a las intentonas del general Castro León y de Juan de Dios Moncada Vidal. Y con posterioridad, en las elecciones, los intentos fueron varios contra el gobierno de Betancourt; incluso por escasos segundos no cobraron la vida del presidente Betancourt en el atentado de Los Próceres.
Estas intentonas militares, como se sabe, respondieron a distintos intereses, pero todas buscaban la deposición del régimen y recuperación por parte de un sector de las fuerzas armadas, con miras a instaurar una verdadera democracia, pónganle comillas, y otras perlas por el estilo. El enemigo no previsto, como bien lo señala Manuel Caballero, fue la insurrección guerrillera, que hizo aún más apremiante la consolidación del pacto. De modo que enemigos del intento de instaurar un sistema democrático no faltaron, todo lo contrario, confirmando así la necesidad de la firma del propio pacto.
Ahora, en sentido estricto el pacto tripartito culmina en 1962 con las salidas de URD del gobierno de Betancourt por motivo de la posición del gobierno en torno a Cuba y la OEA. Hasta entonces los socios del pacto fueron tres y continuó COPEI durante el gobierno de Betancourt, no así durante el gobierno de Leoni cuando Leoni pactó un acuerdo de gobernabilidad llamado Ancha Base con Arturo Uslar Pietri. Las fuerzas que lo respaldaban, una fuerza política que había emergido en las elecciones de 1963.
Y ya luego durante el primer gobierno de Caldera, entre el año 69 y 74, el espíritu del Pacto se había trasladado al poder legislativo, abandonando el Poder Ejecutivo, ya que Caldera gobernó con su partido solamente. Estaba tan consolidada la experiencia democrática después de 10 años de ejercicio, que Caldera consideró probable, posible y viable gobernar sin alianzas políticas.
De modo que dados estos matices no se puede simplificar 40 años de vida democrática entre el año 58 y el año 98 como los años del puntofijismo porque no es exactamente así. Hubo muchos matices, variaciones e incluso cambios importantes. No es lo mismo que Betancourt gobierna con COPEI y Caldera a que Leoni gobierne con Uslar y su partido: son fuerzas, personajes, vectores, ecuaciones muy, muy distintas.
De modo que eso no puede en estricto sentido señalarse, o uno entiende que se dice para una generalización, una simplificación. Bueno, podría decirse que el primer gobierno de Caldera es la confirmación del éxito del pacto de Punto Fijo. ¿Por qué? ¿En qué sentido?
Bueno, pues lo acabamos de decir: que Caldera gobernó con un solo partido, sin acuerdos de gobernabilidad para el poder ejecutivo, y en el legislativo, donde no contaba la mayoría, tuvo la colaboración puntual de Acción Democrática, que sí controlaba la mayoría parlamentaria. No sufrió un obstruccionismo sistemático sino que se negoció entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo las leyes que el gobierno de Caldera necesitaba aprobar para poder avanzar en su proyecto político. En ese sentido, podemos afirmar que el pacto resultó eficaz en lo que se propuso.
¿En qué sentido fue eficaz esto? Bueno, contribuyó a sostener al gobierno de Betancourt frente a los embates del fuego cruzado, porque al gobierno de Betancourt lo adversaron varios sectores militares: recordemos los alzamientos en los cuarteles, el porteñazo, el carupanazo y el barcelonazo. Y a la vez recibía fuego de la guerrilla.
Una situación parecida, aunque con diferencias, también afectó al gobierno de Leoni. El gobierno de Leoni fue el que avanzó más sólidamente contra la guerrilla, ya las rebeliones militares de los añorantes de la dictadura de Pérez Jiménez dejaron de ocurrir durante el gobierno de Raúl Leoni y esas añoranzas le tocaron a Betancourt. Y como es evidente, al final del primer gobierno de Caldera, ese gobierno entre 1969 y 1974.
En las elecciones de 1973 se conformó, gracias a la dinámica electoral sin que esto fuese convenido por nadie, un cuadro bipartidista. ¿Por qué? Porque el candidato de Acción Democrática, Carlos Andrés Pérez, y el candidato de COPEI, Lorenzo Fernández, entre ambos sumaron el 90% de los votos. Así se pasó la página de un electorado dividido en cuatro lotes similares; esos cuatro lotes similares ya se habían presentado en las elecciones del 58, en las elecciones del 63 y en las elecciones del 68.
Incluso en las elecciones del año 68 fueron tan similares las cuatro partes del electorado, les recuerdo: Acción Democrática con Gonzalo Barrios, Miguel Ángel Bureli con un grupo de partidos políticos, Luis Beltrán Prieto Figueroa con el MEP y Caldera con COPEI, que Caldera ganó con 30.000 votos de diferencia, pero ahora, en 1973, Venezuela entraba en una nueva etapa: la etapa del bipartidismo, que va a reinar en Venezuela entre 1973 y las elecciones de 1993, cuando el electorado volvió a dividirse en cuatro partes de similar tamaño.
En nuestro próximo programa, en el capítulo 9 de esta serie de 10 programas, veremos este período del bipartidismo, el aumento de los precios petroleros y cómo incidió en la Venezuela de su tiempo y en los intentos de reforma del Estado.
Hasta nuestro próximo encuentro.