Serie Fueras de Serie. Tomás Polanco Alcántara. Cap 8 (último).
Serie Fueras de Serie. Tomás Polanco Alcántara. Cap 8 (último).
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Y el último capítulo de esta serie de fueras de serie, como la hemos llamado. Este es el octavo y último capítulo, y vamos a hablar de un historiador, sobre todo un biógrafo muy importante en Venezuela por una obra de grandes dimensiones en el terreno de la biografía. Me refiero al doctor Tomás Polanco Alcántara, un hombre que desde muy joven lo dominaba una acentuada curiosidad por desentrañar el origen y el desarrollo de la vocación.
También pasa a quien no tiene cómo vive: qué lo entusiasma. Esas son dos caras de una misma moneda; a uno lo mueve un destino, otro sobrevive sin vocación particular. Y es importante distinguir entre una vocación y una obsesión. La primera, por lo general, conduce a que quienes vuelan con ella dispongan de su tiempo, administren su voluntad y finalmente concluyan las obras con las que sueñan.
La obsesión, por otra parte, digamos que es quijotesca, domina todos los ámbitos, conduce a una imantación de la realidad por parte de un solo conducto. La obsesión es disolvente, mientras que la vocación es estructuradora, pudiéramos afirmar eso, y en el caso del doctor Tomás Polanco Alcántara, nacido el 17 de agosto de 1927 y fallecido el 20 de diciembre del año 2002, lo alimentó una vocación que no fue temprana ni tardía, sino una vocación de la madurez. Vamos a explicarnos si nosotros trabajamos su hoja de vida, como lo hizo su biógrafo Rodrigo Lárez Baza.
Vamos a tocar el cuerpo de algunos datos significativos para la comprensión sobre su aventura del conocedor de la vida de otros y me adelanto a señalar que no ha habido otro biógrafo en Venezuela que haya abordado el análisis de más vidas y con mayor documentación que Polanco Alcántara. Yo paso revista al siglo XIX y no advierto otro autor igual en esta tarea ciclópea. Me detengo en la centuria pasada del siglo XX y tampoco encuentro una voluntad de ese tamaño.
Y me pregunto, ¿quién ha escrito once biografías de venezolanos, en la mayoría de los casos de dilatadas extensiones y suficientemente documentadas? Bueno, que yo sepa, nadie. Por ello, si alguien en Venezuela se granjeó el título de biógrafo con absoluta legitimidad, ese fue Tomás Polanco Alcántara. Y su vasta obra histórica fue publicada entre 1979 y el año 2002, en apenas 22 años, los que se corresponden con la tercera y última etapa de su vida.
Porque si dividimos su vida en tres partes de 25 años, de un hombre que vivió 75, pues vamos a tener que su obra, que nos ocupa, ocurrió en los últimos 25 años de su vida, entre sus 50 y sus 75 años. Fíjense que para el año 1979 don Tomás contaba entonces 52 años. Tenía muchos años impartiendo asignaturas en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela y en la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello.
Además, había sido profesor de historia en colegios de bachillerato, cuando era un hombre muy joven y buscaba distintas maneras para ganarse la vida. Para 1979 ya había sido embajador de Venezuela en Chile, en España y en las Naciones Unidas, en Ginebra; esas tres embajadas las desempeñó durante el primer gobierno de Rafael Caldera. Tenía para entonces una prole muy larga, nueve hijos habidos con su esposa y compañera de siempre, María Antonia Fernández; estos muchachos en 1979 ya eran entre jóvenes adultos y adolescentes, los más pequeños.
Para esa fecha también el ejercicio profesional del derecho había sido su ámbito de realización personal junto con la docencia, o sea que hasta este momento tenemos un abogado, un profesor de derecho y un hombre que ha sido diplomático, embajador durante cinco años en tres destinos importantes, porque las Naciones Unidas en Ginebra, España y Chile son destinos importantes para la política exterior venezolana. De modo que hasta ese entonces su ámbito de realización personal estaba en la docencia, en la diplomacia y digamos que intuía, soñaba probablemente con esta tarea a la que se entregó en los últimos 25 años de su vida.
No pudiéramos decir que el doctor Polanco fue un diplomático de vocación total; desempeñó muy bien sus embajadas. De eso hay muchísimos testimonios, pero lo fue durante cinco años nada más; es decir, no continuó su camino, no fue la diplomacia, sino que fue, vamos a decirlo así, un paréntesis valioso, importante, enriquecedor en lo personal y también para sus hijos, para su familia. De modo que en otras palabras, el hombre que va a hallar su destino de biógrafo a partir de sus cincuenta años tiene, eso sí, una dilatada experiencia docente.
Yo creo que ya tenía veinticinco años dando clases en la Central y en la Católica. Ya tenía un acendrado ejercicio del derecho. ¿En cuáles facetas? ¿Dónde era experto el abogado Polanco? En derecho administrativo, en contratos y en derecho bancario. De hecho, era un asesor importante en el Banco de Venezuela que presidía el doctor Vicente Lecuna. Como dijimos antes, tuvo un intenso, breve y fulgurante paso por la diplomacia y uno se pregunta, ¿algunas de estas tareas desempeñadas con acierto presagiaban que se entregaría a la tarea del biógrafo de manera empeñosa como lo hizo?
Bueno, no específicamente, pero sí en otro sentido. ¿Por qué? Porque ya Polanco se avenía con la escritura. Su bibliografía jurídica era, para entonces, importante y sostenida. No son pocos los libros de importancia sobre este tema.
Desde finales de la década de 1950 venía publicando monografías, estudios, tratados sobre derecho administrativo, su área más fuerte probablemente, y derecho constitucional. Y si colocamos la lupa en ellos advertiremos que la pasión por la historia de Venezuela ya se tejía, se imbricaba con el derecho. En este campo del derecho anotamos sus libros La Administración Pública, de 1952, y Derecho Administrativo Especial, de 1959.
Bueno, este primer libro del año 1952, un hombre que ha nacido en el 27, estamos hablando de un joven que ha publicado ya un tratado sobre la administración pública y su funcionamiento jurídico. Y Derecho Administrativo Especial, del 1959, también abarca un espacio del derecho administrativo todavía mayor. Ambos títulos fueron publicados por la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela; servían para sus alumnos, para sus clases y, como hemos dicho, estaban tejidos con sentido del entorno nacional, histórico y político donde se desarrollaba esta disciplina jurídica.
Cualquiera que los lea advierte que Polanco va relatando, estudiando el derecho administrativo venezolano y la administración pública, siempre en el contexto histórico donde viene ocurriendo, de modo que eso pudiera presagiar un interés particular. Luego sus tareas de embajador fueron propicias para la reflexión escrita acerca de personajes de nuestra historia, porque por lo general los embajadores tienen que dar discursos sobre determinados personajes históricos y Polanco se tomó muy en serio. El Libertador, Miranda, Bello fueron objetos de sus disertaciones probablemente requeridas con las efemérides o en ocasiones especiales en los países donde estaba.
En estas oportunidades el embajador Polanco se ejercitó en la escritura; no delegó a otros el discurso de orden y asumió el ejercicio con entusiasmo. Estos discursos los escribió él, no un secretario de la embajada, como suele ocurrir. En la próxima parte del programa seguiremos viendo la vida y obra del doctor Polanco, ya regresamos.
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Somos Unión Radio Cultural. Estamos de regreso con Venezolanos. Somos Unión Radio Cultural. Venimos hablando del nacimiento o la vocación del biógrafo Tomás Polanco Alcántara, y hemos referido a sus libros sobre administración pública y derecho administrativo especial. Pero ya para el año 1971 vamos a tener un libro de Historia de Venezuela; lo escribe y publica mientras es embajador de Venezuela en Chile, y su primera tesis histórica se titula Seis ciclos en dos siglos de historia venezolana, desde el año 1971.
Y de sus años madrileños emanó, decantado, su libro Perspectiva Histórica Venezolana, del año 1974. Era un hecho ya: la pasión venezolanista había tomado su espíritu, pero se necesitó que ella tomara cuerpo en la indagación de venezolanos con los que, en muchos sentidos, se identificaba. No es gratuito, así, que su primera biografía fuese la de José Gil Fortoul, publicada el año 1979; era evidente que estaba ensayando con un historiador, un civil, un escritor, un hombre de Estado, un diplomático.
Todo lo que en alguna medida también Polanco era. Luego la segunda biografía fue similar el personaje en cuanto a la analogía con Polanco; me refiero a Caracciolo Parra Pérez, esa biografía es de 1982. Pero uno advierte que Polanco abandonó, después de estas dos primeras biografías, a sus análogos y penetró en otros mundos, otros mundos conocidos o no conocidos por él pero en todo caso no experimentados en carne propia, y eso da paso a la primera biografía de un militar que escribe Polanco, que es el general Eleazar López Contreras, publicada en 1985.
De modo que hasta la fecha tenemos a Gil Fortoul y a Parra Pérez, un hombre importantísimo, por demás historiador de nuestros grandes historiadores, Parra Pérez, y entonces Polanco penetra en la vida de este personaje singular que es Eleazar López Contreras y después se dedica a estudiar un escritor, a secas. Que fue Pedro Emilio Coll, en 1988, ya entonces la curiosidad del biógrafo había desbordado sus cotos de caza naturales y penetraba en algo fascinante: la vida de los otros, los distintos. Los que pueden estar incluso en las antípodas del propio biógrafo, porque realmente las analogías, las similitudes son muy pocas entre el doctor Polanco, López Contreras y Pedro Emilio.
De modo que ya esa pasión del biógrafo por reconstruir la vida, estudiarla, de personajes ajenos con los que no hay afinidad o algunas afinidades ya es toda una señal de cómo la tarea del biógrafo se ha ido apoderando de él. Y en esta década de los años 80 toca la puerta de otros ámbitos y publica una breve, muy breve Historia de Caracas, perfectamente redactada como un texto de divulgación histórica sobre el devenir de la ciudad. Curiosamente, esta breve historia tiene los rasgos de una biografía sucinta, como si el caraqueño tratara a su ciudad natal como un sujeto a biografiar también.
Recordemos que Polanco es caraqueño. Su padre es caraqueño, probablemente su abuelo es caraqueño, es un hombre de esta ciudad. En lo personal, debo decir que conocimos a don Tomás en el año 1976 cuando empezamos a estudiar derecho, y uno de los compañeros en el curso de Derecho era su hijo Manuel Polanco Fernández, un amigo entrañable al que estimamos profundamente. Y recordamos como si fuera hoy el día en que el doctor Polanco nos dedicó un libro, en su imponente biblioteca.
Una bellísima biblioteca muy bien nutrida y concentrada en historia de Venezuela y derecho. Ese libro se titula Personalismo y legalismo, es del año 1976, es de Jesús Muñoz Tévar y lleva un estudio introductorio firmado por Polanco. Muñoz Tévar es un hombre de la mayor importancia, es ingeniero, no solo el fundador del MOP en 1874 sino que probablemente junto con el general Rafael Alfonso Ravard son los dos funcionarios públicos venezolanos de más larga trayectoria. Alfonso Ravard estuvo prácticamente 40 años al frente de empresas, organismos del Estado; Muñoz Tévar, una cifra similar, desde tiempos de Guzmán Blanco hasta las primeras décadas del siglo XX.
De modo que la obra de Muñoz, este estudio introductorio firmado por Polanco, y no podemos recordar aquella biblioteca sin cierta emoción porque son las bibliotecas que a mí me gustan, repleta, ese olor mil veces bendito de los libros, que además crean una suerte de muro contra el ruido del mundo afuera y contribuyen con uno de los bienes más importantes para la vida intelectual. Para entonces sospechamos que don Tomás tenía previsto su destino, si la providencia se lo permitía. Y así pasó: era entregarse al análisis de la vida de los otros con el afán indeclinable de comprenderla —lo fue logrando—, una tras otra.
Con el fervor del relojero que anhela escuchar las campanadas de las máquinas que compone. Polanco fue haciéndose viejo y multiplicaba su fertilidad tanto como en sus primeros años, cuando adelantó una gesta poblacional porque los Polanco son muchísimos. Repito: José Gil Fortoul en 1979, Caracciolo Parra Pérez en 1982, Eleazar López Contreras en 1985, Pedro Emilio Coll en 1988, y ahora vienen Juan Vicente Gómez en 1990, Antonio Guzmán Blanco en 1992, Eugenio Mendoza Goiticoa en 1993, Simón Bolívar en 1994, Francisco de Miranda en 1997, José Antonio Páez en 2000 y Arturo Uslar Pietri en 2002.
Sabemos además que había tomado notas para su próximo trabajo, que apenas esbozó antes de que lo alcanzara la muerte. ¿De quién se trataba? De nada menos que Rómulo Betancourt, y si observamos con cuidado las secuencias notaremos que cada tres años estaba lista una investigación y no había concluido una cuando ya tenía entre ceja y ceja la próxima. Esto se llama fervor, vocación, voluntad y alegría de vivir también, porque esto no se hace en medio de la tristeza o la depresión o una actitud taciturna.
Se necesita mucho entusiasmo para emprender unas tareas como esta. Esta nutrida lista de biografías nos tomó segundos leerla, ¿verdad? Pero detrás de ella hay veinticinco años de investigación documental, de urgar en archivos en Venezuela y la Biblioteca del Congreso en Washington, y además de trabajo conjunto con su esposa, porque ella fue una suerte para el trabajo de Polanco. Ella fue una suerte de ave propiciatoria para el vuelo del escritor.
Yo creo que muy pocas veces en la historia y la escritura en nuestro país ha habido un escritor que ha tenido en su pareja o en su esposa una aliada tan persistente y tan acuciosa, porque me consta que lo ayudó no solo en la investigación sino en el trabajo de la escritura y la corrección del libro. Estamos hablando de una época donde no se escribía en computadoras: esto era escritura a máquina, probablemente a mano y transcrito a máquina después, corregido, era mucho más trabajoso que lo que hacemos nosotros hoy en día frente a la computadora que tantísimos beneficios nos trae. Bien, en la próxima parte del programa vamos a continuar con la vida de biógrafo del doctor Polanco y vamos a ir adentrándonos en otras etapas.
Hoy iremos organizando otras etapas de su vida y nos vamos a basar en el reportaje de Rodrigo Lárez Baza, ese título Historia de un camino, como un trabajo bastante bien hecho por Rodríguez Golaes. Ya regresamos. Decíamos en la parte anterior del programa que les referiríamos algo de la biografía de Rodrigo Lárez Baza del propio doctor Polanco, y es que hay una carta que él anexa allí de Polanco a Lárez comentándole su trabajo. Entonces el oficio de biógrafo o del biografiado se le sale por los poros.
Polanco organiza su propia vida en cuatro etapas; esto, repito, es como Polanco concibe su vida para ese momento ya en que estaba cerca de despedirse de este mundo. Le dice: la primera, del nacimiento a la graduación de bachiller. Bueno, esto coincide con el fin de la... Esto es la infancia y la adolescencia. La segunda, desde entonces y hasta su nombramiento como embajador de Venezuela en Chile en 1969.
La tercera, desde 1969 hasta su incorporación a la Academia Nacional de la Historia en 1979. Y la cuarta, desde entonces y hasta su muerte en 2002. Como advertimos antes, la etapa del biógrafo es la última, la que comienza con la publicación del tomo sobre Gil Fortoul en 1979 y que nos tiene aquí hablando de la obra de Polanco. Y refiriéndose a esta etapa final, en esta carta que referimos, afirma don Tomás lo siguiente; voy a citar: “entraba en otra etapa que todavía no ha terminado y que exige dedicación prácticamente completa. Investigar, estudiar, escribir y publicar la vida de grandes venezolanos, lo que había hecho hasta ese entonces, no solamente no me hacía daño para esa nueva actividad sino en cierto modo las facilitaba”.
Es decir, lo que le está diciendo entre líneas es que en el ejercicio del derecho había hecho un determinado capital, que le permitía dedicarse casi plenamente a la escritura de biografías sin tener apremios económicos o necesidad de ejercer otros oficios. Ahora, es cierto que vista a la distancia, la vida de Polanco fue una meticulosa preparación para las tareas del último período. Incluso hubo un momento en el que el futuro biógrafo hizo sus primeros ejercicios.
Me refiero a unas semblanzas que escribió Polanco con ocasión de discursos solicitados y que luego compondrían un libro publicado en 1982; ese se titula Un Pentágono de Luz. Título muy bello, por cierto. Ahí hay cinco retratos: hay uno de Bolívar, que puede anunciar la biografía que vino después; hay otro de Isabel la Católica. Hay otro de Cristóbal Hurtado de Mendoza, cuyo nombre en nuestra historia es Cristóbal Hurtado de Mendoza.
La familia Hurtado de Mendoza quitó el Hurtado y se quedaron con el Mendoza solamente. Hay un trabajo sobre Antonio Ricaurte, el neogranadino, y un trabajo sobre el caraqueño, Andrés Bello. Y algo parecido tuvo lugar con el libro 11 maneras de ser venezolano, del año 1987, que está compuesto por semblanzas de Miranda, Páez; estos dos los biografió luego con trabajos más completos. Mariano Montilla, Pedro Gual, Jesús Muñoz Tévar, José Gil Fortoul, monseñor Nicolás Eugenio Navarro, Mario Briceño Iragorry, monseñor Carlos Sánchez Espejo, Arturo Uslar Pietri y Carlos Felice Cardot.
Como vemos, cuatro de estos bocetos funcionaron en el proyecto intelectual del biógrafo como bocetos de trabajos mayores. Es el caso de Miranda, Páez, Gil Fortoul y Uslar Pietri. Algo similar ocurre con su otro título de Bosquejos Biográficos, un libro de cristal publicado en 1988. Allí se lee una primera semblanza de Eleazar López Contreras, que dio paso a un estudio más extenso, como dijimos antes.
Allí hay otras semblanzas como la de Caracciolo Parra-León, Diego de Obaldía y Sotomayor, Rafael Urdaneta, Tulio Febres Cordero, Diógenes Arrieta, Carlos Soublette, José Tadeo Monagas, Juan Crisóstomo Falcón, Joaquín Crespo, Manuel Felipe de Tovar, Juan Pablo Rojas Paúl y Rómulo Gallegos. Como vemos, de algunos hizo estudios biográficos completos. De la mayoría quedaron estos bosquejos.
Diez años después, en 1998, recogió el autor todas las semblanzas en un solo tomo: se titula Venezuela y sus personajes y añadió los esbozos biográficos escritos en la década siguiente, de los años noventa. Allí vamos a encontrar esbozos biográficos de Sucre, Cecilio Acosta, Cipriano Castro, Pedro Manuel Arcaya, José Gregorio Hernández, Gumercindo Torres, Pedro José Muñoz, Andrés Aguilar, Manuel Pérez Vila, Antonio Molescavete, Isaías Medina Angarita, Tulio Chiossone y los brevísimos apuntes o pinceladas de José Antonio Calcaño, Francisco Manuel Mármol, Víctor Álvarez, Francisco Herrera Luque, José Santiago Núñez, Aristimuño y Carlos Pérez de la Coba.
Bueno, y vista esta lista de personajes históricos en el orden político, es evidente que Polanco se propuso biografiar a los principales y concluyó su proyecto del siglo XIX. Los sustanciales están: Miranda, Bolívar, Páez y Guzmán Blanco. Del XX, casi todos los que le interesaban. Por otra parte, el propio biógrafo advierte que entre sus investigaciones solo una se centró en una mujer, Isabel la Católica, así lo refiere cuando señala después de leer Aproximación a la feminidad su entrañable amigo el psiquiatra Fernando Ruizquez, cae en cuenta de esta ausencia.
En su descargo hay que señalar que la totalidad de sus biografiados son hombres públicos y, como se sabe, la mujer llegó a ser un sujeto político en Venezuela a partir de la Constitución Nacional de 1947, que consagró la universalidad del voto. No es fácil valorar en su justa medida los aportes de Polanco al universo de las biografías venezolanas. En algunos casos porque las suyas son de las pocas escritas sobre el personaje; por ejemplo, Gil Fortoul, Parra Pérez, Coll, Mendoza Goiticoa y Uslar Pietri, aunque ya hoy en día hay biografías de Parra Pérez, de Gil Fortoul, de Uslar Pietri y de Mendoza Goiticoa distintas a las de Polanco.
Y en otros, por lo contrario, Bolívar, Miranda, Páez, Guzmán Blanco, que sí han sido biografiados en repetidas oportunidades, salvo el caso de Páez que hay muy pocas biografías. En todo caso, de las primeras no cabe duda alguna sobre sus aportes. De la segunda, la de Bolívar, ha tenido una gran aceptación por parte del lector, con varias ediciones impresas, entre otras razones por el serio y valioso trabajo de Polanco con los documentos del Libertador. En este sentido se trata de una investigación histórica-documental de significación muy distinta a las ficciones literarias de muchos de los biógrafos bolivarianos o también al culto al Bolívar y su negación furibunda.
En esos extremos hemos estado, esta es una biografía ecuánime. La biografía de Guzmán Blanco ofrece una visión del personaje moderna, distinta a la que los autores contemporáneos del general, quienes lo adulaban o denostaban con igual furor. Igual modernidad advertimos en las biografías de Gómez y López Contreras. Son suertes de continuidad histórica que el biógrafo trabaja con pertinencia, en ningún caso por el proyecto de alimentar una tesis. En la próxima parte del programa última veremos aspectos más recientes también en la vida del doctor Polanco y algunos otros aspectos que venimos señalando. Ya regresamos.
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Bien, y en esta última parte del programa podemos decir que si bien es cierto que la mayoría de las biografías del doctor Polanco son políticas, hay tres que se apartan de ese epicentro. Son muy curiosas; me refiero a la biografía de Pedro Emilio Coll, Coll es solamente un escritor. Me refiero a la biografía de Eugenio Mendoza, que aunque fue un empresario con vocación y participación política, fue sobre todo un empresario, y la biografía de Polanco se concentra en las facetas empresariales de Mendoza y en su importancia en Venezuela. Y la última de estas tres que se apartan del mundo político es la de Arturo Uslar Pietri, porque siendo Uslar Pietri un político, Polanco solo analizó su obra literaria.
Es una biografía literaria, él lo dice así mismo en la portada de la portadilla y en las explicaciones sobre el libro. Él no entra sino en la faceta literaria de Arturo Uslar. Bueno, él subraya en el subtítulo que se trata de una biografía literaria; básicamente afirma que no es político, siendo este ámbito de las tareas humanas uno en el que Uslar se desarrolló también con muchísimas actuaciones en el ámbito político. Esto no era necesario con Coll porque Coll solo fue un escritor; con Uslar, sí era importante decir: voy a trabajar su obra literaria.
Recordemos además que la biografía de Uslar es un trabajo de incorporación como individuo de número a la Academia Venezolana de la Lengua y por ello se centró en su obra literaria. En todas las biografías de Polanco se advierte una particular atención al hecho de valorar justamente a sus personajes. Se nota mucho cuidado en no herir sus memorias; estos escrúpulos se hacen notables cuando se aventura con la valoración del autócrata Guzmán Blanco, quien confundió frecuentemente el patrimonio público con el personal. También se nota en el tratamiento al dictador Gómez, cuyos excesos y violaciones de los derechos humanos no son un secreto para nadie.
Aquí camina Polanco sobre brasas ardientes o vidrios rotos, intentando decir lo que tiene que decir sin cargarle las tintas a la inquina o a las pasiones personales. Estas últimas, las pasiones personales, por cierto, no imantan la obra de Polanco en ningún momento. Por el contrario, su ecuanimidad de jurista, lejos de la política activa donde nunca fue un actor apasionado, Polanco prevalece por sobre cualquier fervor partidario, que no los tuvo o al menos no dejaba que traslucieran en sus análisis. Todo lo anterior nos lleva a afirmar que sus biografías son ecuánimes, documentadas, nada proclives a la ficción literaria y, sin ser en extremo evidente, se trasluce que quien escribe, juzga y sopesa ha sido formado en los jardines del cristianismo.
De allí que el juicio ético sea meticuloso. Polanco no evade los desafueros de Guzmán Blanco, pero tampoco deja de señalar sus aportes civilizatorios. Algo similar ocurre con sus valoraciones de la vida y obra del general Gómez. En 1990, el crítico literario Roberto José Lovera De-Sola afirmaba que Polanco era, voy a citar, “el primer biógrafo venezolano de estos días” y esto por lo bien equipado que está para el cultivo de este género. Por poseer el buril, de este modo de interpretación de la realidad, una manera de entrar en una vida cuyo centro es el recuento de los avatares, un vivir y la búsqueda de la razón vital que lo impulsó a la acción.
Actividades que permitieron a ese ser dejar tal huella en las sociedades en la cual vivió que, pasado el tiempo, su modo de ser merece ser expuesto a la consideración de todos. Hasta aquí la cita de Roberto Lovera De-Sola en este trabajo del año 1990. En aquel año, por cierto, de 1990, cuando Lovera está diciendo esto, Polanco no había publicado la biografía de Guzmán Blanco, de Mendoza Goiticoa, de Bolívar, de Miranda, de Páez y de Uslar Pietri. Si en ese momento que Lovera dice esto era justa la afirmación, imagínense 10-12 años después.
Él muere en 2002, cuando ha publicado todas estas biografías; un trabajo incesante era, pues con mayor razón lo que dice Lovera se puede decir 10 o 12 años después porque ha sumado probablemente sus obras más importantes. La biografía de Guzmán está muy bien, la de Bolívar es muy celebrada, la de Miranda también, y la de Páez es una biografía importante; de modo que extrapolando la afirmación a 12 años después había todavía más razones para esto. Bueno, y finalmente vamos a... hay una carta que le escribe don Tomás a sus hijos cuando él sabía que estaba enfermo de manera irremediable y que la muerte se acercaba.
Él escribe un artículo, una carta realmente. Es una carta a sus hijos muy hermosa, voy a leer un fragmento de esa carta; les dice: “A sus hijos no les guarden rencor a nadie. No odien a nadie. Esos sentimientos hacen mucho daño a quien los experimenta. No discriminen a nadie por su raza, su nacionalidad, sus idiomas y sus costumbres, el color de su piel. ¡No discriminen por nada! La discriminación es una forma cruel de dañar a gente inocente. Por eso es abominable. Contribuyan a que el nuestro sea un país donde exista libertad, tolerancia, progreso; cada uno debe hacerlo suyo sin creerse redentor de la patria”.
Qué hermosas palabras verdaderamente, qué belleza de palabras del doctor Polanco aquí. Esta idea de no odiar... de cómo odiar a quien daña es al que siente el odio y no a quien va dirigido el odio. Es una idea muy cristiana y Polanco lo era en grado sumo, pero también es una idea budista. Y también está en otras disciplinas y culturas espirituales del mundo.
Fíjense esto de acercarse al otro o de comprenderlo, de no discriminar. He señalado en otras oportunidades que me ha llamado siempre la atención el interés de Polanco por la obra y la vida de Uslar Pietri. Polanco, un católico practicante; Uslar Pietri, un agnóstico, lo dijo muchísimas veces, no voy a decir que un ateo porque el ateo es el que afirma rotundamente que Dios no existe. El agnóstico deja una rendija de dudas.
Y sin embargo, Polanco tenía mucho interés en la vida y obra de Uslar, que era desde el punto de vista religioso en la acera contraria a la de Polanco, porque hay una voluntad por entender al otro que está muy presente en el trabajo del biógrafo Tomás Polanco Alcántara. De modo que vamos llegando al final de nuestro programa, creo que hemos dado un recorrido completo por la vida de Polanco y su faceta intelectual y cultural más importante, que son sus biografías. Unas biografías bien documentadas, bien sostenidas que contribuyen a la comprensión de los personajes, las coyunturas que vivieron esos personajes y del contexto histórico en el que se desarrollaron.
Bueno, y esto ha sido Venezolanos, un programa sobre el país y su historia, en el último capítulo fuera de serie, les recuerdo. El capítulo 1, 2 y 3 fue la vida y obra de Juan Liscano; el capítulo 4, vida y obra de Andrés Bello; en el capítulo 5, dedicado al doctor Isaac Pardo; los capítulos 6 y 7, a las vidas y obras de un venezolano excepcional, Santos Michelena; y el último, este octavo, dedicado a la tarea de biógrafo de Tomás Polanco Alcántara. Hasta nuestro próximo encuentro.