Manuel Caballero
El gran historiador. Dueño de la elocuencia.
Transcripción
¡Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Hoy, en esta serie que venimos desarrollando de personajes venezolanos, vamos a hablar de la vida y obra de un barquisimetano. Nació en 1931 y falleció en Caracas en el año 2010, nada menos que uno de los grandes historiadores de todos los tiempos: Manuel Caballero. ¿Qué podemos decir de Caballero para comenzar? Pues que fue el dueño de la escritura elocuente.
De eso no cabe la menor duda: un historiador fértil, feraz, que ejerció el periodismo durante muchos años y que vivió 79 años, casi 80. También podemos decir de Caballero que era un hombre de ideas, un intelectual, y podemos hacer un bosquejo de su obra, de su trabajo. Allí señalamos que comprende cinco líneas de realización. La primera, sin ella no hubiesen podido darse las otras, es aquella según la cual Caballero fue un lector de una voracidad legendaria, doy fe de ello. Lo había leído todo, casi todo, y por supuesto no solo en su área profesional que era la historia, sino en las aguas donde necesariamente se forma un hombre culto, es decir, en la política, en las literaturas, en todos sus géneros.
La segunda línea de realización de Caballero fue el periodismo, incluso es anterior a los estudios formales de historia, donde se graduó Manuel Caballero de historiador en la Universidad Central de Venezuela, donde hace su doctorado nada menos que en la Universidad de Londres. En cuanto al periodismo lo ejerce toda su vida con una vehemencia que se ha dado pocas veces entre nosotros. La tercera línea de realización, aunque parezca extraño para muchos, es el ensayo literario, y yo lo distingo de sus trabajos históricos porque se ha advertido poco la calidad del ensayo literario de Caballero. Es una calidad verdaderamente notable, esto lo señalé yo hace muchos años cuando él publicó un libro de ensayos literarios intitulado La alegría de leer, y cuando digo literarios estoy diciendo que esos ensayos tienen a la literatura como eje, como epicentro.
No me estoy refiriendo a que sea una escritura literaria solamente, que lo es, pero es que además el tema de esos ensayos es la literatura. La cuarta línea de realización de Manuel Caballero fue la docencia universitaria. Allí, en el trabajo, en el aula con los alumnos, donde pudo cotejar sus hipótesis y dialogar, fue una travesía dilatada, unos veinticinco, casi treinta años dando clases en la Universidad Central. Y la quinta línea de realización, que es la que cierra este pentágono, es su obra de historiador. Esta obra incluye tanto sus investigaciones de largo aliento como sus ensayos, de mediana y de corta extensión.
Estas son, pues, las cinco áreas de realización de este venezolano, de este barquisimetano fuera de serie. Volvamos a la segunda, de periodismo. Allí, esa práctica cotidiana del artículo fue llevando a Caballero a desarrollar una escritura más amena que toda nuestra historia; en paralelo con sus ejercicios de historiador le permitió ensamblar un discurso de rigor científico que jamás olvidó que escribía para la gente. Escribía para ser leído no solo por sus pares, los historiadores, sino por cualquier hijo de vecino. Este es uno de los rasgos más importantes en su obra, su poder de comunicación, elemento esencial que cuando no se posee deja las investigaciones en un limbo. A ese limbo acceden muy pocos, los que dominan la jerga. De allí que la influencia de Caballero en vastos sectores de la población se deba en buena medida a lo diáfano, a lo cristalino de su escritura, y esa diafanidad es escritura comprensible. ¿De dónde viene?
Pues evidentemente el ejercicio, desde la adolescencia, del periodismo fue una práctica, un gimnasio para ir haciendo fluida la escritura, y después, cuando el historiador decanta y comienza a publicar sus investigaciones, la escritura fluida ya está allí. De esos artículos de prensa, el día que alguien vaya a hacer una selección del artículo de prensa de Caballero va a tener un desafío titánico, frente a sí, ya que el volumen de artículos de prensa de Caballero sería probablemente similar al de Arturo Uslar Pietri, que mantuvo su columna semanal durante 50 años. Me refiero a la columna Pizarrón de Uslar. Las columnas de Caballero no tenían un título como las de Uslar, pero fueron muchísimos artículos de opinión en distintos periódicos nacionales.
En El Nacional, en El Diario de Caracas, en El Universal, donde pasó muchos años, en Tal Cual, cuando comenzó esa labor de articulista semanal en 1965, de modo que son los 35 años del siglo XX más los 10 del XXI. Unos 45 años de articulismo febril, semanal, a veces más de un artículo a la semana. Y además recordemos que Caballero tuvo un seudónimo que fue M. C., escrito, es decir, eme ce, que se lee Manuel Caballero.
Ahora volvamos al tema del ensayo literario, que yo creo exige una explicación. Debemos aclarar que Caballero no pretendió jamás inmiscuirse en los territorios, en los cotos de la crítica literaria, pero tampoco se abstuvo de comentar libros y obras completas de autores en la literatura con resonancias políticas, históricas o simplemente personales. ¿Por qué Caballero iba a abstenerse de comentar los libros que tocaban su puerta? Pues de ninguna manera. No deja de ser sorprendente que sus primeros libros estuvieron más cerca del ensayo literario que de la investigación histórica, lo que quiere decir que dentro de su obra de alrededor de 30 títulos, los primeros se cuecen en el fuego del ensayo literario; ya después volvió alguna vez al ensayo literario, pero el epicentro fue el tema histórico.
Hay otro detalle aquí interesante, y es que Caballero comienza a publicar libros, si se quiere, tarde. Comienza a publicar libros cuando está ya muy cerca de los 50 años. Y entre sus 50 y sus 79, esos prácticamente 30 años, la publicación de libros por parte de Caballero fue vertiginosa. Estamos hablando de cerca de 30 títulos publicados. Sin embargo, Caballero alardeaba, hacia chistes, su legendario humor acerca de sí mismo diciendo que él era un tipo perezoso. Por cierto, ahí hay una anécdota maravillosa que yo siempre recuerdo y me la contó el propio Manuel. Fue un periodista a entrevistarlo en su casa y estaba haciéndole preguntas. La señora, muy querida por Manuel, trabajaba allí en servicio de su casa, cocinaba, limpiaba. Estaba oyendo la entrevista, era una señora intrépita, y la periodista le preguntó que cómo hacía él para publicar tanto y la señora no se contuvo y respondió a ella en vez de Manuel. La señora dijo: "Mi hija, ese señor no hace nada. Se pasa la vida escribiendo". Bueno, esta anécdota extraordinaria, pues Manuel, una vez que se jubiló, se pasó la vida escribiendo y pasó 30 años escribiendo. De modo que esa anécdota vale para explicar un poco por qué una producción de ese tamaño, y escribía con no solo voluntario oficio, sino mucha pasión, con mucho gusto por lo que hacía.
En el terreno de su quinta faceta, que es la de historiador, sobre la que volveremos en la próxima parte del programa, adelantemos en esta que su primer trabajo de envergadura es una tesis doctoral en la Universidad de Londres, que luego fue publicada nada menos que por Cambridge University Press. Ese libro se llama La Internacional Comunista y la Revolución Latinoamericana, en español es del año 1987. Esta circunstancia le otorgó a Caballero un honor muy singular y que fue el primer venezolano de toda la historia a quien la Cambridge University Press le publicó un libro. De eso Manuel, que no escondía sus orgullos, hacía alarde con muchísima frecuencia y con mucha razón, con mucha legitimidad y además con el gracejo muy particular que él tenía. En la próxima parte del programa continuaremos, ahora sí, con la obra histórica de Manuel Caballero.
En la parte anterior del programa veníamos iniciando el trabajo acerca de la obra histórica de Manuel Caballero. Después del estudio que es su tesis doctoral, La Internacional Comunista y la Revolución Latinoamericana, su estudio de mayor consistencia va a ser un libro de la mayor importancia que se titula Gómez, el tirano liberal. Es un libro publicado en 1993 y sin duda es de los mejores trabajos de interpretación que se han escrito sobre la época y las figuras enigmáticas del dictador tachirense. Para muchos, extraño el título El tirano liberal: ¿cómo puede ser un tirano y liberal a la vez? Pues muy sencillo, se puede ser tirano en lo político y liberal en lo económico. A eso es a lo que se refiere Caballero en su estudio biográfico y de época de Juan Vicente Gómez.
Otro estudio de la mayor importancia de Caballero es el otro también, el anterior también, es Rómulo Betancourt, político de nación, un libro publicado en 2004. Tiene varias ediciones y es un extraordinario trabajo sobre Rómulo Betancourt, que se lee con una gran facilidad, con mucha alegría, con mucho interés. Está muy bien documentado, muy bien decantado, y Caballero pasó décadas trabajando en este libro hasta que finalmente sintió que lo tenía resuelto. Estos son, como vemos, los dos personajes centrales de la Venezuela del siglo XX. Juan Vicente Gómez, que determina prácticamente la mitad del siglo aunque muere en 1935, pero la hegemonía militar tachirense dura 10 años más hasta el 45 con Isaías Medina. Y Betancourt, bueno, es obvio que se trata de uno de los factores esenciales en la creación del sistema democrático venezolano, de eso no hay la menor duda.
A estos dos estudios sólidos, consistentes, se suma el último libro que publicó Manuel, que se titula Historia de los venezolanos en el siglo XX, fue publicado en 2010. Antes, en 2008, se editó Contra la abolición de la historia. Este es un texto muy importante, es el discurso de incorporación a la Academia Nacional de la Historia por parte de Caballero, y ahí están algunas de sus observaciones teóricas más importantes, sin la menor duda. A estas obras mayores que les he señalado se suman otras. Por supuesto, un libro de texto universitario que se utiliza mucho en Venezuela: Las crisis del siglo XX, que organiza Caballero las crisis venezolanas en el siglo XX, y es un libro de una gran utilidad y de una gran lucidez.
No lo incluyo dentro de los estudios mayores porque es un ensayo, si se quiere, relativamente breve; no se trata del estudio como sí son estos tres que he apuntado antes: Gómez, el tirano liberal, Rómulo Betancourt, político de nación, y su último libro Historia de los venezolanos en el siglo XX, un libro muy útil. Además, les apunté su discurso de incorporación a la Academia Nacional de la Historia titulado Contra la abolición de la historia. Las otras obras que tienen mucho interés también, pero no tienen estas dimensiones, son La pasión de comprender, un libro de 1983 donde se encuentran verdaderas joyas del género ensayístico. Allí yo señalo un ensayo brillante que se titula Gonzalo Barrios, un segundón de primera.
Un ensayo sobre Barrios esclarecedor. Hay otro libro de ensayo sobre personajes venezolanos que se titula Dramatis personae, en latín. Es un libro del año 2004 y lleva como subtítulo 12 ensayos biográficos. Allí hay unas semblanzas agudas sobre López Contreras, sobre Uslar Pietri, sobre Caldera y sobre Ramón Velázquez. Son piezas del mayor aliento, de gran importancia.
Conviene recordar en este momento que la editorial Alfa creó hace años la Biblioteca Manuel Caballero y allí se fue publicando toda su obra. Eso es una iniciativa de Leonardo Milla, el entonces dueño, editor y director de la Editorial Alfa. Esta iniciativa la continuó su hijo Ulises Milla una vez desaparecido su padre, y allí está la obra completa de Caballero, unos 20 tomos, y los inéditos que surgieron en los últimos tiempos de su vida y que pudieron recogerse allí. Allí está en la Biblioteca Manuel Caballero prácticamente todo lo que Caballero escribió. De modo que este es el mapa inicial, este es el mapa de la creación histórica de Caballero, y es evidente que tenemos a un historiador signado por la fertilidad.
Y es evidente que nos dejó una obra de radical importancia e indispensable, sobre todo para comprender el siglo XX venezolano. Esto hay que aclararlo porque este fue el período en el que él concentró su trabajo. Hay un libro que se titula Por qué no soy bolivariano y trabaja la figura del Libertador. Un libro muy interesante, pero digamos que fue un caso relativamente excepcional porque el grueso de su investigación histórica se circunscribe al siglo XX venezolano. Caballero también nos dejó una manera de estar en el mundo y combatir para enmendarlo: fue un polemista, pero feroz.
Se batió en polémicas en la prensa varias veces a lo largo de su vida y no le daba descanso a sus adversarios, fue en esto un particular polemista. Sobre la biografía de Betancourt debemos decir algo más porque es un libro muy importante. En tal sentido tendríamos que preguntarnos si es propiamente una biografía o es un ensayo que sigue la cronología betancuriana y busca interpretar las líneas de fuerza en su acción política, siempre dentro del análisis del contexto histórico y sin obviar la significación de la persona de Betancourt. De modo, no es una biografía en términos clásicos que nos va diciendo y ahora pasó esto y aquello y lo demás allá.
Sin embargo, sí sigue la cronología de los hechos en la vida de Betancourt, pero se detiene como analista político y como historiador, como historiador que analiza en los acontecimientos las coyunturas de la vida de Betancourt. En este sentido, este trabajo de Betancourt guarda similitud con la investigación anterior que también aludimos, me refiero a Gómez, el tirano liberal. Allí, en ese libro de Gómez, el tirano liberal, Caballero indaga en el universo gomecista porque no puede explicarse al personaje sin su contexto.
Lo mismo ocurre con Betancourt. No estoy diciendo que Caballero desatienda los datos biográficos de los personajes estudiados, lo que estoy diciendo es que no se propone seguir los pasos de sus sujetos de estudio como quien reconstruye solo los hechos biográficos, sino que lo mueve más el interés por comprender lo que estos hombres significaron en la Venezuela de su tiempo y cómo estos hombres modificaron el paisaje, las entrañas nacionales con su acción. Y no es gratuito, fíjense, Caballero podemos decir que cumplió prácticamente todo su proyecto. Su objeto de estudio era el siglo XX venezolano, escogió a los dos personajes centrales, Gómez y Betancourt, colocó la lupa sobre ellos y estudió el siglo completamente. Luego escribió Venezuela: las crisis del siglo XX y luego publicó Historia de los venezolanos en el siglo XX, un libro voluminoso de 400 páginas. De modo que le dio vueltas al siglo XX venezolano por todas partes y yo creo que Caballero se fue de este mundo con la tarea cumplida, con sus sueños realizados.
En los últimos tiempos no recuerdo haber hablado con mi amigo Manuel de algo que tuviese pendiente de gran envergadura y que no tuviese tiempo para realizar. Esto es muy hermoso constatar: que un hombre en su vida se propone un proyecto intelectual y de escritura y lo alcanza, el tiempo le da. Se va de este mundo, pues, con la tarea realizada. Aunque, por supuesto, nadie quiere irse de este mundo cuando tiene cosas por hacer, pero en el caso de Caballero pareciera, creo yo, que la tarea estaba prácticamente completa.
En la próxima parte del programa nos dedicaremos a observar también otros hechos en esta biografía de Betancourt, y en esa parte fuimos comparando con el estudio sobre el general Gómez. Dije antes biografía cometiendo, si se quiere, un pequeño desliz porque estoy insistiendo en que no se trata de una biografía solamente sino de un estudio de época, de un estudio del contexto, tanto del general Gómez como del tirano liberal como de Betancourt en su libro Rómulo Betancourt, político de nación. Entonces, en nuestra próxima parte del programa volveremos sobre este tema, ya regresamos.
Hablábamos en la parte anterior del programa sobre Rómulo Betancourt, político de nación. Y debo decir que yo, como lector apasionado en la obra de Caballero, es un libro que me satisface, pero me deja algunos vacíos también. Creo que Caballero se esmeró mucho en otros aspectos y olvidó a otros. En el prólogo o introducción de su libro, el propio Caballero dice: la presente es menos una biografía personal que política. Y luego dice también: "La historia no es solo producto de fuerzas ciegas donde nada o muy poco cuenta la voluntad humana, sino de hombres muy concretos de carne y hueso". Y digo yo entonces: que en otras palabras, una biografía política que no olvida que el hombre que se biografía es radical y exclusivamente un político las 24 horas del día. ¿Qué echo de menos?
Quizás echo de menos mayor análisis del primer gobierno de Betancourt y del segundo. Quizá Caballero no le hincó el diente a fondo a los dos gobiernos de Betancourt porque pensó que eso ya se había hecho mucho, y es cierto. Pero yo, como lector de Caballero, hubiera querido saber más acerca de sus valoraciones sobre el primer gobierno de Betancourt y del segundo, ambos importantísimos. En el primer gobierno no fueron pocas las decisiones que tomó Betancourt que influyeron muchísimo en Venezuela durante muchos años, como puede ser la configuración de la industrialización sustitutiva de importaciones a partir de la creación de la Corporación Venezolana de Fomento. También el diseño de la política petrolera con Juan Pablo Pérez Alfonso se hizo ahí y se mantuvo en el segundo gobierno. También fue importante todo el proceso de creación del movimiento sindical venezolano desde el gobierno de Betancourt a través del ministro del Trabajo, que era Raúl Leoni, y también fue muy importante la democratización de la educación en Venezuela.
Son hechos de mucho peso que Caballero menciona, pero uno hubiera esperado un mayor énfasis en el análisis de estos temas, así como en el segundo gobierno uno hubiera esperado un poco más de lo que significó la OPEP, que es el único organismo internacional propuesto y creado por Venezuela junto con Arabia Saudita, en la cual Venezuela ha sido un factor fundamental y de orden mundial. Entonces es algo demasiado importante como para no dedicarle más tiempo. Es mi humilde crítica al trabajo de Caballero sobre Rómulo Betancourt, pero más allá de eso, pues, es un libro muy bien escrito y sabroso de leer, o es una investigación documentada con pertinencia y observaciones agudísimas.
De modo que son reparos de un lector y de un lector cautivo de Manuel Caballero, porque me he pasado la vida leyéndolo desde que yo era un muchacho. Y él comenzó a escribir en la prensa y luego a publicar libros a partir de sus 50 años, precisamente con motivo de uno de esos libros que él publicó. Yo trabajaba entonces como redactor en la revista Imagen, estamos hablando del año 1986-87, y le hice una entrevista. La titulé Un escribidor entre dos aguas. Él me dijo allí tal cantidad de observaciones de importancia, de radical importancia, que yo voy a leerles algunas porque las juzgo fundamentales. Por ejemplo...
En un momento dado le pregunto: ¿cuáles títulos incluiría en una biblioteca personal para la comprensión de Venezuela? Y él respondió: "Toda escogencia es un reto y toda antología es una mutilación. Con esto no digo nada original, pero sí algo cierto. En todo caso no puede reflexionarse sobre Venezuela sin referirse a algunos autores. Pero debo aclarar que yo, Manuel Caballero, no puedo responder a esta pregunta sino desde un punto de vista estrictamente personal". Y entonces comienza a decir cuáles son esos autores y esos libros. Dice: "La historia constitucional de Gil Fortoul es fundamental. Esta historia reúne el rigor científico y la buena prosa, dos ingredientes difíciles de conseguir. Luego creo que los libros de Vallenilla Lanz, en particular El cesarismo democrático, tienen las mismas buenas características, y el Fortoul. Aunque alejado de mí en cuanto a concepción de la historia, pienso que El regente Heredia de Mario Briceño Iragorri es un libro también fundamental. Es posible que don Mario sea menos denso que los anteriores en cuanto a su posición historiográfica, pero sí es superior literariamente. Incluyo por supuesto a Mariano Picón Salas con toda su obra y básicamente con su título, Comprensión de Venezuela. Hacia estos autores tengo una particular debilidad porque evidentemente mi género literario es el ensayo".
Bueno, aquí está Gil Fortoul, Vallenilla Lanz, Briceño Iragorri y Picón Salas. Yo entonces le pregunto por algunos otros ensayistas y él, hurgando en su memoria, refiere a uno de la mayor importancia. Él continúa diciendo: "La lista continúa con Francisco Rivera, que es una de las primeras plumas de este país. Su ensayo sobre Malcolm Lowry es magistral y aunque en menor grado el de Pessoa. Lo que logró con Lowry no lo logra enteramente con Pessoa. Este se le impuso". Yo coincido plenamente con Caballero en esto: uno de los grandes ensayistas que nosotros hemos tenido es Francisco Rivera, que ha publicado poco en relación con el tamaño de su talento, y ese ensayo sobre Malcolm Lowry es verdaderamente, como dice Manuel, algo magistral. Lo mismo su trabajo sobre Pessoa; yo no lo coloco en un escalón inferior sino equiparable al de Malcolm Lowry.
Luego, en esa entrevista, le pregunto sobre qué piensa la Venezuela de entonces y es muy interesante lo que él responde. Me dice: "A medida que pasan los años se combinan en mí dos actitudes, el optimismo y el escepticismo. Esta combinación se da también en mi escritura desde hace unos años. No se puede decir que Venezuela no haya avanzado nada, que esté en el suelo, porque eso no es así. Si comparas al país que era con el país que es, el cambio es impresionante y no creo, como se cree comúnmente, que todo se lo debamos al petróleo". Les recuerdo, estamos hablando en 1986. "Tan solo ver cómo hemos soportado la crisis actual es indicativo de una actitud bastante positiva". Él se está refiriendo entonces a la crisis del Viernes Negro, la de 1983, la crisis de 1984 y el tamaño y el pago de la deuda externa, la crisis que enfrentó Jaime Lusinchi con la caída en los precios del petróleo hasta niveles inimaginablemente bajos. De modo que él se está refiriendo a esos años. Y sigue diciendo: "Por otra parte, desconfío de cierto discurso político por lo general grandilocuente que entre otras razones ha hecho que el pueblo venezolano se desprecie profundamente. Esto está demostrado con encuestas y trabajos de investigación".
Los venezolanos nos despreciamos profundamente, lo está diciendo Manuel Caballero en el año 1986. ¡Qué importante! Y cuando él dijo eso le digo lo siguiente: nuestro carácter hispano contribuye mucho al cuadro del autodesprecio. Y él asiente, dice: "Sí, es cierto", pero al lado de aquel discurso político, se refería a este del autodesprecio hispano, actualmente contribuye mucho con esa actitud autodespreciativa Arturo Uslar Pietri. Estamos en 1986 y ese año Uslar cumple 80 años. Y en Venezuela hay una verdadera apoteosis con motivo de los 80 años de Uslar: lo celebra todo el país, hasta la Presidencia de la República, hay publicaciones, entrevistas, programas y estuvo muy vigente este año 86. Y quizás por eso Caballero sale al paso con la crítica hacia la actitud de Uslar Pietri. Sin embargo, es indispensable que continúe leyendo para que advirtamos que una crítica tiene también aspectos positivos.
Sigue diciendo Caballero: "Él insiste demasiado en nuestras lacras y tiene una audiencia muy grande, más aún hoy, cuando nadie puede pensar que busca poder personal o tiene aspiraciones presidenciales. Pero te lo digo con toda franqueza, tengo una tremenda desconfianza hacia esa actitud de Catón. Es una actitud necesaria, pero pierde su objetivo y se transforma en pesimismo estéril cuando se hace sistemática. Con estas afirmaciones no persigo destacarme por el escándalo al enfrentarme a la actitud de un hombre que todo el mundo acata, pero como ya yo no soy un joven solo, espero que se entienda que no apelo a esto para lograr notoriedad".
Además, esta opinión sobre Uslar no invalida para nada la estima intelectual que tengo por él, y que conste que esto no es un saludo a la bandera. Hay un Uslar que admiro y otro que no me dice nada. El Uslar de la televisión, de Pizarrón, a ese es el que no le dice nada. En cambio admiro el Uslar de los cuentos y el de Las lanzas coloradas. Entonces yo le apunto: ¿y el Uslar de las Crónicas de viajes? Y él dice: "Sí, es cierto, es muy grato. Uslar es más grande cuanto más se despoja de su propio bronce".
Y yo le digo: bueno, pero Uslar no está solo en lo del pesimismo, también tuvo esa actitud Juan Pablo Pérez Alfonso y hoy en día Liscano también es muy escéptico. Estamos en 1986 y es entonces cuando él afirma: "El pesimismo de Uslar es fundamental, esencial, y el de Pérez Alfonso fue, digamos, casuístico, coyuntural, y en todo caso la audiencia de Pérez Alfonso fue mucho menor que la de Uslar. El otro que citas, Liscano, es distinto. En Liscano hay una contradicción entre su pesimismo y su actitud vital, que es de un incontenible optimismo".
En la próxima parte del programa continuaremos glosando esta entrevista que sostuve con Manuel Caballero en 1986 y que es de una electrizante actualidad por lo dicho por Manuel Caballero. Ya regresamos. Decíamos en la parte anterior del programa que veníamos glosando una entrevista de Manuel Caballero sostenida por mí con él en 1986. Y él venía hablando del pesimismo de Uslar y advertía una actitud diferente en Juan Liscano, y entonces también me dijo: "Cuando alguien lee a Liscano piensa que es un viejo engrinchado, pero cuando ves cuánto es capaz de entusiasmarse surge su contradicción. A mí me simpatiza mucho la actitud del Liscano, la contradicción permanente entre pesimismo y optimismo me resulta muy atractiva".
Entonces, en ese momento de la entrevista yo sentí la necesidad también de colocar un tema que se desprendía de este y le pregunto a Manuel: volviendo al pesimismo, ¿no les parece que se fundamenta en que América Latina va sin salida, el barco del populismo con consecuencias insospechadas? Entonces Caballero me respondió: "Entre quienes han planteado últimamente ese problema del populismo en los términos más correctos se encuentra, a mi juicio, Diego Bautista Urbaneja, quien rechaza lo de populismo a guisa de comodín. Si no se aclara antes qué cosa se entiende por populismo, la verdad es que hoy es una moda atacar al populismo. Todos van por ahí. Carlos Rangel, Mario Vargas Llosa, Octavio Paz aparecen hoy como los teóricos del ataque al populismo y los demás se van navegando cómodamente tras estos dos últimos nombres".
"En lo que me concierne como escribidor, me he opuesto durante años al movimiento político de América Latina y particularmente en Venezuela se conoce como populismo. Pero por moda no lo haré. De tanto hablar de eso hoy no se sabe qué diablos quiere decir populismo. En principio la voz proviene del pueblo y hoy por hoy lo que en el fondo sostienen los teóricos del antipopulismo es que ha llegado el momento en que la chusma, el pueblo, deje de opinar, deje de meterse en política". Yo le repregunto: ¿usted cree que eso es lo que plantean Paz, Rangel y Vargas Llosa? Él me responde: "Por lo menos es lo que han percibido los que se apoyan en ellos". Le repregunto: ¿acaso las realizaciones del populismo no son lo suficientemente desastrosas como para que nazcan tesis contrarias? Responde: "Tienes que decirme primero qué es populismo. Vargas Llosa en Perú, ¿qué fue lo que hizo? ¿A quién le habló? ¿No utilizó el discurso populista también? Entonces el problema es otro".
Ahí nos ensarzamos en un ping-pong, un toma y dame que fue muy interesante, y esa entrevista continuó por sus derroteros. Yo le pregunté también sobre cómo era ser escritor en Venezuela, si la escritura podía asumirse profesionalmente. También le pregunté por su tarea como profesor universitario y allí brilló su honestidad. Yo le digo a mi amigo Manuel: sus alumnos dicen que es un buen profesor. Y él respondió: "No sé, no creo, o por lo menos no siempre. Como suele suceder, debo haber sido inicialmente un profesor bastante malo por lo inseguro. Y además nunca he servido para estar dándole lecciones a nadie, es una actitud que me repugna. Tampoco me he interesado en tener discípulos, aunque algunos alumnos me recuerden todavía con cariño y, lo que es más importante, con estima".
Y entonces le pregunto: ¿y el Caballero investigador de dónde viene? El galán, el seductor que siente atracción por la mujer o por el trabajo que lleva al logro de la mujer. A medida que pasan los años se va dando cuenta de que todo lo anterior al orgasmo tiene un encanto extraordinario. "Lo que te quiero decir con esta paja erótica es que mi pasión es entender y hacer entender a un lector eventual lo que he reflexionado. Y en esto, antes de esto está la investigación". La respuesta es brillante. Ahora bien, sigue diciendo Caballero: "A mí un archivo como tal me importa poco, pues para seguir con el mismo símil, son tan estériles como para el hombre normal las revistas de desnudos. Tú no vas a un archivo sin saber qué estás buscando. Tú vas allí a interrogar un documento, sabes qué te propones previamente".
Esa conversación siguió adelante y él me refiere allí que está trabajando en el libro de Juan Vicente Gómez. Recordemos que la entrevista es del año 86 y el libro de Gómez sale en el año 93. Y yo también le pregunté por otros autores, quise saber su opinión sobre Las confesiones imaginarias de Ramón J. Velázquez, y entonces me respondió lo siguiente: "Es un libro muy bueno. Siempre he dicho que debería conocerse más fuera de Venezuela. Es un libro brillante, pero no es la biografía de Gómez ni tampoco pretende serlo. Es, en cualquier caso, la biografía de Ramón J. Velázquez. Ese es Ramón Velázquez y por eso un libro excelente, pero yo me imagino escribiendo una cosa muy distinta, para comenzar, ni soy andino ni viví el gomecismo". Él está respondiendo esto porque cuando él dice que está trabajando a Gómez, yo le pregunto por Las confesiones imaginarias de Ramón J. Velázquez.
Hasta aquí la glosa que hacemos de esta entrevista de aquellos ya remotos años, de 1986, y para mí ha sido un gusto muy particular dedicarle un programa a ese extraordinario escritor, dueño de la escritura más elocuente, más hermosa, más inteligente, más sagaz, como fue mi entrañable amigo Manuel Caballero, que en materia histórica fue una suerte de guía y de doctor para mí. No porque jamás me diera un consejo, porque no lo dio nunca, sino porque leí todos sus libros y conversamos muchísimas veces y fuimos amigos que nos frecuentábamos con bastante frecuencia. Esta es entonces la vida, la obra muy resumida de Manuel Caballero Agüero, nacido en Barquisimeto y fallecido en Caracas el año 2010.
Y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Les habla Rafael Arráiz Lucca, me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Víctor Hugo Rodríguez, y en la dirección técnica Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz@hotmail.com, en Twitter arroba rafaelarraiz. Y para mí, de nuevo, ha sido un gusto hablar en voz alta para ustedes sobre este gran historiador venezolano, Manuel Caballero. Hasta nuestro próximo encuentro.
Subtítulos por la comunidad de Amara.org