Arturo Uslar Pietri: ajuste de cuentas. Cap 3
Última entrevista concedida por AUP en los meses finales de 2000.
Transcripción
Educación y reconocimiento público
Ajuste de cuentas. Arturo Uslar Pietri: entrevista que sostuve con él entre agosto y diciembre del año 2000. Trabajé a lo largo de todo diciembre y le entregué la entrevista para su revisión en enero; el doctor Uslar murió en febrero, a los 94 años.
En el programa anterior estábamos con él en París, desempeñando la embajada de Venezuela ante la Unesco durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, y él nos refería lo grato que había sido ese trabajo en la embajada.
Cómo se había entendido muy bien con Amadou-Mahtar M'Bow, que era el director general de la Unesco, un hombre musulmán, culto y muy fino. Comentaba que propuso la creación del Premio Simón Bolívar y tuvo mucho empeño en que el premio resonara suficientemente con motivo del bicentenario del nacimiento del Libertador, que ocurrió en 1983.
Entonces yo comento lo siguiente y él empieza a hablar. Mi comentario es este: en 1979 regresa a Venezuela, dando por concluida su tercera y última etapa fuera del país, pues las dos primeras fueron en París cuando era un joven recién graduado de abogado, y la segunda, el exilio en Nueva York entre 1945 y 1950. Vuelve a su programa de televisión y prepara la edición de su novela La isla de Robinson.
También señalo: en 1985 aceptó la presidencia de la Comisión Presidencial para el Estudio del Proyecto Educativo Nacional, una comisión que lo designa el presidente de la República de entonces, que era Jaime Lusinchi. Y digo que una de sus obsesiones centrales encuentra posibilidades de articularse, aunque la terca realidad condujo los esfuerzos por cauces perdidos. Me refiero a la Comisión Presidencial para el Estudio del Proyecto Educativo Nacional.
En todo caso, él va a comenzar hablando de la educación, que fue uno de los temas que a él más le interesó, y dice lo siguiente:
"Yo creo que la educación venezolana está totalmente equivocada. Aquí hay que regresar a Simón Rodríguez, a educar para algo, a educar para vivir en un país llamado Venezuela. Los estudiantes pasan por distintas etapas sin enterarse de lo que es Venezuela; reciben unas ideas convencionales, unos prejuicios negativos incluso. Por otra parte, el 90% de los estudiantes que llegan a la Universidad Central de Venezuela viene de escuelas en las que se paga y allí no paga un centavo nadie. ¡Eso es absurdo!
"Es una educación muy costosa y por ello se debería ser exigente, pero como no cuesta nada no se exige demasiado. Nuestra educación es muy mala, es memorística e inadecuada".
Como vemos, críticas severas de Uslar Pietri a la educación venezolana, muy discutibles, por cierto. Pero yo entonces le pregunto: ¿sigue creyendo que es preferible una élite bien educada que una mayoría con pésima educación? Y él responde: "Evidentemente. Toda mi vida he pensado eso porque es la verdad histórica. Todo el progreso humano lo han hecho las minorías. Lo contrario es una idea de la Revolución Francesa y de los soñadores del siglo XVIII. Fueron minorías excelsas las que hicieron el Renacimiento, un puñado de hombres, dos docenas de hombres. Esa es la verdad".
"Las minorías son las que han hecho que el hombre avance, aquellos que se han preguntado cosas que no se debían preguntar, la gente que se ha atrevido a adversar opiniones generalizadas".
Y ahora hablo yo, poniendo en contexto la situación de Uslar, que se está acercando a su cumpleaños ochenta. Y digo esto: en 1986 cumple 80 años y el país unánimamente lo celebra; tanto el Congreso Nacional como la Presidencia de la República festejan sus cumpleaños. Es propicia la oportunidad para revisar el significado de su obra, así ocurre en las principales publicaciones periódicas del país y de España.
El Instituto de Cultura Hispánica, en Madrid, en 1988 organiza su semana de autor dedicada a su obra. El peso de la figura intelectual de Uslar sigue en ascenso, va erigiéndose una suerte de tótem de la tribu de conciencia nacional. El Rey de España, en 1989, lo nombra coordinador general de un proyecto de investigación titulado Iberoamérica: una comunidad, cuyo resultado será publicado con motivo del quinto centenario.
Al año siguiente le es conferido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, y ese mismo año publica su última novela, La visita en el tiempo, con la que se convierte en el único venezolano, hasta entonces, en ganar el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos en 1991. A finales de 1991 pronostica el golpe de Estado de febrero de 1992 y se entrega a la tarea de promover la destitución del presidente Carlos Andrés Pérez, cosa que logra junto a sus aliados en mayo de 1993, después de una larga batalla jurídica y de opinión pública, encabezando un grupo que se denominó los Notables.
Desde entonces y hasta la fecha, sus apariciones públicas han disminuido notoriamente. En 1996 los estudiosos de su obra vuelven a hacer un balance de su vida y su labor con motivo de sus 90 años, y el Fondo de Cultura Económica de México edita un volumen antológico de su obra. Siempre, en el examen que se haga de su trabajo, Venezuela es centro y fundamento.
Ahora se inicia un capítulo, que es el séptimo, que denomino La pasión venezolanista, el séptimo de la entrevista. Y digo lo siguiente: sin duda el tema sobre el que Uslar habla con mayor fruición es el de Venezuela; a sus 94 años sigue siendo la obsesión principal en su vida intelectual y objeto de su permanente angustia. De allí que, en la comprensión de la venezolanidad, en su estudio, halla agua para su sed de respuestas sobre el país y la naturaleza del venezolano.
Más aún, en pocas personas como en Uslar se ha dado una consustanciación de tal magnitud entre la vida del país y la propia. Por momentos incluso pareciera que su vida privada estuviera supeditada a los avatares venezolanos. Desde muy joven comenzó a tejerse esta simbiosis entre el país y su vida, a tal punto que la situación de aquel determina el ánimo de este de una manera asombrosa.
Y entonces ahora empieza a hablar Uslar de nuevo. Yo sentí la necesidad de hacer este recuento en la entrevista, porque estábamos avanzando hacia el final de su vida y también sentí necesario ubicar en el contexto histórico lo que estaba ocurriendo en Venezuela y en la vida de él.
Porque en los últimos años de su vida también alcanza grandes logros, como son la novela, el Premio Internacional Rómulo Gallegos, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, que yo recuerdo ese premio lo han ganado él, Jesús Soto, Jacinto Convit, seguramente algún otro venezolano, pero en este momento no los recuerdo. Tengo la impresión de que él fue el primero en ganarlo. ¿Acaso es Jesús Soto? Fue el primero. No lo recuerdo con exactitud, pero en esos años ellos se hacen acreedores de ese premio. Un premio muy, muy importante dentro del mundo hispanoamericano.
También aludo al grupo que los periodistas denominaron los Notables, un grupo muy polémico, que en los últimos 20 años el juicio histórico sobre este grupo no ha sido el más favorable, y no podemos dejar de recordar que él encabezaba ese grupo, el Dr. Uslar. Ahora vuelve a hablar él y dice lo siguiente:
"Habría que hacer un estudio sobre cómo han visto los venezolanos a Venezuela. Esto fue en la colonia un país muy pobre, un país que no producía prácticamente nada, y después de la independencia continuó siendo un país muy pobre, un país de aventureros, un país de buscadores del dorado o de minas.
"Esto no tuvo nombre sino muy tarde. Esto fue Tierra Firme hasta que apareció tardíamente el nombre Venezuela, ese nombre tan curioso, un nombre despectivo completamente: es el nombre de la pequeña Venecia, la ridícula Venecia. Esto durante gran parte de la colonia fue Tierra Firme, la primera tierra firme con que tropezaron los españoles".
Yo le digo: los indígenas las llamaban Paria y Maracapana. Y él dice: "En la costa. Recuerde, no había nombre genérico ya que no había unidad interna. Aquí no hubo un orden indígena, esto no tenía nombre ni centro. Estaba poblado por tribus diferentes con grados diferentes de desarrollo, tribus guerreras como los caribes o tribus agricultoras elementales. Esto no era México y el Perú, ni siquiera lo que fue Bogotá".
En la próxima parte del programa vamos a seguir revisando con Uslar sus opiniones sobre América, unas opiniones muy duras y contundentes y a veces exageradas, pero siempre muy interesantes. Ya regresamos.
Venezuela: orígenes, rentismo y carácter nacional
En la parte anterior del programa estuvimos viendo las opiniones de Uslar sobre Venezuela, la Venezuela colonial y la Venezuela precolombina, la Venezuela de los aborígenes que estaban aquí cuando llegaron los europeos. Y él venía diciendo, refiriéndose a Venezuela, que esto no era México ni el Perú, ni siquiera lo que llegó a hacer Bogotá. Yo le digo: se parecía a la situación de la Argentina.
Y él me responde lo siguiente: "Sí, tiene algún parecido, aunque la Argentina tuvo la vinculación con el Perú y eso significó mucho, y con el Atlántico. Pero a la Argentina no fueron a buscar el dorado nunca, fueron a buscar el camino para entrar al Perú; en cambio, en Venezuela, desde el principio se estuvo buscando tesoros, buscando riqueza, buscando el dorado.
"Curiosamente se buscaban minas en un país que no era minero. Se buscó oro y no se encontró en grandes cantidades. No hubo una riqueza aurífera que se explotara durante la colonia. ¡No hubo betas! Además nosotros hablamos de Venezuela con mucha facilidad. Venezuela no era sino una parte mínima del territorio, la parte occidental del Cabo Codera.
"Por eso hubo dos colonizaciones distintas y dos regímenes coloniales distintos. La primera vez que aquí hubo una administración que cubría el país entero fue 60 o 70 años antes de la independencia. Ese no es el caso en ningún país latinoamericano. Insisto, esto no era México ni el Perú. Cuando los españoles llegaron aquí no había una ciudad en ninguna parte, no había estructura en ningún lugar, no había ni siquiera un nombre en conjunto… El país no existía como país.
"Yo siempre he dicho que si al padre del Gran Mariscal de Ayacucho le hubieran preguntado si era venezolano, hubiera dicho que no, que él era oriental, que él era de Cumaná, de la provincia de Cumaná".
Claro, aquí a lo que está aludiendo Uslar es a la tardía creación de la Capitanía General de Venezuela, en el año 1777. Y en efecto, siendo eso así, las provincias eran autónomas y no había una unidad político-territorial, hasta tanto no se creó la Capitanía General de Venezuela y se privilegió una de las provincias, que era Venezuela, dándole su nombre, además de que la capital de esa provincia es Caracas, que tenía una vocación de capital muy antigua.
Ahora le pregunto yo a él, o le digo: esos colonizadores españoles, siempre se ha dicho, no eran personas más calificadas si se las compara con los puritanos que poblaron Nueva Inglaterra. Desde siempre ha habido esta leyenda negra, le digo yo a Uslar.
"Sí", dice él, "pero eso es otra cosa distinta. Los españoles que vinieron a Venezuela eran aventureros que venían buscando riqueza, y los hombres que poblaron Nueva Inglaterra eran hombres que emigraban de Europa con ideales religiosos, con concepciones políticas. Venían a construir una sociedad justa".
Yo le digo: pero eso puede explicar en gran parte los distintos desarrollos que hemos tenido. Y afirma Uslar: "En gran parte lo pueden explicar, pero es eso: son dos mentalidades distintas. La colonización normal de Venezuela ha debido hacerse por el Orinoco. ¿No se hizo así? Tampoco se hizo central. Se hicieron dos, una por Oriente y otra por Occidente, ajenas la una a la otra".
"La imagen que los venezolanos hemos tenido de Venezuela es muy curiosa. Es la de un país conquistado, no es la imagen de un país que se hace". ¿En qué sentido conquistado?, le pregunto yo. "Bueno, que no había cultura anterior, no había centro indígena, aquí se buscó el dorado y no se encontró nada. Afortunadamente, si se hubieran encontrado las minas que se encontraron después, quién sabe lo que hubiera pasado".
Le digo: el Dorado se encontró siglos después con el petróleo. "Ah, bueno, claro", me dice, "pero bajo otra forma distinta, y ha traído como consecuencia que este país no se desarrollara, no se formara. Se hizo un país subsidiado, un país rentista, esa cosa horrible que es ser un país rentista. Venezuela es un país que no vive de su trabajo, vive de la renta petrolera, que la maneja el Estado, que le cayó al Estado como un don del cielo, y los venezolanos no hemos sido capaces de hacer eso que yo dije hace 60 años y me he cansado de repetir sin que nadie me haga caso: hay que sembrar el petróleo".
Yo le digo, para polemizar con él, para matizar sus opiniones, le pregunto lo siguiente: ¿y la nacionalización del petróleo no trajo beneficios tampoco? Y él responde que tampoco se le puede cargar las manos a la nacionalización y decir que trajo solamente cosas malas; en cierto modo era inevitable, dada la mentalidad que había y la clase de gente que estaba gobernando.
Pasemos a otros puntos, doctor Uslar. De las figuras de la independencia, ¿cuáles son los que más le interesan? Y dice Uslar: "De allí salieron hombres muy importantes y muy influyentes. Hombres como Roscio, Juan Germán Roscio, como Simón Rodríguez, que fue un personaje muy revelador, que explica muchas cosas. Tenía un pensamiento tópico, era un hombre de su tiempo con grandes influencias afuera.
"Por cierto, yo hice buscar la partida de nacimiento de Rodríguez. Es muy curioso: en la partida de nacimiento aparece como hijo de una mujer, no aparece como hijo de ningún hombre, y el nombre de la madre está tachado en el registro".
Claro, aquí Uslar estaba bordeando el tema de la condición de hijo natural de Simón Rodríguez. Y entonces le pregunto yo: ¿y Miranda? Él responde algo muy interesante: "Es que Miranda no es una figura venezolana. Miranda es una figura latinoamericana, una figura del proceso grande y transformador que unió a todo el continente. Yo creo que él nunca se sintió venezolano. Él se sentía americano".
"Por otra parte yo creo que la historia nuestra ha estado muy mal escrita con prejuicios antiespañoles o proespañoles. Y después, cuando se hizo una tentativa de rescate y revaloración de nuestra historia, se cayó en justificar tesis sociológicas, las tesis positivistas de Arcaya, Vallenilla Lanz. Antes nuestra historia era la de Venezuela heroica: Eduardo Blanco, una historia de héroes, una ilíada".
"Fíjense en las diferencias que hay entre Colombia y Venezuela en cuanto al carácter nacional, la estructura económica del país, la historia del país. Ya dijimos que este fue un país que se estructuró tardíamente. Por otra parte, a mí siempre me ha llamado la atención la relación tan rica que tuvo Venezuela con las islas de las Antillas, que es un caso único porque los demás países no tuvieron eso".
"Y nosotros sí. Estábamos frente a un collar de islas protestantes, revolucionarias, a cuatro o seis horas de navegación en vela. Estábamos en islas herejes y nos trajeron contacto valiosísimo, privilegiado, por otras formas del pensamiento. Este hecho realmente hace que nuestra historia sea distinta a la de los demás países latinoamericanos y este hecho francamente no lo vemos con la importancia que merece".
Cuando Uslar quiere decir aquí, cuando afirma que son islas herejes, pues está señalando que de esas islas llegaba el pensamiento protestante en muchos casos ya al final del período colonial, un pensamiento liberal. Y también está diciendo, tácitamente, que en las Antillas holandesas había una población judía muy importante. Yo creo que esto que él está afirmando es cierto y es un punto a considerar.
Como ustedes pueden advertir, Uslar ha reentrado en calor y está diciendo cosas muy importantes. Entonces yo le pregunto, sentí que era el momento de preguntarle algo difícil, y le pregunto: ¿usted cree que puede hablarse de virtudes colectivas en venezolanos? Y él responde: "Creo que tenemos muy pocas virtudes en el sentido tradicional de la palabra. Claro, no es que somos una manada de ineptos o de imbéciles y malas gentes, pero virtudes colectivas nunca las hemos desarrollado.
"Hemos sido muy dispersos, muy individualistas. Muy de alzamientos. Compare usted la historia de Venezuela con la de nuestros vecinos. Realmente era muy difícil que aquí no se cometieran muchos disparates. La situación en el siglo XX venezolano ha sido extraordinariamente inusual y corruptora. La situación del país pobre, muy atrasado y muy ignorante, que de pronto tiene un Estado inmensamente rico, y esa riqueza no se debe al trabajo nacional. El gobierno se convirtió en el principal agente de enriquecimiento y no hubo clase dirigente. Esa es la verdad.
"En otros países sí la hubo, muy poderosa y muy eficiente. En Colombia, para no ir tan lejos; en el Perú, por no hablar de la Argentina. Venezuela, desde la independencia, no ha tenido clase dirigente. Hemos tenido gente que oye cosas por aquí y por allá y ha tratado de hacer lo que puede. Somos gente muy inmadura, muy superficial. A este país le cayó encima una montaña de recursos y no fue capaz de emplearlos sensatamente".
"Hay que recordar siempre que esto tuvo un centro muy tardíamente. Recuerde que la estructura actual de Venezuela y Caracas como centro se consolida con la generación que hace la Independencia".
Bien, en la próxima parte del programa seguiremos oyendo estas opiniones duras, contundentes y descarnadas de Arturo Uslar Pietri sobre Venezuela. Ya regresamos.
En la parte anterior del programa vimos, escuchamos cómo el Dr. Uslar se refiere a Venezuela de manera muy crítica, y yo, para también matizar lo que él viene diciendo, señalo lo siguiente: sin embargo, la Caracas que describe Humboldt está lejos de ser paupérrima. Aquí viene Uslar y señala: "Sí, pero recuerde que él describe la vida de las clases altas y el desarrollo agrícola que se logra en ese medio, pero aquello reposaba sobre la esclavitud, sobre una estructura no muy sana".
"Y sobre el cultivo de las perlas. La relativa prosperidad que tuvo Venezuela durante la colonia se debió a las perlas mientras buscaban el oro que no encontraron nunca. Aunque también hay que estudiar el caso de la Guipuzcoana, que fue positivo. Fue lo que tendió un vínculo con la parte más adelantada de España, el País Vasco, la parte que tenía mayores posibilidades de desarrollo".
Le digo, le pregunto: usted siempre ha creído que somos un país descuadernado, desbaratado, ¿no ha habido otros momentos? Y él responde: "Este ha sido un país muy peculiar, muy contradictorio, muy impredecible. ¡Muy sin esqueleto! El día que se escriba la historia de los venezolanos con la riqueza petrolera, eso va a ser espantoso. Ese es uno de los hechos históricos más significativos y más inexplicables que ha tenido ningún país latinoamericano. A ninguno le llovió de repente una riqueza gigantesca que equivale a seis o siete planes Marshall. Este es un país sin cabeza, sin clase dirigente, e inmaduro".
Yo les digo entonces: como si fuese un adolescente permanente. Y él responde: "Yo no me atrevería a decir que en estado de adolescencia, porque la adolescencia es un proceso de maduración, y yo no veo aquí síntomas por ningún lado de eso. Todo lo contrario".
"Más bien pareciera que estamos condenados a vivir en ese limbo —en la falsificación de la historia— y los hechos... ¡Es curioso! Sin embargo, este es un país donde se han hecho cosas importantes y que ha dado hombres importantes. Este es el país de Bolívar y de Bello, pero de eso no queda nada".
"Siempre hemos tenido una tendencia a sustituir la realidad, a ver las cosas de otra manera. Yo creo que aquí no se ha hecho la necesaria indagación sobre la imagen de Venezuela, que siempre ha sido una imagen falsa y una imagen de riqueza sedienta y de búsqueda en lo mágico. Desde la búsqueda del Dorado. Aquí no se trabaja. Aquí no se ha colonizado el territorio, o sea, ocupado el territorio".
Bueno, como ustedes verán, es una visión sumamente pesimista de Venezuela, con, por supuesto, argumentos, pero no deja de ser desoladora para quien la escucha y la lee.
Y en la entrevista entramos ahora en otro capítulo que se titula Los Hombres de su Tiempo, y ahí el doctor Uslar va, yo le voy a ir preguntando por gente.
Hombres de su tiempo
El juicio sobre los hombres de su tiempo va a cambiar a lo largo de su vida, pero recordemos que estamos en los 94 años de Arturo Uslar, y el juicio que tenía para ese momento, con su cabeza perfectamente lúcida, uno tiene derecho a pensar que se trataba del juicio final que él tuvo sobre determinadas personas con quienes convivió durante mucho tiempo, haciendo la salvedad de que cuando él tenía 94 años prácticamente no le quedaban amigos porque todos sus amigos habían muerto.
Los contemporáneos de él, por supuesto que tenían muchos amigos de otras edades, pero los que habían estudiado con él de escuela primaria o el bachillerato en la Universidad Central de Venezuela, en su gran mayoría habían muerto; para los 94 años de Uslar, era sumamente avanzada su edad. De modo que, sin embargo, yo voy a irle preguntando y digo lo siguiente: a lo largo de nuestros diálogos el doctor Uslar ha emitido juicios sustanciales sobre sus compañeros de viaje, bien sea que se trate de sus amigos o de los hombres de su tiempo vital, no necesariamente ocupan un lugar en la casa de los afectos.
Por eso el capítulo se llama Los Hombres de su Tiempo, porque va a haber otro, que es el capítulo de los amigos, y es muy distinto. Los Hombres de su Tiempo y los amigos porque los hombres de su tiempo han podido ser amigos como han podido ser adversarios, como de hecho, la mayoría fueron adversarios de él. He preferido, digo yo, separar las aguas y ofrecer el juicio en capítulos distintos. El lector comprenderá por qué, algunas veces lapidario, otras veces más dado al matiz. Lo cierto es que estas opiniones no ofrecen desperdicio y se fundamentan en valoraciones más racionales que emocionales, aunque no puede pedirse a nadie que la emoción se mantenga alejada totalmente del juicio.
Esto es importante porque por más racionalidad que uno advierta en Uslar Pietri, las emociones están allí, la antipatía o la simpatía, dependiendo de los bienes y los males que cada una de estas personas, por las circunstancias históricas, produjeron en la vida del doctor Uslar. Por ejemplo, es imposible imaginar sobre los hombres que dieron el golpe de Estado del 18 de octubre de 1945, del cual una de las principales víctimas fue él, que él pudiera tener un juicio histórico favorable; sería muy extraño que lo tuviera.
Bueno, comenzamos entonces con Betancourt y dice Uslar sobre Betancourt: "Rómulo Betancourt, en aquella ciudad pequeña —se refiere a la Caracas del 1928—, era un tipo conocido. Era periodista, muy enamoradizo, con poco éxito, y por supuesto muy ambicioso, lleno de ambición. ¡Muy autoritario!"
Yo le digo: bueno, luego la vida lo cambió un poco, ¿no? Y sigue diciendo Uslar: "Debió cambiarlo un poco, me imagino yo. Recuerdo que en su segundo período, ya presidente electo constitucionalmente, tuve que hablar con él.
"Él siempre me trató muy bien. En aquella oportunidad me dijo: 'Estos izquierdistas venezolanos son unos pendejos. Nunca han entendido qué es lo que hay que hacer. Lo primero que hacen es levantar una bandera antiamericana; es una estupidez. La revolución hay que hacerla, pero hay que hacerla con los Estados Unidos'". Fin de la cita.
Esto es lo que dice Uslar que le dijo Betancourt, y sigue diciendo: "Betancourt era un hombre con un popurrí atravesado, no tenía ningún estudio serio, un hombre con mucha ambición y de mucha audacia". Y le digo yo: pero le sonó la flauta algunas veces. Y él dice: "Sí, claro, tenía mucho instinto. Por ejemplo, después del golpe del 45 salió a buscar un mascarón y Gallegos se prestó. Betancourt utilizó muchísimo a Gallegos, y Gallegos era un hombre muy débil, muy perezoso mentalmente. La obra de pensamiento de Rómulo Gallegos no existe: nada, ni un artículo. Era muy timorato, le costaba muchísimo tomar decisiones".
"En ese panorama Gonzalo Barrios era distinto. Primero, Gonzalo era un hombre de mucha simpatía personal. En este grupo había muchos resentidos; él no. Él era abierto y franco, con muchas limitaciones, claro, pero no era sectario, no lo fue nunca, ni fue un malvado tampoco. Y yo me atrevería a decir que no fue deshonesto".
Como vemos, la opinión del doctor Uslar sobre Gonzalo Barrios era muy buena, muy negativa sobre Gallegos y Betancourt, sobre los dos Rómulos. Por supuesto, muy discutible todo lo que afirma, pero estas son sus opiniones.
Y yo le pregunto: ¿y qué falta? ¿Y Leoni? Y dice Uslar lo siguiente: "Yo a Leoni lo conocí muchísimo porque fuimos condiscípulos en la universidad. Era muy buena persona, con una formación incompleta, pero era un hombre sereno y en general yo creo que su actuación no fue mala en aquel desbarajuste que se produjo con el golpe de Estado del 45".
Y a Mariano Picón Salas le preguntó: "Mariano vino tardíamente. Él pasó casi toda su juventud en Chile y cuando vino a Venezuela era prácticamente un extranjero, sin vinculación con nadie. Era muy timorato. Mariano, además, Venezuela era un país muy bárbaro y muy incivilizado y Mariano se había formado en Chile".
Y aquí viene un punto interesante, que es el que yo le pregunto por su relación con Caldera. Como la respuesta es larga, tiene varios párrafos y es compleja, vamos a dejarla en suspenso para la próxima parte del programa, que es la última parte del programa. Les hago el recuento: se ha pronunciado sobre Betancourt, sobre Gallegos, sobre Gonzalo Barrios, sobre Leoni, sobre Picón Salas y ahora va a hablar sobre Caldera. Luego lo hará sobre Carlos Andrés Pérez, luego lo hará sobre Pérez Jiménez, sobre Pedro Estrada e incluso sobre Hugo Chávez.
En la próxima parte del programa, entonces, vemos: él va a responder cómo ha sido su relación con Caldera. Es lo que yo le voy a preguntar porque coincidieron durante muchos años en el escenario político venezolano. Por razones obvias concurrieron ambos campañas presidenciales; es la del año 63. Y nunca estuvieron juntos en ningún proyecto político. Nunca estuvieron juntos. Sin embargo, eran hombres que se respetaban: como era la política en Venezuela, eran adversarios, pero había ciertos niveles de convivencia civilizada.
Ya regresamos.
Decíamos en la parte anterior del programa que en esta revisaríamos lo que falta de la opinión de Uslar sobre los hombres de su tiempo, y le pregunto cómo ha sido su relación con Caldera. Dice Uslar: "Caldera es un hombre muy raro. Yo creo que básicamente es un hombre muy limitado de horizontes y tiene, en el fondo, una tendencia autoritaria y monástica. Él tuvo mucha influencia falangista en las épocas estudiantiles, en la época del AUN. Nosotros tuvimos un famoso debate por televisión organizado por Carlos Rangel".
"La noche del debate, en que salí de mi casa para la estación, la ciudad estaba vacía, todo el mundo estaba pegado al televisor esperando. Desde que llegamos a canal, Caldera estaba interesadísimo por decidir quién comenzaba a hablar primero, y a mí me daba lo mismo, hasta que lo decidimos con una moneda. A lo largo del debate, él me preguntó con mucha insistencia si yo era anticomunista y me reclamaba que nunca hubiese dicho que era anticomunista. Le dije no, que yo nunca sería anti nada porque yo no soy un fanático".
"Él fue falangista. Recuerdo que en una época aquí hubo gente que trató de ponernos de acuerdo a Caldera y a mí, pero no se logró nada. Una señora muy amable y gentil organizó unos almuerzos en su casa, en los que nos encerraban a Caldera y a mí para que habláramos y nos pusiéramos de acuerdo alrededor de un proyecto político, pero no se alcanzó nada".
Le pregunto ahora: ¿y Carlos Andrés Pérez? "Ese es otro tipo de hombre. Carlos Andrés es un aventurero muy astuto, muy ambicioso". Le pregunto: recientemente no lo ha visto personalmente. Les recuerdo que estamos hablando en el año 2000. "No". Y me dice Uslar: "La primera impresión de Carlos Andrés fue cuando él era viceministro del Interior y el ministro era Luis Augusto Dubuc. Ya entonces se revelaba como un hombre muy ignorante y ambicioso, muy duro".
Como pueden observar, durante la dictadura de Pérez Jiménez, Pedro Estrada no lo hostigó a usted. Y dice Uslar: "Yo tenía una gran ventaja entonces, y era que Laureano Vallenilla Planchart me conocía a mí desde niño; teníamos una buena amistad. Él era muy culto, hablaba muy bien francés e italiano, era muy inteligente, y me imagino que Estrada no se metía conmigo porque sabía de mi amistad con Laureano".
"Por cierto, él me contó una de esas cosas típicas de la picaresca venezolana. Cuando entró a Miraflores después del golpe de Estado a Gallegos, se encontró con uno de esos tipos que parecía que hubieran nacido en Miraflores. Pues cuando vio a Laureano se le precipitó encima a felicitarlo diciéndole: 'Don Laureano, al fin salimos de esa gente'. Entonces Laureano le dijo: '¿Y tú no eras adeco, chico?'. El hombre le respondió: 'Eso creían ellos'. Un típico cuento venezolano".
Le pregunto: ¿Chávez? Y dice Uslar lo siguiente: "Un delirante, ignorantísimo. Dice disparates que desgracia el país. No logra encaminarse, pero era muy difícil que Venezuela pudiera encontrar su camino. Trató de encontrarlo con López y con Medina, después vino el 18 de octubre, los gobiernos militares, y esto se fue, se perdió. Este hombre habla con una arrogancia y suficiencia increíble".
"A él se le han pegado algunas frases que ha oído, como esa del liberalismo salvaje; eso lo llena de felicidad. No puede haber liberalismo salvaje. El liberalismo es la flor de la civilización, el tolerar la divergencia. El liberalismo está fundado sobre la tolerancia, el respeto al individuo. Creo que era Voltaire el que decía: 'Yo odio lo que usted dice, pero odiaría más que usted no lo pudiera decir'".
Y así termina este capítulo de Uslar, opinando abiertamente, descarnadamente, sobre los hombres de su tiempo, como ustedes pueden comprobar. Y pasamos a otro capítulo que son los amigos. Y yo comienzo diciendo esto: no ahorra a Uslar en el momento de expresar el afecto hacia sus amigos; es un hombre agradecido y exalta el valor de la amistad, y además ve con claridad la intensidad y el valor de sus vínculos amistosos.
La lista comienza con su primo hermano, Alfredo Boulton Pietri. Y dice Uslar sobre Alfredo Boulton: "Este fue más que un hermano para mí toda la vida. Fue una amistad sumamente estrecha, muy franca y clara. Era un hombre excelente, de muy buena calidad humana, el hombre que mejor conocía la historia de las artes plásticas venezolanas".
Le digo entonces: Carlos Eduardo Frías. "Nos conocimos en Maracay, de modo que fuimos amigos desde la infancia. Tuvimos una amistad fraternal. Carlos Eduardo era un hombre gran talento, dejó literatura y se dedicó a publicidad. Fundó ARS y fue el hombre que creó realmente la publicidad en Venezuela. Antes de él no había nada".
Antes, le he mencionado mi amistad de toda la vida con Florencio Gómez, amistad que también nació en mi infancia, en Maracay. De mis amigos de entonces todavía vive Rafael Domingo Revenga, pero ya está muy mal de salud. Con Miguel Otero la amistad surge en la adolescencia, cuando estuvimos juntos en el liceo San José de Los Teques.
Y en el próximo programa, que será el capítulo cuarto y último, comenzaremos hablando de los amigos de París de Uslar, en aquella primera estadía, cuando era un joven y, al decir de Hemingway, París era una fiesta.
Hasta aquí es El Venezolano de hoy, el tercer capítulo de la conversación con Arturo Uslar Pietri, ajuste de cuentas.
Me acompañan en la producción Inmaculada Sebastiano y Fernando Camacho; en la dirección técnica, Fernando Camacho y Giancarlo Caraballo. A mí me consiguen en mi correo electrónico rafaelarraiz arroba hotmail.com y en Twitter, arroba Rafael Arraiz. Este ha sido el tercer capítulo, como venía diciendo, de esta serie de cuatro que culminará en el próximo, con esta larga conversación sostenida con Arturo Uslar Pietri a sus 94 años, incluso un mes antes de morir en el año 2001. Hasta nuestro próximo encuentro. ¡Suscríbete!