Historia de Caracas. Cap 8. Siglo XIX y XX.
Historia de Caracas. Cap 8. Siglo XIX y XX.
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Nuestro programa es posible gracias al equipo conformado por Gitanjali Suárez, Inmaculada Sebastiano, Melani Pieruzzi, Carlos Javier Virgüez, Fernando Camacho y Giancarlos Caravaggio, y a todo el equipo de operaciones, Radio y MundoUR. También puedes seguir la transmisión en vivo en mundour.com. Y recuerda que nos pueden seguir en @MundoURWeb, @RadioEscuelaUR, @RafaelArraizEnX y @RafaelArraiz.
En Instagram, Venezolanos. Ya está disponible en el canal de YouTube de Unión Radio Cultural. Saludos para todos desde Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. En esta serie que estamos haciendo sobre la historia de Caracas, el capítulo ocho de esta serie. Hoy vamos a comenzar con el diario de Robert Kerr Porter, él estuvo en Venezuela acreditado como encargado de negocios, que era cómo se llamaba entonces a los embajadores de Gran Bretaña en nuestro país, entre 1825 y 1842, un período, como vemos, largo: son 17 años.
Vivió en Caracas y recorrió buena parte del país. Vamos a leerles algunas de las observaciones valiosísimas en el diario de Kerr Porter sobre la ciudad. Por ejemplo, él anota el sábado 3 de diciembre que es la primera visión que tiene él de Caracas, dice: "La primera visión de la ciudad es impresionante, pero no puedo dejar de decir que me decepcionó. Si fue así de lejos, cómo sería ver la ruina, la desolación y la falta de cualquier cosa que pudiera llamarse comodidad o esperanzas de vida social al entrar en contacto con sus destrozados restos".
"Pasamos calles medio hundidas y cubiertas de hierba, las casas sin techo, con hermosos árboles crecidos saliendo por ventanas mohosas, sombreando los restos enterrados de familias enteras cuyas paredes domésticas se habían convertido en su mausoleo. Pasamos estos sepulcros, camino de la Gran Iglesia que había resistido a la catástrofe y tomamos residencia temporal en el City Hotel, en habitaciones que nos habían preparado un triste y miserable hueco asqueroso y lleno de pulgas". Bueno.
Se refiere a la Caracas después del terremoto de 1812. Él está llegando en 1825, trece años después del terremoto, y todavía la ciudad está en ruinas. Y esa es la que está describiendo, y luego lo vamos a tener en otro apunte el 21 de febrero de 1826 donde nos regala una descripción de las cercanías de Caracas. Él va camino al pueblo de Petare y afirma: no creo haber visitado nunca un lugar tan aparentemente inagotable en situaciones pintorescas.
Hay un hermoso río que se desliza por los campos al pie de la altura donde está situada la población y es casi imposible mover un pie sin exclamaciones del deleite ante los hermosos puntos de vista que aparecen. Bueno, hay un cambio, ¿no? Está en las afueras de Caracas, en el valle de los Toromai, más en el camino de los españoles entre Caracas y Petare, seguramente pasando por Sabana Grande, bordeando el río Guaire. De modo que le ha cambiado el humor a Sir Robert y además coincide con el testimonio de otros viajeros que se maravillaron también en esa ruta entre Caracas y Petare, pasando por Sabana Grande y la planicie de Chacao.
Bueno, el 14 de marzo de 1826 nos regala otra observación: "El vicio en esta capital se centra sobre todo en las relaciones ilícitas de todas clases. A cientos de estos pequeñuelos, producto del amor promiscuo, se les da un suave apretón de cuello al venir al mundo y no tardan en aparecer entre las columnas de la Catedral. He oído criticar a los hospitales para niños expósitos por ser alicientes para la fornicación pero, aún admitiendo esto, que no lo creo, por lo menos evitan este delito que aquí es común: el infanticidio".
Esto es terrible, ¿exageraba Sir Robert? Bueno, cómo saberlo. En cualquier caso no parece hablar desde el moralismo sino de la compasión verdadera, ¿no? Expósitos hubo miles de miles: aclaro, un expósito es un niño que está expuesto a las puertas de un convento, en la columnata de una iglesia, para que alguien lo recoja y se lo lleve, en caso de que esté vivo, porque hay casos en que, como dice él, los exponían ya fallecidos. Bueno, en todo caso esta observación habla de una sociedad, pues, signada por una situación grave después del terremoto, después de la guerra de Independencia. Y precisamente el miércoles 10 de enero de 1827 describe la entrada triunfal de Bolívar y Páez a Caracas.
Veamos lo que dice Porter de esa entrada triunfal de los dos héroes. Dice: "Un carruaje pequeño tirado por 2 caballos, guiados, si no me equivoco, por un comerciante alemán, los recibió a él y al general Páez, ambos espléndidamente vestidos con sus uniformes más elegantes. Las ventanas, balcones y plataformas temporales estaban repletos de damas en sus más alegres y ricas ropas, lanzándoles flores de todas clases. Y no fueron pocas las botellas de agua de rosas que se vaciaron sobre los héroes y los dormanes de sus dorados uniformes".
"Hacía un calor inaguantable y otros etcéteras propios de las calles estrechas, atestadas de personas que iban desde el negro azabache hasta lo que se llama blanco aquí. Fue, sin embargo, un pequeño sacrificio que hacer ante el verdadero placer de ver tan abundante alegría y entusiasmo vociferado y expresado en el comportamiento de cada una de las almas que asistí a la gloriosa y nunca tan apropiada llegada del Libertador. Eran muchas las damas que lloraban lágrimas de alegría y el mismo sentimiento rodaba incluso por las mejillas de sus hermanas más oscuras".
Bolívar mantuvo un semblante solemne, pero afable, inclinándose ante todos y de vez en cuando quitándose el sombrero. Y a quienes aludirá Kerr Porter con sus hermanas más oscuras, se referirá a María Antonia, Juana, otras. Si acaso son otras estarán refiriéndose a las hijas naturales de su padre con las esclavas, es muy posible, será eso, no lo sabemos, un desliz enigmático de Porter. Pareciera que se refiere crípticamente a los deslices del padre del Libertador, Juan Vicente Bolívar y Ponte. En todo caso la descripción es minuciosa, detallista, y da una idea del fervor que despertaba Bolívar en las mujeres, hecho tan evidente que ni siquiera sus biógrafos más recatados se han atrevido a negar.
Bueno, tenemos también paseo de Kerr Porter hacia Antímano o Los Teques y también en 1827 tiene una comparación muy particular de un camino, dice: "La mayor parte del camino hacia Caracas la hicimos por una excelente carretera, subiendo y bajando casi todo el tiempo, pero empedrada en general hasta llegar aproximadamente a una milla de las Adjuntas, donde se convierte en el camino más villano, duro o pedregoso, empinado y peligroso por el que haya pasado desde que estuve en el Kurdistán, al cual, por cierto, este país se parece muchísimo, tanto así que el viaje de estos dos días casi me transportó en imaginación a aquellas salvajes regiones. La misma sublimidad, la misma fertilidad, la misma capacidad y el mismo semblante salvaje".
Bueno, es muy interesante estas visiones tan particulares. Primero, ¿cuántos caraqueños o cuántas personas que habían pasado por Caracas habían estado en Kurdistán también? Es muy poco probable que alguna otra persona la conociera, de modo que la comparación es muy interesante.
Luego hace alusión a algo que se ha dicho mucho, esto lo dice el viernes 2 de noviembre de 1827: "Este lugar es aburridísimo. Todos se quejan de pobreza, falta de comercio tanto externo como interno y de que no saben cómo el país podrá pasar los próximos ocho o diez meses hasta que decida su suerte". Bueno, y no es la primera vez que Kerr Porter se queja del aburrimiento, también lo hace casi a diario en el diario de Kerr Porter. La queja de la pobreza es novedad en sus líneas, la resaltamos. Seis días después apunta haber asistido a un teatro nuevo donde han actuado unas actrices procedentes de La Habana.
Es un dato que se suma a otros anteriores, el teatro como espectáculo caraqueño preferido. Jamás nombra una biblioteca pública, ¿será que no las había? Es posible. El 22 del mismo mes de noviembre de 1827 apunta algo que referiremos en la próxima parte del programa. En breve continúa Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radio Cultural; este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm; para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com; somos Unión Radio Cultural.
Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Venimos hablando del diario de Sir Robert Kerr Porter y ahora va a hablar del Ávila. Fíjense lo que dice: "La Silla se veía peculiarmente grandiosa y, por las fuertes lluvias recientes, pues había caído una cantidad mayor que de costumbre en las montañas. La cascada que se precipita por uno de sus abismos, en el lado más empinado, era de un blanco brillante y rugía como un Niágara infantil".
"Esta parte del valle es peculiarmente rica en toda clase de rasgos y aquí es donde los primeros conquistadores europeos debieron haber fundado la ciudad actual. El lugar es perfectamente plano y posee agua en abundancia, y domina las gargantas que abren varios valles que llevan a los más ricos distritos de la provincia. Y además no se hubiera sentido tan fuertemente la molestia de las ráfagas insalubres y dolorosas para la cabeza procedentes de los vientos de la llanura de Catia". ¿A qué se refiere Kerr Porter? A Chacao, a la explanada de Chacao.
Sobre esto se han pronunciado varias veces, que por qué la ciudad no se fundó en Chacao. Yo creo que uno de los motivos es la cercanía y la ciudad está fundada lo más cerca que se puede del camino hacia La Guaira. Fundarla en Chacao hubiese alargado mucho el camino a la costa. De modo que creo yo que esa es la explicación, aunque ciertamente la zona de Chacao o explanada era un lugar, desde el punto de vista topográfico, más propicio en el que se fundó la ciudad.
Bueno, y a este mismo sitio fue el que propuso mudar las ciudades, pues el terremoto. Un gobernador y Fray Mauro de Tobar, el obispo, se opuso rotundamente. Y lo otro curioso es una creencia entonces extendida muy rara, que el viento proveniente de Catia era insalubre. Es difícil entender esta creencia pero con frecuencia hemos leído testimonios similares de aquel tiempo de Porter; este lo vincula con sus dolores de cabeza. Es todavía más extraño que el viento de Catia le produzca dolores en la cabeza. Bien.
El lunes 7 de enero de 1828 nos regala una observación gastronómica y dice: "Es muy triste pensar que en los alrededores de Caracas, a menos de 15 millas, podría cultivarse grano de todas clases con el mayor de los éxitos. Y sin embargo, toda pizca de harina viene de Estados Unidos o Francia. Desde julio de 1827 se han importado por La Guaira 16 mil barriles desde el primer país mencionado. La harina de maíz es el pan de las razas más bajas junto al casabe". Claro, se está refiriendo a la arepa.
Bueno, y ciertamente el trigo dejó de cultivarse en las haciendas caraqueñas un tiempo antes. La caña de azúcar rendía más que al parecer, así como el café, que fue el cultivo predilecto de las fincas al pie del Ávila, desde que se introdujo el café a partir de la década entre 1780 y 1790. Veamos ahora una observación sociológica: en 2 de junio de 1828 dice: "Esta mañana vino a verme una anciana de una de las más respetables familias, a mendigar, y lo hizo con una dosis de sangre fría que no hubiera esperado. Pertenece a lo más respetable de la gente republicana y tiene una hija linda, pero como el espectro de la pobreza recorre lúgubemente la ciudad y actualmente la adversidad privada, tanto como pública, es mayor que nunca, no es sorprendente encontrarse con que las señoras mayores se dediquen a mendigar y las jóvenes a una aún más agradable forma de obtener fondos para vivir y vestir. Se me ocurre que pocas ciudades de su tamaño pueden alardear de mayor cantidad de aficionados en una profesión que en Londres y París se ha vuelto un estorbo público y un fastidio para los sentimientos y el decoro".
"Por la causa antedicha, así como por los usos podridos de su religión, en Caracas no se encuentran profesionales o establecimientos de mujeres; sin embargo, no son pocas las hienas que tienen un sistema de corretaje, como si fueran agentes, diría yo, lo que resulta extremadamente útil para sus clientes de ambos sexos".
Se está refiriendo a la prostitución, como vemos esa mendicidad que él apunta se suma a la prostitución no organizada y las figuras de los proxenetas. Y también se hace evidente que Porter es protestante y se queja de los usos podridos en su religión al referirse a los católicos caraqueños. Luego, en el mismo día, apunta que las mujeres decentes suelen pedir dinero prestado y no devolverlo, evidentemente estamos ante un apunte que revela las consecuencias de la pobreza. Cuatro años después la situación es distinta según nuestro autor; sorprende lo dicho el 9 de enero de 1832, afirma Kerr Porter: "El comercio en esta ciudad aumenta visiblemente su actividad y hay muchas otras pruebas a la vista".
"El teatro siempre está lleno, abren nuevas tiendas además de convertirse en hogares habitables muchas de las casas que estaban en ruinas y abandonadas. De modo que si las cosas siguen su camino como parecen prometer, el país por fin habrá construido su propio sistema de salvación política y consiguiente prosperidad".
La causa principal de este cambio tan evidente es que se han eliminado las pesadas cargas impositivas que pesaban sobre los agricultores, tales como la alcabala y otros impuestos e imposiciones. Estamos en 1832. El presidente de la República, José Antonio Páez, el ministro de Hacienda, Santos Michelena. Un liberal que promovió la Ley de Libertad de Contratos de 1834, pero que desde muy pronto, inmediatamente al asumir el cargo, estimuló la producción de las empresas privadas, que eran básicamente empresas agrícolas y ganaderas; de modo que eso trajo la prosperidad económica dentro de los parámetros del liberalismo, que conocía muy bien Santos Michelena porque había vivido en Filadelfia durante muchos años y en Cuba también.
Bueno, y en los últimos años de su permanencia en Venezuela, Robert Kerr Porter nos sorprende con una confesión inesperada: está enamorado de una mujer casada y es correspondida. A varias páginas las dedica su amor clandestino, incluso cuando está en altamar, estremecido por los bandazos del barco, aspira y suspira por esa peruana que ha conocido en Venezuela. Bueno, hasta aquí Kerr Porter. Veamos ahora la visión de Frederick Jamier en 1827, en un libro que se titula The Life of a Sailor de 1832.
Se alojó en casa de Porter, por cierto, y como todos los viajeros refiere la belleza de las caraqueñas, las ruinas que causó el terremoto de 1812 y estuvo en el año en que Bolívar vino por última vez, en 1827. Y le atribuye a este hecho que la población haya podido aumentar levemente para su recibimiento. Ese es el año en que Bolívar reforma los estatutos de la Universidad de Caracas y el claustro designa al doctor José María Vargas como rector. Y comienza entonces la universidad republicana, la Universidad Central de Venezuela, bajo la égida del destacado médico guaireño.
Y tenemos en 1829 la creación de la Sociedad Económica de Amigos del País, presidida y estimulada, fundado por el Dr. Vargas con el apoyo de José Antonio Páez. Se dedican a establecer censos, estas sociedades económicas de amigos del país, que hay muchas: ahí en París, en San Petersburgo, Madrid, en La Habana y Guatemala. Era una fórmula que funcionaba, estaba integrada por las fuerzas económicas para la ciudad; desde las sociedades se dedicaban a hacer estudios, censos, para ver en qué áreas podía promoverse la producción de riqueza.
Por ejemplo, y publicaba un anuario. El Anuario de la Provincia de Caracas, en 1835, dice lo siguiente: "En la capital se hallan establecidas fábricas de sombreros de castor, de seda, de lana y de palma, naipe fino, rapé, cigarros, velas de cebo. Loza ordinaria de torno y mano, y de jabón negro; se construyen monturas primorosas que pueden competir con las mejores de México, tan apreciadas en Europa. Flores fingidas de todas clases, tela y caracoles; se curten cordobanes y suelas, se hacen sacos o mochilas de coquiza, toda especie de cordonería ordinaria".
Bueno, es una lista larga de lo que se fabrica en Caracas y sus alrededores. Seguiremos con ella ya en la tercera parte del programa, ya regresamos. Decíamos en la parte anterior del programa que seguiríamos con una lista elaborada por la Sociedad Económica de Amigos del País acerca de lo que se fabricaba en Caracas. Dicen: "Se fabrican muebles y adornos para el menaje de las casas con el gusto más delicado. Los zapatos y botas se trabajan a la mayor perfección. La platería, aunque al presente tiene el atraso consecuente a la introducción de los abalorios y obras extranjeras, es susceptible de un impulso ventajoso. La albañilería no ha tenido una mejora sensible, aunque se generalizan los conocimientos teóricos de arquitectura y demás ramas de las matemáticas, que antes desconocían artesanos en su mayor número".
"La pintura permanece del mismo estado de parálisis, aunque sobresalen algunos profesores más por su ingenio que por otros estímulos. La herrería sufre su propia decadencia como platería, a pesar de haber artistas ventajosos, cuyas obras no desmerecen al lado de las mejores extranjeras. La música finalmente ha hecho rápidos progresos por los esfuerzos del genio caraqueño y aunque en la clase de compositores apenas pueden señalarse uno que otro, en generalidad hay disposición, buen gusto y sobre todo inclinación entusiasta por este arte divino".
De nuevo, la música, ¿verdad? En cuanto a la población se lee en el Anuario de la Sociedad Económica de Amigos del País: "En el año 1825 contaba este cantón con una población de 50.867 habitantes, pero luego en 1829, al hacer un ajuste, el censo arroja 41.752 habitantes". Bien, de modo que es interesante advertir esto. Veamos ahora lo que dice John Hawkshow, pasó por aquí entre 1832 y 1834, y dejó escrito un libro que se titula Reminiscencias de Sudamérica, dos años y medio de residencia en Venezuela.
Dice lo siguiente sobre la ciudad de Caracas: "Nada puede ser más estupendo que la situación de esta ciudad. Está construida en una especie de anfiteatro, un hermoso valle rodeado por todos lados y por altas y fragosas montañas, con la Silla sobresaliendo sobre las demás. Y mirando con aspecto en cierto modo ominoso y amenazante la obra del hombre abajo". Bueno, es interesante el apunte sobre el enclave geográfico de Caracas, no sobre su situación posterior al terremoto; dice lo siguiente: "Antes del terremoto y de la revolución Caracas tenía más de 40.000 habitantes, su población es ahora de solo 20 mil. Un melancólico sentimiento se despierta hasta en el espectador al pasear por algunas de las calles más alejadas del centro, incluso cuando todas las casas se hallan aún en pie; no se oye una voz dentro de ellas, el silencio y las anchas grietas denuncian que la guerra y el terremoto han estado aquí".
Estos son apuntes de 1832. De modo que bueno, es evidente que causó estragos el terremoto de Caracas de 1812. Y ahí este ingeniero, porque lo era, nos regala un párrafo sobre la estructura de las viviendas caraqueñas que vale la pena que se los lea: "Las mejores casas consisten generalmente en un gran salón que da a un lado a un patio cuadrangular, en cuyos tres lados restantes dan al comedor, dormitorios y cuarto de servicio. La cocina, establos, etc., forman a veces otro cuadrángulo detrás de éste, donde a menudo hay un pequeño jardín. Una galería formada por columnas y arcos ligeros rodea el patio principal, sin lo cual los cuartos que dan todos al patio serían inaccesibles en la estación lluviosa".
Bueno, la vieja casa caraqueña, que es una casa colonial venezolana. Es una casa española con muchísimas reminiscencias sevillanas y mucha influencia bereber árabe. Y esa influencia árabe también recoge de las casas romanas en su patio en el medio. Bueno, más adelante Hawkshow confirma lo dicho por todos los viajeros acerca de la belleza y la salamería de la mujer caraqueña, al caminar y bailar. Además de apuntar algo sobre las élites venezolanas que no podemos pasar por alto, afirma: "Ni la ciencia ni la literatura tienen muchos cultivadores, ya que hay demasiada indolencia en las costumbres de la comunidad para entusiasmarse por el estudio o por cualquier cosa que exija una atenta aplicación mental". Un comentario muy negativo de los caraqueños.
Veamos ahora lo que dice John Williamson en mil ochocientos treinta y cinco, en su libro Las comadres de Caracas. Este libro, él fue cónsul en La Guaira de los Estados Unidos y después encargado de negocios. Su libro fue publicado por la Universidad de Luisiana en 1973, con un prólogo que había redactado Mariano Picón Salas. Y Picón Salas lo critica muchísimo por el espíritu agudo de Williamson y las críticas que le hace a Caracas, de modo que...
Bueno. Un tema reiterativo en el diario de Williamson es el aburrimiento que le produce la ciudad. Caracas luce hoy más aburrida que nunca, dice él. Bien, veamos ahora la visión de Agustín Codazzi en 1841. Bueno, recordemos antes que en estos años que hemos visto, desde la refundación de la República de Venezuela, se han cumplido varios períodos presidenciales. El Páez primero, de 1831 a 1835; el de Vargas, 35-36; Soublette, 37-39; el segundo de Páez, 39-43; y aquí en este período segundo de Páez es cuando llega Agustín Codazzi como geógrafo.
Bueno, pero también trasciende esa disciplina y Codazzi publica un libro extraordinario. Un libro extraordinario; a la limón se publican el Resumen de la Historia de Venezuela de Rafael María Baralt y Ramón Díaz, y el libro de Agustín Codazzi sobre la Geografía de Venezuela. Su biógrafo Juan José Pérez Rancel, profesor de la Universidad Central de Venezuela, dice lo siguiente: "La tradición nos ha hecho considerar a Codazzi como un geógrafo pero ahora es evidente que su obra trasciende esa disciplina, colocándose como el pionero de la comprensión del espacio territorial venezolano y neogranadino, hasta prever su transformación y reordenamiento más allá de su propio tiempo".
Bueno, él hace un censo de la siguiente manera. Dice que indios independientes hay 52.415. Indios reducidos de raza pura y costumbres más suaves, 44 mil. Indios reducidos ya con las costumbres y usos del país y con ciertos caracteres de familia que los hacen distinguir, 155 mil. Blancos hispanoamericanos y extranjeros, 260 mil. Razas mixtas de europeo-criollos, indios, razas africanas y mezcla de mezcla, 414 mil. Y esclavos, 49.782. Codazzi ubica en Venezuela a 945.548 personas en 1841. Muy interesante.
En cuanto a Caracas propiamente, revela la característica de los suelos aluvionales de buena parte del valle, donde años después se extendería la trama urbana, señala Codazzi. "Al examinar este valle tan bello y variado por las casas de campo y haciendas que lo cubren, por las flores, frutas y grupos de árboles distintos, no se oculta, sin embargo, al observador que una gran parte de los terrenos que están al pie de la Silla son residuos del cerro, que acarreados por las aguas en el transcurso de los siglos se han ido depositando por capas formando un terreno inclinado hacia el Guaire".
Por eso lo llaman terrenos aluvionales porque, bueno, vienen deslaves del Ávila a lo largo de los siglos, como él mismo dice. Veamos ahora el plano de Caracas de 1843, de Ángel Jacobo Jesurún. De esto nos informa Irma de Sola Ricardo, que este fue el primer mapa en contener los nombres de las esquinas y las calles, así como sus seis parroquias de entonces en 1843. Me voy a referir a Catedral, San Pablo, Altagracia, Candelaria, Santa Rosalía y San Juan. Y dice Irma de Sola, además la ciudad había adelantado bastante en diversos aspectos, por ejemplo desde 1837 se principiaron a colocar faroles en las calles Margarita, Unión, Roscio y Comercio, que alcanzaron el número de 111 con combustible de aceite de coco, y uno especial, de cuatro luces en el centro de la Plaza Mayor, y para la fecha del plano este número había crecido a la cantidad de 178 faroles públicos que se encendían con aceite de coco.
En las últimas partes del programa vamos a ver la construcción de la carretera Caracas-La Guaira. Ya regresamos. En breve continúa Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. Estás escuchando Unión Radiocultural. Este y otros programas de Venezolanos los puedes oír en formato podcast a través de anchor.fm; para alguna sugerencia sobre este espacio pueden escribirnos al correo rafaelarraiz@hotmail.com; somos Unión Radio Cultural.
Estamos de regreso con Venezolanos, somos Unión Radio Cultural. El maestro Eduardo Arcila Farías, en su estudio Historia y la Ingeniería en Venezuela, nos informa sobre los avatares de la construcción de la carretera Caracas-La Guaira. Recordemos que estamos en 1845 y faltan muchos años para el motor de combustión, y las carreteras son para coches halados por animales. Se basa Arcila en el informe del licenciado Agustín Aveledo sobre la carretera.
Y es gracias a él que sabemos que la decisión de construirla fue de la Diputación de Caracas en 1837 y tomará años en terminarse el trazado hasta que le toque al presidente entonces Carlos Soublette inaugurarla el 14 de enero de 1845. Antes, en 1826 hubo otro proyecto para construirla, pero no avanzó ni un centímetro dadas las circunstancias económicas. Fue un paso muy importante, ya que hasta entonces se contaba con el camino de los españoles y otra carretera precaria construida en un trazado diferente, pero además era insuficiente para ir y venir del puerto a la ciudad.
Y esto limitaba el trasiego de la mercancía, de productos agrícolas y marítimos, y a partir de esta fecha comenzó a fluir mejor el comercio, del intercambio de bienes y servicios. Veamos ahora la ciudad de Pedro Núñez de Cáceres. Núñez de Cáceres nació en Santo Domingo y llegó a Caracas en 1822 con su padre y falleció en Caracas 41 años después. Su memoria sobre Venezuela y Caracas fue escrita entre 1850 y 1860.
Sus observaciones sobre Caracas son tremendas, terribles, igual voy a leerlas. Dice Núñez de Cáceres: "El empedrado en las calles y aceras solo es soportable en algunas cuadras de Mercaderes y otras manzanas del centro de la ciudad. El resto es casi intransitable, aquí hay un hoyo, hay una zanja, mazacote, un precipicio y una laja mal segura y desigual, que al pisarlas, o bien un filo, no puede salvarse sino agarrándose a la reja de una ventana. Caracas es una ciudad tristísima. En Caracas hay todo menos lo que se necesita". Caramba, qué duro.
Qué duro Núñez de Cáceres, y después sigue diciendo: "La ocupación constante de las mujeres, todo el día y toda la noche, es espulgarse antes de dormir; gastan horas enteras en esta faena". Bueno, después se queja de los zancudos o los mosquitos, hace una relación Núñez de Cáceres de las enfermedades más frecuentes: tifus, hepatitis, chancros en la boca, diarrea, sarampión y llagas en las piernas. Son algunas de las patologías, ¿no?
Y le dedica varias líneas a las casas caraqueñas: "Las casas de Caracas son muy bien distribuidas, al fin algo positivo, y algunas cómodas y espaciosas, pero sus materiales son tan frágiles que un niño de arriba pedazos de pared con las manos, yo lo he hecho sacudiendo como un paño". Bueno, ya este tema de los materiales se dedica a buena parte. Núñez de Cáceres, un crítico acérrimo de la ciudad.
Luego tenemos la visita de Miguel María Lisboa, que pasa por Caracas en 1853, un diplomático brasileño que escribió Relación de un viaje a Venezuela, Nueva Granada y Ecuador. Este libro fue publicado en 1866 y en el caso de Venezuela fue más que un viaje, ya que Lisboa vivió en Caracas desempeñando funciones diplomáticas. Dice lo siguiente: "Venezuela no solo tiene sus mantuanos sino, como la antigua Venecia a la que debe su nombre, tiene sus Castellani y Nicolotti. Desde tiempo atrás existe cierta rivalidad entre Toros y Tovares".
"Y aunque la revolución y la común decadencia han apagado en gran parte ese sentimiento, todavía se observa que los Toros poco se relacionan con los Tovares y que muy pocas veces se asocia a un Toro con un Tovar. Con el tiempo esta rivalidad produjo diferentes grupos, de manera que vemos Toros, Herreras y Barras de un lado y Tovares, Ribas y Blancos del otro, cada grupo fiel en su mundo e invisible estandarte". Esto es interesante porque muy poca gente habla de esto, muy pocos cronistas y escritores de esta rivalidad entre la familia de los Marqueses del Toro, los Rodríguez del Toro, y la familia del Conde de Tobar.
Los descendientes de los primeros Tobar que llegaron a Venezuela, que eran, digamos, las dos familias más encumbradas de la élite y que tenían como los, en Romeo y Julieta, unas diferencias insalvables al punto que familias llegadas a ellos no podían casarse unos con otros. Era una rivalidad mantuana. Bueno. Y como sabemos, este pleito viene de tiempos coloniales; recordemos que en la Capitanía General de Venezuela llegaron a ver tres condes y cinco marqueses, lo que daba cuenta de la riqueza que se alcanzó en la segunda mitad del siglo XVIII.
Veamos ahora el primer telégrafo entre Caracas y La Guaira. Bueno, esto es obra del ingeniero español Manuel de Montúfar, que tiende esa primera línea de telégrafos entre Caracas y La Guaira, con la autorización del gobierno entonces de José Gregorio Monagas. Monagas le concedió 15 años para desarrollar su proyecto, previa constitución de una compañía anónima para materializarlo, por supuesto. Bueno, también podemos anotar otros avances como el del sabio Vicente Marcano, quien en 1873 alumbra la Plaza Bolívar de Caracas por unas horas, cosa que también hace al año siguiente Adolfo Ernst.
Y en 1883, el centenario del natalicio del Libertador, celebrado por Antonio Guzmán Blanco, como veremos en su momento, el empresario Carlos Palacio ilumina buena parte del centro de Caracas. En 1888, Hermógenes López dota al alumbrado público a Valencia y el empresario Jaime Felipe Carrillo hace lo mismo en Maracaibo. Y la historiografía señala a Maracaibo como la primera ciudad del país con un alumbrado eléctrico regular. Y eso es cierto, ya que las experiencias Valencia y Caracas no gozaron de la regularidad que se dio en la capital del Zulia.
Y en 1857 tenemos la visita de un húngaro, Pál Rosti, un viajero naturalista y fotógrafo que estuvo cinco meses en Venezuela y publicó en 1861 un libro Memorias de un viaje por América. Dice lo siguiente: "Es difícil escudriñar con exactitud el carácter del caraqueño debido precisamente a las múltiples mezclas, consecuencias en su mayoría de las uniones ilegales. Juzgada desde nuestro punto de vista, la moral caraqueña es débil, pues verbigracia el que una muchachita del pueblo de trece o 14 años tenga ya su amante no sorprende a nadie ni a sus padres consideran esta relación como algo matter of course; es por consiguiente muy grande el número de hijos ilegítimos y abandonados, y a raíz esto de vagabundos".
Interesante esta observación, son hechos que suelen pasarse por alto. Dice también lo siguiente Pál Rosti: "Los caraqueños se encierran durante el día en sus habitaciones y duermen, almuerzan alrededor de las cuatro o cinco, y al ponerse el sol hacia las seis, las damas de brillante ocio se sientan en las ventanas. Mientras los señoritos se pasean en sus menudos y ágiles caballos, no tanto por cabalgar a través del hermoso valle, sino para hacer la corte en silenciosas calles de la ciudad. Cada caballero tiene su calle preferida, en ella una casa preferida, ante una cuyas ventanas gusta sobre todo de acercar a colear su caballo. Luego de las ocho de la noche ya reina en toda la calle profundo silencio y solo nos encontramos con los serenos".
Bueno, así ve Pál Rosti aquella ciudad en 1857. Y Rosti, como muchos otros viajeros, apunta el fervor caraqueño por la misa. No tanto las devociones católicas, sino porque la misa era el lugar del encuentro. La gente se veía, era una posibilidad de verse unos con otros como quien va a un boulevard o al parque a pasear. Además era la iglesia el lugar donde salían a relucir las diferencias sociales, los vestidos, los trajes, las miradas furtivas.
Y bueno, muy pronto estamos en 1857. Caracas presenciará la Guerra Federal que terminará luego en 1863 con el Tratado de Coche, firmado entre José Antonio Páez y Juan Crisóstomo Falcón, y urdido, tejido por Pedro José Rojas en nombre de Páez y por Antonio Guzmán Blanco en nombre de Falcón. Pero eso lo veremos en nuestro próximo programa cuando en mil ochocientos sesenta y cuatro se cree el Distrito Federal, el DF caraqueño.
Bueno, hasta aquí nuestro octavo programa en esta historia de Caracas. Hasta nuestro próximo encuentro.