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Les habla Rafael Arráiz Lucca desde Unión Radio y esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia. Hoy vamos a hablar de la obra y de la vida de un venezolano absolutamente excepcional, uno de los grandes gerentes públicos de toda nuestra historia. En el siglo XIX destaca muy particularmente, como gerente público, el ingeniero Jesús Muñoz Tébar, fundador del MOP, el Ministerio de Obras Públicas, que tanto hizo por Venezuela.

En el siglo XX son muchos los funcionarios públicos con rasgos gerenciales excepcionales. Fue el caso de José González Lander, el creador del Metro de Caracas. Fue el caso del ingeniero Leopoldo Sucre Figarella, ministro de Obras Públicas durante muchos años y presidente de la Corporación Venezolana de Guayana.

Fue el caso de Efraín Carrera, que hizo una carrera completa en Edelca, desde los puestos de ingeniero principiante hasta la cúpula de la organización. Y es el caso de quien vamos a hablar hoy: el general Rafael Alfonzo Ravard, un hombre que prestó servicios públicos a Venezuela como muy pocos venezolanos lo han hecho.

Estamos hablando de un hijo de don Santiago Alfonzo Rivas y de Isabel Ravard Bauder. Son varios los hermanos Alfonzo Ravard: Santiago, Francisco, Miguel, Isabel, Jorge y Rafael, quien nació en 1919 en Caracas. La familia en la que nace Rafael Alfonzo es sumamente católica y mantiene estrechos vínculos con los jesuitas en Venezuela.

Es por ello que el futuro general Alfonzo cursa toda su educación primaria y secundaria en el Colegio San Ignacio. El epicentro de su formación académica, espiritual y moral tiene lugar en el colegio de los jesuitas. De allí egresa en 1936, cuando la promoción de ese año estuvo integrada por 13 jóvenes, entre quienes se contaban Remigio Elías Pérez, Hernán Pérez Luciani y Miguel Ángel Chacín, entre otros.

Entre ellos estaba el joven Alfonzo. En su formación también fue muy importante la figura del padre. En un momento en que le rinde homenaje, Rafael Alfonzo Ravard dice sobre Santiago Alfonzo Rivas: "Hablar de la personalidad de mi padre es sencillo y difícil al mismo tiempo. Era un hombre recto pero, a la vez, muy generoso. Tuvo un fondo religioso muy fuerte que fue muy importante en su vida. Por ello se ocupó mucho de las asociaciones religiosas, en facilitarles ayuda, instalación, contribuir en su pensamiento y en su administración, si era posible".

De modo que hasta este momento tenemos a un joven de 17 años que ha crecido en un hogar católico, en el centro de Caracas, y ha estudiado en el Colegio San Ignacio. Hasta la fecha ha vivido en el contexto de la dictadura del general Gómez y, en un momento especial de su vida, la transición entre el bachillerato y los estudios superiores, va a presenciar el paso político del gomecismo a la presidencia del general Eleazar López Contreras.

El joven Alfonzo ingresa en la Academia Militar de Venezuela, que se había formado bajo la influencia determinante del coronel chileno Samuel McGill. Este traía la experiencia del ejército de su país, que era de inspiración prusiana. Luego, el ejército venezolano va a recibir otras influencias, como las de las academias de West Point, en los Estados Unidos, y de Chorrillos, en Perú.

De allí va a egresar el joven Alfonzo Ravard en la promoción Simón Bolívar de 1939, integrada por 23 alféreces. Entre sus amigos más cercanos en esa promoción vamos a destacar a Alfredo Monch y a Marco Antonio Morín. Estando allí, el gobierno decide becar a alumnos excepcionales de la academia para que hagan un curso en la ciudad de Turín, Italia, en la Real Academia de Artillería e Ingeniería Militar.

Entre esos estudiantes, entre esos cadetes, va a estar Alfonzo Ravard. Hay una comunicación del entonces ministro de Guerra y Marina, Isaías Medina Angarita, fechada el 17 de noviembre de 1938, en la que se afirma: "Cadetes Rafael Alfonzo Ravard y Alfonso Márquez Morales para que hagan un curso de tres años en la Real Academia de Artillería e Ingeniería Militar de Turín y luego un curso de aplicación de un año en la misma ciudad de Turín".

Muy bien, esa permanencia de Alfonzo se interrumpe por causa de la guerra. Apenas va a estar allá 10 meses cuando se aborta el proyecto de permanecer cuatro años. La Segunda Guerra Mundial, recordemos, había estallado el 1.º de septiembre de 1939, cuando las tropas alemanas inician la invasión de Polonia. Es a partir de allí cuando el gobierno venezolano decide traer de vuelta a esos muchachos que están estudiando allá, y vamos a tener de nuevo al cadete Alfonzo en Caracas en septiembre de 1939.

Se le reconocen sus 10 meses en Italia, se gradúa en aquella primera promoción Simón Bolívar de 1939 y, de inmediato, lo vamos a hallar en 1940, en Mérida, asignado al Batallón Rivas Dávila. Muy pronto lo vamos a tener como comandante del segundo pelotón de la segunda compañía del Batallón Boyacá, en octubre de 1940, en Caracas. Luego lo vamos a ver integrar un nuevo batallón de ingenieros, el Francisco Avendaño, que va a crearse como un batallón de élite con los mejores oficiales de las jóvenes Fuerzas Armadas.

Del Batallón Francisco Avendaño formaron parte no solo Alfonzo Ravard, sino también el capitán Carlos Delgado Chalbaud, el subteniente Tomás Pérez Tenreiro y el teniente Julio Chalbaud Cardona, por nombrar solo a algunos. Ese batallón va a estar acantonado en el Cuartel Urdaneta, en Catia, y allí prestará servicio el subteniente Alfonzo hasta que ocurre un hecho importante en su vida: su padre y él piden una audiencia al presidente Medina Angarita.

Le solicitan permiso para que el joven Alfonzo se vaya a estudiar al MIT, el Massachusetts Institute of Technology, en Boston, donde quiere cursar ingeniería para complementar sus estudios militares. Los costos los asume su padre, don Santiago Alfonzo Rivas. Por supuesto, el general Medina accede y el joven Alfonzo Ravard se va para allá. Sabemos que se gradúa de ingeniero civil en 1945 y también que es ascendido a teniente el 5 de julio de 1944, como suelen producirse los ascensos militares en Venezuela: el 5 de julio de cada año.

Cuando ya ha regresado como ingeniero de Boston y está de vuelta en su carrera militar, lo designan director de los trabajos de construcción de la carretera de El Junquito el 2 de agosto de 1945. Allí estaba cuando tuvieron lugar los sucesos del 18 de octubre de 1945: el golpe civil-militar que dieron Acción Democrática y los conjurados militares encabezados por Marcos Pérez Jiménez. Es lícito que nos preguntemos si el entonces joven teniente Alfonzo formaba parte de la conjura, y la respuesta nos la da su compañero Tomás Pérez Tenreiro, quien señala que no.

Él, que sí formaba parte de la conjura, tuvo toda la intención de incorporarlo, pero no hubo manera. No hubo ocasión para que pudiesen conversar solos y tejer un acuerdo; los hechos ocurrieron y Alfonzo no estaba enterado. Muy bien, viene el cambio de gobierno y, de inmediato, el teniente Alfonzo es llamado a un nuevo destino: el 1.º de noviembre de 1945 es designado director de Transporte del Ministerio de Obras Públicas, el MOP.

No debe extrañarnos que la sugerencia de este nombramiento haya provenido del ministro de Guerra y Marina de entonces, el comandante Carlos Delgado Chalbaud, quien conocía muy bien el trabajo y la personalidad de Alfonzo porque habían compartido el Batallón Avendaño cuando este se creó en 1941 con aquella élite escogida entre los mejores oficiales. En una entrevista publicada hace muy pocos años, sostenida con Héctor Castillo y Ofelia Paredes, José Antonio Giacopini-Sárraga afirma lo siguiente en relación con el teniente Alfonzo. Pero esto se los voy a referir en la próxima parte del programa, porque se nos ha acabado el tiempo en esta primera parte. Ya regresamos con lo que dice Giacopini de Alfonzo Ravard.

Decía entonces José Antonio Giacopini-Sárraga, un memorioso venezolano muy conocido, en relación con el joven Alfonzo: "Yo voy a señalar a dos oficiales que fueron verdaderamente delgadistas y que estaban dispuestos a jugársela con él: mi pariente, el coronel Tomás Pérez Tenreiro, y el hoy general Rafael Alfonzo Ravard. Esos eran dos hombres muy leales a Carlos Delgado y muy dispuestos a ir con él a cualquier parte. Pero en el resto de la institución Delgado no tenía el ascendiente que debería tener por su preparación".

Eso es cierto. Giacopini nos revela la amistad muy estrecha que hubo entre Carlos Delgado y Rafael Alfonzo. Vamos a tenerlo entonces, el 10 de julio de 1946, ya designado como jefe de la cuarta sección del Estado Mayor General, lo que era un ascenso importante dentro de su carrera. Termina el llamado trienio adeco, viene el gobierno de facto de Carlos Delgado Chalbaud y, muy pronto, el capitán Alfonzo recibe un nuevo destino.

En los primeros meses de 1949 viaja a París para completar su formación militar en la escuela militar de Francia. Allí concluye sus estudios de oficial de Estado Mayor con las más altas calificaciones. No hemos podido precisar con exactitud cuándo concluyó el curso, pero sí sabemos que estaba allá cuando ocurrió el magnicidio de su amigo, el presidente Carlos Delgado Chalbaud.

También sabemos que, en 1951, al año siguiente de la muerte de Delgado, formaba parte del personal diplomático de la Embajada de Venezuela en Francia como agregado militar. En cualquier caso, el asesinato de Delgado Chalbaud fue devastador para el ánimo del entonces mayor Alfonzo, ya que, como hemos visto, había trabado una amistad muy estrecha con él. Su malestar era tan grande que rechazaba la idea de reincorporarse a las Fuerzas Armadas venezolanas al volver a Venezuela.

De allí que Alfonzo no pida la baja, sino un permiso temporal que lo separe de la institución, y regrese a Venezuela. Es entonces cuando funda una compañía de ingeniería en Caracas junto con Mario Biferali y Luis Damiani, y se dedican a hacer trabajos de ingeniería civil en la ciudad, pequeñas construcciones por aquí y por allá. Estamos en 1952. Estamos hablando de un hombre de 33 años, soltero y con una formación excepcional, pues el curso de Estado Mayor en Francia no es poca cosa.

Ocurre que Marcos Pérez Jiménez, como sabemos, ocupa de facto la presidencia de la República y, en 1953, insiste al mayor Alfonzo en que regrese a las Fuerzas Armadas. Alfonzo no está convencido, pero Pérez Jiménez le ofrece algo demasiado tentador: encargarse de la oficina que va a estudiar la factibilidad de la energía hidroeléctrica en el río Caroní. La oferta resulta demasiado tentadora por lo que significa, por su condición de ingeniero y de militar, y por lo que intuye que va a representar para Venezuela y su desarrollo. Alfonzo acepta.

Dice Rodolfo Tellería Villapol en su libro Historia del desarrollo del servicio eléctrico en Venezuela lo siguiente. Les leo: "A cargo de la misma" —se refiere a la oficina, a la SEC—, "se nombró al entonces mayor Rafael Alfonzo Ravard, en unas circunstancias bastante curiosas. El mayor Alfonzo se encontraba en rebeldía dentro del Ejército desde el asesinato del coronel Delgado Chalbaud, a quien conocía y admiraba, y su trágica muerte lo llenaba de indignación y de sospechas. Pero Pérez Jiménez encontró una salida al ofrecerle, a sabiendas de su pasión por el tema, que se encargara de formar una comisión para desarrollar el sur del país".

Alfonzo Ravard puso sus condiciones, entre las que se encontraban autonomía plena para seleccionar a su equipo y libertad de acción, y logró que se las concedieran. Es así como lo designan presidente de la Comisión de Estudios para la Electrificación del Caroní. Allí va a estar de 1953 a 1958. Durante ese período es ascendido a teniente coronel y comienza sus tareas el mayor ingeniero Alfonzo en una pequeña oficina en la esquina de Altagracia.

De inmediato se impone reclutar a los venezolanos mejor preparados para la larga faena que les espera. El primero en integrar el equipo fue uno de los poquísimos ingenieros hidráulicos con que contaba Venezuela, el ingeniero Rafael de León, quien entonces tenía 39 años y una trayectoria reconocida que incluía haber sido decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela. También se incorporan al equipo de la SEC, la Comisión de Estudios para la Electrificación del Caroní, Roberto Álamo y el ingeniero electricista Rodolfo Tellería Villapol.

El mayor Alfonzo es ascendido a teniente coronel el 5 de julio de 1955. Al año siguiente va a unirse en matrimonio con Corina Wallis Olavarría. El entonces teniente coronel Alfonzo contaba 37 años y la señorita Wallis, 27. Se casan el 21 de abril de 1956 y forman una pareja muy sólida. No tuvieron descendientes y permanecieron juntos hasta la muerte del general Alfonzo, el 22 de noviembre de 2006, cuando la pareja ya tenía 50 años de vida en común.

Lo primero que hace la SEC es comenzar a trabajar en la construcción de la primera central hidroeléctrica que tuvo Venezuela: Macagua I. Los trabajos comienzan en 1956 y la primera etapa se termina en 1959, cuando se inaugura. La Central de Macagua era la más grande del territorio nacional y, durante muchos años, fue una central regional, ya que la interconexión eléctrica no se había dado todavía.

Viene el fin de la dictadura y el proceso de transición con Wolfgang Larrazábal-Ugueto. El teniente coronel Alfonzo es designado presidente de la Corporación Venezolana de Fomento. Esto va a ser importante porque él va a tener allí la tarea de coordinar la junta que culminó el proceso de creación de CADAFE, que significa Compañía Anónima de Administración y Fomento Eléctrico.

Recordemos que la Corporación Venezolana de Fomento había financiado muchas empresas eléctricas locales que no habían tenido viabilidad económica y habían vuelto a manos del Estado. De modo que la CVF tenía un conjunto de empresas locales generadoras y administradoras de electricidad, y se procedió a constituir una empresa nacional: CADAFE. Quien coordina la creación de CADAFE es Alfonzo Ravard, y le dejan las manos libres para nombrar una junta directiva de primer orden.

Y así fue: allí designa Alfonzo a Carlos Anglade, Reinhold Pedersen, Luis Eduardo Branger, Blas Lamberti, Otto Perret Gentil, Alfredo Anzola Montaubán, Rafael de León, Ricardo de Sola, Amílcar Soriano, Melchor Centeno Vallenilla, Federico Rivero Palacio, Pedro Pablo Azpúrua y Silvestre Tovar. Todos ellos estaban vinculados con la ingeniería, el derecho y, sobre todo, con la ingeniería hidráulica y eléctrica.

Cuando esto ocurre, en 1959, todavía no gobierna Betancourt. Alfonzo va a ser ascendido a coronel el 1.º de enero de 1959 y, cuando Betancourt ya está gobernando, lo designa para una tarea que consideraba esencial. Lo nombra presidente fundador de la Corporación Venezolana de Guayana, lo que era un reconocimiento al trabajo que había hecho Alfonzo y, a su vez, una señal de la importancia que Betancourt atribuía al desarrollo de Guayana como posible polo industrial. Para eso confía la tarea a Alfonzo Ravard.

Ahora se le sumaban otras tareas, porque seguía al frente de los temas hidroeléctricos y pendiente de la recién fundada CADAFE, y además le entregaban un desafío mayor: la formación de una nueva corporación, la CVG. Alfonzo Ravard va a estar al frente de la CVG entre 1960, año de su fundación, y 1974, y será el factor principal del desarrollo de Guayana en su primera etapa.

Me estoy refiriendo a la etapa en que se construyen Guri, Sidor, Alcasa, Venalum, etcétera, como iremos viendo a lo largo de este programa. A esta nueva institución, la Corporación Venezolana de Guayana, se suman los bienes del Instituto Venezolano del Hierro y del Acero, que va a ser el germen de Sidor. Como veremos en la próxima parte del programa, continuaremos conociendo el trabajo, la epopeya gerencial de este venezolano fuera de serie: el general Rafael Alfonzo Ravard. Ya regresamos.

En la CVG, el coronel Alfonzo Ravard va a tener un desafío inmediato, además de las labores propias de la energía hidroeléctrica: la planificación de una nueva ciudad, Ciudad Guayana, fundada en 1961. Las ciudades más recientes de Venezuela son esta y Ciudad Ojeda, fundada por el general López Contreras durante su período presidencial. Ciudad Guayana tiene otras circunstancias, pues el coronel Alfonzo ha entrado en contacto con el Joint Center for Urban Studies de la Universidad de Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts, donde él estudió.

¿Por qué entra en contacto con estas dos casas de estudio norteamericanas? Para recibir la asesoría necesaria para la planificación de la nueva ciudad. Recordemos que, para esta fecha, la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central tenía pocos años de creada y sus profesores de urbanismo apenas comenzaban. Lo indicado era recibir la asesoría de universidades con mucha experiencia en el tema.

El representante de la CVG en el lugar del proyecto va a ser el arquitecto Juan Andrés Vegas, y así comienza la planificación de Ciudad Guayana. El organismo coordinador va a ser la CVG, siempre pensando en que la ciudad que se está planificando y construyendo va a estar vinculada directamente con el desarrollo industrial que allí va a tener lugar. Estamos en 1961: apenas comienza a planificarse la construcción de la siderúrgica y de las dos fábricas de aluminio.

Bueno, finalmente se inaugura Ciudad Guayana, que comúnmente se conoce como Puerto Ordaz, pero esa es la designación correcta. Estoy seguro de que el presidente Betancourt y el coronel Alfonzo, cuando cortan la cinta de esta nueva ciudad, situada a 13 metros sobre el nivel del mar, no sospechaban que iba a llegar a ser la sexta ciudad más poblada del país: Caracas, Maracaibo, Valencia, Barquisimeto, Maracay y Ciudad Guayana.

Eso ha pasado muy rápidamente. Es la ciudad de mayor crecimiento en los últimos 50 años en Venezuela. Naturalmente, al día de hoy el Instituto Nacional de Estadística dice que Santo Tomé de Guayana, su nombre original, tiene alrededor de 1.050.000 habitantes. Puede que sean un poco más o un poco menos, pero esa cifra ya es muy grande.

Ese año, 1961, el presidente Betancourt también destaca al coronel Alfonzo al designarlo agregado militar durante la visita del presidente John Kennedy a Venezuela. Es la primera vez que un presidente de los Estados Unidos visita nuestro país. Eso ocurrió el 16 y 17 de diciembre de 1961, y Betancourt lo destaca por varias razones, entre ellas porque confiaba en el excelente inglés que hablaba el coronel Alfonzo Ravard.

Sigue el trabajo en la CVG y se decide crear una empresa. Esa empresa se va a llamar Electrificación del Caroní, C.A., CVG Edelca. Edelca se crea el 16 de abril de 1963 y va a tener no solo la administración de Macagua I, sino también todo el proceso de construcción de la represa de Guri, que ya está en marcha.

Recordemos que 1963, el año en que se crea Edelca, es también el año en que comienza a construirse la represa. El presidente Raúl Leoni va a inaugurarla el 8 de noviembre de 1968. Nos referimos, por supuesto, a la primera parte de la central hidroeléctrica de Guri, cuya coordinación, desde que fue una idea hasta que se inauguró, estuvo en manos de Alfonzo Ravard.

En esos años también va a ocurrir el cambio de frecuencia, a cargo de una empresa llamada Cafreca, Cambio de Frecuencia, C.A., a partir de 1963. Va camino de hacerse la interconexión eléctrica y hay que cambiar la frecuencia de 50 a 60 ciclos para que la electricidad generada en el sur de Venezuela pueda llegar al resto del país y, en particular, a Caracas. La Electricidad de Caracas, entonces presidida por Óscar Machado Zuloaga, requería la adecuación de la frecuencia para surtirse de esa energía.

Este fue un proceso complejo, dirigido por un ingeniero muy destacado, Edmundo López Ortega, y se llevó a cabo con el mayor éxito. Al mismo tiempo que ocurre todo esto, en julio de 1962 se inaugura la planta siderúrgica de Sidor. Allí va a estar presente el presidente Betancourt. Los hornos son de Siemens-Martin y, tiempo después, se decide convertir la planta en una compañía anónima: Siderúrgica del Orinoco, C.A., Sidor, que es el nombre que mantiene hasta hoy en día.

La creación de la empresa como tal es de 1964 y tiene, por supuesto, al coronel Alfonzo encargado de coordinar todo este tema. Ese mismo año, el 5 de julio de 1964, vamos a ver cómo el coronel es ascendido a general de brigada. Luego vamos a tener un momento extraordinario en la vida gerencial del general: la siembra de Uverito.

Fíjense que, de acuerdo con lo que le dijo José Joaquín Cabrera Malo a nuestro amigo Rafael Díaz-Casanova, la siembra de pino caribe en Uverito comenzó el 6 de junio de 1966, con el respaldo absoluto del general Alfonzo y de la CVG. El ingeniero agrónomo Cabrera Malo había intentado antes, sin suerte, sembrar esta especie en las tierras del delta del Orinoco, pero señalaba en este trabajo de Díaz-Casanova que el nivel de hierro que transmitía el río a la tierra era lo que hacía improcedente la siembra.

La siembra sí funcionó en Uverito y, que se sepa al día de hoy, el bosque de Uverito es el bosque más grande del planeta Tierra sembrado por el hombre. Hay bosques más grandes que este, pero son bosques naturales. El bosque sembrado más grande de la Tierra fue el que plantaron José Joaquín Cabrera Malo, Rafael Alfonzo Ravard y su equipo de la CVG en esa región de Venezuela.

Ese fue un proyecto que se extendió en el tiempo; el plan de siembra fue concebido a 15 años. Toda la preparación comenzó en 1966 y se extendió hasta 1984. Por supuesto, el interés no solo era ecológico: también había un interés muy particular en que esa madera sirviera al desarrollo nacional, a la construcción de aserraderos, etcétera.

A partir de 1967 se crea Alcasa, Aluminio del Caroní, S.A., en sociedad con Reynolds Metals, una enorme productora de aluminio con presencia en todo el mundo. La concepción que Alfonzo Ravard tenía de las empresas públicas consistía, desde el comienzo, en asociaciones estratégicas entre la empresa privada y la empresa pública. Así se crea Alcasa. Se previó entonces una producción de 10.000 toneladas al año, pero en 1972, cinco años después de su creación, la producción ya alcanzaba las 50.000 toneladas anuales. Desde el punto de vista de la producción, había sido todo un éxito.

En 1967, el general Alfonzo, preocupado por el tema de la educación en el sur del país, convence a los jesuitas de que creen el Colegio Loyola a orillas del Caroní y, a cambio, les ofrece unos terrenos para su construcción. Esto va a tener importancia, como veremos luego, para la construcción de la Universidad Católica Andrés Bello en Guayana.

Pues bien, llega el año 1968 y se inaugura, como les dije, el 8 de noviembre, la central hidroeléctrica de Guri, con dos unidades generadoras y una capacidad de 350.000 kilovatios. La segunda fase se inicia en 1970 y se inaugura ya completa el 8 de noviembre de 1986. Entonces era presidente de la República Jaime Lusinchi. Les dije antes que el general Alfonzo abandona la CVG en 1974, cuando ya gobernaba Carlos Andrés Pérez.

Pérez lo tenía en mente para una tarea importante, derivada de la aprobación, por parte del Congreso Nacional de la República, de la Ley Orgánica que Reserva al Estado la Industria y el Comercio de los Hidrocarburos, el 29 de agosto de 1975. El presidente Pérez crea Petróleos de Venezuela, PDVSA, al día siguiente, el 30 de agosto, y escoge al general Rafael Alfonzo Ravard como su primer presidente. La verdad es que, para aquel momento, no había otro venezolano con las credenciales gerenciales públicas y éticas del general Alfonzo, de modo que hay que reconocer que Pérez escogió bien.

Y el país así lo aceptó y lo reconoció abiertamente. El general Alfonzo comienza a dirigir la nueva empresa sobre la base de cinco puntos que serán el norte de su gestión. Esos puntos los vamos a ver en la próxima parte del programa. Será la última. Ya regresamos.

Decíamos antes que la presidencia del general Alfonzo Ravard se estructuró sobre la base de cinco puntos que él mismo enunció para PDVSA. Estos fueron: normalidad operativa, autosuficiencia financiera, gerencia profesional, apoliticismo y meritocracia. Cinco puntos muy sencillos y muy difíciles de lograr; realmente, era todo un desafío.

Lo primero que emprenden el general y su junta directiva es la racionalización de la empresa. Es decir, cómo pasar de las 14 filiales heredadas de las concesionarias anteriores a la estatización a solo cuatro. Fue un proceso que se desarrolló trabajosamente, pero que alcanzó una primera etapa en 1977: esas 14 filiales se convierten primero en cinco, Lagoven, Maraven, Meneven, Llanoven y CVP. Después, en 1978, pasan a ser Lagoven, Maraven, Meneven y Corpoven.

Ocho años después, en 1986, se simplificó todavía más y quedaron Lagoven, Maraven y Corpoven. Bueno, todo ese proceso, el paso de las empresas concesionarias a una empresa nacional manejada con criterios económicos racionales, se pudo realizar con mucho éxito en Venezuela. Una de las razones fue que quien coordinaba el proceso era el general Alfonzo Ravard, que tenía criterios gerenciales muy bien desarrollados. Si bien no era un experto petrolero, sí era un hombre con una experiencia gerencial que nadie tenía en Venezuela, porque había creado un emporio industrial en Guayana y tenía un sentido muy claro de la organización. Escuchaba, se rodeaba de los mejores, no temía trabajar con gente que conociese el negocio mejor que él y adelantó una tarea extraordinaria a lo largo de ocho años.

A su vez, durante su gestión va a comenzar la internacionalización de PDVSA. Los primeros pasos se dan en 1980, con un acuerdo con Veba Oil y, después, con la creación de Ruhr Oil en Alemania, lo que le permitió a PDVSA tener un mercado seguro para alrededor de 150.000 barriles diarios. Pero no todo fue coser y cantar. También le tocó al general Alfonzo afrontar la crisis de las reservas internacionales de 1982, cuando recibe, por parte del gobierno de Luis Herrera y de su gabinete, la información de que PDVSA está obligada a venderle al Banco Central de Venezuela todas las divisas que genere en su actividad comercial.

Por supuesto, esto vulneraba severamente uno de los cinco principios anunciados por el general Alfonzo: la autosuficiencia financiera. El general no tuvo otro camino que lidiar con este temporal y alcanzar algunas soluciones intermedias. No fue una buena señal para PDVSA que el gobierno se viera en la necesidad de apelar a sus reservas para alimentar las reservas internacionales de la República.

Esto fue un punto negativo, pero había que entender la coyuntura de la economía internacional. En 1982 se habían encendido todas las alarmas en el mundo por la crisis del pago de la deuda externa. Un año después, exactamente el 31 de agosto de 1983, el presidente Herrera decide no ratificar al general Alfonzo en PDVSA y designa como presidente de la empresa al ingeniero Calderón Berti, quien para ese momento era ministro de Energía y Minas.

Cuando Alfonzo entrega la empresa, tiene ocho años allí y está dejando una de las primeras empresas del planeta, que ha salido prácticamente de la nada. Es decir, la experiencia acumulada en las concesionarias se ha transferido y procesado en una empresa estatal, que se ha comandado con éxito. ¿Qué hace entonces el general Alfonzo? En paralelo a su trabajo en PDVSA, había asumido en 1976 la presidencia de Fe y Alegría, el programa popular educativo de la Compañía de Jesús en Venezuela, nacido de manos del padre José María Vélaz.

Es un proyecto al que su padre, Santiago Alfonzo Rivas, y él estuvieron ligados toda la vida, respaldándolo con entusiasmo y recursos. El general Alfonzo va a estar en la presidencia de Fe y Alegría hasta 1990. Mientras todavía estaba en PDVSA, en 1981, se incorpora como individuo de número de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, y su discurso de incorporación va a ser "Venezuela y la energía, agente de transformación".

En 1983 va a recibir el Premio de las Américas y, en 1984, va a asumir como senador por Caracas por el partido COPEI. Se había presentado como candidato a senador en las elecciones de 1983, en las que concurría Rafael Caldera como candidato presidencial. También en 1984 va a asumir la presidencia de Alfonzo Rivas y Compañía, la empresa que había fundado su padre. Allí va a estar de 1984 a 1998, cuando el general Alfonzo pasa a retiro, después de una de las carreras más extraordinarias que haya desarrollado algún gerente público en Venezuela.

Fue una carrera pletórica de realizaciones, honradez y eficiencia, desarrollada desde un perfil bajísimo. Un perfil casi subterráneo que él cultivó de manera denodada, a pulso. Finalmente va a morir el 22 de noviembre de 2006, cuando ya está viejo, ha cumplido y no le queda otro destino que el otro mundo.

Esta es la vida de un venezolano fuera de serie, el general Rafael Alfonzo Ravard. Los llamo y los exhorto a conocer más la historia de este hombre y el ejemplo que significa para los venezolanos de hoy y del mañana. Les habló Rafael Arráiz Lucca. Esto es Venezolanos, un programa sobre el país y su historia.

Me acompañan en la producción Mary Sosa y Víctor Hugo Rodríguez; en la dirección técnica, Víctor Hugo Rodríguez y Fernando Camacho. Los programas están colgados en la página unionradiocultural.com. Allí están. Y a mí me consiguen por mi correo electrónico, rafaelarraiz@hotmail.com; por Twitter, @rafaelarraiz; ¡y por Facebook!

Para mí ha sido un gusto muy grande hablarles a ustedes del general Alfonzo. Hasta nuestro próximo encuentro.

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