Ricardo Zuloaga

El fundador de La Electricidad de Caracas

Escuchar
Reproduce el episodio aquí

Transcripción

Aviso: puede contener errores de transcripción involuntariamente confusos y/o inexactos. Si encuentras algo, escríbeme.

Rafael Arráiz Lucca. Venezolanos. Me refiero a Ricardo Zuloaga Tobar, uno de los pioneros en Venezuela y el fundador de una de las más grandes empresas que ha habido: la Electricidad de Caracas. Zuloaga Tobar era hijo del ingeniero militar Nicomedes Zuloaga Aguirre y de Anita Tobar y Tovar, hermana del pintor Martín Tovar y Tovar. Formaban los Zuloaga Tovar una familia de nueve hijos, de la que Ricardo fue el último en nacer. Su padre muere en 1872, cuando Ricardo tiene apenas cinco años; la madre, Anita Tobar y Tovar, pasó las de Caín para educar a los hijos.

Ella sola, y vivían en una hacienda en las afueras de Caracas, la hacienda Mopia de los abuelos Tovar. Finalmente la madre logra mudarse a Caracas porque su hermano Martín se va a vivir a París, a pintar los cuadros que le ha encargado Antonio Guzmán Blanco para el Palacio Federal Legislativo, y deja sola su casa en Caracas. La hermana se viene a vivir acá, donde este niño Ricardo Zuloaga Tobar va a comenzar sus estudios tarde con el licenciado Agustín Aveledo. ¿Por qué tarde? Bueno, porque las condiciones económicas de la familia no le permitieron estudiar antes.

Yo sé que a algunos radioescuchas esto puede sorprenderles, pero esta es la realidad. Supera la escuela primaria y el bachillerato Ricardo Zuloaga Tobar, y se gradúa de ingeniero en la Universidad Central de Venezuela, la gloriosa universidad caraqueña, en 1887. Comienza a trabajar como ingeniero; se le atribuye la construcción de una capilla y un puente, pero nada mucho más allá de eso.

Y buscando un futuro, lo encontramos en Puerto Cabello un tiempo después, donde va a asociarse en una fábrica de hielo con Manuel Felipe de Gurusciaga, pero el negocio tampoco conoce la prosperidad y tiene que regresar a Caracas. Veamos ahora de dónde viene el tema de la electricidad en el mundo, luego en Venezuela, y luego entroncamos al proyecto de Zuloaga con lo que se ha hecho antes en el país, pero antes en el mundo. La primera referencia la vamos a encontrar en Tales de Mileto, 630-550 años antes de Cristo, que advirtió el primer fenómeno eléctrico, al menos en el mundo occidental. Algo similar a Teofrasto, entre el 374 y 287 a. C.

Vamos a los encargos de Isabel I de Inglaterra: William Gilbert, a quien le pide que estudie el fenómeno de los imanes, va a ser importante para determinar el fenómeno eléctrico porque el fenómeno de los imanes es el del magnetismo y la electrostática. Luego vamos a Otto von Guericke, un físico alemán que fue el primero en diseñar una máquina electrostática, en la que se produjeron descargas eléctricas. Luego tenemos a un físico inglés, Stephen Gray, que fue el que descubrió las corrientes de influencia eléctrica e investigó los cuerpos conductores y los no conductores. También está François de Cisternay du Fay, que es el descubridor del polo negativo y el polo positivo; estamos hablando de 1733.

Y un tiempo después tenemos a Benjamín Franklin en 1752, que comprueba la naturaleza eléctrica e inventa el pararrayos. Diez años después Charles de Coulomb crea la balanza que mide con precisión las fuerzas entre distintas cargas eléctricas. Ya en el siglo XIX nos topamos con Alejandro Volta y los experimentos de Luigi Galvani sobre las corrientes eléctricas nerviosas en las ancas de rana, y logra construirse la primera pila eléctrica entre los estudios de Galvani y los avances de Volta.

Esto dio pie posteriormente al invento del telégrafo. El teléfono lo va a inventar y perfeccionar en 1876 Alexander Graham Bell, y Tomás Alva Edison será el creador de la primera lámpara incandescente. Sin embargo, hay un personaje en esta historia que en los últimos años se ha rescatado de cierta sombra injusta que había sobre su vida: Nikola Tesla.

Tesla fue el que desarrolló la teoría de los campos rotantes, que dio pie a los generadores de corriente alterna, que es la base del actual sistema eléctrico en la humanidad, en la Tierra. Tesla pasa inadvertido porque le vende el invento al señor George Westinghouse, que es el que lo comercializa y lo masifica. En 1897, además, Westinghouse va a ser el creador de la primera planta de generación eléctrica comercial, que eso lo hace en el Niágara, en la frontera entre Canadá y los Estados Unidos. Tesla últimamente ha sido rescatado con justicia de esa sombra que pesaba sobre él porque Westinghouse se hizo muchísimo más famoso por el que comercializó su invento.

En el caso venezolano, ¿qué tenemos? Tenemos a Manuel de Montúfar, que hacia 1856 tiende la primera línea de telégrafos entre Caracas y La Guaira; entonces gobernaba José Tadeo Monagas, que respalda el proyecto. Tenemos a Vicente Marcano, el famosísimo sabio, que alumbra la Plaza Bolívar de Caracas por unas horas durante un tiempo. Algo similar hace Adolf Ernst, el positivista alemán que tanto influyó en una generación completa de venezolanos.

En el centenario del natalicio del Libertador, en 1883, celebrado por Antonio Guzmán Blanco, el empresario Carlos Palacios ilumina buena parte del centro de Caracas. Cinco años después, en 1888, tenemos a Hermógenes López que dota del alumbrado público a Valencia, y Jaime Felipe Carrillo hace lo mismo en Maracaibo. Por cierto, la mayoría de las crónicas que refieren a la historia de la electricidad en Venezuela señalan que Maracaibo fue una ciudad pionera en esta materia. ¿Qué más tenemos en nuestro país?

Pues tenemos al ingeniero Carlos Albertolares y a Emilio Mauri. En 1893, el primero alumbra parte de la ciudad de Mérida y el segundo, Mauri, parte de la ciudad de Caracas; me estoy refiriendo siempre a alumbrado público. En 1895 se constituye la Electricidad de Valencia; fue creada por Carlos Ernesto Stelling. En 1896 encontramos una pequeña planta hidroeléctrica en las afueras de Barquisimeto, aprovechando las aguas del río Turbio.

Pero también hallamos que dos años después fue incendiada; una de esas reyertas entre caudillos regionales le causó este estropicio a esa pequeña central hidroeléctrica larense. Y bueno, ya aquí entonces nos vamos a topar con Ricardo Zuloaga y la Electricidad de Caracas; ¿de dónde proviene su iniciativa? Zuloaga, en 1891, una tarde que está leyendo una revista extranjera, allí se explica que en Alemania, entre Frankfurt y Lauffen o Läufen, se experimentaba con éxito el transporte de electricidad a distancia a través de la corriente alterna.

Hagamos el paréntesis para señalar que este era el principal problema. Tú tenías una fuente energética aprovechando el agua, el agua que mueve una turbina; la turbina produce energía y la energía se transporta. Antes de esta técnica de la corriente alterna, esa energía se iba perdiendo en el camino y llegaba muy poco espacio después de la fuente. Lo que él va a advertir en esta revista es ese enorme avance en el mundo occidental, que fue el poder transportar electricidad sin que perdiera ninguna fuerza a través de espacios inimaginables hasta ese entonces.

Esto lleva a Zuloaga a soñar y decir: bueno, ¿por qué no hacemos nosotros esto aquí? ¿Por qué no aprovechar la energía? Por supuesto, en este momento ¿de qué energía estamos hablando? Solo de la hidroelectricidad. De modo que Zuloaga, antes de viajar a Europa, va a buscar perfeccionar y entender de qué se trata todo esto.

Va a fijarse en el agua que corre por el valle de Caracas, ¡el agua del río Guaire! Pero esto lo vamos a explicar en la próxima parte del programa, donde veremos cómo comienza esta aventura excepcional, insólita, de aquel ingeniero caraqueño llamado Ricardo Zuloaga. Ya regresamos.

Decíamos en la parte anterior del programa que a Zuloaga se le prende un bombillo en la cabeza, en 1891, cuando contaba 24 años de edad, y decide irse a Europa para comprobar en el lugar lo que él ha leído en esa revista especializada, científica y tecnológica, y en Caracas de la Universidad Central de Venezuela. Se va a Suiza; allí se radica unos meses a estudiar el funcionamiento de lo que le interesaba, del transporte a distancia de la electricidad. Cuando regresa, que ya tiene claro qué es lo que va a hacer, comienza a recorrer el río Guaire buscando un sitio adecuado para montar una planta central hidroeléctrica. Ese sitio lo va a encontrar en El Encantado, a 17 kilómetros de Caracas.

Pasaba muy cerca del ferrocarril central que bajaba hacia los Valles del Tuy y procede a comprar el terreno de El Encantado, y de una vez tres kilómetros más abajo compra otro terreno. Él está buscando unos terrenos por donde el Guaire estrecha su curso; en la medida en que más cerrado es el curso del río, el poder del caudal es mayor, y eso es lo que él está buscando. Y compra esto como si no tiene recursos, pues lo ayuda su hermano Carlos, que era el único miembro de la familia de sus hermanos directos que tenía recursos, que eran comerciantes. Carlos le presta los recursos para comprar esto y lo va a ayudar en esta quimera.

Entonces comienza un largo período en el que ya él tiene los dos terrenos donde poder montar primero la central hidroeléctrica de El Encantado y después la de Lira, que es como se llamó. Entonces decide constituir la Electricidad de Caracas, compañía anónima, la Electricidad de Caracas, el 12 de noviembre de 1895, fecha en la que queda constituida la empresa. Hay 25 accionistas que en ese momento creyeron en lo que les planteó Zuloaga, que para ese momento era toda una quimera o un sueño. ¿Quiénes fueron? Alberto Smith, José Antonio Mosquera, José Antonio Olavarría.

Pedro Salas, Enrique Olavarría, Enrique Jiménez, Francisco Sucre, los hermanos Helmung, Ricardo Rufet, Santiago y Luisa Sosa, los señores de apellido Francia. Y bueno, se constituyó una empresa con 500 mil bolívares; este capital, 300.000 bolívares los aportaban en efectivo los accionistas y se le reconocía a Zuloaga los dos terrenos por el monto de 200 mil bolívares. De modo que ya la empresa comienza sin que Zuloaga sea el accionista mayoritario; no llega a tener más del 50% de las acciones. Queda constituida una compañía; el presidente va a ser Juan Esteban Linares, los directores principales serán Eduardo Montoban, Mariano Palacios, Tomás Reina y Heriberto Lobo.

Y los directores suplentes serán Carlos Machado Romero, Charles Role, José María Ortega Martínez, Julio Sabás García y Carlos Zuloaga, el hermano de Ricardo. El gerente general será el ingeniero Ricardo Zuloaga Tobar, y comienza entonces un calvario de trabajo en el que Zuloaga va a empezar a trabajar en esto con lo que ha soñado tanto tiempo. La junta directiva comienza a hacer los desembolsos en 1896 y se taladra el cerro para hacerle espacio a las tuberías. Tomen ustedes en cuenta que hay unas turbinas que, por supuesto, no se podían fabricar en Venezuela.

Esas turbinas fueron fabricadas en Europa; las turbinas tenían que estar adecuadas con el lugar y el sitio donde se iban a instalar. Y así fue, pero las turbinas tardan mucho tiempo en llegar, se necesitan más recursos y Zuloaga no los tiene. Los accionistas dan el dinero y Zuloaga vuelve a perder porcentaje accionario en la compañía. Finalmente llegan las turbinas y tienen que subir desde La Guaira hasta Caracas, en 17 kilómetros en aquel entonces por la vieja carretera de La Guaira.

Podrán imaginarse lo que fue esto, de montar unas turbinas grandes en unas carretas haladas a caballo, porque estamos en 1897, hasta que finalmente llegan a Caracas, atraviesan todo el valle de Caracas y se establecen en El Encantado, que para que nos ubiquemos al día de hoy está un trecho más allá de Petare, en el momento en que el Guaire desciende hacia los Valles del Tuy y va a unirse al río Tuy, en Los Valles del Tuy. Allí queda el resto de esa planta hidroeléctrica de El Encantado. Finalmente llega el 8 de agosto de 1897 cuando se inaugura la planta hidroeléctrica de El Encantado; está gobernando entonces el general Joaquín Crespo y su ministro de Obras Públicas era el general Juan Úslar.

Entonces, el presidente de la empresa de la Electricidad de Caracas, Juan Esteban Linares, da unas palabras y afirma, les leo: "La realización de esta obra que hoy inauguramos, la primera no solo en Caracas sino en Venezuela y tal vez en América del Sur, es triunfo de nuestra civilización cuyos benéficos resultados han de esparcirse por todo el país, pues la comprobación de su facilidad y beneficios será eficaz estímulo para su propagación, y es triunfo también del patriotismo porque ella se debe a la iniciativa particular de un grupo de venezolanos". Y también comenta en el acto de inauguración, el general Úslar dice lo siguiente: "En nombre del Ejecutivo Nacional y singularmente en el del presidente de la República, deseo el éxito más cabal a esta obra de progreso que involucra el desenvolvimiento en las industrias venezolanas y me permito felicitar al ingeniero señor Zuloaga, que la ha realizado, y a la junta directiva de la empresa". Bueno, esto que dice el general Úslar es muy optimista porque realmente las industrias de Venezuela para 1897 eran ínfimas, casi inexistentes.

De hecho uno de los principales problemas que va a enfrentar Zuloaga es que le ofrece energía eléctrica a las pocas industrias que había y las industrias dicen que no. Ellos se mueven con carbón, se mueven de otra manera; no le compran el servicio. Va a ser la Cervecería Nacional el primer cliente en Electricidad de Caracas, que para ayudar a Zuloaga le compra el servicio y entonces se encienden las luces. Se hace una fiesta y la Cervecería Nacional invita a sus clientes relacionados con amigos, que era como entonces se decía, para que vean cómo funciona esto que ha inventado o que ha traído Zuloaga a Caracas.

Estamos, les repito, en 1897. Las dificultades de Zuloaga son tan grandes que tiene que ofrecer el servicio gratis durante seis meses, de manera que los usuarios, que eran básicamente las industrias, probaran su eficiencia y después lo contratan. Esto resulta alucinante del día de hoy, las dificultades que un empresario puede enfrentar en los comienzos. No ha empezado el siglo XX todavía.

Bueno, comienza al rato a sorprender a Zuloaga la buena fortuna: esos seis meses de servicio gratis le traen algunos clientes que quedan enganchados, comienza a recoger algunos ingresos. Y bueno, aquellas turbinas generadoras que se habían fabricado en Suiza, en los talleres de Escher Wyss, que generaban 240 kilovatios, pues ya tenían sus sentidos. A su vez Zuloaga estaba pensando en la próxima planta que sería la central de Los Naranjos, que comienza a construirla apenas dos años después, en 1899.

Esta planta era la caída del agua; el caudal del agua era sustancialmente mayor que la de El Encantado, eran 180 metros de caída libre y eso le daba una mayor potencia, la posibilidad de generar unas turbinas nuevas que había que comprar y traer, un mayor caudal eléctrico, digámoslo de esa manera. Otra vez se requiere capital para la instalación de esta nueva central, la de Los Naranjos. Y Zuloaga tampoco lo tiene, y los accionistas tienen que colocar los recursos, y vuelve a reducirse el porcentaje accionario de Zuloaga. Esto es una paradoja extraordinaria que señala además lo evidente: Zuloaga no tenía recursos, pero tenía una idea; para materializar esa idea necesitas capital, y ese capital lo fueron colocando los inversionistas que confiaban en él.

Y él fue, a lo largo del tiempo, perdiendo el porcentaje inicial, que cuando él comienza, recordemos, se acercaba al 40% del capital de la empresa; ya en 1911 su capital se había reducido enormemente, pero en contraprestación la empresa existía y estaba creciendo. Y ese era su sueño. Esta central de Los Naranjos, la que veníamos hablando, va a estar dotada de tres turbinas, dos de 375 kW, una de 350 kW; como vemos, ya mucho más grandes que las de El Encantado. Fueron puestas en servicio en 1902 y 1903; la tercera en 1908, y fueron sustituidas en 1911 por una sola turbina de 2.000 kilovatios.

Fíjense cómo va avanzando la tecnología de manera vertiginosa: no están terminando de instalar una central y ya están colocando otra de mayor capacidad. A partir de 1903 comienza a sonreírle a Zuloaga la fortuna; la empresa por primera vez desde 1895 va a producir un rendimiento anual del 9% y comienzan los vientos favorables para la empresa. Pero todo esto lo vamos a ver en la próxima parte del programa; ya regresamos con la vida y obra de Ricardo Zuloaga.

Decíamos que a partir de 1904 comienza a sonreírle la fortuna a Zuloaga, porque comienza a recibir rendimientos de la empresa, un promedio del 9% anual. Pero se imponía seguir creciendo y habíamos visto las dos centrales, El Encantado y Los Naranjos. Y ahora estaba en construcción otra, la central de Lira, más abajo de Los Naranjos. De modo que entre las tres centrales se estaba aprovechando todo lo que podía aprovechar ese caudal del río Guaire: una turbina, El Encantado, de 350 kilovatios, pero hay otras que estuvieron en funciones y que fueron retiradas del servicio en 1911.

Pero hay otras que estuvieron en funciones durante años; hasta 1955 estuvieron las turbinas de las centrales Los Naranjos y Lira. Pero esta situación le señalaba a Zuloaga que ya las aguas del Guaire no podían utilizarlas más, ya no había ninguna otra posibilidad. Y comienza entonces a buscar otras fuentes de energía, y se encuentra una pequeña empresa norteamericana que se llamaba Compañía Generadora de Fuerza y Luz Eléctrica, y Zuloaga y la Electricidad de Caracas la compran en 1917. Esta empresa se había creado en 1908 y la empresa aprovechaba las aguas del río Mamo, el litoral.

De modo que Zuloaga comienza, al comprar la empresa, a establecer centrales eléctricas a lo largo del río Mamo, aprovechando la experiencia que ha tenido con el Guaire. Ahora está aprovechando el otro río cercano a Caracas y se establece la central hidroeléctrica de Mamo, con cuatro turbinas de 700 kilovatios cada una. Y esta planta va a alimentar a una parte considerable de Caracas y todo el litoral. Se compran algunas haciendas también cercanas que garantizaban los derechos sobre el río.

Y bueno, comienza también Zuloaga a fabricar diques para que, represando las aguas, pudiesen tener un mayor caudal que moviese las turbinas con mayor fuerza; es el caso del dique El Peñón, que es construido entre 1918 y 1920. Y luego comienza una empresa titánica en 1919, el ingeniero Zuloaga, que es la construcción del dique de Petaquire. ¿Qué buscaba Zuloaga con este dique? Resolver el problema del verano y del invierno: en el invierno había mucha agua, en el verano no había nada.

Si se creaba un dique de grandes proporciones se garantizaba un caudal de agua sostenido en el tiempo que garantizara el funcionamiento de las turbinas los 365 días del año. Entonces, ¿dónde construir este dique que represara las aguas y que pudiese alimentar su sistema hidroeléctrico de Mamo? Bueno, el sitio que se consigue es en Petaquire; estamos hablando un sitio aledaño a El Junquito, entre El Junquito y la Colonia Tovar, del valle de Petaquire, que está a unos 1.300 metros sobre el nivel del mar. Allí van a trabajar su sobrino Oscar Zuloaga, que era ingeniero; Pedro José Aspuro Afeo; y un joven de Ciudad Bolívar que ya comienza a trabajar con él, que se llama Óscar Augusto Machado.

Óscar Augusto Machado va a ser, a lo largo de mucho tiempo, subgerente de Electricidad de Caracas; así lo va a designar Zuloaga. Machado venía de trabajar en la compañía minera La Cumarágua, en las inmediaciones de Aroa, y era procedente de Ciudad Bolívar, donde son los Machado Hernández. Óscar Augusto Machado va a acompañar a su Zuloaga en la aventura del dique Petaquire. Primero se compran los terrenos; después viene la construcción propiamente del dique como tal, es decir, una muralla de 50 metros con un largo de 300 metros que iba a albergar 2 millones de metros cúbicos de agua, en 1 kilómetro y medio de longitud, y a un costo final de dos millones de bolívares, que para la fecha era muchísimo dinero.

Ahora, las dificultades no previstas de la obra fueron considerables. Juan Roel, que es el biógrafo de Zuloaga, cita algunos de los problemas y enumera a algunos de los problemas. En un párrafo que voy a leerles, fíjense en esto, dice Roel: "Ahora bien, para llevar un saco de cemento de cuarenta y dos kilos y medio hasta Petaquire había que conducirlo primero hasta Maiquetía y de ahí en carro de bueyes hasta la planta Mamo, desde donde se llevaba hasta el dique en arreo de mulas. Cada mula cargaba dos sacos que tardaban todo un día en el trayecto, resultaba más costoso el flete. Para manejar las salidas del agua en el túnel hubo que hacer un taladro vertical en la roca con una altura de 45 metros".

Bueno, Zuloaga no desiste en su empeño. Toma muchísimo más tiempo del previsto la construcción del dique hasta que finalmente se logra, y va construyendo otras centrales hidroeléctricas que pudiesen garantizar el agua todos los días del año. Estamos hablando de la central de Cacoma, inaugurada en 1924 con dos turbinas, 600 kilovatios, y una de 1.000; estamos hablando de otro dique, el dique El Molino. Estamos hablando del dique Marapa y finalmente se inaugura en 1929 el dique de Petaquire, toda una empresa de ingeniería que tomó muchísimo más tiempo, pero hay una ironía en todo esto porque cuando se inauguraba Petaquire en 1929 ya las posibilidades de crear centrales termoeléctricas son muy grandes.

Yo supongo que Zuloaga ha debido pensar: bueno, todo este trabajo titánico, descomunal, y ahora puedo alimentar una planta con petróleo, con fuego o gasolina. Mientras antes no se podía, y por eso es que Zuloaga se embarca en todo un desarrollo hidroeléctrico, pero bueno, así es la vida. Se construye otra central, la central Marapa, todas aprovechando el caudal del río Mamo. Esta produce 2.600 kilovatios de capacidad y es inaugurada en 1931.

De modo que mientras estaban avanzando las últimas centrales hidroeléctricas aprovechando el caudal del río Mamo, comienza a aparecer la posibilidad de las termoeléctricas con una ventaja añadida para Venezuela, y es que Venezuela, a partir de 1914 con el pozo Zumaque 1 y, sobre todo, a partir de 1922 con el pozo Los Barrosos 2, es un país petrolero, con una producción petrolera en ascenso. Recordemos que en 1928 la producción petrolera superó a la de café y pasó a ser el mayor ingreso por exportación de Venezuela, el mayor ingreso de divisas hasta este día de hoy en el que estamos hablando; ha seguido siendo el petróleo la mayor fuente de ingresos en divisas que tiene el país. Por la producción petrolera, entonces, las posibilidades de construir plantas termoeléctricas van a ser considerables y Zuloaga no escapa a esa posibilidad también. A pesar de que tiene, como hemos venido relatando desde 1891 y estamos hablando en 1931, trabajando la hidroelectricidad, fue lo que permitió que se desarrollara la Electricidad de Caracas de sus primeros tiempos.

Vamos a tener la central de Curupado, que va a ser inaugurada en 1933 con dos generadores con capacidad de 1.650 kilovatios cada uno, y al año siguiente se pone en funcionamiento la central Iscaragua, otro río que va a aprovechar Zuloaga. Aprovechando el agua del río Iscaragua, esa central va a tener una capacidad de 1.650 kilovatios, pero estas dos últimas centrales que les vengo señalando, Curupado inaugurada en el 33 e Iscaragua también de ese mismo año, Zuloaga no va a verlas. Él comienza el inicio de las obras, pero Zuloaga va a fallecer el 15 de diciembre de 1932. Va a fallecer víctima de una afección cardíaca que se había comenzado a manifestar a partir de 1929.

Es decir, comienza a padecer problemas del corazón cuando tenía 62 años y va a fallecer a los 65 de insuficiencia cardíaca. Es curioso cómo se cruzan la línea de crecimiento de las termoeléctricas con la vida de Zuloaga. Es decir, ya las posibilidades de aprovechar las aguas de los ríos aledaños a Caracas, les reitero Guaire, Mamo y ahora Iscaragua, no podían aprovecharse más de lo que se estaban aprovechando. Pero por su parte también se abrió la posibilidad de establecer las centrales termoeléctricas, pero eso vamos a verlo en la última parte del programa.

Decíamos antes que se cruzaban dos líneas: el desarrollo de la hidroelectricidad como única fuente energética en Venezuela y el comienzo de la termoelectricidad. En el cruce de estas dos líneas está el fallecimiento de Ricardo Zuloaga, en 1932, pero también decíamos que el petróleo facilitaba las posibilidades de soñar con centrales termoeléctricas como en efecto se construyeron y se están construyendo en Venezuela hoy en día. Decidimos eso y decidimos que el petróleo era el principal factor, pero hay otro que es el que quiero comentarles: en 1924 en Venezuela se padece una sequía acentuada, pavorosa, la calificaron algunos en su momento. Y eso condujo a que las aguas del río Guaire y el río Mamo llegaran a niveles críticos.

En el caso del río Guaire era crítico de todas maneras porque no se habían construido, pues no era posible, diques que represaran las aguas para los tiempos de sequía. De modo que el agua cruzaba por el valle de Caracas y desembocaba en las tres plantas hidroeléctricas creadas por Zuloaga: El Encantado, Los Naranjos y Lira, solo dependían del caudal. Y si no había lluvia, pues no había caudal y se comprometía severamente la generación de electricidad. En el caso de Mamo era menor el nivel crítico porque se habían construido los diques y, en particular, el dique de Petaquire, que era un dique con grandes proporciones para la época, pero esta circunstancia de que en 1924 se haya padecido esa gran sequía conduce a que Zuloaga y su junta directiva comiencen a buscar los terrenos indicados en La Guaira para la construcción de una central termoeléctrica.

¿Por qué en La Guaira? Bueno, porque está el mar y las posibilidades de inyectar la central de energía petrolera desde los muelles, y se presentan esas facilidades. Por eso se compra un terreno en lo que es hoy en día la avenida Soublette, del departamento Vargas, entonces hoy en día el estado Vargas, y se instala allí la primera planta termoeléctrica de la Electricidad de Caracas. Esto sí lo ve Zuloaga porque la planta fue inaugurada en 1931 con una capacidad inicial de 4.000 kilovatios, que muy pronto fue ampliada a 5.000 kilovatios dos años después, en 1933. Hay una anécdota allí que da al punto de cómo ha pasado el tiempo: el subgerente de la empresa, Óscar Augusto Machado, le dice al gerente Zuloaga que hay que encargar de una vez otra turbina de 5.000 kilovatios.

Claro, Machado, un hombre joven, ve el crecimiento de la ciudad, tiene algunas cifras en la mano; Zuloaga es un hombre anciano y le pregunta: pero, Machado, ¿usted está loco? Le dice Zuloaga a Machado: ¿a quién le va a vender semejante capacidad instalada? Bueno, eso daba una idea que ya Zuloaga estaba de partida porque, por supuesto, esa nueva turbina que hay que encargar y que se instala un tiempo después, muy, muy pronto va a ser totalmente insuficiente. Y bueno, la consulta de Machado, que era lo que tenía que hacer, consultarle a su superior, da una idea de cómo ya Zuloaga estaba de partida y comenzaba otra etapa de la Electricidad de Caracas.

Zuluaga muere en 1932, como hemos señalado. Lo sucede en la conducción de la empresa Óscar Augusto Machado, que ya tenía muchos años trabajando con él. A su vez, en los años sesenta, sucede a Óscar Augusto Machado su hijo Óscar Machado Zuloaga, y el hijo de Ricardo Zuloaga, Ricardo Zuloaga Pérez, en la conducción de la empresa. Y ya después, muchos años después, Machado Zuloaga lo sucede Francisco Aguerrevere, el Curro Aguerrevere, como también se le conocía, pero estos son tiempos recientes que no corresponden con las vidas de Zuloaga que hemos estado señalando.

Para el momento de su muerte, la empresa tenía una capacidad instalada de 10.000 kilovatios. Eso había pasado en 35 años: pasaron de 350 kilovatios en la primera turbina de El Encantado a los 10.000 kilovatios de generación que se producían en todas las centrales hidroeléctricas de Electricidad de Caracas y en su nueva central termoeléctrica, que a la muerte de Zuloaga va a ser bautizada con su nombre, la Central Termoeléctrica Ricardo Zuloaga. Esta historia de este hombre nos señala varios aspectos muy interesantes.

Zuluaga era un empresario o emprendedor que tenía un sueño y ese sueño lo quería hacer realidad, pero no tenía recursos; tenía el poder de convencimiento de los inversionistas que sí tenían el capital y fue creando la Electricidad de Caracas. Que fue para su momento la empresa más democrática en cuanto al capital accionario que tuvo el país. ¿Por qué? Porque la Electricidad de Caracas llegó a tener 60 mil accionistas de diversos tamaños y también porque nunca el creador de la empresa tuvo la mayoría del capital, porque no tenía recursos para tenerlo.

De allí que sea una historia emblemática. Porque se trata del crecimiento de una empresa conducida por quien la crea, pero quien la crea no es el accionista mayoritario de la empresa. En este sentido es una belleza, una preciosidad ver cómo un hombre que tiene una idea, una voluntad de trabajo y un empuje crea toda una empresa de generación y distribución eléctrica sin tener los recursos económicos para hacerla.

Esa es la historia de la Electricidad de Caracas hasta 1932 y es la historia de Ricardo Zuloaga, cuya vida entera estuvo consagrada a la construcción de esta empresa de servicio público desde la perspectiva del empresario privado. Se dedicó a otras tareas Ricardo Zuloaga, sí, pero tareas menores en comparación con su desafío de ingeniería que supuso la Electricidad de Caracas, no solo con la instalación de las centrales hidroeléctricas y la última termoeléctrica, sino con la construcción de los diques. El dique de Petaquire es prácticamente una aventura en sí misma. Hoy hemos hablado de Ricardo Zuloaga.

Venezuela tiene muchísimos empresarios que fueron pioneros en un sector de la economía venezolana; pudiéramos hacer otros programas sobre empresarios venezolanos, pero he querido comenzar este con Ricardo Zuloaga porque es un personaje emblemático y, sobre todo, porque se trata de un hombre sin recursos, tiene una idea y con disciplina, fuerza, voluntad la lleva a cabo trabajando de sol a sol y sin recursos. Eso es lo que hace a un emprendedor y a un empresario, que es el mismo. Un personaje excepcional y además muy necesario en la vida venezolana de todos los tiempos, pasados, presentes y futuros.

Bueno, esto es Venezolanos y les ha hablado Rafael Arráiz Lucca con mucho gusto para ustedes. Me acompaña en la producción Mery Sosa, en la dirección técnica Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho. Me consiguen a través de mi correo electrónico rafaelarais@hotmail.com, a través de Facebook y a través de Twitter, arroba Rafael Arraiz. Hasta nuestro próximo encuentro.

Más de esta serie